Mi corazón por tu vida

«Mi corazón por tu vida«

(One-Shot de Aura Johannessen)

Por un momento sentí que mi corazón se detuvo, y luego, volvió a latir, mi respiración volvió a ser normal, y mis ojos se abrieron.

Miré a mi alrededor, me levanté del suelo helado, sin entender ni recordar nada. ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué me pasó? Estas y más preguntas rondaban por mi cabeza. No sabía nada de mí, excepto mi propio nombre. Repetí varias veces en mi cabeza las cosas que recordaba.

“Mi nombre es Tom Kaulitz, tengo 21 años, nací el primero de septiembre. Soy el guitarrista de una banda alemana, tengo mucha fama, pero no me importa, todo lo que necesito, es a mi gemelo, Bill Kaulitz. ¿Mi hermano? Está muerto”. 

Solo lograba recordar esas cosas, lo demás era historia.

El sitio en el que estaba era extraño, nunca había estado aquí. Las paredes eran grises, había algunas ventanas, de las cuales entraba la luz blanca y cegadora. Ahora que veía con más atención, era como una casa. Delante de mí estaban las escaleras, a su lado, estaba la sala, y supongo que la habitación de más al fondo, es la cocina. Pero, era extraño, porque todo era gris, miré mis manos, y también eran grises, todo era de color gris. ¿En dónde estoy?

Decidí explorar un poco el lugar.

Miré hacia atrás, y había una puerta detrás de mí, pero estaba llena de cadenas, no había salida. Al lado izquierdo de ella, se encontraba otra puerta, tenía el dibujo de un corazón en tinta blanca. Traté de abrirla, pero se necesitaba una llave. Me dirigí hacia la sala, no estaba seguro de ir arriba todavía. Caminé por el lugar sin saber que buscar. Ahí no había nada, solo paredes y ventanas. Fui hacia la cocina, solo había una alacena y una mesa. No había nada más. Por la parte baja de las escaleras, vi que había otra habitación, entré, solo era un cuarto de baño.

Como abajo no había nada que explorar, me dirigí hacia arriba. Subí lentamente las escaleras, aunque hacían mucho ruido. Al llegar, solo había un pasillo, en el cual había dos puertas, una abierta, y otra cerrada. Primero fui a la que estaba abierta. Adentro, era igual que la sala, solo había paredes y ventanas, pero también había un armario medio abierto. Me dirigí hacia él, y lo abrí, adentro, había una llave. La tomé, no sabía para qué me serviría, pero la guardé en uno de mis bolsillos.

Salí de ese lugar, y me dirigí a la otra habitación, intenté abrirla, pero se necesitaba una llave. Tal vez para eso serviría. La metí en la cerradura y la puerta se abrió. Entré.

Al estar dentro, salté del susto. Solo había paredes, y una ventana enorme, pero delante de esa ventana, había una silueta. No la veía bien, era de color negro, pero, al lado derecho de su pecho, había un hueco en forma de corazón. ¿Quién era? Me acerqué un poco, hasta que extendió su brazo hacia la izquierda, apuntaba algo. Miré.

En la pared que apuntaba, había dibujos hechos en tinta blanca. Pero más que simples dibujos, eran como mensajes. Decía:

“Llave + Puerta  Corazón”

No lograba entender a qué se refería. ¿Qué quería decir con eso? Comencé a analizar todo en mi mente. Corazón, al pensar en eso, recordaba la puerta con el corazón. Un momento. Claro. Tal vez, esta llave logre abrir la puerta del corazón. Miré hacia donde estaba la silueta, pero de la nada, apareció justo al frente de mí. Volví a saltar del susto. No me lo esperaba tan cerca. Pero todavía era de color negro, no sabía quién era. Pero esa silueta me recordaba a alguien. Vi el hueco en su pecho, forma de corazón. Tal vez en esa puerta, esté lo que le falta.

—¿Tú corazón?— pregunté.

Asintió con la cabeza.

Tenía que  ayudarlo, no sé porque, pero algo me decía que tenía que hacerlo.

Caminé de vuelta a las escaleras para ir hacia la puerta. Llegué al piso de abajo, y me di cuenta, que la silueta había aparecido de la nada detrás de mí. Volví a saltar del susto. ¿Por qué hacía eso? Tenía miedo. Llegué a la puerta con el dibujo, estaba seguro de que el otro se encontraba detrás de mí, miré por mi hombro, y sí, otra vez apareció de la nada.

Ignoré eso, y metí la llave por la cerradura. Pero no entraba, se necesitaba otra llave. Miré hacia atrás, esta vez la silueta estaba más lejos, justo en la entrada de la sala, apuntando a alguna cosa. Caminé hacia ella sin importarme el miedo que sentía. Vi lo que apuntaba, pero solo veía la ventana. Fui hacia ella confundido, miré bien todo el lugar tratando de encontrar lo que aún apuntaba. Divisé algo brilloso sobre la ventana. Achiné los ojos, era la llave. Me acerqué y salté lo más alto que pude tratando de alcanzarla, sin obtener éxito.

