
Administración: Este es un archivo publicado originalmente en enero del 2011, que ha sido rescatado gracias a Moonlight y a BeKa, y ahora formará parte de nuestra web.
Notas de la autora: Bien, he decidido subir la historia. Espero que la disfruten (:
Fic TOLL de Myla Near
Capítulo 1
El de rubias rastas acabó dentro del pelinegro y se desplomó encima de su cuerpo, mientras que el otro sonreía de oreja a oreja. Era la primera vez que ambos hacían el amor y también, más significativo, había sido su primera vez. Lo que más amó de su primera vez fue que fue con la persona que él amaba, con su primer novio. No había sido en la playa en un atardecer muy romántico, como a él le hubiera gustado y siempre imaginó, pero el asiento trasero del rubio reemplazaba muy bien la arena, la calefacción reemplazaba el calor del sol desapareciendo y la música proveniente de la radio reemplazaba las olas del mar.
El de rastas lo esperó 7 meses completos antes de que el pelinegro se decidiera a entregar su cuerpo. Nunca lo apuró ni lo obligó a nada, cosa que el jóven de 16 años amaba. Lo hicieron en el auto del rubio porque así lo quiso el destino, estaban en una fiesta, de un amigo en común de ellos, y el alcohol y todo lo del ambiente los llevaron a eso. No lo hicieron en la casa porque, primero, todas las habitaciones estaban ocupadas y segundo, porque sabían muy bien que era muy impersonal hacerlo en una casa ajena. Por lo menos el auto era de alguno de ellos y podían tener un poco más de privacidad y tranquilidad. Sin molestias ni miedo a ser interrumpidos.
Después de que lo hicieron por primera vez, se acostumbraron y comenzaron a hacerlo más seguido, pero como también hacían el amor más seguido, también peleaban más seguido. Por lo que después de 4 meses la relación terminó, en términos medios. No se odiaban a morir, pero prefirieron no verse más.
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– Mira tú que rancio. – se dijo el antes pelinegro, mientras abría los ojos para despertar.
Ahora llevaba en su cabello una linda combinación de rastas bicolores en tonos blanco y negro. En el sueño que tuvo aún tenía 16, en la actualidad Bill tiene 24. – No lo ves hace hace 6 años y sueñas con él y más encima haciendo el amor con él. Estás bien rancio. – se dijo golpeando su cabeza y «hablándole a su cerebro», se estiró antes de mirar la hora en su reloj despertador, el que estaba en la mesita de noche junto a su cama. El reloj marcaba las 6 de la mañana. Y aunque le quedaba una hora para seguir durmiendo decidió levantarse. –Si no lo hago ahora, no lo haré nunca. – se dijo destapándose y apoyando los pies en el suelo.
Se duchó, se vistió, se arregló bien y al quedarle tiempo libre decidió desayunar. Nunca lo hacía, pero tenía tiempo libre, qué mal le iba a hacer prepararse unos huevos y unas tostadas, ¿no?
Pues le hicieron mucho mal. Los huevos le quedaron sin sal la primera vez que trató de hacerlos, la segunda vez se le quemaron y la tercera… era mejor olvidar lo que pasó con ellos la tercera vez. Las tostadas, que pensó serían fáciles de «tostar» -como bien dice su nombre- fueron también un completo fracaso. La maquina tostadora estaba mala por no haberla usado nunca y cuando intentó hacerlo en la cocina… se le quemó hasta la tostada que no había puesto en el fuego.
– Se sabe, soy un negado culinario. – se dijo lavándose las manos en el lavaplatos. Dejó todo el desorden que hizo en el mismo lugar y se fue al trabajo. A la mierda el desayuno, no desayunaba nunca, por un día más no moriría. Pero se murió al pensar que cuando volviera del trabajo tendría que limpiar. – Será mejor llamar a mamá. – se subió al auto y emprendió su camino al trabajo. En el trayecto llamó a su madre y le dijo si podía ir y limpiar el desastre que dejó tratando de preparar un desayuno, la mujer aceptó enseguida y sin rechistar. Esas son las madres que me gustan, pensó estacionando su camioneta en el estacionamiento de la editorial en donde trabajaba.
