Una versión 7

«Una versión» Fic de Earisu

Capítulo 7

Era temprano, pero Bill había estado un buen rato dando vueltas en la cama sin poder dormir, así que desde pronto había decidido levantarse y empezar el día con una buena ducha.
Ya dentro, cerró los ojos. Bajo el chorro de agua caliente que le hacía cosquillas en el rostro estaba en la gloria y en su mente no se le pasaba la idea de salir de ahí hasta que se le arrugaran los dedos, cosa que solía hacer cuando era pequeño.
Pero entonces oyó que llamaban a la puerta principal.
Bajó de la nube en la que estaba para preguntarse qué debía hacer. No se lo pensó mucho.
Bill no estaba en su casa y no debería ser él quien abriera. No le gustaba tomarse demasiadas libertades.
Salió de la ducha, cogió una gran y mullida toalla negra y comenzó a secarse.
Y siguieron llamando a la puerta.
Tom debía seguir durmiendo, y quizá fuera la típica persona de sueño profundo que no la despertaría ni una bomba nuclear.
Bill empezó a hacer conjeturas. Lo mismo, si Tom había pasado una mala noche tras escuchar lo que se decía de él en el programa del corazón, ahora estaría recuperando las horas de sueño perdidas.
Suspiró y salió al salón tras rodear su cuerpo con la enorme toalla, a modo de vestido. Sus rastas aun iban goteando pero Bill sentía curiosidad por ver si seguía siendo el único en pie en la casa.
Y así era.
Torció la boca.
Ahora, fuera quien fuera, comenzó a llamar con los puños, y como Bill estaba a pasos de la puerta en ese momento, se asustó.
Se agarró el pecho notando que el corazón se le había acelerado un poco cuando empezó a oír una voz bastante basta al otro lado de la puerta corear.
-…¡Desayuno! ¡DESAYUNO!
Bill abrió mucho los ojos.
-…¡Tom, cabrón! ¡De nada te sirve fingir que no estás!
Kaulitz se encogió de hombros y decidió abrir, más que nada para que el »recién llegado» no despertara a su gemelo en caso de que este hubiera pasado una mala noche.
Nada más abrir la puerta, los berridos cesaron. Su silueta quedó revelada y la persona al otro lado no sólo se quedó mudo, también se quedó blanco de la impresión, si es que aquello era posible.
Gordon repasó de arriba a abajo a Bill con todo descaro y con los ojos muy abiertos.
Aquel…¿Aquel no era el chapero que había ‘’conocido’’ en la fiesta que Bushido le había organizado por su cumpleaños? ¿Qué coño hacía en casa de su amigo? Y lo que es peor…¿Por qué estaba semidesnudo?
-…¿Tú quién…?…¿Tú qué…? ¿Dónde está Tom? – Gordon parpadeaba deprisa e intentaba liberar su cabeza de muchas preguntas que se le agolpaban dentro simultáneamente.
-…Oh. Tom sigue en la cama. Está durmiendo.
¿En la cama…? ¿Eso significaba que…?…¿Tom se había tirado al chapero? No, eso no podía ser. ¿Su amigo Tom cambiando de acera? ¿Qué clase de barbarie era aquella?

-…¿A qué viene este escándalo? – Tom, sin camiseta y en pantalones cortos apareció en el salón con la cara contraída ya que sus ojos todavía no se habían habituado a la luz, con marcas de las sábanas en una mejilla, bostezando y rascándose los genitales.
Antes de que fuera consciente de ello, Gordon le había agarrado de un brazo y arrastrado a la cocina.
Si fuera físicamente posible, a Bill se le habría dibujado un signo de interrogación sobre la cabeza.

