
«Una versión» Fic de Earisu
Capítulo 9
Tom llevaba cuarenta y cinco minutos de reloj sentado en el sofá esperando a que Bill terminara de arreglarse. Por supuesto, estaba ya desesperado. Él, que sólo necesitaba un cuarto de hora para arreglarse como mucho, no lograba entender qué diablos estaría haciendo su gemelo para tardar tanto. No recordaba ni a Maribel tardando tanto, por Dios…Y eso que él también había tenido que esperarla a ella más de una vez en el pasado.
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Tom se estaba comiendo un perrito caliente de dimensiones casi exageradas y para él, no existía más mundo que su comida. Solo en la mesa de la cocina, daba grandes bocados a el bollo y cualquiera que le viera, diría que con eso ya estaba siendo feliz.
Maribel irrumpió en la cocina con un ajustado y muy corto vestido de encaje color marrón. Sin embargo, tenía cara de tristeza, o más bien, de impotencia. Pero Tom en un principio ni se dio cuenta, por que él seguía inmerso en lo suyo.
-…Tom…¿Estoy guapa? – Preguntó la chica.
Tom le dirigió una mirada que duró media milésima de segundo.
-…Sí.
Pero Maribel resopló ya que la respuesta no la convencía del todo.
-…Estoy horrible.
Tom ahora la miró con una ceja en alto. Maribel se explicó.
-…No me gusta este vestido.
-…¿Y por qué no te pones otro?
-…Pues por que es un regalo, y ya canta que no me lo haya puesto nunca. Pero es horrible.
-…Bel, estás impresionante.
-…Mi abuela tiene vestidos de encaje del mismo color. – Se martirizó la joven.
Tom escudriñó a Bel con lujuria.
-…Ah, ¿sí? Pues preséntamela. – Y Tom hizo bailar sus cejas, vacilón.
Bel puso los brazos en jarra, arrugó la frente altiva y luego se rió. No tardó en olvidar su malestar por el vestido para dirigirse dando saltitos hacia donde Tom estaba y sentarse sobre sus muslos para después darle un beso.
-…Tonto. Te quiero mucho, ¿sabes?
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El rapero, ya casi subiéndose por las paredes, sacudió su cabeza para dejar de pensar.
-…¡¡¡BILL!!! ¡¡¡Que no vamos a cenar con el puto rey!!! – Estalló al fin.
-…¡Ya casi estoy! – Gritó Bill desde el lavabo. Su voz estaba muy amortiguada por la puerta cerrada.
-…Qué paciencia hay que tener, macho. – Siguió refunfuñando Tom pero esta vez entre dientes. Al final, con resignación, decidió coger el mando de la tele y engancharse a algo para pasar el rato, pero sobre todo, para mantener la cabeza ocupada en algo.
Por que a pesar de la conversación que había mantenido con su hermano, él seguía sin encontrar demasiado ético lo que iba a hacer. Joder, que prácticamente estaba llevando a su hermano en bandeja a casa de Bushido. Le faltaba ponerle un lacito en el pelo, o envolverle en papel de regalo.
Por que a él que no le contaran milongas: Él iba a llevar a su hermano a la cama de su colega, y todo por no hacerle un feo al susodicho.
Daba igual lo que dijera Bill al respecto: La realidad de Tom era esa y no le molaba la idea ni un pelo.
-…Ya estoy, pesado. ¿Tú sabes lo difícil que es hacerse una raya perfecta mientras te meten prisa?…
-… – Pero Tom ignoró la pregunta. – Por fiiiiiiiiiiiiin. Venga, vámonos. Que cuanto antes me quite esto de en medio, mejor.
-…¡Espera un momento! Tom, ¿estoy guapo?
Sin saber por qué, la pregunta consiguió que a Tom le diera un escalofrío. Quizá por que en su cabeza, Bel continuaba haciéndole esa misma pregunta con su vestido de encaje marrón.
Bill llevaba unos pantalones de estampado escocés y una chaqueta ajustada de cuero negra. Se había peinado el flequillo hacia atrás, sujetándolo con una horquilla y sus rastas caían libremente sobre sus hombros. Llevaba una raya de lápiz de ojos doble y algo de brillo en los labios.
Tom carraspeó y de nuevo, sacudió su cabeza.
-…Claro que estás guapo. Tienes toda mi cara: Es imposible que te veas mal, aunque te pintarrajees como un indio. Ahora, tira.
Y esperó que Bill diera el tema por zanjado.
Por suerte, así fue.
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Tom conducía sin dejar de comerse la cabeza. De vez en cuando, resoplaba del puro cabreo. Por supuesto, Bill se dio cuenta de que el ambiente no estaba para tirar cohetes.
-¿Por qué estás tan de mala leche?
-…
-… – Pero en realidad, Bill podía hacerse una idea. Al final, decidió respirar hondo e intentar quitar hierro al asunto. – Si te sirve de consuelo, en realidad, Bushido y yo ya nos hemos acostado muchas veces.
