Tentados

«Tentados» Fic Twc / Toll de Aura Johannessen

Introducción

El viento soplaba haciendo bailar sus largos cabellos a cada brisa. El frío era insoportable, los árboles, de los cuales sus hojas caían hasta el suelo, eran los únicos que la acompañaban. Los pájaros en sus nidos les cantaban canciones a sus polluelos. Pasaba delicadamente cada página del libro enterrando su mente en las palabras, imaginando estar dentro de cada nueva aventura que se presentaba. Como si la historia cobrara vida propia. Acomodada entre el tronco de un árbol, intentando buscar un poco de calor, se mantenía tranquila. Poco a poco de alejaba del mundo, y entraba al suyo. A veces le gustaba escapar y vivir su propia vida alejada de todos. Solo ella. Era lo que quería en ese momento, estar sola, con la única compañía del viento, los pájaros, el árbol y sus hojas que caían por otoño. Dio un suspiro y cerró el libro. Volviendo a la vida después de tantas horas alejada de la realidad. Se levantó, sacudió su abrigo, y caminó con sus botas de cuero hasta su casa. Bajó la colina y pasó por la pradera cubierta de hojas secas que hacían ruido a cada paso que daba. Tarareó una canción hasta que llegó. Una pequeña casa, cómoda y muy linda. Abrió la puerta de la cerca y apareció en el patio trasero. De inmediato, Kasimir, el gato, volteó a verla. Al darse cuenta de quién era, simplemente le dio la espalda y se fue ignorando su presencia.

-Yo tampoco tengo ganas de verte- le dijo la chica. Abrió la puerta trasera y entró a casa saludando, a nadie en realidad. No escuchó la voz que le respondía el saludo. Fue a la cocina y encontró una carta.

Salimos por comida, volveremos muy pronto. Abrígate.

Tu padre, Bill.

No necesitaba saber de quien venía la carta, reconocía bastante bien su letra. Dio un suspiro y simplemente se dirigió a su cuarto. Al estar ahí, cerró su puerta, se quitó las botas, su abrigo y su gorro. Quedando simplemente en calcetines, jeans y una blusa. Sabía que en cuanto su padre volviera haría un escándalo al verla así de desabrigada. Pero no tenía frío, se sentía bastante normal. Miró por su ventana, en la casa de al lado estaban los tíos, Gustav y Georg. Al igual que su novio, Bill. A veces se confundía un poco, tenía el mismo nombre que su padre, pero eran muy diferentes. Su papá se había teñido el cabello rubio y lo tenía largo. En cambio su novio ahora tenía el cabello negro y corto. Le parecían absurdos los cambios de estilo que se hacían en su familia. Tom había cambiado, Georg también, los únicos que seguían iguales eran ella y Gustav. Pues, a Aiko nunca le había gustado estar cambiando de cuerpo a cada rato. Era un desperdicio de dinero. Se quedaría tal como estaba. Con el cabello largo, un poco crespo y de color café oscuro. Con su nariz respingada y algo chata. Sus labios un poco carnosos, pero no como los de las modelos. Tampoco se haría aumento ni nada por el estilo. Estaba bien así.

Se acostó en la cama en busca de algo de sueño. Se sentía un poco agotada. Hace unas semanas estuvo bastante enferma, pero se recuperó, aunque seguía algo delicada. Pero no quería la compañía de nadie. Ni siquiera de su novio. Cerró sus ojos a punto de dormirse. En ese momento, escuchó el sonido de la puerta de la entrada abrirse, sus padres habían llegado. Dio un suspiro. Saludaron desde allá abajo, pero Aiko no le dio importancia. Volteó dándole la espalda a su puerta y se cubrió con las mantas hasta su cabeza. Sus pasos se acercaban cada vez más a su habitación. Iban a entrar.

-Hola pequeña- lo saludo con mucho ánimo su padre Bill. -¿Cómo estás?

-Bien, gracias- respondió sin muchos ánimos y con voz ronca.

-¿Segura? Te escucho un poco triste.

-No es nada, estoy bien.

