
“Tentación” Fic Twc de Aura Johannessen
Capítulo 8: Castigo
—Hola Tom, ¿qué pasó?— preguntó Georg por el otro lado de la línea.
—Es que… ¿Recuerdas a Hayley y a Andreas?— preguntó el rastudo.
—Sí obvio
—Nos inculparon
—¡Qué!— exclamó Georg sin poder creérselo.
—Sí, escribieron en la pared del gimnasio: «Bill y Tom, por siempre juntos, por siempre novios»—
—Sí, ya lo había visto. Yo sabía que no eran ustedes, ¿pero por qué? ¿No le dijeron al director?— preguntó Georg.
—No sabemos por qué, y sí, le dijimos, pero eso arruinó las cosas, ahora, nos encontramos con Bill en la sala del director esperando a nuestros padres. Luego nos enviarán a la sala de castigos por toda la mañana, y en la tarde vamos a limpiar, y después vamos a volver a la sala de castigos hasta las 7 de la noche— dijo Tom.
—¡Que &@$!%! eso si es malo, no deberían hacerles eso, voy a darle una golpiza a Andreas.
—No, no lo hagas, no quiero que te metas en problemas, no importa, podremos soportar esto… ahora me voy, si el director me ve hablando contigo va a ser peor… adiós— dijo Tom apunto de colgar.
—Pero…— Georg no pudo terminar, el de rastas había colgado la llamada.
Tom guardo su celular en el bolsillo. Miró a Bill quien estaba sentado a su lado, con la vista hacia adelante, temblando y con mucho miedo. El de rastas se preocupó, tomó su mano y comenzó a acariciarla, pero Bill lo ignoraba.
—Tranquilo, todo va a estar bien, te lo prometo— susurró Tom en el oído de Bill.
—Tengo miedo, ¿qué pasará cuando mi padre lo sepa? Va a creer que es nuestra culpa y me castigará de la forma más fea que no te imaginas, tengo miedo de lo que hará— dijo mientras se acercaba a Tom para abrazarlo— Tal vez hasta sea capaz de separarnos, no quiero que pase eso— dijo sosteniéndose fuertemente de la camiseta de Tom.
—Tranquilo, te prometo que todo estará bien, no pasará nada— dijo mientras acariciaba el suave cabello de Bill. Miró la cabecita del pelinegro y le dio un besito en la punta de su cabeza.
En eso, sus padres llegaron junto con el director, donde los chicos tuvieron que separarse y hacer como si nada hubiera pasado.
—¿Qué fue lo que sucedió señor director?— preguntó el padre de Bill mientras miraba al adolecente con mala cara.
—Sus hijos escribieron en la pared del gimnasio esta frase— dijo mientras les mostraba imágenes de los hechos. A lo que el padre del pelinegro volvió a mirar a su hijo. Y el padre de Tom, solo ignoraba todo, no le importaba. —Hoy ellos se quedarán toda la mañana en la sala de castigos, después limpiarán lo que hicieron y volverán a la sala hasta las 7 de la noche— terminó de decir el director.
—Me parece bien lo que van a hacer, se lo merecen. No se preocupe señor director, lamentamos mucho esto no se volverá a repetir, y en cuanto Bill vuelva a casa, ya sabrá lo que le espera— dijo Gordon. En eso, el pelinegro comenzó a temblar de miedo, conociendo a su padre, esto no sería bueno.
—Gracias por entenderlo señor— dijo el director.
—En cuanto a mí— se interpuso el padre de Tom. —No me importa nada, si ellos quieres ser novios que lo hagan a mi no me importa, y eso es su problema no el mío, no sé para que nos llama en la mejor parte del programa de televisión que veía. Pero le prometo que Tom sufrirá, así es, sufrirá— dijo con voz bastante ebria. Se levantó de la silla en la que estaba y se fue sin nada más que decir, asombrando a los demás.
—Tu padre es gracioso— susurró Bill al rastudo entre risitas.
—Bueno, creo que eso es todo, le agradezco por haber venido y por su diplomacia— dijo el director agradeciendo al padre del pelinegro. Y en cuanto se fue, el director mandó a los dos adolecentes a la sala de castigos.
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Ese lugar estaba completamente vacío, no había cámaras de seguridad, no había ningún profesor para verlos, no había nada. Solo había dos sillas y un baño. —Se quedarán aquí solos hasta que los llamara para limpiar— dijo el director, dio un portazo a la puerta y la cerró con llave. Dejando a los dos chicos solos.
En eso, Tom fue hacia una de las sillas y se sentó, mientras el pelinegro se quedaba parado ahí, sin decir nada. Hasta que algo en él reaccionó y corrió hacia una pared, sacó un lápiz que tenía guardado y comenzó a escribir algo con rabia y lágrimas saliendo de sus ojos. —¿Bill, qué pasa? ¿Estás bien?— preguntó el rastudo preocupado.
—Quiero venganza— respondió el pelinegro. —Quiero vengarme de Hayley y Andreas— En eso se separó de la pared, y en ella habían unos dibujos en los que esa chica que los había inculpado estaba descabezada y había sangre a su alrededor. Bill se dejó caer al suelo comenzando a llorar. El rastudo se acercó, miró el dibujo y abrazó al pelinegro.
—Tranquilo, todo va a estar bien, tú sabes que la venganza no es buena. Aunque el dibujo te salió muy bien, imagínatela así, que gracioso ¿no?— dijo Tom comenzando a reír. Pero el pelinegro seguía llorando. Es rastudo pensó en algo para hacerlo reír, hasta que se le ocurrió.
—Oye Bill, ¿por qué no te ríes?— Es pelinegro no respondió. —Vamos, no me dejes hablando solo— dijo mientras miraba el rostro del pelinegro, estaba cubierto de lágrimas. Tom se levantó. —¡Bueno, no me gusta verte llorar, así que vas a reír te guste o no!— dijo el de rastas. En eso, se lanzó en Bill comenzando a hacerle cosquillas, logrando sacar carcajadas del pelinegro.
—Tom, no, ya basta— dijo mientras se revolcaba en el suelo.
—No, no quiero parar
—Esto es guerra— dijo el pelinegro dándose vuelta y quedando sobre Tom comenzando a hacerle cosquillas.
—No Bill, basta, no lo hagas— dijo entre risas. —Basta— El pelinegro comenzó a reírse junto a Tom, y pasaron el tiempo jugando a las cosquillas, olvidándose de todo lo que había pasado.
& Horas después &
—Oh, Tom, fue tan divertido— dijo Bill cayendo en el suelo junto a Tom después de haber jugado tanto.
—Sí, creo que hoy reí más que los demás días— respondió el raspudo, hasta que una pregunta voló en su cabeza.
—¿Bill?
—¿Sí?
—¿Qué es lo que te hace tu padre para que tengas tanto miedo de volver a casa?— preguntó. El pelinegro se sentó, y miró hacia una ventana que había en una de las paredes. Suspiró.
—Es horrible. La primera vez que lo hizo fue el día en que mi madre murió. Cuando volví a casa. Él me miro con mala cara, me dijo que todo eso pasó por mi culpa, ella no hubiera muerto si yo no me hubiera salvado a mí mismo, no entendía nada de lo que decía. Después me agarró con fuerza mientras yo gritaba de dolor, y me metió en un pequeño armario, tenía una pequeña ventana en donde entraba la luz, lo demás era oscuro. En algunas paredes habían clavos salidos que te raspaban si te movías, habían pinturas de cuando pusieron a Jesús en la cruz, y de ellos colgados rosarios. Me dijo que cuando haga algo malo me metería ahí dentro a rezar todo el día, a veces me mantiene ahí por días y lo único que como es pan y agua. Me mete porque quiere, dice que su vida era mejor cuando yo no estaba, cree que soy un demonio del infierno, nunca me quiso— terminó de decir el pelinegro con lágrimas en sus ojos.
—Bill, no creo que tu padre sea así— dijo el de rastas.
—Es en serio, yo nunca te mentiría, el no me quiere, cree que soy un demonio, eso dice de todas las personas…
—¡Basta Bill! Tú padre está mal, él es el demonio, él no puede decir eso de las personas
—Sí, lo sé. Pero bueno, ya estoy acostumbrado a eso, siempre me mete a ese armario así que no importa, podré soportarlo, pero en cuanto pueda, me escaparé de casa y me iré a la ciudad a decidir mi propio futuro, sin que nadie me detenga— dijo el pelinegro con una sonrisa en su cara.
—Y cuando te escapes… ¿puedo ir contigo?— Bill volteó a ver a Tom. –A mi familia yo no le importo, y ellos no me importan a mí, así que si me voy, no lo van a notar. Además, me gustaría vivir el resto de mi vida contigo, y si se puede con la compañía de Georg y Gustav, ustedes son los únicos tres que me entienden— terminó de decir el rastudo.
