Vampiro FIN

Vampiro FIN

Fic TOLL de Leonela

Capítulo III

Por Bill

—Gracias por acompañarme a pasear a Pumba una vez más, creo que ya comienzas a agradarle —dije con cierto nerviosismo, ya que, mientras caminábamos, el ambiente fue muy agradable y extraño a la vez. De hecho, los roces que veníamos teniendo desde hacía una semana, eran bastante sensuales al igual que el modo en el que me miraba al hablar.

Abrí la puerta para dejar entrar al cachorro y la arrimé un poco evitando que volviera a salir en el tiempo que me despedía de Tom. Al darme la vuelta, lo vi cómo observaba al can con una leve sonrisa a través del espacio que yo estaba cerrando.

—Dormirá bien esta noche.

—Sí, totalmente —reí.

—¿Y tú? —preguntó casi sin dejarme terminar de responder y mi sonrisa se desvaneció poco a poco al verlo a los ojos.

—¿Yo…?

—Sí: tú. ¿Dormirás bien esta noche, Colibrí? —cuestionó otra vez y apoyó una mano en el marco de uno de los lados de la entrada.

—Lo… lo intentaré… Creo —tartamudeé y sonrió. Con su otra mano colocó algunos de mis cabellos tras mi oreja cuando agaché la cabeza a causa de la repentina timidez que me envolvía.

—¿Me permites hacer algo para ayudarte a que tengas dulces sueños?

Indagó de pronto, entonces, alcé la vista, asombrado. Por un instante, mis ojos se desviaron hacia sus labios y no pude evitar morder los míos. Volvió a sonreír y yo asentí. Con lentitud, empezó a aproximárseme sin deshacer el contacto visual. Cerré los párpados cuando percibí su tibio aliento sobre mi boca.

Mi móvil sonó. Se detuvo y abrí los ojos nuevamente. Se apartó un poco para dejarme algo de espacio cuando saqué el aparato de mi bolsillo.

—Mierda, es mi hermano.

—¿No vas a atender?

—No, es una videollamada. Él no quiere que hable… —lo miré de reojo al percatarme de lo que estaba a punto de decir—. …con nadie de aquí. Es algo sobreprotector. No importa —silencié el teléfono y lo devolví a mi bolsillo. Luego lo llamaría—. Amm… bueno, Tom —carraspeé—, es un poco tarde, así que le daré de comer a Pumba, me ducharé e iré a dormir.

Expliqué repentinamente intimidado por su inquisitiva forma de verme.

—Buenas noches —lo miré de manera fugaz y me giré para entrar al apartamento de mi hermano. No obstante, una presión en mi brazo al ser rodeado, me obligó a voltear, entonces sus labios atraparon los míos. A su mano libre la posó a un lado de mi rostro para un mejor apoyo y nuestras bocas empezaron a moverse con lentitud.

Por mi parte, descansé ambas manos en su pecho, por encima de su negra y lisa playera de mangas largas, y correspondí gustoso de al fin poder probar esos labios que se me antojaban desde hacía días. Para mi sorpresa, me empujó un poco para que mi espalda diera contra la pared y se presionó contra mí, arrancándome un inesperado jadeo, que se perdió dentro del beso. Apreté su ropa en mis puños y me dejé llevar por la intensidad con la que me besaba. Sentía que mi alma estaba flotando… como si hubiera extrañado sus besos…

—¿Bill? —oí a mi derecha y nos detuvimos de inmediato volteando hacia allí.

—Geo… —espeté con los ojos muy abiertos. Posé una mano en mis labios para limpiar, con disimulo, los restos de saliva de Tom. No podía ser cierto… —. ¿Qué haces ahí?

—Tu hermano no pudo comunicarse contigo, así que, como sabía que estaría en el departamento de mi cuñado que vive en la planta baja, me pidió que viniera a ver que estuvieras bien. Pero, por lo que veo… lo estás —respondió alternando su atención entre mi acompañante y yo. Miré de manera efímera a Tom y me reacomodé para cruzarme de brazos.

—Gracias por venir hasta aquí. Enseguida llamaré a Gustav —dije sin hacer mucho más contacto visual con el mejor amigo de mi hermano, ya que sentía que toda mi cara estaba tan roja como la bandera china.

—Bueno, Bill. Nos vemos. Adiós, amigo —se despidió. Le presté atención un segundo, entonces vi que le guiñaba un ojo a Tom antes de marcharse.

Apreté los párpados con fuerza y cubrí mi rostro con ambas manos, maldiciendo internamente.

—Estoy jodido…

—¿Quién era?

—El mejor amigo de mi hermano.

—Tengo el presentimiento de que estás ocultándome de tu hermano. ¿Puede ser?

Clisé mis ojos en los suyos.

—Como te dije, Gustav me protege demasiado y… bueno. Ahora que está fuera de la ciudad por sus estudios, trata de asegurarse de que no hable con extraños y que esté a salvo. Es todo —respondí con prisa.

—Yo te cuidaré y siempre te mantendré a salvo —expuso con un tono de voz apacible y sentí que se me aflojaban las piernas de lo dulce que había sonado aquello para mí. Suspiré sin querer alejarme de él, pero debía hacerlo. Había una llamada por la que —estaba seguro— Gustav aguardaba.

—Eres muy amable —solté sin poder ocultar la boba sonrisa que se me escapaba de los labios—. Ahora perdóname, pero tengo que irme. Gracias por todo —agregué e ingresé al apartamento. Lo miré una última vez.

—Espero que tengas dulces sueños, Colibrí —dijo jugando sensualmente con el piercing de su labio y sonrió.

—Igual tú, Tom… —contesté con voz suave, hipnotizado por su mirada, y me mordí el labio inferior.

Cerré. Descansé mi espalda en la madera de la puerta y cerré los ojos tras acariciar mi boca con la punta de mis dedos, rememorando el reciente beso. «¡Por supuesto que tendré dulces sueños, Tom!», grité emocionado en mi mente.

—Ojalá mis sueños empiecen a tener tu cara… —solté en un bajo susurro, al tiempo en que sonreía con un suspiro de por medio, entonces mi móvil vibró en mi bolsillo. Sobresaltado, lo cogí y atendí. Me adentré un poco más en la sala con el aparato frente a mí, ya que era una videollamada—. ¡Gusti!

—¿Por qué no me atendiste antes?

