
Hola, ¿cómo están? Quería darles una pequeña precaución. Decidí ponerle un poco de Lime a este capi, así que cuidado jajaja. Espero que les guste.
«Tentados» Fic Twc / Toll de Aura Johannessen
Capítulo 5: Te tengo
El rubio sintió nuevamente ese extraño dolor en su corazón, y se alarmó. Llevó una mano a su pecho, y todos a su alrededor, supieron lo que pasaba. —¿Bill?— preguntó el de gafas.
—Creo que algo está pasando— dijo Bill.
—¿Siempre tuviste esos dolores cuando pasaba algo como esto?— preguntó Georg, ahora más ubicado gracias a la historia que le contaron.
—Sí, y nunca es bueno— respondió el rubio, y sin decir nada más, corrió directamente a la habitación de Aiko seguido por los demás. Al llegar, no encontraron a nadie, la habitación estaba deshabitada y completamente desordenada. –Oh, no— susurró.
—¿Dónde está nuestro hijo?— preguntó Georg muy preocupado.
—No me digas que fue presa de…— dijo Gustav, con temor de decir la última parte, temía que su hijo haya muerto. No le gustaría que eso fuera cierto.
—No, no puede ser, estoy seguro de que mi hija no sería capaz de hacerle semejante cosa a su novio— dijo Tom tratando de calmarlos. —¿Verdad Bill?
—No estoy seguro, yo…— no sabía que decir, estaba en verdad aterrado por todo lo que estaba volviendo a vivir.
—¡Bill!— soltó de repente el de gafas. —¿Todavía puedes ver a través del tiempo?— preguntó esperanzado.
—¿Hacer qué?— preguntaron Tom y Georg sin ninguna idea de lo que hablaba.
—Creo, creo que sí— dijo el rubio. –Pero necesito algo para hacerlo, espera… La pluma— recordó, y la sacó de su bolsillo. –Todos atrás— ordenó, los demás obedecieron.
Bill miró directamente la cosa entre sus manos, intentando hacer lo que hace mucho tiempo no hacía. Temía de no lograrlo, ya que eso sucedió hace mucho tiempo y se había olvidado de esa extraña magia. Jugó con la pluma entre sus dedos, y se quitó el rosario que tenía colgado de su cuello. Los miró por un buen momento, y juntó ambas cosas. En eso, sintió un dolor en su cabeza que lo hizo gritar, arqueó la espalda, y sus ojos se tornaron blancos. Todo pasó por su mente. Vio a su hija transformándose en demonio, vio un pequeño ángel retorcerse y morir, sin duda, Bill lo conocía. Prestó atención a los demás recuerdos. Vio a Aiko jugar con su reflejo en el espejo, y descubrió el escondite de sus alas. El recuerdo acabó, y Bill, aterrado buscó más cosas para resolver lo que había pasado. Tom, que había contemplado todo eso, pensaba que el rubio tenía un lado demoniaco, pero como sabía toda la historia de lo que le pasó en su niñez, simplemente eran dones.
—¿Bill, qué viste?— preguntó Georg. El rubio no contestó, y busco entre el suelo algo para ayudarlo, y en cuanto lo encontró, se alegró. Había sangre entre el suelo, pero no era negra, tenía el color rojo natural de siempre, solo que un poco más oscuro. Hizo lo mismo que con la pluma, y contempló la transformación del chico, y vio como ambos escapaban en busca de, almas.
—Oh, Dios— se dijo tirándose en el suelo, esas visiones, contaban con mucha energía, y Bill había perdido bastante.
—¿Qué pasó? ¿Qué viste?— preguntaron todos corriendo hacia él.
—Era cierto, son demonios, Aiko convirtió a tu hijo en un demonio, ahora ellos están por las calles, matando a gente inocente, es horrible, no, no, no quiero volver a vivir esto, no otra vez— gritó horrorizado.
—Bill, tranquilo, no temas, todo estará bien, estoy seguro que los salvarás— dijo Tom abrazando a su amado.
—¿Pero cómo? ¿Cómo los salvaremos?— preguntó Georg.
—Primero tenemos que encontrar sus almas— dijo Gustav.
—No, solo la de Aiko— lo corrigió Bill. –Tu hijo no entregó su alma, él solo fue transformado, será más fácil salvarlo, lo que me tiene preocupado es, ¿dónde está el alma de mi hija?
—Bill, ¿qué más viste? Seguramente entre todo eso está la respuesta de donde la dejó— dijo Tom.
—Bueno…— trató de recordar. –Sí, perdió su alma después de que escapó— dijo.
