Tentación 7

Tentación” Fic Twc de Aura Johannessen

Capítulo 7: Graffiti

—¿Pero por qué?— preguntó el de rastas después de haber escuchado a Bill.

—Según él, eres una mala influencia para mí y no quiere que estés cerca— dijo un poco triste.

—Lo sabía, nunca debimos ser amigos, soy el culpable de todo esto.

—¡Cállate Tom!— lo interrumpió el pelinegro. —Tú no tienes la culpa de nada, ¡Y no vuelvas a decirme lo que acabas de decir, ya estoy cansado de esas $%&/@!— Las palabras se le salieron de la boca sin darse cuenta, hasta notarlo y se tapó la boca con sus manos. El de rastas lo miraba en shock. —Perdón no quise decir eso, solo, es que… Yo… Oh Dios— dijo avergonzado.

—Está bien, no importa. Siempre, cuando estoy enojado o algo así, se me salen de la boca— dijo entre risas. —Todo está bien, no es el fin del mundo, todas las personas lo dicen y el mundo aún no se ha acabado, ¿no?— preguntó Tom mientras abrazaba al pelinegro por detrás.

—Tienes razón, además, solo son simples palabras— dijo Bill más aliviado acariciando las manos de Tom que tocaban su pecho. —Mi padre está mal, tú eres una buena persona, acabas de enseñarme algo, me proteges, me apoyas, me haces reír, eres mi mejor amigo. No sé porque mi padre dice eso, quizá es por tu familia o porque eres…

—Ateo— dijo el de rastas lamentándose mientras se separaba del pelinegro. —Odio esto, odio a mi familia, nadie me aprecia por mi familia, todo es su culpa, gracias a ellos todos me temen porque creen que los voy a violar o tal vez asesinarlos. Quizá no sea bueno en las materias, tenga una forma de ser muy peculiar, o sea un completo tonto, pero yo solo quiero amigos— dijo Tom mirando al suelo tristemente.

—No es bueno que odies a tu familia, Dios nos la dio por alguna razón, y hay que agradecer lo que él nos da. Tal vez no tenga madre, tal vez haya estado observando cada detalle de su muerte, tal vez mi padre y yo no nos entendamos, no tengo la mejor familia, pero igual agradezco por eso, soy feliz y no cambiaría a mi familia por nada— dijo Bill metiéndose en la vista de Tom.

—Tal vez Dios no me quiera— dijo el de rastas.

—¡No!— se interpuso el pelinegro y tomó el rostro del rastudo cuidadosamente en sus manos, como si estuviera a punto de besarlo. —Lo que dices no es cierto, él nos ama a pesar de todo, por eso nos trajo aquí, si no te amara nunca hubieras nacido, pero aquí estás, vivo aún, sano y… lindo— susurró la última parte.

—Tal vez… tienes razón, solo que, no me gusta que la gente me critique por eso

—No los escuches, son unos tontos, no saben lo que se pierden, tú eres especial, para mí. Además, si no tuvieras amigos, no tuvieras a Georg, ni a Gustav, tampoco a mí, pero nos tienes. Deberías estar agradecido por eso. ¿Qué más quieres? La gente está loca, nunca sabe lo que quiere. Yo soy muy religioso, y no tengo muchos amigos y también me critican, y a ti te critican porque tienen en la mente que eres malo. ¿Ves? Nunca nos aceptarán, si somos buenos nadie nos quiere, y si somos malos tampoco. Pero siempre habrá una persona especial que te querrá y no le importará como seas, solo es cuestión de esperar— terminó de decir el pelinegro mientras acariciaba el rostro de Tom.

—Es verdad, gracias Bill, siempre sabes cómo alegrarme— dijo mientras lo abrazaba. —¿Podría besarte?

—Lo voy a pensar— dijo el pelinegro mientras reía junto a Tom. Pero en eso, Bill acercó sus labios para darle un beso en la mejilla, el rastudo quiso hacer lo mismo, pero como estaba oscuro, no se dieron cuenta que sus labios estaban muy cerca de toparse. Hasta que ambos labios chocaron en un beso verdadero. Aunque los chicos habían planeado eso, sin querer pasó. Hasta que se dieron cuenta, y se separaron.

—No puede ser, ¿me besaste en los labios?— preguntó el pelinegro.

—No, tú lo hiciste

—Pero no fue mi intención— dijo Bill.

—Tampoco la mía

—¿Cuánto tiempo estuvimos así?

—Tal vez unos, siete segundos— dijo Tom, contento en su interior.

—Bueno, dejémoslo como un accidente— dijo el pelinegro.

—Sí, mejor vamos a casa— propuso el de rastas, a lo que el otro asintió. Mientras caminaban en silencio por lo sucedido. Tom decidió tomar de la mano al pelinegro para tranquilizarlo, pero en realidad logró ponerlo un poco más nervioso. Pero en el fondo, Bill sentía que fue lo mejor, le gustó, y en alguna parte de su ser algo le decía que tenía que hacerlo de nuevo. Se sintió tan bien. Y se preguntaba por qué no pudieron estar un tiempo más así.