Era el contador de la editorial de una revista adolescente que no trataba solo los grupos favoritos de la juventud, sino que también tenía temas tan profundos como la primera vez, la homosexualidad juvenil, el rechazo a los padres. Son algunos de los temas a tratar, más que una revista, muchos jóvenes la tomaban como un consejero, aunque fuera solo papel.
En la empresa era como una familia, se hacían llamar «la familia de TU&YO» ya que ese era el nombre de la revista. A pesar de que Bill sólo era el contador, había publicado algunos artículos acerca de diversos temas. No importaba el rango que se tuviera, mientras que el tema fuera para gente joven, fuera interesante y por sobre todo, tuviera bien centrado lo que se quería expresar.
– Hola Bill. – lo saludó Juanita, la portera. Le devolvió el saludo amablemente y entró. Una vez dentro tuvo que saludar a todo el que se le cruzara y lo saludara. Esto de llevarse bien con todos.
Llegó hasta su oficina, la que compartía con Tara, otra de las contadoras y su mejor amiga dentro de la gran familia TU&YO. Cuando él llegó la mujer, de 25 años, pelirroja, alta y con bellos ojos verdes, lo esperaba con un café encima de su escritorio, al parecer había llegado en ese momento, ya que recién se sentaba en su sillón. El de rastas tomó el café y le dio un sorbo, quemándose la punta de la lengua por lo caliente del contenido.
– Mierda, me ha salido todo mal ¿puedes creerlo? – dijo lanzando su bolso al piso y sentándose en el lugar que le correspondía.
– Exactamente qué es todo mal, porque no te veo muriendo ni mal maquillado. – ella lo miró con una sonrisa en sus labios y abrió su laptop.
– Prepárate porque esto no empieza solo desde que me levanto, sino desde mi sueño. – hizo un gesto con las manos simulando una historia de terror, lo que le robó a Tara una carcajada.
– Menos drama y más acción. – tecleó la clave de su cuenta y después de eso concentró toda su atención hacía su amigo y compañero de trabajo.
– Recuerdas que te hablé de Tom, ¿verdad? Mi primer novio. – la mujer asintió mordiendo levemente la punta de su dedo índice en señal de interés. – Soñé con él, algo que no tiene sentido, pero en fin. Me desperté a las 6, me levanté y como estuve listo antes, tuve la brillante, pero brillante idea de querer desayunar. – Tara puso ambas manos en frente de su cuerpo en señal de que se detuviera.
– ¿Tan mal cocinero eres? – el joven asintió y entonces ella no pudo hacer más que reir.
– ¡Oye! No te rías, tuve que llamar a mamá para que fuera a limpiar. De solo imaginar que tendría que hacerlo yo… casi choco por eso. – mintió, pero Tara no se molestaría porque sabía que era una mentira. Tan solo sonrió negando con la cabeza.
– El día en que tu madre no esté… no te voy a querer en mi casa, ¿oiste? – después de eso se concentraron en trabajar.
A la hora de almuerzo llamó a Leah, su mejor amiga fuera dela empresa y le dijo que fuera a su casa, que necesitaba hablar con ella. Ella si conoció a Tom, el ex de Bill, en persona. Incluso ella seguía en contacto con él, pero no era el mismo que mantenía con Bill. Cuando terminó su jornada laboral se fue a casa y esperó a su amiga, que no tardó en llegar.
– ¿Cómo has estado? – le preguntó él cuando estuvieron sentados en los sofás con un vaso de refresco en las manos.
