Tentados 6

«Tentados» Fic Twc / Toll de Aura Johannessen

Capítulo 6: El desastroso Ritual

El celular comenzó a vibrar, miró la pantalla y se dio cuenta que se trataba de Gustav, no tardó en contestar.

—¿Hola?

—Bill, soy yo, ya está todo listo, pueden venir.

—Perfecto, iremos allí tan rápido como podamos— y colgó. Dirigió su vista a Tom y asintió. El auto en el que estaban comenzó a moverse, y rápidamente partió hacia su destino, el bosque.

Era tarde por la noche, por eso la carretera estaba desierta y oscura, eran los únicos ahí. Las escasas luces del vehículo apenas iluminaban el camino, y podían jurar que escuchaban extraños ruidos afuera. Había luna llena, lo cual era perfecto, porque así podían concluir con el ritual, pero debían llegar lo más antes posible, porque a plena luz del día, todo quedaría arruinado.

Bill suspiró, sabía que al hacer el ritual, no todos se salvarían, a veces los demonios podían ser muy agresivos y llegaban a lastimar a las personas por tratar de salvarse. No era lo único, él sabía algo más, quizá sí logren salvarse, pero donde hay muerte, siempre habrá muerte.

—¿Qué pasa?— preguntó el otro al oír su suspiro.

—Nada, solo tengo un poco de miedo— disimuló su preocupación.

Tom tomó la mano del rubio y la acarició entre sus dedos. –Todo saldrá bien, ya verás.

—Pero, temo de que vuelva a pasar lo mismo que hace algunos años— confesó.

—No pasará, ni siquiera lo pienses, por favor— le rogó, sabiendo en lo que pensaba. –No quisiera pensar, en que hemos llegado a todo esto, para que al final, Aiko muera.

Bill estaba a punto de ahogarse en lágrimas, pero lo contuvo, y otro suspiró salió de él. Tom tenía razón, nada de eso iba a pasar, pero, quizá sí. Aiko había perdido su alma, se había entregado cuerpo completo al demonio, incluyendo su corazón, lo cual era muy complicado. Una vez de que su corazón era entregado, dejaba de latir, y automáticamente, moría. Bill comprendió, que esa niña con la que se habían topado en la aterradora casa tenía razón, ya no había forma para salvar a Aiko, todo estaba perdido. A menos de entregar a alguien por ella. Era una decisión muy difícil, pero no para Bill.

—Tienes razón, Tom— soltó de repente. –Aiko no va a morir— afirmó.

El rubio no estaba seguro de hacer lo que planeaba, pero si se trataba de su familia, la única familia que logró amarlo con todo el corazón, se sacrificaría por ello. Tal vez no tuvo una buena relación con su hija, sin embargo, él la quería muchísimo, y en el fondo, Aiko también. Un padre siempre hace grandes cosas por sus amados hijos.

Siguieron con su camino en silencio, sin darse cuenta que algo los perseguía desde atrás, no tenía buenas intenciones. Escucharon un raro ruido venir desde el techo del auto, y se alarmaron. —¿Qué fue eso?— preguntó Bill.

—No tengo idea— le respondió, pero sin verle a la cara. Escucharon otro extraño sonido, y volvieron a alarmarse. Eran los únicos en la carretera, cerca de la madrugada y entre una gran cantidad de oscuridad, era obvio que estaban muy asustados.

—Tom, tengo miedo— le dijo el rubio.

—Todo está bien— respondió. Decidió mirarlo por el rabillo del ojo, pero se dio cuenta de algo extraño frente a la ventana. Giró su cabeza encontrándose con el asustado rostro de su amado, y no pudo ignorar la presencia de un horrible ser colgado en su auto. Su cara era tan aterradora, que no pudo aguantar las ganas de gritar. Bill se alarmó, y miro hacia su ventana, encontrándose con ese ser tan demoniaco. Observó en shock todo su rostro, y no pudo evitar darse cuenta que se trataba de alguien que conocía.

—Tom, creo que es Bill— dijo con voz asustada.

—¿El hijo de los G´s?— preguntó confundido.

—Sí.

El demonio comenzó a rugir como un monstruo mientras jaloneaba el carro, tratando de volcarlo. Golpeaba el vidrio, como si quisiera romperlo. Era un caos, se podría decir que estaban al filo de la muerte. Tom luchaba contra él, acercaba el vehículo hacia los árboles para raspar el cuerpo del demonio contra ellos, para que así los dejara en paz. Cada vez que lo hacía, este se quejaba, y hacía con sus propias manos, una gran abolladura entre el vehículo. Pero Tom no se rendía, y poco a poco se podía ver la sangre chorreándole por la espalda.

—¡Basta! ¡No le hagas eso! ¡Es el hijo de los G´s!— se quejó Bill tratando de tenerlo.

—Pero nos matará, es un demonio, Bill, tenemos que hacer algo.

