
«¿Y qué?» Fic de Earisu
Capítulo 8
-…Dennis…Deeeennis…Saluda a la cámara…
La temblorosa imagen pasó de los botines de Bill a la cara de Dennis que estaba concentrado intentando abrir un Chupa-Chups, pero el envoltorio se le resistía.
-…¡Saluda! – Repitió Bill…Pero su chico seguía estando demasiado ocupado para hacerle caso. Al cantante no pareció importarle aquello en absoluto y con gracia, hizo las veces de un improvisado reportero. -…Aquí vemos al intrépido Dennis, en lo que parece una batalla interminable en la que sólo puede haber un ganador. Observen su rostro contraído por el esfuerzo…
-…Cojones, ¿cómo pueden proteger el puto caramelo tan bien?…Está a prueba de bombas. Se supone que lo hacen para niños…
-…Oigan sus lamentos, señales inequívocas de la frustración que le posee en este instante.
Dennis miró al objetivo con cara de mala leche.
-…Que te den.
Se oyó a Bill reírse al otro lado de la cámara.
-…Pues saluda.
Dennis levantó su dedo corazón dedicando únicamente un gesto obsceno a cámara sin ni siquiera volver a mirarle.
-…Jajajaja…
Por fin, el envoltorio cedió y Dennis pudo llevarse el dulce a la boca.
-…Oye, ¿me vafff a acompañar al final, o qué?…
Dennis quería comprar unos rotuladores.
-…Vale.
-…Me pongo la cazadora y vengo.
Bill se enfocó a si mismo, un primer plano de su cara apareciendo por sorpresa.
-…¡Vamos de compras a los chinos! – Anunció como si fuera la aventura más apasionante del mundo.
&
Dennis iba andando por la calle con unas gafas de sol, el Chupa-Chups en la boca y fijándose en los distintos escaparates de toda tienda que se le pusiera por delante. De vez en cuando le decía a Bill que mirara fuera lo que fuera que hubiera captado su atención.
Pero Bill no soltaba su cámara ni dejaba de enfocarle y el hombre se acabó dando cuenta.
-…¿Pero quieres dejar de grabarme?
-…¡JO!…¡Estoy viendo cuánta memoria tiene!… – Se oyó decir a Bill.
-…¿Me estás diciendo que piensas estar grabándome hasta que se acabe la memoria?
-…Esa es la idea, sí. Además, así tendré un recuerdo tuyo cuando rompamos y eso.
-…Que por cierto, ya no nos queda mucho.
-…Ooooooh… – Bill fingió pena, y siguió grabando.
-…Virgen santísima…¿Por qué no te regalaría una colonia como hace todo el mundo…?
-…Mi madre siempre le regala a Gordon una corbata por el Día de los Enamorados. ¡Y mi padre no se ha puesto una corbata en la vida!…Deberías estar contento de que me gusten tus regalos.
Dennis miró a cámara alzando una ceja.
-…Si me alegro. Pero es que no voy a hacer ninguna declaración. – Dennis subió la solapa de su cazadora y fingió esconderse como una estrella de Hollywood súper creída.
Las carcajadas de Bill sonaron con fuerza.
-…Sólo queremos saber si los rumores son ciertos, Dennis…Eres un personaje público, ¡y tenemos derecho a saber! – Kaulitz se puso en la piel de un periodista del corazón , de esos que él tanto odiaba.
-…Yo sólo diré que por aquel entonces era joven, inocente…Y necesitaba el dinero. No más preguntas.
Más risas escandalosas por parte de Bill mientras que el otro plantaba su manaza cubriendo el objetivo.
-…Anda, mira, ahí hay unos chinos. – Dijo Dennis cambiando abruptamente de tono de voz a uno mucho más casual.
Ambos entraron en la tienda y comenzaron a recorrer el primer pasillo. Un montón de trastos inútiles tales como figuritas o artículos de broma estaban expuestos en los estantes. Dennis iba examinándolo todo por encima. El reportero Bill seguía dejando constancia de ello.
-…¿Dónde estarán los rotuladores?…- Se preguntaba el primero.
-…Ni idea…
Dennis se paró en seco y eso mismo hizo su chico también.
