Una versión 15

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 15

Tom se despertó a la mañana siguiente sintiendo un molesto dolor en la mano.
Con la frente arrugada y todavía confundido intentó comprobar qué pasaba y pudo averiguarlo rápidamente. Bill se había dormido la noche anterior apretándole la mano con una fuerza que no aminoró ni cuando éste había caído en brazos de Morfeo…Pero en ese preciso instante estaba casi exprimiéndola, clavándole las uñas en ciertas zonas.
Tom iba a preguntar qué demonios le pasaba, pero también pronto se dio cuenta de que Bill seguía dormido y sumido en lo que parecía ser una pesadilla especialmente agonizante.
Se debatió entre si despertarle o no, por que su hermano parecía estar sufriendo y él conocía esa sensación.
Pero entonces, le oyó hablar en sueños.
-…Papá…
A Tom se le erizó absolutamente todo el vello del cuerpo.
Bill seguía haciéndole mucho daño en la mano, pero ahora el rapero no era capaz ni de moverse.
-…Papá…¿Es que ya no me quieres? – Preguntó Bill con voz pequeñita, casi suplicante.
Realmente parecía angustiado, atormentado por fuera lo que fuera que estuviese viendo subconscientemente. Tom estaba seguro de que Bill estaba a punto de romper a llorar.
Pero no lo hizo. Tras un violento espasmo que asustó a Tom, Bill abrió los ojos, jadeante.
El contacto de sus manos se rompió en cuanto ésto hubo pasado.
Bill cubrió su rostro algo húmedo de sudor con sus antebrazos.
Y después, giró la cabeza para mirar a su gemelo que le estudiaba interesado.
-…Creo que estabas teniendo una pesadilla. – Le informó éste sin necesidad de que el otro tuviera que preguntar.
-…Sí. Eso creo yo también.
-…¿Quieres que te traiga un vaso de agua? – Le ofreció el rapero con todas sus mejores intenciones. Había decidido que iba a empezar a actuar de otro modo, y así iba a hacerlo. No pensaba agobiar a Bill haciéndole ninguna pregunta más al respecto.
-…No.
Ambos se quedaron callados. No se oía ni una mosca en la habitación. Hasta que Bill se fijó en que Tom estaba abriendo y cerrando el puño por alguna razón.
-…¿Qué haces? – Le preguntó.
-…A ver cuándo te cortas las uñas. – Y Tom le enseñó la palma de su mano, llena de arañazos algo ensangrentados.
-…¿Eso te lo he hecho yo? – Se extrañó Bill.
-…Sí.
-…Pues te lo mereces. – Soltó Bill como si tal cosa y volvió a su posición original, dando la espalda a Tom. Para su sorpresa, oyó a su hermano darle la razón también como si nada.
-…Sí…Probablemente.
Entonces volvió a girar la cara.
Y ambos se sonrieron.
Bill se giró de golpe, haciendo que todo el colchón se removiera, para quedar de lado, cara a cara con su gemelo.
Le cogió de la muñeca de la mano afectada y se la puso muy cerca de la cara, como si fuera a examinarla exhaustivamente. Pero la palma estaba tan cerca de sus ojos que Tom dudó que estuviera viendo algo más que una mancha roja dentro de otra mancha color carne. Incluso se puso un poco bizco.
Tom se rió.
-¿A qué juegas?
-…Son sólo un par de arañazos. Pero deberías desinfectar, por si acaso.
Hubo un silencio que se intensificó tras que Tom se diera cuenta de que ambas manos de Bill volvían a agarrar la suya, esta vez con sumo cuidado, y cuando Bill tuvo la certeza de que era eso en lo que su hermano estaba pensando. Sin embargo, no le soltó.
Ambos se quedaron mirándose a los ojos, acariciando sus palmas, sus dedos, que en cuanto se escurrían volvían a enlazar.
De nuevo, en la habitación no se oía ni sus respiraciones.
Tras unos instantes, Tom miró su reloj.
-…Tengo que irme.
-…¿Trabajo? – Preguntó Bill.
-…Psícóloga. – Se limitó a contestar Tom, como si estuviera demasiado cansado para formar toda una frase.
-…Ahm.
-…¿Por qué no te vienes? – Sugirió el rapero.
-…Pf. Pues por que yo no necesito un psicólogo.
Bill se despegó de su hermano como si si hubiera habido un hechizo en aquel cuarto, ahora acabara de romperse.
-…Eso solía decir yo también. Pero…
-…No necesito ir a que alguien me diga cuáles son mis problemas. Yo ya sé cuáles son mis problemas. No me hace falta pagarle a alguien para que me los cuente.
-…Te ayuda a solucionarlos.
-…Yo también sé cómo solucionarlos. Como todo el mundo. Una persona antisocial sabe que debería intentar salir y hablar más con la gente. Pero una cosa es saberlo, y otra muy distinta, poder hacerlo. Y si no puedes hacerlo tú por tu cuenta, no lo va a hacer una tía por ti por sesenta euros la sesión.
-…A mi me cobra más. – Apuntilló Tom.
-…Pues te está estafando.
Los gemelos volvieron a mirarse a los ojos. Sus dos últimos comentarios habían sido un intento de broma, pero ninguno de los dos sonreía ahora.
-…No se pierde nada por intentarlo. – Sentenció Tom al final.
-…Si tú lo dices…
-…¿Lo has intentado tú ya, antes?
Bill cerró los ojos y suspiró como si estuviera agotado.
Pasaron un par de minutos sin decirse nada más, limitándose a echarse alguna mirada de vez en cuando.

