Una versión 13

Una versión 13

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 13

Tom miró hacia todas las direcciones para cerciorarse de que nadie le estaba mirando y fue todo lo discreto que pudo a escabullirse para encontrar las habitaciones a tiempo.
Lo consiguió sin dificultad, pero sabía que tenía que ser rápido para no buscarse problemas.
Su gozo cayó en un pozo cuando llegó a una especie de pasillo que estaba todo lleno de puertas.
»Ahora averigua dónde está mi hermano».
Tom rechinó los dientes cuando se dio cuenta de que no le quedaba más opción que husmear un poco abriendo una rendija de cada puerta, hasta dar con la indicada.
»Mierda».
Tom abrió la primera con todo el sigilo que le fue posible. Dentro había un señor calvo sentado en el borde de la cama, recibiendo sexo oral de un muchacho con el pelo rojo fuego.
Cerró de la misma manera que desactivaría una bomba.
Y fue hacia la siguiente.
Cuando ya llevaba tres o cuatro habitaciones, el muchacho tenía el estómago revuelto.
Cuando llevaba siete, verdadera angustia por haber visto lo que había visto.
Tom abrió todas las puertas menos una, sin haber encontrado a su hermano. La lógica decía que obviamente si has mirado en todas las puertas menos en una, en esa última es donde Bill debía estar.
Así que en esta ocasión no se andó con miramientos.
El rapero abrió de una patada la puerta y entró sin dilaciones. Eso sí, antes de ponerse a berrear como un poseso, tuvo la precaución de taparse los ojos, por que no quería ver a su hermano en según qué situaciones, la verdad.
-¡¡¡BILL!!! ¡¡¡YA PUEDES ESTAR DEJANDO LO QUE ESTÁS HACIENDO, VESTIRTE, Y MOVER EL CULO, QUE NOS VAMOS!!!
Tom oyó gritos, pero ninguno era de su hermano espetándole que qué demonios hacía él ahí. Así que al final tuvo que mirar.
Y el que deseó chillar ahora fue él, por que su gemelo no estaba en esa cama.
Allí sólo había un señor rechoncho, y un tipo rubio de pelo largo bastante afeminado, ambos intentando cubrir sus vergüenzas como podían, sobre todo el primero.
-…¿Dónde coño está Bill?
-…Yo soy Bill. ¿Quién coño eres tú? – Contestó el muchacho rubio.
Tom abrió mucho la boca, de repente comprendiéndolo todo, aunque a la vez, no entendiera nada.
Pero no tuvo tiempo de reaccionar.
El camarero que le había guiado (mal) antes, ahora estaba justo a sus espaldas.
-…¿Pero qué coño haces tú aquí? ¡Tú no puedes estar aquí!

Tom cerró la puerta pidiendo perdón cien veces. Y después se dirigió al camarero.
-…Perdona, joder…¡Pero ese no es mi Bill! ¡El Bill que estaba buscando es mi hermano! ¡Bill Kaulitz! ¿No sabes dónde está?
El camarero se relajó aunque tenía un gesto de extrañeza en la cara.
-…¡Ah! ¡Tú te referías al otro camarero!
-…Ca…¿Camarero?
-…Sí. Como la gente suele preguntar sólo por los chicos de compañía, yo ni pensé que podrías estar preguntándome por Bill. El otro Bill, quiero decir. Lo siento.
-…¿Me estás diciendo…Que Bill ha estado en la barra todo este tiempo?
-…Pues claro. Bueno, en la barra, o en el almacén para reponer. Pero sí…

Tom se sentía estúpido. Avergonzado. Quería que la tierra le tragase. Pero no importaba, por que a la vez, se sentía profundamente aliviado. Tanto, que incluso y aunque fuera inquietante, casi le entraron ganas de besar a ese tío en la boca.
-…Pero ahora, márchate de aquí…Si mi jefe se entera de lo que has hecho, llamará a seguridad.

No se lo tuvieron que decir dos veces. Tom fue casi corriendo al otro lado del pasillo, salió de allí y volvió a la sala principal, donde estaba la barra.

Se acercó a ella deseando ver a su gemelo al fin, y en efecto, de una puertecita que había tras la barra, justo en el centro, conectada a la pared y con una cortinilla de cuentas, salió Bill cargando una caja de botellines de cerveza.
Tenía cara de estar haciendo un gran esfuerzo, pero aún así…Estaba espectacular.
El atractivo del otro camarero se basaba simplemente en su músculo, y por eso el chaval se limitaba a ir sin camiseta. Bill no poseía una gran musculatura. Y estaba claro que su belleza era de otro tipo. Bill llevaba un chaleco negro corto, que le llegaba hasta poco más arriba de su ombligo, una graciosa pajarita plateada y su largo pelo, que ahora llevaba liso sin más y con flequillo escalonado a un lado, se veía tan brillante, negro y sedoso que sería la envidia de cualquier modelo asiática. Llevaba su habitual sombra negra de ojos, pero con unos toques de purpurina plateada en los bordes. Además de unos pantalones vaqueros oscuros y unos botines con tacón.
Bill apoyó la caja en una de sus rodillas: Para ello tuvo que flexionar una de sus piernas y alzarla. Y después en un último esfuerzo la dejó sobre lo que desde fuera parecía una nevera baja.
-…¿Bill?
El aludido se dio la vuelta como si acabara de oír un coche dando un frenazo a sus espaldas.
-…¡Tom! ¿Pero qué…?
-¿Tú que crees?
Bill se agarró los riñones, claramente doloridos tras haber tenido que transportar algunas cajas.
-…¿Pero ya estamos otra vez? – Se quejó al mismo tiempo. – Te dije que era mejor que…
-…Sé lo que dijiste. Así que ahórratelo, que ya aburre. Tú te vienes conmigo.
-Pero, ¿de qué coño vas?
-…También te puedes ahorrar esa parte.
-…Tom, ya no necesito tu ayuda. Te lo dije, ya me estoy ganando la vida muy bien solo. Y…
-…Ya lo veo. Pero es que tú no lo entiendes, Bill. Es que el que necesita tu ayuda, soy yo. Por eso he venido. Por que necesito que vengas conmigo, y saber que no vas a desaparecer de repente otra vez. Hay demasiadas cosas que quiero preguntarte.
Bill estuvo callado un buen rato, pero incluso tras eso, quiso ganar aún más tiempo.
-…¿Pero de qué coño estás hablando?
-…Tú lo sabes. O eso creo. Y por eso te fuiste.
Tom juraría haber visto a su hermano tragar saliva.
Acto seguido, Bill cogió uno de los botellines de la caja, lo abrió y le dio un buen trago a la cerveza más bien meona.

-…No sé de qué hablas. – Dijo aunque a Tom no le resultó para nada convincente.
-…Bill…Sé que algo horrible nos pasó cuando éramos pequeños. No recuerdo qué. Pero sé que tuvo que ser realmente espantoso, por que esa cosa me está jodiendo vivo ahora y necesito saber qué es.
-…
-…Bill, necesito que me ayudes.
-…Y si estás tan seguro de que algo TAN horrible pasó, ¿por qué coño quieres recordarlo?
-…Para superarlo, Bill.
Bill negó con la cabeza.
-…Qué gilipollez.
-…¿Sabes qué, Bill? Hace un tiempo, te habría dado la razón. »Algunas cosas es mejor dejarlas como están»…»El pasado, pasado está…No hay que removerlo»…»¿Qué importancia puede tener algo que pasó hace doscientos años?»…Sí, habría estado de acuerdo contigo. Pero es que me he dado cuenta de que eso que ocurrió ha estado afectando mi vida SIEMPRE, sólo que yo no lo sabía. Culpaba a mi alrededor, y a las circunstancias. Pero no era eso, era yo todo el tiempo. Y me ha estado condicionando incluso en mis relaciones…Lo de Bel…Se fue a la mierda y fue por mi. Yo no quería, pero ese algo estaba ahí y no me dejaba…No me dejaba ser feliz. La perdí por miedo a algo de mi mismo que ni siquiera sé qué es. ¿No te parece lo suficientemente frustrante?
-…Tom…Yo no sé…
-…Y sé que tú…Tú puedes ser la respuesta. Tú me hiciste un »click» en la puta cabeza. Desde que llegaste, ya apenas puedo dormir bien sin tener esas putas pesadillas. Pesadillas en las que por cierto, no veo nada. Te habría dado la razón, Bill…Pero como podrás comprobar, ya no estoy en situación de seguir dejándolo pasar…Por que acabaría con una puta camisa de fuerza puesta, ¿entiendes? Necesito superarlo, Bill. Y necesito que me ayudes.
Bill bebió otro buen sorbo de cerveza.
-…Lo siento, Tom. Pero no puedo. Primero, por que no sé qué diablos pudo pasarte, de verdad. Y segundo, por que si lo supiera, yo no haría otra cosa más que lo que yo creyera mejor para los dos. Y créeme. Creo que lo mejor es que te dejes de paranoias y te centres en el maldito presente, y no en…Mierdas que te estás imaginando tú solito. Y ahora si me disculpas, tengo que seguir trabajando.