—¡Aiko también es un demonio y no la estás haciendo sufrir de esta forma! ¡¿Te gustaría que Gustav o Georg la estuvieran azotando contra un árbol para matarla?! ¿¡Crees que ellos no se sentirían mal al saber que le estuviste haciendo eso a su hijo!?

Tom no pudo evitar sentirse culpable, y alejo el vehículo de los árboles. El demonio soltó un grito de dolor, y dejó descansar su rostro contra la ventana, mirando con odio a los mayores, hasta en una de esas les mostró sus colmillos. Los otros dos miraban como toda su sangre chorreaba entre su cuello, cabeza y demás, pero no era sangre negra como la que tenía Aiko, era roja. Sería fácil salvarlo y convertirlo en una persona como antes. El chico formo una gran sonrisa psicópata, algo planeaba, y al mismo tiempo, dejó de sostenerse, y se lanzó. Bill gritó por el susto, no se esperaba eso, trató de ver donde había caído, pero ya no estaba.

—¡Bill! ¡Bill! ¡Bill!— gritó Tom con todas sus ganas. El aludido volteó, mirando al otro, quien apuntaba hacia adelante con una cara de terror, no tardó en ver, y se topó con algo que tal vez, no debió haber visto. En medio de la carretera, a unos cuantos metros de ellos, Aiko se encontraba ahí parada. Pero lo que los asustó, era su aterradora forma demoniaca que llevaba. Nunca la habían visto así, parecía de una verdadera película de horror. Sus enormes y oscuras alas se arrastraban por el suelo, sus ojos mostraban oscuridad, su cadavérico y pálido aspecto la hacía parecer como si estuviera muerta, parecía la muerte en persona. Tom trató de irse por otro camino para no chocar contra su hija, pero no podía.

—¡Frena! ¡Haz algo!— le ordenó el rubio.

—¡No puedo hacerlo, no responde!

Bill acercó su mano, y se dio cuenta que había una extraña magia que se lo impedía, sin duda, Aiko era la responsable. –“No hagas eso, por favor”— dijo en su mente el rubio. –“Déjanos salvarte, volverás a ser feliz”

El auto estaba a un metro de topar a la chica, pero ella, antes del impacto, lanzó un grito tan poderoso que volcó el auto haciéndolo volar a algún lugar dentro del bosque. Después de eso, William apareció junto a ella. —¿Vamos a matarlos?— preguntó.

—No creo que hayan sobrevivido a eso, vámonos— le ordenó. Lo transformó en un cuervo, y alzaron vuelo, buscando más víctimas.

&

Jadeos y gemidos de dolor se escuchaban entre la oscuridad, ninguno de ellos se creía vivo a pesar de aún poder respirar. —¿Tom?— preguntó el rubio. —¿Tom?— no obtuvo ninguna respuesta. —¿¡Tom!?

—Bill— susurró.

—¿Dónde estás?— preguntó mientras tocaba entre sus manos la húmeda tierra llena de su sangre.

—Aquí adentro, estoy atrapado.

—Ya voy— Bill trató de levantarse, a pesar de que todo el cuerpo le dolía. Había caído fuera del coche por alguna razón extraña, pero igual fue un peligro, había caído sobre muchas rocas y casi se rompe la espalda. Algunos de los vidrios rotos le cortaron varias partes del cuerpo, incluyendo su mano, la cual tenía un agujero, pero hasta ahora no se había dado cuenta. Gateó hasta el vehículo, encontrándose con Tom, tirado entre los sillones.

—Al menos tú terminaste en un lugar cómodo— se burló a pesar de las condiciones en las que estaban.

—Estás muy equivocado, el techo está hundido, un movimiento y muero aplastado, además, puedo jurar que los vidrios me destruyeron la cara entera.

Bill no respondió a eso, y tomó a Tom de las manos, comenzó a jalarlo con todas sus fuerzas hasta poder sacarlo de ahí. En cuanto lo tuvo frente a él, lo abrazó con todas sus fuerzas. –Me alegro que estés bien.

—No, yo soy el que está más feliz por tenerte vivo— dijo el pelinegro acariciando las suaves y sangrientas manos del otro. No tardó en darse cuenta del gran hoyo en la mano izquierda y se preocupó. —¿Bill? ¿Qué pasó?

El rubio miró su mano. –Seguramente fue algún vidrio que la atravesó, pero no importa, hay que llegar al lugar del ritual.

—Espera, puedes desangrarte— rompió la camiseta que tenía y sacó un gran pedazo de tela, y con ella, vendó la mano de su amado. –Ya está.

—Gracias— agradeció con un beso.

En cuanto terminaron, fueron caminando hacia el centro del bosque, el cual ya no quedaba muy lejos. Al fin terminarían con ese gran problema que tenían.

&

Llegaron al lugar, estaba repleto de raros signos entre la tierra y algunas piedras extrañas. Todo estaba listo, solo faltaba el alma de Aiko. Los G´s corrieron hacia los otros dos al ver su mal estado y no dejaron de preguntar, pero simplemente no respondieron, y decidieron hacer el ritual.

—¿Tienes el alma?— preguntó Gustav.