– Yo muy bien. Pero tú no sonabas muy emocionado por teléfono. ¿Qué pasó? – ella era el detector de Bill, si él mentía ella lo sabía, así como también sabía si estaba bien, asustado, mal, emocionado y todo eso. Bill se mordió la lengua antes de encontrar su mirada con la de Leah.
– Lo que pasa es que soñé con Tom. – su amiga abrió su boca, pero no dijo nada. Lo dejaría continuar. – Soñé cuando lo hicimos la primera vez, en la fiesta de Nicholas. – Leah asintió, pero siguió sin decir nada. – No sé cómo interpretarlo. Nunca me había pasado desde que, ya sabes, terminamos. – cuando terminó de hablar le dio un sorbo a su refresco y esperó por el comentario de su amiga.
– Uff… – la chica de pelo naranjo, suspiró e imitó el gesto de su amigo, bebió de su refresco.
– Yo tampoco sé cómo interpretar eso, Bill. Nunca me ha pasado y espero que nunca me pase, como te veo no parece muy grato. – él negó con la cabeza.
– No lo es, créeme.
– Puede ser que… sea algo así como un presentimiento.
– No entiendo y habla rápido, sabes que me desespero con facilidad. – ella asintió y se mordió el labio aguantando la risa.
– Tu sabes que yo sigo en contacto con él, sólo por internet, pero igual y eso no va al caso.
– Exacto, no va al caso, así que si quieres te apuras. – Bill se removió en su puesto con una mirada ansiosa.
– Cuando ustedes terminaron, al año él y su familia se fueron a Dresde. – el pelinegro abrió la boca sorprendido, él no sabía ese pequeño gran detalle. Leah continuó. – Y volvieron hace una semana. Bueno, sólo él volvió. A su antigua casa, ya sabes, al lado de la tuya. – la chica le guiño un ojo y Bill negó con la cabeza.
– Eso está fuera de lugar.
– Bueno eso era. Está de vuelta en la ciudad así que… si por alguna razón llegas a ir a ver a tu madre y.. te encuentras con él…
– ¡Leah, cállate! – sonrieron ante el sonrojo leve del muchacho y se terminaron de beber su refresco.
– Estoy más que seguro que ya tiene una novia. – ¿qué tan cierto sería eso? y si así era ¿le molestaba?
– Ehh, eso no lo sé. No me ha dicho nada de eso. – algo en el pecho del muchacho golpeó fuerte ante la cara de incertidumbre de su amiga.
– ¿Qué te parece una visita a la tía Simone? – Leah carcajeó y mordió la orilla de su vaso.
– Eres un idiota Bill Kaulitz, ¿sabías eso?
– Mmm, pues… me lo dices seguido, así que empiezo a creérmelo. – se puso de pie dejando su vaso en la mesa de centro. – ¿Vendrás? Porque sí iré donde mi madre, puede que tenga suerte y lo vea con otra para así sacar el estúpido sueño de mi vida. – Leah negó con la cabeza.
– No, no iré. Si andamos con visitas de madres iré mejor donde la mía, la tengo abandonada hace como 2 semanas. Y si se entera de que fui a ver a tu madre, me fulmina. – se puso de pie y después caminaron a la puerta, ella sacó de su cartera una tarjetita. – Sé que te gustará.
Es un calendario con una imagen de Tigger, de Winnie the Pooh. – Bill se rió a carcajadas y dejó la tarjeta encima de la mesa de centro.
Se despidieron en la salida del edificio en donde él vivía y luego cada uno se fue a su propio auto. Bill no tardó más de 30 minutos en llegar a su antigua casa, se estacionó en la salida y no se bajó del auto sin ates mirar detenidamente la casa vecina. La que había sido y volvió a ser la casa de su ex-novio. Quizás su novio más importante ya que después de eso no tuvo ninguna relación tan larga ni tampoco tan romántica.
