
«Una versión» Fic de Earisu
Capítulo 2
Ambos entraron al apartamento. Tom encendió la luz, indicó a Bill que le siguiera y se dirigió a un mueble que tenía en la misma entrada. Oyó los tacones de Bill aproximarse a su derecha. Abrió un cajón y sacó una pequeña libretita.
-…¿Cuánto quieres?… – Preguntó sacando también un bolígrafo. Estaba a punto de firmarle un cheque apoyándose sobre el mueble.
-…Em…Esto…Si pudiera ser en efectivo…Es que…No tengo…
Tom no daba crédito por que estaba escuchando a su gemelo titubear. Bill parecía avergonzado de verdad por tener que estar pidiendo, y eso le pareció algo chocante…Lo normal (o al menos en su mundo) era que la gente fuera mucho más directa y no tuviera ninguna clase de escrúpulo a la hora de ir a sacar tajada de lo que pudieran a su costa.
-…No tengo sitio para quedarme esta noche…Y un cheque no sé si me serviría de mucho en un motel, o…
Tom le miró. Bill seguía abrazado a sí mismo, agarrado a su garganta para repegar la bufanda a su piel. ¿Es que seguía teniendo frío?…El rapero escudriñó sus manos. Las tenía rojas, así que debía ser eso. También pudo observar que llevaba las uñas largas y pintadas de negro, aunque el esmalte estaba algo roído ya.
Por primera vez, sintió algo de pena por su gemelo…Aunque no tuvieran ninguna relación, Tom no podía evitar como humano sentir empatía hacia otro…No era un monstruo. Y no había que ser muy avispado para sumar dos y dos: Bill acababa de llegar a Berlín y con lo puesto además. Con una mano por delante y la otra por detrás.
-…Bueno… – Comentó Tom ahora con menos veneno en su tono de voz y volvió al cheque, donde escribió una cifra de todos modos. – …Te doy una parte así, y otra en efectivo.
Bill no dijo nada.
Tom firmó el pedazo de papel y se dirigió hacia su gemelo.
-…Toma.
Bill fue a coger el cheque en un acto reflejo sin pensar en lo que ocurriría a continuación. Fue una cuestión de milésimas de segundo, pero las suficientes. En cuanto despegó su mano de su cuello, una parte de la pequeña bufanda violeta se desprendió, y Tom pudo ver sin ningún problema la piel desnuda del cuello de su gemelo, donde se adivinaba un enorme moratón que no tenía muy buena pinta.
Tom abrió un poco la boca, escandalizándose al instante.
Bill sin embargo fue rápido en volver a envolverse y sujetar bien la bufanda cubriendo su herida actuando del modo más natural del mundo, quizá no dándose cuenta de que le habían visto, o quizá simplemente fingiendo no haberse dado cuenta.
Al rapero, de repente, la cabeza le zumbaba.
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(…)
-…Entonces, ¿quieres decir que papi es malo?… – Preguntó Billy.
-…Yo…No lo sé…
(…)
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-…¿Tom?
Tom sacudió la cabeza bastante desorientado. Pero intentó mantener la compostura y sacó su cartera del bolsillo trasero de sus pantalones.
-¿Estás…Bien?…Te has puesto pálido…Y estás sudando… – Preguntó Bill con algo de temor.
-…He bebido demasiado.
-…Oh.
Tom rebuscó en su cartera y comenzó a sacar billetes…Pero cuando tuvo un montón entre los dedos se los quedó mirando, y después se oyó a si mismo hablar.
-…Bill…Puedes quedarte a dormir aquí esta noche si quieres…Es muy tarde…Y es peligroso que estés dando vueltas por la ciudad a estas horas. Esto no es como Magdebourg, precisamente.
Bill esbozó una pequeña sonrisa.
-…Ya me he dado cuenta. – Reconoció.
Hubo un silencio de unos segundos.
-…Entonces, ¿te quedas?…
-…Bueno…Si no te importa…
-…Ven, te enseñaré dónde está la habitación de invitados.
Tom fue guiando a Bill por el impresionante apartamento sin que ninguno de los dos volviera a mediar palabra.
-…Esta es…Tienes un cuarto de baño ahí… – Le indicó señalándole una puerta más allá. – …Y no sé, si necesitas algo más, indaga por ti mismo…Necesito ir a acostarme pero ya. Estoy mareado.
-…Oh, vale, vale… – Asintió Bill mientras que entraba a la enorme habitación y se sentaba en la cama de matrimonio, sintiéndose un poco fuera de lugar.