—Entonces… ¿qué me dices de la carta? La carta que nos dejó cuando escapó, ¿eso debe servir, verdad?
—Sí, eso es, ¿todavía la tienes?
Tom fue hacia los cajones de su habitación, y le pasó la carta a Bill, quien vio todo lo que le pasó cuando se escapó. Vio la forma en la que se sacrificó, en la que entregó su alma, y cuando la mordieron. Ese lugar no estaba tan lejos, tendrían que ir y robarle el alma al mismo diablo, lo cual nunca fue tan fácil. El rubio solo logró hacerlo una vez, pero casi muere.
—Bill, yo y Georg estaremos en el bosque, prepararemos todo para el ritual, tengan suerte— dijo Gustav, y se fue junto al castaño.
En cuanto se fueron, el rubio comenzó a empacar algunas cosas para recuperar el alma de Aiko. Tuvo que explicarle a Tom sobre el ritual, y sobre lo difícil que era robarle al diablo. Tendrían que trabajar juntos, porque si no, morirían, y el mundo sería destruido gracias a Aiko.
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Llegaron a una calle cerca del inmenso bosque, y entraron, se toparon con una casita aterradora y sumamente oscura, habían llegado. Bill miró todo a su alrededor, parecía vacía, pero no estaba muy convencido. –Ten— le dijo a Tom pasándole un montón de rosarios, cruces y cosas por el estilo. –Cuando haga la señal, los revelas— dijo el rubio.
—Okey.
Empujaron la puerta, la cual estaba abierta, y entraron. El lugar, comparado con como lo vio Bill en su visión, se veía aterrador y antiguo. Se escuchaban sonidos extraños, había ratas y otros animales e insectos asquerosos que les causaron escalofríos. —¿Esta casa siempre estuvo por aquí?— preguntó Tom.
—Bueno, creo que sí, se supone que está abandonada, pero cada vez que se presenta la oportunidad, el diablo se aparece para llevarse almas consigo.
—¿A qué te refieres con “cuando se presenta la oportunidad”?— preguntó el otro confundido.
—Por ejemplo, nosotros ahora estamos entrando solos a una casa sumamente aterradora, así que, supongo que algo se nos aparecerá, nos está esperando allí adentro.
—¿Cómo los sabes?
—Él sabe cuál es nuestro propósito, no nos lo hará tan fácil— advirtió.
Tom sintió un escalofrío subirle por todo el cuerpo, lo que estaban por hacer era algo sumamente paranormal, de hecho, todo lo que vivían era así. No quería entrar, pero tampoco quería verse como un idiota aterrado, además, todo lo que hacían era para salvar a su hija. Correría el riesgo.
Lentamente, entraron a la casa. El lugar era sumamente escalofriante y se escuchaban extraños ruidos. Las ventanas se movían de adentro afuera y algunos animales corrían por ahí. A cada paso que daban, el suelo rechinaba, lo cual no les ayudaba para mantenerse ocultos. Decidieron buscar por toda la casa, no sabían si el alma seguía ahí, pero no se rendirían. Además, la última vez que Bill intentó hacer eso, estaba ahí.
Buscaron por todos los lugares posibles, sin separarse en ningún momento. Comenzaban a pensar que tal vez sería imposible encontrarla, pero no se rendirían, aunque ya había pasado bastante tiempo, y ya estaba oscureciendo. De repente, Bill sintió algo que lo tomaba el brazo, pensó que era Tom.
—¿Fuiste tú?
—¿Qué cosa?
—¿Me tomaste del brazo?
—No.
—¿Qué?— se asustó. –Creo que, ya no estamos solos.
Sus corazones comenzaron a latir a mil por hora y todo el cuerpo les temblaba. No sabían que hacer, querían salir corriendo de ese lugar, pero se quedaron quietos, esperando a que algo se apareciera, y así fue. Frente a ellos, se les acercó una pequeña niña de ropas sucias y rotas, llevaba dos trenzas que le colgaban de la cabeza y sus ojos era de un color tan claro, que parecía que no tenían color.
Tom tomó de la mano al rubio. Nunca le cayeron bien las niñas que se encontraban en casas sumamente aterradoras. Pues, después de haber jugado miles de video-juegos de terror cuando era joven, aprendió una gran lección. Nunca confiar en niños dentro de lugares terroríficos o aparentemente vacíos. Siempre pasaba algo malo, y presentía que llegaría a pasar. Pero en su interior, se sentía dentro de unos de esos video-juegos. Estaba genial.
—¿Quiénes son?— preguntó con una voz sumamente aguda.
Bill no respondió al igual que Tom. La niña supo que no le iban a responder, por eso decidió cambiar la pregunta.
