Vampiro INTRO

Vampiro INTRO

Notas: Holuuu. ¿Cómo anda mi gente bella? Reaparezco, pero, en esta oportunidad, con una temática nueva en mis escritos, así que, a ver qué sale. El Halloween me metió presión, por eso se los dejo hoy. ahre Al final de la intro les sigo hablando(? ahora lean tranqui y espero que lo disfruten. <3

Fic TOLL de Leonela

Introducción

Por Tom

Me aparté de su cuello tras alzar la cabeza con la boca abierta y mis colmillos a la vista mientras sostenía su cuerpo ya sin vida entre mis manos. Cerré los párpados regocijándome con el denso sabor de su sangre. Hice un sonido desde mi garganta y tomé aire. Bajé la mirada para buscar el rostro muerto de mi reciente víctima de dieciocho años y dejé descansar su cadáver, sentado en el váter. Salí con tranquilidad y cerré la puerta del cubículo para que nadie lo viera de inmediato, sino al otro día, cuando fueran a limpiar los baños.

Lavé mis manos en el lavamanos y me las sequé. Por si las dudas, también limpié mi boca; solía ocurrirme que, ante mi desmesurada hambruna, algo de sangre quedaba en la comisura de mis labios. Como vampiro, no podía reflejarme en los espejos, por ende, debía mantener mi imagen impecable con suposiciones a partir de lo que mi hermano me había enseñado desde un comienzo.

Me puse las gafas y salí de los baños para adentrarme nuevamente entre la multitud de jóvenes excitados que bailaban enloquecidos y con descaro bajo el efecto de la bebida y las drogas. No necesitaba de la ayuda de las luces apagadas en aquel Club para camuflarme. Me bastaba con que la gente estuviera amontonada a causa de la sobreventa de entradas que se habían permitido los dueños del lugar como cada fin de semana desde hacía seis años, acto ilegal que facilitaba mi tarea de alimentarme, ya que, entre tanta gente, nadie se daba cuenta —en el momento— cuando yo escogía una víctima para llevármela como lo había hecho minutos atrás. Desaparecer en esos antros era lo más normal: Todos se iban a follar con extraños a alguna parte y a nadie le importaba.

El juego de luces iba al compás de la música, como era de esperar. Rápidas, convulsionantes, atractivas para la hambruna de mi monstruo interno.

Necesitaba beber.

Necesitaba comer.

Necesitaba más.

Recargué mi cuerpo en una de las columnas del club y saqué un cigarro de mi bolsillo, lo encendí y le di la primera calada. Acababa de llevarme el alma de un joven estúpido que se creyó el cuento de que me lo follaría en los baños y le regalaría heroína. Pobre iluso, su peor error fue confiar en un desconocido dentro de un lugar caracterizado por el libertinaje. Giré mi rostro al tiempo en que sonreía de lado tras el reciente recuerdo. Miré mi móvil y era la 01:00 a. m. Aún quedaban varias horas antes de que el amanecer me rompiera los cojones con sus primeros rayos solares a lo que yo debería esconderme otra vez.

Caminé entre los jóvenes, sin ver a ninguno en realidad, hasta llegar a la salida. Ese club ya me aburría. Los tíos eran muy corrientes y todos parecían tener los mismos intereses: Intoxicarse y follar. Quería probar algo distinto. Ya había sido suficiente de ese antro por esa noche. Llegué a mi BM —del cual me había hecho tras robarme la vida de su dueño tres meses atrás al sorprenderlo en la noche saliendo de su oficina—, saqué las llaves y me dispuse a entrar echando una rápida mirada a la fila de gente que aún aguardaba por ingresar; entonces lo vi. Me quité los lentes y el cigarro de la boca para observarlo en detalle. Un muchacho esbelto, de cabello largo y negro con reflejos blancos y ojos prolijamente maquillados de negro también. Vestía un jean oscuro, una camiseta gris de mangas largas y, por encima, un chaleco negro —que parecía estar viejo y roto—. Me reincorporé en mi lugar, arrojé el pitillo al suelo y mis gafas dentro del vehículo para apoyar ambas manos en el techo de este sin poder apartar la mirada de aquel joven. Lo veía hablar muy animado con otros tíos, algunos más altos que él, otros un poco más bajos, pero no veía a ninguno que lo cogiera de manera tal que me diera indicios de que podría ser pareja de alguien. Eso me agradó, pues haría mi conquista mucho más sencilla y sin tener que liarme con ninguno de sus acompañantes cuando quisiera llevármelo a los baños para morderle ese fino y pálido cuello.

