The holes of my sweater

Resumen: Cuando Tom debe trabajar, a Bill sólo le acompaña el sweater de su hermano, pero cuando regresa, toma todo de él.

«The holes of my sweater»

(One-Shot de Xim_Alien)

Tom se fue en punto de las siete de la mañana, tenía un importante compromiso en Berlín y su vuelo saldría con o sin él.

A pesar de que muchas veces le rogué que me llevara, que podía acompañarlo, él me dijo que no, que me necesitaba aquí por si de casualidad pudiera necesitar algo de aquí, podría contactarme y así conseguir cualquier información.

Muy a regañadientes acepté y solo hice una cosa, rogar porque me dejara el suéter que tejí para él hace tres navidades, y entonces lo dejó en la cama.

No quería despedirme de él porque sabría que sería difícil, así que el trato fue el siguiente, tendríamos la noche más salvaje para que su recuerdo, sus caricias, sus besos, para que todo él, perdurara en mi mente el tiempo que estuviera alejado de mí, y así, para cuando yo despertara, encontraría solamente su suéter a mi lado, así tendría su aroma por las siguientes dos semanas con suerte.

En cuanto tengo ambos ojos bien abiertos, noto que el suéter tiene algo debajo de él, cubriéndolo, así que lo quito y rápidamente encuentro un dildo, el cuál tiene una pequeña tarjeta blanca.

“Hola, mi vida.

Te ruego que pienses en mí mientras este compañero,

que pronto será todo tuyo, esté dentro de ti.

Te amará siempre,

Tom”.

Sonrío como un idiota, lo sé, no necesito ver mi rostro en un espejo para darme cuenta que solo él, podía hacerme sonreír de esa manera, de la manera en la que todos los dientes se ven, esa sonrisa que él suele llamar tierna, que le encanta a tal grado de comerme la boca, y por lo tanto, la culpable de que acabemos desnudos en cualquier rincón y espacio de la casa, con la ropa formando el camino de donde todo da comienzo, hasta el otro punto donde sea que hayamos llegado.

Me levanto de la cama sin importarme un poquito que estoy totalmente desnudo, y abro las cortinas, estúpidamente veo al cielo y le pido a Dios que, por favor, lo ayude a no tener una crisis en medio vuelo por su miedo a los aviones. Vuelvo a la cama y tomo nuevamente su nota, acaricio las letras como si estuviera acariciando su propia piel, y luego tomo el dildo que se supone debo introducir en mi cuerpo pensando que es él, y en mi mente solo se dibuja su rostro que tengo bien grabado, cada arruga de sus treinta y seis años, cada uno de sus lunares, y sonará exagerado, pero cuando está dormido, cuento cada una de sus pestañas, así que cuando lo recuerdo, le pongo las mismas que conté la última vez, y me siento orgulloso por mis detalles, pero esta vez, trato de imaginarme cómo debo pensar en él si ni siquiera es su tamaño, no es el mismo grosor, no es el mismo largo y mucho menos tendrá el mismo sabor, Tom había iniciado una estúpida dieta que escuchó en internet, contaba de una merienda alta en fibra, y jugo de piña a diario desde que supo que su semen me sabría más dulce, funcionaba, por supuesto, pero me tragaría su semen sin importar a qué supiera, es Tom, mi hermoso y malditamente sensual novio y hermano, mi hermano gemelo, aún así tengo por seguro que esta pieza de silicón de color piel no es Tom, sabrá a silicón y muy seguramente no me llenará como lo hace él. Y entonces me doy cuenta de algo, tengo una erección.

El momento de oler su suéter ha llegado, no solo lo pongo en mi rostro para inhalar su aroma, también me cubro con él mientras me acaricio, mientras mi propia mano proporciona el placer que debería estar generándome él, y es entonces cuando me propongo intentarlo, tomo la pieza plástica y la introduzco en mi cuerpo, me alegra saber que he acertado, tengo bien memorizado su tamaño, su longitud, su color y su sabor antes y después de dejarme todo su jugo.

Esta pieza plástica no es de su tamaño, no logra llenar mi agujero, solo él, él sabe bien cómo moverse, cómo penetrarme, cómo llenarme bien, no necesito ningún juguete, lo necesito, a él. Solo a él, y mis fuerzas se agotan cuando descubro que no puedo hacerme correr. Y lo dejo a un lado, espero que me perdone, pero cuando vuelva, tengo la clara convicción de aclararle que si me va a comprar un dildo, espero que al menos sea de su tamaño, que tenga específicamente sus bordes, sus venas marcadas, y entonces, quizás entonces, pueda pensar con éxito que fue él.

No me queda nada ahora, solo su suéter y una erección que no lograré bajar sino con mi propia mano y nada entrando en mí como creí que podría hacerlo.

El resto de los días pasaron, la primera semana fue difícil, pero la segunda semana fue totalmente insoportable sin él en mi cama. Y los últimos días, casi imposibles, para el último día, yo no sabía qué más hacer, pero no paré de caminar y regresar por el mismo pasillo de la sala a mi habitación, pensando que podía esperar sentado o en la cama, o en el sofá, y luego pasé tiempo sentado en una silla del comedor, y digo tiempo porque en mi mente pasaban al menos horas, y al revisar el reloj, ni siquiera pasan cinco minutos. Mi celular suena, contesto de inmediato y es él, ya está en el aeropuerto y me pide que lo espere para cenar, yo, trato por última vez de realizar lo que me pidió antes de irse, pero con la diferencia de que jugueteo un poco más con el juguete, trato de que en mi mente aparezca solamente él, sin embargo, aunque tengo el recuerdo vivido de su boca, de su caricias y de su lengua recorriéndome el cuerpo entero, nada de eso funciona para sacarme de la cabeza todos los detalles que no me dejan pensar en algo en específico, su pene en en el interior de mi curp, ya fuera dentro de mi boca o de mi ajugero, pero lo quería ya a él. Y una vez más, la pieza de silicón no funcionó. Pensé que quizás con la presión de que estaba a punto de llegar, tal vez con eso, me sentiría más excitado y convencido de que debía exprimirlo como fuera, no pasó.

