Vampiro 2

Vampiro 2

Fic TOLL de Leonela

Capítulo II

Por Bill

Salí del apartamento haciendo el menor de los ruidos para evitar que Pumba se pusiera a lloriquear cuando me viera partir, de seguro utilizando la lógica perruna en la que imaginaba que, si yo salía por la puerta principal cualquiera fuera el momento del día, era un acto de abandono asegurado. Reí en mi mente una vez fuera y enfilé hacia las escaleras. Eran las 09:58 p. m. y había olvidado sacar la basura más temprano. El camión recolector pasaba a las 10:00 p. m. y, por lo que Gustav me había dicho, era muy puntual.

Caminé aprisa escaleras abajo sintiendo que el reloj me corría y atravesé el oscuro pasillo a toda velocidad. Abrí la puerta de la entrada principal del edificio y justo el camión de residuos aparcaba junto al bote de basura de la cuadra. Me apresuré a intentar echar la bolsa antes de que la máquina hidráulica comenzara a funcionar, pero la fuerte bocina del camión me asustó y me detuve. Miré inmediatamente hacia el chofer y, con dificultad a causa de que solo las luces de la cuadra lo iluminaban en la negrura de la noche, vi que me hacía un gesto de “ni lo pienses, amigo, ya es tarde” tras mostrarme su reloj de pulsera, entonces fruncí el ceño, indignado. La máquina se activó y, luego de unos segundos, el bote de basura estaba suspendido en el aire a punto de ser volcado en la carrocería del gran camión. Bufé algo frustrado. Debía aceptar que había sido mi culpa por distraerme viendo redes sociales hasta entrada la noche sin darme cuenta.

Me giré resignado e inhalé con rapidez ante la sorpresa.

—¿No botarás esa bolsa a la basura? —preguntó el rarito del edificio, como mi hermano lo llamaba. Lo tenía a menos de dos pasos de mí. Miré la bolsa en mi mano.

—Pues, no puedo. Según las señas del chofer, llegué tarde.

—Bueno, al parecer yo llegué a tiempo —dijo y lo miré extrañado.

—¿A qué te refieres?

—Es que… conozco el bote de basura por el que este camión pasa más tarde. Si quieres, te llevo.

—¿Me llevas? ¿Qué tan alejado está?

—Unos pares de cuadras. Podemos ir en mi coche.

Me quedé viéndolo unos momentos. A mi hermano no le agradaría que me subiera al vehículo de un extraño, mucho menos de ese extraño.

—Podrías indicarme cómo llegar, no quisiera quitarte tiempo. Sobre todo, luego de lo que ocurrió más temprano, cuando apenas te vi por primera vez.

—Tú puedes quitarme todo el tiempo que necesites, Bill.

Parpadeé incrédulo.

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Me pareció haber escuchado que así te llamó tu novio.

—¿Mi novio?

—Sí. ¿No fue tu novio quien nos interrumpió hace rato mientras platicábamos?

Pensé unos momentos sin saber a quién se refería, hasta que caí en la cuenta.

—Ohh… te refieres a Gustav —reí—. Él no es mi novio, sino mi hermano mayor.

—Qué alivio… —susurró y lo miré de inmediato, entonces lo vi pasear sus ojos por todo mi cuerpo. Tragué saliva algo incómodo y carraspeé.

—Em… bueno. ¿Y cómo te llamas? Tú sabes mi nombre, pero yo aún desconozco el tuyo.

—Me llamo Tom.

—¿Tom? ¿Así a secas?

—¿Acaso tu nombre no es Bill, así a secas?

No pude evitar reír. Mi pregunta había sido estúpida.

—Tienes razón, lo siento. Mi nombre es William, pero todos me dicen Bill. ¿Tú tienes un nombre más largo o solo debo conocerte por “Tom”? —pregunté divertido a lo que él sonrió.

—Me llamo Thomas, pero me dicen Tom —respondió cogiendo la bolsa de basura de mi mano—. Permíteme.

—No te molestes, Tom. Puedo sacarla mañana en la tarde.

—Vamos, acompáñame. Tengo ganas de dar un paseo. La noche está perfecta para caminar —espetó y comenzó a alejarse a paso relajado.

Yo me debatí efímeramente de manera interna qué debía hacer en realidad. Si bien era un vecino del edificio en donde vivía mi hermano, también, según él, era el rarito del edificio. No obstante, por lo poco que habíamos platicado, yo no le encontraba nada raro, así que simplemente lo seguí.

