
Notas: Segunda parte de la serie «Invisible».
(One-Shot de Aura Johannessen)
Camino por mil caminos sin destino alguno, recorro las calles buscando algo, el centro de mi corazón. No recuerdo quién me lo quitó, solo sé que me falta esa parte. Lo he buscado durante 12 años y no tengo éxito. Es muy importante para mí, porque sin él, seré invisible por el resto de mi vida. Solo tengo 18 años, estoy a mitad de toda una vida, la cual quiero disfrutar siendo igual a los demás, quiero que la gente me vea, quiero conversar con alguien más, quiero amar a alguien más. Pero no puedo. Tal vez crean que ser invisible es genial, pero no. Solo eres tú en el mundo, sin ayuda, sin nadie con quien contar. Mi vida es miserable, a veces pensé en tirarme de un edificio y seguir viviendo en el cielo, en ese lugar estoy seguro que todos podrán verme. Pero no soy capaz de hacerme daño. Si voy a morir, quiero morir completo, quiero morir después de haber disfrutado. Moriré después de haber hecho amigos, después de haber conseguido un buen trabajo, de haber comprado una casa y un auto, de haber encontrado a mi amor verdadero, de haber creado una familia, quiero vivir como los demás, pero no puedo. Todavía no encuentro mi centro. ¿Dónde estará?
Sigo caminando por las calles hasta que llego a una desierta, sin gente. Es casi la tarde y estoy cansado, no he parado de caminar desde la noche. Veo una pared llena de grafitis, y decido sentarme frente a ella. Me saco la sudadera negra que había amarrado entre mi cintura y la dejo en el suelo para no ensuciarme. Y me siento a descansar. Apoyo mi cabeza contra la pared y doy un leve suspiro. No he comido ni bebido nada en todo el día. Estoy hambriento, pero también cansado, me duelen los pies de tanto caminar y no puedo seguir, la comida deberá esperar. Tal vez si duermo un poco el hambre se me pase y recupere fuerzas para buscar algo que comer. Lo malo es que para poder comer, no tengo de otra que robar. Por eso a veces no como mucho y me muero de hambre la mayoría del tiempo. Pero estoy acostumbrado, puedo pasar dos días sin comer, pero siempre estoy sediento. Por suerte, en este lugar en el que estoy, casi siempre llueve, el sol casi nunca aparece y eso hace que no muera de calor. Siempre llevo un pequeño balde para atrapar el agua que cae del suelo y después tomarla, es mi mejor opción. También con suerte me encuentro con un árbol con algunos frutos y puedo comerlos, pero eso solo pasa pocas veces. Últimamente solo estuve comiendo perro muerto. Lo lavo en alguna fuente, lo despellejo y luego hago una fogata en algún lugar alejado. No sabe tan mal, tal vez no sea natural, pero estoy acostumbrado a su sabor.
Cierro mis ojos intentando dormir, pero el hambre que siento me lo impide. Trato de ignorar eso pero no lo logro. Vuelvo a abrir los ojos, y decido que tal vez no tengo que dormir, prefiero quedarme un rato a descansar. En eso, veo pasar una niña con su madre frente a mí, como siempre, no se percatan de que estoy ahí y pasan como si nada. Amor familiar, creo que lo tuve alguna vez. Antes de ser abandonado y llevado al orfanato. De eso no me puedo olvidar. Mis padres me amaban, pero un día, no sé qué pasó, nunca me lo dijeron, pero me enviaron a una enorme mansión llamada: Orfanato. Como era pequeño no sabía su significado, creí que era como un tipo de lugar para pasar vacaciones o algo por el estilo, pero al crecer y darme cuenta que nunca venían por mí, supe que estaba solo. Creo que en ese lugar hice un amigo, pero no recuerdo su nombre, solo sé que cuando se fue, mi vida cambió. Un año después, fue cuando me convertí en invisible. No sé la razón, pero desde que tengo 6 años que soy invisible, y ya pasó tanto tiempo que no logro recordar si fue alguna maldición, o simplemente estoy muerto y no me doy cuenta que solo soy un alma destrozada caminando por ahí buscando algo que tal vez no exista. Pues no lo sé.
Mi cabeza me dolió de tantos recuerdos, del hambre y la deshidratación. Estaba muy estresado. Tantos recuerdos, tantos problemas, tantas tristezas, me haría viejo en cualquier momento. Quise levantarme para buscar algo que comer, pero en eso un chico pasó con una botella de soda y un sándwich en las manos. Por la forma en que comía seguramente era delicioso. Ese chico se veía un poco extraño. Llevaba prendas enormes de color negro, trenzas negras y un piercing en el labio. Bueno, no lo iba a juzgar, yo tenía el cabello largo como una chica, también me vestía de negro y por lo delgado que estoy, en verdad parecía una nena. Pero como nadie me ve, no tengo ningún problema, además, me gusta mi reflejo en el agua, creo que me veo bien.
Pase la lengua por mis labios al ver lo rico que se veía. Hace mucho que no comía un sándwich y tampoco tomaba una soda, si pudiera se los robaría y no se daría cuenta de nada. Pero no. No me gustaría hacerle eso a un chico inocente. Di un suspiro pensando: —“Bill, tú nunca tendrás eso”
De repente, el chico frente a mí, volcó la mirada y me miró. Seguro miraba a la pared. Hice como si nada y me acomodé entre el suelo con la cabeza en las rodillas y las manos abrazadas a la pantorrilla.
—Hola— escuché una voz.
Levanté la cabeza, el chico me estaba mirando.
—¿Es a mí?— pregunté mirando a los costados buscando a alguien más, pero no había nadie.