Bill sacó la bolita de su chaqueta y se la dio al de anteojos. Este la tomo cuidadosamente y la puso en el centro de todo el círculo. Cada uno se paró delante de una flecha del gran signo en la arena. Todos estaban nerviosos, no sabían si eso resultaría.

—¿Están listos?— preguntó Bill.

—Sí— respondieron los demás al mismo tiempo.

—Bien…

Hubo silencio, se podía jurar que el tiempo había parado por un momento. Bill miró al cielo, y susurró unas extrañas palabras que nadie pudo entender. En ese momento, la poderosa luz de la luna se reflejó sobre el centro del signo, en el cual estaba la bolita con el alma. Lentamente comenzó a flotar, y un gran portal se abrió sobre ellos. Se escucharon muchos gritos venir desde el bosque, seguramente era Aiko. Pues, ese portal atraía a los demonios, y lo más probable es que ella estaba tratando de salvarse. Pero no lo lograría.

—¿Ahora qué?— preguntó Georg.

—¿Trajeron algo que le pertenezca a su hijo?— preguntó Bill.

—Sí.

—Ponlo junto a la bolita.

Georg sacó un pedazo de la camiseta favorita de su hijo, y lentamente comenzó a flotar hasta llegar al lado de la bolita. Otros gritos se escucharon, y vieron un árbol caer muy lejos de donde ellos estaban. —¡¡¡William!!!— se escuchó a lo lejos, era la voz de Aiko.

De repente, algo llegó volando hacia ellos, era el chico. Se quejaba mientras trataba de alejarse de ese portal, y se convirtió en una gran figura peligrosa que trataba de lastimar a los mayores. Bill aumentó el poder del portal para llevarse el demonio de ahí, y el chico entró rápidamente entre gritos, sin embargo, le había hecho un gran corte a Georg antes de entrar y desaparecer. El castaño cayó, mientras el suelo se llenaba de su sangre.

—¡No!— gritó Gustav corriendo hacia él. Tom se quedó mirando horrorizado, ayudando a Bill, para atrapar a su hija.

—¡Georg!— gritó Gustav, pero no le respondía. –Bill, termina con esto— le ordenó, y el rubio asintió.

—¡¡¡Aiko!!!— gritó.

—¡¡¡NO ME ATRAPARAN!!!— se escuchó a lo lejos, era ella.

—Tom, ayúdame— le pidió. El aludido asintió, y tomó de la mano a Bill, quien comenzó a extraerle casi toda su energía. Para lograr atraerla hacia el portal, se necesitaba de mucho poder, por eso el rubio lo necesitaba, necesitaba una fuente de energía más fuerte, el cual era Tom.

El pelinegro, a pesar de esa gran descarga, no se rendía, y seguía dando todo lo que podía, para salvar a su hija.

Vieron aproximarse a Aiko, volaba con todas sus fuerzas intentando escapar, pero era imposible, la fuerza del portal era tan grande que muy pronto entraría. Pero algo cambió, el portal, se convirtió en una gran luz resplandeciente, y Aiko lentamente tomó la apariencia de un ángel, asombrando a todos los presentes, pero no a Bill. Esa luz se la llevaría, lejos de ellos, era su entrada a otra vida, al cielo. Moriría. Antes de que la chica se fuera, el rubio corrió hasta ella, y la agarró del tobillo, intentando atraerla hacia él para que no se vaya, pero terminó siendo arrastrado con ella, llevándose ambas vidas.

Hubo una explosión de luz, el sol comenzó a salir, todo terminó. Tom se levantó, y buscó a Bill y a Aiko por todas partes. Gustav todavía seguía con Georg, rogando porque no estuviera muerto. Pero algo estaba mal, el hijo de los G´s, ni Aiko, ni tampoco Bill estaban ahí. ¿Dónde se fueron? Tom buscó y buscó, los llamó, pero no aparecían. Se acercó al centro del signo en la arena, y encontró la bolita rota, lo cual explicaba que el alma de su hija fue liberada, ¿pero dónde estaba?

—¿Bill no te contó?— preguntó Gustav con lágrimas en sus ojos. –Aiko no iba a sobrevivir, ella ya estaba muerta desde el principio.

—No, no, no puede ser.

—Además, Bill se fue con ella, y creo que Georg también.

Tom cayó de rodillas al lado de su amigo, y miro el cuerpo muerto del castaño. Debió haber escuchado al rubio, él le advirtió, pero no le hizo caso. Ahora se habían ido, y nunca los volvería a ver. Lanzó un gran grito mientras sus ojos se llenaban de incontables lágrimas.

Todos habían muerto.

&   Fin  &

Tal como dije, murieron, pero ¿será verdad? ¿Nadie podrá sobrevivir? ¿Por qué Bill tenía tanto conocimiento sobre estas cosas de demonios? ¿Qué paso en su vida pasada? ¿Qué es lo que sabe? ¿A qué se refería con sacrificarse por su hija? ¿Qué no ha sido dicho? Muy pronto escribiré la última parte. No se la pierdan.

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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