Una versión 4

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 4

Ambos se quedaron el uno frente al otro unos instantes sin que las palabras pudieran fluir de sus labios. Y aquello no era muy cómodo. Al final, un Bill titubeante carraspeó toqueteándose el pelo, y habló pero intentando abrirse paso, como si quisiera huir, salir corriendo de ahí. ¿Estaría abochornado?
-…Em, hola…
Pero Tom le bloqueó la salida.
-…¿Cómo que »hola»? – Le cogió del brazo y le arrastró de nuevo dentro del cuarto de baño, cerrando la puerta para que nadie pudiera verles o interrumpirles. – Bill…¿Qué coño haces aquí? – Le inquirió una vez dentro.
-…Pues…Trabajando. – Le respondió Bill como si fuera evidente, aunque con resignación.
-…¿Trabajando?…¿Pero qué mierda de trabajo es este? ¿Cómo se te ocurre…?
Bill se puso a la defensiva enseguida, cruzándose de brazos y poniendo cara de alucine.
-…Oh. Sí…Verás…Mi primera opción era la de ser cirujano jefe, lo que pasa es que el puesto ya estaba ocupado.
Las cejas de Tom llegaron al techo. El comentario lleno de sarcasmo le pilló de sopetón. No se esperaba que el chico tuviera tanto carácter, sobre todo por que aquella vez en su casa le había parecido de lo más calladito y dócil.
-…¿Qué?…- Fue todo lo que fue capaz de murmurar.
-…Pues que…Joder, Tom…Que yo no sé hacer otra cosa…¿A qué coño te crees que me dedicaba en Magdebourg?
El rapero negó con la cabeza, totalmente aturullado.
-…Joder, no me vengas con esas…¿No podrías servir copas en un bar, o trabajar en un puto Mcdonald’s?
-…Sí, claro…Y con el sueldo de mierda que ganaría no me daría ni para pagar el alquiler del antro donde vivo. Tú mismo me lo dijiste…Estamos en Berlín…¿Recuerdas?
Tom lo estaba flipando.
-…O sea, que te escapas de Magdebourg dejando esa mierda…¿Y vienes aquí a seguir con lo mismo?
Bill se empezaba a sentir altamente ofendido por la conversación que estaba manteniendo con alguien que no tenía ni puta idea de su vida. Con alguien que no había estado ahí. ¿Con qué derecho se creía para hablarle de ese modo?
-…¡Que te jodan! – Soltó. – ¡Yo no estoy haciendo nada malo! Yo sólo estoy bailando. Y si eso te parece motivo de escándalo, eres un maldito hipócrita. Si tan malo te parece lo que hacemos yo o el resto de chicas, ¿qué coño haces tú en esta fiesta, Señor Defensor de la Dignidad?…Anda y que te den.
Bill estaba dispuesto a salir del cuarto de baño, totalmente cabreado.
Pero Tom no parecía por la labor de dar por zanjado el tema.
Volvió a abrir la boca para protestar, pero su gemelo seguía demasiado encendido como para darle cuartelillo.
-…Desde el primer puto segundo aquella noche hace unos meses…No has hecho otra cosa más que juzgarme. – Le recordó Bill todavía alzando el tono de voz, pero con un ligero matiz de tristeza ahora. – Y no tienes derecho. Por que seas el Gran Tom Kaulitz, no puedes ir menospreciando lo que hacen los demás como si no valiera una mierda…Aunque sea verdad.
Y ahora sí, Bill se largó de allí con humos. Incluso llegó a golpear la puerta, aunque accidentalmente, con un pie por el camino.
Tom se quedó atónito, con la mandíbula desencajada.
Vale. A lo mejor era cierto. A lo mejor se había pasado. Además, a fin de cuentas, ¿a él qué coño le importaba?
Pero él no había hablado con la idea en la cabeza de que él era superior. Simplemente, no entendía que alguien se tuviera en tan poca estima como para permitir que le trataran como un trozo de carne…Por desesperado que estuviera.
Pero entonces, esa palabra resonó en sus oídos. »Desesperado».