—Sí— respondió. Me quedé helado, pudo escucharme, y, me estaba viendo.
—Espera. ¿Puedes verme?— pregunté.
—Sí, obvio— respondió.
¿Esto era real? ¿Estaba pasando? ¿Me podía ver? ¿Cómo? ¿Era un sueño? Me pellizqué el muslo tratando de despertar. No, esto era real. Estaba en shock. Al fin, 12 años y alguien puede verme. ¿Habré encontrado el centro de mi corazón? No, imposible, sigo incompleto. Entonces, ¿cómo es que logra divisarme? Eso no me importa, lo único que importa, es que alguien puede verme. Tal vez gracias a esto pueda encontrar lo que me falta. Pero, ¿por qué él me ve? ¿Por qué él? Nunca lo había visto en mi vida, ni siquiera sé quién es.
—¿Qué haces aquí?— dijo interrumpiendo mis pensamiento.
—Yo, solo estaba tomando un descanso— respondí de inmediato. En eso, alguien más me interrumpió, mi estómago acababa de sonar fuertemente, solo espero que el chico no lo haya escuchado. Qué vergüenza.
—¿Tienes hambre?— preguntó.
—Yo, ah, bueno, sí, no he comido desde hace como tres días y…— dejé de hablar, porque el chico se había sentado a mi lado. Extendió su brazo, pasándome su sándwich.
—Tómalo, tú lo necesitas más que yo— dijo.
—No, yo no sería capaz de…
—Come— me obligo. No estoy muy seguro de esto, él es un desconocido, desconozco sus planes, y además sigo con la duda de ¿por qué puede verme? Aunque, tal vez simplemente quería ayudarme. Lo tomé y agradecí, mordí lentamente, disfrutando, y sintiendo ese sabor único y delicioso que jamás había probado en mi vida. Mis fuerzas regresaban y me sentía mejor que antes. Era como un regalo de los dioses.
—¿Tienes sed?— preguntó.
Asiento rápidamente. Si ya probé esto, tengo que probarlo todo. Además, hay que aprovechar cuando te dan algo y es todo incluido. El chico sonrió y me pasó la soda. Miro, y luego comienzo a beber lentamente. Esto es diferente, siento unas cosquillitas en mi lengua, me comienza a picar la garganta y puedo sentir como baja rápidamente hasta llegar a mi estómago y revolverse haciendo que por poco eructe. Esto era lo mejor que había comido en toda mi vida.
—Gracias, en verdad— dije devolviéndole la comida.
—De nada, cómetelo todo, yo ya estoy lleno, ahora eso es tuyo— me dijo.
—Pero…
—Cómelo.
Nunca había sentido tal amabilidad, que lindo de su parte. Tampoco sabía lo que era estar lleno, la comida nunca fue suficiente para mí y en la mayoría quedaba aún con hambre, pero no podía hacer nada. Tenía que conformarme. Devoraba el sándwich como un animal, sin que me importe que el otro estuviera presente y me viera actuar así.
—Mi nombre es Tom Kaulitz, ¿cuál es tu nombre?— preguntó.
—Bill— respondí.
—¿Y tú apellido?
—No tengo
—¿No? ¿Cómo es eso?
—Es que, mis padres me abandonaron y me dejaron en el orfanato, y a mis siete años escapé— respondí.
—¿Escapaste? ¿En serio? Guau, yo también estuve en el orfanato, pero encontré una familia, debiste quedarte allí
—No, no quería una familia que no sea real, yo quería a la verdadera, escapé para buscar a mis padres, pero al encontrarlos, tenían otro bebé— dije.
—Qué pena, lo lamento— dijo.
—Es una historia muy triste— dije.
—Me gustaría oírla.
—No me vas a creer.
—Vamos.
—Está bien.
Comencé a contarle todo sobre mí y lo que recordaba de mi vida pasada. No fue mucho, solo un niño rondando solo por las calles, sobreviviendo al hambre, frío y deshidratación.
—¿Y por qué no buscaste un trabajo? Eres mayor de edad, dudo que no te acepten.
—Es que, hay un problema.
—¿Cuál es?
—Nadie puede verme— respondí. El otro me miró como si estuviera mintiendo, pero no. Sabía que no se la creería.
—Esa es la mentira más absurda que escuché, yo te veo.
—Lo sé, y no logro entender por qué, nadie puede verme, nadie puede escucharme, nadie sabe que existo, pero al parecer, soy visible a tus ojos— dije.
—¿En serio? Se me hace difícil creerte.
—Te lo juro, no le mentiría a un extraño.
—Pruébalo, prueba que nadie puede verte.
—Bien, te lo probaré — respondí. Comí lo que me faltaba del sándwich y la soda y logro levantarme, estaba con más energías. Me dirijo junto a Tom a un lugar con más gente mientras que él me hablaba sobre su vida. Qué envidia, él si recordaba todo, para mí eso era un don. Pues, como yo apenas lograba recordar mi nombre, era una bendición poder recordar el pasado.
Llegamos a un lugar lleno de gente, niños y unas cuantas parejas. Nadie nos tomaba importancia, claro, éramos otros del montón, bueno, no exactamente, Tom era otro en todo este entorno, otro al cual podían ver, pero yo no.
—Has tu magia— pidió. Lo miré, y me dirigí al centro del lugar al lado de una fuente de agua, no sabía qué hacer. Aunque, como nadie podría verme, no habría problema si hago algo bastante absurdo. Era libre de hacer lo que se me plazca. Pongo un pie en la orilla de la fuente, y de un salto, caigo adentro. Chapoteo y me revuelco como un loco mal de la cabeza gritando al cielo y haciendo ruidos extraños.
