
«¿Y qué?» Fic de Earisu
Capítulo 13
Bill estaba echado sobre Dennis en la cama, con los brazos rodeando su cuello y suspirando deleitado en medio de un profundo beso.
Sus labios no dejaban de acariciarse, de jugar a intentar atrapar a los contrarios para después dejarlos libres y vuelta a empezar.
-…Mmmm…
En la habitación todo era paz y el chico se sentía como en una nube con los dedos de Dennis dibujando los contornos de su cintura y con su lengua haciéndole cosquillas en los labios.
En un arrebato de pasión se inclinó aún más sobre el hombre.
-…Au…Au,au…- Y éste reaccionó de un modo inesperado.
-…¡Oh!…¡Perdona, perdona!…¿Te he hecho mucho daño?
Dennis se toqueteaba las costillas.
-…Nah. Ya está, todo controlado. – Le guiñó un ojo restándole importancia al asunto aunque seguía con el rostro contraído.
-…No sé cómo dice el médico que esta tarde te dan el alta. ¡Tú no estás bien!…
-…Estoy bien, no al cien por cien de mis facultades, pero bien. No te preocupes, tonto.
En ese momento llegó Tom y no iba solo. Susanna, que se pudo escapar del trabajo un rato, le acompañaba.
Dennis miró a Tom como si fuera el sospechoso de algún crimen, olvidando todos sus males.
-…Eh, relaja, me la he encontrado en la puerta… – Aclaró Tom levantando las dos manos, defendiendo su inocencia.
-…¿Me he perdido algo?… – Preguntó Susanna, confusa.
-…Nada. – Contestaron Dennis y Tom al unísono.
-…Bueno, entonces, ¿qué quieres que te traiga? – Preguntó Bill levantándose de la cama de un salto y tras saludar a los recién llegados.
-…Cualquier pantalón de chándal, el primero que pilles y una sudadera. Pero sobre todo, trae un paraguas…Parece que va a caer una buena. – Comentó Dennis mientras miraba por la ventana. El cielo estaba totalmente gris.
Esa tarde salía del hospital por fin y Bill iba a ser el encargado de ir a su apartamento para traerle algo de ropa.
-…Vale, pues entonces, ya vengo… – Bill dio un beso en los labios a su chico a modo de despedida.
-…Si quieres, voy yo…No sea que te vean… – Se ofreció Susanna.
-…Da igual, ya saben que está aquí. – Suspiró Tom. La foto que le hizo un paparazzi entrando de incógnito en el hospital donde el supuesto novio de su hermano estaba ingresado había dado la vuelta al mundo y se sentía culpable por ello.
-…Exacto. Además tú acabas de llegar, mujer. – Dijo Bill mientras se ponía un chaquetón negro. – Tomi, ¿me acompañas?
En ese momento, Tomi estaba con sus ojos clavados en los pechos de la joven.
-…¿Eh?…Yo también acabo de llegar. – Contestó ausente pero medio quejándose.
-…¡TOM!…
-…¿Qué?…Susanna dice que sólo puede quedarse unos minutos. ¿No querrás que deje a mi cuñado solo?
Bill puso los ojos en blanco, suspiró y al final se resignó a marcharse sin él.
-…Hasta luego, entonces…
-…¡Que no se te olvide el paraguas! – Fue la respuesta de Dennis que no dejaba de controlar al de las rastas como si fuera un sujeto altamente peligroso.
Susanna no se coscaba de nada.
&
Cuando Bill regresó, se encontró con su chico y con su hermano ya sin más compañía y muy concentrados ambos sentados en la cama.
-…¿Qué hacéis?…
-…Jugar al Ahorcado. – Contestó su gemelo.
Entonces, los dos jugadores miraron al recién llegado y se empezaron a partir.
Bill llegaba con su grueso chaquetón abrochado hasta arriba, con una bufanda tapándole media cara y el gorro de esquimal puesto.
Llevaba unos guantes de cuero y con todo en conjunto, parecía que si alguien le empujaba y cayera de espaldas, no podría levantarse por la segura imposibilidad de flexionar las articulaciones. Parecía que venía del Polo Norte.
-…Imbéciles. ¡No sabéis el frío que hace! – Se quejó mientras dejaba a un lado el macuto con la ropa de Dennis.
Se desprendió después de su abrigo y su bufanda y pese a ir forrado el muchacho tenía la nariz roja, congelada.
Dennis se levantó con cuidado y dijo de ir a vestirse.
En ese momento, comenzó a diluviar.
-…¿…Has traído el paraguas?…- Preguntó Dennis mientras se ponía la sudadera con un gesto algo dolorido.
Bill no le escuchó por que toda su atención estaba centrada en su torso desnudo.
Tom le dio un empujón para ayudarle a regresar al planeta Tierra.
-…Oh, se me olvidó, pero fuera había un hombre vendiendo paraguas y le he comprado uno, tranqui. – Dijo Bill sacudiendo su cabeza para desprenderse de sus ideas lujuriosas.
-…Guay. Espero que no llamemos mucho la atención al salir. – Comentó Dennis ajeno a todo.
&
Bill sacó el paraguas de su plástico antes de abandonar la habitación.
-…¡¡¡VIRGEN SANTA, BILL!!! ¿No había un paraguas más discreto? – Se escandalizó Dennis.
-…¡Este es el más discreto que había!
Tanto Dennis como Tom miraron la tela con cara de repulsión total.
Y no era para menos. Era color naranja fosforito con lunares amarillos.
-…Bien. Adiós a la idea de no llamar la atención. – Se encogió de hombros Den.
-…BAH, no seas exagerado. Es un simple paraguas.
