
Fic TOLL de lyra
Capítulo 6
Salieron de viaje al día siguiente. No iban solos como Robert había dicho, Natalie Franz y Gustav Schafer, asistente personal de Robert y David les acompañaban.
Tomaron un avión a primera hora de la mañana. A Tom no le extrañó que Bill no le mirara o dirigiera la palabra, sentándose al lado de Gustav mientras que él lo hizo al lado de una emocionada Natalie. Sabía que le gustaba, y podría tirársela si le entraban ganas. Pero tras haber estado con Andreas pensando que era Bill con quien lo hacía, se juró a sí mismo no volver a estar con nadie más hasta alcanzar su objetivo.
Se entretuvo mirando una revista, ignorando la monótona conversación que Natalie se traía con ella misma hasta que se cansó de sus respuestas monosílabas y al final cayó sobre su hombro dormida. No le importó, incluso la acomodó mejor mientras dejaba a un lado la revista y observaba a su derecha.
Gustav se terminaba el sándwich que había pedido para almorzar y Bill estaba girado, miraba por la ventanilla escondido tras sus gafas oscuras. Desde donde estaba podía verle media cara, como sus labios se tensaban y la frente arrugaba.
Estaba muy pensativo, y a él le pasaba lo mismo. ¿Cómo pasar esos días juntos sin recordar lo que habían compartido? Un único beso. Aún podía sentir los labios de Bill contra los suyos, su aliento entrando en su cuerpo…sus manos acariciando sus suaves nalgas…
Carraspeó y volvió a fijar la mirada en la revista, tratando de no mirar de reojo al asiento de Bill, desde donde le llegaba algún que otro suspiro.
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Un coche les esperaba en la puerta del aeropuerto. Tras recoger su equipaje se subieron a el y partieron hacia el hotel que la editora de la revista Vogue les había cogido. Por el camino admiraron el paisaje, tras dejar la ciudad se adentraron en el campo y se preguntaban donde les iban a llevar.
—El hotel servirá como escenario para las fotos—explicó Gustav abriendo su agenda electrónica—Me informé de su historia nada más saber que nos íbamos a alojar allí. Se construyó en 1849, al principio fue la casa de verano de un lord francés que sus herederos convirtieron en hotel conservando sus grandes salones y una bodega de donde se hace el mejor vino de esta parte de Italia.
—Ya me lo puedo imaginar—murmuró Natalie sonriendo—Todo decorado como en el siglo XIX, tapices enormes en las paredes y grandes chimeneas de mármol.
—Saldrán unas fotos estupendas—apuntó Tom.
Todos esperaron a que Bill diera su opinión, pero al igual que en el viaje su mirada estaba perdida por la ventanilla, ajeno a la conversación que tenía lugar.
Llegaron al hotel y fueron llevados a sus habitaciones para que se asearan y cambiaran para la cena por cortesía de la casa. Dejaron las maletas en manos del botones y siguieron al director del hotel, quien les fue relatando al misma historia que Gustav había contado minutos antes, añadiendo algún detalle más y explicando el significado de algunos de los retratos que se exhibían colgados en las paredes.
—Son dos suites dobles, pueden compartirlas como deseen—les explicó el director del hotel.
Nada más escuchar sus palabras, Bill fue el primero en moverse. Cogió con firmeza la bolsa que llevaba colgada del hombro y tras echar una mirada a Natalie, le “ordenó” que se alojara en la misma suite con él. Natalie asintió y fue tras sus pasos, dejando a Tom y Gustav la suite de al lado.
—Bill necesitará ayuda con la ropa que ha traído—comentó Gustav con naturalidad.
“Eso…y que tiene miedo de tenerme cerca de su cama”—pensó Tom suspirando.
Siguió a Gustav y entraron en la suite que les había tocado. Era realmente grande, y muy bien decorada. Se quedó mirando los muebles que le rodeaban, con miedo de sentarse en una silla y romperla. Todo tenía aspecto antiguo, del año en que el hotel fue una villa.
La suite constaba de un salón para dos habitaciones, y ocupó la que Gustav le dejó libre. Puso sobre la cama la bolsa que portaba, en ella llevaba la cámara que le regalaron sus padres el año pasado. Era de las últimas y había sido realmente cara. Pero Simone y Jörg Kaulitz sabían que era necesaria para el trabajo de su hijo y no dudaron en regalársela.
La tenía mucho cariño, y a pesar de que el señor Miller le había dicho que cogiera todo lo que necesitara de la empresa, no se separaba de su querida cámara. El botones traería luego su equipaje, donde había otras más aparte de un ordenador portátil y demás enseres de trabajo.
Se dio prisa, la cena la servían dentro de una hora y quería ducharse y descansar un poco…y poner en orden los pensamientos…
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Y no era el único, a solas en la habitación que había elegido Bill pensaba lo mismo. Tener a Tom tan cerca no era nada fácil de llevar, más teniendo a Robert a kilómetros de distancia. Sin él a su lado, se sentía desprotegido, muy desdichado…
Suspiró y una vez le hubieron llevado sus maletas, abrió una de ella y cogió su neceser. Sabía que Natalie iría a deshacerle el resto de equipaje, encargándose de colgarle la ropa para que no se le arrugase. Luego ella se arreglaría y pasaría a ayudarle a maquillarse y peinarse. A veces se sentía como un niño pequeño, pero en el fondo le gustaba que le mimasen.