Cuando estuve a su lado, siguiéndole el paso, recordé un detalle que Gustav me había mencionado, aquel que, para él, lo hacía también “un raro”.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—¿Además de esta que acabas de hacer al preguntarme si puedes hacerme una pregunta? —cuestionó simultáneamente y me miró enarcando una ceja a modo de broma. Reí.

—Bueno, sí.

—Adelante, pregunta lo que quieras.

—Mi hermano me habló un poco de ti.

—¿De mí? ¿Y qué te dijo?

—No mucho en realidad —hice una mueca con mi boca que acompañaba mi respuesta—, y es por ello que quería quitarme dudas.

—Claro, dime.

—Me dijo que, desde que se mudó hace dos semanas, jamás se ha topado contigo durante el día, siempre te vio andar por las noches. Ahora me dices que la noche está perfecta para pasear… ¿eres nocturno o acaso un vampiro?

Indagué manteniendo mi sentido del humor, esperando que mi acompañante continuara el juego y finalmente respondiera. No fue así. De pronto, él solo dejó caer la bolsa de basura al piso y me empotró contra la pared de la acera por la que caminábamos con tranquilidad, tras cogerme por el cuello. Mis ojos se abrieron sobremanera sin entender qué era lo que ocurría mientras que los suyos, rojos, penetraban mi alma al mirarme fijamente, a nada de tocar mi rostro.

—¿Qué comes que adivinas, primor? —contestó y vi sus afilados colmillos al abrir la boca tras sonreír malicioso.

Me mordió el cuello.

Me senté rápidamente en mi lugar al tiempo en que tomaba una gran bocanada de oxígeno y, de manera automática, llevé una mano a mi cuello para revisar que no tuviera nada. La miré y no; no había rastros de sangre, solo ardía un poco, por lo que creí que tal vez me había rasguñado mientras dormía.

Observé a mi alrededor, cada mueble, cada sutil dejo de luz que entraba por la ventana a causa de la luna que iluminaba la noche. Me acomodé mejor en mi sitio y prendí el velador que tenía sobre la pequeña mesa que mi hermano había ubicado junto al sofá de tres cuerpos en el que —ahora me daba por enterado—, me había quedado dormido.

—Jesús… todo fue una pesadilla; qué susto.

Espeté y miré en dirección a Pumba que dormía sobre su cama a un lado del gran mueble en el que Gustav había puesto su TV y su gran home theater. Respiré profundamente en busca de la calma de la cual aquella pesadilla me había expoliado. Busqué mi móvil para ver la hora, debí moverme un poco porque no estaba sobre el mueble, como tampoco en mis manos. Evidentemente, me había dormido sosteniendo el aparato y este cayó al suelo, porque allí estaba. Lo cogí, miré la pantalla y… mierda, había olvidado ponerlo en sonido y tenía diez llamadas perdidas y muchísimos mensajes de mi hermano. Hice una mueca con mi rostro sabiendo que, devolverle la llamada a las 05:33 a. m. lo enfadaría más de lo que ya, de seguro, estaba por no haberle respondido antes. Por lo tanto, resolví solo enviarle un mensaje de audio para que me oyera bien.

—Hola, Gus… siento no haber respondido tus llamadas, pero me quedé dormido en el sofá y olvidé el celular en silencio. No te molestes, por favor, estoy bien. Solo que con Pumba nos dimos una panzada de nachos, obviamente a él le di su pollito con verduras que me dejaste en el refri, y se ve que, cuando me recosté un momento en el sofá para distraerme en redes sociales desde el móvil, me dormí. Acabo de despertar. Espero que hayas tenido un buen viaje, hermano. Hablamos más tarde. Te quiero.

Finalicé, puse el teléfono en sonido nuevamente, y lo dejé a un lado. Tenía la esperanza de que mi hermano no estuviera despierto a esa hora, pero… cuando estaba estirándome para levantarme e ir a tomar una ducha, escuché el sonido de una nueva llamada entrante. Cogí el aparato para mirar la pantalla. Fruncí los labios y atendí.

—Gusti…

—¿Por qué demonios tenías el móvil en silencio? —exclamó al otro lado de la línea en tono molesto y yo rodé los ojos. Qué rápido había escuchado mi audio.

—Porque sabes que me molesta el sonido de las notificaciones a cada rato.

—Pues eso te ganas por hablar con tanta gente.