—Claro, nos escaparemos juntos, nos iremos de este pueblo, y cuando lleguemos a la ciudad, la aventura va a comenzar, lo prometo— dijo mientras tomaba la mano de Tom. En ese momento. El de rastas actuó por instinto y comenzó a acercarse a Bill lentamente, mientras el pelinegro no sabía lo que pasaba. Tom empujó con suavidad el rostro del pelinegro hacia él, estaban bastante cerca para que sus labios se toparan. Bill ya sabía lo que pasaba, comenzó a entenderlo, se mordió el labio mientras pensaba en cómo decirle.
—Tom…— susurró muy cerca de los labios del otro.
—¿Qué pasa Bill?
—Yo, sé que tú…
—¡Bueno chicos, llegó la tarde, a limpiar!— gritó el director quien entró sorpresivamente en la habitación asustando a los dos chicos quienes le levantaron del suelo y se separaron. Fueron junto al director al gimnasio, les entregó pinturas del color de la pared y brochas para limpiar lo que estaba escrito. Y luego el director se fue. Bill metió una de sus brochas a la pintura y comenzó a pasar pinceladas por la pared. Preguntándose porque el director tenía que llegar justo en ese momento. Bill quería decirle a Tom algo importante que hace mucho quería decirle, pero nunca encontró el momento perfecto para decirle, y ese era el mejor momento, y luego llega el director a fregarlo todo. ¿Qué habrá querido decirle?
—¿Oye Bill? ¿Qué te parece y le pedimos permiso al director para hacer un nuevo dibujo en la pared? Conociendo lo bueno que eres para dibujar va a salir muy bien— dijo Tom.
—No lo creo, el director no nos va a dejar hacerlo— dijo Bill concentrado en las pinceladas que daba.
—Sí, es verdad— dijo el rastudo mientras pintaba un corazón en la pared. En ese momento, cuando quiso ponerle más pintura a su brocha, algunas gotas de pintura cayeron sobre Bill. –Oh no, perdón, perdón, perdón, perdón, no fue mi intensión— dijo Tom temblado y preocupado por lo que podría pasarle. Bill lo miró con mala cara, tomó su brocha, y comenzó a manchar al rastudo pasando pinceladas sobre él.
—¡Hey!— se quejó.
—Eso te pasa por mancharme— dijo Bill. En eso, Tom hizo lo mismo que Bill y lo volvió a cubrir de pintura.
—Y eso te pasa por hacerme eso
—¿Ah sí?— preguntó Bill, a lo que Tom asintió. –Esto es guerra— dijo, y de repente ambos comenzaron a pintarse entre ellos, entre risas y diversión. Este castigo, se había convertido en un juego, primero con las cosquillas y luego con esto. Los chicos comenzaban a pensar que los castigos no estaban nada mal, eran divertidos. Se pasaron casi toda la tarde jugando, hasta que el director llegó y los vio.
—¿Ya terminaron?— preguntó al verlos jugar.
—Oh Dios mío— dijo Bill preocupado por haberse olvidado de eso. Miró hacia la pared, y estaba completamente hermosa, parecía nueva, bien pintada y no se notaba ni un rastro de escrituras ni nada. Pues, con los salpicones que daban, la pared quedaba cubierta de pintura y así es como quedó lista.
—Bueno, al parecer cumplieron, ahora vuelvan a la sala de castigos, aún faltan algunas horas para las siete…— En eso, Bill miró hacia otro lado, y notó algo extraño en una de las paredes, algo raro. Miró bien y se dio cuenta que había una cámara, miró hacia otro lado y había otra, y otra, se lo pensó un momento.
—¡¡¡Pero qué mierda!!!— gritó.
El director se quedó asombrado y al mismo tiempo ofendido, mientras Tom se tapó la boca del asombro mientras se reía. Bill sintió una rabia interior que no podría ser controlada. Todo este tiempo y habían cámaras, todo este tiempo y siempre tuvieron una prueba de inocencia. Esto era lo más jodidamente estúpido que le había pasado.
—¡Ya le dijimos que nosotros no fuimos maldita sea! ¡Y todo este tiempo teníamos pruebas! Y se las voy a enseñar— susurró la última pero todos lo escucharon. El pelinegro corrió del lugar dirigiéndose la sala del director, mientras Tom lo seguía y el director también, sin saber a qué se trataba todo eso. En cuanto Bill llegó, fue hacia las computadoras y comenzó a buscar entre los archivos donde se encontraba esa grabación. Hasta que la encontró.
—¡Señor Kaulitz, aléjese de ahí! ¡Llamaré a su padre para decirle que se quedará hasta las nueve de la noche!