Volví a cerrar mi coche. Me aproximé a la fila de personas, más precisamente adonde ese joven estaba, y hablé.

—Hace mucho frío aquí para estar esperando, ¿no crees?

Se volteó hacia mí, ya que mi voz de seguro lo sorprendió, y noté que sus acompañantes también me miraron. Me echó una mirada de pies a cabeza antes de responder.

—¿Me hablas a mí?

—¿Crees que alguien más me interesaría? —pregunté en tono lascivo y sin apartar la mirada de la suya. Él parpadeó y miró de reojo a sus compañeros.

—Lo siento, ¿te conozco?

—Aún no, pero pronto —respondí con seguridad y una media sonrisa colgada de mis labios. Me los relamí ocasionando que su atención se centrara en mi acción y me di cuenta de que el piercing en mi labio lo capturó también. Luego se devolvió a mis ojos otra vez y tragó saliva—. ¿Quieres entrar a ese aburrido club o prefieres entrar a mi auto?

Sus cejas se alzaron manifestando su asombro.

—¿En serio te sientes tan confiado como para ofrecerme ir a tu auto sin siquiera preguntarme mi nombre? —dijo enarcando una ceja y se cruzó de brazos—. En verdad me halagas, amigo, porque eres un tío muy apuesto —continuó acompañando el sutil movimiento de una de sus manos al hablar—, de hecho, si hubieras sido un poco menos arrogante, hasta te habría invitado a bailar.

Hizo un paso hacia atrás para enseguida echarme una mirada de pies a cabeza por segunda vez. Quise decir algo, pero volvió a hablar.

—¿Crees que por ser un tío apuesto podrás tener a cualquiera que tú quieras con solo decir una frase? No me hagas reír. Eres atractivo hasta que abres la boca —rio de lado en plan burlón—. Vamos, chicos. Iremos a otro club, por lo que veo, a este vienen puros idiotas —finalizó dirigiéndose a su grupo de amigos. Se giró hacia mí otra vez, pero con la intención de comenzar a caminar en dirección contraria a la que estábamos, no sin antes chocar su hombro con el mío sin apartar la mirada de la mía y se marcharon.

Me quedé tan descolocado, que no tuve tiempo de enfocarme en la humillación que ese joven con aspecto delicado acababa de hacerme pasar. Cuando al fin el razonamiento se me aclaró, me embargó la sangre una inmensa necesidad de transformarme para írmele encima y clavarle mis afilados colmillos en ese pálido cuello de cisne que tenía, beberme gran parte de su sangre y luego dejarlo agonizar frente a mis pies mientras lo observaba retorcerse. Pero no lo hice. Él estaba acompañado. Había muchos testigos que no me interesaba asesinar; al menos no en ese instante. Yo quería atraparlo solo y romperle el cuello.

&

Me dediqué a escuchar.

—Aquel tipo de trenzas negras te pagó este trago —le informó el chico que ayudaba al barman en la barra.

—¿Y no le dijiste que yo no bebo, Jimmy? —preguntó nombrándolo, entonces me di cuenta de que lo conocía. Al parecer, frecuentaba mucho ese club.

—No, cariño… A decir verdad, es muy apuesto. Pensé que tal vez querrías conocerlo.

—Oh, eres un pillo —rio—. Está bien, le llevaré el trago para agradecerle y le explicaré que yo no bebo.

—Okay, cariño. Mucha suerte y ten cuidado.

—Tranquilo, Jimmy.

Percibí el calor de su cuerpo en sintonía con cada paso que daba al aproximarse hacia mí.

—Disculpa… —oí del lado contrario hacia donde estaba y supuse que se había sentado en el único lugar vacío que había junto a mí. Me volteé con lentitud hasta que nuestras miradas se encontraron. Su expresión dio un vuelco inmediatamente y enderezó su cabeza con los ojos más abiertos—. ¿Tú?

—Hola, primor… —lo saludé y sonreí con sensualidad. Sin embargo, su entrecejo se frunció para enseguida dejar sobre la barra el trago que le había invitado y levantarse de su asiento.

—Imbécil.

—Oye, aguarda —me apresuré a detenerlo tras agarrarlo sutilmente por su delgado brazo luego de ponerme de pie yo también y hacer un par de pasos hacia él. Se giró para verme.

—Déjame en paz.

—¿Para qué vienes a un club si vas a rechazar a quienes presentemos interés por ti?

