
Fic TOLL de lyra
Capítulo 31
Era ya casi de noche cuando abrió los ojos. No había podido evitar caer dormido después de que Tom saliera de su cuerpo dejándole exhausto. Se quedó donde estaba jadeando contra la almohada hasta que le sintió acomodarse a su lado y cubrir sus cuerpos con una sábana. Cerró los ojos suspirando y cayó dormido sintiendo sus manos acariciar suavemente su espalda.
Se dio la vuelta en la cama y sonrió al ver a Tom despierto a su lado.
—¿Qué haces?—preguntó frotándose la nariz.
—Te observaba—contestó Tom en voz baja—¿Estás bien?
Bill asintió con la cabeza, nunca se había sentido mejor.
—Si tienes hambre puedo preparar algo para cenar—dijo Tom incorporándose en la cama—A no ser que quieras repetir, claro.
Bill se ruborizó hasta las orejas, respuesta que Tom tomó como un sí. Se inclinó sobre él y le besó en los labios haciéndole rodar por la cama hasta tenerlo sobre él. Bill se incorporó y puso a horcajadas y empezó a frotarse contra él, hasta que sus ojos localizaron el reloj de pared que había sobre la cama y se le escapó un grito ahogado.
—¡Tengo que irme!—exclamó bajándose de encima de Tom—Son más de las 7, Robert se habrá despertado y la señora Murphy habrá tenido que irse a su casa.
Salió de la cama y buscó su ropa esparcida por el suelo de la habitación. Tom también se levantó y vistió.
—Te llevo en coche—dijo ayudándole a ponerse la cazadora.
—Mejor llamo un taxi—murmuró Bill carraspeando.
No quería que Robert se asomara para ver si llegaba y le viera bajarse de un coche extraño. Tal vez reconociera a Tom como su conductor y no quería que le hiciera ninguna pregunta. Se volvió con rapidez al escuchar abrirse la puerta del apartamento, maldiciendo por lo bajo al ver entrar a Andreas.
—Oh…hola, Bill—saludó un cortado Andreas.
—¿No estabas con Anthony?—saltó Tom sin poder contenerse.
—Sí, pero le han llamado y se ha tenido que ir—contestó Andreas resoplando—Un modelo de la empresa para la que trabaja se ha puesto enfermo y tiene que ir a desfilar por él. Le he dejado en el aeropuerto y… ¿he interrumpido algo?
—No, Bill solo…vino a ayudarme con unas fotos—explicó Tom con torpeza.
Andreas asintió en silencio sin dejar de mirar fijamente a la pareja.
—Yo ya me iba—dijo Bill dirigiéndose a la puerta—Nos vemos mañana Tom… ¡adiós Andreas!
Se fue antes de que Tom insistiera de nuevo en acompañarle. Se sentía realmente avergonzado, ¿qué pensaría Andreas en esos momentos? ¿Por qué se había presentado de improvisto? ¿Y si hubiera regresado unas horas antes? ¿Y si los hubiera visto juntos en la cama? De nada le hubiera valido la excusa de las fotos…
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Cuando Bill regresó a casa la señora Murphy ya no estaba. Robert se encontraba en el salón escuchando música clásica, y cuando se dio cuenta de su presencia le sonrió. Bill le devolvió la sonrisa con esfuerzo desde la puerta.
—La señora Murphy dejó la cena hecha—empezó a decir Robert—Si tienes hambre podemos cenar ya.
—Yo…voy primero a ducharme—dijo Bill desviando la mirada.
Robert asintió y acomodándose mejor en el sofá cerró los ojos y siguió disfrutando de la música. Bill casi echó a correr al baño y una vez en el se desnudó y metió bajo el agua. Sentía los ojos llenos de lágrimas, pero no se permitió llorar.
Le había costado tomar una decisión y ya la había tomado. No había marcha atrás ni opción a arrepentirse. Amaba a Robert con toda su alma, pero Tom también le gustaba. Y le hacía sentir cosas que creía ya perdidas, le hacía…sentirse joven, porque mucho que odiara admitirlo.
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Al día siguiente fue a trabajar con toda normalidad, o al menos lo intentó. Bajó al sótano tras su charla diaria con Gustav quien le explicó que ese día tendría una sesión de fotos y luego una promoción por la tarde. Inauguraban una nueva tienda de una de las marcas de la que había sido imagen y querían que asistiera.
—He hecho todo lo posible para que te excusaran pero me ha sido imposible—se disculpó Gustav—Te tienen mucho cariño y les gustaría que asistieras.
Bill asintió en silencio, eso significaba pasarse todo el día fuera de casa… ¿y qué trabajo tendría ese día Tom?
No tuvo que esperar mucho para saberlo, sabía que estaría en el sótano y hacia él se dirigió. Nada más llegar se topó con Georg, quien ni le dirigió la mirada y entró en el ascensor casi arrollándolo por el camino.
Suspiró resignado y buscó a Tom con la mirada, hallándolo cerca de la máquina de café. Fue hacia él y esperó a que terminase, girándose y encontrándose con su amplia sonrisa de buenos días.
—¿Quieres un café?—preguntó Tom tendiéndole el que acababa de coger para él.
