
“Tentación” Fic Twc de Aura Johannessen
Capítulo 14: Soy Yo
—Soy Tom, Tom Trümper
¿Qué? ¿Esto no era un sueño? ¿Era verdad? ¿Cómo? ¿Era posible? ¿Por qué? Todo en su alrededor desapareció, Bill estaba confundido. ¿Era el mismo Tom Trümper que había conocido? ¿No era una coincidencia? Buscó en su mente imágenes de su rostro y las comparó con este nuevo Tom que tenía frente a él. Sus rasgos tan varoniles, sus ojos claros y hechizantes, su nariz respingada, su piercing en el labio tan tentador, su mirada pícara y tan hermosa. Era el mismo que había conocido, lo único diferente, eran sus trenzas negras en lugar de rastas rubias. A pesar de eso, parecía ser el mismo. Pero dentro de él, ¿seguiría siendo el mismo chico gracioso, divertido, romántico y bondadoso que conocía? ¿Habrá cambiado?
—Gracias por salvarlo, Tom Trümper, me gustaría agradecerte de alguna forma— dijo el pelinegro muy amablemente.
—No, no es necesario…
—Es en serio, si no fuera por ti, él hubiera muerto, me gustaría agradecerte— dijo mientras acariciaba la cabeza del pequeño niño a su lado. –Claro, si no estás ocupado— dijo Bill con una sonrisa tímida.
—Bueno, ahora estaba volviendo a mi casa, pero, puedo esperar, no tengo nada que hacer
El pelinegro le sonrió, y se llevó junto con los niños a esa pequeña plaza a tomar un helado. Era demasiado infantil y sencillo, además puede que Tom esté pensando que Bill es un loco que invita a las personas sin conocerlas, pero, aunque no se daba cuenta, se conocían muy bien. Bastante.
Se sentaron en una de las bancas mientras observaban a los niños comiendo sus helados tranquilos y esperando a sus padres. En eso, el pelinegro se dio cuenta de que Tom se veía un poco incómodo, tendrían que volver a conocerse para tener más confianza, y eso que ya tenían bastante. Así que decidió hablarle.
—¿Qué edad tienes?— le preguntó.
—Tengo 21 años— respondió.
—Ah, yo también— dijo Bill con una sonrisa. —¿En qué trabajas?— preguntó.
—Trabajo allí— dijo apuntando a un gran edificio que había unos metros un poco más lejos de esa plaza. Era un edificio enorme y se veía muy moderno. –En ese lugar hacen videojuegos, yo trabajo como el animador del personaje, uso un programa especial en la computadora donde lo edito y lo hago parecer un poco más real, depende de que trate el juego. Y también ayudo un poco en la trama del videojuego, es muy divertido— dijo.
—Qué lindo trabajo, entonces, cuando eras niño imagino que te gustaban mucho los videojuegos
—Bueno, no era muy fanático, pero en mi tiempo libre jugaba un poco, comencé a jugar desde mis 17 años, y me gustó
Bill se lo pensó, solo había estado con Tom hasta sus 15 años, así que se había perdido todo lo demás, al parecer, aún había más por conocer.
—¿Y tú? Imagino que trabajas como profesor— dijo el de trenzas.
—Sí, tengo un taller en donde les enseño a los niños a pintar y dibujar, son muy talentosos— dijo el pelinegro. –Cuando yo era pequeño me encantaba, también era muy bueno cantando— dijo Bill.
El tiempo fue pasando lentamente mientras algunos niños ya se iban, como siempre Bill se despedía, pero en vez de seguir sentado ahí solo mirándolos como estaba acostumbrado, seguía charlando con Tom. Se sentía bien volver a estar con la persona que amabas, y además era gracioso eso de volver a conocerse, pues, hasta ahora, Tom no sabía el nombre del pelinegro. En cuanto todos los niños se fueron, ambos se sintieron más libres y conversaron sin ninguna distracción.
—No entiendo cómo puedes trabajar con niños, debes ser muy paciente con ellos, la última vez que estuve con un niño terminó llorando, son muy estresantes— dijo Tom mientras reía junto a Bill.
—Pobre niño, no me gustaría saber que le hiciste para hacerlo llorar— dijo Bill entre risas.
—Te juro que no le hice nada, era muy llorón
Ahora, ambos sentían más confianza, había pasado ya tanto tiempo que se sentían más seguros, comenzaron a hablarse como si nada, como si se conocieran desde hace mucho. Tom sentía que hablaba con alguien de hace mucho tiempo. ¿Estaría recordando?
