
Fic TWC de lyra
Capítulo 2. Viviré dentro de ti
Secó su cara con una toalla. Se limpió de ella la tristeza que se negaba a abandonarle. Se miró en el espejo, sus ojos llorosos y entreabiertos. Todo había terminado. Tom le ha dejado.
—Bill, abre por favor—suplicó Gustav de nuevo.
Pero de sus labios no salió ninguna palabra. ¿Qué podía decir de su estado? ¿Qué lloraba porque Tom le había fallado al grupo?
Solo lloraba por su traición. Le prometió quedarse a su lado el resto de su vida con una mano en el corazón, selló esa promesa con un beso en sus labios, y minutos después la rompió con otro beso dado a otros labios.
—Ha llegado David, nos quiere hablar a todos—insistió Gustav.
Negó con la cabeza, en esos momentos no podía soportar su charla. Le preguntaría si sabía porqué les había abandonado Tom. No lo sabía, ni siquiera sabía porque no estaba a su lado en esos momentos.
Suspiró y tras limpiarse la tristeza de sus mejillas dale del bañó dejando atrás su melancolía.
—Tienes muy mala cara—apuntó Gustav.
Bill pasó a su lado sin dirigirle la mirada. Sus ojos tristes solo miraban el suelo, miraba sus pasos sin saber a donde le llevaría en esos momentos y para el resto de su vida.
—Sentaros—les pidió David.
Los chicos le obedecieron y vuelven a ocupar el sofá del backstage. Bill no pudo evitar dirigir la mirada al sitio que ocupara antes Tom. Recordaba que le tiró el cojín y le hizo daño. Lo que daría por volver a atrás en el tiempo, por quedarse en ese sofá en el que los golpes eran tan suaves comparados con el mazazo que había recibido.
En la cara de David se reflejaba un gran enfado. Nunca le había pasado lo que esa noche, tener que suspender una entrevista porque un componente del grupo se había fugado con un achica.
—La entrevista se ha cancelado—dijo sin más explicaciones—He tenido que decir que Tom no se encontraba bien y que de momento no fijaríamos un a nueva fecha. Hablaré mañana con él, si es que aparece.
Todos contuvieron la respiración. Sabían el tipo de charla que iban a tener y se alegraban de no estar en su lugar. Se levantaron para volver al apartamento, pero David retuvo a Bill por el brazo. Esperó a que los demás les dejasen a solas antes de hablar.
—No lo sé—susurró Bill antes de que le hiciera la pregunta.
—¿No te dijo nada?—insistió David.
Bill le miró con el dolor marcado en sus ojos.
“Que estaría a mi lado el resto de su vida”—pensó mientras una lágrima bajaba por su mejilla.
Negó con la cabeza limpiando su dolor y David le dejó marchar a casa para que descansase, y quizás para que tratase de olvidar.
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Llegaron al apartamento y en cuanto cruzaron la puerta Bill se derrumbó. Rompió a llorar y trató de subir a su habitación, pero le cogieron entre los dos y se lo impidieron. Le llevaron a la cocina y mientras que Georg le preparaba un té Gustav le obligó a sentarse en una silla. Bill apoya los brazos en la mesa y dejó caer en ellos la cabeza sollozando.
—No llores, ya verás como mañana se disculpará por su comportamiento y las cosas volverán a ser como antes—animó Gustav frotándole un hombro.
—No, como antes no—susurró Bill limpiándose la cara con las manos—Me ha abandonado.
—No ha abandonado el grupo—aclaró Georg poniéndole una taza de té delante.
Bill le miró como si no le hubiera entendido. A él le daba igual el grupo, en esos momentos solo le importaba la felicidad. Y la única manera de ser feliz que conocía era estar al lado de su hermano, recibiendo el amor que le transmitía cada vez que sus labios se unían.
Apartó a un lado la taza de té y se levantó arrastrando la silla. Se levantó y pasó entre sus amigos, que intentaron que se quedase con ellos, pero en esos momentos necesitaba tiempo para pensar, tiempo para empezar a comprender la soledad en la que estaba obligado a vivir después de lo que había visto y sentido.
—Bill, tómate el té, te sentará bien—gritó Gustav al verle salir corriendo.
“Nunca volveré a estarlo, ¿para qué intentarlo?”—pensó subiendo las escaleras.
Llega a su habitación y una vez dentro empezó a desnudarse tirando la ropa al suelo sin importarle que se estropease. Entró en el baño y lavó su cara limpiando el maquillaje que sus lágrimas no habían borrado.