—¿Qué hacen aquí?
—Estamos buscando algo que perdimos— respondió Bill. Tom le apretó fuertemente la mano en señal que no tuvo que responderle, era ahí donde todo se iba a la mierda. En sus juegos, siempre les disparaba a la cabeza a los niños que se le aparecían, porque si les hablaba, comenzaban a preguntarle miles de cosas, y al final se transformaban en demonios, y perdía el juego.
—¿Qué cosa?
—Nada que te importe— respondió Tom. Bill le apretó la mano esta vez. No debió haberle respondido de esa forma tan fría, la niña se podría enojar, y todo se iría a la mierda.
—Oh, entiendo— dijo. –Supongo que, deben estar asustados.
—¿Por qué lo dices?— preguntó nuevamente Tom de la misma forma fría.
—Cada vez que una persona se atreve a venir aquí, un horrible demonio se les aparece, y les roba sus almas. Siempre ha pasado, y, hace algunos días, una chica perdió su alma, y murió.
—Eso no es cierto— se lanzó Bill. –Ella no murió, está viva, la conozco.
—Pero una persona sin alma es una persona muerta— la niña sacó una pequeña bola de cristal de su bolsillo, y jugueteó con ella entre sus dedos. —¿Esto es lo que estás buscando?
El rubio miró fijamente la bolita, dentro de ella, pudo ver un extraño humo negro que se movía, se dio cuenta al instante, que era su hija atrapada. Escuchó gritos entre su mente: —“¡Ayúdame! ¡Quiero salir! ¡Sálvame por favor! ¡Papá!”—
Bill se lanzó al suelo, preocupado, angustiado, horrorizado. No dejó que sus lágrimas brotaran, simplemente se quedó entre el suelo, respirando agitadamente. Tom se sentó a su lado, asustado, sin saber qué hacer, mientras la niña, sonreía.
—¿Qué le has hecho?— preguntó lleno de ira.
—Nada, está simplemente asustado por su pequeña, porque sabe, que no la va a recuperar. ¡Nunca!— después de ese último grito, la niña fue transformándose lentamente en un demonio, desgarrando su piel y quemándose a sí misma. Mientras a su alrededor el fuego se expandía. Todavía tenía la bolita en sus manos.
—Oh, Dios— susurró Tom, contemplando aquel horrible y enorme demonio frente a él.
—Tomi— lo llamó el rubio. –Tienes que quitarle esa bolita, nuestra hija está adentro, no te dejes vencer.
—¿Y tú? ¿Qué pasará contigo?
—Estoy bien, no me pasará nada, ahora ve.
—No, te matará si no te protejo, no me voy a apartar de ti.
En eso, una gran bola de fuego fue hasta ellos, Tom reaccionó y corrió con Bill en sus brazos tratando de escapar. A cada paso que daba, un nuevo peligro aparecía, intentando asesinarlos. —¡Déjanos en paz!— le gritó al demonio.
—¡Jamás!— y lanzó otra bola de fuego, la cual lograron esquivar nuevamente.
Parecía que morirían, Tom ya estaba muy cansado, y en una de esas, un poco de fuego llegó a la pierna de Bill, quemando un poco de su piel, definitivamente, ya no caminaba muy bien. Cayeron al suelo, cansados y adoloridos, mientras el demonio se reía de ellos, feliz por obtener la victoria.
—Es su fin— dijo.
—No, todavía— se defendió Bill, y sacó todos los rosarios y cruces que había guardado, pasándoselas a Tom. –Podemos hacerlo.
Tom asintió, y abrazando al rubio, apuntaron al demonio con todo lo que tenía en las manos, descubriendo una gran y poderosa luz que salía de ellos, junto a un ser que los ayudaba. No le pudieron ver la cara por esa increíble luz, pero Bill logró percatarse de quién se trataba. –Aiden— susurró. Junto a todo ese poder, el demonio se derritió, quemando su cuerpo mientras gritaba, hasta que quedó como un líquido espeso que color negro entre el suelo.
La luz desapareció, al igual que la quemadura que tenía el rubio. Tom estaba es shock, pero Bill sabía el porqué de eso. Tomaron la bolita de cristal y la guardaron en un lugar seguro y salieron del lugar, corriendo triunfantes.
—¿Lo matamos de verdad?— preguntó Tom.
—Sí, pero nadie puede ganarle a las fuerzas del mal, el diablo seguirá rondando por ahí, no debemos volver jamás.
—Estoy de acuerdo con eso.