-…Tom…¡La madre que te parió! Esto se acabó. Ya, suficiente. Voy a llamar a Maribel. – Empezó a recriminarle Gordon.
Tom, que todavía estaba sobado puso cara rara mientras se rascaba un codo.
-…¿A Maribel, por qué?
-…¿Cómo que por qué?…Esto se te está yendo de las manos, Tom. No lo niegues. Te dejó tocadísimo…¿A ti te parece normal lo que estás haciendo?
-… – Tom no entendía ni jota. – Para parecerme normal primero me tendría que enterar de qué coño estás hablando.
-…¡Te estás tirando a un chapero! ¡Por Dios, Tom!
Kaulitz comprendió al fin, y la afirmación le terminó de despertar.
-…Ah, eso…
-…¿Te parece poco? Voy a llamarla, Tom. Por que a mi ya todo esto me supera. Ella es la única que te puede poner en vereda. – Gordon rebuscó en los bolsillos de su sudadera resuelto a coger su móvil sin perder más tiempo.
-…¿Pero tú eres tonto?…Que no es un chapero. Él es bailarín.
-…Sí, ahora se le llama así. – Gordon puso los ojos en blanco.
-…En serio. Sólo baila.
-…Tom, no me puedo creer que tú, un tío inteligente, se haya tragado esa trola. La gente como él es gente embustera…Y muy peligrosa, tío. Que si dice de hacerlo te puede sacar hasta la cera de los oídos…Que coño, que de vivir en la miseria se vuelven como urracas, que nada más se tiran a por lo que brilla y a los ojos, tío…Te puedes estar buscando la ruina, colega. Por no hablar de que lo último que necesitas es otro escándalo, majo…Que ya ví anoche las ‘’noticias’’…
Tom empezó a masajearse las sienes…Pero Gordon continuó.
-…Con lo que has sido…Que puedes estar con quien te dé la gana…Y tú, hala…¡¡¡Metes en tu casa y te follas a un puto ni más ni menos!!!
-…Que no es…
-…¡UN PUTO! – No cesaba de repetir el otro, escandalizado.
-…Gordon…
-…¡Un tío! ¡Y para colmo, puto! – Gritaba Gordon, como en su mundo, sin escuchar.
-…¡¡¡Que no es chapero, que es mi hermano, ostia!!! – Explotó Tom al fin. Su mal humor mañanero le había ayudado bastante.
Pero su confesión no pareció calmar a su amigo: Todo lo contrario.
Gordon abrió los ojos y empezó a darle arcadas de repulsión.
-…¡¡¡PEOR ME LO PONES!!! – Le increpó en cuanto se repuso. – ¿¡Te follas a un tío, que es chapero, y que encima es tu hermano!? ¡Estás enfermo, tío! ¡Es repugnante…! Lo más macabro y retorcido que he oído en mi vi…
Tom llevó sus manos al cielo pidiendo clemencia y después martilleó a Gordon con su mirada más recriminatoria.
Gordon pareció captarlo por que se calló y acto seguido cambió el tono de su voz.
-…¡AH! ¡Que es tu hermano, y que por eso está aquí!
-…Virgen santa. Qué he hecho yo para merecer esto… – Bufó Tom aliviado.
-…¡Haberlo dicho antes!
-…¡No me has dejado!
-…Y un huevo…No me vengas con esas. Si es que como nunca me cuentas nada…
-…Aaaah…En fin. ¿Quieres un café?
-Sí, y una napolitana.
-…Estupendo. – Tom empezó a revolver por los armarios. – ¡Biiiiill! ¿Dónde has puesto las napolitanas?
Bill, todavía envuelto en su toalla entró en la cocina algo titubeante.
-…Ahí, abriendo esa portera.
Tom las alcanzó y se las pasó a su amigo.
Después, Gordon y Bill se miraron. Fue Gordon el que con toda naturalidad y cara dura del mundo, se presentó.
-…Hola, tío. Tú eres Bill entonces, ¿no? – Le tendió la mano pero informalmente, como para chocarla más que estrecharla; Bill lo hizo. – Encantado. Yo soy un colega de este. Mis amigos me llaman Gordon.
Bill alzó una ceja ante el apodo, extrañado.
-…Oh. ¿Y cómo te llaman tus enemigos entonces?
Gordon analizó las palabras en silencio. Luego se dio cuenta de que Bill había pretendido hacer un comentario jocoso, y soltó una carcajada de improviso para después dar una gran palmada en la espalda a Bill. Tan grande y fuerte, que de hecho Bill puso cara de dolor.
Después, el joven le lanzó una mirada a Tom y dijo refiriéndose a su gemelo…
-¡Es un cachondo! Me cae bien.
Bill se encogió de hombros todavía sintiéndose un poco descolocado.
-…Únete a desayunar con nosotros. – Le invitó Gordon mientras que se sentaba en la mesa de la cocina y esperaba a que Tom preparara los cafés.
-…Yo es que no suelo desayunar… – Se excusó Bill.
-¡TONTERÍAS! Cómete una napolitana. Están cojonudas. – Le siguió animando Gordon, que no había oído una barbaridad tan grande nunca. Él desayunaba al menos tres veces de normal. Si no, no era persona.
-…Tienen que estar de puta madre. Te tengo todas las putas mañanas aquí… – Se quejó Tom mientras que, ya tazas en mano, acompañaba a Gordon.
-…¡Mentira! Hacía ya días…Qué digo, meses que no venía.
-…Oh…Qué pronto acaban las buenas rachas.
-…Me hieres, tío. – Pero Gordon siguió masticando su bollo como si nada. – Y tú… – Señaló a Bill. – Deja de reírte y sienta tu culo aquí.
Bill se rascó la cabeza y decidió obedecer, más que nada para no provocar a ese tipo tan escandaloso.

