Todo tiene un costo 1

Todo tiene un costo 1

Administración: Y aquí tenemos otra obra de nuestra querida Xim_Alien. Las dos partes están publicados para que disfruten la experiencia completa.

«Todo tiene un costo»

Parte 1

Tom me somete y restriega su falo cerca de mi entrada, mientras su amigo de cabello castaño se ayuda a sí mismo, sentado en el otomano de la habitación, observando cada movimiento de Tom, cada uno de mis gestos, viendo cómo Tom mueve sus pelvis de atrás hacia adelante, haciéndome gemir constante, su amigo sigue viéndonos, disfrutando de nosotros a cada segundo y, en cuanto Tom se ha liberado dentro de mí, sale de mi interior, los veo intercambiar miradas, el otro chico se levanta con su falo en mano, se acerca a mí como me ha dejado Tom y hace lo mismo, se acerca a mi entrada y en un sólo movimiento lo siento adentrarse hasta el fondo de mi cuerpo. No quiero enfocarme en detalles pero, no logro ignorar la diferencia del grosor, Georg le ha ganado a Tom.

Mientras me coge por detrás, introduce a mi boca dos de sus dedos, los lamo y juego con ellos como si fuera su grueso miembro en mi interior.

—Bill, por fin puedo sentirte. Eres increíble. Dime, ¿quién te coge más rico?

—No le preguntes eso, apúrate y déjame a solas con él.

—Bien, no contestes. Pero sé que conmigo es mejor.

Cuando Georg ha terminado dentro de mi cuerpo, sale con lentitud, llevándose consigo algunos hilillos de su leche y siento algunas gotas correr por el interior de mis piernas. Tom ha ido al baño así que quedamos a solas en la habitación.

Me siento en el borde de la cama, lo veo ponerse sus bóxers, sus jeans, una playera y sus tenis.

—Bien. Me voy. Gracias, Bill. Lo disfruté mucho. Eres demasiado para Tom eh, no lo olvides.

Se inclina hasta besar mis labios, con una de sus manos acaricia mi mejilla, sus dedos pulgares dejan otra caricia bajo mis ojos, y por último, pasa su dedo índice sobre mis labios.

—Eres especial, Bill. Eres un ángel. Espero volver pronto.

—Que no se te haga costumbre —amenaza Tom saliendo del baño, interrumpiendo ese momento que no sabía en qué se había convertido. Su presencia me regresa al presente y sigo siendo el mismo chico de 18 años que sigue a expensas de Tom, un tipo de 23 años que hace conmigo lo que se le viene en gana, y es que de no ser por él, yo estaría perdido ahora.

Sigo desnudo, a la vista de un Tom que sigue excitado. Georg se va cerrando la puerta y nos deja en el interior de mi pequeño departamento.

—Quiero que contestes la pregunta que te hizo Georg. ¿Quién te cogió mejor?

—¿Quieres la verdad?

—La absoluta.

—Me gusta que me cojas, tú me gustas y lo sabes, pero para ser sincero siento que últimamente estás jugando conmigo. Hay alguien más, ¿verdad?

—Otra vez esa pregunta.

—Hay alguien, por eso vienes menos veces.

—No hay nadie, Bill. Entiéndelo.

—¿Por qué trajiste a tu amigo?

—Me habías dicho que querías que alguien nos mirara, le he platicado a Georg de ti y lo ha querido hacer sin problemas. Es todo. ¿No te gustó?

—Sí, fue excitante.

—Lo es. Aunque no me gustó compartirte. ¿Te gustó que él te cogiera?

—Sí, es bueno. Supo moverse.

—Ve a bañarte. No quiero que huelas a él.

—Después, estoy muy cansado.

—Ve a bañarte, dije —ordena y me mira desafiante.

Lo veo vestirse y apenas me levanto, siento como sigue saliendo su semen de mí, sé que es el de su amigo, Georg. Lo tomo con mis dedos ya que he entrado en el baño y los llevo a mi boca, saboreo su sabor y en un segundo, estoy excitado de nuevo. Quiero traerlo a mi mente y así lo hago, mantengo en mi pensamiento su dedo en mis labios, su mirada antes de irse, sus palabras. «Eres especial, Bill. Eres un ángel. Espero volver pronto». Sonrío con su recuerdo y me alivio con su rostro en mi mente, con sus movimientos dentro de mí, escucho incluso sus jadeos. No quiero bañarme, no quiero quitarme sus restos de mi cuerpo. Aún a mi propio pesar, así lo hago.