—Es que no escuché cuando sonó.

—Debí mandar a Geo a cerciorarse de que estuvieras bien.

—No era necesario, Gustav. Soy un adulto, puedo cuidarme solo.

—Eres un adulto, pero no eres lo suficientemente responsable aún… —iba a decirle algo, indignado, pero su tono disminuyó mientras se aproximaba un poco más a la pantalla; más específicamente a la cámara, como si tratase de distinguir algo. Sus cejas se relajaron de manera extraña —¿Dónde estabas?

—Había salido a pasear a Pumba y por eso no escuché el móvil…

—¿Solo? —interrumpió.

—Sí, ¿por qué?

—Porque aquí, Geo, me acaba de enviar un mensaje diciendo que te vio de maravilla y que no me preocupara, porque estabas besándote en la puerta de mi apartamento con un tío alto y muy bien parecido de trenzas africanas negras.

Hice mi rostro a un lado y apreté los párpados.

«Estúpido y boquiflojo Georg».

.

Por Tom

Dejé las llaves sobre el mueble y me tiré en el sofá. Coloqué ambas manos tras mi nuca para ponerme cómodo. Cerré los ojos trayendo a mi mente el reciente recuerdo del beso que al fin había podido darle a mi Colibrí luego de tanto tiempo. Sonreí. Me mordí y relamí los labios una y otra vez, totalmente embobado con la imagen mental.

Era la segunda vez con él que yo había tenido que dar el primer paso. Aquellas víctimas a las que seduje en el pasado, siempre me besaban primero y luego… bueno, yo me encargaba de obtener lo que necesitaba de ellas: Su vida. Pero con Bill todo eso había sido diferente desde el principio. Si bien percibía todas las señales de que se sentía muy atraído hacia mí, en ningún momento trató de acercárseme de manera sugestiva ni me insinuó nada. Y, por sobre todas las cosas, lo que más captó mi atención fue que él, a pesar de todo, todavía no me invitaba a pasar a su apartamento. Ni siquiera después del ardiente beso de minutos atrás.

Sonreí de nuevo.

Mi Colibrí era distinto. Mi Colibrí era… inocente.

Respiré con profundidad y me relajé en mi lugar. Hoy no manipularía sus sueños. Hoy permitiría que su mente elaborase los escenarios que quisiera, de manera libre, y yo solo sería su espectador. Hasta ahora, Bill me sorprendía con su comportamiento y sus actitudes. Él me sorprendía siendo quien era, entonces yo… solo lo dejaría seguir siendo, porque era eso lo que cada vez me atrapaba un poco más.

—Maldita sea, necesito probarlo de nuevo.

&

Desperté tras oír el tintineo de sus llaves y supe que estaba a punto de salir. Me levanté, me vestí velozmente y salí. Desde mi puerta, miré hacia el pasillo y lo vi, de espaldas, caminando hacia las escaleras. Lo seguí sin que lo notara. Aguardó en la entrada del edificio con su móvil en la mano, viendo la pantalla de este, de vez en vez. Recargó su cuerpo contra la pared y se dispuso a esperar.

—Buenas noches, Colibrí —lo saludé al acercarme a su oreja y él se volteó de inmediato.

—Joder, Tom… me asustaste —expresó colocando una mano en su pecho como gesto inesperado.

—Lo siento… —me le aproximé con el fin de, poco a poco, llegar a su boca como la noche anterior. Para mi sorpresa, hizo su rostro a un lado y se movió levemente creando distancia entre ambos. Fruncí el entrecejo, descolocado—. ¿Qué ocurre?

—Nada, ¿por qué? —se cruzó de brazos y sus latidos se incrementaron.

—Bill… —posé mi mano derecha en su perfil, pero me alejó sin pizca de brusquedad.

—No quiero ser grosero, Tom, pero no puedo. Mi hermano está muy disgustado conmigo, porque Georg le dijo que me vio besándome con alguien en la puerta de su apartamento y bastó con darle una sutil descripción de ti para que descubriera que eras tú —me miró con tristeza—. Seré sincero contigo: Me gustas, pero no quiero tener problemas con mi hermano. No quiere que me acerque a ti ni que tú te acerques a mí, por lo que tampoco puedes entrar a su hogar. Y yo no vivo aquí. Como te conté días atrás, yo vivo en otra ciudad.

—Entonces, vayamos a tu ciudad.

—Pero, Tom… no puedo dejar a Pumba…

Me acerqué a él y lo cogí por la barbilla para que me mirara otra vez.

—Estará bien esta noche.

Su expresión se relajó y asintió con lentitud, hipnotizado por mi poder. No quería controlar su mente, pero me urgía estar a solas con él. Me urgía probarlo.

Miré la pantalla de su celular cuando vibró en su mano y descubrí que estaba esperando un Uber. Esta vez, descartaría la opción de llevarlo en mi auto.

—¿Me llevarás a tu casa, Colibrí? —asintió aún bajo el efecto de mi control.

«Cogeremos ese coche que pediste e iremos a tu hogar», le indiqué telepáticamente y él volvió a asentir. Su cabeza se movió en dirección al Uber y caminamos hacia allí para subirnos. Le dio la dirección al conductor y este arrancó de inmediato.

Al llegar, nos bajamos y me llevó hacia la entrada de su hogar. Buscó las llaves en su bolsillo, abrió la puerta y permitió que pasara.

Me adentré con él y vi que se quedó de pie junto al sofá tras hacer un par de pasos. Claro, continuaba bajo los efectos de mi hipnosis. Me le acerqué y comencé a pasar mis manos por su rostro, cuello y lados de su cuerpo. Cerré los párpados para deleitarme con mi percepción de su flujo sanguíneo recorriendo sus venas bajo su aterciopelada piel. Inhalé con profundidad para tener registro de su olor en consonancia con el de aquel lugar en el que, un año atrás, yo había estado y lo había hecho mío. Besé la comisura de sus labios para, suavemente, deslizarme hacia su mentón y llegar a su cuello, en donde arrastré mis dientes por encima de aquel colibrí tatuado en su piel que, día tras día, se volvía una obsesión para mí.

Pero no. Algo no estaba bien. Sus manos continuaban inertes a ambos lados de su cuerpo y eso no era lo que quería de él. Necesitaba que se entregase a mí siendo él mismo y no bajo los efectos de mi control. Así que, en contra de todas las normas, yo, simplemente, lo liberé.