Y de verdad Tom necesitaba dormir y acabar con aquel día que se le había hecho muy, pero que muy largo. Pero cuando estuvo en su propia habitación volvió a pensar en Bill. En sus manos congeladas, en sus magulladuras…Y no pudo evitar, de nuevo, sentir compasión y algo de culpabilidad. Lamentablemente, no podía hacer mucho con respecto a sus heridas…Pero sí que podía intentar que estuviera lo más cómodo posible. Así que rebuscó en su armario algo de ropa para que el muchacho pudiera dormir sin pasar frío y se dirigió de nuevo hacia la habitación de invitados.
Abrió la puerta y se encontró con que en aquel momento, Bill estaba desnudándose de cintura para arriba, aún sentado en la cama y dándole la espalda. Espalda que, como su cuello, estaba poblada de cardenales y moratones de un color oscuro que ponía los pelos de punta.
Bill giró la cara en cuanto notó la presencia de su gemelo.
Tom había tenido los ojos clavados en su espalda, por lo que supo que ya de poco serviría intentar esconderse, así que simplemente calló esbozando otra media sonrisa de resignación, o más triste que otra cosa.
El rapero tuvo una extraña sensación. Creyó ver esa misma sonrisa, sólo que en boca de un niño muy pequeño. De hecho, quizá, si prestaba un poco más de atención, hasta veía al niño sentadito en una cama también, en exactamente la misma posición.
Tom cerró los ojos y carraspeó.
-…Ahm…Yo venía a traerte algo de ropa para dormir, por que no sabía si tú tendrías. Aquí te la dejo. – Dijo mientras la depositaba sobre la cama. Después, volvió a dirigirse hacia la puerta.
-…Vale.
-…Buenas noches.
-…Buenas noches.
Tom cerró la puerta y apoyó la espalda en ella. Sentía como si alguien con unos alicates gigantescos le estuviera apretando las sienes y no tuviera ninguna intención de parar hasta que su cabeza explotara.
Era muy extraño. Era como si algo en alguna recóndita parte de su mente estuviera luchando por salir, por manifestarse…Pero no lo consiguiera del todo.
¿Y a qué coño venían aquellas imágenes? ¿Se suponía que eran recuerdos? Él no estaba tan seguro de ello. Lo que había visto era tan inédito, tan lejano, tan ajeno a él, que parecía improbable que aquello lo hubiera vivido él en verdad. Dudaba que fuera algo que hubiera ocurrido en realidad. Debía ser simplemente alguna mala pasada o un juego de su propia mente.
Definitivamente, había bebido demasiado. Mejor sería acostarse de una vez y dejarse de paranoias.
&
Bill ya llevaba un buen rato levantado. Había vuelto a vestirse con la misma ropa que había llevado el día anterior. Estaba listo para irse, pero no quería hacerlo todavía: Quería despedirse de su hermano, por lo que estaba esperándole en el salón desde hacía minutos. El muchacho empezaba a aburrirse, y no había la suficiente confianza como para ponerse a encender la tele o hacer algo parecido, así que simplemente se asomaba a la ventana y daba vueltas por el imponente salón curioseando por aquí y por allá.
No cabía duda de que su hermano estaba forrado: El apartamento era una pasada, los muebles parecían de diseño, los aparatos eléctricos como el equipo de televisión eran la última tecnología…
Era bastante diferente al cuchitril donde solía vivir Bill en Magdebourg, desde luego.
No es que Bill no viera la tele y no supiera quién era su hermano…Pero una cosa es imaginarse qué clase de vida llevarán los famosos, y otra muy distinta es ser testigo de ello.
Bill pasó junto a una mesita baja de cristal y le llamó la atención que había un marco de fotos volcado, así que lo cogió con la idea de colocarlo bien. La foto en el marco revelaba a su hermano abrazado a una chica preciosa. Se trataba de una joven mucho más bajita que él, de pelo largo moreno y ondulado que llevaba al viento. De hecho, una suave brisa estaba revolviendo sus cabellos, y ella se estaba apartando graciosa con una mano un mechón de uno de sus ojos. Ambos sonreían a cámara con alguna cristalina playa de fondo. Debía ser el retrato de unas vacaciones…
En aquel momento, Bill oyó pasos y dejó la foto en su sitio.
Tom hizo acto de presencia en el salón segundos después. No llevaba camiseta, e iba rascándose la nuca mientras bostezaba.