Cuando salgo del baño veo a Tom dormido, su pecho sigue desnudo y su boxer es lo único que lo cubre. Yo me visto y me siento cerca de la ventana, pensando en ese chico y tratando de adivinar cuál camino tomó para irse.

Mi cabello aún escurre, lo escucho levantarse pero no volteo a verlo, escucho ponerse sus jeans, su playera y escucho sus pasos acercándose a mí. Sigo sin voltear.

—Te veo después —me dice cerca de mi oído.

Siempre me besa cuando se va, sin embargo, esta vez no hago nada por voltear y pegarme a su boca, desde hace unos días lo he sentido frío cuando hace eso, así que hoy no haré nada por hacerlo como esos días lo intentaba.

Salgo de mi departamento con mis jeans, una chaqueta negra y mi pecho desnudo por debajo de esta, bajo al bar de la esquina y tomo mi puesto detrás de la barra. Me quito mi chaqueta y Trevor me da mi un mandil, me lo pongo y empiezo a repartir las bebidas y las botanas a las mesas que corresponden. Los clientes se sorprenden cuando me acerco a dejar lo que han pedido y no saben si soy una chica o un chico, sin embargo, los demás que ya me conocen, los chicos de mi edad, me saludan con sonrisas o solo voltean la mirada; pero hay otros, dos tipos de personas, los mayores universitarios, hay quienes me insultan y hacen comentarios obscenos o simplemente me saludan como cada viernes en la noche. Por último están los hombres de edad madura, quienes vienen a este bar después del trabajo, por lo que hay tres tipos de hombres, los adinerados que quieren tomar unos tragos después de una junta importante, los hombres cansados de sus esposas y los hombres que vienen a verme especialmente a mí.

—Hola, Bill. ¿Cómo te va esta noche?

—Bien.

Su mano se alarga hasta rodear mi cintura, me hace sentarme en sus piernas y aunque me revuelve el estómago, me besa como si quisiera follar mi garganta con su asquerosa lengua. ¿Qué necesitas para la escuela en esta semana?

—Dos libros. Uno de anatomía y otro de patologías básicas I.

—Ven.

Sabía bien mi trabajo. Yo le daba un poco de atención oral, no era difícil porque le gustaba usar condón, nada en él me molestaba, sólo el hecho de que le fascinaba meter su lengua en mi boca. Luego de mi trabajo en su falo, me hace quedar de espaldas, baja mis jeans y él hace todo. Yo no hago nada, mis manos tratan de seguir sosteniendo el resto de mi cuerpo contra la pared, una pared sucia y grafiteada. Entonces veo a uno de los universitarios, reflejado en el espejo frente a mí, él está viéndonos, él me ve mirarlo y se sorprende pero no deja de masturbarse, le sonrío entonces.

—Ya casi. —Toma una de mis manos y la conduce a sus testículos, entiendo qué debo hacer.

Lo escucho jadear con fuerza y mis ojos se concentran en el chico detrás de nosotros, entonces veo su chorro salir también, sonrío complacido y él no puede creer lo que ha pasado.

—Ten, espero que sea suficiente. —Me da unos billetes, se acomoda el pantalón, la camisa y su saco. Se acerca a mí para besarme y muy a mi pesar, lo dejo hacerlo.

—Me avisas cuando necesites más cosas, ¿de acuerdo?

—Sí, gracias, señor Gre…

—Sólo llámame Greg, siempre te lo he dicho y gracias a ti. Mantente así, guapo y joven.

Él se va del baño, el universitario también se ha ido, me acomodo mis jeans aún adentro y salgo como antes. Busco discretamente al universitario, está sentado en la misma mesa de antes, con sus amigos, nadie parece notar lo que él ha hecho. Sigo con mi turno y cuando voy a su mesa, es el único que no me mira.

