
Fic TOLL de lyra
Capítulo 23
Nada más llegar al piso que compartía con Andreas su plan era irse derecho a la cama, pero pasó por la habitación de su amigo y se asomó a ver si estaba. Le encontró metido en la cama mirándole fijamente, algo en sus ojos le llamó la atención y entró del todo.
—¿Estás bien?—preguntó sentándose en el borde de la cama.
—He estado mejor—contestó Andreas sonriendo con esfuerzo.
Tom se le quedó mirando estudiando su cara. Tenía los ojos enrojecidos, señal de que había estado llorando. Y los labios ligeramente hinchados. Levantó una mano y la puso con suavidad sobre el hombro de su amigo, apretándoselo con cariño.
—¿Qué ha pasado?—preguntó casi sin voz—¿Georg te ha hecho daño?
Andreas negó con la cabeza de inmediato, aunque su respuesta no convenció a Tom.
—Dime qué te ha hecho y se lo haré pagar—dijo Tom con firmeza.
—No…no me ha hecho nada que yo…yo no quisiera—murmuró Andreas desviando la mirada.
Se sentía avergonzado por lo pasado, y no quería tener que volver a recordarlo. Y mucho menos contárselo a Tom, quien tras saberlo se sentiría muy mal al pensar que si no hubiera quedado con Bill se habría podido evitar.
Tom le miraba esperando que hablase, sintiendo que el odio que sentía por Georg crecía cada vez más.
—Estuvimos en un bar—empezó a explicar en voz baja Andreas—Pero al rato ya se quería ir y le entretuve…de la única manera que pude.
—¡Andreas!—susurró Tom cogiéndole una mano—No tenías por qué…
—Sabía que estar con Bill era muy importante para ti—dijo Andreas en voz baja desviando la mirada.
No quería seguir hablando, pero en su mente estaba aún fresco lo pasado. Georg quiso marcharse del bar, irse a otro tipo de bar en busca de un polvo rápido. Tuvo miedo de que fuera donde estaban Bill y Tom, y ofreció su cuerpo. Al principio Georg se había negado en rotundo, ya se habían acostado una vez juntos y no le gustaba repetir, más cuando había sido tan malo.
Pero Andreas no cesó en su empeño y empezó a besarle el cuello. Poco a poco Georg fue cediendo, ayudado por esa mano que se coló en sus pantalones y masturbó hasta casi hacerle explotar entre sus dedos. En esas condiciones Georg no podía dar dos paso y cogiéndole con fuerza le arrastró al baño, encerrándose en una cabina con él.
Todo ocurrió demasiado rápido para el gusto de Andreas, cuando quiso darse cuenta Georg estaba ya con los pantalones desabrochados y él con los suyos hasta los tobillos junto con su ropa interior.
Tuvo el tiempo necesario de pasarle uno de los condones que se había llevado por si acaso, sintiendo como Georg se lo ponía con torpeza. Apretó los dientes cuando le sintió entrar en su cuerpo, se tragó las lágrimas con cada embestida recibida escuchando los jadeos que Georg emitía y voces a su alrededor que gente que pasaba y ni se inmutaba, como si fuera de lo más normal del mundo escuchar dos personas follando en una de las cabinas del baño.
Casi gritó aliviado cuando Georg se corrió en su interior, saliendo con la misma brusquedad de su cuerpo con la que había entrado. Entonces pudo recuperar su ropa y vestirse con torpeza, limpiándose con disimulo las lágrimas que bajaban por sus mejillas.
Por suerte Georg quedó del todo satisfecho y se despidió de él con un «cuando quieras repetimos», saliendo del bar y yéndose en busca de un taxi que le llevara a casa. Él se fue a la suya, a la que llegó con el estómago revuelto. Se dio una larga ducha donde soltó rienda a sus lágrimas y se metió en la cama a ahogar sus penas. Hasta que llegó Tom y le vio en ese lamentable estado.
—No debiste dejar que pasara—dijo Tom con suavidad—Si Georg se quería ir haberle dejado, jamás debiste ofrecerte para protegerme.
—Sabía que era importante—repitió Andreas en voz baja.
