Tentados 4

Hola, antes de comenzar, quisiera decirles algo importante. No olviden que el hijo de los G´s (el novio de Aiko) También se llama Bill. No quiero que se confundan con Bill Kaulitz (el padre de Aiko) porque a veces, por ejemplo, estoy narrando sobre Bill, y ustedes se confunden pensando que es el novio de Aiko. ¿Me entienden? Por eso decidí cambiarle el nombre, para no confundirlas mucho.  Pero no se preocupen, en este capítulo estará bien explicado y no se van a perder nada. Bueno, eso es todo, disfruten la lectura.

«Tentados» Fic Twc / Toll de Aura Johannessen

Capítulo 4: Más Demonios

Bill sintió un extraño dolor en su corazón, uno que le recordaba un antiguo y triste secreto, se dio cuenta al instante que algo estaba pasando.  Se levantó de la cama y caminó por los pasillos hacia la cocina, en busca de su Tom, quien en ese momento estaba preparando el almuerzo. Se acercó a él, y lo abrazó por la espalda.

—Tomi, ¿hubo alguna señal de Aiko?— preguntó apoyando su mentón sobre el hombro izquierdo del otro.

—No, nunca ha salido de su habitación— respondió.

—Qué extraño, me pregunto si estará bien.

—Dile que venga, el almuerzo está casi listo, además, es su comida favorita— dijo mientras acariciaba los largos cabellos rubios del otro.

—Está bien— respondió. Y después de un suave y corto beso, fue hacia la habitación de su hija.

Al estar frente a frente con la enorme puerta, su corazón comenzó a latir a mil por hora y el dolor se hacía cada vez más fuerte. Suelta simultáneos jadeos y se sostiene contra una pared, de otra forma caería al suelo por tanto dolor. —Aiko, ¿estás ahí? ¿Todo está bien?— preguntó con voz adolorida. Pero nadie respondía. Bill se preocupa. —¿Aiko?— preguntó alarmado. Nuevamente, nadie responde, el silencio reina.

El rubio suelta un gemido de dolor. —“¿Qué es esto?”— se pregunta para sus adentros. —“¿Será que…? No, no puede ser posible, no otra vez, a mi Aiko no”— se dijo bastante alarmado, esperando a que sus pensamientos no fueran ciertos.

Entró a la habitación, y al no ver a su hija ahí, se asustó. Se dejó caer al suelo por tanto dolor y apoyó los brazos y la cabeza en la orilla de la desordenada cama. Bill se comenzó a retorcer, a gemir y a jadear de puro dolor. Levantó la cabeza y miró directamente a las desordenadas sábanas. Entre ellas había un extraño líquido negro, paso sus dedos entre esa extraña consistencia. Era espeso y muy húmedo, llevo sus dedos con ese líquido a su nariz para oler su esencia. —Sangre— susurra. Analiza ese color negro, no es cualquier tipo de sangre. Al darse cuenta de lo que se trataba. Bill arquea la espalda, y por su mente comienzan a pasar millones de recuerdos, todos tristes y desgarradores.

—No puede ser— se dijo horrorizado. —Otra vez no, no a mi hija, a ella no— se retuerce. —¡Tom!— gritó con desesperación. —¡Tom!— volvió a gritar.

Se escucharon los acelerados pasos de su amado. Llegó a la habitación, y al ver a Bill entre el suelo como un muerto, y al notar que su hija no estaba, casi grita de espanto. —¡Bill! ¿¡Qué pasó!? ¿¡Dónde está Aiko!?

—Tom, Aiko está en peligro— dijo el rubio con voz agotada. —Debemos salvarla de…

—¿¡Qué!? ¿¡De qué hablas!? ¿¡De qué tenemos que salvarla!? ¡Bill!— gritó desesperado, esperando las respuestas de su amado. Pero este, solo se desmayó.

&

Bill despertó una hora después en el sofá, con la cabeza entre las piernas de su esposo. —¿Amor?— preguntó Tom. —¿Estás bien?