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Después de mirar por aproximadamente 15 minutos la casa y no ver actividad se bajó de su camioneta y fue a la puerta principal. Tocó el timbre y después de unos interminables segundos, su madre le abrió la puerta lanzándole una sorprendida, pero agradable mirada.
– Billy, qué sorpresa. – dijo la mujer abrazando y llenando de besos a su único hijo. El mimado, mamón y consentido de toda la familia. – Anda entra. – al cerrar la puerta la mujer volvió a abrazar a su hijo.
– Estaré poco rato si, tengo que acostarme temprano para no quedarme dormido, tu sabes. –la mujer asintió mientras se perdía en la cocina. Iba por refrescos, pero si él seguía con los refrescos explotaría. Aún así no diría nada, no quería hacer sentir mal a su madre.
Se quitó la chaqueta y la tiró a uno de los sofás, después se sentó y esperó a su madre. –¿Sabes ya o aún no? – preguntó ella saliendo de la cocina. El pelinegro puso una mueca de no entender nada. – La casa de al lado está ocupada de nuevo.
– ¡Oh, sí! Leah me lo contó hace un rato. ¿Por qué yo no sabía que se habían ido? – recibió su refresco y le hizo un lugar a su madre a su lado en el sofá.
– Porque cuando ustedes terminaron, me pediste por favor que te dejara ir a vivir con tu tía.
Y cuando volviste, ni mirabas a la casa de al lado, como tampoco notabas que estaba desocupada. – el pelinegro apretó los labios, trayendo a su mente el patético recuerdo de él arrodillado frente a su madre rogándole porque lo dejara ir. Había borrado ese episodio de su mente por patético y vergonzoso.
– Qué patético, señor.
– En esos momentos no era tan patético, se notaba que sufrías y no lo niegues. – la mujer le acarició la mejilla derecha mirándolo con cariño.
– Pero bueno, ya pasó. Han pasado más de 5 años, no es buen momento de internarme en el pasado.
– Vino a visitarme unos 40 minutos antes de que llegaras. – dijo la mujer dejando su acción e ignorando lo que su hijo le había dicho. Algo dentro de Bill se agudizó, haciéndolo interesarse, pero no quería preguntar.
– Mira tú. ¿Y a qué vino? – sonó casual, pero a las madres no se les puede engañar. Simone sonrió antes de contestar.
– Según él vino sólo a verme, pero lo noté muy nervioso. Miraba insistentemente las escaleras, a tu habitación, y al final no pudo contenerse, me preguntó en dónde estabas. – el chico se sonrojó y asintió, mordiéndose el labio. Más de cinco años y aún tenía efecto en Tom. ¿Bendición o maldición? Quién sabe.
– ¿Y qué le dijiste?
– Pues qué le iba a decir. Que te habías mudado a un departamento hace como año y medio y que trabajas en la revista esa.
– ¿Y no preguntó nada más?
– Parecía querer preguntar, pero se contuvo. Al menos esa fue la impresión que me dio. Tu sabes, siempre lo vi muy reservado. – no era reservado, solo se cohibía ante los adultos. O bueno, ante la familia de Bill.
– Ya veo. Después de eso se fue, ¿cierto? – la mujer asintió y la pregunta que le escupió después no se la pudo guardar. – ¿Sabes si tiene novia o algo? – Simone se carcajeó antes de darle un leve empujoncito en el hombro a su hijo.
– Más de 5 años y aún te importa. –
– No es que me importe, es solo que… –
– ¿Qué? – ella lo miró fijamente y el chico no pudo evitar sonrojarse más de la cuenta.
– ¿Responderás?
– Sí, nunca te dejaría con la duda. Pero a decir verdad, yo también tengo esa duda, porque no le pregunté ni tampoco él lo mencionó, así que no sé si está de novio con alguien, lo siento, hijo. –
– No lo sientas, solo era curiosidad, mamá. – la rubia mujer rodó los ojos y se acomodó en su lugar.
