
«Una versión» Fic de Earisu
Capítulo 14
No era más que un niño que no levantaba un palmo del suelo. Eso sí, por muy pequeño que fuera, tenía un genio que imponía.
Y Billy estaba enfadadísimo.
Su hermano le había prometido que después del cole iban a jugar juntos, pero el muy traidor había pedido permiso a papá para ir a casa de un amigo…
Al tonto de Andreas le acababan de regalar una consola por su cumpleaños y había invitado a Tom y a otros compañeros de clase a ir a su casa para echarse unas partidas.
Tom le había dicho a Bill que él también podía ir si quería.
Pero Bill se negó y se cogió el berrinche del día. A su criterio tenía motivos de peso.
El primero: Tom le había hecho una promesa. Las promesas no deberían poder romperse.
Y el segundo, Andreas no le había invitado a él.
Sí…Billy tenía genio…Y un orgullo. Eso también.
El niño se metió en la habitación de su hermano. Obviamente, no había nadie en ella.
Así que pudo fisgonear a sus anchas.
Con el rostro contraído del cabreo y esos cabellos largos, negros y algo revueltos parecía un Lucifer en miniatura.
Lo que buscaba Bill en el cuarto de su gemelo era su posesión más preciada.
Tom tenía un coche teledirigido al que adoraba. Apenas jugaba con él por que tenía miedo de romperlo. ¡Incluso lo limpiaba con un trapo para sacarle brillo!…
Debía estar en un sitio visible: A Tom le gustaba mirarlo. No lo escondería.
En efecto, Billy no tardó en dar con él. Estaba encima del escritorio, reluciente como siempre.
El pequeño se dirigió hacia él enfurecido, lo cogió, lo alzó por encima de su cabeza y lo tiró al suelo con todas sus fuerzas.
Lo único que consiguió fue que la tapadera que mantenía las pilas en su sitio saltara y éstas también con ella.
Aquello no había sido suficiente para satisfacer sus ansias de venganza.
Así que empezó a pisotear el coche con rabia.
Pero el material era resistente y él algo débil.
Deseó tener un martillo o algo parecido. Seguro que con un martillo lo haría pedazos.
Entonces, se le encendió la bombillita.
Su padre tenía uno.
Y sabía dónde guardaba la caja de las herramientas…
&
Bill se dirigía hacia el apartamento de su hermano igual que un detenido se dirigiría a comisaría. Él no iba esposado y ahora no tenía a nadie sujetándole, pero aún así, estaba siendo arrastrado a la fuerza. Echó una ojeada hacia atrás, sus intenciones claras: »Si salgo corriendo, ¿me alcanzarían?».
-…Ni se te ocurra. – Le avisó Tom como si le hubiera escuchado, dos pasos detrás. Tanto él como Gordo le pisaban los talones custodiándole y marcándole el camino, y el chico supo que si echaba a correr, no llegaría muy lejos.
Así que no le quedó otra que maldecir entre dientes.
-…¿Te quedas esta noche a dormir? – Oyó decir a su hermano tras él. Por supuesto, se estaba dirigiendo a Gordo. A él no le estaba dando otra opción. – Así si estás en el salón puedes hacer un poco de guardia.
-…Será un placer. – Le contestó su colega como si aquello fuera una aventura de lo más excitante.
-Retener a alguien en contra de su voluntad…No creo que sea muy legal. – Escupió Bill sin ni siquiera girarse.
-…Pues denúnciame. Seguro que en comisaría ya están echando de menos que alguien lo vuelva a hacer. Y en RTL ya ni te cuento. – Le contestó su gemelo.
Gordo le rió la gracia, aunque en el fondo le jodía que aquella fuera una verdad como un templo.
Y lo peor, es que su colega nunca había hecho nada para merecerlo. En el peor de los casos, por mucho que se le fuera la mano, sólo se estaba defendiendo. Cuando aquella stalker le denunció, a él mismo le pareció el colmo de la desfachatez y le dieron ganas de estrangularla para que al menos la psicópata esa tuviera razones para denunciar a alguien.
Bill decidió dar la batalla por perdida y al fin se resignó y siguió caminando.
&
Eran las últimas horas de la tarde cuando Tom llegó de la casa de Andreas.
Bill estaba haciendo zapping tirado en el sofá ya con su mullido pijama azul puesto.
No le saludó. Ni le miró siquiera.