—Sí, es solo que, estoy un poco mareado— responde con voz débil.

—Bébete esto— le ordena dulcemente pasándole un té de manzanilla. El rubio le obedece y lo bebe bastante agradecido. En cuestión de segundos, recupera fuerzas. En eso, recuerda todo. Sabe que es el momento perfecto para contarle a Tom su más grande secreto, y de esa forma aclararle lo que estaba pasando con su hija.

—Tomi, necesito decirte algo muy importante— dijo seriamente.

—¿Qué cosa?

—Es un secreto. Trata sobre Aiko, y al mismo tiempo sobre mí.

Tom se acomoda en el sillón, listo para escucharlo. Bill estaba  a punto de abrir la boca, pero siente algo dentro de él, su cuerpo trataba de decirle algo, y no era bueno. Voltea la cabeza hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones, al mismo tiempo que se escucha un extraño ruido desde arriba. —Volvió— susurra, y sale disparado hacia la habitación de Aiko siendo seguido por Tom, quien todavía no entendía nada de lo que estaba pasando, y siente una gran curiosidad. Llegan, y abren la puerta, encontrándose con su hija mirándose fijamente al espejo. Bill se queda en shock, el estado en el que estaba era bastante normal comparado a como la vio en la mañana. Su piel tenía el mismo tono aceitunado de siempre, su cabello era más claro y del color de la corteza, sus espeluznantes ojeras habían desaparecido, se la veía más nutrida y ya no tenía el aterrador aspecto cadavérico.

—Pero…— susurra el rubio sin poder comprender. Pero Tom se lanza hacia ella para abrazarla, feliz de verla de vuelta.

—Oh, mi pequeña, que bueno que estás en casa. ¿Dónde estabas? ¿Por qué volviste a escapar?— preguntó con un tono más serio.

—Lo siento, no era mi intención asustarte. Simplemente estaba en la pradera leyendo un libro, como siempre— respondió muy tranquila. Parecía bastante inocente, pero Bill sabía que escondía algo.

—Está bien, pero antes avísanos ¿Está claro? Casi se me para el corazón al no encontrarte— dijo Tom.

—No te preocupes.

Su padre se separó del abrazo y la invitó a comer, llevándola de la mano hacia el comedor. Pero el rubio seguía parado entre la habitación, buscando algo. Nota que entre el suelo hay una extraña pluma, se acerca y juguetea con ella entre sus dedos. Se da cuenta que tiene un color bastante oscuro para ser cualquier pluma, es negra, al igual que la sangre. —Extraño, no recordaba que los demonios tuvieran alas— se dijo así mismo.

—¡Bill! ¿No vienes cariño?— preguntó Tom.

—¡Voy!— respondió saliendo de sus pensamientos. Guardó la pluma y se fue hacia al comedor.

Todos comían el delicioso almuerzo de Tom, pero Aiko apenas probaba un poco. —¿Qué pasa cielo?— preguntó Bill, sorprendido por verla así.

—No tengo hambre— respondió.

—Pero es tu comida favorita— dijo el rubio.

—Lo sé, es solo que, estoy satisfecha— dijo mientras se levantaba de la mesa. —Estuvo muy rico, gracias. Estaré en mi habitación— se fue.

En cuanto desapareció de la vista de todos, Bill decidió ir directamente al punto. —¿No notas algo extraño en ella?— preguntó. —¿Por qué crees que no quiso probar la comida? ¿Por qué crees que actúa tan extraño? ¿No sientes curiosidad?

Tom dejó los cubiertos sobre la mesa, y recordó sobre el secreto que le contaría Bill, sintió curiosidad. —Bill, querías contarme un secreto sobre Aiko, y sobre ti, ¿qué era?— preguntó ignorando las otras preguntas.

El rubio miró directamente a los ojos del otro, y abrió la boca para hablar. —Bien, te lo diré, pero debes mantenerlo en secreto, los únicos que lo saben son mis padres y Gustav. Además, tal vez no creas, pero todo lo que te diré es cierto— advirtió.