-Mírame.

-Quiero dormir- dijo aún sin verlo.

-Hija, ¿te sientes bien? ¿No estás enferma?

-No, todo está bien, por favor, vete.

Bill la miró un poco triste, y cerró la puerta. Volvió a la cocina donde se encontraba su esposo. Se sentó en una de las sillas y apoyó la cabeza entre la mesa de madera de roble.

-¿Qué pasa amor?- preguntó Tom.

-Es que, crece tan rápido. Ya no es la misma que antes. ¿Qué le está pasando? ¿Por qué no quiere verme?- dijo con tristeza.

-Bill, tienes que aceptarlo, ya no es una niñita de seis años, tiene 18. Y bueno, ya sabes, está en sus días.

-No, no es eso. Antes ella era divertida y no le gustaba estar sola. Pero ahora, ha cambiado, casi siempre la veo triste, no habla mucho, nunca ríe, y siempre quiere estar en su propio mundo, alejada de los demás.

Bill estaba bastante preocupado por su hija. No le gustaba verla así. A veces parecía que no tenía alma. Quería volver a revivir esos días en los que jugaban y se divertían como una familia. Pero ya no. Estaban de vacaciones en el pueblo. Y se encontraban en la misma casa en la que vivía Bill mucho tiempo atrás. Siempre en las vacaciones venían a este lugar, era muy lindo y se divertían mucho. Además estaban junto a los G´s. Sería genial, pero Aiko no se sentía muy feliz.

-Sí, es cierto, pero todos cambian. Tienes que aceptarlo. Además, hay una razón por la que actúa así- dijo Tom acariciando la cabeza de su rubio.

-¿Te refieres a… eso?- preguntó Bill recordando.

-Sí.

Hace un año, Aiko tenía un perrito, era regalo de su cumpleaños. Era muy feliz con él.  Se la pasaban jugando y divirtiéndose todos los días. Pero, hubo una vez, en la que Bill estaba volviendo a la casa, mientras que su hija también volvía a casa caminando junto al perrito después de un largo recorrido corriendo por las calles. En ese momento, cuando estaban a unos pasos de llegar. El perro vio un ave al otro lado de la calle, y corrió hacia ella. Pero en media carretera, fue atropellado por Bill. Quien estaba pasando en ese mismo momento, y no se dio cuenta del perrito.

Desde ese día, Aiko no es la misma. Sentía un terrible odio hacia su padre, no sonreía, no se reía, no quería a nadie cerca de ella. Se la pasaba lamentándose, repitiendo ese momento una y otra vez en su cabeza sin poder olvidarlo. Con el corazón partido.

-Si tan solo, hubiera frenado, esto no habría pasado- dijo Bill dejándose llevar por el llanto.

-No llores, no fue tu culpa. Sabemos que no fue tu intención hacerlo.

-Pero gracias a mí, Aiko está así- dijo entre llantos.

-Se le pasará, algún día, no te culpes a ti mismo, eso no va a ayudar, tranquilo- dijo Tom abrazando a su amado.

Aiko estuvo escondida escuchando su conversación. No pudo evitar recordar ese día, y notar la tristeza de su padre. Decidió alejarse, no soportaba tanto sufrimiento, lo podía sentir, y no le gustaba, sentía que su alma se destrozaba. Aunque ya estaba fuera de la casa, no ayudaba, todavía sentía las penas dentro de ella. Quería alejarse de eso. Cruzó la calle camino a la pradera. Pero escuchó un ruido, lo cual le llamó la atención. Miró a su lado izquierdo, dándose cuenta que un auto venía a toda velocidad hacia ella. Su corazón latía a mil por hora, intentaba salir de ahí, pero era inútil, no podía moverse, tampoco hablar.

Sería atropellada.

&   Continuará   &

Hola, he vuelto con la segunda parte de Tentación. Sé que a muchas lectoras les gusta este Fic, al igual que a mí, pues es mi favorito de todos los que escribí. Espero que les haya gustado la introducción. ¿Qué pasará? ¿Creen que Aiko morirá?

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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