The time of my life 1

The time of my life 1

Fic TOLL de lyra

Capítulo 1

— ¿No me oyes, Bill?

La voz de Simone Kaulitz resonó por toda la casa. Desde su habitación, Bill se dio la vuelta en la cama y se cubrió la cabeza con la almohada como si de esta manera pudiera esconderse y que sus padres se tuvieran que ir sin él.

—Se está haciendo tarde, tu padre quiere ponerse en marcha antes de que empiece a hacer más calor.

La voz de su madre sonaba cada vez más cerca, y segundos después abría la puerta de su habitación y resoplaba al verle aún metido en la cama.

—Bill, no hagas esperar a tu padre—pidió Simone dando la luz.

Bill soltó un gruñido bajo la almohada y cerró los ojos con fuerza, pero al momento su madre ya había retirado las sábanas y dado un golpe en su pierna para que se espabilara.

—Vamos, quiero que recojas la habitación antes de irnos—dijo Simone dirigiéndose a la ventana.

Corrió las cortinas con fuerza y abrió las ventanas de par en par, dejando que entrara una refrescante brisa.

—Aún es de noche—murmuró Bill, reacio a dejar la cama.

—Son las 6 de la mañana, y tu padre quiere salir a las 7—le recordó Simone desesperada— ¿Terminaste de hacer ayer la maleta?

Bill se encogió de hombros como respuesta, ¡qué más daba! Allí donde iban nadie se iba a fijar en que sus ropas fueran a la última moda. Había metido unos bañadores, un par de camisetas viejas y vaqueros. Nada más.

Pero su madre le conocía perfectamente y tras echar un vistazo a la maleta que tenía en el suelo abierta empezó a negar con la cabeza mientras abría su armario.

—Tienes ropa como para montar una tienda—murmuró pasando perchas—Todas de las mejores marcas, ¿y metes las prendas más viejas?

— ¡Qué más da!—resopló Bill ahogando un bostezo— ¿Quién se va a fijar?

—Sabes que vamos invitados por un amigo de tu padre, y quiere que causes buena impresión—le recordó Simone escogiendo algunas prendas—Ya sabes que nunca te hemos dicho nada de tu manera de vestir o peinar, te hemos dado toda la libertad que has querido y ahora solo te pedimos que el tiempo que pasemos juntos te sepas comportar como un adulto y no un niño.

—Soy un adulto—apuntó Bill con voz grave.

—Pues sal de la cama de una vez y termina de hacerte el equipaje—ordenó Simone—Te esperamos abajo, tienes el tiempo justo de darte una ducha rápida y desayunar en condiciones. Nos espera un largo viaje y tu padre no quiere parar a cada momento porque te entre hambre.

Y diciendo eso salió de la habitación esperando a que su hijo obedeciera sin rechistar.

Y así lo hizo Bill, se levantó con pereza de la cama y terminó de hacer su maleta con rabia. No lo entendía, acababa de cumplir los 17 años y pensaba que iba a tener un poco más de libertad como cualquier chico de su edad, pero hacía una semana que su padre le había contado sus planes para ese verano.

Pasarían todo el mes de agosto en el hotel de un amigo suyo al que les había invitado, y todo porque gracias a su padre que era el mejor médico de toda Alemania había salvado la vida de uno de sus mejores clientes, y quería devolverle el favor con unas vacaciones pagadas.

El problema vino cuando Bill leyó el folleto del lugar en el que se iban a alojar. Más que un hotel parecía una especie de balneario para jubilados, con actuaciones de lo más aburridas todas las noches como espectáculos de magia, cuenta chistes y actuaciones en directo del grupo musical de la zona. Y era tradición que el último día del verano se hiciera una pequeña representación con la participación de todos los clientes que así lo desearan.

Y la decoración del hotel dejaba mucho que desear, parecía que se había quedado anclado en el tiempo. Había sido construido en los años 60 y toda la decoración estaba basada en esa época, Bill dudaba que tuvieran televisión por no decir ya internet.

Y allí iba a pasar las siguientes semanas, rodeado de gente mayor de lo más aburrida. Había tratado la noche anterior de hacer razonar en vano a su madre…

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— ¿De verdad que tengo que ir?—preguntó por enésima vez—Me he pasado todo julio estudiando por las mañanas como habíamos acordado y por las tardes apenas he visto a mis amigos, la mayoría estaban de vacaciones y ahora que han vuelto el que se va soy yo.

