
Fic TOLL de lyra
Capítulo 11
Tres días después Tom trabajaba como si nada hubiera pasado, o eso hacía creer. Habían vuelto precipitadamente de Nápoles y nada más pisar el aeropuerto un coche se llevó a Bill al hospital, no le dio tiempo ni a darle ánimos ni a despedirse, durante el vuelo tampoco pues una vez más se sentó con Gustav y él con una Natalie que estaba de morros. Aún no le había perdonado que la pusiera cachonda y luego pasara de ella.
En esos momentos le daba igual, su mayor preocupación era Bill. Pero desde que fuera al hospital a estar al lado de Robert no le había vuelto a ver y no se atrevía a llamar. La prensa se hizo eco de la noticia y pronto en las portadas aparecieron los primeros rumores de que Robert Miller andaba delicado de salud, rumores confirmados por su hijo en persona.
David no se hizo de rogar, contó con pelos y señales qué le pasaba realmente a su padre, de nada sirvió la excusa que necesitaba descansar debido a tanto estrés acumulado. La verdad salió a la luz, una angina de pecho le había llevado directo a la cama de un hospital donde estaría en observación al menos una semana.
Los periodistas se arremolinaban en la puerta del hospital deseosos de sacar la primera foto a Bill, quien con gafas de sol y protegido siempre por un par de guardaespaldas visitaba a su amado a escondidas entrando por el parking.
Y tres días después Tom trataba de hacerle una foto decente a Georg, que no paraba de pavonearse porque al no estar Bill trabajando en esos críticos momentos todo su trabajo había ido a parar a él. Estaba en una nube, y hasta Andreas se dio cuenta de lo capullo que era, arrepintiéndose en esos momentos de haberse acostado con él.
—¿Puedes dejar de atusarte el pelo y mirarme?—pidió Tom con cansancio.
Georg le fulminó con la mirada como respuesta, pero aún así le obedeció. Miró a la cámara con firmeza y esperó a que Tom tomara un par de instantáneas antes de cambiar la pose. Tras él esperaba Natalie para poder ir a retocarle el maquillaje, lo que pudo hacer cuando Tom hizo un descanso de 5 minutos para cambiar de cámara.
—¿Estás bien?—preguntó Georg cuando Natalie se le acercó.
Natalie asintió y le retocó los labios resoplando.
—Pues nadie lo diría—murmuró al escucharla Georg—Sabes que me lo puedes contar, sé guardar un secreto.
Natalie se le quedó mirando antes de asentir y echar un vistazo sobre su hombro, comprobando que Tom estaba entretenido y bien lejos.
—¿Qué te parece Tom?—preguntó Natalie en voz baja.
—Algo creído, pero tiene un polvo que no se lo quita nadie—contestó Georg entre risas.
—¡Eso mismo pensaba yo!—exclamó Natalie de nuevo resoplando.
—¿Te lo has tirado?—preguntó Georg en voz baja.
—Casi—respondió Natalie—La primera noche en Nápoles, me invitó a su cama. Pero no pasó nada, me tenía desnuda y no se empalmaba. Luego de repente se puso duro y se corrió en mis manos antes de que yo pudiera hacer algo.
—¡Qué tío!—rió Georg para mosqueo de Natalie.
—Yo creo que le van los chicos—susurró Natalie.
—¿Ah, sí?—preguntó Georg alzando una ceja.
—Al día siguiente se fue con Bill casi toda la tarde, estuvieron paseando y a la vuelta tenías que ver a Bill—explicó Natalie en un susurro—Se le veía muy feliz, por la mañana se había levantado con el pie izquierdo y por la tarde le hacía ojitos a Tom.
—¿Tú crees que entre ellos hay algo?—preguntó Georg.
—Bill está con el señor Miller—recordó Natalie.
—¿Y qué? Puede tener a Tom de amante, yo solo te digo que entre estos dos si ahora no hay nada pronto lo habrá—aseguró Georg—Y hasta entonces, quién sabe si Tom se quiere correr conmigo.
Natalie resopló y siguió con trabajo antes de que Tom regresara, no quería que le echara en cara que tardaba mucho. Últimamente parecía que todo lo hacía mal y más de una queja había llegado a oídos de David.
—¿Has terminado, Natalie?—preguntó Tom a su espalda.
—Sí—murmuró Natalie guardando sus cosas.