&

Aprovechando que por fin todo volvía a la normalidad, Tom decidió encerrarse en su habitación para escribir un poco.
Pasaron un par de horas, o quizá más, él no estaba demasiado seguro ya que cuando escribía perdía la noción del tiempo, y entonces, alguien que no podía ser otra persona más que Bill tocó con sus nudillos la puerta.
-…Pasa.
Bill entró.
-…Ejem, siento interrumpir. – Se disculpó Bill al ver al otro ocupado.
-…No interrumpes.
Tom estaba en el alfeizar de la ventana sin más apoyo para su papel que sus propios muslos. Boli en mano, empezó a girar su muñeca derecha para estirazarla y descansar.
Bill se quedó a cierta distancia dudoso por alguna razón.
-…¿Quieres que haga la comida? – Acabó comentando.
-…Bueno, si quieres…
-…¿Te vas a quedar?
-…Sí, hoy paso de ir al estudio.
-…Bien.
Pareció que Bill iba a irse, pero al final regresó a su posición inicial.
-…Tom, que si tú en algún momento…Quieres que me vaya de aquí…
-…Irte, ¿adónde? – A Tom le pilló demasiado de sopetón y no entendió de primeras.
-…No quiero que pienses que me estoy aprovechando de ti. Así que, si…
-…Yo no pienso eso.
-…Ya, pero… – »Tus amigos, sí», pensó el joven.
-…Nos oíste hablar a Gordon y a mi en la cocina, ¿verdad? – Adivinó Tom.
Bill se sorprendió, y luego asintió algo avergonzado.
-…No fue mi intención, es que Gordon es un poco… – Se excusó.
-…Escandaloso.
-…Sí…
-No se lo tengas en cuenta. Él sólo…
-…Se preocupa por ti.
-…Sí…Pero en exceso. – Bufó Tom. Y justo después de contestar, se dio cuenta de algo. ¿Desde cuándo él adivinaba lo que Bill estaba pensando, y desde cuándo ambos terminaban las frases del otro?
El de las rastas se sentó tímidamente en una esquinita de la cama de su hermano y suspiró como cansado.
-…¿Le das razones? – Preguntó, curioso.
-…Claro que no.
Bill le miró alzando una ceja.
-…Bueno, puede ser. – Reconoció Tom al final. ¿Desde cuándo Bill captaba sus pequeñas mentiras?
-…Um.
Hubo un silencio sólo empañado por unas palmaditas nerviosas que Bill empezó a dar contra sus piernas. Estuvo a punto de levantarse y marcharse ya que se había temido que su hermano no iba a darle más explicaciones.
Pero contra todo pronóstico, a Tom le pareció adecuado contarle ciertas cosas. Era lo más justo.
-…Desde un poco antes de que rompiera con Maribel, él ya…Ya sabes. Y ya cuando lo dejamos, digamos que se volcó del todo conmigo. Le asusta que esté solo y que haga tonterías. Más tonterías, quiero decir.
-…Entiendo.
-…Pero a veces, él siente que se le va de las manos, y por eso me amenaza diciendo que va a llamarla, o algo peor…Que me va a buscar una novia nueva. – Tom intentó quitar hierro al asunto.
Lo consiguió, ya que Bill sonrió.
-…Que te asuste que llame a tu ex, lo entiendo. Pero que el que te busque una novia nueva sea para ti una amenaza, ya es más preocupante.
-…Sí…Digamos que he…Cogido miedo.
-…¿Miedo a las mujeres? – Preguntó Bill, ahora completamente serio.
-… – »Miedo a mi mismo». Pensó su hermano, pero decidió no confesarlo en voz alta. – Algo así. – Se limitó a responder.
Y llegó la pregunta inquietante número cuatro. ¿Por qué parecía que Bill había escuchado lo que él no había dicho?
-…Por que….¿La pegaste? – Se decidió a aventurar Bill.
-…No. – Fue la rotunda respuesta de Tom.
-…Entonces, hay algo que se me escapa. No entiendo.
Tom respiró hondo, y por primera vez, se animó, si es que aquella era la palabra, a hablar del tema.
-…Hace un tiempo…Empecé a tener ciertos problemas con un grupo de chicas que se hacían llamar fans, pero que no eran más que unas psicópatas, en especial, una de ellas.
Bill escuchó con atención.
-…Empezaron a acosarme. Y a mi eso, me la pelaba. Era molesto, sí. Pero no era nada que no pudiera soportar. A mi me daba igual. Pero entonces, empezaron a asustar a mis seres queridos más cercanos, en especial, a ella…A Maribel.