—¿En serio vas a regañarme otra vez por yo ser un tipo sociable? Tener amigos es una ventaja, ¿sabes?

—Ah, ¿sí? ¿Para qué? ¿Alguno de todos ellos te acompaña ahora?

Fruncí ambas cejas.

—Por supuesto que no.

—Pues mejor así, porque te he dicho que no quiero que nadie más que tú y Pumba estéis en mi apartamento.

—Aish, Gustav, cálmate. Por lo que veo, has llegado de maravilla a tu Universidad que hasta tiempo de regañarme tienes.

—Llegué hace más de dos horas, cuando te llamé.

—¿Y qué haces despierto?

—No iba a dormirme sin saber que estabas bien —dijo y suspiré enternecido. A pesar de que a veces se comportaba como todo un tío pesado, no dejaba de ser el hermano mayor sobreprotector de siempre—. Además, no me dejó tranquilo el hecho de que te hayas topado con el rarito del edificio.

—Su nombre es Tom, ya no tienes que llamarlo “rarito”.

—¿Cómo sabes su nombre? —interrogó en tono totalmente extrañado y apresurado a la vez, entonces, me di cuenta de que no lo sabía… le había respondido tras recordar mi encuentro con él, pero… ese encuentro no había sido otra cosa más que un sueño; y, de hecho, una pesadilla… —William, ¿sigues ahí?

—Sí, sí…

—¿Has vuelto a hablar con ese tipo?

—N-no… o bueno… —mi mente era una laguna. Ese sueño había conseguido desestabilizar todos mis sentidos al recordarlo.

—¿Y cómo sabes su nombre? No me mientas.

—Creo que me lo dijo cuando me topé con él antes de que regresaras por la maleta que olvidaste ayer… —fruncí el entrecejo dudando hasta de mi respiración.

—¿Y por qué no me dijiste su nombre antes?

—No lo sé, Gustav. Acabo de despertar, son más de las cinco de la mañana, mi cabeza es un desmadre. Supongo que lo olvidé, lo siento.

Silencio. Al cabo de un prolongado silencio incómodo, volvió a hablar.

—De verdad no quiero que ese tipo se te acerque, Bill. De las veces que me lo crucé en el edificio, jamás me dio buena espina —soltó con tranquilidad, aunque con mucha preocupación en su voz—. Prométeme que no te acercarás a él y no permitirás que entre a mi casa.

—Gustav, no exageres…

—Promételo. Por favor, hermanito… —mi mueca se entristeció e hice mi rostro a un lado—. Billy…

—Lo prometo, Gusti. Prometo que no buscaré acercarme a ese joven.

Contesté al fin y cerré mis párpados con pesadez sabiendo que aquella respuesta me dejaba en un sitio en donde yo no buscaría el contacto con ese chico… sin embargo, no me hacía responsable de lo que ese joven pudiera hacer en caso de que fuera él quien buscase acercarse a mí, lo cual, esperaba que hiciera… Además, luego del sueño que había tenido, yo no esperaba otra cosa más que volver a verlo para saber si “Tom” realmente era su nombre.

—Te quiero, Billy, y solo deseo que estés a salvo.

Sonreí apenado, ya que mi hermano siempre había querido lo mejor para mí. Cuando estuve a punto de responderle, volteé la cabeza en dirección a la entrada para fijarme en la bolsa de basura que había olvidado sacar la noche anterior… pero la bolsa no estaba.

.

Por Tom

—¿Quién es el afortunado que pronto morirá? —preguntó mi gemelo tras aparecer súbitamente como era costumbre en él. Parpadeé al ser desconcentrado por su voz. Luego oí que masticaba algo—. ¿Le harás creer que te soñó cada vez que lo muerdas? Esos detalles no pasan desapercibidos, hermanito. Da por hecho que comenzará a sospechar y huirá.

Bufé.

—Ya te he dicho que dejes de husmear en mi mente.

—Me pides algo que tú no dejas de hacer con ese bocadillo —me volteé molesto y él enarcó una ceja antes de llevarse otro dulce a la boca—. ¿O qué? ¿Vas a decirme que no estabas controlando el sueño de ese humano al husmear en su cabeza?

—Lo que haga o deje de hacer con mis víctimas, no es tu problema —pasé de él para dirigirme hacia el refrigerador de donde saqué una bolsa de sangre Penta y clavé mis colmillos en ella para beber.