Parpadeó una vez y me miró un momento antes de comenzar a hacerlo con su alrededor. Arrugó la frente, totalmente desentendido de las circunstancias.

—¿Tom? ¿Qué hacemos aquí? ¿Cómo llegamos a mi casa?

—¿No lo recuerdas, Colibrí? Hablamos un momento en el edificio donde vive tu hermano y luego me invitaste a tu casa. ¿Te encuentras bien? —mentí tras coger su rostro con suavidad, regalándole mi mejor expresión para que se tranquilizara. Su corazón se aceleró.

—No… no recuerdo cómo llegamos hasta aquí. Dios mío, otra vez está pasándome esto… ¿qué ocurre conmigo?

—Shh… tranquilo. Somos tú y yo, no estás con un desconocido —lo atraje hacia mí para besarlo, pero me empujó con molestia.

—Vete de mi casa. No recuerdo haberte invitado y… y… esto es muy extraño. Yo no invito a cualquiera a mi hogar. Solo nos hemos visto durante una semana y me besaste anoche. No te conozco, Tom.

—Hey, tranquilízate. Soy yo, Colibrí. No te haré daño.

—No lo sé —retrocedió y lo miré absorto por su inesperada reacción—. No sé quién eres, Tom.

Nos quedamos en silencio por largos segundos, tan solo viéndonos.

«Vete, por favor… Esto es tan confuso… Quiero irme, quiero salir de aquí…, pero no debe darse cuenta de que, en este momento, le tengo miedo…».

Escuché. Necesitaba que se calmara; necesitaba que dejara de creer que yo era una amenaza para él.

Con mucho cuidado y sin deshacer el contacto visual, fui aproximándomele nuevamente, viendo cómo continuaba retrocediendo, hasta que dio contra un mueble al cual miró de manera fugaz y se devolvió a mí con sus latidos a mil y el rostro vestido de terror.

Debía tranquilizarlo. Me tenía miedo y, por alguna razón, eso me dolía.

Acerqué una de mis manos a él hasta posarla a un lado de su rostro, con sutileza.

—Tranquilo… no tienes porqué temer —susurré ya con mi cuerpo un poco más próximo al suyo. Él parpadeó un par de veces y su respiración se aceleró un instante—. Quiero que entiendas que jamás le haría daño a un Colibrí tan hermoso como tú —agregué con una cálida sonrisa. Acaricié el costado de su rostro hasta llegar a su nuca y perdí momentáneamente mis dedos en su cabello tras generar un sutil masaje. Oí que sus pulsaciones disminuían poco a poco hasta que cerró los párpados, respiró profundo y sus labios se curvaron en una muy tenue mueca risueña—. Ven aquí, Colibrí —dije tirando de él con suavidad para apegarlo a mi pecho y rodearlo con mis brazos. Para mi sorpresa, me abrazó con mucha fuerza, como si de repente no quisiera que me alejara.

—Lo siento tanto, Tom… mi comportamiento es vergonzoso, lo sé. Es que… me cuesta confiar en las personas luego de lo que me ocurrió hace un año —explicó con cierta congoja en su tono de voz. Yo fruncí el ceño sin dejar de abrazarlo, ya que sabía a lo que se refería y yo era el único culpable—. Quise minimizarlo para que no fuera un peso para mi día a día, para no vivir con miedo… pero la verdad es que yo sé muy bien que esa noche alguien me atacó, aunque no recuerdo lo que pasó con exactitud —se apartó brevemente para mirarme a la cara—. Desperté con una marca extraña en el cuello y el cuerpo adolorido como si… como si hubiera tenido sexo toda la noche, pero no me sentía violado, sino, más bien, con una rara sensación que me daba vergüenza aceptar. Era una sensación de… placer. Como si mi alma entera se hubiera fusionado a la de otro hombre y este logró marcar cada partícula de ella, porque mi cuerpo lo había esperado toda la vida —agachó la cabeza y se cubrió el rostro, explícitamente avergonzado—. Es tan vergonzoso todo esto… no puedo creer que te lo esté contando. Solo lo sabe Eldwin, mi psicólogo, y ahora tú. Ni siquiera tuve el valor de decírselo a Gustav. Con lo sobreprotector que es, se habría enfurecido y creería que me habían drogado o algo, y me habría obligado a hacer una denuncia.

Sus palabras fueron la sinfonía perfecta para mis oídos. Todo aquello lo había sentido conmigo, porque sí era cierto que nuestras almas se fusionaron esa noche. El Colibrí no tenía idea de que por sus venas corría parte de mi sangre y la atracción sería inevitable e irreversible para siempre. Lo que me produjo cierta incertidumbre, fue que dijera que su cuerpo lo había esperado toda la vida.

Cogí su rostro por el mentón para elevarlo hasta conectar nuestras miradas otra vez. Con mi otra mano, acaricié su cabello y le brindé toda la calma que fui capaz.

—No tienes que sentirte avergonzado conmigo. Yo jamás te juzgaría —expresé en voz baja y una dulce y tenue sonrisa se imprimió en sus labios.

Fue entonces que decidí no obligarlo a nada como tampoco iba a hipnotizarlo de nuevo para que respondiera a mis deseos. Simplemente, permitiría que fuera él quien me eligiera a partir de lo que sentía por mí, utilizando palabras que él ya había escuchado de mí en nuestro pasado.

—No voy a mentirte. Me gustas mucho y he estado deseando besarte toda la jodida noche. Quizás suene muy trillado, pero me resultas una persona increíble de verdad. ¿Puedo darte un beso? —cité aquel pedido que le había hecho la noche en la que nos conocimos y su reacción fue fruncir el entrecejo, extrañado, aunque nada nervioso—. Esta vez… quisiera darte un beso porque tú quieres y no robártelo como lo hice anoche.

—Anoche… yo también deseé ese beso, Tom —fue su respuesta y, acto seguido, adosó nuestros labios con una ternura inimaginable para mí. Mis ojos permanecieron abiertos unos breves segundos mientras procesaba aquel acto tan dulce y despojado de lujuria que me era completamente ajeno y que, a su vez, solo había experimentado con él. Razón por la que el Colibrí me había atrapado desde un comienzo.

Cerré los párpados y suspiré dejando que él tomara el control de aquel beso… y de mi corazón.

.