Se mordió el labio inferior.
Claro, que él hablaba desde su posición. Y su posición era la de alguien al que nunca le había faltado un plato sobre su mesa, o un techo sobre su cabeza. Nunca había pasado una racha de verdadera necesidad…Las cosas siempre le habían ido bien económicamente hablando y nunca había vivido una situación de ahogo…Si él un día se viera en la calle y necesitara dinero…¿Quién sabe a qué extremos podría ser capaz de llegar?
Resopló farfullando un »Mierda»…
Al final se acabó encogiendo de hombros y salió del cuarto de baño.
Cuando regresó al salón se encontró con que Bill había vuelto a la carga.
Y además había vuelto con quien parecía ser su mayor fan aquella noche.
Desde lejos, Tom contempló la escena.
Bill ahora estaba sobre la mesa baja de madera donde anteriormente había estado la prostituta pelirroja, y en el sofá, donde minutos antes había estado sentado Tom con Gordo, ahora estaba Bushido, copa en mano, sin quitarle ojo de encima.
El rapero anfitrión tenía el gesto ensombrecido en ese momento. Tom entendió al instante por qué. No sabía cómo había sido antes, pero Bushido empezaba a ponerse serio en el sentido de que ya no estaba jugando. Posiblemente, estaba empezando a sentir deseo de verdad.
Vio cómo su amigo sacaba otro billete para acto seguido ofrecérselo a su hermano, que lo cogió tras un movimiento felino y como pago a ese favor, Bill abandonó la mesa para ponerse de rodillas sobre el sofá, con una rodilla a cada lado de las piernas de Bushido. Posó sus dos manos sobre la cabeza del rapero y comenzó a masajear sus cortos cabellos mientras que se inclinaba para decirle algo al oído, sus rastas cubriéndoles. Justo después sus caderas iniciarían un pecaminoso vaivén. De no ser por que ambos estaban vestidos y les separaba un sólo centímetro, cualquiera hubiera pensado que estaban follando ahí mismo y delante de todo el mundo.
De hecho, el mismo Tom tenía sus dudas. De lo que estaba seguro era de que aquello no era un inocente baile. Y aunque le rechinara hasta a él reconocerlo, no podía soportarlo.
Había algo dentro de su cabeza que le gritaba que aquello no estaba bien. Y peor aún estaba que él lo estuviera viendo y consintiéndolo.
Por que daban igual sus circunstancias. Aquel muchacho llevaba su misma sangre en sus venas, y a él le hervía la suya dejar que Bill en su desesperación se estuviera dedicando a algo tan denigrante cuando a él las cosas le iban bien y podía, simplemente, echarle una mano hasta que encontrara algo mejor y saliera adelante.
Sus ideas se vieron reforzadas cuando recordó los moratones que había descubierto en el cuerpo del chico un par de meses antes. Aquello no consistía en el hecho de que se estaba tratando a alguien como un objeto. Para colmo de todos los males, era peligroso. Quién sabía si la paliza no se la habría dado un cliente agresivo, o algo así.
No.
Le daba igual lo que dijera Bill…Le daba igual si él no veía nada de malo en lo que estaba haciendo. La diferencia entre antes y ahora es que ahora Tom lo sabía. Y no podía dejarlo pasar sin convertirse en un mierda por ello. No era lo correcto. Y él quería dormir bien por las noches sin que los remordimientos le quitaran el sueño.
Cuando fue testigo de que Bushido empezaba a acariciar al chico por debajo de su camiseta, por la parte baja de su espalda para después echar mano a su trasero, Tom dio un salto por dentro que casi le saca de su piel.
Justamente entonces, Gordo estaba pasando por allí, bailoteando ahora sin más compañía que su bebida, y sin camiseta. Tom le agarró del brazo con demasiado ímpetu.
-…Eeeeh, tío… – Se quejó el chaval.
-…Perdona. Gordo, ¿ves a Bushido?
Tom le señaló al anfitrión con la cabeza, y Gordo asintió riéndose socarrón.
-…Qué cabrón. Se está poniendo las botas.