No se miró al espejo, no quería ver sus ojos reflejados en el. No quería ver como la tristeza se asomaba a ellos dejando bien lejos el amor que antes los habitaba.
Apagó la luz y se echó en la cama abrazando la almohada, la única compañera que dormiría con él el resto de su vida, la única sobre la que derramaría las lágrimas que Tom le iba a provocar…
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Llevaba dos horas durmiendo cuando un ruido le despertó. Se sentó en la cama con el corazón agitado. Se llevó una mano al pecho y escuchó con más atención.
Volvió a oír ese ruido, como un gemido lejano.
Se levantó con rapidez y abrió la puerta con un mal presentimiento que se cumplió cuando vio a Tom tirado en el suelo a sus pies.
Gritó su nombre y se arrodilló a su lado. Cogió su cabeza con suavidad y la recostó en su regazo. Observó su pálida cara, sus ojos fuertemente cerrados. Pasó una mano por su mejilla y consiguió que abriera los ojos cuando una de sus lágrimas rozó sus parpados.
—Perdóname…—susurró Tom antes de volver a cerrar los ojos.
—¡Tom! ¡Mírame!—pidió entre lágrimas Bill sacudiendo su cuerpo.
Georg y Gustav se habían levantado al oírle gritar y les miraban asustados. Georg apretó un brazo a Gustav para indicarle que iba a llamar a una ambulancia. Gustav se arrodilló al lado de Tom y le giró el cuello con cuidado.
Sobre su blanca piel resalta una herida que sangraba profundamente. La miró asustado, reconociendo en ella la marca de unos afilados dientes.
Se levantó con rapidez y entró en su baño en busca de algo con lo que parar la hemorragia, momento que aprovechó Bill para besar a su hermano en los labios.
—Resiste por favor—sollozó contra ellos.
Gustav regresó y aplicó una toalla en la herida. Apretó con firmeza y esperó a que llegase la ambulancia, rezando para que no fuera demasiado tarde.
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Llevaban más de una hora en el hospital. La ambulancia llegó a los diez minutos de ser llamada. Vieron que Tom se estaba desangrando, que lo más seguro era que hubiera perdido mucha sangre y se lo llevaron lo más deprisa que pudieron preguntándose como había logrado arrastrarse hasta la casa en ese estado.
Solo Bill sabía el motivo. Se sentía morir y no quería hacerlo sin haberle visto una última vez, sin pedirle perdón por lo mal que se había portado.
Georg y Gustav paseaban nerviosos esperando. Seguían con sus pijamas puestos y la gente se fijaba en ellos, pero les daba igual. En esos momentos sus preocupaciones eran otras.
Querían saber el estado de Tom, y también si Bill ya se había recuperado. Tom había perdido mucha sangre y necesitaba una transfusión, así que él se había ofrecido. Compartían el mismo grupo sanguíneo, y ahora compartirían la misma sangre.
En esos momentos Bill se encontraba recostado en una camilla con los ojos cerrados, tratando de olvidar la imagen de cómo por una fina aguja su sangre salía de su cuerpo y entraba en una bolsa que más tarde estaría conectada a Tom.
Se encontraba muy mareado, además de preocupado. Nadie le decía nada, sentía que estaba perdiendo a su hermano por segunda vez en la misma noche.
Abrió los ojos cuando una enfermera le tocó con suavidad el hombro.
—Tómate esto, te ayudará a recuperarte antes—dijo tendiéndole un zumo de naranja.
Bill lo cogió y se lo llevó los labios tratando de no derramarlo.
—Ahora podrán entrar tus amigos a verte—siguió diciendo la enfermera—Están afuera muy preocupados.
— ¿Y mi hermano?—preguntó Bill dejando de beber.
—Ahora me informo—contestó la enfermera apretando su mano.
Salió de la habitación y dejó entrar a Georg y Gustav.
— ¡Bill!—llamó Gustav corriendo a su lado.
— ¿Estás mejor?—preguntó Georg ayudándole a sentarse.
Dejaron el zumo a un lado y le observaron llevarse una mano a la cabeza que sentía que se le iba por momentos.
—Solo un poco mareado—contestó Bill frotándose la frente—¿Sabéis algo de Tom? No me quieren decir nada.
—A nosotros tampoco, será porque no somos de la familia o algo así—contestó Gustav suspirando.
Se quedaron con él hasta que el médico que había atendido a Tom entró a darles noticias sobre su estado.
—Se encuentra fuera de peligro—respondió a la muda pregunta de Bill.
— ¿Mi sangre le ha ayudado?—preguntó Bill en un susurro.