—Ya te lo he dicho, es un compromiso de tu padre y no nos podemos negar—repitió Simone—Te lo vas a pasar genial, seguro que allí habrá gente de tu edad y no te estamos obligando a que pases todo el día con nosotros. Eres libre, puedes hacer lo que quieras…

—Pues quiero quedarme en casa, ya tengo la edad suficiente para pasar unos días sólo—interrumpió con firmeza Bill—Y Eddie me dijo que a sus padres no le importaría que me quedase sino con ellos, estaría bien cuidado.

—La respuesta es no, y no insistas—dijo con firmeza Simone—A tu padre y a mí nos gustaría que pasaras algún tiempo con nosotros, el año que viene irás a la universidad y casi no tendrás tiempo de hacernos alguna visita. Ya podrás entonces disfrutar de tus amigos, ahora sólo te pedimos que te sepas comportar y no nos dejes en evidencia delante del amigo de tu padre.

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Y Bill no pudo seguir insistiendo, esa noche antes de meterse en la cama le mandó un mensaje a su mejor amigo dándole las malas noticias.

«Lo he intentado hasta el último momento pero me obligan a ir con ellos»

«Ostras Bill, lo siento mucho. Hubiera estado genial que te pudieras quedar en mi casa, así saldríamos de fiesta todas las noches. Quien sabe si quizás volvías a ver a tu amante misterioso»

Bill se mordió el labio al leerlo, Eddie era la única persona a la que se había atrevido a contar quien era en realidad. Aún no había encontrado las palabras ni el momento adecuado de contarle a sus padres que hacía tiempo que esas dudas que venía arrastrando habían sido al fin resueltas.

Que era gay, que lo había asumido semanas atrás cuando estando de fiesta con Eddie se le acercó un completo desconocido con el que bailó el resto de la noche y se despidió de él con varios besos que le dejaron el cuerpo temblando.

No sabía cómo había pasado, él nunca jamás se hubiera atrevido a besarse con un desconocido y más cuando se acababan de conocer. Pero era algo que llevaba tiempo deseándolo y cuando lo tuvo delante no se pudo resistir.

Pero no le habían vuelto a ver, y Eddie le animaba a no perder la esperanza. Ya encontraría un chico del que se enamoraría perdidamente, pero Bill dudaba que eso sucediera metido en un hotel cuya diversión principal era un grupo musical tocando temas de los años 60 que sólo sus padres sabrían bailar…

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Se dio prisa en terminar la maleta, se dio una ducha rápida y a las 7 en punto entró en el coche donde sus padres le esperaban charlando animadamente, pensando en las actividades que les habían programado en sus vacaciones.

—Tendremos clases de golf todos los días tras el desayuno—dijo Simone leyendo el folleto que tenía en sus manos—Y luego podremos dar un paseo antes del aperitivo, mientras Bill seguro que encuentra algo con lo que entretenerse.

Bill miró a su madre alzando una ceja. ¿No estaba de vacaciones? Pues sus planes eran levantarse tarde y pasarse toda la mañana tirado en el sofá viendo la tele.

—De eso nada—dijo con firmeza Simone, como si le hubiera leído la mente—Hay unos horarios que cumplir, el desayuno es a las 8 de la mañana y hay que dejar el bungalow libre hasta el medio día para que lo limpien y hagan las camas. Puedes apuntarte a nuestras clases de golf o a lo que sea, pero no te quiero ver metido en la cama hasta la hora de la comida.

Bill resopló como respuesta y se volvió hacia la ventanilla, apoyando la frente en el frío cristal. ¿Qué vacaciones eran esas donde te obligaban a madrugar? ¿Y así todo un mes? No creía que lo pudiera soportar…

Por suerte el viaje estaba siendo de lo más ameno gracias a que su padre llevaba la radio puesta. Bill adoraba cantar, tenía una voz bonita y aunque jamás había cantado en público porque se moriría de la vergüenza, soñaba con ser famoso algún día.