Por Bill

—Suerte que sacamos a Pumba a dar su último paseo del día, antes de venir, porque hacía mucho frío para él, y le dejé su comida y agua en caso de que me demorara en regresar —dije mientras acababa de lavar los trastes que usamos al cenar.

Era la segunda semana que Tom venía a mi casa. Desde un principio, platicamos mucho sobre nosotros, para seguir conociéndonos. Y, si bien Tom era muy agradable y se comportaba como todo un caballero, seguía resultándome algo misterioso. Me contó que, años atrás, fue parte de un equipo de básquet llamado los CS Tasmania Berlín, en donde le pidió a su Coach que lo apodase Henry, ya que ambos tenían el mismo nombre. Sin embargo, tiempo después, el hombre sufrió un grave accidente —del cual no le dieron detalles—, y cayó en coma. Una historia terrible.

Al ver que la hora se nos escurría tras cada momento que pasábamos juntos, Tom sugirió pedir comida y ver una película. Como era pasada la medianoche, sería imposible hallar un restaurante de comida rápida abierto, por lo que me puse a cocinar algo simple mientras continuábamos hablando. Nos sentamos a ver una película, pero, para mi vergüenza, me quedé dormido en pleno filme tras acomodarme junto a Tom al este pasar su brazo por detrás de mi nuca y hombros. Al despertar, me encontraba sobre su regazo mientras él acariciaba mi cuello.

Sonrió con ternura cuando me vio abrir los ojos.

—¿Tom?

—Buen día, Colibrí dormilón… —saludó acariciando mi cabello. Abrí los ojos sobremanera al caer a Tierra firme otra vez y, de un salto, me senté en mi lugar para verlo con detenimiento.

—No me digas que me dormí… —dije, notando mi voz un poco ronca, y mis cejas se curvaron en una mueca lastimera.

—Solo un momento.

—¿Un momento? —cogí mi móvil de la pequeña mesa que estaba frente a nosotros y miré la hora. Deseé que la tierra se abriera en dos y me tragara—. No puede ser… son las cinco de la mañana —espeté avergonzado hasta la médula y al tiempo en que me odiaba internamente—. Lo siento tanto…

—Calma, Colibrí —acunó mi rostro entre sus manos—. Solo fue un momento.

—¿Le dices “un momento” a más de cuatro horas? ¿Qué clase de momentos hay en tu planeta? —medio bromeé, porque ya me estaba frustrando de verdad—. Eres mi invitado y te dejé solo al dormirme. Eso es algo malo.

—Que eso sea algo malo para ti, no significa que lo sea para mí —justificó mi descuido con la misma dulzura que me regalaba su mirada. Me sentí peor.

—¿Por qué eres tan dulce? Apenas nos conocemos hace poco más de tres semanas, aunque, debo confesar que, desde el principio, siento conocerte desde hace más tiempo —expuse para enseguida colocar mis manos sobre las suyas —que continuaban sosteniendo mi rostro—, y su mirada cambió, pero no sabría explicar de qué manera.

—Tal vez… nos conocimos en otra vida —respondió entre pausas, ya que fue disminuyendo el tono de voz cuando sus ojos se enfocaron en mis labios. Me los relamí y mordí al tiempo en que me centraba en los suyos y luego nuestras miradas se encontraron—. ¿Crees en otras vidas, Colibrí?

—Yo creo… en lo que siento justo ahora.

Lo besé. Rápidamente, me apegó a su cuerpo y yo me impulsé un poco hasta quedar con una pierna a cada lado de su regazo. Deslizó ambas manos hasta llegar a mi trasero, y ejerció sensuales caricias por todo él; desde arriba hacia abajo y luego en círculos, una y otra y otra vez, hasta que lo apretó con vehemencia para enseguida ponerse de pie conmigo aferrado a su cuello sin deshacer el beso. Mi espalda chocó contra la pared más cercana, entonces Tom desplazó sus hambrientos besos por mi mejilla hasta llegar a mi cuello.

—Ahh… —jadeé en su oído, totalmente excitado. Sin embargo, su respuesta fue un gruñido al rozar sus dientes en mi piel y me bajó al instante. Apoyó ambas manos en la pared, acorralándome, y su cabeza se mantuvo baja. Fruncí ambas cejas, sin comprender lo que ocurría—. Tom… ¿te encuentras bien? —pregunté repentinamente asustado a causa de su cambio radical—. ¿Tom?

Cuando quise alzar su rostro para verlo, se volteó con rapidez para quedar de espaldas a mí. Me mantuve apoyado en la pared, viendo a mi acompañante sin entender qué era lo que le pasaba.

—Tom… ¿dije o hice algo malo?

—No, Colibrí… —contestó al cabo de unos segundos tan solo en silencio. Lo oí respirar con profundidad—. Perdóname, pero debo irme.

Soltó de pronto y lo sentí como un empujón. «Creí que estábamos pasándola bien juntos…», dije en mi mente, con cierta tristeza al notar que algo había cambiado. «Me apresuré… es eso. Ahora no querrá volver a verme, porque debe creer que soy un chico fácil. Qué imbécil soy…».

—No —se giró de inmediato, sorprendiéndome tras agarrarme por ambos lados del rostro y enfrentarme al suyo—. Me encantas, Bill. Puedo jurarte que todo de ti, me enloquece. No has hecho nada malo y jamás pensaría algo indebido de ti —dijo con sus ojos clisados en los míos y yo parpadeé repetidas veces, ya que, por un segundo, pensé que acababa de leer mi mente—. Que ahora me vaya, no tiene que ver contigo, sino conmigo. Quiero que vayamos despacio para que podamos conocernos mejor… —pasó sus pulgares por mis labios y relamió los suyos. Apretó los párpados y volteó el rostro en dirección a la ventana de la sala—. Se aproxima el amanecer y yo… —se devolvió a mí— debo compensar las horas que no trabajé en mi turno noche. Te veré mañana, mi Colibrí precioso.

Me besó de manera apacible. Lo acompañé hasta la puerta y se marchó.

&

Tom se encargaba de secar los trastes que yo lavaba y me preguntaba en dónde iba cada cosa. Era la tercera semana que lo invitaba a mi casa, a cenar, y, nuevamente, me quedaba dormido junto a él en el sofá. Debo admitir que, abrir los ojos y encontrarme con los suyos, mirándome con ese extraño brillo en ellos, me encantaba. Además, era obvio que me transmitía una inmensa paz el estar a solas con él, de lo contrario, no podría dormirme tan ridículamente rápido.