—Y, ¿tienes hijos?— preguntó de repente el pelinegro. Tom se quedó un buen momento en silencio y con el ceño fruncido, quizá fue malo preguntar.
—No, no tengo, ¿y tú?
—Tampoco, ¿por qué estás de repente tan serio?
—Es que, antes, yo tenía a alguien a quien amaba con todo el corazón, era una persona bastante especial para mí, pero, se fue
—¿Qué pasó?— preguntó el pelinegro, él lo sabía todo, pero, quería saber si Tom lo recordaba, después de tanto tiempo.
—Bueno, fue un día en el que fue a mi casa, fueron momentos muy, increíbles, bastante increíbles— dijo mientras de él salía un pequeño suspiro. –Después su padre se lo llevó, creí que volvería, lo busqué al día siguiente, pero no estaba, después fue cuando me di cuenta que tuvo un accidente vehicular, creí que estaba muerto. Lo busqué por todos los lugares posibles tratando de encontrarlo, esperando a que estuviera vivo, pero, al no lograrlo, tuve que aceptar que, había muerto— dijo el trenzado, mientras que de él salía una pequeña lágrima.
Todo este tiempo, Tom creyó que Bill estaba muerto, pero en realidad estaba viviendo una gran vida en la ciudad. Debió haber vuelto al pueblo después de eso. Pero, con su nueva familia, su nueva vida, no podía. Además, algo en él no se lo permitía. Hubo veces en las que pudo volver, pero, volver significaba regresar a ese lugar en donde sufrió, donde vivió una horrible vida, en donde todo se perdió. No quería volver, si lo hacía, recordaría todo eso, y toda esa felicidad que tenía ahora, se perdería.
—Lamento tu pérdida— dijo el pelinegro mientras apoyaba una de sus manos en el hombro del otro.
—No importa, tuve que superarlo, no podía quedarme así, con el corazón partido, hice todo lo que él hubiera querido que haga
—¿Y qué cosas?
—Pues, ser una buena persona, esforzarme en la escuela, ir a la ciudad, entrar a una buena universidad y, trabajar en lo que más me gustaría, vivir una gran vida. Aunque, nuestro plan era escaparnos juntos a la ciudad y vivir una vida juntos para siempre, pero no se pudo. Por eso, yo lo hice, y sentía que estaba a mi lado siempre, acompañándome a cualquier parte. Así que, no estoy completamente solo— dijo Tom con una sonrisa nostálgica.
—Te apuesto a que esa persona debe de estar muy orgullosa de ti, y apuesto a que ahora, está a tu lado, sentado junto a ti, acompañándote en este mismo momento— dijo el pelinegro.
Tom lo se volteó de golpe mirándolo a los ojos. ¿A qué se refería? ¿Por qué de repente decía eso? Quizá era para poyarlo, pero, ¿y si era algo más? Esa persona le hacía recuerdo a Bill, el chico religioso del cual se había enamorado perdidamente. ¿Y si era él? No, no podía serlo, Bill estaba muerto. Pero, ¿y si estaba equivocado? ¿Habrá sobrevivido?
El pelinegro se levantó del asiento y se alejó un poco. En eso, Tom notó que tenía una cicatriz en su brazo.
—¿Qué es eso?— preguntó.
—¿Esto? Es solo una pequeña cicatriz, me la hice cuando tuve un accidente vehicular— dijo.
Tom abrió los ojos como platos. ¿Era coincidencia? ¿Podría ser él?
—¿Ya te vas?— preguntó.
—Sí, tengo que limpiar un poco el taller, fue un placer conocerte Tom, adiós— dijo mientras desaparecía entre la demás gente.
—No, espera— gritó Tom, pero era tarde, ya no había rastro de ese pelinegro.
Ni siquiera le había preguntado su nombre, tenía ganas de seguir a su lado, pero ya no podía. ¿Cómo era eso posible? ¿Por qué le hacía tanto recuerdo a su amado Bill? ¿Era él? Pensó un poco en Bill, comparándolo con ese pelinegro. Sus rasgos tan delicados, su cabello negro y largo, sus ojos tan hermosos, claros, maquillados con la misma sombra negra, el piercing en su ceja, su nariz respingada y delgada, su sonrisa que te llega al corazón, sus labios de seda. Esbelto y delgado, su piel tan clara y tentadora, sus piernas largas al igual que sus brazos, sus manos tan delicadas. Era el mismo.