—¿Y qué tal si primero ve esto?— dijo mientras les mostraba un video. En el primer video, se veían dos alumnos entrando por los pasillos hasta llegar al gimnasio, en el segundo esos dos comenzaron a escribir en las paredes, y en el tercero se veían sus caras. Bill pausó la grabación y acercó la imagen hasta poder ver bien a los dos individuos. —¿Quiénes son?— dijo mientras sostenía fotos de Hayley y Andreas para que compare.
—Esto no puede ser— dijo el director.
—Y si no lo cree tengo otra prueba— dijo el pelinegro mientras tomaba sin permiso el celular de Tom. Y buscó entre los vídeos. Hasta encontrar el buscado. –Miré este video— dijo el pelinegro. En el video no había nada interesante, solo era la grabación que hizo Tom la noche en que fueron a dormir en casa de Gustav.
—¿Y eso que tiene que ver?— preguntó el director.
—Mire bien, la hora y día, las 10:15 de la noche, 05 de Julio, sábado. Y en la grabación de las cámaras de seguridad. Sábado 05 de Julio, a las 10:15 p.m.— terminó Bill, dejando asombrados a los otros dos.
—No puede ser, esto es… Es cierto— dijo el director asombrado y sintiéndose culpable.
—Bien jugado Bill— dijo Tom.
—¿Cómo no pudo ver primero todas las grabaciones y demás antes de culparnos? Usted es un mal director, no tiene que dudar de las personas a pesar de que sean malos estudiantes o algo así. No debería ser director de este colegio— lo amenazó el pelinegro. El director se quedó sin habla alguna, no tenía argumento, ni una excusa, todo lo que Bill decía era verdad, esto era vergonzoso.
—Tienes razón, pueden volver a sus casas y llamaré a sus padres para decirles toda la verdad, me encargaré de Hayley y Andreas, como lo siento chicos, en verdad, espero que puedan perdonarme, les prometo que esto no volverá a pasar…
—No hay perdón para algo como esto, adiós— lo interrumpió el pelinegro seguido por Tom, mientras dejaban al director ahí parado, aún en shock.
En el camino, los dos adolescentes celebraban, seguían enojados por eso, pero estaban felices porque Hayley y Andreas recibirían su venganza, y ellos estarían libres de otros castigos. Mientras, Tom hablaba sobre lo sorprendido que quedó cuando Bill logró encontrar todas pruebas y mezclarlas para tener la evidencia de que eran inocentes, fue como si hubiera sido de una película de agentes secretos, eso según Tom. Al llegar a casa, Bill comenzó a temblar, no sabía cómo explicarle a su padre todo lo que había pasado y que le creyera para que no lo meta en ese armario. Tom notó su miedo y le dio un beso en la mejilla. –Tranquilo, todo estará bien. Escucha, me quedaré cerca de tu casa para asegurarme de que todo esté bien, si necesitas ayuda solo, grita mi nombre— dijo Tom.
—Está bien, eso haré
—Además, lo más seguro es que ya llamó a nuestros padres, todo va a estar bien—
—Tienes razón, gracias Tom, adiós— dijo mientras se despedía del rastudo con un beso en la mejilla y fue hacia su casa. Mientras el de rastas lo observaba detrás de un árbol para asegurarse de que todo estaba bien.
En cuanto Bill llegó a la entrada de su casa, tomó una honda bocanada de aire, estaba a punto de tocar el timbre, hasta que la puerta se abrió por sí sola, y apareció su padre. –Hola papi— dijo Bill.
—¿Te escapaste?— preguntó el hombre delante de él.
—No, es una larga historia. Al final, el director se dio cuenta de que nosotros no éramos los culpables y nos dejó volver— dijo con una sonrisa en su cara.
—Eres un mentiroso, ahora, al armario— le ordenó su padre con mala cara.
—No es mentira, te estoy diciendo la verdad, oh, y si te preguntas por qué estoy cubierto de pintura, es que estuve jugando un poco con Tom…
—No me importa, déjate de tus mentiras y ve al armario
—Ya te dije que no es mentira, dentro de un rato el director llamará y te dirá todo
En eso, el padre de Bill se enojó, su rostro reflejaba ira y oscuridad. –Ya estoy cansado de esto— Tomó a Bill de una mano y con la otra lo sujeto del cabello haciéndolo sufrir. El pelinegro gritaba pidiendo piedad y tratando de salvarse para salir del agarre de su padre pero cada vez lo hacía más fuerte causándole más dolor.
—¡¡¡No, no, papá no, por favor, no quiero, déjame en paz, te estoy diciendo la verdad, por favor!!!— dijo entre llantos, sus lágrimas hacían que no pudiera ver bien y sus gritos se escuchaban hasta donde se encontraba Tom, quien se preocupaba. Decidió acercarse más a la casa, la puerta aún seguía abierta. Cada vez que se acercaba escuchaba los gritos más fuertes, comenzó a escuchar los llantos de Bill, y en eso, mientras la puerta se cerraba, el grito más fuerte se escuchó.