-…Oh…
-…Y eso…Eso ya sí que no, ¿entiendes?
-…Claro.
-…Maribel al principio se lo tomaba hasta con humor. Me decía »el precio que tengo que pagar por estar con el tío más guapo, rico y famoso de Alemania» y me daba un beso, por que ella era así. Intentaba quitarle importancia, pero yo no podía. Hasta que una noche, le dieron un susto pero de verdad. La agredieron, ¿sabes?…Y eso… – De sólo recordarlo, Tom se encendió. Se levantó del alfeizar casi dando un bote y resoplando del agobio y de la frustración acumulados. Chocó su puño derecho con la palma de su mano izquierda.
-…Tranquilo…
-…No…Fue demasiado…
-…Pero…¿Fue algo grave?
-…No le hicieron nada que la dejara mal herida, pero no por eso dejó de ser GRAVE. No tenían derecho a tocarle un pelo…Y además, era injusto. El famoso soy yo, ella no tenía que pagar por… – Tom empezó a dar vueltas por la habitación.
-…Um…
-…Así que, cuando me enteré de lo que le habían hecho…Las busqué. Busqué a la cabecilla, y le hice lo mismo que ellas le hicieron a Maribel. O a lo mejor, un poco más. Se me fue de las manos. Yo ya no sé ni si le llegué a dar un puñetazo…Cuando lo recuerdo…Todo es tan…No lo sé…
Bill se levantó de la cama y dio un cariñoso apretón en el hombro a su hermano.
-…Tranquilo…Ya pasó…
-…No, no pasó…No hay ni un día en el que no cierre los ojos y vea la cara de esa puta loca. No hay ni un día en el que no me arrepienta de lo que hice.
Bill asintió comprensivo y una última cuestión le asaltó.
-…¿Por qué ya no estás con Maribel?
-…Por que…No quería que estuviera con alguien como yo. Primero, merecía estar con alguien que no le diera tantos problemas…Y segundo…Puaj… – Tom se desprendió del agarre de su hermano y fue a asomarse a la ventana.
-…No te perdonas por lo que le hiciste a esa tía…
Tom asintió aunque a su pesar.
-…Pero además, es que…Tenías miedo de…Llegarle a hacer algo parecido a ella algún día también.
Tom se quedó callado. Hasta ese momento, la capacidad de Bill de adivinar sus pensamientos le había parecido, simplemente, algo curioso. Por primera vez, le resultó molesto. Y estuvo a punto de protestar.
Pero cuando volvió a mirar en su dirección resultó que Bill ya no estaba allí, le buscó con los ojos y lo halló ya en el marco de la puerta y, desconcertantemente también, estaba sonriéndole.
-…Perdona que te lo diga, Tom…Pero qué gilipollez más grande.
El rapero se debatió entre si devolverle la sonrisa, o cabrearse. Se decantó por lo segundo y arrugó la frente.
-…¿Adónde vas? – Le escupió.
-…A hacer la comida. – Respondió Bill como si tal cosa, y sin más, se fue.

Cuando Tom se quedó solo, volvió a asomarse por la ventana.
‘’Qué gilipollez más grande’’. Había dicho Bill.
Sin embargo, a él seguía sin parecerle una tontería.
Meses atrás había conocido una parte de si mismo que le asustaba. Y daba igual cuáles fueran las circunstancias: No restaban ni una pizca el horror que había sentido y que de hecho, continuaba sintiendo.
Suspiró.
Definitivamente, él seguía pensando que estaba haciendo lo mejor.

Había que joderse con Bill. Le había sacado en cinco minutos y tras sólo unos meses algo que únicamente se había atrevido a reconocer para si mismo. Aunque si lo pensaba, él en realidad había dicho poco. Lo había intuido todo él.
Pero lo peor, es que él se había prácticamente dejado ver desnudo por su hermano, y él sin embargo seguía sin saber casi nada de él. Estaba ahora en una situación de completa desventaja.
Y eso no le gustaba demasiado.
Pues eso se iba a acabar.
Tom se dirigió a la puerta.
Pensaba ayudar a su hermano con la comida…Y lo que no era ayudarle en la cocina, también. Esto no iba a quedarse así.

Continúa… 

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por Earisu

Escritora del Fandom

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