Pero sabía que era un sueño que jamás iba a poder hacer realidad, pues su padre ya había planeado su futuro, como que iba a seguir sus pasos y estudiar medicina. Y no se atrevía a llevarle la contraria, por suerte se le daban bien los estudios y sus notas finales siempre eran excelentes.

Gracias a eso sus padres le daban toda la libertad que podían, como dejarle vestirse y peinarse a su manera, llegando alguna vez incluso a usar un discreto maquillaje las noche que salía de fiesta con sus amigos y compañeros de clase.

También era todo un logro que hubiera obtenido permiso suyo para realizarse un tatuaje que lucía con discreción en su cadera derecha, y el piercing que llevaba en su ceja y lengua. Sabía que podía obtener lo que quisiera siempre y cuando trabajara con esfuerzo y les demostrara que era un hijo modelo del que podían sentirse más que orgullosos.

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Horas después llegaban a su destino, justo a tiempo para la hora de comer. Salió del coche y pudo ver con sus propios ojos el complejo turístico donde pasaría las siguientes semanas de verano. Constaba de un gran edificio rodeado de jardines, y siguiendo un camino de arena se podían divisar los bungalows donde se alojarían. Cada uno con un dormitorio principal que usarían sus padres y otro para él solo. Tenían un pequeño saloncito y 2 baños, junto con un amplio porche donde podrían pedir que les sirvieran la comida.

En el edificio principal se hallaba la recepción, y un lujoso restaurante donde al parecer la comida era exquisita gracias a un famoso chef con el que contaban.

— ¡Jörg!

Pegó un bote sin poder evitarlo, estaba perdido en sus pensamientos admirando la fachada del hotel que parecía sacada de una película antigua que no había visto que se acercaba al mismo dueño en persona y amigo de su padre. Esbozó su mejor sonrisa y acordándose de ponerse lo más recto que podía observó como sus padres se saludaban con el recién llegado.

—Klaus, un placer que nos hayas invitado—dijo Jörg tras estrechar su mano.

— ¿Qué tal el viaje?— preguntó Klaus— Espero que tengáis apetito, el menú de hoy es solomillo asado a la brasa sobre lecho de clorofila de acelgas y bombón de queso.

—Suena delicioso—intervino Simone.

—Ya os dije que teníamos el mejor chef del mundo—dijo sonriendo Klaus.

—Bill, no te quedes atrás—llamó Jörg con voz firme.

Bill obedeció y se colocó al lado de su padre, sabiendo que había llegado el momento de ser presentado.

—Bill, te presento al señor Wagner—dijo Jörg pasando un brazo por los hombros de su hijo—Klaus, te presento a nuestro hijo. Bill

—Bill, es un placer conocerte—dijo Klaus estrechando con fuerza su mano—Tengo un hijo casi de tu edad, seguro que Andreas te puede enseñar cada rincón del hotel. Creció aquí y está aprendiendo el negocio.

Al momento apareció un chico rubio que se colocó al lado de Klaus, siendo presentado como su hijo.

— ¿A que le enseñarás a Bill todo el hotel?—preguntó Klaus a su hijo.

—Claro, será un placer—contestó con mucha educación Andreas.

—Pero no os queremos entretener, estaréis cansados del viaje y hambrientos—dijo Klaus haciendo un gesto con la mano.

Al momento se acercaron 2 chicos más que trabajaban en el hotel como botones. Se hicieron cargo del equipaje y otro chico más cogió las llaves del coche para aparcarlo en su plaza reservada.

Bill se apresuró a recoger su mochila del asiento de atrás, intercambiando una mirada con el chico que sentado ante el volante esperaba pacientemente a que bajase.

Sintió que el estómago se le encogía, nunca había visto a nadie igual. No era el primer chico en el que se fijaba daba su condición sexual, pero este era distinto. Su semblante serio, su mirada a través del retrovisor como si le estuviera haciendo una radiografía…

Se sintió intimidado y se apresuró a salir del coche, fijándose con rapidez que tenía una chapita con su nombre escrito prendida en su uniforme.