—Solo vine a acompañar a unos amigos, yo ni quería venir. Y seré honesto contigo, amigo. Eres muy guapo, en serio, pero tu soberbia te hace un completo idiota. Y yo ya he salido de estar en una relación por cinco años con uno, he ido a terapia y no repetiré la misma historia, porque reconozco ese perfil —volvió a echarme una mirada sin pizca de agrado—. Créeme, tú encajas a la perfección con él —soltó y arrugué ambas cejas—. Lo siento, sé que soy muy directo, pero mi honestidad es mi némesis —con ausencia de brusquedad, apartó mi mano de su brazo—. Oh, y gracias por el trago, pero no bebo. Puedes dárselo a alguien a quien hoy sí consigas llevarte a la cama o a tu auto —culminó. Una dudosa sonrisa visitó sus labios de manera fugaz, entonces se fue.

No podía dejarlo ir así. Esta vez, su sinceridad no me había humillado, sino que, de alguna manera, había dado a conocer el porqué de su comportamiento defensivo y eso abrió una nueva puerta de incertidumbre en mi interior. No iba a permitir que se me escapara. Era la primera vez que una presa me era tan difícil de cazar. Avancé entre la gente para seguirlo hasta que volví a detenerlo. Se volteó.

—¿Qué quieres? —rodó los ojos hablándome con marcada molestia.

—No me interesa nadie más que tú de aquí y quisiera invitarte a bailar, al menos. Dijiste que tú ni querías venir y que solo estás para acompañar a unos amigos, pues bien. Permíteme invitarte a bailar para hacer de esta noche una no tan aburrida para ti —pedí con cierta estrategia en cada una de mis palabras. Si bien mis intenciones para con él habían cambiado un poco, debido a que ya no solo quería atraerlo para romperle el cuello y chuparme toda su sangre, sino que ahora, antes de hacer aquello, quería follármelo muy duro y marcarle todo ese delicado cuerpo con mis dientes.

Por unos segundos, sus ojos se pasearon por mí, con recelo, como si estuviera analizando en su mente qué responderme. Como necesitaba tocar su cabeza para poder leer sus pensamientos, aún no podía saber qué era lo que pasaba por ella.

Yo era el vampiro gemelo que había nacido con ciertas desventajas a causa de tener más sangre de mi padre humano que de mi madre vampiresa. No bastaba con morder a mis víctimas y dejarlas vivas para transformarlas en uno de los míos, sino que yo debía completar un ritual para que eso ocurriera. Así como tampoco podía leer sus mentes con solo tenerlas cerca o verlas a los ojos, sino que requería del contacto físico —más específicamente, contacto con su cabeza, al menos una vez—; y, si quería que continuaran con vida y controlarlas, debía morderlas y hacerles beber de mi sangre. Distinto era el caso de mi hermano Marked que, por el poder con el que había nacido —fruto de poseer más sangre de vampiro—, siempre se había hecho llamar Márkula. Un imbécil presumido. Como sea, Marked mordía a sus presas y, si las hacía beber de su sangre, las convertía en uno de los nuestros, aunque, dado que él era el gemelo diabólico, las convertía en seres tan oscuros y maléficos como él. Yo, al morderlas y hacerles beber de mi sangre, solo las dejaba con vida y obtenía el poder de controlar sus mentes al instante.

Mi hermano Marked era un ser cruel y despiadado.

—No voy a acostarme contigo por esto.

—No es lo que busco.

—Hace un rato intentaste llevarme a tu auto —enarcó una ceja— y no me digas que era con intenciones de hablar.

—Lo admito —puse una mano en mi pecho a modo de broma como si me hiciera cargo de lo que decía—. Sí, al verte esperando para entrar al otro club, se me deshacía en la boca la idea de tener sexo contigo. Sin embargo, ahora solo quiero invitarte a bailar. He sido un bruto. ¿Podrías perdonarme? —hice falsos morritos para manipular su siguiente respuesta a lo que él rio con suavidad.

—¿Perdonarte? Perdón es algo que mi ex jamás me pidió —su ceño se frunció de manera efímera, como si hubiera recordado algo que le dolió. Volvió a prestarme atención—. Acabas de marcar tu primera diferencia con él.

—¿Me compararás con tu expareja todo el tiempo que pasemos juntos? —alcé ambas cejas hasta el cielo, exagerando el gesto para sacarle una nueva sonrisa—. Qué difícil es hablar contigo.

Sus labios se curvaron casi imperceptiblemente en una mueca risueña que se esforzó por disimular tras hacer un gesto evasivo.