-…Quiero que vayas ahí y que te inventes lo que sea, para que tenga que dejar lo que está haciendo y que se vaya a otro sitio.
-…¿Y eso por qué?
-…Por que te lo pido yo. Por favor, Gordo…
-…¡¡¡Aaaaahhh!!! Ya entiendo lo que pasa aquí. Lo que te pasa es que a ti te gusta su putita y la quieres para ti solo, ¿eh?
Si no fuera por que Tom tenía cosas más apremiantes en las que preocuparse, se preguntaría por qué demonios el comentario provocó que deseara darle un puñetazo en toda la cara a su mejor amigo.
-…No…Joder. Tú sólo…Haz lo que te digo.
Gordo, a pesar de ir ya bastante borracho, no olvidaba que Tom era su colega y le debía lealtad. A fin de cuentas, lo que era importante para Tom, era importante para él, así que aunque no comprendía nada, se encogió de hombros y fue a hacer lo que le habían ordenado.
Tom observó los acontecimientos impaciente y mordiéndose una uña.
Sin embargo, no fueron como él hubiera deseado.
Para empezar, Gordo se había sentado junto a Bushido y Bill, pero estos no le hicieron nada de caso. Cero.
Luego, Gordo había empezado a hablar a su amigo, pero este no mostró señales de querer separarse de Bill. No despegaba sus manos de él, aunque mirara a Gordo. De hecho, animado por Bushido, Bill se había sentado en su regazo sin más y ninguno de los dos parecía con intención de moverse.
A Tom le desesperaba no poder oír lo que Gordo estaría diciendo, pero estaba seguro de que no estaría siendo algo demasiado convincente y le maldijo entre dientes.
El remate de los remates fue cuando un rato después Bill finalmente regresó sobre la mesa, pero vio a Gordo sacar un billete propio, a todas luces resuelto a quedarse ahí con Bushido, comiéndose con los ojos a su gemelo.
A Tom casi le da un soponcio. ¿Pero qué coño le pasaba a ese idiota? Seguramente, con el pedo que llevaba encima, se le habría olvidado su misión original. Había que joderse…
Gordo extendió uno de sus brazos y tocó una de las piernas de Bill.
Y aquello sí que no.
-…¡¡¡GORDO!!! – Gritó Tom sin pensarlo. Se arrepintió al segundo de hacerlo. Durante unos segundos, se convirtió en el centro de atención de todos los presentes, Bill y Bushido incluidos.
Pero la fiesta siguió como si nada al poco después.
Tom se limitó a hacerle un gesto exasperado a Gordo para que viniera y este obedeció.
Bill y el anfitrión regresaron a sus quehaceres anteriores.
-…¿Pero a qué coño juegas? – Le reprendió Tom a su amigo entre dientes en cuanto llegó.
-…No sé a qué te refier…¡AH! ¡Bushido! Ostia, se me olvidó.
-…¿Cómo coño se te ha podido olvidar?
-…Tom, debo decirte que te presento mis respetos de nuevo. Tienes muy buen gusto. Qué bellezón de chica. En cuanto la vi, mi mente se quedó totalmente en blanco. Está un poco plana, pero, buah…
-…¡¿Pero tú eres gilipollas?! ¡Que es un tío, imbécil!
A Gordo se le desencajó el rostro.
-…Un…¿Un tío?…
-…Sí, joder. El tío que te dije antes.
Gordo empezó a sudar.
-…No…No, no, no…
Tom se limitó a asentir.
-…¡JODER! ¡No! ¡Que…Me…Me puse palote!
-…Pues es lo que hay. – Tom no estaba para tonterías. Necesitaba que Gordo regresara allí y que acabara lo empezado. – Vamos, Gordo…Tienes que volver ahí…Y…
-….¡¡¡Me puse palote!!! – Y Gordo salió corriendo, no sin antes berrear un… – ¡Voy a vomitar!
Tom empezaba a frustrarse y no pudo más que acordarse de aquella gran verdad: »Si quieres algo bien hecho, más vale que lo hagas tú mismo».