—Ahora mismo se la estamos poniendo. Pero me preocupa la herida del cuello, ¿sabéis como se la ha hecho? ¿O quien?—interrogó muy serio el médico.
Todos miraron a Bill esperando a que contestase algo, pero solo pudo encogerse de hombros y negar con la cabeza.
—Después del concierto se fue con una chica—explicó por encima Gustav.
—No sabemos que pasó después—apuntó Georg.
—Tal vez fue ella—dijo Bill en un susurro.
—O puede que también esté herida—murmuró el médico—La policía ya está avisada, harán lo que puedan para encontrarla.
Se inclinó y comprobó con una pequeña linterna los ojos de Bill. Le puso una mano en la frente y asintió al ver que no tenía fiebre.
—Si no estás muy mareado puedes ir a verle.
No necesitó que se lo repitieran dos veces. Se levantó con rapidez, pero se tambaleó y si no fuera porque Gustav le sujetó a tiempo estaría en el suelo. Una enfermera acercó una silla de ruedas y de esa manera fue llevado a la habitación en la que se recuperaba Tom.
Le acercaron a la cama y en cuanto pudo le cogió una mano y se la lleva a los labios. Sollozó contra ella al notar lo fría que estaba. Levantó la mirara y le observó su pálida cara. Alargó una mano y rozó su pelo que se encontraba suelto y extendido por la almohada.
Subió la mano hacia su cuello y acarició la venda que cubría esa mortal herida. La abandonó y la posó en su mejilla, para que sentiera su presencia, para que viera que estaba a su lado aunque le hubiera hecho mucho daño.
No sabía si lo estaría cuando despertase, quizás entonces le dijera que le abandonaba para siempre…
Agachó la mirada y observó su brazo. Bajo un trozo de algodón se encontraba la señal que la aguja le dejó en su cuerpo.
“Al menos así una parte de mí vivirá dentro de ti para siempre”—pensó con consuelo.
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Tom tardó dos días en volver a casa. Despertó a la mañana siguiente pero no pudo explicar nada sobre su estado. No recordaba nada de lo sucedido desde que subió al escenario para el concierto. No sabía como se hizo la herida del cuello ni si fue atacado por alguien, por no mencionar que no recordaba nada sobre besar a una chica, y menos delante de su hermano.
El último beso que recordaba claramente es el que le dio a él. Nunca podría olvidar sus besos, ni sus labios…
Veía el dolor en su cara. Él si recordaba claramente haberle visto besarse con una chica, todo el daño que le había provocado.
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Llegaron al apartamento y se acostó tratando de descansar un rato. Se encontraba un poco débil y Bill se ofreció a ayudarle. Le acostó en la cama y tras arroparle se dispuso a salir cuando su voz le detuvo.
—Siento haberte hecho daño—dijo Tom con firmeza—No recuerdo nada de lo que pasó, tienes que creerme.
—Te creo—murmuró Bill acercándose a la cama de nuevo.
—Sé que tú lo recuerdas todo, solo te pido que lo olvides, que sigamos por donde lo dejamos como si nada hubiera pasado—le rogó Tom cogiendo su mano.
Bill le miró sin saber que decir. Era verdad que le había hecho mucho daño, pero también era cierto que le había echado mucho de menos. Se inclinó y le besó en los labios como única respuesta.
Tom rodeó su cuerpo y girando sobre sí mismo le hizo acostarse encima. Hizo el beso más profundo atrayéndole por el cuello, que empezó a frotar con fuerza con los dedos.
Bill gimió de dolor en su boca y se separó llevándose una mano al cuello.
—Perdona, no sé que me ha pasado—se excusó Tom acariciando su mejilla.
—¿Has recordado algo sobre tu herida?—preguntó Bill acariciando la venda.
Tom negó con la cabeza y le hizo recostar sobre su pecho. No quería que viera en sus ojos que le estaba mintiendo. Había sido rozar su cuello y sentir un dolor intenso. Sabía que alguien le hizo algo, una persona, aunque más bien parecía un animal…
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Pasaron los días y todo volvió a la normalidad, o al menos según los ojos de Bill. Volvía a ver al hermano del que se enamoró, más atento que antes para demostrarle lo mucho que se arrepentía por algo que no recordaba.
Pero para Georg y Gustav, Tom había cambiado mucho. Le veían muy raro. Con Bill actuaba con naturalidad, pero con ellos era muy frío y distante. Porque sabía que le observaban, que le vigilaban para comprobar que realmente estaba bien.