—Segunda diferencia: Él creía que todo era muy fácil conmigo y creo que por ello me quedé con él y permití que hiciera de mí lo que quiso.

Volvió a hablar y entrecerré los ojos cuando su atención volvió a desviarse por un momento. Esto se ponía extraño. Yo jamás buscaba saber tanto de mis víctimas.

—Está bien —dijo al devolverse hacia mí y suspiró. Extendió su mano derecha incitándome a que la estrechara—. Soy Bill.

—Yo soy Tom —respondí concretando el apretón de manos.

—Bien, Tom: Vamos a bailar.

Me cogió de esa misma mano para llevarme con él y perdernos entre los jóvenes del sitio. Fue girándose al compás de la música hasta que quedó frente a mí otra vez y comenzó a moverse. Yo hice lo mismo manteniendo el ritmo, aunque no podía apartar mis ojos de él, lo cual me dificultaba estar atento a mi alrededor como solía estarlo cuando me encontraba en modo cazador. Pero estaba olvidando algo: Con mis presas jamás compartía tiempo que no fuera un tiempo manipulado por mí. Yo siempre tenía toda la situación bajo mi control, porque ninguno de mis movimientos podía tener falla alguna.

De pronto, se acercó a mi cuerpo con los brazos estirados hacia adelante y los apoyó cerca de mis trapecios para enseguida continuar moviéndose sensualmente contra mí. Sus ojos maquillados a la perfección se fijaron en los míos que, en ese instante, los percibía oscuramente relajados. Mis manos se posaron con firmeza en su cintura y se dejaron llevar por el ritmo que él mantenía.

—No pareces tan confiado aquí en la pista de baile como simulaste serlo allí afuera al querer llevarme a tu coche —dijo cuando se aproximó a mi oído. Su cálido aliento golpeando la sensibilidad de la piel de mi oreja, me desencajó todas las pretensiones.

Se devolvió a mi rostro para verme con cierta confusión divertida en su expresión y yo no supe qué decir… tan solo lo miré un momento y me vi tentado a pasar una de mis manos por su cabello.

&

—Fue un placer haber bailado contigo. De verdad comienzo a creer que no eres un completo imbécil —expresó mientras arreglaba su cabello y cogió su móvil. Yo lo miré asombrado, aunque él no lo notó. Ese tío no tenía filtro—. Oh, ¿en serio? Aish.

—¿Pasa algo? —cuestioné ante su repentina queja; además de que se había detenido en pleno camino.

—Mis amigos se fueron, porque me vieron muy entretenido con un tío guapo —clisó su mirada en la mía—. Me vieron contigo y me dejaron.

—¿Acaso eso es una insinuación a que es mi culpa que te hayan dejado tus amigos?

—Claro que no —frunció ambas cejas—. No es una insinuación, sino una afirmación. Pero bueno —parpadeé como si su contestación me hubiera golpeado en la cara—. Ni modo. Llamaré un Uber, por suerte tengo el número del que siempre me recoge en casa de mis amigos, porque, por lo que veo, no hay rastros de taxis cerca a esta hora.

Marcó un número en su móvil y lo puso entre su oreja y su hombro para sostenerlo y así llevar ambas manos a su cabello y comenzar a atarlo.

—Oye, aguarda… Tengo auto, como te dije antes, y la he pasado muy bien contigo. Puedo llevarte hasta tu casa, si quieres —solté sintiendo que mi mitad animal y mi mitad humana se disputaban un tipo de hambruna distinta.

Me miró de inmediato.

—¿Hola? —se oyó desde su teléfono, pero no le prestamos mucha atención.

—Vivo al otro lado de la ciudad. Son como unos cuarenta minutos en coche.

—El tanque de gasolina está lleno, por si es eso lo que te preocupa —chanceé y él rio brevemente desde su garganta.

—No me preocupa la gasolina, estúpido.

—¿Entonces?

Cortó la llamada cuando volvió a oír que hablaban al auricular y se devolvió a mí.

—Apenas te conozco porque compartimos un par de horas en el club, bailando y platicando. No voy a dejarte entrar a mi casa, si es lo que pretendes. No invito a cualquiera a pasar a mi hogar. Lo considero un lugar muy íntimo y personal para mí —explicó con honestidad y, si bien sabía que necesitaba ser invitado a su casa para poder entrar y follármelo antes de matarlo, la posibilidad de volver a verlo e intentarlo en otra ocasión, me sedujo como opción.