El rapero casi da un volantazo.
-…¿Qué vosotros, qué? – Se quedó como un conejo al que le dan las largas, y miró a su hermano como quien miraría a un perro hablar.
-…Pues eso. Nos conocimos mucho antes de la fiesta en su mansión, en el club donde yo trabajaba. Él solía ir mucho por allí. Bueno, fue una vez por casualidad, me vio un día, y ya tomó como costumbre venir a visitarme a menudo.
-…Oh…
-…Y siempre ha sido muy bueno conmigo.
-…Vale, no quiero saberlo.
-…No estaba hablando en ese sentido, lo que quiero decir, es que se ha portado muy bien. Como te dije una vez, ganaba mucha más pasta cuando él se ponía en contacto conmigo para ir a una de sus fiestas que en el club, y tenía que hacer mucho menos.
-…Pero entonces, sí que te pagaba para que te acost…
-…No, él me pagaba sólo por ir. Nunca me dijo »te doy cien euros si me la chupas»…Él me los daba y después yo se la chupaba por que quería. Es diferente.
-…¡La madre que te…! Calla, no quiero seguir oyendo.
Bill se rió.
-…¡Es muy atractivo! – Le picó Bill que en realidad se divertía cuando su hermano se sulfuraba así.
-…¡Que te calles!
-…Tom, no seas mojigato. Se supone que eres un rapero. Un tío duro. No te pega. – Siguió Bill.
-…No soy mojigato. Simplemente, no me gusta oír mariconadas. – Tom había llegado a su destino, así que aparcó.
-…Oh, así que era eso. – Y Bill dio un pellizco en el costado a su gemelo.
-…Sí, eso es. – Tom no pudo evitar sonreírle.
-…Que sepas que cualquier día, cuando más descuidado estés, te relataré con todo lujo de detalle alguno de mis polvos.
-…¡Qué asco! – Tom sacó la llave del contacto y salió del coche como si este fuera a explotar.
Bill empezó a reírse a carcajadas y salió del coche también, fingiendo que iba a empezar a contarle algo.
-…Recuerdo un tórrido encuentro en una noche de verano…
-…¡CALLA, IMBÉCIL! – Y Tom avanzó con prisa tapándose los oídos y quedando mucho por delante de Bill, pero iba riéndose a carcajadas ahora.
Bill se felicitó mentalmente a sí mismo: Había logrado su objetivo.
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Tom llamó al timbre, aunque no sin dejar de asesinar a su gemelo con los ojos. No obstante, éste no parecía muy afectado: De hecho, en ese momento se estaba secando una lágrima pero de pura risa.
-…No me hagas reír, que se me corre el maquillaje.
-…Tú y yo luego vamos a tener una conversación, jovencito.
Bill abrió mucho la boca pero no dejó de reírse.
El rapero llamó de nuevo al timbre, pero el repique de la campana no había terminado de extinguirse en el aire cuando la puerta se abrió.
Bushido apareció al otro lado, vestido totalmente de negro, con unos pantalones de pinzas y una camiseta de tirantes.
-Hey, por fin llegáis. – El anfitrión tendió la mano de un modo bastante informal a su colega Tom.
Tom la estrechó también bastante espontáneamente.
-…Bill se ha tirado dos horas arreglándose. – Bufó Tom.
Bill tuvo que reprimirse las ganas de darle un buen codazo a su gemelo.
-…Ah, ¿sí?… – Preguntó Bushido, interesado y algo juguetón.
Tom se dio cuenta de que su comentario había halagado al capullo de su amigo, ya que de alguna manera había dejado caer que Bill había estado arreglándose especialmente para él. Se maldijo a si mismo por su enorme bocaza y deseó que a continuación su hermano se defendiera con algo como que no le creyera, que en realidad es que había mucho tráfico. Lo que fuera. Pero cuando Tom miró a su gemelo todo lo que tuviera en su mente desapareció para dar paso a la estupefacción: Bill estaba mirando a Bushido como una colegiala miraría al malote de su clase, del que secretamente está enamorada.
Kaulitz contempló a continuación a su amigo y este a su vez observaba al chico con cualquiera diría que un cariño descomunal. Pero el clímax del asombro de Tom llegó cuando, segundos después, aquellos dos se fundieron en un, para su gusto, demasiado íntimo abrazo.
Pero, ¿a qué coño venía eso?
-…Cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo estás? – Le preguntó Bushido al chico sin separarse aún de él.
-…Bien.
Tom lo estaba flipando. Lo estaba flipando pero mucho. Se vio en la obligación de carraspear, por que empezaba a sentirse muy incómodo.
La »parejita» se separó.
El rapero anfitrión sonrió.
-…Venga, adelante…No os quedéis ahí.