—Lo es si todo gira en torno a ese niño desde hace un año, cuando lo viste afuera de ese alejado club, y no haces otra cosa más que repetir en tu cabeza el recuerdo de lo mucho que disfrutaste el habértelo follado esa noche —escupió y volví a mirarlo tras dejar de alimentarme.

—¡Sigues leyendo mi mente! ¡Maldita sea, Marked! —lancé la bolsa de sangre a un lado y, a nuestra velocidad, me fui hacia él para empotrarlo contra el mueble que tenía detrás—. ¡Usa nuestra habilidad para meterte en la vida de otros, no en la mía!

—Soy tu hermano mayor y debo cerciorarme de que no cometas estupideces.

—Solo eres mayor por diez putos minutos.

—Pero lo soy —sonrió perverso y, de un ágil movimiento, me tomó por los hombros para girar nuestros cuerpos, entonces pudo quedar apretado contra mi espalda y yo de cara al maldito mueble—. Así como también soy el gemelo malvado y más fuerte de los dos.

Mi respiración se aceleró de la ira que me gobernó el cuerpo y torcí levemente mi cara en una mueca de molesto dolor cuando me empujó un poco más contra el mueble.

—Te he estado escuchando y observando por mucho tiempo, hermanito… y es la primera vez que permites que una presa, tan apetecible y fácil de cazar, viva por tanto tiempo a partir del momento en el que la marcaste para morir —susurró en mi oído y yo intenté zafarme de sus garras, sin éxito. Apretó más—. ¿Acaso a Tomi le mola el indefenso cervatillo?

—Suéltame, Marked.

—Fóllatelo de nuevo, si quieres, antes de alimentarte de él otra vez, pero asegúrate de que muera pronto. Sabes perfectamente que nada bueno sale de un mortal. Gracias a que nuestro padre fue uno de ellos, tu fortaleza se debilita si no te alimentas con más frecuencia de la habitual, por eso acudes a diario a estas bolsas de sangre asquerosas. Te tocaron los genes frágiles de la parte humana de nuestro incauto padre, espero que tampoco te haya tocado su estúpida bondad, porque eso solo lo llevó a encontrarse con la eterna oscuridad de la muerte —explicó sin deshacer el agarre que tenía en mí—. Como dije: aliméntate y mátalo, de lo contrario… me veré obligado a intervenir —dejó un húmedo y repugnante beso en mi sien—, porque no permitiré que nuestra especie quede en riesgo de ser descubierta por un enamoramiento mortal tuyo.

—No te atrevas a hacerle daño.

—¿Yo hacerle daño a un inocente mortal? Tú pusiste fin a sus días cuando permitiste que te reconociera al devolverlo a la vida. Yo solo terminaré lo que tú no tuviste el valor de terminar cuando debías.

—No tienes derecho. No eres nadie para decirme o no qué hacer con mis víctimas.

Rio desde su garganta sin apartarse de mi oído.

—Para que veas que no soy tan malo contigo, te dejaré jugar con el cervatillo hasta que su hermano regrese de la Universidad —continuó hablándome, pero telepáticamente—. Si para entonces, tú no has acabado con él, yo mismo me encargaré de extinguirlos a ambos —me soltó.

Inmediatamente, me giré para enfrentarlo, sin embargo, ya no estaba. Fruncí ambas cejas, irritado, aunque, no podía negar que también… muy preocupado por mi Colibrí. Que Marked supiese de él, me alertaba en todos los sentidos. Sabía que mi gemelo no solo buscaría hacerle daño a Bill por verlo absurdamente como una amenaza para nuestra especie (como él le llamaba), sino que buscaría hacerme daño a mí por no obedecerlo, y eso significaba la muerte asegurada de un ser por el cual yo sintiese algo humano.

&

Esperé a que el sol se ocultara ese día para poder salir en busca de Bill y acercarme a él de una vez sin dilatarlo más. Abandoné el exapartamento de Terry en el que me hospedaba, entonces lo vi.

—Hola, Colibrí —lo saludé cuando estuvo a punto de ingresar al departamento de su hermano.

—Hola… —respondió algo sorprendido y extrañado a la vez—. ¿Colibrí? Mi nombre es Bill.

—Me gusta más decirte Colibrí —dije con voz calma y pasé el reverso de mi dedo índice por encima del tatuaje en su cuello. De manera instantánea, su corazón comenzó a bombear sangre con mayor rapidez. Podía percibir su calor propagándose por todo su sistema y tragó saliva—. ¿Te molesta que lo haga?