—¡¡¡TOM!!!— y la puerta se cerró.
—¡Bill, Bill, Bill!— gritó el rastudo mientras golpeaba la puerta para entrar. Pero era inútil, el padre del pelinegro la había cerrado con llave. En eso, el de rastas fue hacia el costado de la casa para ver lo que pasaba por la ventana, oculto detrás de un arbusto.
—¡No papá, No papá! ¡Por favor, no quiero volver ahí! ¡Escúchame, estás cometiendo un grave error! ¡No!— dijo mientras trataba alejarse de ese armario mientras era empujado por su padre. —¡Papá, papá! ¡No, no! ¡Por favor te lo pido! ¡Por favor! ¡Escúchame antes de meterme ahí! ¡No sabes lo que haces! ¡Estás cometiendo un error! ¡Por favor!— gritó entre llantos mientras sus lágrimas caían al suelo.
—Es por tu bien, lo hago por tu bien, no quiero que te conviertas en un demonio, es por tu bien, porque te quiero…
—¡¡¡No!!! ¡No es así! ¡Por favor tú no sabes nada! ¡Y yo no soy un demonio, entiéndelo, por favor! ¡Sí mamá aún estuviera aquí esto no pasaría! ¡Ella me escucharía!— dijo comenzando a llorar más fuerte. De repente, su padre lo sostuvo del cuello de su camisa y lo alzó en el aire como si estuviera a punto de ahorcarlo. El pelinegro comenzó a sentir pánico, sus pies no tocaban el suelo y su padre lo miraba con ira y oscuridad.
—No vuelvas a hablar sobre ella, ¡nunca! Llegaste al límite, ¡no saldrás de ahí hasta que yo diga!— gritó el señor, en eso, la camiseta comenzó a romperse, y lanzó a Bill dentro del armario, donde se golpeó la cabeza con una de las paredes. Vio como se cerró la puerta.
—¡¡¡No, por favor!!! ¡¡¡Papá!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡Tom!!!— y la puerta se cerró. Bill se sentó y se acomodó en una esquina del armario, para que los clavos y demás no pudieran tocarlo, miró a la luz, y comenzó a llorar apoyando su cabeza en sus rodillas.
De repente, el teléfono sonó, el señor, después de haber encerrado a Bill con llave fue a contestar. En eso, escuchó la voz del director, quién comenzó a contarle toda la historia sobre cómo el pelinegro había encontrado la forma de hacer notar que eran inocentes. Mientras el padre escuchaba, miraba la puerta del armario, algo culpable. Todo ese tiempo Tom los había visto, no podía creer como su propio padre le podía hacer algo así. Pero esperaba a que la llamada terminara para que libere al pelinegro y se disculpe con él por lo que había hecho.
—Muy bien señor, gracias por decirme, que tenga un buen día— dijo el señor y colgó la llamada. Se dirigió hacia el armario cabizbajo y miró la puerta.
—¿Bill?— dijo. –Voy a ir a la Iglesia, ya casi es de noche, volveré pronto. Recuerda, reza, reza por tu vida, te quiero— terminó de decir, y se fue. Tomó sus cosas, y salió por la puerta. En cuanto se fue, Tom se dirigió hacia la ventana del costado, y como había notado que estaba abierta, aprovechó para entrar. Cerró la ventana. Fue hacia el armario, pero estaba cerrado con llave. No sabía dónde estaba la llave, no había visto donde la dejó el señor antes de irse. Se preguntaba si la había llevado consigo, esperaba que no fuera así. Buscó por todas partes pero no encontró nada, hasta que vio un pequeño brillo que venía de una de las pinturas de Cristo. Se acercó, y notó que una parte estaba cortada a la mitad, la abrió, y encontró la llave. De inmediato, fue directo hacia el armario y abrió la puerta rápidamente, encontrándose con su Bill. El pelinegro estaba sentado de rodillas, con su camiseta toda rota, con un rosario en las manos, rezaba mientras unas lágrimas caían por sus ojos.
—¿Bill?— El pelinegro abrió los ojos, y vio a su Tom.
—¿Tomi?
—Oh, mi Billi— dijo mientras se acercaba a abrazarlo, el pelinegro le devolvió el abrazo mientras comenzaba a llorar.
—Tranquilo, ya estoy aquí, todo está bien, todo está bien.
& Continuará &