¿No era un sueño? ¿Estaba frente al mismo Bill Kaulitz? ¿No estaba muerto? ¿Acaso era un ángel o alguna mágica aparición? ¿Era una señal? ¿O era solo una persona común y corriente pero con un gran parecido? No lo sabía.
—Debí haberle preguntado su nombre— se lamentó.
Los días pasaron. Tom intentaba volver a hablarle a ese pelinegro, pero, últimamente estuvo trabajando muy duro y salía más tarde de lo normal. Su turno solo era en la tarde, pero, como estuvo saliendo atrasado, llegaba a la plaza y el pelinegro ya no estaba, tampoco ningún niño. Era como si ya no pudiera tener la oportunidad de hablarle otra vez. Era horrible.
Uno de esos días, el jefe del trenzado, fue a su oficina a hablarle.
—Señor Trümper— dijo.
—Si, señor— respondió.
—He notado que últimamente está trabajando de una forma muy rápida y esmeradamente. Gracias a usted terminaremos este juego más rápido de lo normal. Como usted me cae muy bien, he decidido darle unas pequeñas vacaciones como recompensa— dijo su jefe.
—¿En serio?— preguntó el trenzado emocionado.
—Sí
—Muchas gracias señor, no sabe cuánto se lo agradezco
—De nada, pero dígame, ¿por qué tan emocionado y por qué estuviste trabajando tan rápido?
—Bueno, es que, conocí a alguien y, quería estar más tiempo con esa persona pero, nunca tenía tiempo, así que pensé que si trabaja más rápido y más duro, saldría más temprano
—Ah, entiendo. Bueno, escucha— dijo su jefe mientras se acercaba al trenzado. –Aprovecha estas vacaciones para ganar más la confianza de esa persona, no pierdas tiempo, ve con ella— dijo mientras le daba un empujón amistoso fuera de la oficina.
—Gracias señor— agradeció Tom.
—No pierdas tiempo, anda. Pero cuidado, si es mi hija despídete— dijo en forma de broma entre risas.
—Okey señor, adiós— dijo mientras corría por los pasillos saliendo de ese edificio. Su jefe era una persona muy buena y graciosa. Imaginaba que de pequeño le encantaba jugar videojuegos y eso hizo que se aflojara un poco y no sea muy gruñón, Tom adoraba a su jefe. Era una de las mejores personas que conocía.
Al salir del edificio, miró su reloj, era la hora exacta en donde el pelinegro salía del taller y llevaba los niños a comer helado en la plaza. Corrió hacia el lugar hasta llegar. Se encontró con el pelinegro, estaba sentado en la misma banca del otro día, solo había un niño, y sus padres al parecer, ya habían llegado. Tom se dirigió al lugar, y en cuanto no hubo nadie más que él y ese chico, se acercó a él.
—Hola— lo saludó. El pelinegro volteó.
—¡Hola!— dijo con una sonrisa. —¿cómo estás? Cuánto tiempo sin verte
—Sí, estuve un poco ocupado pero, ahora estoy de vacaciones así que, podría decirse que estoy fantástico.
—Que bien— dijo el pelinegro.
—Oye, escucha, como somos amigos y esas cosas, me preguntaba si te gustaría ir a mi casa a cenar, como amigos— dijo el trenzado, en realidad era porque quería estar con ese chico a solas para saber si era quien esperaba que fuera.
—Ah, claro, no tengo nada que hacer— dijo el pelinegro. Estaba un poco tímido, no esperaba a que de la nada lo invitara a algo como eso, pero, ya se conocían hace ya mucho tiempo, así que no había problema.
—Genial, entonces, ¿vamos a mi auto?— preguntó. El pelinegro aceptó y se dirigieron hacia su auto, mientras conversaban un poco sobre su día y esas cosas. Era extraño de que de la nada estuviera pasando eso entre ellos dos, porque, para Tom, era como conocerse desde hace dos días, así que era raro, pero, aún seguía con la esperanza de que era su Bill, por eso, no le parecía raro. ¿Pero si no lo era?
Llegaron al vehículo, un Audi muy lujoso color negro, a Bill le encantaban esos tipos de autos, por eso entró de inmediato. Fue hermoso estar en un auto como eso, era el paraíso.
—Es la primera vez que voy en un auto como este— dijo mientras se dejaba abrazar entre lo suave que era el asiento.