-…Hola, Billy. – Tom sí que lo hizo, totalmente ajeno a todo.
Billy dejó un canal en el que estaban poniendo dibujos animados.
-…¿Y papá? – Preguntó más que nada por dar conversación a su hermano. Normalmente, así se le pasaban los enfados.
Pero en aquella ocasión no surtió efecto.
-¡Aquí! ¿Has cenado ya? – La voz de Jörg le llegó desde la cocina.
-…¡SÍ! – Gritó Tom.
Billy no soportaba a Goofy. Le parecía tan estúpido como Tom. Así que con la frente arrugada y las cejas fruncidas cambió de canal casi hundiendo el botón en la pasta.
Tom se dio cuenta de que Billy seguía molesto con él y que no se le iba a pasar de momento, así que se encogió de hombros y fue para su habitación.
Los gritos que empezó a pegar Tom informaron a Billy de que su gemelo ya se había encontrado con su »obra de arte».
Antes de meter a Jörg en esto, Bill se levantó del sofá y fue corriendo escaleras arriba hacia el cuarto de su hermano.
Entró en la habitación y cerró la puerta tras de si.
Se cruzó de brazos desafiante. Estaba seguro de que Tom iba a empezar a chillarle como un loco por haber roto su coche.
Y entonces Bill también le gritaría y le recordaría que nunca debería hacerle una promesa si no pensaba cumplirla. Por que entonces, a eso se atendría.
Pero para su sorpresa, Tom no gritó más.
Estaba dándole la espalda , cabizbajo, a todas luces escudriñando el coche destrozado en el suelo.
Bill relajó un poco su postura. Dejó caer sus brazos.
-…¿Tom?
Cuando su hermano le miró, descubrió que tenía lágrimas en los ojos.
Y entonces a Billy se le cayó el mundo encima.
-…Lo has roto. – Balbuceó Tom.
-…
-…Sabías…Sabías que me lo regaló mamá…Antes de…Antes de que se fuera al cielo…
-…Tomi…Lo…Lo siento… – En ese instante Bill se dio cuenta de lo que había hecho y el sentimiento de culpa y un profundo dolor en el pecho le invadió por completo. – …Yo…
-…¡Me da igual!…Lo has roto…Que lo sientas no cambia nada…
-…Perdóname…¿Me perdonas?…
Otra oleada de rabia sacudió a Tom, eclipsando de nuevo por unos segundos la tristeza. Puso cara de Bull Dog y empezó a expulsar aire por la nariz de forma audible y violenta.
-…¿Que te perdone?…¡No te perdonaré nunca!… – Aulló con las lágrimas llegándole hasta la barbilla.
&
Bill estaba sentado en los pies de la cama de la habitación de invitados. Estaba cruzado de brazos y mirando al suelo, mientras que su hermano andaba para arriba y para abajo por toda la habitación.
-…En serio, no sé por qué me haces esto. ¿Por qué no quieres hablar conmigo? – Preguntaba exasperado.
Bill puso los ojos en blanco.
-…Ya te lo he dicho mil veces.
-…Sí, ya lo sé. Me lo has dicho mil veces. – Tom se llevó las manos a la cabeza, frustrado y ya harto de todo aquello.
Bill ahora clavó la mirada en una pared para evitar a toda costa la de su hermano, sin variar su postura.
-…Y vale. Entiendo que no quieras hablar de ciertas…Cosas. – Tom se sentó a su lado. Bill siguió mirando la pared, pero aún así, ahora notaba a su hermano estudiándole y eso le incomodaba. – Pero, hay otras muchas que podrías contarme, ¿no? – »Y quizá eso me ayudara a recordar, como dijo la psicóloga».
Bill al final se rindió y le miró a regañadientes.
-…¿Qué quieres que te cuente?
-…No sé. ¿Era buen hermano?.
-…No. Eras un guarro y un bruto. Como ahora.
Tom alzó una ceja.
-…Vale. Lo de bruto lo puedo llegar a entender. Pero, ¿lo de guarro?
-…Hueles fatal, Tomi. – Le informó Bill volviendo a pegar los ojos en la pared, aunque ahora su tono de voz parecía menos molesto.
Tom se olió su propia camiseta.
-…Es verdad. ¿Qué quieres? Tuve que interrumpir mi ducha para ir a buscarte, y encima me has hecho sudar.