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Tom no podía decir que fuera culpa de su amigo. Bushido (o quienquiera que trabajara para él) había preparado una cena estupenda y el ambiente estaba tranquilo. No era la típica fiesta a la que ambos estaban tan acostumbrados a asistir. Aparte, el tío estaba siendo de lo más amable. Hasta en un momento de la noche, cuando Bill fue al baño, Anis se disculpó por el semi roce aquel día en el cumpleaños de Gordo. Bushido le había confesado que su actitud había despertado su curiosidad, y atando cabos, se dio cuenta de que Bill debía ser el »hermano perdido» del que tanto habían hablado las revistas de Tom. Y Bushido había comprendido del todo su reacción. Sin embargo, Tom no estaba a gusto. Primero, por que Bill se estaba mostrando asquerosamente coqueto con su amigo. Segundo por que Bushido se interesaba por él de una forma inquietante. Cualquiera pensaría que de verdad le importaba su hermano, y no sólo por el hecho de que se lo quisiera tirar a lo bestia.
Tom se excusó y dijo que iba a buscar un vaso de agua.
No sabía por qué diablos le ponía tan en alerta aquella situación, cuando ambos eran ya mayorcitos para hacer lo que les diera la gana.
Bebió un trago…Y Anis irrumpió también allí.
-…¿Sabes que Bill canta muy bien? Podríamos producirle algo. – Bushido lo dijo en voz alta para que el joven, desde el salón, pudiera oírle. Mientras tanto, estaba abriendo la nevera.
-…¡Anda ya! Sólo soy un aficionado. – Se escuchó al aludido contestar.
-…Tu hermano es muy modesto. – Le dijo Anis a Tom. – Pero yo ahí veo potencial.
Tom se limitó a encogerse de hombros. Como en realidad no había oído cantar a su hermano nunca, tuvo la certeza de que Bushido sólo estaba comiéndole la oreja a su gemelo.
-…No te veo muy por la labor. – Susurró Bushido sacando de la nevera lo que parecía una bandeja cubierta por papel de pastelitos.
-…No sé.
-…Se merece un buen cambio de aires, y alguien que crea en él. La autoestima no la tiene muy alta después de lo del mamonazo de su jefe.
-…¿Su jefe? ¿De qué me estás hablando?
Bushido se quedó parado a medio trayecto hacia la puerta.
-…¿No sabías…Lo de su jefe?…
Tom tenía los ojos muy abiertos.
-…Le cascaba. Y le tenía explotado.
-…Que…¿Qué?…¿Su jefe?…Yo creía que…Era su novio el que… – Y además lo creía por que Bill se lo había dicho, más que nada.
-…Que yo sepa, no eran novios. Para nada. Era su jefe. – Bushido se metió un pastelito entero en la boca, y se fue como si nada, totalmente seguro de lo que decía.
Tom se quedó a solas en la cocina, haciéndose una pregunta. ¿Se trataba todo aquello de un malentendido?…O…¿Cabía la posibilidad de que Bill le hubiera mentido? Y en el caso de que fuera aquello último, ¿por qué?…
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En la cama, de madrugada, Tom llevaba minutos sudando y retorciéndose entre sus sábanas.
Estaba soñando, pero no veía ninguna imagen en su sueño. Y eso le generaba una enorme angustia.
Quería abrir los ojos, pero no podía. Algo se lo impedía. Sentía que alguna parte de él estaba haciendo unos esfuerzos sobrehumanos por despertar, por que intuía que estaba a punto de ver algo, de ver algo realmente espeluznante que haría que se quedara sin aliento…Mientras que otra parte hacía lo mismo pero para mantenerle con los ojos cerrados, para obligarle a no huir y enseñarle ese algo que estaba ahí. Por que era necesario que él lo viera.
Entonces escuchó una voz que hacía años que no escuchaba. Años. En realidad, desde que era un niño. Al principio, todo era murmullos incomprensibles. Tom sentía sus sienes palpitar, era como si hubiera un gran peso dentro de su cabeza, o como su hubieran demasiadas cosas encerradas en un sitio demasiado pequeño, y aquello estuviera vibrando, como a punto de estallar. Pero no lo hacía nunca.
Salvo esa voz, que debió escurrirse o escaparse por alguna rendija.
»A tu hermano le gusta llamar la atención, Thomas.»
No es que fuera una frase aterradora, ni triste. Pero tras oírla, Tom despertó asustado dando un sobresalto en la cama y con unas profundas ganas de llorar.
Su respiración estaba agitada y su sangre le ardía. Por un momento, pensó que le daría un ataque de ansiedad. Luego, cuando sus ojos se habituaron a la luz, su corazón se encogió como un trozo de papel mojado cuando se dio cuenta de que había una silueta bajo el marco de su puerta. Una silueta que estaba contemplándole en silencio. Debía ser Bill, pero las palabras que formaron sus labios fueron más rápidas que su razonamiento.
-…¿Papá?
Tom se inclinó para encender la lámpara que tenía sobre su mesita de noche.
Sin embargo, cuando su habitación se hubo iluminado, descubrió que ahí no había nadie.
Continúa…
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