—No… —se aclaró la garganta tras tomar un poco de distancia—, claro que no… ¿Y cómo debo llamarte a ti?

—¿No lo recuerdas? —indagué simultáneamente al verlo a los ojos para crear un escenario creíble en su mente, ya que yo le había dicho mi nombre en su sueño y no en la vida real que le permitía recordar. En cierta forma, Marked tenía razón: Detalles de este estilo lo harían sospechar y mi Colibrí huiría—. Ayer cuando nos topamos en el pasillo, te dije que me llamo Tom.

—¿Me lo dijiste? —abrió sus ojos como platos al tiempo en que hacía un sonido de asombro desde su garganta.

—Sí.

—Disculpa, creo que lo olvidé por completo… aunque igualmente, me deja más tranquilo.

—Tranquilo, ¿por qué? —pregunté fingiendo no saber a lo que se refería, cuando en realidad, mientras hablábamos, toda la conversación con él mismo yo estaba oyéndola y tenía muy presente su supuesto “sueño” conmigo.

—Am… nada. Por un sueño que tuve.

—¿Conmigo?

—¿Qué? —cuestionó nervioso y sus pulsaciones aumentaron.

—Dijiste que tuviste un sueño y, que te haya mencionado mi nombre con anticipación, te deja tranquilo. ¿Acaso soñaste conmigo, Colibrí?

—S-sí… pero es confuso. Fue como un recuerdo del choque que tuvimos ayer en la tarde. Creo que me fui a dormir sintiéndome muy culpable por no haber podido ayudarte a causa de que mi hermano llegó y me obligó a ir con él —explicó un tanto nervioso, debido a que estaba inventando sobre la marcha para no decirme su verdadero sueño. Cuando puso atención a sus llaves por un segundo, aproveché para divisar la bolsa que traía en su mano libre, entonces recordé el otro detalle que debía enmendar.

—Ohh… no te preocupes por eso —dije para dar por finalizado el tema—. ¿Sabes? Anoche dejaste tu bolsa de residuos aquí en el pasillo, junto a tu puerta y yo me tomé el atrevimiento de ir a tirarla cuando fui a tirar la mía —mentí relajado y sus ojos se abrieron con asombro—. Espero que no te moleste.

—No, no… de hecho, ahora que me lo dices, todo tiene sentido —dijo tras parpadear y tragó otra vez—. Evidentemente, este último tiempo mi memoria anda bastante mal, porque no recuerdo haber sacado la bolsa… es decir, creí que la había dejado dentro del apartamento y, el no verla al despertar, me dejó muy confundido —explicó con notorio alivio en su tono de voz—. Muchas gracias por el gesto, pero no te hubieras molestado…

—Tranquilo, no es molestia —le sonreí con calidez cuando sus ojos se posaron en los míos y, extrañamente, mi frío corazón galopó con fuerza. Aclaré mi garganta y devolví mi atención a la bolsa en su mano—. Disculpa, pero hay un fusible averiado en el tablero que da electricidad a todo mi departamento y, bueno, yo trabajo durante la noche desde mi computador, por ello, dormí todo el día y acabo de despertar, fue entonces que me di cuenta de que no tiene batería… ¿Me permitirías pasar para cargar unos minutos mi laptop? De verdad necesito conectarme en menos de dos horas o el sistema enviará una alerta a la empresa avisando que no lo estoy y tendré problemas.

—Trabajas por la noche… —«Ahora Gustav tendrá que tragarse sus dudas», se escribió en su mente—. Am… déjame ver un momento —dijo con una expresión que no supe descifrar—. Creo que mi hermano tiene un cargador portátil por aquí.

Agregó y debí disimular mi molestia con una simpática sonrisa, ya que no me invitaba a pasar. Cuando me dio la espalda para adentrarse en su apartamento, dejó la puerta abierta y me miró de reojo.

—¡Hola, Pumbi! —saludó al can cuando este se paró en dos patas para apoyarse en sus piernas. Acto seguido, giró su cabeza hacia mí y me mostró sus colmillos. Definitivamente, el perro sabía que yo no era humano—. Tranquilo, Pumba. Ven conmigo, debo buscar algo y te traje galletas.

Me crucé de brazos viendo cómo dejaba sobre el sofá las bolsas que había llevado del supermercado, para buscar dentro un paquete que de inmediato identifiqué como galletas para perros. Apoyé mi lado izquierdo en la parte externa del marco de la entrada. Observé todo el borde, maldiciendo por dentro aquella imposibilidad de adentrarme en una casa que no era mía. Debilidad de la cual disponíamos todos los vampiros hasta que éramos invitados a pasar al hogar de un mortal.

Volvió a mirarme un momento.

—¿Es cierto lo que me han dicho de ti, Tom? —preguntó y fruncí el entrecejo sin comprender, aunque me puse en alerta.

—¿Qué cosa?

—Que… siempre vistes la misma ropa.

—Ohh… sí, es verdad.

—¿Por qué? —continuó indagando mientras revisaba uno a uno los cajones del mueble principal de la sala.

—Por costumbre. No me gusta perder tiempo en elegir prendas y, como me mola vestir de negro, no veo por qué cambiar la ropa. Si llama mi atención el tipo de prenda, entonces me compro varias del mismo color y listo.

—Ohh… solución muy inteligente de tu parte.

Me detuve a observarlo en silencio. Sus latidos estaban ya más calmos, aunque su cabeza era un revuelo. Me concentré en escuchar sus pensamientos.

«Otra cosa de las que le dije a Gustav respecto a este chico, en la que también tenía razón. Joder…, ¿mi hermano realmente tiene un cargador portátil? Si no lo encuentro, quedaré como un idiota, sumado a que no podré ayudarlo como tampoco lo ayudé ayer en la noche luego del accidente que tuvimos».

Fruncí el entrecejo. ¿Él de verdad quería ayudarme?

«La oportunidad perfecta para hablarle y volverlo a ver, y lo echo a perder diciendo mentiras para retenerlo allí. El pobre muchacho está esperando. Van a sancionarlo o a echarlo de su trabajo si no consigo hallar el maldito cargador portátil que en realidad no sé si está en alguna parte de la casa, porque no sé si existe, y todo por mi culpa».

—¿Sabes? La ropa negra te hace ver más pálido. Quizás, alguna que otra prenda, de un tono más claro, te haría lucir diferente.

—No me gustan los colores. Tú también usas ropa negra. Ayer, cuando te conocí, traías puesta otra ropa, pero del mismo color.

—Sí, solo que yo la combino con algún detalle en color blanco, gris o beige. Por eso tengo mechas blancas hechas en mi cabello oscuro —dijo devolviéndose a mí un momento—. Podrías probar algo diferente algún día, Tom. Los cambios asustan, porque son cosas nuevas y desconocidas, pero nos dan la oportunidad de ser mejores.

Añadió con un dulce gesto mientras se aproximaba a mí con el cargador en la mano. Aquella última frase me había hecho sentir extraño.

—Aquí hallé el cargador portátil de mi hermano, espero que te sirva —dijo tras salir nuevamente del apartamento y me extendió el aparato.

—¿Quién te dijo eso de mí?

—¿Lo de tu ropa? —interrogó aún sosteniendo el cargador en el aire, ya que yo no lo cogía.

—Sí.

—Am… no lo recuerdo… —respondió y supe que estaba mintiéndome. En su cabeza se maldecía a sí mismo y mencionaba a su hermano—. Lo siento, yo no quise meterme en tu vida privada…

—No importa, está bien —contesté haciendo mi cabeza a un lado, debido a que su hermano mayor parecía convertirse en la piedra de mi zapato al tenerme en la mira por alguna razón, y yo ya tenía suficiente con el mío propio—. ¿Sabes? Gracias por el cargador, pero consérvalo. Regresaré a mi apartamento, quizás la luz haya vuelto.

—Pero dijiste que se había averiado un fusible…

—Eso; sí. Trataré de arreglarlo yo mismo —me fui en dirección al fondo del pasillo del piso en donde estábamos para adentrarme en mi departamento.

—Espero que puedas arreglar la luz y éxitos con tu trabajo, Tom… Si necesitas algo, sabes que puedes contar conmigo —casi gritó desde la distancia y me volteé para verlo. Una tierna sonrisa adornaba sus carnosos labios. Una vez más, mi muerto corazón latió violentamente recordándome que ese humano, un año atrás, me había devuelto el sentir.

—Te veré mañana, Colibrí —respondí en tono bajo, pero permitiendo que solo él pudiera escucharme, y su sonrisa se ensanchó.

Había olvidado lo vivo que me hacía sentir la ternura y bondad de mi dulce Colibrí. Y sabía que eso solo significaba problemas.

Continúa…

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