Bill se fijó en su torso. Se dio cuenta de que Tom tenía muy buen cuerpo en persona y no sólo en las fotos…Musculado en su justa medida, pero a la vez con aspecto ligero, ágil, grácil. No tenía que ver mucho con el suyo por lo que podía comprobar. Claro, que él no podía ni oler un gimnasio…Qué se le iba a hacer.
-…Buenos días. – Le saludó Bill.
-…Oh…Hola. – Tom se paró en seco como recordando de repente que tenía invitados en casa.
-…Em…Yo ya me voy…Pero es que…No quería hacerlo sin darte las gracias antes. Es que anoche no te las di…Y…
-…Nada…Nada… – Tom comenzaba a tener presente todo lo ocurrido la noche anterior, y se sentía algo incómodo.
-…Sólo quería decirte…Que te devolveré el dinero.
-…No hace falta…
-…No, no…Claro que hace falta. Y te lo devolveré.
-…Bueno. Está bien.
-…Pues lo dicho…Me voy…Tengo que buscar trabajo… – Suspiró Bill fingiendo estar hastiado.
-…¿Te vas sin comer nada?… – Cayó en la cuenta el otro. – Puedes quedarte a desayunar, si quieres.
-…Yo es que…No suelo desayunar…
-…Ya se nota. – Comentó su hermano descaradamente y refiriéndose por supuesto a su extrema delgadez. Aprovechó la ocasión para repasarle de arriba a abajo como hiciera la noche anterior.
-…Es que…No tengo hambre por las mañanas.
-…Bueno, pero al menos un café…
Bill se encogió de hombros en un gesto nervioso.
-…Bueno, vale…
Tom dijo de ir a la cocina y ambos se dirigieron hacia allí. Después, el anfitrión le indicó a Bill que se sentara en la mesa que ahí había mientras que él preparaba las tazas.
Los dos estuvieron cara a cara unos minutos después, sentados con sus respectivas tazas entre las manos y bebiendo sorbitos poco a poco en medio de un silencio que se había creado de lo más incómodo, casi tenso incluso.
Tom se rió un poco por dentro. No hay película sobre reencuentros familiares en la que no se suelte la típica frase de »¡Oh! ¡Tengo tantas cosas que contarte!»…Menuda gilipollez. Él sentía justamente lo contrario: No tenía nada que contarle a aquella persona. Era como estar sentado frente a alguien que te acababas de encontrar en la calle. No tenía nada que decirle. No tenía ni idea de qué hablar con él. Y los pocos comentarios que se le ocurrían no eran demasiado apropiados: »¿Qué? Te han dado una buena paliza, ¿eh?…», »Oye, te han dado de palos hasta en el DNI, ¿no?»…Puf. Es que no. Era impensable.
Tampoco es que pudiera preguntarle por el tema. Entre otras cosas, por que no era asunto suyo.
Mientras bebía otro trago de su café, tuvo la certeza de que a Bill le estaría pasando más o menos lo mismo. Para él tampoco debía ser fácil estar en una casa ajena, en una ciudad ajena, y frente a no precisamente la mejor compañía que podrías tener.
Pero para su sorpresa, fue Bill el que intentó sacar un tema de conversación.
-…¿Vives solo?
-…Sí… – Contestó el rapero asintiendo.
-…Um. Es un apartamento muy grande. Creía que vivías con alguien…
Precisamente, Bill fue a escoger el último tema de conversación que a Tom le hubiera gustado tener.
Aún así, intentó salir del paso.
-…Sí…Bueno…Antes vivía con alguien. Pero ya, no.
-…Oh.
Bill supo que no debía seguir preguntando al respecto. No podía pedirle que le contara que qué pasó. No quería entrometerse…Pero…¿Habría estado conviviendo con la chica de la foto?…De haber sido así, tenía que haber sido una relación seria…
Ninguno de los dos habló mucho más. El ambiente se había enrarecido el doble después del intento fallido de romper el hielo así que ambos cada uno por su lado decidieron no hacer las cosas más difíciles.
Cuando Tom se ofreció a acompañar a Bill a la puerta y pasaron junto a la mesita de cristal del salón, a Bill no se le escapó un pequeño detalle, y es que cuando Tom se dio cuenta de que el marco de la foto estaba bien colocado, fue él mismo quien lo volvió a volcar en un acto casi reflejo.
Continúa…
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Que fue lo que le paso a Bill? Qué sucedió como para que su trato fuera así de distante? Me tiene muy intrigada. Sea quien sea el que golpeó a Bill ojalá y muera después.