&
Los tres después de despedirse del personal del hospital se dirigieron a la puerta de atrás del edificio. Tontería por que periodistas habría por todos lados. Pero…
Bill hizo la pregunta.
-…¿Preparados?
Los demás asintieron.
-…Pues allá vamos. – Bill abrió el paraguas y cogió a Dennis del brazo con decisión. – …You can stay under my umbrella. – Le sonrió.
-…Qué remedio. – Suspiró el otro.
Y ambos salieron.
-…Tomi, tú también, hay sitio para los tres si nos pegamos mucho.
-…Ni muerto me meto yo debajo de eso. Haré como que no os conozco.
Los tres comenzaron a caminar, Tom unos pasos por detrás, con las manos metidas en su plumas y mojándose la cabeza.
-…¿Prefieres mojarte a…? – Oyó a su hermano desde atrás.
-…Sí. – Contestó como si nada. Iba mirando en todas direcciones, pendiente de que nadie les viera.
Claro que eso no sucedió.
Al principio, Bill pensó que debía de haber tormenta. Pronto se recriminó a si mismo por ser tan inocente. Lo que él había creído resplandores de rayo, eran en realidad cientos y cientos de flashes que comenzaron a disparar contra él en cuanto reconocieron al trío que acababa de salir del hospital.
-…Mierda. – Se quejó Dennis.
-…Ya nos esperábamos esto… – Susurró Bill entre dientes. Los tres comenzaron a caminar más deprisa.
-…Yo no esperaba que me inmortalizaran con este paraguas tan ridículo. – Fue la aclaración de Dennis.
Bill sonrió divertido a pesar de la situación. Y sin pensárselo dos veces le dio un beso en los labios.
Quizá fueran imaginaciones suyas, pero en ese momento los flashes se multiplicaron por mil si aquello era posible.
-…Bill, por Dios. Que te van a ver… – Oyó Bill decir a Tom a sus espaldas.
Bill giró la cara sonriendo a su hermano.
-…¿Y qué? – Contestó. – Es mi novio.
Tom puso los ojos en blanco.
-…Además, ya me han visto hacer cosas peores. – Se rió su hermano. – Así que, ¿qué más da?…
-…¡¡¡DENNIS!!! ¿CÓMO ESTÁS? – Los gritos de los periodistas comenzaron a llegar a sus oídos.
-…¡¡¡BILL!!! ¿CÓMO TE ENCUENTRAS?
Por alguna extraña razón no se acercaban a ellos, se mantenían en la lejanía en sus respectivas posiciones.
-…Deben tenerlo prohibido, por el hospital o algo… – Elucubró Tom.
-…Pero nos seguirán. – Sentenció Dennis.
-… – En esta ocasión, Bill guardó silencio.
Las preguntas seguían llegando, insistentes. Pero ninguno contestó a nada.
No iban a darles lo que querían.
Pronto, los chicos alcanzaron su coche y aunque en efecto, algunos les siguieron, tras unas cuantas maniobras, lograron que les perdieran de vista.
&
Salieron del coche y de nuevo retomaron idénticas posiciones.
Bill y Dennis agarrados del brazo, con el primero sosteniendo el paraguas y Tom tras ellos, con la cabeza gacha.
Todos se pusieron en camino. En un principio dijeron de ir al piso de Dennis, por que los alrededores del apartamento de los gemelos estaría infestado de paparazzis.
Pero como aún así tenían mucha más seguridad allí al final se decidieron por su casa.
En un momento dado, Tom miró al frente, hacia su hermano y su pareja.
Ahora los dos estaban cogidos de la mano y Bill no dejaba de sonreír, de darle achuchones y empujoncitos a Dennis… De tontear constantemente con un brillo de felicidad en los ojos. Una felicidad que ni el pensamiento de lo que le depararía de ahí en adelante lograba enturbiar.
Bajo ese paraguas que les protegía de la lluvia, estaban como en su mundo. En un mundo en el que incluso en un día de perros como aquel, ellos estaban bien por que estaban juntos.
De vez en cuando unían sus labios en un rápido beso.
Y en ese instante, Tom se sintió indignado.
No podía comprender cómo todavía había gente que no aprobaba esta clase de relación…No sólo eso, sino que también la atabaca.
Se preguntó si toda esa gente, intolerante a más no poder, sabía de lo que estaba hablando.
Estaba seguro de que no.
¿Cómo alguien que viera lo que él estaba viendo podría estar en contra?…
Lo que él estaba viendo era a dos personas. A dos personas que se querían y que eran felices juntas.
Ya no eran ni dos hombres. Eran dos personas.
¿Y no se supone que es eso lo que debes amar? Más allá del sexo, la raza, o lo que sea…¿No es a la persona?…
Tom ahora estaba seguro de algo. Y es que toda esa gente que desprecia a otro por su condición sexual no tiene ni puta idea de lo que es el amor.
Por que si lo supieran, lo entenderían. Sabrían que el amor no tiene límite, no tiene una frontera…Nace donde quiere, y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo.
Depravación, desviación, corrupción, degeneración…
Son algunas de las palabras que muchos usan como argumento, como por qué a su no aceptación.
¿De verdad piensan que cualquier amor mutuo y libre puede ser una depravación, una desviación, una corrupción o una degeneración de otro?…
Si es amor…¿Por qué no va a ser igualmente valioso?
¿Por qué no puede ser igual?
Tom ya no tenía duda alguna. No había razón.
No hay dos clases de amor.
El amor es siempre el mismo.
Somos nosotros quienes le hemos puesto etiquetas en nuestra eterna obsesión de ordenar el caos…
¿Por qué no nos paramos a pensar que a veces la respuesta más simple es la correcta?
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario.