
Resumen: Cuando eres casado con hijos, aprovechas cada momento a solas para revivir el amor con tu pareja.
«Una noche solos en casa»
(One-Shot de Xim_Alien)
Nos hemos quedado solos este viernes, nuestra hija adoptiva, Sarah, salió con sus amigos de la secundaria, en el pueblo hay una feria y desde que llegaron, hizo todo lo que le pedimos a diario, sin excepción de un solo día, que arregle su cuarto, que termine de hacer su tarea, que ayude a lavar la vajilla y que termine de doblar su ropa cuando sale de la lavandería. Con Sarah hay que ser así, recordarle sus tareas diarias o Tom y yo tendremos que inventar castigos nuevos, lo cuál está terminando con nosotros, pues ya no somos los jóvenes de antes. Sin embargo, hace una semana, empezó a comportarse diferente, creímos que había cambiado, que era otra, que algo divino había pasado para que nuestra hija adolescente haya dejado de ser una niña, y se estuviera comportando como una joven adulta, pero no, estábamos tan equivocados, no era nada de eso, no eran cambios, no había madurado y por supuesto, ninguna intervención divina la había cambiado, nada de eso, tan solo quería ganarse el derecho de salir con sus amigos y que ni Tom ni yo, pudiéramos encontrar un pretexto para impedirle divertirse una noche de viernes.
La acompañé a la puerta cuando su mejor amiga desde hacía tres años llamó a la puerta, le pedí que se cuidara, que llamara por cualquier cosa, que cuidara su bebida y que por favor, se mantuviera siempre alerta, claramente tenía que rodar los ojos harta de siempre la misma cantaleta, me dijo que no me preocupara y salió. Me giré luego de ver como las dos se alejaban de la casa ambas vestidas para la ocasión, y me quedé preocupado porque ambas iban con faldas cortas, blusas ligeras debajo de chaquetas tipo piel, y recé para que no le pasara nada, porque tampoco iba a pedirle que se cambiara, solo le pedí a Dios que las cuidara.
Fue entonces que caí en la cuenta de que Tom me miraba, él desde el sofá, sentado, con sus manos sobre sus muslos, su barba lo suficientemente crecida como para enredarse, lo hacía ver aún más misterioso, masculino, y lo más excitante para mí, mayor, con un aire infantil, porque aún le gustaba hacer bromas con las que me hace reír, bajar mi propia guardia. Dio un par de golpecitos en el sofá a su lado, invitándome a sentarme, así lo hice y extendió su brazo para tomarme de la cintura, me jaló hacia él y atrapó mis labios con sus dientes.
—¿Hace cuánto tiempo que no lo hacemos como antes? —preguntó aún a milímetros de mi boca.
—No lo sé, creo que desde que se fue al campamento de la primaria.
—Bill, eso fue hace más de dos años.
—Dos años que tengo que reprimir los gemidos que me provocas.
—Carajo, y ¿si te hago gemir esta noche?
—Hazlo antes de que pase algo y te llame para que vayas a recogerla —dije en medio de casi una súplica.
Tom me levantó con la misma agilidad de hacía años, no parecía que ambos tuviéramos la misma edad, cuarenta y cinco años, él presumía, cuando estábamos a solas, juntos, con la disposición de deshacer la superficie donde perderíamos el control de nuestros instintos, su fuerza, su vigor, su destreza y su resistencia.
Me colocó encima de él, metió sus manos por debajo de mi camisa, acarició mi espalda y la arañó solo un poco, lo suficiente para erizarme la piel. Luego, aprovechó un beso tan apasionado con un jadeo al final, para que una de sus manos, estoy seguro que la derecha, bajara por mi espalda hasta el interior de mis pantalones, llegando hasta mi entrada. Primero un dedo, no solté su boca; luego dos, y mordí su labio inferior; luego tres dedos, y encajé mis dedos en sus clavículas. Hice espacio entre su pelvis y la mía solo para abrir sus pantalones, solo lo suficiente para liberar su erección, la misma que entraba en mi cuerpo desde nuestros cortos quince años, sonrío porque fue nuestra primera vez, hace treinta años de ese día, un poco más, y aún lo recuerdo perfectamente, la cama de nuestra habitación, papás en casa de la abuela porque se había caído de la bañera, y nosotros aprovechamos nuestra soledad, teníamos la casa sola y ellos no sabían que Tom y yo estábamos a punto de perder nuestra virginidad, y Tom había soñado con ese momento desde que aceptó que yo le gustaba, y luego yo caí en la cuenta de que también anhelaba ese momento y por fin pasó, así como ahora, una noche solos después de dos años porque teníamos una hija, y ahora era una adolescente.
Tomé su erección con mi mano derecha, la introduje en mi cuerpo y él me ayudó a subir y bajar luego de un momento, aproveché que estábamos solos para gemir como nos gustaba a ambos.
—Golpéame —dije justo en el mismo momento que pasó sus manos sobre mis nalgas, abriéndolas y así poder alcanzar más profundidad en mi interior.
—Repítelo —dijo sin poder hablar con claridad, salió de su boca más bien como un suspiro.
—¡Golpéame, papi! —gemí, susurré, jadeé y me retorcí un poco entre sus brazos, con su erección en mí. Él simplemente sonrió, sus ojos brillaron y me golpeó ambos glúteos al mismo tiempo.
—Tienes que aprender a obedecerme —dijo con una sonrisa en sus labios—, ¿oíste? Tienes que obedecer.
—Lo que tú digas. ¿Qué quieres que haga, Tommy? —pregunté, luego de sentir otra nalgada y otra y otra.