—Vaya, supongo que será algo sobre la religión o cosas espirituales— se burló, pero a Bill no le causó risa. —Lo siento, no quería, perdón— sintió culpa.

—No, en realidad, tienes razón, es algo parecido. Pero lo que te contaré ahora, es una historia sobre el demonio— dijo con voz aterradora. Tom tragó saliva, un poco asustado.

&

En su habitación, Aiko se miraba en el espejo, tenía el mismo aspecto normal y dulce con el que sus padres la habían visto, sin embargo su reflejo era macabro y escalofriante, el espejo reflejaba su forma demoníaca. Aiko hechizó el espejo. —Mi padre sabe algo— se dijo recordando los extraños comportamientos de Bill. —No dejaré que se dé cuenta—.

Abrió grandemente la boca, descubriendo una hilera de dientes afilados llenos de sangre, todavía fresca. Había salido hace unas horas de casería. Acorraló a un montón de gente inocente, les chupó el alma, y las descuartizó por pura diversión. Pues, como ella había perdido su alma, necesitaba las de los demás para mantenerse fuerte y con todos sus poderes. Era su fuente de poder.

—Al menos, sé disimular bien mi verdadera apariencia— se dijo. Se quitó la blusa, quedando desnuda de la parte de arriba, descubriendo un hermoso y realista tatuaje de enormes alas negras que le cubría toda la espalda. —Salgan— ordenó. Y mágicamente, sus alas comenzaron a salir de ese tatuaje. Al estar libres de su escondite, el dibujo en su piel desapareció, y cobró su estado de demonio. Miro por la ventana, buscando más presas, pero lo único que vio fue a los tíos G´s y a su novio dirigirse a su casa. —Tengo una idea— se dijo. Ocultó nuevamente sus alas, el tatuaje volvió a su cuerpo, al igual que su apariencia humana. Esperó a que el timbre sonara.

&

El timbre sonó, al mismo tiempo en que Bill terminó con la historia. Fue hacia la entrada, dejando a Tom completamente en shock, y casi no se lo creía, pero sabía que su amado nunca le mentiría, ahora sabía la verdad de todo. El rubio abrió la puerta, encontrándose con las caras de los G´s junto a su hijo.

—Hola— saludaron.

—Hola, que gusto verlos— dijo el rubio. —Me alegra que hayan venido, los necesitábamos.

—¿Para qué?— preguntó Georg.

Bill no respondió, y simplemente los invitó a pasar. Todos se sientan en la sala, y el rubio lleva su mirada hacia el novio de su hija. —Bill, necesito tu ayuda— le dijo.

—¿Qué pasa?— pregunta el pelinegro.

—Necesito que vayas a la habitación de Aiko, y la vigiles. Si no está, o si pasa algo extraño con ella, avísame— le ordenó.

—Está bien— dijo, y se fue sin entender completamente nada. En cuanto desapareció de las miradas de todos, el rubio fue directamente al grano.

—Gustav.

—¿Sí Bill?

—¿Recuerdas a…?— susurró el nombre en la oreja del otro.

—Sí— respondió tristemente.

—A Aiko le está pasando lo mismo que a él.

—¿¡Qué!?— preguntó espantado el de gajas.

—¿Hay alguna forma de salvarla?— preguntó Tom metiéndose en la charla.

Hubo un buen momento de silencio. —Sí— dijo Bill, pero su sonrisa desapareció al recordar todo. —Pero habrá muerte— dijo, y todos quedaron absolutamente horrorizados, recordando. Excepto Georg, quien estaba confundido.

—Disculpen, ¿podrían decirme de qué están hablando?— preguntó cansado de tanto misterio. Los otros tres tuvieron que contarle todo la historia, con todos los detalles posibles, porque, Georg seguía siendo tan tonto como cuando era pequeño.

&

Mientras, en la habitación de Aiko, la pareja hablaba sobre un montón  de cosas, riéndose sin parar. —Eres muy gracioso— dijo la chica entre risas.