En este mismo momento, toda la gente debería estar mirándome rumorando cosas, asombrándose de mi mal comportamiento o quizás llamando a la policía, pero no, nadie me toma en serio. Siguen en sus aburridas vidas sin darse cuenta que estoy ahí. Caminan delante de mí, conversan sin preocupación, porque no logran escuchar mis fuertes gritos. Todo eso debió bastarle a Tom para que me crea y se diera cuenta que en verdad soy invisible. Salgo de ese lugar con frío, me abrazo a mí mismo y voy directo al chico. Me miraba un poco asombrado, está en shock.
—Te lo dije.
—No lo entiendo, ¿planeaste algo?
—¿Y en qué momento se me habría ocurrido decirle a la gente que actúe como si no pudiera verme? Nunca— dije.
—Entonces, en verdad eres invisible, estoy hablando con un hombre invisible— dijo a punto de ponerse a gritar. —Pero, ¿cómo es que puedo verte?
—No lo sé, es extraño, pero, eso no importa, lo que me importa es que al fin encontré a alguien que sabe que existo— dije con una sonrisa. Tom me devuelve la sonrisa y me doy cuenta que su rostro es muy hermoso. El momento se corta cuando una fuerte brisa viene hacia mí haciéndome temblar de frío. Me abrazo más fuerte intentando reunir un poco de calor, pero todo mojado y con vientos helados es difícil calentarse.
—¿Tienes frío?— pregunta.
—No, solo me estoy abrazando— digo sarcásticamente. Esboza una sonrisa y se rasca la cabeza.
—Supongo que, como soy el único que puede verte, debería cuidarte— dice.
—¿Eh?
—Ven. Vamos a mi casa, tienes que calentarte— me dijo tomándome de la mano. Sentí una cálida conexión al tomarla. Fue como si algo se hubiera adentrado en mí. Como un cosquilleó que me revuelve el estómago. Suelto un gemido y apretó sin mucha fuerza su mano en busca de calor. Caminamos juntos hasta su auto. Un lindo Mercedes negro y lujoso. Me invita a subirme y yo acepto, me siento en la parte del copiloto y miro la elegancia de este auto.
La increíble cantidad de botones, la radio con pantalla, la calefacción, los asientos de cuero, los adornos brillantes y el parabrisas limpio y sin ninguna imperfección. Nunca había estado en un auto tan bello como este. Antes solo subía a algunos buses, y la mayoría no eran muy lindos, olían mal y estabas apretado entre la demás gente. Pero esto era un paraíso. Dejo vagar mis manos entre el cuero y cierro los ojos sintiendo esta gran comodidad.
—Creo que lo disfrutas— dice.
—Oh, sí, este es el mejor vehículo en el que he estado— digo entre un ronroneó que sin querer se me sale poniéndome rojo.
—Se nota, pero no lo disfrutarás mucho tiempo, porque mi casa no está tan lejos— dice, y yo gruño.
Se enciende el motor y avanzamos hacia algún lugar. Es casi la primera vez que voy en algo tan hermoso sin necesidad de caminar, es genial. Pero, a pesar de la calefacción todavía tengo un poco de frío. Estaba mojado de la cabeza a los pies, y lo peor es que mi cabello sigue goteando y me cuesta secarme. El tiempo pasa, pasamos por algunas calles, casi todos los semáforos están en rojo, pero eso no me importa, me he puesto a observar la ciudad desde la ventana, y no dejo de contemplar lo rápido que se pasan las calles al estar en este auto. Suspiro. Y Tom me escucha.
—¿Desde hace cuánto que eres invisible?— pregunta.
—Creo que, desde hace 12 años— respondo sin quitar la vista de la ventana.
—¿Y cómo pasó? ¿De cómo te volviste así? ¿Hay alguna razón?— pregunta. El auto comienza a detenerse frente a una casa grande y muy bonita. La observo. Y luego intento recordar un poco.
—No estoy seguro, pero, pasó un año después de que mi mejor amigo del orfanato se fue— digo. —Eso nunca me lo puedo quitar de la cabeza.
—¿Tú mejor amigo? ¿Cómo era? ¿Recuerdas su nombre?— pregunta.
—Bueno, no recuerdo como se llamaba, pero, creo que, le colgaban rastas rubias de la cabeza, vestía de ropa gigantesca, era muy bromista, buena onda, y de vez en cuando usaba gorras. A veces me dejaba usarlas y jugábamos todo el día. Los demás niños nos molestaban mucho, pero a pesar de eso, éramos felices, porque nos teníamos el uno al otro— digo recordando esos momentos.
—¿Rastas? ¿Gorras? ¿Ropa gigantesca?— escuché las preguntas de Tom. —¿Acaso….? — se preguntó. —¿Recuerdas el día en el que se fue?
—Cómo olvidarlo, fue uno de los peores, y mejores días de mi vida— digo tristemente, recordar eso siempre me pone sentimental. —Era temprano por la mañana, dormíamos en la misma habitación, lo busqué pero no estaba. Busqué en todo el orfanato sin tener éxito. En eso, salgo, y lo veo, llevaba maletas en las manos, y estaba acompañado de dos adultos, un hombre y una mujer que se veían muy felices, grito su nombre, y voltea la mirada. Me escondo con el corazón partido pensando: ¿Quién jugaría conmigo? ¿Quién me acompañaría? ¿Quién secaría mis lágrimas cada vez que estoy triste? ¿Quién me cantaría canciones de cuna cada vez que no pueda dormir? ¿Quién sería mi amigo? ¿Quién soy yo sin él? Escuché pasos dirigirse hacia mí, miré, y de repente, siento…
—Los dulces labios de un chico hermoso, y al sentirlos contra los míos, me doy cuenta que le robé un beso a mi mejor amigo, porque me enamoré de él, y con eso, trataba de decirle que siempre estaría con él y que no sufriera, algún día nos encontraríamos. Y aquí estás— me interrumpió Tom, y misteriosamente, terminó la historia, pero de una forma diferente a la mía, acaso era… ¿Era él?