-…Observen cómo nuestro protagonista piensa. Como pueden comprobar, está concentrado. Aquí, perdido entre bombas fétidas y tangas a euro, se hace una promesa: encontrará los rotuladores. Tiene un nuevo objetivo, y nadie podrá detenerle…
Dennis clavó sus ojos en los de Bill con cara de »qué he hecho yo para merecer esto» y al final se puso en marcha otra vez, decidiéndose por otro camino y hablando a Bill sin mirarle.
-…¿Por qué no ahorras memoria y cuando lleguemos al hotel, hacemos un video porno? Será mucho más interesante que eso que estas haciendo, sin duda.
-BOAH. – Bufó Bill. – Bueno, está bien. Dejaré un poco de memoria…Con tres minutos a ti ya te vale, ¿no?
Dennis se giró abriendo mucho la boca y después chistó como si estuviera altamente ofendido, asintiendo como diciendo »con que esas tenemos, ¿no?, vale, vale…» y se puso a ojear un libro de colorear con tal de no desahogarse de otra manera.
-…Oh, oh…He herido su orgullo. – Siguió tonteando Bill. – I have a problem.
Dennis asintió mordiéndose la lengua, como si le estuvieran calentando. En realidad, era cierto que Bill le estaba provocando descaradamente.
-…Vale, me he pasado, lo reconozco. Entonces, cuánto dejo…¿Cinco minutos está bien?
-…Sabes que puedo hacer que lamentes tus palabras, ¿verdad?
-…¿Ah, sí? – Preguntó el cantante, sugerente.
-…Todo lo que estás diciendo, te lo recordaré cuando esta noche me estés suplicando que…
En ese momento, una abuelita pasaba por allí y se quedó mirando a la pareja con una expresión bastante perpleja en el rostro. Dennis se calló por respeto pero Bill no pudo evitar empezar a partirse de risa.
-…¿Nos habrá oído? – Se rió Dennis también cuando la mujer hubo desaparecido del campo de visión.
-…Lo más probable. ¿Qué decías que te iba a suplicar yo esta noche?
-…Ah, sí…Cuando me estés suplicando que no pare, y tal. ¡OH! ¡Mis rotus!
-…Ohg, Dennis. Has perdido todo el sex-appeal.
-Eso también te lo recordaré esta noche.
-…Demasiadas cosas vas a recordarme tú esta noche…
&
Dennis mordió lo que quedaba de caramelo y tiró el palito a una papelera.
-…Como demuestran estas imágenes, la estrella es una persona comprometida con el medio ambiente…
-…Mira que eres pesado, ¿eh?…
Dennis, bolsa en mano, se dispuso a proseguir con su paseo. Pasaron por una calle empinada bastante estrecha.
-…¡Ostia!…¡Un sex-shop! – Exclamó Bill.
Su novio miró en aquella dirección y sonrió moviendo las cejas.
-…¡Sí!…¿Entramos?
-…¡Sí, hombre! ¿Cómo voy a entrar yo a un sex-shop? ¿Estás loco?
-…¿Qué pasa?
-…Pues que no puedo…¿Qué pasa si alguien me ve?…¡Saldría hasta en las noticias de las tres!…
-…¿Y por qué?
-…¿Hace falta que te lo explique? Ya veo hasta los titulares: »Bill Kaulitz en un sex-shop».
-…No veo dónde está el escándalo. ¿Es que Bill Kaulitz no tiene derecho de hacer lo que le dé la gana con su vida sexual?…
-…Ohg, Dennis…
-…Venga, vamos a entrar. Será divertido…
-…Que no, que no, que no…
-…Bill, no te prives de hacer lo que te apetezca sólo por miedo a lo que digan los demás. Es tu vida y sólo tienes una…No te conviertas en un abuelo de ochenta años que no deja de decirse »ojalá hubiera hecho esto cuando era joven»…
-…¿Ojalá hubiera ido a un sex-shop? No creo que sea para tanto.
-…Ya sabes lo que te quiero decir, no te hagas el tonto. Y ahora, vamos.
Dennis cogió de la mano a su chico y le arrastró hacia la tienda.
-…¡¡¡Dennis, estás loco!!!
&
Pero en cuanto Bill estuvo dentro, se le olvidó todo y curioso, no dejaba de estudiarlo y grabarlo todo.