Tom se sentía realmente mal, por su culpa Andreas había tenido que acostarse con Georg cuando era una persona que ambos detestaban. No debió jamás pedirle que le hiciera ese favor, en esos momentos solo pensaban en pasar un buen rato con Bill y no midió las consecuencias.
—Lo siento mucho—dijo Tom sintiendo que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Se me pasará, tranquilo—susurró Andreas sin mucha convicción.
Tom lo dudaba, acostarse con alguien por el que realmente no sentías nadas y sentirse «utilizado» era algo imposible de olvidar con facilidad. Suspiró y comenzó a desnudarse sin mediar palabras, quedándose en bóxers ante un Andreas que no entendía nada.
—¿Tan mal ha terminado la cita con Bill?—preguntó sin poderse contener.
—Solo quiero pasar la noche contigo, dormir juntos—aclaró Tom, pasando por alto su pregunta.
Andreas no sabía que decir, le parecía imposible compartir cama con Tom y no hacer nada, aunque en esos momentos su cuerpo no estaba para tirar cohetes, pero por Tom haría lo que fuera. Le debía mucho y siempre había sido muy bueno con él.
Pero tal y como había prometido Tom, esa noche durmieron abrazados hasta que la alarma del despertador les hizo pegar un bote en la cama a los dos.
—Hora de levantarse—murmuró Andreas ahogando un bostezo.
—¿Qué tal estás?—peguntó Tom incorporándose en la cama.
—Mejor, gracias a ti—contestó Andreas sonriendo.
Tom le imitó y se le quedó mirando, tenía una cara espantosa con grandes ojeras y una palidez que le recorría cada centímetro de su piel. No estaba en condiciones de trabajar y él tenía la culpa. No se lo pensó dos veces y cogiendo el móvil marcó un número que ya se sabía de memoria.
—¿A quién llamas tan temprano?—preguntó Andreas con curiosidad.
—A la agencia, hoy no estás en condiciones de trabajar—explicó Tom mientras esperaba que atendieran su llamada.
—Me encuentro bien—insistió Andreas—Y no creo que nadie te haga caso, y mucho menos David. Solo eres un fotógrafo, no un pez gordo de la empresa.
Pero para su sorpresa Tom consiguió que le dieran todo el día libre y vio como colgaba la llamada satisfecho.
—¿Cómo lo has conseguido?—preguntó Andreas aún sin poder creérselo.
—Tengo mis contactos—murmuró Tom suspirando.
—De veras, te lo agradezco—dijo Andreas muy serio—Lo último que quiero en estos momentos es volver a verle la cara a Georg.
Tom le miró con pena, levantó una mano y le acarició con suavidad la mejilla prometiéndose a sí mismo hacérselo pagar al maldito Georg.
—Descansaré el resto de la mañana y por la tarde haré algo de limpieza—empezó a decir Andreas—Últimamente andamos hasta arriba de trabajo y tenemos esto como una leonera.
—Vendré a la hora de comer y te echo una mano—dijo Tom con firmeza—Yo también vivo aquí, y podíamos salir luego a cenar solos los dos.
—¿Hoy no quedas con Bill?—preguntó Andreas, alzando una ceja.
Tom negó con la cabeza, no sabía aún que iban a hacer ese día pero le debía mucho a Andreas y en esos momentos Bill quedaba relegado a un segundo plano.
—Espera, no te muevas—dijo Tom saliendo de la cama.
—¿A dónde vas?—preguntó Andreas sin entender.
—A traerte el desayuno a la cama—contestó Tom guiñándole un ojo.
—Los amigos no suelen hacer esto—apuntó Andreas sonriendo.
—Los buenos amigos sí—apuntó a su vez Tom.
Salió de la habitación y Andreas se recostó en la cama suspirando. ¿Por qué no encontraba él a nadie parecido a Tom? Aparte de su arrebatadora belleza, Tom era muy cariñoso y atento. Pero mucho se temía que ya estaba cazado, y en esos momentos sentía mucha envidia de Bill, quien desde el primer momento que Tom puso un pie en la empresa le había hecho suyo con solo una sonrisa….
Continúa…
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