—Dijiste que la has pasado bien conmigo. Te habrás dado cuenta de que no soy un psicópata ni un asesino, de lo contrario, te habría degollado en la pista de baile, entre toda esa gente, y nadie lo habría notado, ¿no crees?

—Si tu intención es calmarme, te informo que ese no es un comentario acertado para despertar mi tranquilidad. Más bien, estoy considerando fuertemente el hecho de volver a llamar mi Uber —dijo viéndome de soslayo y comenzó a marcar en su móvil otra vez tras tomar distancia.

—Tranquilo, lo siento. Soy un idiota —me apresuré a decir para que olvidara la absurda idea. Me pateé mentalmente por mi estúpido ejemplo. Era obvio que se espantaría—. La realidad es que hace mucho tiempo no salgo con alguien; de hecho, que no soy amable con otra persona… —agregué y me quedé pensando en mis propias palabras un momento—. Siempre es ver a un joven en el club o un bar, me gusta, me acerco y me lo llevo para tener sexo. Nunca debí hacer mucho más. Contigo todo ha sido difícil y entiendo que tampoco te llevaré a la cama. Ya eso no me importa, honestamente. Solo quiero que esta noche la termines bien al igual que yo lo haré por haberte conocido, Bill. A pesar de la forma estúpida en la que traté de llamar tu atención, has sido muy agradable conmigo.

Se quedó viéndome en silencio. Yo me mantuve al margen de lo que pasaba por su cabeza, ya que no deseaba saber más que lo que quisiera decirme. Mi comportamiento con ese mortal era inadmisible para mi especie, pero no podía olvidar que mi padre había sido un mortal mordido por mi madre cuando se enamoraron… Por lo tanto, mi sangre, al igual que la sangre de mi hermano, estaban infectadas de cierta esencia del humano común y sintiente, con la diferencia de que, a pesar de ser hermanos gemelos con Marked, yo no era tan despiadado como él.

—Esto… es otra de las cosas que mi ex jamás me dijo… —expresó en tono calmo y agachó la cabeza un momento como si se sintiera apenado.

—Am… ¿puedo llevarte a tu casa, entonces?

—Sí, Tom. Permitiré que me lleves a mi casa.

Caminamos hacia mi coche y nos subimos. Durante el viaje platicamos mucho. Me di cuenta de que él era un joven muy sociable al que le gustaba hablar y preguntar cosas, aunque, por razones obvias, yo no pude responder con mucha sinceridad sobre varias de las que quiso saber acerca de mí. Que me contara parte de su vida a lo largo de todo el camino, repentinamente, hizo que se me olvidara el por qué yo me ofrecí a llevarlo a su hogar. Conocerlo no había sido una buena idea. Estaba rompiendo todas las reglas del protocolo de vampiros y sabía que eso me traería muchos problemas si no le ponía un freno cuanto antes. Así que, desistí de la idea de que me invitara a pasar a su casa, por ende, no le insistiría y simplemente lo dejaría partir para que continuase con su vida y yo con la mía. Era la primera vez que decidía dejar ir a una presa, sobre todo, sintiéndome tan malditamente atraído por ella. Sin embargo, a partir de esa noche, me encargaría de que no volviera a pasar.

—Oh, es ahí… —señaló en dirección contraria a la que íbamos y frené de inmediato—. Te pasaste un par de casas… Lo siento, venía distraído hablándote. Pero déjame aquí, caminaré unos metros. Muchas gracias.

—No, aguarda —me apresuré a decir cuando vi que atinó a abrir la puerta para bajar del coche—. Daré la vuelta y te dejaré en la puerta de tu casa.

—No te molestes, solo son unos metros.

—Dije que iba a dejarte en tu casa, no a unos metros de ella, Bill —respondí echando a andar el auto otra vez para enseguida girar en la esquina. Lo miré.

—Ya no me pareces un imbécil, Tom —expresó sonriente a lo que yo alcé ambas cejas, asombrado por el comentario repentino.

—Ah, ¿no? ¿Y qué soy para ti ahora?

—Pues, un caballero… —rio devolviendo su atención al frente. Yo me quedé viendo su perfil por unos segundos, ya que conducía con serenidad.

Cuando llegamos finalmente, aparqué en la entrada, sobre la calle, y aguardé.

—Bien, hemos llegado —dijo en voz baja mirando hacia su casa—. Aquí nos despedimos —agregó con un intento de sonrisa asomándose fallidamente en sus labios cuando se volteó, aunque no me miró de inmediato—. La pasé muy bien contigo. Gracias por hacer mi noche más entretenida.