Bill arrugó la nariz y tensó los labios para que Tom no notara que ahora estaba sonriendo. Momento que Tom aprovechó para preguntar.
-…¿Por qué dijiste eso en el coche? Lo de que yo sólo me preocupo por mi mismo…
De inmediato Bill pondría los ojos en blanco, suspiraría y se tumbaría de golpe en la cama, para quedar mirando al techo.
-…¿Sabes, Bill? Hay pequeños detalles que no me cuadran. En serio. Si no quieres hablar conmigo de cosas…Si mi presencia te incomoda tanto, ¿por qué viniste a buscarme en primer lugar? Es que no tiene sentido…
-…Fue un error, ¿vale? Y no lo habría hecho si no me hubiera visto entre la espada y la pared. Necesitaba el dinero…Y yo no pensaba que tú…
Pero Bill no terminó la frase.
-…¿Que yo, qué?
-…Olvídalo.
Tom resopló y se acostó justo a Bill imitando su movimiento anterior.
Ambos se quedaron así un buen rato.
Para sorpresa de Tom, al final, su hermano respondió a su pregunta.
-…Tú no querías estar en casa después de que muriera mamá. Por eso, le pediste a los abuelos que te dejaran vivir con ellos. Y tú me dejaste…Me dejaste ahí… – Bill dijo esa última palabra como si aquel »ahí’‘ fuera un lugar siniestro.
-…¿Fui yo quien lo pedí?… – Se extrañó Tom, abrumado de repente por tener una pizca de información.
-…Joder, sí. – Escupió Bill de nuevo con un gran resentimiento. – Lo único que te importó fue salvar tu culo y a mi…Me dejaste.
-…Salvar mi culo…¿De qué?
Pero Bill negó con la cabeza.
Tom no estaba seguro de lo que quería decir su hermano, pero decidió expresar lo que él tenía en ese momento en mente.
-…Bill, no creo que yo te…Hubiera dejado queriendo. Pero aunque así fuera…No puedes odiarme por eso…Joder, Bill…¡No era más que un niño!
-…Yo no he dicho que te odie. Aunque si tengo que serte sincero, sí que pasé muchos años haciéndolo.
Tom miró hacia su derecha, para ver sólo el perfil del rostro de su gemelo. Tenía en las pestañas algo impregnado que empezaba a brillar. Después, ese algo empezó a manchar de negro la zona de por debajo de su sien.
-…Lo…Lo siento. – Fue todo lo que Tom pudo decir.
-…Ya.
Bill tenía la mirada perdida ahora, como si no estuviera allí. Y Tom, contemplándole a su lado, deseó poder estar dentro de su cabeza, aunque sólo fuera por unos instantes.
&
Horas después, ya de madrugada…Esas palabras todavía torturaban a Billy.
No podía dormir…Había dado mil vueltas y no lo conseguía.
Así que decidió regresar al cuarto de su hermano e intentar demostrarle que él no había querido hacerle daño…Había actuado sin pensar, movido por la rabia…Había sido sin querer…
Se sobresaltó cuando entró al cuarto a oscuras y vio un bulto en medio de la cama.
Resultaba que Tom también estaba despierto y estaba sentado en medio de la cama, con el coche (o lo que quedaba de él) apoyado en sus piernas. Lo acariciaba como si de un cachorrito se tratase.
-…¿Tomi?
-…Vete.
Pero Bill entró, desesperado, y se sentó junto a su hermano. Le agarró la cara con sus manitas angustiado, casi a punto de ponerse a llorar.
-…No me odies, Tomi…Perdóname…Yo no quería…Estaba enfadado…No pensé…
-…¡Que me dejes!…¡Vete!…
Bill no le soltó y como un último recurso se decidió a hacer algo.
Besó a su hermano en los labios. Fue un beso rápido, húmedo y torpe. Por supuesto, no fue un buen beso.
Pero para Tom el simple hecho de que le besara fue lo suficientemente impactante como para descolocarle por completo.
-…Bill…¿Qué haces?…
-…Perdóname…Yo te quiero mucho…No quería…
-…Pero… – Tom no pudo seguir hablando por que Bill volvió a cortarle con otro beso en la boca.
Tom dejó su coche a un lado y agarró a Bill de los brazos.
-…Bill…Deja…De hacer eso…
-…¿Por qué?…
-…Pues por que…No puedes besarme así…
-…¿Por qué no?…Papi cuando se enfada conmigo, si le doy un beso se le pasa.
Tom se quedó callado unos segundos.
-…Tú…¿Besas a papá…En la boca?…
Bill asintió como si tal cosa…Pero cuando vio que su hermano parecía escandalizado, empezó a sentir vergüenza.
-…A veces… – Confesó Bill.- ¿Qué pasa?
-…Bill…Pues que…Es…Raro.
-…¿Raro?
-…Son los chicos y las chicas las que se besan así. Quiero decir…Los novios…
-…Novios…
-…Sí…Eso es lo que hacen los novios. Nadie más…
-…Ahm…
-…Cuando me has besado…Me he sentido…Extraño. Mi cuerpo…Partes de mi cuerpo…Las he notado…Extrañas…¿A ti no te pasa?…
-…Um…Sí…La barriga…A papá también le pasan cosas raras…En otros sitios…
Tom abrió mucho los ojos, intrigado.
-…¿En qué sitios?…
Bill bostezó.
-…Tengo sueño.
Sin decirse nada, los dos se fueron acomodando en la cama. Tom tapó a su hermanito y éste se abrazó a su cintura.
A veces no necesitaban hablar.
El enfado había pasado a la historia.
Sin embargo, Tom seguía teniendo mucha curiosidad.
-…¿Bill?…Cuenta…
El menor aunque fuera por minutos de los dos bostezó de nuevo.
-…A veces, papi se enfada mucho conmigo. Y yo me pongo muy triste. Entonces me dice que si hago cosas por él, me perdona. Algunas veces son besos…Y otras veces son otras cosas.
Tom todavía era muy joven para entender. Pero algo dentro de él intuía que aquello no podía estar bien. Y así se lo comunicó a su hermano.
-…Entonces…¿Quieres decir que papi es malo?… – Se extrañó el pequeño Billy.
-…Yo…No lo sé…¿Te hace daño?…
-…No…Papi me quiere mucho.
-…Um…
-…Y a mi no me importa hacerlo. Yo también quiero mucho a papi. Y no quiero que se enfade conmigo nunca y que deje de quererme…
Nuevo bostezo por parte de Bill.
Se quedó dormido justo después.
Él no podía saberlo…Pero Tom no durmió esa noche.
&
Desgraciadamente, aquello no era posible. Tom no podía meterse dentro de su hermano, ni estar en su piel. No podía saber qué pensaba. No podía conocerle siquiera sin contar con su consentimiento.
Y lo grave de todo aquello llegó cuando Tom se dio cuenta de algo, y es que él jamás podría llegar a conocerse a si mismo si antes no conocía a su hermano.
Por que una parte de él, posiblemente la más importante, quedaría por siempre en las sombras. Jamás sabría la verdad. Nunca tendría una certeza absoluta sobre nada. Sin su hermano, todo lo que él llegaría a tener de todo sería una simple versión, y a veces, ni eso.
Y entonces, algo dentro de él cambió. Por que decidió que a lo mejor Bill tenía razón. Quizá estaba forzando las cosas. O mejor dicho…Quizá estaba enfocando el problema de un modo erróneo. Quizá de lo que debería preocuparse de verdad era de su hermano, y no de él mismo.
Bill se había echado de lado dándole la espalda cuando terminó de hablar. Le notaba tenso, como agarrotado.
Y al final, Tom se limitó a posar una de sus manos sobre su brazo todo lo cariñosamente que pudo.
-…Bill…Si te sirve de consuelo…Esta vez, no voy a dejarte.
Bill apretaba los ojos con fuerza, como si si no lo hiciera fuera a explotar…No entendía cómo su hermano estaba tan deseoso por recordar algo…Que él desearía haber tenido la enorme suerte de poder olvidar.
Debía estar loco, o mejor aún, ser tonto de remate para querer entrar en un sitio del que a él le encantaría poder salir.
Sin embargo, tras aquel pequeño gesto y aunque cabía la posibilidad de que sólo fueran impresiones suyas, Tom diría que Bill ya no estaba tan agarrotado como antes.
Pudo confirmarlo únicamente cuando, sin variar su postura, Bill se agarró de su mano con fuerza, enlazando sus dedos…Para acabar durmiéndose así a los pocos minutos.
Sí…Puede que Tom se hubiera estado equivocando todo este tiempo, y ahora estuviera empezando a hacer las cosas bien…
…Puede.
Continúa…
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