Suspiró de nuevo y entró en el baño, sonriendo al ver la bañera que ocupaba media estancia. Se daría un baño de espuma relajante, se sentó en el borde de la bañera y abrió los grifos del agua tras taparla.
Se desnudó y una vez llena se metió. Se recostó contra el borde cerrando los ojos. Sentía el cuerpo muy pesado, llevaba semanas haciendo que Robert se sintiera bien, preocupado por su estado y sin poder dormir bien por las noches. No quería preocuparle y por eso todas las mañanas despertaba con una amplia sonrisa que Robert agradecía.
¿Qué estaría haciendo en esos momentos? ¿Se habría acordado de tomar su medicina? ¿Esa noche se sentiría tan solo como él su gran cama, fría sin nadie al lado con quien compartirla?
Pestañeó y abrió los ojos al sentirlos llenos de lágrimas. No había sido una buena idea el baño, no le relajaba sino todo lo contrario. Se ponía a pensar en lo triste que era su vida y eso no le hacía nada bien. Si seguía así, cuando volviera a Alemania Robert notaría que había estado todo el tiempo preocupado, y él también lo haría. Quería verle feliz pero… ¿cómo hacerlo si se sentía morir él también pensando que le quedaba tan poco tiempo?
Sacudió la cabeza alejando esos pensamientos. Se incorporó en la bañera y destapándola salió de ella pasando a la ducha, donde se aclaró la espuma y lavó el pelo.
Cuando salió del baño envuelto en un amplio albornoz blanco, Natalie ya le esperaba con su neceser abierto sobre la cama. Se sentó en la silla que había colocado delante de un gran espejo y mientras que ella le secaba el pelo, él se quedó mirando su reflejo en el espejo pensando en lo mucho que había cambiado y en todo lo que le debía a Robert…y en cuanto le iba a echar de menos…
Dejó que le peinara y maquillara, y entonces una vez a solas se despojó del albornoz y vistió con la ropa que Natalie le había dejado preparara. Tenía buen gusto, podía confiar plenamente en ella.
Se miró al espejo sonriendo, toda la ropa que vestía estaba diseñada por Robert, incluyendo algún modelo exclusivo que hacía solo para él. Como el que esa noche llevaba. Unos pantalones ajustados de cuero negro, camisa amplia del mismo tejido con tachuelas plateadas y unas botas negras altas.
Era uno de los modelos que luciría al día siguiente en el reportaje que Tom le haría, pero podía ponérselo si quería. Era suyo, y fuera donde fuera debía hacer publicidad de diseños Miller.
—¿Bill?
La voz de Natalie le sacó de sus pensamientos. Asintió y salió de su suite, cogiendo por el camino sus gafas de sol. Se las puso antes de reunirse con Gustav y Tom en el pasillo. Nada más verlos, sus ojos se dirigieron a Tom que le miraban de la misma manera que él.
Así era, Tom se había arreglado para la cena pero al lado de Bill se sentía demasiado informal. Llevaba unos vaqueros, camisa de cuadros y playeras. En cambio Bill se había vestido como si fuera a una fiesta. Natalie llevaba un vestido negro corto por encima de las rodillas y zapatos de tacón impresionante. Gustav vestía todo de negro, el único que destacaba aparte de Bill por lo obvio, era él.
Camino del ascensor pensó que desentonaba, en ese hotel tan lujoso y él llevando esas ropas. Resopló resignado, alzando la mirada y clavándola en la persona que tenía delante. Bill caminaba sin saber que le estaba admirando de arriba abajo. Sin inmutarse de su presencia, como si él no existiera.
Tenía que hacer algo para que se fijara en él, y tuvo su oportunidad en la cena. Sentado enfrente de Bill con Natalie a un lado y Gustav al otro, se pasó las dos horas que duró la cena tonteando con la maquilladora, encantada de la atención recibida.
No paró de contestar las preguntas que Tom le hacía, era como si los demás acompañantes no estuvieran y fuera esa su primera cita. Hablaron, rieron y bebieron vino sin dejar de mirarse a los ojos.
Mientras Bill no podía evitar sentirse celoso por la atención que no recibía. Tom sentado enfrente de él, ignorándolo a sabiendas y coqueteando con…con la primera zorra que se ponía al lado, quien no podía estar más orgullosa.
Casi gritó aliviado cuando terminó la cena y subieron a acostarse. Empezarían a trabajar bien temprano y el director del hotel ya les había explicado que estaba todo preparado en el ala del hotel donde se iba a realizar la sesión de fotos, uno de los grandes salones cerrado al público durante su estancia.
Regresaron a sus habitaciones y Bill solo pensaba meterse en la cama y dormir, tras haber llamado a Robert para darle las buenas noches. Claro, que no contaba con la sorpresa que le esperaba. Nada más entrar por la puerta, Natalie le comentó que esa noche no la pasaría en su habitación.
—Tom me ha invitado a su cama, deséame suerte—pidió Natalie sonriendo ampliamente.
Fue incapaz de articular palabra, la muy…puta se iba a acostar con Tom tras dos horas de charla sin sentido. No entendía que le estaba pasando, ¿por qué se ponía celoso? ¿A él qué le importara con quien follara Tom esa noche y las que le diera gana?
Se metió resoplando en la cama, más cuando llamó a Robert y no le cogió la llamada. Le saltó el contestador donde le informaron que estaba en una reunión muy importante y que dejaran un mensaje.
No lo hizo, mandó el móvil al otro extremo de la habitación y se dispuso a dormir. Pero…pensando qué estaría pasando en la suite de al lado, se pasó la noche en vela.
Continúa…
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