Me di vuelta, la silueta estaba otra vez detrás de mí, me estaba acostumbrando a eso. ¿Cómo lograría alcanzar la llave? Estaba muy alta. En eso se me ocurrió una idea. Corrí hacia la cocina, y de allí saqué la mesa. Era muy pesada, no tuve opción que llevarla a rastras, aunque por suerte no hacía mucho ruido.

La acomodé y así pude pararme en ella para alcanzar la llave. La tomé. Salté hasta llegar al suelo y miré a la silueta.

—¿Ahora la puerta, verdad?

Asintió.

—¿No puedes hablar?— le pregunté.

Negó con la cabeza y apuntó al hueco de su pecho.

—¿Eso significa que, como no tienes un corazón, no puedes?

Asintió.

Me daba un poco de pena, claro que lo ayudaría. Aunque me diera un poco de miedo y no tenga ni idea de cómo llegué a este lugar.

Nos dirigimos hacia la puerta con el corazón. Esta vez tuve éxito y se abrió. Adentro, vi una mesita con un corazón rojo brillante sobre ella. Era lo único que brillaba aquí. Me quedé asombrado. La silueta pasó por mi lado y caminó hacia él, lo tomó en sus manos, y cuidadosamente lo metió en el hueco de su pecho. Al estar ahí, juraría que fui testigo de una de las cosas más hermosas de todo el mundo. Mágicamente, la silueta fue recibiendo color, rostro, ojos, boca, nariz, de todo. Pero los colores no pasaban del gris.

Al terminar con su transformación, supe quién era. Su cabello era largo y oscuro, su rostro mostraba delicadeza y belleza, sus ojos eran tan mágicos, sus labios tan carnosos y apetitosos, su cuerpo era delgado y deseable. Era mi amado hermano.

—Bill— dije sin aliento.

—Gracias— fue lo único que él respondió. Esa voz, esa dulce voz que extrañaba oír.

—Creí que nunca volvería a verte— dije acercándome para abrazarlo.

—Pero aquí me tienes, estoy contigo— me dijo.

—¿Cómo llegamos aquí?— pregunté. Bill se separó del abrazo.

—¿No lo recuerdas?

—No— respondí.

—La vez que yo he muerto, encontraron mi cuerpo en el suelo de esta habitación, pero lo que no se dieron cuenta es que me faltaba mi corazón. Y, como no lo tenía prácticamente no existía, por eso permanecí encerrado aquí, sin salida, pero tú llegaste, y me salvaste— dijo con una sonrisa.

—Sí, pero, ¿cómo llegué yo aquí?

—Bueno, no lo sé con exactitud, pero si llegaste a este lugar, significa que, estás muerto— su sonrisa desapareció.

—Entonces, este es como un lugar en donde las almas que no pueden llegar al cielo o al infierno se quedan aquí, pérdidas.

—No, en este lugar, solo entran las almas a las cuales la vida les dio otra oportunidad y pueden seguir viviendo,  ahora que estoy libre, y que tengo mi corazón, podemos salir de aquí, y seguir viviendo felices, los dos juntos, como antes— dijo, y su sonrisa volvió a aparecer.

—Sí, ¿pero dónde está la salida?

—Por aquí— dijo mientras me jalaba del brazo.

Lo seguí, subimos al piso de arriba, y llegamos a la habitación en donde estaba Bill. Se dirigió a la enorme ventana, sacó una llave que tenía guardada y trató de abrirla, pero no lo lograba. De repente, apareció una escritura en las paredes. Le avisé a mi hermano, quien comenzó a leer cuidadosamente. Decía:

“Una persona más una llave igual puerta, no es igual a dos personas más una llave igual puerta”

No entendía nada, ¿qué quería decir con eso? ¿A qué se refería? Comencé a escuchar los llantos de Bill. Me alarmé y fui hacia él.

—¿Qué pasa?— pregunté preocupado.

—Es que, esto es tan cruel— me dijo.

—¿Qué cosa?

—Lo que dice ahí, significa que solo uno de los dos puede salir, y para que la puerta se abra, solo tiene que haber uno, y para que haya uno…

—Tiene que morir uno de nosotros— le seguí. –Oh no.

—¿Ahora qué vamos a hacer? No quiero quedarme aquí por siempre.

—Yo tampoco— dije. –Tal vez logramos abrir la puerta de abajo, vamos— dije mientras me dirigía hacia ella seguido por Bill.

Llegué y analicé todo, las cadenas eran muy fuertes e irrompibles, debe de haber algo en este lugar para romperlas. Miré a mi alrededor, dándome cuenta que Bill no estaba. Escuchaba sonidos que venían de la cocina, seguramente estaría ahí. Caminé hacia allá.