Cuando de repente, rompiendo aquel silencio sepulcral, desde el salón se escuchó un sonoro y enorme pedo, de los que retumban paredes.
Bill miró a Tom incrédulo, con los ojos como platos, y Tom a su vez a él, con cara de horror.
-…¡Joder! Puto Gordon… – Escupió asqueado. – ¡Se está tirando pedos en mi sofá!
A Bill le entró tal ataque de risa que incluso tosió un poco.
-…¡Qué mamón! Voy a tener que pintar el salón otra vez después de esto… – Tom hizo el comentario alzando un poco la voz, como para que Gordon le oyera. Pero éste no replicó, señal de que la »fuga» la había tenido estando durmiendo aún.
-…¡Qué desagradable! Tom, ¡cállate! – Pero Bill seguía partiéndose.
-…Encima, está dormido. Menudo vigilante me he ido yo a buscar.
-…Hombre, con un pedo así, a mi me habría amedrentado si hubiera intentado huir. – Dijo Bill, ya recuperándose ligeramente de su ataque de risa.
-…A ti y a cualquiera. – Soltó Tom, riéndose al fin.
Bill se secó una lágrima y respiró hondo para relajarse de nuevo.
Entonces, Tom se levantó.
-…Lo dicho, tengo que prepararme para irme.
-…Vale.
Tom iba a dirigirse hacia su propia habitación para buscar ropa limpia y ducharse al fin, pero se acabó girando para contemplar a su hermano, todavía echado en la cama una vez más.
-…Bill, anoche te prometí que no me iba a ir a ninguna parte. No te vayas tú tampoco.
Bill irguió la cabeza para examinarle.
-…Ahora que empezaba a acostumbrarme a lo que es tener un hermano, no desaparezcas otra vez.
El menor de los dos se mordió el labio inferior y volvió a dejar caer la cabeza en la almohada.
-…¿Me dejas otra opción? – Suspiró.
-…Claro que sí. ¡Tienes todas las opciones del mundo, Bill! – Le aclaró el rapero. – Sólo te pido que no escojas una en la que yo no pueda estar ahí, aunque sea con un papel muy secundario. Ya estoy harto de alejar a la gente de mi. No elijas irte sólo por que es lo más fácil para todos.

Tom se fue unos segundos después.

Si él supiera…
Para Bill, quedarse era la opción fácil. Lo difícil era irse. Pero era lo que tenía que hacer por que de lo contrario, alguien acabaría pagando las consecuencias.