—Yo también recuerdo ese día, y nunca te pude sacar de mi mente, y me lamentaba en silencio por dejarte ahí solo. Hacía de todo por volverte a ver, y ahora, sin darme cuenta, te tengo a mi lado, Bill, mi mejor amigo del orfanato— dice. Mi corazón se acelera y me quedo en shock. Todo este tiempo, y nunca estuve junto a un desconocido, él era mi antiguo amigo, mi amigo del alma, el cual, después de ese primer beso, me enamoré de él. Tanto tiempo, y lo vuelvo a ver, y él a mí. Sonrió para mis adentros, y luego salto para abrazarlo.
—¡Tom!— grito. —Te extrañé tanto— digo sin controlar las lágrimas que derraman mis ojos. Me devuelve el abrazo y puedo sentir nuevamente esa antigua conexión, ese calor tan familiar, ese olor que me hacía recuerdo a él. Dejo que sus manos recorran mi espalda y me de algunos besitos por todo mi cuello, después de todo, es un momento único.
Al pasar un buen rato, salimos del auto y de la mano nos dirigimos a la casa para entrar. Las paredes blancas, los adornos caros, las interesantes pinturas, las habitaciones increíblemente elegantes. Se había ganado la vida de millonario al parecer. Y eso que antes solo éramos niños con pocas oportunidades y sin un gran futuro, pues tal parece que yo fui al que le tocó la vida de pobreza. Pero ya no más, Tom me había permitido quedarme a vivir con él, y yo, sin pensarlo mucho, acepté. Con tal de tener comida, ropa, baños, cama y un buen amigo a mi lado me conformaba.
—¿Vives solo?— pregunto mirando a mi alrededor.
—Sí— responde. Me hace un tour por toda la casa y terminamos en la cocina. —¿Tienes hambre?— pregunta. ¿Hambre? No he comido en dos días y solo comí la mitad de un sándwich y media soda. Obviamente tengo mucha hambre.
—Claro que sí— respondí.
—Bien, ordenaré algo para comer, ¿qué te gustaría?
Ordenar comida, nunca comí en restaurantes ni nada por el estilo, así que no sabía nada sobre comida. No se me ocurre nada, es difícil pensar en algo que no sabes que existe. ¿Qué iba a responder? —Ordena lo que tú quieras— respondo.
—¿Seguro? ¿No quieres algo en especial?— pregunta.
—Nah, está bien— digo.
—Oye, una pregunta, ¿cuándo estabas en las calles y esas cosas cómo hacías para bañarte sin tener una casa?
—Me baño en las fuentes, o de vez en cuando me meto a la piscina que encuentre, pero si hay lluvia es mejor— respondo.
—¿Y alguna vez te diste un baño de burbujas?
—No, nunca, ¿qué es eso?— pregunto. Me siento como un tonto. Yo, un simple chico pobre, en la casa de su antiguo amigo, rico y lleno de lujos, hablando de cosas que no tengo ni idea, y él sí, que vergüenza.
—¿Te gustaría averiguarlo?— pregunta.
—Claro— digo sin muchos ánimos, no tengo de otra.
Me lleva con él al cuarto de baño, y en un gran balde blanco de arcilla, al cual llaman “tina”, llena con agua y luego la mezcla junto a mucho jabón líquido, hasta que de resultado obtiene una consistencia esponjosa y jabonosa llena de burbujas. Que increíble, nunca vi algo como esto. Y se supone que después debo meter mi cuerpo desnudo allí. ¿Es seguro? Bueno, si es un baño, debe de ser muy seguro, ya no podía esperar para meterme ahí.
—Bueno, ya está, iré abajo a ordenar la comida, mientras que tú puedes disfrutar de esto, te veo después— me dice, y sale.
Miro una y otra vez la “tina” y no dejo de preguntarme cómo será estar ahí dentro cubierto de burbujas de jabón. ¿Será incómodo? ¿Cuándo se revienta el jabón te llega a los ojos? ¿Hay que quedarse quieto para que eso no llegara a pasar? Para averiguarlo tenía que entrar. Me quito mis gastados zapatos, me sacó la sudadera, los guantes rotos, mi camiseta, mis pantalones, y por último, mi sucia y asquerosa ropa interior. Lo doblo todo y lo dejo a un lado. Miro lo delgado que estoy en el espejo y comienzo a desear que esa comida llegue pronto. Vuelvo mi vista a la tina, y toco con uno de mis dedos la suave y húmeda consistencia. Me doy cuenta que solo es agua blanca llena de burbujas. Pongo un pie adentro, el agua no está ni caliente ni fría, está en el punto perfecto. Meto otro pie, y me siento. El agua me llega hasta el pecho. Observo toda la tina, y me doy cuenta que hay una parte para apoyar la cabeza, hago eso, y es genial. Me tranquiliza. Cierro los ojos y siento que estoy por dormirme, hasta que Tom entra a la habitación. Levanto un poco la cabeza y lo veo. Se dirige hacia mí.
—¿Qué tal? ¿Te gusta?— pregunta.
—Me encanta— respondo.