—¿Te gustan los Audi?— preguntó.
—Me encantan, yo tengo un Land Rover 4×4
—Guau, yo diría que eso es dos veces mejor que este— dijo Tom.
—Tal vez— dijo entre risas.
Condujeron por la ciudad hasta llegar a un hermoso apartamento lujoso y muy elegante. –Esta es mi casa— dijo Tom mientras entraba por el garaje subterráneo.
—Es hermosa, no puedo esperar a verla por dentro— dijo el pelinegro saltando de emoción.
Al estacionar el auto, se dirigieron a las escaleras que llevaban a la Planta Baja donde se encontraba el lujoso ascensor. Subieron, el ascensor era como para unas 8 personas. Las paredes era de espejos y el suelo era de metal limpio y brillante.
Tom vivía en el último piso, el cual era el más alto y seguramente tendría una hermosa vista. Además, el ascensor tardaba un poco en llegar hasta arriba. El trenzado se quedó mirando al pelinegro un buen rato entre los espejos, en verdad se parecía mucho a Bill, llevó una de sus manos y a sus largos cabellos y los acaricio dulcemente.
—¿Qué haces?— preguntó el pelinegro.
—Tu cabello es hermoso— dijo Tom.
—Gracias— susurró el pelinegro. Se estaba poniendo rojo.
Al abrirse el ascensor, apareció una puerta frente a ellos. Salieron de ahí y se dirigieron hacia la puerta. Tom sacó sus llaves y la abrió, descubriendo la hermosa casa.
Las paredes eran blancas, había muchos pasillos, era bastante espacioso. En la sala, las paredes estaban adornadas con hileras de piedras y cuadros de pintura muy hermosos. Los sillones eran negros y espaciosos, había una mesa de vidrio al medio, al frente de eso había una pared en donde se encontraba una televisión pantalla plana de 46 pulgadas muy moderna. Al lado derecho de todo eso, se encontraba una pequeña terraza la cual mostraba toda la vista desde ahí arriba, estaba decorada con algunas plantas y lámparas elegantes en las paredes. Al lado izquierdo de la sala, había una ventana muy grande en donde se veía el otro lado de la ciudad. Esa casa era verdaderamente hermosa.
—Vaya, vives como rico— bromeó el pelinegro.
—Sí, más o menos, gracias por eso— dijo entre risas. —¿Cómo es tu casa?
—Bueno, yo vivo en la parte de arriba de mi taller de dibujo, es un apartamento pequeño, pero muy cómodo, en realidad lo veo más como un lugar en donde guardar todos mis cuadros, después solo es una cama, un baño, y una cocina. Normalmente acostumbro a ir a la casa de mis padres, me gusta más, además, así no me siento tan solo— respondió el pelinegro.
—¿Siempre estás solo?
—Sí, no es mucho de mi agrado pero, así es la vida, siempre hay un momento en donde hay que hacer las cosas solo
—Así es. Yo también vivo completamente solo, no tengo nadie a quien amar, no tengo mascotas, solo soy yo, suena un poco triste ¿no crees?
—Sí, pero, seguro estás tan acostumbrado como yo— dijo el pelinegro con una sonrisa. Tom asintió respondiendo con la misma sonrisa.
—¿Qué es eso?— preguntó el pelinegro mirando a otra parte. Se dirigió a un pasillo en el cual había un cuadro enmarcado con madera de caoba, limpio, parecía nuevo. Era la pintura que le había hecho Bill a Tom hace mucho tiempo. No podía creer que lo siga conservando, creía que se lo había olvidado y había quedado en el pasado, pero seguía ahí, como nuevo, cuidado de la mejor forma, amado. Debajo de él había una pequeña mesita en la cual había variedades de flores, rosas, margaritas, lirios, hasta orquídeas. En el medio de la mesa, había una foto del pelinegro de cuanto era pequeño, de solo unos 13 años. Y al lado de la foto, había una vela.
—¿Por qué….?— se preguntó el pelinegro en un susurró. Todavía no podía creer todo lo que el trenzado había hecho. Cuidó su pintura, la enmarcó, le dejo flores, lo recordó por siempre. En verdad lo amaba. Con todo su ser.
—Esa es la pintura que me había hecho mi antiguo amor. Hermosa, ¿no? Era todo un artista, en cuanto murió, se me ocurrió que en cuanto tenga mi casa propia, le haría un altar, recordándolo, y lo llenaría de flores, como no tenía una foto de él, la robé de los archivos de mi escuela. No me arrepiento, habría hecho todo por Bill…— dijo el trenzado.