– Está bien, como quieras. A penas sepa algo te lo haré saber, claro si tu quieres. – Bill sonrió levemente negando con la cabeza.
– No, no te preocupes, no quiero saber. Ahora, madre mía, me voy. Tengo algo de trabajo que adelantar, porque estoy seguro que me quedaré dormido. – se puso de pie y cogió su chaqueta para colocársela, dejó el vaso en la mesa de centro y se fue hasta la puerta. Su madre lo siguió.
– Ven a verme más seguido ¿está bien? – el de rastas asintió mientras su madre lo abrazaba, a pesar de que sentía que habían dejado varias cosas sin tratar, de verdad tenía que irse.
Podría volver al día siguiente. La mujer le arregló el cabello alrededor de sus hombros y luego lo dejó ir.
– Puede ser que venga mañana, aún no terminamos de hablar. – se sonrieron antes de que el muchacho saliera de la casa. Miró nuevamente la casa vecina y un auto estaba estacionado en frente de ella. Eso llamó su atención. Caminó lentamente a su auto sin quitar la mirada de la casa. Casi cae por un paso mal dado, pero no quitó la vista.
La puerta se abrió y el que había sido su primer novio, su primer amor y su primer amante salía de la casa. Totalmente cambiado, bueno más que nada su cabello ya que seguía con el mismo estilo de ropa, su cabello ya no llevaba rastas rubias y castañas. Es más, su cabello ya no era ni rubio ni castaño, era negro al igual que el propio, pero el otro llevaba trenzas pegadas a su cabeza. Realmente cool, pensó sin quitar la mirada del individuo que caminaba a su auto.
Le quitó la alarma a su camioneta y eso llamó la atención de Tom, quien al mirarlo se lo quedó mirando. Achinó los ojos y le hizo una seña con la mano, seña que Bill respondió un tanto tenso, iba a dejarlo pasar cuando el otro empezó a caminar hacia él. Se tensó un poco más, pero se calmó respirando profundamente por la nariz y también por la boca.
– Hola. – le saludó Tom, quiso darle un beso en la mejilla, pero Bill miró el suelo.
– ¿Cómo estás? – preguntó sin poder fijar su mirada en los ojos de su contrario.
– Estoy bien y contento de haber vuelto aquí, extrañaba tanto este lugar. – dijo mirando a su alrededor.
– ¿Ah, si? – el otro asintió. – Pues… yo solo vengo aquí por, tu sabes, mi madre. – el de trenzas asintió y miró la casa.
– Hace un rato la fui a visitar y me dijo eso de que ya no vives aquí. – ambos apretaron sus labios como también recordaron que solo hacían eso cuando ya no sabían qué decir y estaban incómodos.
– Bueno yo… ¿qué haces? ¿Trabajas aquí? – preguntó el de rastas rascándose la frente.
– Eh, bueno sí, hace poco conseguí un empleo en un banco, soy el contador. –
– ¿En serio? Yo también soy contador. – dijo Bill sonriendo, Tom sonrió también y estaba a punto de decir algo cuando de su casa salió una chica con una cartera en la mano, la chica de baja estatura, rubia a más no poder y muy bien dotada por la naturaleza cerró la puerta y buscó con la mirada a Tom.
El de rastas apretó más fuerte sus labios y no dejó de mirar a Tom, quien no dejó de mirarlo después de ver a la chica. – Bueno, me voy. Cuídate. – Bill estuvo a punto de subirse a su auto, antes de que el otro lo tomara por un brazo.
– Deberíamos vernos otro día y hablar. – la mujer se les empezó a acercar y el de rastas se soltó del agarre.
– No lo sé, tal vez otro día, ahora me voy. – el de trenzas se quedó con las palabras en la boca mientras veía la camioneta de su ex gran amor alejarse. Suspiró y se giró a la Barbie que ahora era su novia, un tanto cabreado por el actuar de la chica.
Continúa…
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