Tiempo después veo a Greg dirigirse a la salida con sus amigos, todos parecen rondar la misma edad, sin embargo, el más joven se queda atrás, viendo algo en su celular. Entonces voltea y ahí, se cruza conmigo, trato de buscar algo qué hacer pero me ha atrapado. Viene a mí.

—Bill, ¿cierto? —Asiento—. ¿Qué debo hacer para obtener el trato de especial que obtiene Greg?

—¿Disculpe?

—¿Qué debo hacer para… ya sabes? Tener sexo contigo.

Acaricia mi mejilla y así baja hasta mi cintura para dejar su mano en mi cintura baja.

—Él paga cosas de mi escuela.

—¿Qué necesitas? Dime y yo me hago cargo. Puede ser ahora o el próximo viernes. ¿Te parece?

—Lo pensaré.

—Bien, un placer conocerte, Bill.

Él sí es guapo, mayor que yo por mucho eso es obvio, quizás unos 49, Greg parecía tener 56. Quizás este último tenga esposa e hijos, pero si él puede darme lo que Greg, podría decirle adiós definitivo a su asquerosa lengua.

Durante el fin de semana, el trabajo continuó sin nada fuera de lo común, hasta el domingo en la noche. La gente estaba muy prendida, muchos hombres y mujeres, todos parecían rondar entre los treinta y cuarenta años, bailaban, se conocían en la barra, otros más se invitaban tragos y yo, estuve tentado a conocer un par, sin embargo nadie se atrevía a hablarme más que para ordenar nuevos tragos. Hasta casi al final de mi turno, cuando quedaban algunos tirados por el número de tragos ordenados y bebidos. Fue entonces cuando lo vi entrar, ese universitario alto, de cabello negro, hombros anchos y piernas gruesas. No me acerqué en ningún momento, más bien buscaba algo en el cuál entretenerme en lo que me encontraba. Sabía que había venido por mí. Sin embargo, en ningún momento llegó a mí, más bien sentí su mirada, por lo que voltee a él y con un movimiento me indicó que lo acompañara, justo se quedó en la esquina del pasillo que abre a los baños de mujeres y de hombres.

—¿Me hablas a mí? —pregunto confundido.

—¿No es obvio? —responde como si estuviera molesto—. En la semana vendré con mis amigos nuevamente, más te vale no decir nada de lo que pasó el viernes.

—No sé de qué hablas.

—Bien. Me entendiste.

—¿Puedo darte un consejo? —No asiente y tampoco se niega a escucharme, por lo que continúo—; deberías saber que tus amigos no son tus amigos si no aceptan tus gustos.

—Yo no soy marica.

—Ah, ¿entonces ese es tu fetiche? ¿Jalartela mientras ves a dos maricas haciéndolo? Creo que suena peor.

—Escucha, vine a advertirte que no dirás nada mientras ellos estén aquí, ya lo hice así que me voy.

—¿Estás seguro que solamente has venido a eso.

—Por completo.

—Bien, de acuerdo. Sigue engañándote porque te diré algo, a nadie más engañas, cariño. Sólo a ti.

Él se va y yo me quedo en el bar. Las últimas personas se van como pueden y yo me quedo con Axel y con Robert para recoger el lugar.

El resto de la noche y del siguiente día, estuve pensando en Georg, aún no se me iba de la mente sus palabras y el no ver a Tom, me hacía más sencilla la tarea de encontrarlo más atractivo. 

Así que voy a la universidad donde estudian, me adentro al campus y camino por los hermosos jardines, atravieso un estanque, paso frente a unos cuantos edificios y no veo a Tom por ninguna parte, pero sí a Georg, él me mira desde lejos y lo único que puedo hacer es sonreír, levantar la mano y saludarlo desde la distancia, él me sonríe y contesta mi saludo de igual forma. Detrás de mí hay una banca y ahí me siento a esperarlo, está hablando con una chica. Luego de unos minutos más, ella se va y él, con una sonrisa en la boca, se acerca a mí.

—¿Cómo estás? —pregunta para sentarse a mi lado—. Si vienes buscando a Tom no lo he visto, quizás esté en su dormitorio.

—Vengo a verte a ti —digo sorprendiéndolo, al parecer no se esperaba eso.

—¿A mí? ¿Ocurre algo?