&
Llegaron a casa, y decidieron tomarse una ducha, porque olían a quemado y a sudor, una horrible combinación. —¿Dónde están Georg y Gustav?— preguntó Tom.
—Seguramente están preparando todo para el ritual, en el centro del bosque.
—Ya veo.
—Tom, lo lograremos, vamos a recuperar a nuestra hija.
—Sí, no puedo creerlo— dijo mientras abrazaba el jabonoso y desnudo cuerpo de su amado.
—Estoy tan fácil— dijo el otro correspondiéndole el abrazo, sintiendo nuevamente esa suave piel que tenía Tom.
—¿Bill?
—¿Sí?
—Deberíamos celebrar esto.
—¿Cómo?
—Pues, sabes que hace mucho que no hacemos esto, y lo extraño— dijo bajando lentamente sus manos por los costados del rubio, sacándole un jadeo.
—Es cierto, yo también lo extraño— dijo con voz seductora.
—¿Quieres?
—Claro que sí, bebé.
Lentamente unieron sus labios, en un dulce y apasionado beso. Tom acarició lentamente el cuerpo de Bill mientras este tocaba la suave espalda del otro. El rubio soltó un chillido al sentir que le pellizcaba su trasero. El pelinegro decidió besar con más pasión al otro, entrelazando sus leguas y jugando con sus piercings como hacían cuando era más jóvenes. Tom no se pudo resistir, y acorraló a Bill contra una de las paredes de la ducha, y dejó varios lametones por su cuello.
—Todavía tienes el toque— dijo el pelinegro entre gemidos, bajando lentamente por el cuerpo del otro hasta llegar a su entrepierna.
—Tú también lo tienes— lo volvió a besar, pero esta vez más salvaje.
Bill masajeó el miembro de Tom, sacándole varios gemidos que le erizaban la piel. El pelinegro tomó el cuerpo del otro entre sus manos y frotó ambos cuerpos, sintiendo sus duros miembros rosarse el uno con el otro.
—Ahh, Tomi— gimió el rubio.
—¿Te gusta?
—Obvio.
Por un momento, ambos se sentían como si volvieran a tener quince años. No pudieron evitar recordar esos días cuando se escapaban por las noches e iban a ese árbol en la colina para deleitarse con sus típicos juegos sexuales. Los cuales les calentaban las noches. Eran unos picarones, aunque no les importaba, con tal de demostrarse su amor, eran felices.
—Oye Bill.
—¿Sí?
—¿Me harías un gran favor?— dijo poniendo una voz increíblemente sexy. Lo cual estremeció al rubio.
—Claro.
Tom se acercó al oído de Bill y susurró. —¿Me darías una mamada?
—Por supuesto— respondió, y besó por última vez al otro antes de darle lo que quería. Bajó rosando sus labios por el cuerpo de Tom, dejando algunos besos por allí, hasta que llegó al lugar. Volvió a masajear su duro miembro, y besó la punta. Con solo eso, logró que el pelinegro emitiera varios gemidos.
Bill, sin poder esperar más las ganas de hacerlo, abrió grandemente su boca, dejando que esa gran parte de Tom entrara. Lamió su carne con su lengua dejando todo húmedo y produciéndole unas deliciosas sensaciones al pelinegro.
—Oh, sí— gimió dejándose llevar por todo lo que sentía.
Bill rosó su piercing de la lengua entre la piel del otro, y haciéndole más cosas para disfrutar de los gemidos que emitía. El momento era tan apasionado, que el rubio quiso sentir lo mismo, llevó una mano a su propia entrepierna, y se masturbó a si mismo sin alejar su boca del miembro del otro.
Tom no tardó en percatarse de lo que hacía su Bill, y le pareció algo increíblemente sexy. Acarició su torso con sus manos, mientras gemía.
—Oh, Dios, no sabes lo que me haces sentir, eres increíble.
—Tú lo eres más, me estás excitando.
—Ahh, creo, creo que me voy a correr.
—Entonces hazlo, bebé— dijo el pelinegro, moviéndose a un compás más salvaje. Y al cabo de un rato, ambos se corrieron al mismo tiempo. Bill recibió toda la cantidad de semen en su boca, y se lo tragó. Al final, terminaron agotados y satisfechos por ese gran espectáculo que habían hecho.
Tom se sentó sobre sus rodillas, hasta llegar a la altura de Bill, y volvió a besarlo. –Eso fue muy sexy cariño.
—Gracias, tú también eres muy sexy— le sonrió.
Se acercaron nuevamente para besarse, y al termino de ese largo beso, salieron se la ducha, y se vistieron, para irse directamente al bosque.
Donde los esperaban para hacer el ritual.
& Continuará &