Alzó la mirada y me vi tentado a leer su mente, aunque no podría controlarlo.

«Cielos… debo parecer un tonto por estar dilatando tanto mi partida… pero es que se ve tan bien… Joder, es realmente muy guapo. Oh, vamos, Bill. Intentó follarte sin siquiera preguntar tu nombre ni bien te vio, ¿en verdad crees que tú podrás con eso? ¿Y si lo invito a mi casa y le pido que me folle…? No, eso sería caer muy bajo y tú ya tienes experiencia en caídas de ese tipo. El imbécil de Darry se encargó de usarte cuanto quiso. Aish, ¿en qué carajo estaba pensando para ponerme en pareja con ese desagradable sujeto? Desperdicié tanto tiempo junto a él para darme cuenta de que solo me molaba el sexo que teníamos… Basta de pensar en Darry. Céntrate en Tom… Es bastante raro a simple vista, no lo niego, pero, hombre… ese cuerpo sí debe moverse bien en la cama… ¿Será muy apresurado invitarlo a pasar? No lo creo… ¿Y cómo le digo? Oye, Tom, ¿te gustaría…?», cuando estuvo a punto de decir la frase mágica en su cabeza, pero que yo escuchaba a la perfección, lo interrumpí para que no lo hiciera. Necesitaba protegerlo de mí.

—Bill —lo llamé y él parpadeó como si lo hubiera interrumpido de una plática interna. Lo cual era cierto.

—Dime…

—No voy a mentirte. Me gustas mucho y he estado deseando besarte toda la jodida noche. Quizás suene muy trillado, pero me resultas una persona increíble de verdad. ¿Puedo darte un beso?

Las luces que nos iluminaban en la calle me permitieron ver el rubor en sus mejillas, entonces, agachó la cabeza, visiblemente apenado.

«Joderrr… realmente es un caballero, no puedo creerlo…», lo oí decirse en su mente en tono emocionado. Volvió a mirarme.

—Me encantaría que me dieras un beso, Tom —respondió casi en un susurro.

Me aproximé a él con lentitud sin poder apartar mi mirada de su boca hasta que lo tomé suavemente por el rostro para verlo a los ojos. Lo vi separar los labios levemente y yo relamí los míos antes de adherirlos a los suyos. Percibí que su mano derecha envolvía mi muñeca izquierda —que estaba a un lado de su rostro— y su otra mano la posó en mi pierna con delicadeza. Ladeé la cabeza al tiempo en que me encargaba de acariciar su paladar con mi lengua para enseguida chupar su labio superior y luego el inferior acompañando el sutil ritmo que ambos habíamos adoptado.

Fui liberando su boca con lentitud hasta que abrió los párpados. Como yo aún no soltaba el agarre en su rostro, se quedó viéndome con su labio inferior atrapado entre sus dientes.

—Creo que eso compensa el haberme comportado como un imbécil cuando te hablé en la fila del otro club —bromeé en un susurro, al tiempo en que pasaba mi pulgar por debajo de su labio inferior para quitarle los restos de mi saliva, y él rio casi insonoro.

—Vamos a suponer que sí —respondió alejándose poco a poco hasta que lo solté—. Fue un gusto haberme topado contigo esta noche. Siento mucho haberte llamado imbécil…

—No te preocupes.

Bajó del auto y comenzó a caminar lentamente hacia la entrada de su casa mientras se soltaba el cabello; cuando de pronto… se detuvo.

«No… continúa caminando… No lo hagas; entra, vete», pedí en mi mente, pero lo vi voltearse y regresar. Cuando estuvo cerca otra vez, apoyó una de sus manos en la ventanilla baja de mi vehículo. «No hables… No me invites a tu casa, no me invites a tu casa, por favor…».

—Tom… —me llamó con voz suave e internamente apreté los párpados prediciendo sus intenciones—. Sé que te dije que yo no dejo pasar a cualquiera a mi hogar, porque me parece un sitio muy íntimo, pero… seré honesto contigo, también la he pasado muy bien hoy y has sido muy amable al traerme hasta aquí. ¿Te gustaría pasar a beber una taza de café? No sé si bebes café…

Tras escuchar la frase mágica, mi depredador interior despertó.

—Sí, me gusta.

—¡Genial! Tengo café de Colombia, dicen que es el más sabroso de todo el mundo —espetó animado, con una sonrisa de oreja a oreja—. Yo no he probado muchos, pero, de los que probé hasta ahora, es el que más me gusta.

—De acuerdo —contesté y bajé del coche para encaminarme hacia la puerta de su casa luego de ponerle la alarma.

Abrió. Él pasó primero y yo miré todo el marco de la puerta sintiendo a mi demonio interno ansioso por verse liberado una vez entrase a una casa donde acababa de ser invitado, y pasé. Cerró la puerta tras de mí y, después de echarme una última mirada algo dudosa, emprendió camino hacia lo que se veía, era una sala de estar.

—Puedes esperarme sentado aquí mientras voy a preparar los cafés —me enseñó el sofá al darse la vuelta y se dirigió hacia la siguiente habitación.

—Permíteme ayudarte —dije siguiendo sus pasos. Nos adentramos en la cocina.

Lo vi ir a por la tetera eléctrica para comenzar a llenarla con agua del grifo. La colocó sobre su base, la enchufó y encendió. Me miró de reojo de manera fugaz y abrió una de las puertas de la alacena. Lo vi estirarse para alcanzar dos tazas y luego el café, pero no llegaba a este último, así que me le aproximé y apoyé mi torso en su espalda para rosar mi mano con la suya hasta llegar un poco más alto y coger el frasco con café. Si bien era un muchacho alto, no lo era tanto como yo.

( PLAY I was made for lovin’ you – YOUNGBLUD, Dominic Lewis)

Lo miré desde mi posición cuando él alzó la cabeza mientras le entregaba el pote de vidrio.

—Gracias… Usualmente debo utilizar una banqueta para llegar a las cosas que están más alejadas del borde del mueble… Este apartamento tiene todo ubicado a más altura de la habitual —explicó en tono inestable, ya con el frasco en su mano, y me miró dubitativo.

«¿Por qué eres tan atento? Hoy es la primera vez que nos vemos y siento que fácilmente podré enamorarme de ti, Tom… y no quiero. Ya he sufrido mucho y no estoy listo para pasar por eso otra vez. Tú eres un joven desconocido que solo busca follar. Me lo has dicho», se dijo a sí mismo, sin apartar la mirada de la mía.

Dejó las cosas sobre la encimera y se oyó el clic de la tetera eléctrica al sonar cuando llegó a su temperatura automática. Él volteó levemente su rostro para prestarle atención, pero yo no podía apartar mis ojos de todo él. Tragué saliva y repentinamente un fuego se desató en mi sangre. Sentí que mis músculos quemaban bajo mi piel, entonces, lo empotré contra la mesada y comencé a besarlo febrilmente. Un gemido de desconcierto se escapó de su garganta y apoyó ambas manos en mi pecho, empujándome.

—Oye, aguarda… —pidió. Yo me aparté escasos centímetros para verlo frente a frente. Nuestras respiraciones peleaban ante la cercanía y percibía a mi fiera interna romper los barrotes de la celda en donde permanecía encarcelada toda mi maldad—. No voy a mentirte, Tom, en verdad me gustas mucho y… quiero tener sexo contigo esta noche, pero no así, por favor. Hasta ahora, has sido todo un caballero conmigo… No quiero que lo arruinemos por un simple impulso —agregó pasando el reverso de su mano por mi mejilla. Yo fruncí ambas cejas, confundido ante el trato en combinación con lo que en su mente se escribía.

«Dios mío, me gustas tanto, Tom… pero no te conozco y tengo miedo de salir lastimado otra vez si tomo decisiones precipitadas…»

—No haré nada que no quieras —susurré contra sus labios y volví a besarlo.

Alcé su cuerpo hasta sentarlo en la encimera y me ubiqué entre sus piernas. Sus brazos rodearon mi cuello y se impulsó contra mí para deslizar su trasero por el mármol y así conseguir que su miembro excitado bajo el jean chocara contra el mío que estaba en las mismas condiciones. Lo cogí por debajo de los muslos para recargarlo en mis brazos y nos encaminé hacia el sofá color marfil que él me había mostrado ni bien ingresamos a su casa tras sugerirme que tomara asiento. Lo recosté allí y me aparté para quitarme la sudadera y playera negras con la prisa de sus manos interviniendo, que me ayudaban a agilizar la acción. Enseguida me dediqué a desvestirlo a él. Cuando le quité la camiseta, el chaleco y sus collares, fundí nuestras bocas una vez más mientras desabrochaba sus pantalones y me deshice de ellos. Descansé sobre su figura, entonces pasé mi palma abierta por toda la frase tatuada que cubría gran parte de su lateral izquierdo. Para mi sorpresa, me alejó con delicadeza y delineó mis labios con sus pulgares al tenerme cogido por ambos lados del rostro, se mordió los suyos y me miró a los ojos unos segundos antes acercarme otra vez a su boca y besarme con ternura. Aquella acción me descolocó por completo, ya que su mirada había sido totalmente despojada de lujuria; más bien, la percibí cargada de deseo… pero de un deseo sano, de un deseo que solo sientes por otra persona cuando confías en ella.