—Quiero que… —se quedó pensando, callado, sudando, con unos cabellos adheridos a su frente, y no dejó de golpearme, y no dejó de jadear, y yo no dejé de subir y de bajar encima de su pene.
—¿Qué quieres que haga? Dime y lo haré porque no tengo otro propósito en esta vida que obedecer tus órdenes. Dime, dime, dime, papi, dime, por favor, ordéname.
—No sé qué decir —admitió riéndose, y lo seguí un segundo después—. Solo sé que quiero seguir cogiéndote.
—Hazlo entonces.
Y se concentró en eso, y pensé que definitivamente ya no éramos esos adolescentes de quince años, que empezamos a conocer nuestros cuerpos desde los catorce, pero que no nos atrevimos a nada porque hasta cierto punto algo nos daba miedo, tal vez a lastimarnos, a lastimar a mamá, a lastimar otra que cosa que no fuera algo físico. Y ese día pasó, ese día que entró a nuestra habitación y yo estaba cambiándome la ropa por la pijama, y entonces me besó, y su agilidad también con las palabras lo llevó a decirme que su verga estaba dura, yo me reí y la agarré por encima de su calzoncillos, éramos unos puertos jugando a hacer cosas de adultos, pero que ambos queríamos hacer ya. Y me pidió que me pusiera en cuatro, y yo le dije que lo quería ver, que deseaba tocarlo mientras lo hacíamos, porque quizás quería que fuera algo lindo y tierno, que cualquier otra cosa, y él sonrió y me lo concedió. Pocas veces lo hicimos como él me lo pidió al inicio.
—Me voy a correr, mi amor.
Dejé de pensar en el pasado, regresé al presente y sus ojos estaban enfocados en mí, atentos a mi expresión.
—Sí, yo también, hazlo, cariño.
Pasó sus manos por mis tatuajes y sus dedos y manos callosas me hicieron sentir una corriente eléctrica por el hombre que estaba a punto de inyectarme su semen calentito en mí, mío, mi hombre, un hombre fuerte, varonil, con manos callosas gracias a su trabajo, responsable, y sobre todo, enamorado de mí.
No había una sola vez que uno de sus orgasmos me llevara al paraíso, no había una sola vez que no quisiera bajar de allá y regresar a la realidad que nos mantuviera callados durante las noches, no había noches que quisiera dejar de ser suyo.
Aún así, tuve que regresar a la realidad, una donde nuestra hija fuera la que nos mantuviera callados las siguientes noches hasta que se decida a salir otra vez.
—Me haces tan feliz, Bill —sonrió y enseguida tomé su rostro con ambas manos y lo acerqué al mío para hundir mi boca en la suya, y nos volvimos a dejar llevar por el amor que desarrollamos, en palabras de mamá, por culpa suya al no enseñarnos independencia entre ambos; en nuestras propias palabras, porque los dos éramos perfectos juntos y no había nadie en el mundo, entre las ocho mil millones de personas, que nos hicieran sentir lo que lograba Tom en mí, y yo en él.
Decidimos quedarnos ahí, en el sofá, yo en sus piernas, y él con mi cuerpo, acunandome, compartiendo más que tiempo, nuestra intimidad. No pasaron ni tres horas cuando el celular de Tom sonó con un mensaje de texto de nuestra hija que le pedía ir por ella y la ubicación.
—¿Me acompañas? —preguntó, y yo asentí.
Cuando llegamos al lugar de la fiesta, nuestra hija sostenía el cabello de su amiga, mientras esta vomitaba en el pasto del patio de la casa donde se llevaba a cabo una fiesta con música a todo lo que daba el sistema de audio.
—¿La podemos llevar a su casa? —preguntó Sarah riéndose, víctima del alcohol en su sistema.
—¿Tú estás bien? —preguntó Tom bajándose del auto.
—Sí, ya les he dicho que no tienen que preocuparse por mí. Sé cuidarme sola.
—Aún así lo haremos —dijimos a la vez.
—Odio que se sincronicen, me dan miedo —dijo dando pasitos chuecos al auto.
Sarah lo descubrió por sí sola, no pudimos ocultarlo y nos volvió a hablar luego de una semana sin dirigirnos una sola palabra.
Tom levantó a Hanna en brazos y la puso en el asiento trasero junto a Sarah.
—Estoy orgulloso de ti, cariño —dije mientras Tom cerraba la puerta de atrás y venía hacia el volante.
—¿Por qué?
—Porque decidiste llamar a tu papá antes que dejarla y seguir divirtiéndote.
—Bueno, ustedes me criaron, debes estar orgulloso de ti.
—Vamos, hija —secundó Tom—, aceptar cumplidos y escuchar tus propios valores de otros no es malo.
—No es que no los acepte, pero mi papá acaba de decir que está orgulloso porque hice lo que siempre me han enseñado que debo hacer, cuidarme, cuidar a mis amigas, respetar a los demás. ¿Por qué no estaría orgulloso?
—Tienes razón —dije herido, volví a la calle nocturna y Tom comenzó a manejar con dirección a casa de Hanna. No pude evitar que una lagrima saliera de mis ojos, habíamos adoptado a Sarah desde los diez meses de nacida, así que ella tenía razón, por qué debería de estar orgulloso de ella si fue lo que siempre le inculcamos.
—Papá —dijo ella desde su lugar—, gracias.
—¿Por qué? —pregunté confundido.
—Por enseñarme a ser quien soy.
Y me consideré la persona más afortunada sobre el planeta.
F I N
Espero lo hayan disfrutado. No olviden comentar 😉
🥹
💞🤗 aw gracias por leer 😘