—¿Bill?— preguntó esperando a que estuviera ahí. Mi corazón se detuvo por un momento. Mi hermano tenía un puñal en sus manos, y estaba a punto de clavarlo en su pecho. —¡No!— grité corriendo hacia él, logrando arrebatarlo de sus manos.

—¿Qué crees que haces?

—Si yo muero, tú podrás seguir vivo— respondió.

—No, por favor, no, no quiero volverte a ver muerto, no lo hagas por mí, no es necesario

—Pero, tienes que…

—No— lo interrumpí.

—Tú me diste mi corazón, ahora yo te doy la vida.

—¡No! ¡No digas tonterías Bill! Por favor, prométeme que no te matarás, nunca, ¿está bien?— pregunté. El pelinegro se lo pensó un momento.

—Okey, yo no me mataré— respondió.

—Tranquilo, hallaremos la forma de salir, te lo prometo— No estaba seguro si en verdad lo lograríamos, pero haría de todo para volver a vivir junto a mi amado. No me rendiría, lo prometí, y lo cumpliría. En esos momentos, estábamos tan cerca, que no me podía resistir a sus labios. Esos labios que hace tanto que no tocaba, esa sensación que no sentía. Me dejé llevar, y lo besé.

Bill me siguió el beso, y poco a poco, lo convertimos juntos en uno apasionado y lleno de amor. Llevé una de mis manos a los cabellos de Bill, mientras la otra sostenía el puñal. El pelinegro llevó sus manos a mis hombros, y lentamente, bajó.

—Gracias, por mi corazón— susurró.

—De nada— respondí, y volví a besarlo.

—Como salvaste mi vida, ahora es mi turno de salvar la tuya— me dijo separándose del beso.

—¿Qué?— Antes de algo más, sentí la fuerza que Bill produjo al tomar y mano que sostenía el puñal, y la clavo en su vientre. —¡¡¡Bill!!!— grité.

—Si no me podía matar, tú si puedes matarme— dijo sosteniendo fuertemente mi mano sin sacar el cuchillo de su cuerpo.

—¡¡¡No!!! ¡¡¡No quiero!!! ¡¡¡Suéltame!!! ¡¡¡Yo no te mataré!!!— grité tratando de liberarme, hasta lograrlo.

Mi hermano, todavía con el puñal en él, se dejó caer al suelo de rodillas, su respiración se hacía espesa, y también comenzaban a salir lágrimas de sus ojos.

—Por favor, no te mueras— dije acercándome a él.

—Si no lo hago, no podré salvarte.

—Pero no era necesario, pudimos haber estado aquí, juntos, aunque no fuera la vida real, estaríamos unidos, los dos solos.

Saqué el puñal de su cuerpo. No podía evitar llorar al verlo desangrarse y ponerse más débil poco a poco, sus ojos se estaban por cerrar, y su corazón, del cual no pudo disfrutar, dejaba de palpitar.

—Quédate conmigo— dije entre llantos. Mis manos se llenaban de su sangre, tomé la cabecita de mi hermano y la coloqué entre mis piernas, como si fuera una almohada. –No me dejes— apoyé mi frente contra la suya. –No otra vez— dije dejando caer mis lágrimas en su rostro.

Pude sentir una de las manos de mi hermano tocar mi mejilla izquierda, la tomé y la acaricié. –Te amo— dijo con voz ronca.

—Yo también te amo, nunca te olvidaré, lo prometo— dije.

Bill sonrió una última vez, levanto la cabeza y me dio un casto beso en los labios. Después se dejó caer en mis piernas, y antes de irse por completo, dijo esta última frase:

Mi corazón, por tu vida”

Cerró sus ojos, y su corazón ya no latía. Dejó de respirar, y  nuevamente, se convirtió en esa silueta negra, que poco a poco desaparecía convirtiéndose en humo negro que se alejaba de mí rápidamente.

—¡Bill, no me dejes, quédate!— grité tratando de seguir el humo, pero una fuerza me jalaba desde atrás. Era la puerta ahora abierta, que me obligaba a ir hacia ella. Pero no quería, yo quería estar con Bill, quería estar con él. No podía dejarlo ir. Estaba a un paso de la puerta, extendí mi brazo tratando de sostenerme con algo, pero no pude. Ya estaba fuera.

Todo se tornó blanco, volví a abrir los ojos, todo era borroso, pero mi vista se aclaró. Me encontraba sentado en el césped de un cementerio, y al frente de mí, estaba la piedra con la escritura:

Bill Kaulitz Trümper

1989 – 2010

Ya no estaba conmigo.

&   F I N   &

Notas de la autora: Hola, ahora me salió algo triste, me quedé llorando. Espero que a ustedes les haya pasado lo mismo, porque esa era la idea. Espero que les haya gustado. Nos veremos en otro Fic. Besitos.

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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