—No, todo bien. Es que ni siquiera sé cómo llegué aquí, sólo quería verte.

—Ah…

Ninguno sabe qué decir ahora.

—¿Quieres conocer mi dormitorio?

—¿Es un eufemismo para «quieres coger en mi dormitorio»?

—Hace dos semestres no escuchaba la palabra «eufemismo», pero no, a menos que quieras no te rechazaría, por supuesto.

—No vine a eso, pero… Sí, caminemos un rato.

—¿Hay problema si nos encontramos a Tom?

—Sospecho que tiene a alguien más.

—Oh, lo siento. Es mi amigo pero no sé si te esté engañando.

—No hay problema.

Los dos nos levantamos y él, con la mochila en la espalda vamos a caminar, él me habla de su última clase y del trabajo que tiene que hacer en conjunto con la chica anterior, mientras que yo le hablo de mi trabajo en el bar, obviamente omito algunos detalles. Pasamos por la cafetería del campus y me invita un café, los dos salimos de ahí con un vaso cada uno y entonces emprendemos camino hacia su dormitorio.

—Pasa. —Abre la puerta y me da paso a mí primero. Él entra atrás de mí y cierra a sus espaldas.

—Es genial, siempre vi esto en películas. Espero no meterte en problemas por traerme aquí.

—Los tendría si el edificio no fuera una donación de mi padre.

—¿Tu papá es el dueño de este edificio?

—Sí, en pocas palabras.

—Entonces eres rico.

—Mis papás son ricos, yo no.

—Eso dicen las personas ricas.

—Bueno, como quieras —dice riendo y río también.

—¿Todos son de tu carrera? —pregunto señalando y tocando el lomo de todos sus libros.

—Sí, los de la derecha son de fantasía, terror y uno que otro de suspenso psicológico.

—Me encantan esos, te ponen a pensar y de repente el asesino ha estado frente a tu nariz desde el inicio. A la segunda leída les entiendes.

—Sí. Escucha, Bill. Puedo darte lo que Tom te da. Y puedo ayudarte con los gastos que quieras —suelta de repente.

—No vine para que me dijeras eso.

—Lo siento. Tienes razón —acepta sentándose en el borde de su cama.

—Vine para que me hicieras lo que él no me hace.

Me mira estupefacto y se levanta en cuestión de segundos. Toma mi mano y me lleva con él de regreso a su cama, donde él se sienta y me hace quedar sentado sobre sus piernas. Así empieza a besarme, lento, con suavidad, su saliva empieza a mezclarse con la mía, nuestras lenguas danzan en una presentación que resulta gratificante y satisfactoria. Sus manos empiezan a colarse por debajo de mi playera, yo no puedo hacer nada, mis manos están atadas alrededor de su cuello, por lo que busco más cercanía con su boca y entonces, no solo siento sus manos en mi abdomen, sino también en la parte trasera de mi pantalón. Una de ellas se entromete hasta encontrar mi entrada.

—Dime si te lastimo —pronuncia sin soltar mis labios.

—Bien —respondo buscando sus labios.

En un segundo, me quito por completo la playera y yo, trato inútilmente de abrir su pantalón. Él termina por hacerlo y aprovecha que he quedado de pie para bajar los míos también, me quedo así un minuto, dándole el permiso para ver mis piernas y acariciarlas, y entonces también acaricia mi miembro por encima de mi boxer. Hasta que está erecto, toma mi boxer de la cinturilla y lo baja hasta mis rodillas, lo acaricia y entonces, después de mirarme lo lame, su lengua acaricia mi longitud, lo introduce totalmente en su boca y así, empieza a elevarme. Luego de unos segundos así, me hace acostarme en su cama, él sube sobre mí y yo abro mis piernas, sin embargo me detiene, haciéndome girar, mi pecho queda sobre las sábanas y mi espalda pegada a su pecho. Sus manos acarician mi espalda, toma mi cintura baja y rozando su falo en mi trasero lo siento entrar en mi cuerpo de a poco, sin dejar el contacto de su mano en mi cintura baja. Entonces arremete en mi contra, me duele un poco pero su pecho está sobre mi espalda aún, agradezco ese roce porque es cálido y sé que está cuidándome. Va un poco más rápido, aún duele pero me estoy acostumbrando a su grosor, a su intromisión, de repente sólo quiero más y se lo hago saber son jadeos sonoros, gemidos con su nombre, quiero más, quiero que no termine y a la vez que termine en mí.