Esta vez, eran casi las seis de la mañana y él aún no mostraba indicios de querer irse como la vez anterior.

—Los vasos van en el último cajón de la encimera.

—¿Guardas los vasos en un cajón? —cuestionó con cierto asombro. Reí.

—Sí, porque la cocina de este departamento es muy pequeña, por lo tanto, algunas cosas debí distribuirlas en donde pude —expliqué con vaguedad al tiempo en que acomodaba los últimos utensilios en el escurridor de platos y empecé a secar mis propias manos con otro paño para luego continuar secando lo que quedaba y guardarlo también.

—Es la primera vez que conozco a alguien que guarda vasos en un cajón.

—No te alarmes tanto, Tom. Desde que mi hermano se mudó, dejó algunas de sus cosas aquí para que yo las utilice y no puedo hacer mucho con ello. Solo soy yo en todo el apartamento.

—Cuando quieras, podríamos ser dos… —lo oí hablar repentinamente muy cerca de mi oído, por lo que me volteé asustado.

—Hostia… —exclamé con el corazón en un hilo al tenerlo frente a mí—, qué sigiloso eres para moverte. Creí que seguías al otro lado de la mesada, guardando los vasos.

—Es una cocina muy pequeña, tú lo has dicho —hizo una pausa al acomodar mi cabello tras mi hombro. Luego, la misma mano la apoyó a palma abierta a la altura de mi corazón y clisó su mirada en la mía—. Late muy fuerte, Colibrí… ¿te pongo nervioso?

—No…, solo me… sorprendiste bastante al llegar a mí tan rápido y en tan increíble silencio —contesté con un inevitable nerviosismo en el tono de mi voz—. Y bueno…, no voy a mentirte, Tom, también me pones algo nervioso, porque me gustas mucho.

No podría describir la expresión que se dibujó en su rostro ni bien acabé de hablar, pero me quedó claro que no lo esperaba en absoluto.

Descansé mi mano izquierda sobre aquella que él tenía en mi torso y, sin deshacer el contacto visual, llevé mi otra mano a su mejilla.

—Mi honestidad es mi némesis y… tal vez lo que te diga ahora me condene para siempre, pero, a pesar de que eres un tanto misterioso, no puedo negar que me tratas con mucha ternura y me haces sentir seguro —me besó. Sorprendido, aunque no menos satisfecho por el contacto, le correspondí. Sus labios se movieron sobre los míos con tranquilidad, como si pidiera permiso para todo.

De pronto, se detuvo. Me apartó escasos centímetros de él para tenerme cara a cara. Paseó su dedo pulgar por mi cuello, a la altura de mi tatuaje, lo miró por unos segundos y enseguida se devolvió a mis ojos.

—Yo no puedo hacerte daño, Bill… —dijo en un susurro—. Tú eres mi dulce Colibrí —añadió y me abrazó. Sin entender mucho, igualmente lo rodeé con mis extremidades y descansé mi mejilla en su pecho mientras él acariciaba mi cabello con suavidad.

—No quiero sufrir por amor… —espeté casi en un tono de súplica inconsciente. Sus caricias en mi cabeza se detuvieron un instante—. No quiero que te conviertas en una amenaza para mi bienestar, Tom —tomé un poco de distancia para volver a verlo—. Por favor…

—Colibrí, yo…

Mi móvil sonó. Apreté los párpados, cansado, ya que sabía que era mi hermano.

—Lo siento… solo me tomará un segundo —me disculpé deshaciendo nuestro contacto y caminé los breves tres pasos que me separaban de la mesa en donde estaba mi celular. Atendí—. Hola, Gusti.

—Hola, Billy. Quería saber si está todo bien por allí, ya que ayer no pude llamarte a causa de lo atareado que estuve todo el día.

—Sí, todo está en orden. Saqué a Pumba a pasear antes de que se hiciera muy tarde, porque aquí hace mucho frío. Luego le di de comer y —miré a mi acompañante, un instante, antes de continuar hablando. Él me veía sentado en la encimera— me vine a mi casa otra vez para corroborar que todo estuviese bien también, pero me quedé dormido en el sofá… Pero en un rato estaré regresando a tu apartamento, no te preocupes.

—¿Qué? No, no regreses a estas horas. Si me dices que Pumba paseó anoche y comió, entonces estará bien para cuando vuelvas. No te preocupes.

—En verdad puedo ir ahora, Gustav. Aún falta para el amanecer…

—Que no. Es muy temprano. Prefiero que te quedes en tu casa y regreses a la mía a media mañana.

—De acuerdo, Gus. ¿Tú estás durmiendo estos días? Si me llamas a esta hora, entonces aún no te has acostado…

—En un rato. Estoy terminando unos proyectos, así luego me ducho y me acuesto, ya que hoy curso por la tarde. Primero quería saber que estuvieras bien para quedarme tranquilo —explicó con tranquilidad y supe que tenía al mejor hermano mayor de la Tierra.

—Te quiero mucho, Gusti… —dije enternecido por la transparencia con la que siempre me hablaba. A pesar de a veces tornarse algo pesado con su sobreprotección, no podía negar que era el único que se preocupaba por mí. Todo aquello me hacía sentir algo culpable por estar ocultándole lo que comenzaba a tener con Tom… sin embargo, ya había hablado también de mi hermano con mi terapeuta y, que él intentara ocupar el lugar de padre, no era asunto mío. Por ende, yo podía hacer mi vida con completa libertad.

—Yo a ti, Billy. No sabes cuánto.

—Ve a terminar tus proyectos así descansas un poco.

—Sí. Aquí el ritmo académico es muy exigente, por eso me cuesta llamarte con la frecuencia que quisiera.

—No te preocupes, estoy bien. Sabes que, en caso de que algo no lo estuviera, te llamaría de inmediato.

—Sí, lo sé… —oí el leve sonido que hizo al bostezar.

—No puedo verte, pero te escucho y acabas de bostezar, Gustav… ¡ve a descansar! —bromeé y él rio al otro lado de la línea.

—Ya, ya… Cuídate, hermanito.

—Tú igual. Adiós —colgó. Yo me quedé un instante con el teléfono en la mano, sonriendo por lo afortunado que me sentía de tener a Gustav.

—Creo que estoy celoso de tu hermano.