De hecho, el otro camarero ya le había propinado más de una mirada asesina por que él estaba haciendo todo el trabajo desde hacía un buen rato.
Bill empezó a fregar unos vasos, y Tom miró al techo. Respiró hondo.
Y sin vacilar fue a meterse tras la barra. Bill no tuvo tiempo ni de reaccionar: Cuando quiso darse cuenta, estaba cogido en volandas y por los aires.
-…¡ARG! Tom, ¿¿¿pero, qué haces???
-…He intentado hacerlo por las buenas. No me dejas otra opción que hacerlo por las malas.
El rapero había cogido a Bill cual saco de patatas. Le estaba agarrando de la parte de atrás de sus rodillas, y el ahora camarero tenía su estómago en su hombro, de tal forma que lo único que veía Bill desde su posición era el trasero de su gemelo.
-…¡SUÉLTAME, CAPULLO!
-…Al final le estoy haciendo un favor a Anis por que he acabado siendo el capullo, y él el guay. Pero ¿sabes qué? Me la pela.
Tom fue todo campante dispuesto a salir de la zona de la barra, y a marcharse de allí.
-…Pero, ¿qué dices? ¡SUÉLTAME, NO PUEDES OBLIGARME A IR CONTIGO!

Todo el mundo que había allí, clientes y trabajadores, se quedaron observando la insólita escena, pero ninguno parecía querer meterse.
Bill pataleaba y vejaba a su hermano verbalmente, pero éste ni se inmutaba y seguía con su camino hacia la puerta.
El camarero cachas de antes se interpuso en el camino de Tom.
-…Pero, ¿qué estás haciendo, tío? – Le preguntó algo alucinado.
-…¡AYÚDAME, KARL! – Gritó Bill cuando Karl no había ni terminado la frase. No le veía desde su posición, pero le había oído, y eso era suficiente para ver el cielo abierto.
-…Me llevo a mi hermano de este antro. ¿Algún problema? – Contestó Tom a la pregunta anterior.
-…Pues, pues… – Titubeó Karl.
Tom había empleado un tono totalmente severo, y eso unido a sus pintas de rapero, logró acobardar al en el fondo asustadizo chaval.
-…¿Este tipo es tu hermano, Bill? – Se decidió a preguntar Karl, acojonado.
-…¡CLARO QUE NO! ¡ES UN JODIDO PSICÓPATA QUE QUIERE SECUESTRARME!
-…¡DEJA DE DECIR MENTIRAS YA, OSTIA!…Que toda paciencia tiene un límite, y a mi me tienes hasta la polla ya… – Le regañó su gemelo con toda razón.
Karl hasta dio un paso atrás, atemorizado. Se preguntó por qué demonios nadie iba en su ayuda, y dónde diantres estaba su jefe.
-…Y tú, Karl.
El camarero casi se cubre para no recibir un posible puñetazo.
-…Mírame. Mírame bien. ¿Me ves?
Karl obedeció. Y lo que vio fue un rostro de lo más hermoso, pero no por ello entendía a qué venía aquello.
-…¿Ves que tengo toda su puta cara?
-…Em…Esto… – Al muchacho le costaba ver las semejanzas, aunque desde luego, algo había que…
-Eso es por que somos gemelos. Aclarado este punto, me piro. Y me llevo a este imbécil. Es lo que hay. Lo siento.

Y Tom se fue sin esperar más respuesta y dando un portazo, con Bill berreando a sus espaldas. El silencio perduró en el local hasta segundos después de haberse marchado.