&

Al día siguiente. Los cuatro chicos fueron a la escuela como se acostumbraron a hacer. Tom iba a buscar a Bill a su casa, luego se dirigían a la casa de Gustav y seguían su camino hasta que Georg se aparecía corriendo como un toro enfurecido detrás de ellos.

Al llegar a la escuela, los cuatro se sentaron en sus respectivos asientos y comenzaron con sus deberes. Hasta que pasó algo inusual. Los parlantes de la escuela se encendieron y se escucharon las siguientes palabras: —Tom Trümper y Bill Kaulitz por favor presentarse en la sala del director, ahora

—¿Nosotros?— preguntó el rastudo.

—Sí, ustedes— se escuchó la respuesta en los parlantes. Lo cual hizo reír a Georg.

Los dos chicos se levantaron de sus asientos, clavados por todas las miradas en la clase que los miraban con malas intenciones. Al salir, se preguntaban qué había pasado. Hasta que llegaron y el director también los miraba con malas intenciones. —Explíquense— mandó el director.

—¿Explicar qué?— preguntó Bill.

—Por favor, no me digan que no saben. Ustedes saben que las mentiras no son buenas, y tú lo sabes bien señor Kaulitz— respondió el director muy serio.

—Sí, lo sabemos, ¿pero, por qué mentiríamos?

—¿Y de qué estamos hablando?— preguntó Tom.

—Eso, sigan fingiendo que no saben nada

—¿No saber qué? Díganos. No tenemos idea de qué habla— dijo Tom.

—Tendré que explicarles. Ayer, ustedes vinieron sin que nadie se dé cuenta, e hicieron un graffiti en la pared del gimnasio— terminó el director.

—¿Qué?— preguntaron los dos sin creérselo.

—Eso no es cierto, ayer nosotros estuvimos en casa de un amigo y después Bill fue a cantar en la misa y yo lo acompañé— dijo el de rastas.

—No es bueno mentir, y menos con ese tipo de cosas— repitió el director.

—Pero es cierto, además usted no tiene ninguna prueba para culparnos así— dijo Bill.

—Síganme— pidió el director, y los otros lo siguieron. Hasta que llegaron al gimnasio, donde en una pared estaba escrito con negro: Tom y Bill por siempre juntos, por siempre novios.

Los dos chicos se quedaron en shock, ¿quién era el responsable de tal cosa? ¿Quién era capaz de hacerles una broma como esta? Esto era lo peor. En ese momento, el timbre del recreo sonó, y los demás alumnos comenzaron a salir de sus aulas y en un segundo aparecieron en el gimnasio, donde todos pudieron ver lo escrito y comenzaron a burlarse de ellos.

—¿Cómo decías Bill? ¿No tenía pruebas?— dijo el director.

—Pero nosotros no hicimos esto— dijeron ambos.

—No quiero escuchar más de sus mentiras. Se quedarán el resto de la mañana en el cuarto de castigos y en la tarde se quedarán limpiando todo lo que hicieron, no saldrán hasta que todo haya quedado limpio. Par de asquerosos— dijo el director y se fue.

—Pero…— trataron de convencerlo pero no pudieron. Este era el peor de sus días.

—Esto es injusto— dijo Tom. En eso, se escucharon unas risas que venían de atrás de ellos. Voltearon y se dieron cuenta que unos chicos con sus celulares les tomaban fotos y los grababan.

—Vamos, que la dulce pareja de gays se de un besito— dijo una de las chicas. Hayley Williams. La más popular de toda la escuela. Junto a su novio Andreas Gühne. Él era un antiguo amigo de Bill, hasta que se unió a los populares y comenzó a molestar al pobre pelinegro.

—¡¿Ustedes hicieron esto?!— preguntó el de rastas.

—¿Eso no es obvio? Nosotros lo hicimos y ustedes lo limpian, ¿no es genial?— dijo Hayley.

—Es estupendo, todo fue nuestra idea— dijo Andreas.

—¿Por qué nos hacen esto?— preguntó Bill casi llorando.

—Por diversión, aww, el religioso quiere llorar, pero que malos somos, jaja, no seas cobarde— dijo Hayley.

—¡No le hables así a mi Bill! ¡Le diré al director toda la verdad!

—¿Cómo? Él no te creerá, además, nosotros somos sus favoritos, no nos va a culpar. Que la dulce pareja se divierta limpiando. Vámonos Andi— ordenó Hayley mientras se retiraba junto a Andreas y todo su grupo de amigos.

Cuando todos se fueron, Tom trató de animar a Bill para que no siga llorando. Pero no lo conseguía, esto era injusto. Ellos nunca hicieron nada para merecer esto. Pero Bill en su interior deseaba la venganza.

& Continuará &

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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