Mientras, Bill no se enteraba de nada, o no quería hacerlo. Él solo lo veía con sus ojos de enamorado. Solo se concentraba en las noches que pasaban juntos, en que hacían el amor y luego dormían el uno al lado del otro.
Olvidaba que era él el que dormía. Trataba de ignorar que Tom solo le abrazaba sin poder conciliar el sueño, que cuando no lo aguantaba más le dejaba solo en la cama para sentarse en el suelo, desde donde le observaba dormir sin poder hacerlo él, sin hallar la paz que en sus pesadillas no encontraba.
En ellas veía como alguien le cogía con firmeza del cuello y apretaba sus dientes contra su piel. Se despertaba asustado y llevándose una mano a el, sintiendo la herida palpitar bajo la venda, haciendo presente que su pesadilla es muy real.
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—No me digas que tú no le ves raro—preguntó Gustav en un susurro.
Se encontraban en la cocina, donde Bill estaba preparando una ensalada para Tom. Últimamente no tenía apetito y le estaba preparando un almuerzo ligero.
—Yo le veo como siempre—aseguró Bill sin mirarle.
Tenía miedo de que si le decía que tenía razón, Tom le volviera a abandonar por no haber confiado en él.
—Se comporta de forma extraña—insistió Gustav—Apenas come y sé que por las noches no duerme. Su cama está vacía por las noches y en las mañanas amanece en ella sin haberla abierto.
—¿Es que acaso le espías?—preguntó Bill apretando los dientes.
Solo le había faltado mirar en su habitación y pillarlos en pleno acto de amor. Se concentró en cortar la lechuga haciendo caso omiso de sus comentarios.
—No le espío, solo me preocupo por él, por……
—¡Joder!—exclamó Bill cuando el cuchillo arañó su piel.
Se llevó el dedo herido hacia los labios, pero antes de que lo llegara a chupar Tom se le adelantó y le cogió por la muñeca.
—No le distraigas cuando tiene un cuchillo en las manos—le riñó a Gustav.
Se quedaron mirando. Era obvio que les había estado escuchando, que sabía que él y Georg le vigilaban como dos halcones.
—Cúrale la herida—dijo Gustav saliendo de la cocina.
—No es nada, no te enfades con él—suplicó Bill.
Le llevó a rastras hasta el fregadero y abrió el grifo, pero antes de poner su mano debajo se quedó mirando la sangre que por su dedo bajaba. No podía apartar los ojos de ella, ni siquiera pestañeaba. Ese líquido rojo le estaba llamando a voces, y él quería contestar esa llamada.
Tiró de la mano de Bill y lentamente se la acerca a sus labios, separándolos lentamente y cerrándolos en torno a ese dedo que palpitaba contra su lengua. Cerró los ojos y saboreó la sangre de su hermano en su boca. Succionó un poco como si de ese modo pudiera sacar más.
Bill gimió al sentir el calor de su boca en el dedo, pero de repente gritó cuando sintió sus dientes.
Tom abrió los ojos con rapidez y soltó la presa de su boca. No se había dado cuenta de que le estaba mordiendo hasta que escuchó su grito de dolor.
—Perdona, me he dejado llevar—se disculpó avergonzado.
Bill metió la mano bajo el grifo y se lavó la herida sin mirarle. Le había asustado, esa manera en la que se llevó su dedo a la boca y como cerró los ojos como disfrutando del sabor de su sangre, le había hecho sentirse muy incómodo, incluso preguntarse si Gustav tenía algo de razón.
—No ha sido nada—murmuró procurando que no le temblara la voz.
Cogió un paño de cocina y lo apretó contra la herida. Se giró y se le quedó mirando. Se había alejado un poco de él, le miraba con una rara expresión en la cara, entre el miedo y la pasión.
— ¿Te sientes bien?—preguntó Bill asustado.
—Yo…necesito estar a solas—contestó Tom tartamudeando.
Salió corriendo de la cocina y subió a su habitación para encerrarse en el baño. Se lavó la cara una y otra vez para alejar de su mente esas visiones que habían llegado a ella en el primer momento que saboreó la sangre de su hermano.
Ya sabía con certeza que su herida del cuello se la hizo una persona, concretamente esa chica con la que se fue después del concierto. Recordaba que le había dicho su nombre susurrándolo en su oído, recordaba que se llamaba Cassandra y haberla besado delante de su hermano.
Cerró los ojos y sintió esos labios sobre los suyos.
Sintió como su boca se abrió y mordió su cuello, sintió como empezó a succionar su sangre, a alimentarse de él como……
….¿si de un vampiro se tratara?
Continuará…