No podía ser… Bill confiaba en mí…

Mis labios reptaron por su mejilla hasta llegar a su cuello y no pude evitar inhalar profundamente, debido a que, a causa de la excitación que lo envolvía, su ritmo cardíaco se había acelerado al punto en que todo su torrente sanguíneo ardía en llamas tras el recorrido por su vena yugular interna.

Se me hizo agua la boca y comencé a salivar más de la cuenta…

—Necesito morderte… —dije contra su oído ya sin poder retener mi sed animal—. Déjame morderte, Bill… por favor…

—Hazlo, Tom. Muérdeme… —respondió en tono excitado ejerciendo cierta presión en mi cabeza al cogerme por la nuca al tiempo en que, con su otra mano, acariciaba mi espalda con suavidad. Él no tenía idea de lo que eso significaba—. Haz de mí… lo que quieras…

Sus palabras fueron la chispa que encendió mi hoguera. Percibí mis colmillos crecer con rapidez y me acerqué a su oído.

—Seré honesto contigo, Bill, como tú lo has sido conmigo hasta ahora —comencé a decir rozando mis dientes en su oreja—. Soy un vampiro y no puedo permitir que vivas para recordar lo que ha pasado entre nosotros.

—¿Qué? —preguntó y noté su confusión en el tono de su voz, pero no le di tiempo a reaccionar. Mordí su cuello sintiendo mis ojos inyectarse de la sangre que le extraía tras emprender viaje a través de todo mi sistema—. Ahh… —lo oí quejarse mientras ejercía torpes movimientos carentes de fuerza en el intento de apartarme.

En su mente comenzaron a escribirse nuestros últimos momentos de aquella noche en la que nos conocimos; es decir, de horas atrás. Nuestras risas, el baile, nuestro primer beso en mi auto, sus caricias segundos atrás… Entonces, cuando su lucha por detenerme fue cesando tras la pérdida de fuerza, no pude continuar.

Me alejé. Miré su herida y de inmediato a él. Sus ojos estaban cerrados pero su respiración era muy débil, por lo que supe que aún vivía.

—No puedo matarte… —espeté confundido a causa de lo que sentí tras verlo al borde de la muerte y por cuáles habían sido sus últimos recuerdos—. No quiero que mueras.

Cuando entreabrió sus ojos con dificultad, tratando de mirarme, apreté los dientes. Dejé crecer una de mis largas uñas para cortar las venas de mi muñeca derecha. Inmediatamente la sangre brotó, espesa y oscura. Tomé una buena cantidad con mi otra mano antes de que la herida se cerrara sola —como consecuencia de mi autocicatrización sobrenatural—, y la acerqué a su boca.

—Bebe…

—Tom… ¿qué…? —trató de decir algo, pero su corazón latía cada vez más lento.

—Bebe de mí, si quieres vivir —agregué y él separó sus labios, temblorosos, tras cerrar los párpados. Hice que gran parte de mi sangre cayera sobre su lengua y me aseguré de que la tragara, aunque noté lo dificultoso que le resultó—. Ahora morirás, amor de mi oscuridad… y revivirás con la misma ternura que corre por tu sangre desde tu concepción —susurré mientras acariciaba su mejilla y sus ojos se mantenían cerrados al tiempo en que respiraba cada vez más lento—. Tú mereces ser libre como un colibrí, habiéndote olvidado completamente de mí, aunque siempre me llevarás en ti, y sé que la vida se encargará de volvernos a unir, porque, a partir de hoy, tu destino será morir junto a mí.

Continúa…

Apa. Pensaron que la cosa iba a subir de nivel, pero les tiré hielito al final… Estas fechas me ponen macabra(? muajajajaja xd

Como dije hace un tiempo (cuando prometí subir algo de este tema), es mi primer fic de vampiros, así que es un terreno nuevo para mí y, como es «mi terreno nuevo», siembro lo que quiero(? ahre eso quiere decir que van a leer alguna que otra cosilla diferente a las habituales de vampiros, por ende, les sugiero que presten atención a los detalles en cada personaje, porque son claves para toda la historia.

Gracias por estar ahííí. Laviu, gente de mi cora. <3

por admin

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