&

Tom volvía a estar echado en su sillón habitual. Katy, que aquel día iba vestida con un traje de chaqueta marrón, volvía a tener su libreta en su regazo.
-…Pero en eso que le dijiste tienes mucha razón, Tom… – Estaba comentando la psicóloga en ese instante. – Tú no eras más que un niño. Un crío. No tenías libertad de decisión…Así que aunque Bill pensara lo contrario, tú no eras su responsable. No es justo que te cargues con una culpa que no es tuya.
-…Lo sé. Pero…Ag…Es tan frustrante pensar que… – Pero Tom no terminó la frase.
-…Pensar, ¿qué?
-…Que si me hubiera quedado, quizá las cosas no…
-…¿No habrían sido como fueron?…
Tom asintió.
-…No te engañes, Tom. Posiblemente, hubiera pasado lo mismo. O algo peor, si me apuras.
Katy hizo un resumen de lo que se había estado hablando allí.
-…Y eso lo explica todo. – Dijo mientras revisaba alguna de sus notas.
Tom la miró interesado.
-…Vuestro padre os maltrataba cuando ambos erais pequeños. Aquello supuso un trauma para ti. Tu mecanismo de defensa fue reprimir ese episodio de tu vida que te hacía sentir ansiedad e incluso culpabilidad, de modo que lo »olvidaste». Aunque quizá la palabra más adecuada, en lugar de »olvido» sea »bloqueo»…Por que en realidad esa información está ahí, sólo que no puedes acceder a ella, en teoría »por tu propio bien». Pero aunque no te dieras cuenta, esa parte de ti te ha estado condicionando en muchas de tus acciones. Cuando ocurrió el incidente de la acosadora, te llevaron a una situación extrema en la que acabaste utilizando la violencia contra ella. Acto que nunca te perdonaste. Acto seguido, dejaste a tu novia Maribel. Y lo hiciste por que, aunque ni tú lo supieras, aunque ni tú supieras por qué te tenías miedo exactamente, por dentro lo que te aterraba era estar convirtiéndote en tu padre. Te consumía la idea de estar repitiendo la historia, sus errores…Y por eso la dejaste. Pusiste de excusa que no querías que ella tuviera que lidiar con tu estresante modo de vida, que se merecía algo mejor. Pero en realidad lo único que querías era alejarla de ti, por terror a acabar haciéndole daño. Por que pensaste »si he sido capaz de pegar a esta chica sin poder controlarme…Podría llegar a hacerle lo mismo a ella si me enfureciera lo suficiente». Y el resto es historia. ¿Me equivoco?

Tom se había sentado, había agachado su cabeza y en ese momento se la agarraba con las manos, como si se la estuvieran sobrecargando con demasiados datos, aunque muchos de ellos él mismo los había llegado a intuir ya.
-…Desde luego, tiene mucho sentido. – Afirmó sin mirar a la mujer ni cambiar su postura.
-…Bien…Pues si todavía la quieres, que me imagino que sí…Deberías llamarla. Tom, que tu padre fuera de una determinada manera no significa que tú vayas a acabar siendo igual. Aunque fuera eso lo que estuvieras mamando de pequeño, el maltrato quiero decir…Tú no eres una persona agresiva. Lo que ocurrió esa vez fue una reacción en una situación totalmente extrema. Y, obraras bien o mal, lo cierto es que nunca se repitió…Y además, te arrepientes. Una persona violenta normalmente no se arrepiente, por que ni siquiera considera que lo que hace pueda estar mal. Y por eso repite continuamente sus pautas.
Tom suspiró.
-…Lo sé. Supongo que lo sé.
-…Bueno, pues yo supongo que por hoy hemos terminado… – Anunció Katy alegremente. Pero pronto se percató de que Tom no parecía muy contento, todavía. – ¿Qué te pasa? ¿Todavía no estás convencido?
-…No es eso. Creo que todo lo que dices es verdad. Algo dentro de mi me lo dice.
-…¿Entonces?
-…Pero todavía hay piezas que no me encajan.
-…¿Por ejemplo?
-…Por ejemplo, si acabo de oír el que supuestamente era mi mayor trauma…¿Por qué todavía no lo veo?…
-… – Katy quedó pensativa.
-…Y…Bueno, supongo que esto debería habértelo contado también…
Katy se preparó para escribir algo en su libreta.
-…Pero esta mañana, mi hermano estaba teniendo una pesadilla. Y en su sueño, le preguntaba a nuestro padre que si ya no le quería.
En efecto, la psicóloga tomó nota.
-¿Y? – Preguntó.
-…¿Cómo que »y»?…¿No es raro que si mi padre fuera un bestia, a mi hermano le afecte el que le deje de querer?
-…En realidad, no es tan raro.
-…Ah, ¿no?
-…No. A las personas a las que maltratan, y más desde que son tan jóvenes, pues se le crean complejos. Puede que tu hermano tenga complejo de inferioridad…Que se valore poco. Y si se le ha estado manipulando desde muy niño, quizá también sufriera de una dependencia muy grande hacia vuestro padre.
Tom la miró con cara rara.
-…Me explico. El maltratador en muchas ocasiones es chantajista. Y manipulador. Es posible que desde pequeño, a tu hermano se le inculcara la creencia de que si le pegaba era por que »era un niño malo y se lo merecía»…Entonces, ¿qué pasa? Que Bill no veía ese trato como algo anormal. Era simplemente un castigo que él mismo se buscaba por que no era lo suficiente »bueno» para su padre.
Su padre es alguien que le quiere mucho, pero que le castiga »cuando se lo merece». Esa es una mentalidad muy común. Y lo que ocurre es que a tu hermano ya le llega a atormentar la idea de no estar a la altura…Y por tanto, que dejen de quererle, y como consecuencia, sufrir el »castigo» físico, el dolor. ¿Me explico?
-…Sí… – Tom estudiaba esas palabras con interés.
Entonces, ambos se levantaron. Katy le acompañó hacia la puerta.
-…Como ves, no todo tiene que ser tan complicado como parece. Si aún sabiendo todo esto todavía no lo visualizas, no te agobies. Puede llegar cuando menos te lo esperes. Y quizá tampoco llegues nunca a tener imágenes muy claras. Al fin y al cabo, todo ocurrió cuando tú no eras más que un renacuajo. Lo de Bill es otra historia…Por que él se quedó allí. Pero tú no…Así que tú te libraste de mucho. No puedes buscar donde no hay. Creo que tú ya sabes lo principal en lo que concierne a ti, y únicamente a ti.
Tom estrechó su mano y le dio las gracias.