-…No hay nadie aquí…- Observó.
-…La gente se cortará a la hora de entrar, digo yo…
-…Normal. ¡Anda, mira! ¡Disfraces!…
La pareja echó un vistazo a los disfraces.
-…Wow, el de policía mola. – Comentó Bill.
-…Hay uno de policía y otro de preso. MUY interesante, jajaja…
-…¡MIRA ESTE! – Bill empezó a descojonarse de la risa. Era un disfraz de gladiador.
Dennis también se empezó a reír.
-…Qué horterada… – Opinó, sincero…
-…Habrá gente a la que le guste el rollo… – Bill se encogió del hombros. – ¿Qué hay en ese pasillo?…
Kaulitz con su inseparable cámara fue hacia allá sin esperar más respuesta.
Dennis, contento de que al final Bill se hubiera soltado, le siguió.
Pero pronto, cuando ambos lo estuvieron recorriendo, Bill empezó a sentirse algo violento.
-…Dios. Es el pasillo de los vibradores. – Mirara donde mirara, había un consolador expuesto de alguna forma, tamaño o color distinto al anterior. Kaulitz tenía cara de terror.
-…Jajajajajajaa… – Se reía Dennis.
-…Vamos a salir de aquí, que anda que cualquiera que nos vea a los dos por este pasillo…
-…Boah, si no hay nadie. – Quitó importancia Dennis y se puso por delante de Bill ojeando los distintos juguetes.
Era verdad…Así que al final, Bill decidió examinarlos con más detalle.
Y de repente, se puso rojo.
-…Oye, Dennis…
-…¿Um?
-…Si yo te doy el dinero…¿Puedes comprarme uno?…
-…¿Que te compre un qué?
Bill se puso más rojo todavía.
-…¿Un vibrador? – Se rió Dennis, creyendo que Bill estaba de broma. – ¿Por qué no te lo compras tú?
-…¡Por que me da vergüenza!…¿No lo pagarías por mi?
Entonces Dennis le miró con una expresión indescifrable en el rostro. Se había dado cuenta de que Bill no bromeaba.
-…Bill, te mandaría a la mierda…Si no fuera por que me estás dando MUCHO morbo.
-…¿Eso significa que lo comprarás por mi?…
-…Venga. Elige uno.
-…¡Bieeeen! – Canturreó Kaulitz mientras buscaba uno que le gustara. – Ayúdame a elegir.
-…Vale…Si insistes…¿Qué te parece este? – Dennis le señaló uno que intuyó que le gustaría a Bill, ya que era de color negro brillante. Muy de su estilo.
-…¡Oh!…Es chulo, pero es pequeño…Tiene que ser de tu tamaño, ni más ni menos…
Dennis volvió a mirar a Bill con esa expresión.
-…Me metería contigo…Si no fuera por que me estás dando…Ya sabes.
-…Síiii… – Bill puso los ojos en blanco. Y después se rio. Le encantaba cuando Dennis hacía esa clase de comentarios. Le hacían sentir sexy.
&
Bill y Dennis salieron de la tienda algunos minutos después, cargados de bolsas por que al final habían comprado aparte de lo evidente, también disfraces.
-…¡Tenías razón! ¡Ha sido muy divertido! … – Confesó Bill casi dando saltitos por la calle.
-…Has pasado de no querer entrar a comprarte media tienda. No tienes término medio.
-…Jajajaja…
Kaulitz se juró a si mismo que a partir de ese momento no volvería a negarse la oportunidad de llevar una vida normal.
La gente es hipócrita. De boquilla, todos son muy liberales y no les importa lo que hagan los demás…Eso sí, que no se enteren…Por que entonces pasarás a convertirte en el objeto de todos los cuchicheos, críticas o burlas habidos y por haber.
Muchas veces nos escandalizamos de cosas cuando nosotros mismos las hacemos peores.
Bill no volvería a dejar de hacer lo que hace todo el mundo sólo por que se supone que él no debería hacerlo.
Y a quien no le gustara, que no mirase.
-…¿Y sabes qué?… – Preguntó Bill.
-…Qué.
-…Que la diversión acaba de empezar…
Bill dio un empujoncito coqueto a Dennis y ambos se dirigieron rumbo al hotel.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a dejar un comentario.