—Eres… muy romántico…— dijo el pelinegro asombrado por todo eso. Se quedó por mucho tiempo mirando ese lugar, sin poder creérselo.
—¿Qué te parece si ordeno una pizza y vemos una película?— preguntó Tom. Bill lo miro entre su hombro. –Lo sé, es muy de adolescentes, si quieres podemos ir a algún restaurante o algo así…
—No— lo interrumpió el pelinegro mientras ponía uno de sus dedos contra los labios de Tom. –Me parece una buena idea— susurró, pero Tom lo escuchó. Estaban bastante cerca, sus labios podrían toparse en cualquier momento. Bill quería volver a sentir esos labios contra los suyos, quería volver a vivir esas caricias y momentos juntos. Cerró los ojos por un momento.
—Está bien— le susurró el trenzado. Llevó una de sus manos a los cabellos del pelinegro y comenzó a tocarlo suavemente mientras se acercaba un poco más a él y cerró los ojos.
Bill los abrió un poco, dándose cuenta que sus labios estaban a un centímetro de toparse. ¿Lo haría, no lo haría? Estaba confundido, tenía ganas, pero igual sentía que no era lo correcto. Tom todavía no sabía quién era en realidad, para el trenzado sería como besar a un desconocido. Algo en Bill quería dejarse llevar y hacerlo, era su tentación, Tom siempre fue su tentación, siempre fue el que lo hizo hacer cosas que nunca imaginaría hacer. Fue el que lo hizo cambiar.
—Tom— susurró.
—¿Qué pasa?
—Tengo hambre— fue lo único que dijo. Se sonrojó un poco. Al decir eso, se refería a que tenía hambre de los labios del trenzado, quería comérselos y disfrutarlos como el manjar más delicioso en la tierra.
—Okey, siéntate en el sillón mientras yo ordeno la pizza
—Okey— dijo el pelinegro separándose poco a poco. Y se dirigió al sillón, era bastante cómodo. Podría dormir ahí. O tal vez….
En cuanto Tom paso frente a él dirigiéndose hacia el teléfono, observó su entrepierna con atención. No solo se podía dormir ahí, también se podía hacer “cosas” con otra persona. Pasó la lengua por sus labios. Hubieron días en el pasado que extrañaba tanto a Tom, que pensaba en él cada noche mientras se masturbaba un poco. No quería hacerlo, pero siempre terminaba invadido por la tentación y se dejaba llevar por cada sensación y movimiento. Y ahora que tenía a Tom otra vez con él, no había algo mejor que vivir eso que Bill tanto quería.
“¿Por qué no besé esos labios antes?”— se preguntó el pelinegro lamentándose.
—Bueno, la pizza viene en camino, mientras tanto, ¿te gustaría ver una película?— preguntó el trenzado.
—Claro, ¿qué vemos?
—No sé, tengo muchas películas, puedes decirme, ¿de qué te antojas?
—De tu cuerpo
—¿Qué?
—Quise decir….— Bill se quedó sin palabras, no sabía qué hacer, tendría que hacerlo, tendría que decirle lo que le estuvo ocultando. — ¿Tienes la película, Silent Hill?— preguntó el pelinegro.
—Guau, oye, esa película no la veo desde que fui a una pijamada con mis amigos, en verdad es tremenda— dijo el trenzado.
—Sí pero, ¿no te gustaría volver a revivir el pasado?— preguntó el pelinegro.
—Bueno, sí pero….— Tom se quedó en silencio. –Espera, ¿a qué te refieres con eso? ¿Acaso sabías que había visto esa película en una pijamada? ¿Ya te lo había dicho antes?
—No, nunca me lo dijiste
—Entonces, ¿cómo lo sabes?— preguntó el trenzado.
—Tom, ya es momento que te diga que…— dijo el pelinegro levantándose del sillón. –Yo estuve ahí
—¿Qué?
—Sí, yo estuve presente, en cada momento de tu vida pasada, en cada alegría, en cada risa, en cada beso, en cada caricia…
—Pero…— Tom se quedo sin habla.
—Tom, soy yo…….. Soy tu Bill
& Continuará &
Hola, espero que les haya gustado el capi, es un poco más larguito, porque después de este, se viene el último capi. Espero que lo hayan disfrutado. Besitos.