Salió del improvisado escenario donde Georg posaba y viendo que ya no hacía falta les dejó a solas. Tom siguió con su trabajo, extrañado de la amplia sonrisa que Georg le dirigía. Se encogió de hombros y una vez hubo sacado la última foto dio por terminada la sesión.
—¿Quieres ir a tomar algo?—preguntó Georg antes de que Tom se le escapara.
—Es tarde, ya otro día—contestó Tom guardando en su funda la cámara.
—¿Tarde? ¡Si apenas son las 8!—exclamó Georg.
—Lo sé, pero tengo mucho trabajo atrasado—explicó Tom dirigiéndose a su mesa.
Pero Georg no quiso darse por vencido, fue tras sus pasos y se sentó sobre la mesa.
—¿Cuántas fotos me has hecho ya?—preguntó sonriendo con picardía.
—No las he contado, pero muchas—contestó Tom riendo.
—Mi oferta sigue en pie—murmuró Georg estirando una mano.
La puso sobre la entre pierna de Tom y empezó a frotar sobre la dura tela de los tejanos que llevaba.
—¿Qué haces?—preguntó Tom poniéndose serio.
—Quiero que follemos—susurró Georg sin cortarse un pelo—Bill no está disponible para ti en estos momentos, y mientras tú y yo nos podemos divertir un poco.
—No gracias—dijo Tom retrocediendo un paso—Y entre Bill y yo no hay nada, no sé de donde lo has sacado.
—Tengo ojos en la cara Tom—rió Georg—He visto como le miras y él a ti, y Natalie me contó que pasasteis una tarde juntos en Nápoles, fijo que te lo tiraste.
Tom no le contestó, estaba cansado de la actitud de Georg. Terminó de recoger sus cosas en silencio y cargando con la bolsa del portátil salió dejando a Georg a solas.
—Cuando quieras, te estaré esperando—gritó Georg entre risas.
Casi echó a correr hacia el ascensor, topándose con Natalie que salía en esos momentos de el.
—Me dejé el móvil—explicó Natalie resoplando.
—Que sea la última vez que vas por ahí diciendo algo de mí o de Bill—estalló Tom sin poder controlarse—No sabes nada Natalie, y le estás haciendo daño a una bella persona.
Natalie se quedó cortada ante sus palabras, pensando en lo capullo que era Georg. Asintió con la cabeza y solo entonces Tom siguió con su camino.
.
Regresó al piso y allí le esperaba Andreas viendo la tele, que apagó al ver la cara que traía.
—¿Ha pasado algo?—preguntó preocupado.
Tom negó con la cabeza y se fue directo a su habitación, tal y como le había dicho a Georg tenía trabajo pendiente y mejor ponerse con el antes de que David le diera un toque. Estaba al cargo de la empresa mientras su padre continuaba ingresado en el hospital en observación, con Bill sin despegarse de su cama.
—¿Quieres que te haga la cena?—pregunto Andreas desde la puerta.
—Sí, gracias—murmuró Tom suspirando—Algo sencillo, tampoco tengo mucha hambre.
—Veré que puedo hacerte—dijo Andreas yendo a la cocina.
Una vez a solas encendió el portátil y miró unas fotos que necesitaba para el día siguiente. Eran de hacía dos semanas, Bill había posado para una campaña en contra del maltrato a los animales y aparecía encadenado a un muro. Se le veía muy guapo a pesar de estar algo sucio y Tom no podía apartar la mirada de esos ojos llenos de tanta tristeza…
El sonido del móvil le sacó de sus pensamientos, lo cogió y leyó en la pantalla el nombre de la persona que le llamaba. Esperaba esa llamada desde hacía días, y no pudo evitar echarse a temblar mientras la contestaba.
—Buenas noches—dijo carraspeando—¿Tan pronto?…Sí, lo entiendo…y lo siento mucho, yo…pero…no puedo con esto, sé que lo prometí pero…no, no lo hago por el dinero…lo sé, no hay otra salida pero no quiero hacerle daño…
Dejó de hablar y escuchó en silencio el hilo de voz de la persona con la que hablaba, odiándose a sí mismo por haber tomado la decisión sin haber tenido en cuenta todas y cada una de las consecuencias.
—Me lo pensaré, pero no prometo nada—accedió con cansancio—Buenas noches.
Colgó y dejó el teléfono a un lado, siguiendo con su trabajo como si nada hubiera pasado, fijándose de nuevo en esos ojos de Bill que parecían mirarle más allá de la pantalla, como si supiera lo que realmente estaba pensando.
Continúa…
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