—Que bien— toma una silla y la lleva a al lado de la tina para sentarse en ella y estar a mi lado. Me contempla un rato mientras yo me pongo nervioso, jamás había experimentado el contacto visual. Lleva una de sus manos a mis mojados cabellos y la desliza lentamente hasta llegar mi mejilla derecha, comienzo a sonrojarme y me muerdo el labio. —Me alegra que estés disfrutando estar aquí conmigo— susurra.
—Y a mí me alegra haberte encontrado— susurro. Siento como la mano de Tom comienza a bajar lentamente hasta mi cuello y acaricia esa parte muy lentamente con su dedo índice. Me pongo nervioso y vuelvo a morderme el labio, las sensaciones son extrañas y a la vez deliciosas, es increíble como con sólo un movimiento puede hacerme sentir así. Levanto la cabeza dejando al descubierto mi cuello pidiendo por más. El otro lo entiende, y hace algo inesperado. Lleva sus labios a mi piel y comienza a besarla dulcemente poniéndome la piel de gallina. Apoya sus manos en mis hombros y me muerde el cuello. Reacciono levantando la pierna izquierda causando un irritante sonido del agua chapoteando. Lo cual es irritante, porque arruina el momento y Tom para y aleja sus húmedos labios de mí. Yo quería más, no quería que se detuviera, pero en algún momento iba a terminar, pero no quería que fuera en ese mismo momento.
—¿Te gustaría que te limpie el cabello?— pregunta. Asiento rápidamente, con tal de que me tocara estaría bien. Se levanta y toma un frasco que dice Shampoo. No tengo ni idea de qué será eso. Pone un poco de ese líquido espeso en sus manos y luego comienza a masajearme la cabeza junto a esa cosa. Se me hace espuma el cabello. Seguramente es un tipo de jabón para el pelo. Pero no me interesa, me comienza a dar vueltas la cabeza cada vez que siento sus manos tocándome y haciéndome sentir como nunca. Cierro los ojos y dejo escapar un jadeo. Me muerdo el labio para que nada más se me escape y me sonrojo.
—¿Qué pasa?— pregunta. Seguro me escuchó.
—Nada— respondo y me sonrojo cada vez más. Todo se hizo silencioso. Me da miedo, pero los movimientos de sus manos me tranquilizan. Toma un baldecito con agua y la deja caer sobre mi cabello deshaciéndose de todo el shampoo que tenía en la cabeza. Agarra una toalla y esconde mi cabello en ella dejándome con esa cosa en la cabeza. —¿Para qué es esto?— pregunto.
—Es para que tu cabello se seque más rápido, porque lo tienes muy largo— responde.
—Ahhh— digo.
—Ahora que estás listo, te daré una bata y puedes ir a mi habitación a cambiarte, te voy a prestar una de mis ropas— dice.
—Está bien, gracias.
Tom sale del cuarto para que pueda salir de esa tina, me deja en la puerta la bata intentando no verme desnudo y yo me la pongo. Salgo y junto a él me dirijo a su habitación. Me siento en la cama. Las sábanas son suaves y blancas, el colchón es tan cómodo que te hundes en él. Saca unas prendas de su armario y las deja en la cama junto a mí, nuevamente sale de la habitación y escucho sus pasos alejarse. Me levanto y miro la ropa. Una camiseta roja que quizá me llegaría a tapar todo el trasero, unos pantalones que se me caerían todo el tiempo, un cinturón negro, unos zapatos color rojo y negro de skaterboard, y ropa interior limpia, lo que anhelaba en toda mi vida. Me seco y me pongo la ropa, tal como era de esperarse, me queda enorme, pero es bonita y huele muy bien, huele a Tom. Saco la toalla de mi cabello y me seco el pelo con ella hasta que quedo menos mojado de lo que estaba antes y bajo a la cocina donde se encuentra Tom.
—¿Tomi? ¿Estás aquí?— pregunto. No estaba, pero escucho su voz que me llamaba desde el comedor. Me dirijo hacia allá, y me encuentro con todo un banquete. Pizzas de todas las variedades, hamburguesas con papas fritas, carne asada, pollo al horno, pasta, cerdo, jugos, sodas, de todo. Es algo increíble, nunca había comido algo como eso, era lo mejor en todo el mundo.
—¿Qué te parece?— pregunta Tom, quien se me aparece por detrás. Salto del susto y volteo para mirarlo.
—Es lo que siempre quise— digo.
—Genial, hace mucho que no comía cosas como estas, creo que vamos a comer demasiado— dice. Yo asiento.
Nos sentamos en la mesa y devoramos todo lo que nos encontramos a nuestro paso, bueno, el que hace eso soy yo. Estoy tan hambriento que quiero comerlo todo, sin importar las calorías que tengan, solo quiero comer. Esta noche estoy experimentando lo que es estar “lleno” o “satisfecho” Para mí es un milagro. Me siento genial, no puedo moverme por ahora, pero nunca me había sentido tan bien en mi vida. En la mesa no queda nada, me lo había comido todo, bueno Tom también comió, pero si comparamos, yo comí 4 kilos más que él. Fue bueno eso, estaba tan delgado que parecía anoréxico, ahora se podría decir que estoy bien, sigo delgado pero mejor.
—Comes como animal— dice Tom. Yo me río.
—¿Y si tú no hubieras comido durante cinco días comerías esto como si estuvieras delante de la familia real?— pregunto.
—Touche— responde jugando con el tenedor.
Doy un gran suspiro y me apoyo contra la silla, estoy cansado. —Tengo sueño— digo.
—Yo también— responde Tom. Hay silencio. —Vamos a dormir— dice.
Nos levantamos de las sillas y vamos hacia la habitación de Tom. Y juntos nos acostamos en la cama. Nunca había dormido en una cama, esto es genial. Es cómodo y suave, perfecto para echarse un sueñito. Antes dormía en los bancos de alguna plaza, o simplemente en el suelo, pero si tenía suerte, encontraba un árbol con musgo en la parte baja del tronco entre el césped. Es cómodo, pero no tanto como esto. Apoyo mi cabeza contra la almohada de plumas y cierro mis ojos dejándome llevar por el sueño. Siento como Tom me tapa con las mantas y se acuesta a mi lado. Acaricia mi cabello, pero después, me toma de la cintura y me abraza desde atrás. Dejándome bastante cerca de él. Me volteó sin dejar de cerrar los ojos y prefiero apoyarme contra su pecho. Es ahí donde me quedo completamente dormido. Todo este tiempo, me había olvidado de que era invisible, me sentía como otra persona en este mundo, visible a los ojos de todos.
Abro los ojos, y toco el pecho del otro. Levanto la cabeza y miro la hora. Son las siete, ya es de noche. Me siento y doy un bostezo, el cual despierta a Tom. Vuelve a acariciarme los cabellos y fijo mi vista en él. Decido hacer lo mismo y llevo mis manos a sus oscuras trenzas. Estamos así por un momento hasta que Tom habla.
—¿Cómo dormiste?— pregunta.
—Como nunca— respondo.
—Vuelve conmigo— dice. —Me gusta tenerte cerca— susurra. Le hago caso y vuelvo a apoyarme en su pecho. Siento su calor, y huelo su olor, me siento como en casa. Recuerdo esos días cuando éramos niños y a veces dormíamos juntos. Al parecer, no perdió su antiguo olor, y su calor es el mismo que antes. Apoyo mi oído contra él y logro escuchar sus latidos, en eso recuerdo, mi corazón, mi centro perdido.
—Tom, hay una forma para que vuelva a ser visible— digo.
—¿Y cuál es?
—Tengo que encontrar mi centro, mi corazón tiene un hueco en el centro, lo estuve buscando todo este tiempo y no logro encontrarlo. Es por eso que soy invisible, si mi corazón está incompleto, prácticamente no pertenezco a este mundo— digo.
—Tal vez buscaste mal, hay que empezar por el principio, ¿te volviste invisible después de que yo te dejé, verdad?— pregunta.
—Sí— respondo.
—Y, en cuanto me fui, ¿me amabas?
Me quedé en shock, no sabía que responder. Decido recordar el momento en cuanto me besó esa vez. Ese día sentí cosquilleos, asombro, timidez, felicidad, amor. Sí, lo amaba, estaba enamorado, no podía negarlo, me tenía conquistado. Me robó el corazón.
—Sí, te amo— respondo.
—¿Mucho? ¿Con todo el corazón?
—Sí.
—Entonces yo soy tu centro— dice.
—Por fin logro encontrarte— respondo. Y lentamente, se acerca a mí, sus labios están a unos centímetros de los míos, y yo me acerco eso último para poder sentirlos otra vez, para poder besarlo otra vez. Sus sigilosos movimientos me asesinaban, traté de seguirle pero él era mejor besador que yo, claro, yo nunca he besado en mi vida, excepto esa vez cuando éramos niños.
Dejo que sus manos vaguen por mi espalda hasta llegar a mi cintura. Agarro sus trenzas y las apretó un poco. El beso se convierte lentamente en uno más salvaje, y dejo que él tome el control y me quedo debajo, con él dominando desde arriba. Llevo mis manos a su torso y comienzo a subir hasta llegar a sus hombros. La lengua de Tom intenta entrar en mi boca, y yo se lo concedo abriéndola cada vez más y jugando junto a la suya. Siento sus manos entrar dentro de la camiseta y apretó los ojos. Va subiendo lentamente hasta llegar a mis tetillas, las cuales comienza a toquetear. Gimo entre el beso y tomo a Tom del cuello de su camisa atrayéndolo más hacia mí. El beso es bastante salvaje, y con él tocándome estoy a punto de perder el aliento, me separo para tomar aire y lo miro a los ojos. Me quita la camisa sin mi permiso descubriendo mi torso desnudo. Lleva sus labios a mi cuello besando esa parte haciendo que sienta cosquilleos. Levanto la cabeza y pido por más. Sus manos me tocan y no puedo soportar evitar mis gemidos, los dejo fluir, y me doy cuenta que suenan melodiosos junto al momento.
—Ahh, Tom— gimo. —Quiero más— le pido. Mis ojos están entrecerrados y mi boca medio abierta. Mi trenzado baja lentamente sin separar sus labios de mi piel y llega a mi pecho, dejando besos por todas las partes que se encuentra. Baja, baja y baja, mi cuerpo está húmedo por sus besos. Llega a mi vientre y deja un lametón por ahí. No me resisto y por si solas, mis manos bajan tocando mi pecho hasta la cabeza de Tom. Juego con sus trenzas enredando mis dedos en ellas, y voy bajando hasta el cuello de su chaqueta. La tiro un poco tratando de quitársela. El otro se da cuenta y se levanta sentándose entre mi vientre. Se deshace de su chaqueta y yo le quito la camiseta. Vuelve a acercarse para dejar un jugoso beso en mis labios y yo se lo correspondo besándolo apasionadamente y llevando mis piernas a su torso para que no se separe de mí.
Llevo mis manos a su espalda tocando esa piel bronceada y suave. Bajan lentamente hasta llegar a su trasero, no me lo puedo resistir y lo apretó con fuerza. Tom se separa de mis labios para emitir un gemido, lo cual me parece sexy. Siento cosquilleos en mi estómago y un gran deseo de querer más que solo carisias y besos. Por un momento no entiendo por qué, pero lo descubro. Es el amor que le tengo, es la felicidad de tenerlo de nuevo junto a mí y saber que me ama tanto como yo, es la emoción de ser visible nuevamente ahora que lo tengo. Pero, si él es mi centro, ¿cómo se supone que me haré visible con él teniendo mi corazón? ¿Habrá una forma para que me lo devolviera? ¿Qué se puede hacer?
—Tom— digo.
—¿Qué pasa, Bill?— pregunta.
—Si tú eres mi centro, ¿cómo se supone que vas a devolverme mi corazón?— pregunto.
Se detiene y me mira a los ojos. Me acaricia una mejilla y abre su boca para hablar. —Yo soy tu centro, así que, si me entrego a ti, seré tuyo, tu centro volverá a ser tuyo, para siempre— dice, y lo entiendo.
—Sé mío— digo.
—Solo si tú prometes ser mío también.
—Lo prometo— digo, y lentamente me desabrocho el pantalón en intento bajarlo, Tom mira, y me ayuda a quitármelo, dejándome solo en ropa en interior. Hago lo mismo con el trenzado y los dos quedamos semidesnudos. Vuelve a besarme y acaricia mi torso. Pero yo no quiero caricias, quiero tenerlo otra vez, quiero que me pertenezca, quiero pertenecerle. Quiero, quiero sentirlo en mí. Sí, eso quiero. Me separo de los labios de Tom y lo miro a los ojos. Y le digo lo que quiero.
—¿Estar seguro de quererlo ahora?— pregunta.
—Sí, en este mismo instante— digo.
—¿Y qué pasa si yo no soy tu centro? ¿Y te quedas invisible por el resto de tu vida?
—Te tendré a ti— digo. —Contigo me siento visible a todos los ojos, soy feliz así, no necesito nada más que tu compañía, te amo— digo, y siento mis mejillas arder.
—Yo también te amo— dice, y vuelve a besarme. Pero esta vez, lleva sus manos a mi entrepierna y me quita la ropa interior, le hago lo mismo, y quedamos completamente desnudos. Me siento avergonzado, pero sus besos me calman. Llevo mis piernas a su torso, ya estoy listo para esto. Me separo del beso y lo miro a los ojos. Le digo con la mirada que ya estoy listo, y creo que él lo entiende, porque cambia de posición y apoya su frente contra la mía.
—Si te duele, no dudes en decirme— me dice y yo asiento.
Lleva uno de sus dedos a mi boca, y yo lo tomo con mis dientes y lo comienzo a chupar y lamer disfrutando. Escucho los jadeos de Tom y me excito de la nada. Después saca su dedo de mi boca y lentamente lo presiona contra mi entrada. Solo quiere prepararme, porque si no, estoy seguro que gritaría de dolor. Lo siento entrar lentamente y apreto los ojos. Tom deja besitos entre mi boca cerrada. No tengo tiempo para seguirle, estoy tratando de contener este pequeño dolor dentro de mí. Su dedo se aventura dentro de mí, el dolor lentamente se desvanece con el tiempo y lo único que siento es pura pasión. Una gota de sudor baja por mi frente y suelto un jadeo. Abro los ojos y miro a Tom. —¿Estás bien?— pregunta, yo asiento.
Se pasa el tiempo, y pido más, siento otro dedo entrar, ahora son dos. No me importa mucho, estoy ocupado sintiendo esta rica sensación que me causa. Dejo salir un gemido en cuando los siento moverse más rápido. Beso húmedamente a Tom jugando con su lengua, mientras sus dedos juegan dentro de mí. Nunca habría imaginado que esto se sentiría tan bien, pero solo es el comienzo. Ahora ya no puedo esperar a sentir su miembro dentro de mí, es lo que quiero ahora.
—Tom, te quiero dentro— le pido.
—¿Estás seguro?— pregunta.
—Sí, estoy listo.
Me da un besito en la nariz, y lentamente saca sus dedos de ahí. Suelto un gemido. Cierro los ojos esperando. Por ahora no siento nada, solo mi cuerpo tembloroso, el viento entrar por la ventana y la oscuridad invadirme. Hasta que hay una presión más fuerte. Aprieto los ojos nuevamente. La presión es muy fuerte, y tal vez no esté completamente listo. A quien engaño, quería esto, y estoy a punto de tenerlo. En eso, entra en mí por completo. Me agarro fuertemente de las sábanas y grito. El otro se alarma.
—¿Te lastimé? Lo siento— dice.
—No, estoy bien, tranquilo— le digo, pero duele.
—¿Quieres que pare?
—No, continúa, estaré bien
—Lo haré lentamente y con mucho cuidado, pero si te lastimo solo dímelo y me detendré
—Okey.
Me embiste lentamente. Aprieto los ojos, me muerdo el labio y no dejo de apretar las sábanas. Me duele, pero no quiero que se detenga. Puedo escuchar los agudos gemidos de Tom. Sé que también le duele un poco, pero ambos nos mantenemos en silencio. Suspiro intentando calmar el dolor, inhalo y exhalo, pero sigue ahí. El otro se da cuenta, y me da un beso el cual sigo. Está intentando tranquilizarme un poco. Seguro sabe que me duele mucho, por eso lo hace. Por un momento, creo que tal vez él sí es mi centro. Porque puedo sentir lo que él siente, puedo leer sus pensamientos, puedo escuchar sus penas, estamos conectados. Desde el primer momento. Cuando me vio sentado en la calle, seguramente sintió mi hambre y mis deseos de comer, por eso me invito su comida. No cualquiera lo habría hecho. Tiene que ser alguien que en verdad te ama. Y ese fue Tom.
Pasa el tiempo lentamente, y esos gemidos de dolor, se convierten en unos de pasión, disfruto el momento y dejo de apretar las sábanas y los ojos. Llevo mis manos a la espalda del trenzado y lo siento contra mí. Esa sensación de tenerlo dentro, esa sensación de entregarme a él. Le doy otro beso y susurro:
—Te amo.
Tom me mira y me responde con la misma frase. Acaricio sus trenzas y le pido más. Entiende que ya no me duele mucho y sube la intensidad. Dejo que mis gemidos salgan de mi boca acariciando la piel de mi amado con ellos.
—Ahhh, Tomi.
—Ah, sigue Bill, me encanta escucharte.
—Ahhh, más, más por favor.
Lo hace cada vez más fuerte. Comienzo a sudar al igual que Tom. Mi cuerpo sube la temperatura y estoy ardiendo. Mi entrepierna se está humedeciendo poco a poco. Casi estoy babeando. Y esos húmedos besos que me da Tom. Nunca había experimentado algo tan húmedo y caliente hasta ahora. Siento que voy a estallar. Pero de pasión. Estoy temblando y mi aliento es tan caliente como está mi cuerpo. Mis manos ahora se controlan por si solas y acarician todo lo que encuentran. Los musculosos brazos del trenzado, sus pectorales, todo su torso, sus manos que juguetean junto a las mías. Entrelazando los dedos como si estuvieran bailando al compás de una canción lenta y apasionada. Mientras sus movimientos son cada vez más rápidos y me dejan sin más aliento. Me ahogo en mis gemidos y dejo que Tom se encargue de mí.
Una de sus manos juega con mis dedos, la otra acaricia mi estómago haciendo círculos con su dedo índice, y su lengua juguetea con mis tetillas. Me siento en el cielo, lleno de pasión, sintiendo cosas diferentes en cada parte de mi cuerpo, pero cada una especial y muy sexy. Es tanta mi excitación, que estoy por correrme.
—Ahhh, Tom, más.
—Creo que, ya no puedo, Bill.
—Vamos, por favor, ahhh, sigue— Lo hace tan fuerte que voy de arriba abajo cada vez que me enviste, pero eso no me importa, me gusta.
—Voy a correrme
—Entonces hagámoslo juntos
Él asiente y continúa. Ambos gemimos al mismo tiempo y disfrutamos de esto últimos. Entra y sale de mí con fuerza. Puedo sentir su cansancio al igual que el mío, esto está por terminar. Y en sin avisar, me corro y él en mí. Arqueo la espalda con los ojos bien abiertos junto a un sonoro gemido al sentir su semilla entrar. Tom hace lo mismo, y luego se apoya contra mi pecho dejando muchos besitos. No quería que terminara, pero en algún momento pasaría, aunque me da pena que sea tan pronto. Veo la hora, y estuvimos casi dos horas así. Apenas me lo creo, fue bastante rápido para mí. Tom me hace salir de mis pensamientos en cuanto habla.
—Eso fue increíble.
—Sí— digo acariciando nuevamente sus largas trenzas.
—Me pregunto si ya eres visible— dice.
—Yo también
—Deberíamos probarlo mañana.
—Sí— es lo único que respondo, estoy cansando. —¿Durmamos?— pregunto.
—Claro, estoy muy, muy cansado— dice. Pero luego me sorprende con otra frase. —Te amo con todo el corazón.
—Y yo a ti— termina esa frase, y nos quedamos profundamente dormidos
Una luz se posa en mis ojos y los abro, es de día y está soleado. Y a mi lado, mi amado está durmiendo tranquilamente. Nunca creí despertar así alguna vez. Junto a la persona que más amas, a la luz del día, en una linda casa, entre la tranquilidad y el armonioso sonido de los pájaros cantar. Podría quedarme observando todo esto por horas y horas sin aburrirme.
Tom despierta, y me da un beso. Como me quedare a vivir con él por el resto de mi vida, hoy tenemos que hacer algunas compras. Para comprar ropa, zapatos, pantalones, cosas así. Pero todavía no sé si seré visible, solo espero que mi corazón estuviera completo ahora.
Salimos de la casa directo a un centro comercial. Conversamos un poco mientras buscamos una tienda que me llamara la atención. Entramos a una muy bonita que me comenzaba a agradar, y rogaba por que pudieran verme. Una señora llegó y nos atendió.
—Buenos días señores.
—Buen día— dijo Tom. Un momento, ¿dijo “señores”? Eso era manada, ¿puede verme? —Estaba buscando algo de ropa
—Claro, ¿para usted, o para él?— preguntó apuntándome.
Es oficial, puede verme, me puede ver. Eso significa que Tom si es mi centro. Ya lo encontré, mi corazón está completo, y ahora todos pueden verme. Pude volver a sentir esos dulces latidos que extrañaba, y una gran sonrisa apareció en mi cara.
—Para mí— dije.
—Okey— dijo la señora.
Me escucha, puede verme, genial. Al fin, estoy tan feliz.
Al volver a casa celebramos junto a Tom.
Al fin mi sueño se cumplió, ahora podían verme, tenía amor, y viviría feliz por siempre.
& F I N &
Notas finales: Hola! Espero que les haya gustado la segunda parte de Invisible. Para las que no entendieron Bill era invisible porque tenía un hueco en el centro de su corazón, y prácticamente no pertenecía al mundo, es parecido a mi otro Fi “Mi corazón por tu vida”
Gracias por sus lecturas, las quiero mucho.