Pero aunque lo que la mujer decía era completamente lógico, él todavía pensaba que algo se le estaba escapando.

&

Tom se había quedado dormido en el sofá y Simone hacía horas extra en su trabajo.
Así que como muchas otras noches, Jörg aprovechó para coger al pequeño Billy en brazos y llevarle a la cama, en esta ocasión haciendo oídos sordos a los deseos de la criatura.
-…No quiero, no quiero…Es temprano, mañana no hay coleeeee…
-…Tienes que descansar. – El hombre llegó a la habitación.
-…¡Quiero ver la teleeeee! – Pataleó el niño.
Jörg soltó de mala manera a el niño en la cama.
-…Billy, si eres malo no te voy a querer.
-…¡Papá, no es justoooo! ¡TÚ eres malo! ¡Te odio!
-…¿Ah? ¿Con que sí, eh?…¿Soy malo? ¿Quién le da a mamá dinero para que compre comida y te alimente? ¿Quién le da dinero para que te compre ropa y no pases frío?…¿Quién paga la casa donde vives para que no tengas que dormir en la calle?…Ya no te quiero. Y a partir de ahora, como soy malo…Dejaré de hacer todo eso. Ven, hoy vas a dormir en la calle. – Jörg agarró al niño de un bracito.
-…¡¡¡No!!! ¡¡¡No!!! ¡¡¡A la calle, no!!!
-…Sí, por que no eres bueno y no mereces que te quiera.
-…¡¡¡Sí soy bueno!!! ¡Te quiero mucho! ¡Y tú tienes que quererme también!…¡Soy muy bueno!…
Jörg sonrió por dentro.
-…Bien. Entonces, demuéstramelo…