—Hace mucho que no te escucho reír, tienes una risa muy linda, es música para mí. Me gustaría que te rieras más a menudo— le dijo el pelinegro poniéndose romántico. Tuvieron contacto visual un buen momento, se acercaron lentamente buscando los labios del otro, pero antes de que pudiera toparse, Aiko retrocedió.

—Oye, ¿puedo contarte algo?

—Sí claro— dijo alejándose de ella.

—Cuándo tenía cuatro años, encontré un viejo peluche en el cobertizo. No sabía de quien era, pero estaba hecho trizas. Tenía un ojo que le colgaba de un hilo, costuras que iban de las comisuras de sus labios hasta las orejas, se salía el relleno por el cuello, y tenía las manos quemadas— dijo en tono aterrador.

—Escalofriante— dijo el pelinegro.

—Sin embargo, me lo quedé, no sabía por qué, pero me agradaba. Me protegía de todo aquel que me hiciera daño, era muy especial. Todavía me acuerdo de su nombre, William.

—Un lindo nombre para una criatura como esa— se burló, sacándole una sonrisa a Aiko.

—Un día lo perdí, y nunca lo volví a ver más, lo extraño— dijo tristemente.

—Pero me tienes a mí— dijo el pelinegro abrazando a su novia. Aiko sonrió.

—Sí, te tengo a ti, por eso ahora serás mi William— dijo poniendo un tono demoniaco en la última palabra.

—¿Qué?— preguntó confundido. De repente, sintió una extraña fuerza que lo empujaba, y fue disparado directamente hacia una pared, no podía mover ni un músculo. Aiko lo tenía acorralado bajo su poder. —¿Qué haces? ¿Qué es esto?— preguntó aterrado.

—Esto, soy yo— dijo, y lentamente fue tomando su verdadera apariencia, su aspecto de demonio. Sus alas salieron de su escondite, desgarrando su ropa, pero no quedó desnuda, porque gracias a su magia, creo que un hermoso y oscuro vestido de plumas negras que le daba aspecto de un cuervo. El chico sintió pánico, no tardó en darse cuenta que estaba frente a un verdadero demonio.

—¿Qué me harás? Por favor, no me mates— rogó lleno de terror en su voz.

—Tranquilo, no sería capaz de matarte. Te convertiré en mi esclavo— dijo. Abrió grandemente la boca, revelándole sus afilados dientes. Su novio quería gritar, pero ella se lo impedía gracias a sus poderes demoniacos. —Ya es hora— dijo Aiko, tomó una de las manos del pelinegro, y mordió la muñeca pasándole todo su veneno.

El chico sintió un ardor recorrerle el cuerpo, su cabeza daba vueltas, y lentamente, se transformaba. Uno de sus ojos se tornó negro, y el otro azul, de las comisuras de sus labios se formó costuras que iban de ahí hasta sus orejas, sus dedos se tornaron oscuros como el carbón, en su piel se dibujaba montones de tatuajes, pero todos tenían algo en común, cada uno significaba algo sobre la muerte. La transformación ya estaba casi lista, pero Aiko comenzó a perder energía. Necesitaba almas para alimentarse, sino, perdería todos sus poderes, y moriría. Soltó lo que mordía, y dejó libre al pelinegro de su poder, además, ya era un demonio, pero no obtuvo la misma magia que ella. Se dejó caer al suelo, agotada.

Su novio la miró, y la ayudó a levantarse. —Estoy para servirte— dijo mientras le hacía una reverencia a su creadora.

—Desde ahora, tú serás William, mi nuevo protector— dijo, y volvió a su estado humano. —Llévame hacia la fuente de comida más cercano— le ordenó convirtiendo al chico en un águila de plumaje oscuro. Pues, como estaba débil, no podía usar sus alas para volar, necesitaba almas para recuperar todo su poder y energía.

William se la llevó hacia un lugar lleno de gente, en donde Aiko procedió a chupar todas las almas que había ahí. —Ahora nadie nos podrá vencer— dijo, orgullosa de su hermosa creación.

&   Continuará   &

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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