Oí a mi lado, a cierta distancia, y me giré de inmediato. Por un segundo, olvidé que estaba acompañado. Dejé el móvil sobre la mesa otra vez y me aproximé a él, que ahora se encontraba al otro lado del mueble con ambas manos apoyadas sobre este, recargando gran parte de su peso.

—¿Por qué dices eso?

—Porque ha logrado dibujar una hermosa sonrisa en tu rostro con tan solo hablarte por teléfono.

—Oh, Tom… —dije algo avergonzado y cogí uno de sus brazos para alinear su cuerpo hacia mí—. Tú también me has sacado varias sonrisas en las semanas que venimos viéndonos. Además, lo que siento por mi hermano es diferente a lo que siento por… ti… —fui disminuyendo el tono de voz tras escucharme y sentí mi cara arder. Lo miré con los ojos muy abiertos, ya que mi boca acababa de delatarme—. Es decir…

Terminó de acercarse a mi cuerpo para enseguida acariciar aquella mano con la que lo agarraba del brazo.

—¿Y qué es lo que sientes por mí, Colibrí?

—Te lo he dicho. Me… gustas —respondí en voz muy baja y viéndolo sin alzar del todo la cabeza. Tragué saliva, nervioso.

—¿Por qué te pones tan nervioso cuando me tienes así de cerca?

—¿Cómo sabes que me pongo nervioso? —pregunté extrañado, aunque sonriendo—. ¿Tanto se me nota?

—Bastante… —pasó su mano derecha por mi cabello para después masajear mi oreja izquierda—. Y debo admitir que me encanta —acortó la breve distancia que nos separaba y aunó nuestras bocas con calma. Al separarse, se acercó a mi oído—. Tú también me pones nervioso…

Volvió a enfrentar nuestros rostros con una mueca risueña en sus labios. Mordí los míos sintiendo mis mejillas encendidas.

—Tom… sé que son las seis de la mañana y, de nuevo, yo me dormí varias horas junto a ti en el sillón…, pero quería preguntarte si te gustaría quedarte… un poco más… No lo sé. Tal vez… a dormir hasta que amanezca, aunque sé que tú trabajas —dije mientras peleaba con el nudo que se había formado en mis tripas. Sabía que era una manera de lo más absurda para pedirle que se quedara, porque estaba claro que quería acostarme con él, pero mi cerebro no encontró otra forma menos patética que aquella en ese momento, debido a que el nerviosismo estaba anulándome el sentido común—. De hecho, no quisiera causarte problemas con tu horario laboral otra vez…

Con lentitud, volteó el rostro hacia la ventana de la cocina y luego miró el reloj en la pared. Cuando se devolvió hacia mí, habló:

—Puedo… quedarme un poco más, pero es importante que entiendas que es arriesgado para mi… empleo —con el dorso de su mano, acarició mi mentón—. Ocuparé otro horario más tarde para cubrir el de esta madrugada.

—Entiendo, no te preocupes. No quiero comprometerte. Si es muy arriesgado para ti, puedes quedarte otro día…

Llevó una de sus manos hacia mi cintura baja y me presionó levemente contra él.

—No tienes idea de lo que soy capaz de arriesgar por ti, mi Colibrí precioso —agregó dejando su tibio aliento sobre mis labios, entonces, lo besé.

( PLAY Lucifer in love – AI Billie Eilish)

Subí mis manos hacia su nuca y acaricié la zona al tiempo en que nuestras bocas se movían en una sincronía espléndida. Rodeó mi cintura con ambos brazos y me alzó para empezar a caminar hacia la sala de estar. Me sentó en el espaldar del único sofá que tenía allí y se colocó entre mis piernas al apartarnos un poco. Inmediatamente, le quité las prendas que le cubrían el torso y vaya sorpresa… a pesar de lo pálido que era, tenía un físico increíble. Alcé la mirada para clisarla en la suya y sonrió con malicia. Apreté mi labio inferior entre mis dientes al tiempo en que arrastraba una de mis manos a palma abierta desde su marcado abdomen hasta su cuello. Allí ejercí presión al llegar a su nuca nuevamente y volví a atraerlo hacia mí para continuar besándolo. Me bajé del sofá para empujarlo camino a mi habitación sin apartarme de su boca. Entramos y automáticamente encendí la luz. No obstante, su mano fue casi encima de la mía para apagarla de inmediato.

—Prefiero las luces apagadas, Colibrí —susurró contra mi boca y vi sus brillosos ojos en la oscuridad del cuarto. Supuse que se trataba de la escasa luz que ingresaba de la sala e iluminaba nuestra lujuriosa mirada.

Continuamos caminando hasta que lo senté en la cama y yo me quité mi propia playera. Pero cuando la prenda acabó de pasar por mi rostro, devolviéndome la vista de mi acompañante, este no estaba. Alcé ambas cejas un instante, asombrado, entonces sentí unas manos pasearse por mi abdomen y un cuerpo adherirse al mío por detrás. Giré el rostro para verlo inmediatamente.

—Dios mío… ¿cómo haces para ser tan rápido y sigiloso? —interrogué aún confundido. Él me alineó con su figura para volver a fundir nuestros labios. Cuando el beso aumentó su intensidad, se deslizó por mi mejilla hasta llegar a mi oído y habló:

—Poco a poco iré mostrándote mis secretos… —susurró humedeciendo el sitio. Serpenteó hasta mi cuello, en donde rozó mi piel tatuada con sus dientes.

—Ohh…

Se me escapó un jadeo cuando su boca se cerró en esa zona por un instante y una extraña, aunque conocida sensación me recorrió todo el cuerpo. Abrí los párpados, confundido, pero Tom me recostó y acomodó en el colchón, con suavidad, para enseguida colocarse encima de mí y crear un camino de besos desde mis clavículas hacia mi bajo abdomen. Mi mente volvió a sumergirse en el placer que me encontraba experimentando. Comenzó a desabrochar mi jean, me quitó las zapatillas junto con los calcetines y luego deslizó la tela del pantalón hasta desprenderla de mi cuerpo. Acabó de desvestirse y ambos quedamos en ropa interior. Se ubicó sobre mi cuerpo y paseó una de sus manos por mi lateral tatuado manteniendo nuestras bocas rozándose sin concretar un nuevo beso.

Su ternura estaba enloqueciéndome.