—¿Te duele? —pregunta en mi oído.

—Ya no —contesto excitado.

—Dime que quieres más.

—Dame más, quiero más de ti. Márcame.

Eso último no lo esperaba, porque la próxima embestida fue fuerte, a una velocidad notoria y se quedó ahí, dentro de mí por un instante, en seguida estaba sintiendo su leche correr dentro de mí. Era placentero. Mis ojos estaban nublados por las lágrimas. Su grosor era más que perfecto. Sale de mí lentamente, se acuesta a mi lado y yo no puedo moverme.

—¿Te sientes bien? —pregunta cuando se ha tranquilizado.

—Perfecto —respondo, aún con la cara hundida en la almohada.

—¿Quieres más de esto?

—Todo el tiempo. No dejé de pensar en ti en estos días.

—¿Qué hay de Tom?

—Se puede ir a la mierda.

—No te dejará fácilmente.

—No soy de su propiedad.

—Lamento decirte que lo eres, se lo permitiste y no cambiará de opinión.

—Estás diciendo que es mi culpa, ¿no es así?

—No, sólo que no será fácil.

—Te quiero a ti, quiero que tú me cojas de ahora en adelante. Sólo tú y nadie más. Tendrás total derecho a mí cuando y donde quieras.

—Eres de él, Bill, entiéndelo.

—Bien, de acuerdo. Pero entonces escucha bien algo, cuando Tom vaya a buscarme, mantente lejos de mi departamento. ¿Oíste?

Nadie antes me había rechazado así, por lo regular soy yo quien ruego porque alguien se detenga, como Greg cuando me besa, incluso sé que el universitario del bar volverá, aunque él niegue que le gusta verme; Tom aunque sé que tiene a alguien más, no dejará de buscarme, y ahora Georg, el único chico que me ha gustado como para venir a buscarle, es también el primer chico que se mantiene callado después de mi exigencia. Está ahí, viendo cómo me visto, a punto de dejar salir una lágrima, mi pecho se contrae por la absurda respuesta que obtengo de su parte. Sé que soy la propiedad de Tom, él me lo ha dicho, lo sé. 

—No te vayas enojado conmigo —dice de repente.

—No estoy enojado.

—¿Entonces? Tom no te soltará y menos para mí.

—Es que eres el primero que me dice eso.

—¿A qué te refieres?

—No sólo soy de Tom, él viene a buscarme cuando quiere y estoy ahí para él. Él no necesita pedir permiso ni nada. Una vez llegó a mi departamento, yo estaba dormido porque trabajo en el bar de la esquina; y cuando desperté, él ya estaba adentro, ese día lloré mucho, estaba cansado y lo único que quería era dormir, en el bar hay un hombre, se llama Greg, él me da algo de dinero para cuando pueda inscribirme en la escuela, él piensa que voy a la escuela pero guardo cada billete que me da, Tom no sabe nada, pero esa noche él también estuvo conmigo, estaba verdaderamente cansado y me lastimó. Yo no le importo en absoluto, a nadie le importo, sólo soy un juguete y no victimizo, sé lo que soy y tampoco me molesta, me gusta. Pero el viernes, tú me hiciste sentir diferente.

—Si pudiera…

—¿Qué?

—Tom es mi amigo.

—¿Y?

—Hagamos algo, hablaré con Tom de ti, sabré qué es lo que piensa y mañana iré a tu departamento y hablaremos de lo sucedido. ¿Te parece?

—¿Le tienes miedo a Tom?

—No es eso. Simplemente no quiero problemas, no quiero que tú pagues las consecuencias.

—De acuerdo.

—Bien, ¿te acompaño a tu departamento?

—Sí, no sabría cómo salir de aquí.

Lo veo reír y ambos nos dirigimos a la salida del campus.

Continúa…

Gracias por la visita, te invitamos a leer el final.

por Xim_Alien

Escritora del Fandom

2 comentario en “Todo tiene un costo 1”

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