Un par de horas llegó, y yo me sentí ahora más presionado, porque no ha parado de preguntar cómo me había ido, y si de repente le pareciera que era buena idea cambiar de tema, yo no estaba preparado para decirle que el propósito de su juguete se había desperdiciado porque no lo había logrado imaginar, ni siquiera me había corrido en las dos semanas que lo intenté, y todo porque no cumplía con mis exigencias, exigencias que Tom sabía perfectamente cómo cumplir.

—¿Quieres hacer algo antes de ir a dormir? —propuso dejando su vaso vacío junto a su plato vacío.

—Pensé que no ibas a preguntar.

Ambos nos levantamos de nuestras sillas como si hubiéramos sido impulsados por resortes en los asientos, él me abrazó y me besó, yo lo recibí con los brazos abiertos y rodeé su cuello, no dejamos de besarnos aunque se nos hiciera difícil respirar, la verdad era que ninguno de los dos quería respirar nada que no fuera el aliento del otro.

Gracias a nuestro deseo y a nuestra sed, no llegamos a la habitación, a Tom le importó pco mi losa traída de Aspen y arrojó todo al suelo, y la realidad fue que tampoco me importó que mis platos favoritos del último viaje de vacaciones a Aspen, comprados en una tienda de que parecía más bien un museo, estuvieran en el suelo y que ahora formaran miles de esquirlas. En su lugar, y nuestra mayor preocupación, nuestra prioridad, era recuperar el tiempo que él había pasado lejos de mí, y recuperarlo parecía una misión casi imposible, porque él quizás tenía sueño, estaba cansado de horas y horas sentado en un asiento de avión, quizás había tenido vecinos pasajeros molestos, un bebé llorón, y una señora inconforme del servicio de la aerolínea y por ende, ahora lo único que podía parecer decente era la idea de estar dentro de mí. O quizás no, nada de eso había ocurrido. Pero no lo solté y él no me soltó.

Convertimos la mesa en nuestra cama, me penetró y usó mi cuerpo para desquitarse de las dos semanas que no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo. Me gustaría decir que no desperdicié ni una gota de su jugo, pero cuando me ayudó a levantarme, vi unas cuantas gotas sobre nuestro comedor de nogal.

—Te extrañé demasiado —dije sin pensar.

—¿No lo usaste? —preguntó, sentándose en una silla.

—No —dije, ya no me importaba nada más.

—¿Por qué? —preguntó cansado, pero poniendo atención a todo.

—Fácil, porque no eres tú.

—Pero te lo compré para que pienses en mí, para que imagines que soy yo.

—¿Y cómo puedo hacer eso si ni siquiera es de tu tamaño?

—¿Qué? —preguntó confundido.

—Tom, me regalaste un juguete sexual y he aprendido algo importante.

—Te escucho.

—De acuerdo. No quiero nada que te reemplace si no tiene tu tamaño, tu forma, tu olor o tu sabor, no quiero nada que no sea exactamente a ti en todos los sentidos.

—Déjame ver si entiendo… —guardó silencio y masticó la idea —, ¡no usaste el dildo porque no es del tamaño de mi pene?

—En efecto.

—No puede ser. No usaste el dildo que te regalé, ¿porque simplemente es más chico de lo que esperabas

—El problema aquí es tuyo, primero me coges día y noche, y luego piensas que de buenas a primeras vaya con el dildo nuevo y finja que eres tú cuando ni siquiera alcanza a llenar mi culo.

—¿Qué? —preguntó esta vez no con duda, sino con asombro.

—¿Qué? —repetí sonriendo en son de juego.

—Repite lo que dijiste.

—Dije muchas cosas.

—¡Bill! Por favor, repite lo que dijiste.

—Que no puedes esperar a que un juguete rellene mi…

—Lento, dilo lento.

—¡Tom! —me reí.

—Dilo, amor, por favor —dijo con voz tierna y ojos achicados.

—Ese dildo que me diste, No.Es.Lo.Suficientemente.Grande.Como.Tu.Pene.Y.No.Llena.Mi.Agujero.Como.Lo.

Hace.Tu.Pene.Grande.Y.Grueso.Amo.Tu.Pene.

—Bill.

—Dime.

—Te amo.

—Lo sé.

—¿Cuidaste mi suéter?

—Pasas dos semanas lejos de mí y lo primero que te preocupa, ¿es tu suéter?

—¡Ya te lo hice!

—¡Sí! Cuidé tu suéter, pero no me hago responsable si dejé algunas manchas blancas.

—¿Qué?

—Debiste de haberme llevado contigo, así que sí, como lo dije y como lo escuchaste, no me hago responsable si dejé semen en él.

Soltó una carcajada dulce, me envolvió una vez más en sus brazos y me prometí que si tendría que volver a irse; no lo dejaría ir solo:

—Eres mi hermano; te amo y no volverás a dejar esta casa y dejarme aquí.

F I N

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por Xim_Alien

Escritora del Fandom

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