Abrí los ojos y, como mis pupilas se habían acostumbrado a la oscuridad, pude verlo a él con los suyos cerrados, lo cual llamó mi atención.

—¿Por qué no me miras, Tom? —pregunté tras coger su rostro con ambas manos. De inmediato apegó nuestras mejillas un momento y comenzó a repartir dulces besos por mi hombro, de un lado al otro, hasta volver a dar con mi oreja. Me mordí el labio inferior, disfrutando.

—Es un modo distinto de sentirte, Colibrí. Es… más profundo —respondió en voz muy baja—. Inténtalo. Cierra los ojos y déjate llevar por lo que tu sangre siente a partir ahora —me instó, y yo… lo hice.

—Bien —informé y él, después de dejar un tierno beso en mi sien, volteó mi cuerpo con tranquilidad. Me quitó el bóxer, pero no percibí sonidos que me anoticiaran de que él hacía lo mismo con el suyo.

Se posicionó nuevamente sobre mí y sentí su lengua arrastrarse —con una tortuosa lentitud—, desde mi nuca hasta llegar al comienzo de la escisión de mis nalgas. Allí abrió sus labios para continuar descendiendo y yo luché por mantener los párpados cerrados. Cuando menos lo esperé, su lengua se paseó por mi ano y, consecutivamente, la hundió en mí realizando leves movimientos con esta, como si buscase abrirle paso a su músculo gustativo de manera que solo me generara placer.

—Tom… —gemí cuando todo mi cuerpo se movió hacia adelante, sobre el lecho, a causa de la fuerza con la que se empujó en mi interior y me di cuenta de que su lengua era lo suficientemente larga como para hacerme flipar de puro gusto. Me mordí los labios sin poder creer lo estupendo que me hacía sentir con solo hacerme sexo oral en aquella zona.

—Santo cielo… —espeté en una exhalación, cuando empezó a mover su músculo gustativo en mi interior de manera insistente, acariciando las paredes internas de mi recto, lo que provocaba una dilatación sensacional—. Joder, Tom… no creí que tuvieras la lengua tan larga… —agregué, pero inmediatamente me interrumpí a mí mismo—. Oh, dios mío, así… Así…

Se mantuvo allí por largos minutos, lubricándome sin tocarme con sus manos más que para separar mis nalgas y él poder introducirse más profundo en mí. Al salir, lamió la parte interna de mi trasero y mordió levemente ambos glúteos antes de girarme. Quedamos enfrentados. Una vez más, sus párpados permanecieron cerrados.

—Mírame… —pedí acariciando sus mejillas con delicadeza. Él negó con la cabeza y atinó a volver a adherir nuestras mejillas, pero esta vez lo sostuve con firmeza frente a mí. Sus cejas se fruncieron a modo de extrañeza—. Quiero que me mires, Tom. Por favor…

Se zafó de mi agarre y me llevó con él, como si yo no pesara nada, hasta que estuvo de rodillas entre mis piernas y yo sentado. Me colocó sobre su regazo —él aún en ropa interior—, y me abrazó hasta que su boca quedó en mi oído por enésima vez.

—Prometo hacerlo, pero no hoy… Ahora necesito que confíes en mí, Colibrí —deslizó sus manos por mi cintura y espalda—. Esta vez… deseo hacerte el amor.

Unió nuestras bocas y yo no pude evitar abrir mis ojos como platos ante la sorpresa.

«¿Hacerme el amor?», me pregunté en mi mente sin entender nada. «¿Por qué dijiste “esta vez”?». Me cogió por la nuca y separó aún más los labios consiguiendo que le siguiera el ritmo del beso. Cerré los párpados nuevamente y envolví su cuello con mis brazos. Mi pene volvía a ponerse rígido, segundo a segundo, por lo que empecé a restregarlo contra su abdomen a causa de la posición.

Llevó una mano por debajo de mi culo y noté que comenzó a sacar su pene de su ropa interior. Cuando lo pasó entre mis nalgas, rozando mi entrada, deshice el beso y quise mirarlo a los ojos, pero había olvidado que los mantenía cerrados. Antes de que pudiera decirle algo, adhirió nuestras frentes y habló él como si hubiera leído mi mente.

—Estoy sano —pasó su pulgar por mi pómulo y luego por cada parte de mi fisonomía para seguir hablando—. Necesito que confíes en mí.

—Pero, Tom…

—Te dije que yo jamás te haría daño —agregó interrumpiéndome. Aproximó su boca a la mía—. Tú eres mi dulce Colibrí.

Parpadeé un par de veces, pensando y peleando contra mi parte sensata.

—Confías en mí, cariño… Vamos… —continuó en una afirmación, al tiempo en que masajeaba mi cabello con ternura. Cerré los ojos cuando una sensación de calma aparcó en mí de manera inesperada y deseché cualquier inquietud que quiso hospedarse en mi mente.

—Hazme el amor… —pedí en un susurro y sonrió… ¿emocionado? Sus cejas se fruncieron a modo de… tristeza. Por alguna razón, sentí el dolor en aquel sutil gesto.

Escupió una buena cantidad de saliva en su palma e inmediatamente la llevó hacia mi ano para lubricarlo; seguidamente, hizo lo mismo con su polla. Ejercí algo de fuerza con mis piernas para alzarme un poco y así darle el espacio suficiente para que se acomodara en mi entrada. Se apegó a mi oído.

—Relájate, Colibrí… yo me encargaré a partir de ahora —dejó un suave beso en mi sien y asentí. Dejé caer mi cuerpo y él me sostuvo para que, poco a poco, su pene entrara en mí. Apreté sus hombros y me impulsé hacia arriba otra vez, ya que hacía mucho tiempo no tenía sexo, por ende, mi ano se había cerrado como si fuera virgen de nuevo y dolía.

—Lo siento… duele. Yo…

—Hace tiempo no estás íntimamente con alguien —volvió a interrumpir lo que iba a decir como si hubiese leído mis siguientes líneas—. Pude notarlo, Colibrí.

Sacó la parte de su pene que había logrado entrar en mí. Me recostó sobre el colchón y se me colocó encima para volver a introducirse en mi agujero con mayor pasividad. Entraba un poco y salía. Arrastraba su mano derecha por mi lateral izquierdo, desde arriba hacia abajo manteniendo nuestras frentes unidas. Repitió aquello las veces que fueron necesarias hasta que finalmente todo su miembro estuvo dentro. Yo mantuve mis párpados apretados e intenté relajarme hasta poder acostumbrarme a su tamaño.