Así que decidió armarse de valor y dar por terminada aquella tesitura.
Cogería a Bill, y…
Cuando miró en dirección a la mesa, ni Bill ni Bushido estaban allí.
-…¡Mierda!
Tom se puso en marcha para encontrarles. Afortunadamente, no tardó demasiado.
Bushido tenía a Bill cogido de la mano y le estaba guiando unos pasos por delante. Ambos caminaban con intención de salir del salón, dirigiéndose a alguna parte que él no llegaba a adivinar pero que esperaba no fuera a donde él se estaba imaginando.
Sin pensárselo dos veces, fue corriendo hacia allí y cuando Bill fue consciente de ello resultó que tenía a Bushido cogido de su mano derecha , y a Tom agarrándole del brazo izquierdo. Sin comérselo ni bebérselo se vio ahí metido en medio de los dos.
Los tres se quedaron congelados en su posición.
-…¿Qué…?…- Empezó Bushido, verdaderamente descolocado. Pero su voz no se había empezado a alzar cuando la de Tom la eclipsó por encima.
-…Bill…Me voy a casa. ¿Te vienes?
Bill abrió la boca con ánimo de decir algo, pero no salió nada más que un sonido ahogado por la pura sorpresa.
Bushido frunció el ceño.
-…¿Os conocéis?… – Preguntó suspicaz.
Pero ninguno de los dos contestó.
Tom estaba mirando a Bill tan fija e intensamente que si las miradas tumbaran Bill ya estaría en el suelo. Bill a su vez le contemplaba a él atónito, sin entender el por qué de aquella escena.
-…Bueno, da igual. – Siguió Bushido con la mosca detrás de la oreja. – El caso es que Bill no puede irse, Tom…Por que la fiesta no ha acabado todavía.
Ahora Tom acribilló a Bushido con sus ojos de tal manera que hubiera amedrentado hasta al chulito de barrio más chungo de la ciudad.
-…Oh, en eso te equivocas. Claro que se ha acabado…Al menos para él. – Escupió con voz firme.
Pero Bushido no era ningún cobarde. Era mucho mayor que Tom y no le asustaba un crío como él, por mucho cuerpo de hombre que tuviera.
-…Bill… – Empezó Tom dando un inconsciente tirón a su brazo. Pero Bushido le cortó con el mismo tono amenazador aunque tranquilo que él había empleado antes.
Y Tom sí que se asustó. Bushido era su colega, y precisamente por eso sabía que no había que pasarse de la raya con él si sabes lo que te conviene.
Si Tom era prácticamente un recién llegado en el mundo del rap, Bushido era un veterano. Y como muchos de ellos, era alguien que venía de la calle y que de repente, se veía con mucho poder…Por esa razón, infundía respeto. A Bushido no le tosía nadie.

-…El que está equivocado eres tú si crees que le he pagado para que se vaya a casa contigo.
Pero Tom no estaba dispuesto a que se le notara y se mantuvo en su sitio. Eso sí, a partir de entonces procuraría ser algo más precavido y menos osado.
-…No quiero malos rollos contigo, Anis.
-…Ni yo tampoco, Tom.
Y era verdad. Bushido le tenía cariño al chico, no entendía por qué estaba actuando de esa manera.
-…Pues entonces, déjame que me lo lleve. – Pidió el de las trenzas.
-…Para empezar, todavía no he oído a Bill pronunciarse al respecto. ¿Acaso le has preguntado lo que quiere hacer? – Apuntó Bushido, para después dirigirse con una inusual dulzura a Bill -¿Quieres irte con él?
Tom se quedó patidifuso. ¿Así, tan fácil? ¿Bushido le daba libertad a Bill de hacer lo que quisiera después de todo?
Una vez más y sin haberlo pedido Bill se sintió como en medio de dos fuerzas y lo peor es que tenía la certeza de que o se posicionaba, o al final habría ostias y por su culpa. Lo gracioso es que ni llegaba a entender cómo había acabado envuelto en esa encrucijada.
Ahora…¿Qué se supone que debía hacer?

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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