Gordo, que estaba sorbiendo lo que había sido una enorme Coca-Cola con una pajita, estaba a la vez buscando alguna canción molona en la radio, ya que su amigo estaba tardando bastante y empezaba a aburrirse. En cuanto oyó las primeras notas de »Yellow Submarine» de los Beatles, supo que había dado con ella. Por supuesto, aquella happy song no era para nada su estilo, pero un clásico como aquel no podía desagradarle a nadie. De hecho, y aunque nunca lo reconocería en voz alta, aquella había sido la canción de su niñez y todavía hoy le hacía sentir de buen humor cada vez que la oía.
Puso el volumen al máximo y empezó a bailar en plan rapero aunque no le pegara nada al tema, flipándoselo…Cuando a lo lejos le pareció ver algo que contrastaba enormemente con la alegre melodía.
Se inclinó un poco en su asiento para ver mejor, achinando los ojos con el labio superior curvándose a la vez.
Todo parecía indicar que se trataba de su amigo Tom, pero llevaba a alguien a cuestas. Gordo sólo veía unas finas piernecitas intentando resistirse a ese agarre, o esa era la impresión que daba.
Bebió un poco de lo que quedaba de refresco, intentando confirmar que lo que estaba presenciando era real, por que la verdad, era bastante difícil de creer.

»We all live in a yellow submarine…
Yellow submarine.
Yellow submarine…»

Y entonces, la persona de las patitas delgaduchas consiguió que Tom perdiera el equilibrio, y éste tuvo que dejarle en el suelo para que no se cayeran los dos, momento que el flacucho de pintas raras aprovechó para intentar salir corriendo. Pero Tom no estaba dispuesto a dejarle ir, así que lo agarró de su chaleco, haciendo que el rarito tuviera que retroceder tres pasos atrás muy violentamente. Y aquello no debió de sentarle muy bien al flaquito, por que se dio la vuelta para encarar a Tom y en ese instante y con la mano que le quedaba libre le propinó un sonoro guantazo que de hecho hizo eco en toda la calle.

»Yellow submarine…
Yellow submarine…»…

Tom enfureció, o eso parecía por su rostro contraído y sus dientes apretados, pero no respondió a aquella agresión más que para aplacar al otro y tratar que se estuviera quieto, para lo que tuvo que agarrarle de las muñecas. El chico raro sabía que estaba perdido si se dejaba dominar, así que empezó a retorcerse con todas sus fuerzas para zafarse de aquel agarre.
Ahora a Gordo no le cabía duda de que aquel debía ser el hermanito, y aunque fuera un esmirriado, desde luego estaba haciendo sudar a su colega y de qué manera.
Si Tom hubiera respondido al guantazo anterior con uno propio, ahora mismo tendrían que estar recogiendo los trozos de Bill por la carretera. Pero era obvio lo que pasaba allí: Tom no quería hacerle daño, ni siquiera aunque le estuviera poniendo las cosas tan difíciles.
En ese momento, Bill se había retorcido de tal manera que había quedado con las piernas rectas y el tronco flexionado, quedando con el culo en pompa, y Tom, que seguía aferrándose a sus muñecas como si le fuera la vida en ello, acabó teniéndose que echar sobre él ligeramente, de modo que parecía que estaban a punto de empezar a copular allí mismo en vez de estarse peleando.
Justo cuando Gordo empezaba a plantearse si en efecto, debería empezar a sonrojarse, Tom giró la cara para mirar hacia el coche con cara de mala leche.
Se encontró con un Gordo con la boca totalmente abierta, y con la pajita ligeramente pegada en su labio inferior.
-…¿Te lo estás pasando bien? ¿Te traigo unas palomitas? – Preguntó Tom.
Gordo se limitó a parpadear sin saber qué responder.
-…¿PIENSAS VENIR A AYUDARME, O QUÉ? – Aclaró Tom gritando ya sin dar rodeos.
-…¡Ostia! – Gordo apagó la radio, tiró su refresco por la ventanilla y salió raudo y veloz del coche para echarle a su compañero un cable.