Se llamaba Tom, y no podía negar que había algo en él que le llamaba mucho la atención, y diría que el sentimiento era mutuo, pues sus miradas se cruzaron y juraría que le había guiñado un ojo a la vez que esbozaba una amplia sonrisa…

&

Dejaron el equipaje en manos de los dos botones y se dirigieron al edificio principal que hacía de recepción y donde también se hallaba el restaurante. Bill caminaba tras sus padres que charlaban amigablemente con Klaus quien les iba contando la historia del hotel y que a Bill no le interesaba, pues se había leído el folleto de arriba abajo y prácticamente se lo sabía de memoria.

—Entiendo que la historia no sea de tu agrado—dijo Andreas a su lado—Mi padre se emociona recordando los viejos tiempos y si da con el oyente adecuado se puede pasar todo el día contándole como se construyó el hotel, que primero fue la mansión de una familia rica cuyo hijo les llevó a la ruina por culpa del juego y otros vicios.

Bill alzó una ceja al escucharle, esa parte no venía en el folleto y era de lo más interesante.

—Te lo contaré en otro momento, mejor no hacer esperar a tus padres—murmuró Andreas, viendo como Simone miraba fijamente a su hijo.

Bill se apresuró a alcanzar a su madre, solo se había rezagado unos pasos pero para ella les estaba haciendo quedar mal delante de ese gran amigo suyo que estaría pensando en qué educación había dado a su hijo que se quedaba atrás con una aburrida expresión en la cara.

—Compórtate Bill, no te estamos pidiendo mucho—susurró Simone mirando fijamente a su hijo—Klaus nos está contando la historia del hotel y es de mala educación no escucharle y poner esa cara.

Bill asintió con la cabeza resoplando por lo bajo cuando no le miraba su madre, no podía replicarle que ya se sabía la historia y prefería escuchar que había sido de esa familia arruinada por su propio hijo. Pero, seguro que esa parte de la historia era inapropiada para que la escucharan sus jóvenes oídos…

Trató de seguir las palabras del señor Wagner, pero a los pocos segundos su mirada empezó a recorrer la recepción donde estaba, fijándose en los chicos que se habían llevado su equipaje y en esos momentos entraban cargados con más maletas para ser entregadas a una joven pareja que había terminado ya su estancia.

A sus oídos llegó parte de la conversación. Por lo visto eran unos recién casados que habían pasado allí su luna de miel, lo que le dio a Bill por pensar si no sabía que había lugares mucho más interesantes que visitar que un hotel anclado en el pasado.

Suspiró y desvió la mirada a la puerta del restaurante, ante un atril se hallaba otro joven repasando el menú de ese día. Sintió que el corazón le daba un vuelco al reconocer a Tom, que tras haber aparcado su coche había regresado a recepción y por lo visto hacía de camarero también.

Tuvo tiempo de estudiarlo con más atención, le sacaría unos 5 años por lo menos. Era moreno y llevaba el pelo largo como él pero bien sujeto en una especie de moño bajo. No era el típico peinado de los años 60 y destacaba en ese hotel, pero seguro que se lo permitía siempre y cuando su aspecto no le hiciera parecer desaliñado, como la barba bien cuidada que llevaba.

Se sorprendió al ver que llevaba un piercing en el labio, aunque no era para escandalizarse pues él mismo llevaba un par de ellos, típico en los jóvenes de su edad.

Entonces Tom hizo algo que le robó el aliento, mientras ojeaba el libro de reservas empezó a jugar distraídamente con el piercing de su labio, haciéndolo girar con la punta de la lengua lo que hizo a Bill morderse el labio para no gemir voz alta.

Le gustaba ese gesto suyo, no sabía si lo hacía con naturalidad o a posta para provocar a todo aquel que le estuviera mirando. Pues con él estaba funcionando muy bien, no podía apartar los ojos de sus labios ni de su lengua, pensando en como sería poder sentirla sobre su desnuda piel, recorriéndosela entre besos de arriba abajo dejando un húmedo rastro tras ella…

—Bill, si no te mueves te quedas sin comer—amenazó Simone al verlo parado en mitad de recepción como un pasmarote.

Bill carraspeó y corrió a reunirse con sus padres, quienes le fulminaron con la mirada por distraerse con tanta facilidad y hacer que Klaus pensara que tenía aún que madurar…

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por lyra

Escritora del Fandom

2 comentario en “The time of my life 1”

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