«Cielos, Tom… estás tan jodidamente bien dotado…», cavilé mordiéndome el labio inferior.

Creí haber percibido una leve risilla empleada desde su garganta, no obstante, deseché aquella idea cuando comenzó a moverse con lentitud. Hundió su cara en la curvatura entre mi cuello y hombro, entonces yo clavé mis uñas en su espalda y empecé a jadear al ritmo de sus embestidas.

Bendito dios… era la gloria…

Abrió los labios y acaparó todo lo que pudo de mi cuello, por no decir de mi tatuaje. Succionó un poco la piel y pasó su lengua delineando los bordes de la cicatriz.

—Sí…, así… —gemí sintiendo que nuestras almas se fusionaban.

&

Se movió una y otra vez con nuestros cuerpos unidos tras enderezarnos sobre la cama. Mis rodillas estaban entre las suyas, ambos en el colchón. Una de sus manos me cogía por la mandíbula, mientras que la mía de ese mismo lado se sostenía de su antebrazo sin permitir que la apartara. Su otra mano rodeaba mi abdomen, generando cierta presión tras cada profunda estocada, y la mía lo tenía sujeto por el lado izquierdo de la cadera.

—Tom… —gemí torciendo mi cara en una mueca de dolor y placer a la vez.

—Te extrañé tanto, amor de mi oscuridad… —jadeó casi sin aliento y abrí los párpados de inmediato.

«Esa forma de llamarme…».

La primera luz del temprano amanecer intentaba darse a conocer a través de las finas cortinas blancas de la única ventana que poseía mi habitación, entonces vi el reflejo de nuestras figuras en el gran espejo que tenía en la pared, frente a la cama, pero debí abrir aún más mis ojos ante la impresión.

Solo yo me reflejaba.

—¿Qué…? —pregunté en un susurro con las expresiones en mi rostro hechas un revuelo, ya que no lograba encontrar explicación a aquello. Mi cuerpo se movía al compás del de mi amante, que se suponía estaba detrás de mí, penetrándome, sin embargo, su reflejo no aparecía en el espejo—. Tom…, ¿qué diablos…?

Mordió mi oreja y yo giré mi rostro para enfrentarlo al suyo. Fue allí que abrió los párpados y sus rojos ojos golpearon los míos.

—¿¡QUÉ DEMONIOS ERES TÚ!? —grité tras apartarme bruscamente de él y, al tener la boca algo abierta a causa de haber estado jadeando como un perro en celo mientras follábamos, pude distinguir que sobresalían sus blancos colmillos. Fue entonces que lo miré aterrorizado y salí corriendo hacia la puerta de la alcoba, pero, en el instante en el que llegué a ella, Tom ya estaba obstruyéndome el paso, por lo que no pude coger el picaporte—. ¡Ahh!

Exclamé del susto y me eché hacia atrás buscando alejarme completamente de él, al tiempo en que intentaba cubrir mi desnudez con mis manos.

—Dios mío… no puede ser…

—Bill, necesito que me escuches —dijo haciendo un paso hacia mí, pero yo retrocedí inmediatamente hasta que mi espalda chocó contra la pared.

—¡No te me acerques! —ordené con una mano delante de mi torso, en el aire hacia él, y la palma abierta acompañando mi pedido. Mi corazón latía sin cesar, sentía que se me detendría en cualquier momento. El miedo corría una maratón por todo mi sistema desde mis pies a mi cabeza. Necesitaba salir de allí.

—No voy a lastimarte —dijo y yo no podía apartar mis ojos de los suyos, ya que, alrededor de estos, las venas sobresalían de su piel marcándosele en su palidez como si fueran de colores oscuros—. Colibrí, por favor… —continuó y sus blancos colmillos asomándose nuevamente al hablar, confirmaron lo que me negaba a creer.

—¡Eres un vampiro! —exclamé. Cuando noté que volvía a aproximarse a donde yo estaba, miré la ventana como acto reflejo y, sin pensarlo un segundo más, me lancé sobre ella para tirar con suma rapidez de las cortinas, entonces todo cayó al suelo y la joven luz solar iluminó toda la habitación.

Hizo un sonido áspero desde su garganta mostrando sus afilados dientes como si la luz lo hubiera atormentado de repente, antes de hacer su cuerpo desnudo hacia un lado, intentando cubrirse; entonces, desapareció.

Miré cada rincón del cuarto al tiempo en que me ponía en pie con la espalda pegada al muro. Busqué su cuerpo por todos lados con la mirada, aterrado, sin saber de qué manera tomar todo aquello, pero no lo encontré por ninguna parte.

Tom, se había ido, pero volvería. Yo sabía que regresaría en la noche, porque esa era mi casa y yo… lo había invitado a pasar.

F I N

Bueeeeeno. Acá estamos al fin. Ya era hora, ¿no? Tanto se iba a hacer desear el capítulo, che. Terrible la escritora(? hay que despedirla ahre. Paso a contarles que la demora no fue para darle suspenso al asunto, sino porque mi mente se pegó alto viaje y resultó imaginar mucho más de lo pactado… así que, finalmente, este fic pasará a ser libro. :’-) No me odien, porfa. Se habrán dado cuenta de que la historia iba lenta. Bueno, a raíz de eso, es que empecé a escribir y a escribir y, hasta ahora, va quedando más extenso de lo esperado. Por lo tanto, les condensé(? varias semanas en este capítulo y obvié algunas cosillas que pasan entre medio, aunque les dejé pistas de otras importantes (por ahí fue armándose un breve multiverso, no sé si lo llegaron a notar xd), para poder regalarles una de las mejores (y, de seguro, más esperadas) escenas entre B&T. <3

Sé que esto es muy wtf… pero ojalá sepan comprender. Obviamente, cuando publique el libro completo de “Vampiro”, lo estaré anunciando, así como ya la mayoría sabe de mi preciado libro “Peligrosa obsesión” (que lo encuentran en la página de la editorial Tinta Libre), para el cual ya tengo la siguiente parte y, créanme, la ambivalencia que se les va a desatar al leerlo, no tiene nombre. Jijiji. Gracias por estar ahí. :’-) Nos seguiremos leyendo, porque OneShots les seguiré dejando. (L) Laviu mucho, gente de mi cora. <3

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