&

Cuando Tom llegó a su apartamento, se encontró con que Gordon había preparado ya la comida. Bueno, en realidad, se había limitado a llamar a un chino y encargar un poco de todo de lo que había en el menú.
-…¡Hombre! ¡Por fin vienes! – El chaval le dio la bienvenida con entusiasmo mientras que iba colocando en la mesa los envases que iba sacando de diferentes bolsas de plástico.
Tom sonrió y le dio las gracias mentalmente a su amigo. Ni él mismo sabía que hubiera pasado si Bill se hubiera quedado solo…Así que sólo el hecho de que hubiera salido de él el quedarse y echarle un ojo ya era motivo suficiente para que Tom ahora mismo deseara darle un buen abrazo.
Por que tras echarle un vistazo a Bill, que estaba sentado en el suelo con la espalda apoyada en el sofá, con un botellín de cerveza en la mano y con una cara mezcla de tristeza y cabreo, supo que algo había tenido que pasar entre Gordon y él en su ausencia. Y agradecía que aún así, su amigo le hubiera sabido mantener ahí.
-…Sí. Me acaban de poner en mi sitio. – Informó Tom mientras se dejaba caer en un sillón.
-…¿Qué ha pasado? – Le preguntó su colega.
-…Tengo que llamar a Bel.
-…¡NOTICIAS FRESCAS! Eso llevo diciéndotelo yo la vida entera. Y gratis. Pero no escuchas, tío.
Tom se limitó a alzar las manos sin nada que objetar.
-…Ahora debería estar con otro. Por idiota. – Siguió Gordon.
-…Hombre, muchas gracias por los ánimos, hijo de puta. – Tom cogió un cojín y se lo tiró a la cara con verdadera mala leche. – Me has devuelto las ganas de vivir.
Pero Gordon se empezó a descojonar de la risa.
Bill, ausente en su postura anterior, dio un trago a su cerveza como si no estuviera pendiente de lo que estaba pasando a su alrededor. Y tras el gran trago, el chico eructó con sorprendente intensidad.
-…Y ahora voy a darte otra noticia fresca. Tu hermano no tiene modales en la mesa. – Constató Gordon mientras se colocaba bien la goma de sus calzoncillos por encima de sus pantalones. Acto seguido, cogió un envase y se lo tendió a Tom. – ¿Pan chino?
Tom puso cara de asco, y reclinó la oferta.
-…Mejor. Más para mi.
Pero Tom ya no le haría mucho caso. Ahora prestaría toda su atención a su hermano, preguntándose qué demonios le pasaba ahora.
Bill parecía no estar allí, sino en otra parte. Y no necesariamente en un sitio mejor.
Tom volvió a plantearse todo lo que le había contado Katy.
Y a aplicarlo al comportamiento de su gemelo.
Algo que no llegaba a comprender era por qué su hermano no quería desahogarse con él. Él no dejaba de contestarle que estaba haciendo lo mejor para los dos. Pero, ¿era verdad? ¿Lo hacía simplemente por ahorrarle a él el mal trago? ¿O habría alguna otra razón?…Quizá le avergonzara reconocer que papá le pegaba. Un hombre no deja de tener un amor propio después de todo y puede que él sintiera que hablar de ello era una humillación mayor incluso que el hecho en sí de que te maltraten.
A Tom le costaba creerse que en verdad la actitud de Bill se debiera a que estaba intentando proteger a alguien.

&

Jörg se sentó en la cama y Bill lo hizo sobre su regazo.
El niño tenía enterrada la carita en un hombro del padre, mientras que éste le empezaba a acariciar la barriga por debajo del pijama. La piel era suave y cálida, más que cualquier otra cosa que pudiera tocar. Era pura, inmaculada, sin ninguna imperfección. Todavía le quedaba muchísimo para corromperse por la edad.
Pronto, aquella sensación no sería suficiente para satisfacerse, así que comenzó a descender, llevando sus dedos a zonas más bajas.
Bill no entendía por qué a su padre le gustaba tanto hacer eso. A él sólo le estaba haciendo cosquillas…Pero por alguna razón, no podía reírse a carcajadas como cuando Tomi le hacía cosquillitas en los pies. Billy decidió que éstas debían ser otra clase de cosquillas. Unas que no eran tan divertidas.
En realidad, no importaba. Su papi le quería de nuevo y volvía a querer jugar con él. Su papi le quería y nunca haría nada que le hiciera daño, ¿verdad?…Eso era lo que contaba.

Ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien llevaba unos segundos observando en el marco de la puerta.
-…¿Jörg? ¿Qué estás haciendo?…
La escandalizada y a la vez incrédula voz de Simone irrumpió en la habitación, congelando a las personas que estaban allí en el acto.

Jörg dejó rápidamente al niño en la cama, incapaz de articular palabra alguna. Simone salió corriendo de la habitación como en estado de shock y él a lo único que atinó fue a ir tras ella gritando su nombre.

Bill se quedó sentadito ahí, sin comprender nada de lo que acababa de presenciar.

Esa misma noche, su madre se iría al cielo…

&

Por que…
Proteger a alguien…
¿De qué exactamente?

Tom no dejaba de darle vueltas al asunto y Bill debió darse cuenta de que tenía los ojos clavados en él, por que le devolvió la mirada.

Y por alguna razón, lo que Tom veía ahora en ellos no era tristeza, ni enfado. Lo que veía era un secreto. Y debía ser un secreto verdaderamente espeluznante, por que incluso a él le dio miedo sin ni siquiera conocerlo.

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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