Bill negó con la cabeza y se puso serio. Había un tema que debía tratar con él y no podía esperar más tiempo.
—¿Qué le dijiste ayer a Andreas?—preguntó en voz baja.
—Nada—contestó Tom con firmeza—Se creyó que solo…mirábamos fotos. Tranquilo, nuestro secreto está a salvo.
Bill asintió suspirando, la palabra secreto no le gustaba. No quería andar escondiéndose de nadie, pero tampoco podía gritar a los cuatro vientos que se había vuelto a enamorar de nuevo…
—Creo que esta tarde nos han invitado a una inauguración—dijo Tom cambiando de tema.
—¿Tú también irás?—preguntó Bill más animado—Ya pensaba que no te iba a ver en todo el día.
—Quieren que saque fotos—explicó Tom—Luego creo que las mandarán a alguna revista o algo así. Terminaremos sobre las 7, luego podríamos ir a cenar algo.
Bill asintió sin pensárselo dos veces. Y tras echar una mirada alrededor y ver que nadie les estaba mirando se le acercó y le dio un breve beso en los labios. Se separó y tras sonreírle con timidez regresó donde Natalie le esperaba con la ropa que llevaría en esa sesión.
Tom se reunió con ellos minutos después con su cámara de fotos en sus manos y se dispuso a trabajar sin delatar lo nervioso que se encontraba. El beso de Bill le había dejado hambriento de más, y no hacía más que imaginarse a ellos dos de nuevo en la cama.
Tal vez esa misma noche tras la inauguración, sabía que volvía a tener el apartamento solo para ellos dos. Anthony regresaba esa misma tarde y ya había quedado con Andreas. Tenían que aprovechar cada momento que se les presentara, el tiempo se acababa…
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La inauguración fue todo un éxito, Bill estuvo radiante y Tom no paró de sacarle instantáneas. Entre foto y foto ambos picaban del buffet que habían instalado y cuando llegó la hora de regresar a sus casas sus estómagos estaban saciados, pero no sus cuerpos.
Un taxi les llevó al apartamento de Tom y sus labios se fundieron en un profundo beso ya en el. Caminaron hasta el dormitorio desnudándose por el camino, gimiendo y jadeando. Cuando llegaron a la cama no quedaba rastro de ropa alguno y Tom le había alzado haciendo que Bill le rodeada la cintura con las piernas. Le penetró con cierta brusquedad, Bill gimió por lo bajo de dolor pero al cabo de un minuto su cuerpo se adaptó y sin dejar de besarle dejó que Tom le acostara en la cama.
Hicieron el amor sobre ella sin usar esa vez ningún tipo de protección. Tom tuvo el detalle de no derramarse dentro, salió nada más sentir que no podía más y se vino contra un muslo de Bill quien estaba a punto de hacer lo mismo. No se lo pensó dos veces y agachando la cabeza lamió esa erección que tanto le llamaba y le hizo derramarse en su boca.
—Lo…lo siento…—se disculpó Bill entre jadeos.
—Quería probar tu sabor—murmuró Tom pasándose una lengua por los labios.
Bill le sonrió con timidez acomodándose mejor en la cama. Se sentía muy cansado, mucho se temía que sus ojos se cerraban sin remedio cayendo en un profundo sueño.
Tom le observó dormir unos minutos, levantándose con cuidado de no despertarle. Le abrigó con una manta y sentándose en el borde de la cama cogió su móvil cuando lo divisó entre sus ropas en el suelo y marcó un número de teléfono…
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Cuando Bill despertó eran casi las 10. Una vez más descubrió despierto a Tom observándole dormir. Separó los labios y al momento Tom le besaba en ellos con suavidad.
—¿Alguna vez te quedarás toda la noche conmigo?—preguntó Tom contra sus labios.
Bill suspiró como respuesta, no sabía que excusa inventarse para pasar una noche fuera. De momento no había ningún desfile previsto por el que tuviera que viajar, con Robert en ese estado Gustav se encargaba de que ningún trabajo le hiciera dejar la ciudad.
—No te preocupes, podremos disfrutar del resto de día—dijo Tom incorporándose—Te acompaño a casa, ya es tarde.
Bill asintió y también se levantó de la cama. Recuperó sus ropas y una vez más Tom le llevó en coche. Se despidió de él con un beso y entró en el edificio donde vivía. Como ya suponía Robert estaba profundamente dormido y sintiendo algo de hambre fue a la cocina a ver que le había dejado la señora Murphy.
Dentro de la nevera había un plato de lasaña y a su lado otro con natillas caseras. Fue directo a por ellas y se las comió a oscuras en la cocina, observando por la ventana. A sus pies pasaba un coche de vez en cuando, o un grupo de gente seguramente de su edad que regresaba a casa tras haber cenado juntos o ido al cine. Tal vez irían a tomarse la última copa de la noche, y mientras él tomaba un plato de natillas pensando en lo solo que en esos momentos se sentía…
Hasta que recordó lo bien que lo había pasado esa tarde con Tom, el sabor de sus besos, la tierna manera en que le acariciaba la espalda cuando le hacía el amor…entonces sonreía sin poder evitarlo, suspirando pensando en lo que le depararía el día de mañana….
Continúa…
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