Tom tenía la cintura de Bill rodeada con un brazo ahoya, ya que Bill había conseguido liberar sus muñecas justo antes. Tom tenía la espalda de su gemelo totalmente pegada a su torso y a su cuerpo en general e intentaba que Bill no se despegara con todas su energías. Cuando Gordo llegó, supo qué hacer de inmediato, y fue a agarrar al rebelde de los tobillos.
La reacción no se hizo esperar, por supuesto.
-…¡¡¡ARG!!! ¡¡¡SOLTADME, MALDITOS DESGRACIADOS!!!
Ya entre los dos, fue muy fácil cogerle en volandas para irle llevando hacia el coche, y eso que el muchacho no dejaba de retorcerse, y su cuerpo de ondear en el aire.
-…¡¡¡MI JEFE ME DESPEDIRÁ SI SE DA CUENTA DE QUE NO ESTOY!!!
-…Me alegro. Entre tú y yo, tampoco me terminó de convencer ese sitio. – Se permitió confesar Tom.
-…¡¡¡QUE TE FOLLEN, MAMONAZO!!!
-…Qué boca tiene la princesita. – Se maravilló Gordo, al que le impactaba oír a alguien tan delicado en apariencia hablar así. En realidad, estaba cabreado por que el mondadientes aquel le estaba dejando sin aliento.
-…¡¡¡DEJADME EN PAAAAZ!!!
-…Gordo, mételo en la parte de atrás, y tú siéntate a su lado para vigilarle, no sea que intente hacer una locura. – Ordenó el otro rapero.
-…Eso está hecho.

Y entre ambos consiguieron meter al chaval en el coche, pero ni por esas dejó de berrear o resistirse.
Gordo se sentó a su lado como habían acordado y esta vez se puso todo serio y adoptó su tono de voz más acojonante, de rapero chungo de los de verdad. Se irguió junto a Bill cual largo, grande (y gordo) era y consiguió enmudecer a Bill. Con el cuerpo de Gordo podrían fabricarse cinco o seis Bills.
-…Cállate de una vez si no quieres que te aplaste como a un mosquito.
El terror se leía ahora en los ojos de Bill, mientras contemplaba a Gordo dar un puñetazo con su (para él) inmenso puño en su otra enorme manaza.
Tom había rodeado ya el coche y se había metido y sentado en el asiento del conductor al fin.
-…Gordo, tampoco es necesario que hagas que se mee en los pantalones. – Le regañó su amigo.
-…Oh. Lo siento. Yo sólo quería ayudar. – Aclaró Gordo ahora con su tono bonachón habitual.
Bill no volvió a chillar de todos modos, y tampoco siguió pataleando, pero aún así, no estaba dispuesto a parecer conforme, y aunque aquel tío le infundiera respeto, no iba a dar su brazo a torcer, así que se cruzó de brazos enfurruñado, con la frente arrugada por la furia y empezó a hablar con todo su odio.
-…No tienes derecho a hacerme esto, Tom.
-Claro que lo tengo. Por ir a buscarte hoy he tenido que ver cosas en aquellas habitaciones…Cosas que…Serán lo primero que tenga que contarle a mi psicóloga mañana. Así que, créeme, tengo todo el derecho del mundo de ahora hacer lo que me dé la gana contigo.
Gordo se rió, por que supo que Tom estaba hablando en broma para liberar tensión de nuevo, pero luego lo pensó mejor.
-…¿Qué coño has visto, Tom? – Preguntó.
-…No quieras saberlo. – Contestó el rapero tajantemente y ya con toda su atención puesta en la carretera. En ese momento hacía girar el volante con vehemencia para tomar una curva.
-…Con que una psicóloga, ¿eh?…Pues yo lo que te recomiendo es que vayas…¡A un puto psiquiatra! Por que estás loco, ¿me oyes? ¡¡¡ESTÁS REVENTADO DE LA CABEZAAA!!!
Bill estaba listo para empezar con su berrinche número dos por que le exasperaba que su hermano no le tomara en serio, pero Gordo volvió a bajarle los humos con una mirada asesina brutal.
El chico desistió en un tiempo record.
Entonces, Gordo le recriminó algo a Bill.
-…Córtate un poco, cabeza de chorlito. No trates así a tu hermano, ¿me oyes? Él sólo se preocupa por ti.

Bill ahogó una risita carente de humor y escupió como si fuera un dardo envenenado.
-…Él no se está preocupando por mi. Se está preocupando por él mismo, como ha hecho toda su puta vida.

Tom dio un brusco frenazo, coincidiendo afortunadamente con un semáforo en rojo.
Se dio la vuelta con los ojos muy abiertos, como si lo que hubiera oído hubiera sido una bomba a sus espaldas. En realidad, así era metafóricamente hablando.
-…¿Qué has dicho?

Pero Bill se mordió la lengua, se cruzó de brazos de nuevo, y empezó a mirar por su ventanilla para dejar bien claro que ya no iba a volver a abrir la boca.
-…Bill, ¿por qué has dicho eso?

Pero fue inútil. Bill ya había dicho todo lo que tenía que decir.

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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