Te odio, Bill Kaulitz

Administración: Me encantó ver el correo otro trabajo de colaboración entre las talentosas: Kasomicu y Namyukaulitz. Disfruten de este BotTom y celebremos a los Kaulitz en este día especial.

Fic de Kasomicu & Namyukaulitz

«Te odio, Bill Kaulitz»

No había alguien a quien Tom detestara más que al chico de sombra negra y delineador, ropa emo y cabello en puntas, ese con el que se topaba cada que acompañaba a su amiga, Natalie, al salón de su novio.

¿Por qué lo odiaba? Ni siquiera iban al mismo salón, y tampoco habían intercambiado palabras alguna vez, no lo sabía, pero lo detestaba y no se molestaba en ocultarlo, si entre más podía demostrar su desagrado con él y que este lo notara, lo haría con más ganas.

Cada que tenía la oportunidad se le quedaría viendo, hasta que el contrario se percatara de su, para nada disimulada, mirada.

A pesar de no conocerlo, sabía su nombre, porque escuchaba que sus amigos y profesores lo llamaban así, Bill.

—¿Por qué lo miras así? ¿Has tenido problemas con él? —interrogó Noah, el novio de Natalie, llamando la atención del de rastas.

Nuevamente Tom estaba mirando fijamente al moreno, manteniendo una distancia considerada.

—Sí, tengo un problema con él —soltó Tom sin apartar su mirada.

Noah frunció el ceño totalmente confundido, Bill era su compañero, y por lo que sabía, él no era una persona conflictiva o con la que se pudieran tener problemas con facilidad.

—¿Por qué? —continuó Noah.

—Ni se lo preguntes, porque ni siquiera a mí me ha querido decir cuál es su bendito problema. —Natalie observó a su amigo, que continuaba viendo al moreno—.Te gusta buscar problemas en donde no hay, Tom —dijo la rubia soltando un suspiro.

—Lo detesto —murmuró Tom, apartando su mirada cuando Bill se volteó para verlo, enfrentando su mirada y obligándolo a él a mirar a otro lado.

—No puede ser que cada vez que vengamos lo observes como un obsesivo, Tom, además si no tienes un problema con él, tampoco lo busques —comentó Natalie, ya antes le había preguntado respecto a su fijación por el compañero de su novio y no obtuvo una verdadera respuesta—. ¿Qué pasará el día que él se canse de tus miradas odiosas?

—Lo que sea, no importa, siempre y cuando no se las dé de valiente —respondió mirando de reojo al moreno.

Noah y Natalie rodaron los ojos, sólo esperaban que no hubiera un problema a futuro con Tom por sus conflictos imaginarios con chicos al azar.

—Mejor vamos a almorzar, así quizás dejas de verlo. —Natalie tomó a Tom del brazo para sacarlo de ahí, siendo seguida por su novio.

Los tres le dieron una corta mirada a Bill, que parecía distraído, totalmente ajeno a ellos.

Noah estaba intrigado con el comportamiento de Tom respecto a Bill, así que en cuanto tuvo la oportunidad se acercó a él durante una de sus clases.

—Hola, Billy —interrumpió Noah con una ligera sonrisa. —¿Puedo unirme a tu grupo? Los idiotas de mi grupo se saltaron esta clase, así que estoy solo.

Bill le dirigió la mirada al castaño, para fortuna de Noah, en su grupo aún quedaba una vacante para uno.

—Por supuesto, sirve que nos ayudas a avanzar más rápido —respondió Bill, con una sonrisa amable.

Lo cual hizo confundir más a Noah, realmente no entendía el conflicto entre Tom y Bill… Si Bill era tan así, sí, lucía un poco rudo por sus tatuajes, piercing, ropas oscuras y cabellos levantados, pero en realidad era un muchacho afable, de buen trato.

Empezaron a trabajar, se daba cuenta que Bill era el líder del grupo, porque era quien daba las órdenes, y más aportes, sin embargo, escuchaba las respuestas del resto, y les ayudaba de ser necesario, era un grupo de estudio más tranquilo al que él estaba acostumbrado, porque solían perder el tiempo, y entregar trabajos mediocres, sin embargo, Bill no era así, buscaba verificar toda la información y sacar el máximo el potencial de cada uno. Cuando ya estaban sentados mientras unos de sus compañeros, los que habían aportado menos, iban a exponer, es que Noah se sentó a su lado, mirándolo con curiosidad.

—Billy —llamó Noah, haciendo que el moreno se girase a verlo, prestándole su entera atención.

—Sí, dime —masculló Bill en voz baja para que no le dijera nada la profesora.

—Sino que… No sé si lo conoces, al parecer él sí, pero el amigo de mi novia, se llama Tom, es un chico de tu altura… —comenzó a hablar, Bill seguía observándolo, sin entender muy bien a quién se refería—. Ehmn, usa ropas anchas y tiene rastas rubias —acotó, y Bill soltó un suspiro.

—Sí, sé quién es —respondió Bill.

—Sí, bueno, ¿me podrías contar qué problemas tienen entre ustedes? Si no te incomoda claro —farfulló Noah, con la vena chismosa palpitándole.

Bill se alzó de hombros.

—Es que no lo sé —comentó Bill, Noah lo miró confundido—. No lo conozco, nunca hemos hablado, sólo sé que siempre que me ve lo hace con expresión de odio. Pero ni siquiera nos hemos presentado —complementó.

Noah frunció el ceño. —¿Qué?

—Sí, así de confundido como tú, estoy yo. No es que le haya quitado su novia o algo así, porque no tengo pareja. Simplemente es como si él tuviera una animadversión conmigo —respondió Bill—. Lo cual ni siquiera tiene sentido, nunca lo miré mal, de hecho, recién noté su presencia cuando él comenzó a verme con odio, sólo sé que es un muchacho atractivo, pero con algún problema conmigo. ¿Tal vez es porque me maquillo o tengo un look oscuro? No sé, pensé que ese tipo de cosas pasaban antes. ¿O quizá es homofóbico? No lo sé —agregó, y Noah boqueó sorprendido—. Sí, soy gay —respondió a la pregunta no formulada.

Noah no sabía que Bill era homosexual, bueno, no era como si él tuviera un problema con eso, pero… ¿Tom lo tendría? No era algo que hubieran hablado antes, tal vez Natalie sabría aquello. Se sentía muy confundido e insatisfecho, porque esperaba cubrir su dosis de chisme al saber por qué era que se odiaban, pero en realidad la expresión de Bill se había mantenido calmada todo el tiempo, no mostraba ni siquiera fastidio al hablar de él.

—Bueno no soy homofóbico —aseguró Noah, no queriendo que malinterpretara su silencio.

—Es bueno saberlo. Pero… Si bien no es algo que oculte, tampoco sabría cómo es que tu amigo lo sabe. Aunque puede ser simplemente porque me maquillo, y eso no es la epítome de la masculinidad —barbotó Bill.

—No debes sentirte mal por lo que haces, en todo caso, si él tiene un problema con eso, el problema es suyo —contestó Noah.

—La verdad no me importa lo que piense el resto, sólo que sí es un poco molesto tenerlo siempre viéndome con esa expresión de furia, muchas veces lo ignoro, pero a veces su mirada se siente muy fuerte —contó Bill.

Noah se preguntó para sus adentros si acaso Tom sería homofóbico, y ese era su problema con su compañero, aunque le seguía pareciendo extraño, porque Tom nunca había demostrado esa clase de comportamiento intolerante hacia nadie en particular, quizás nunca se terminan de conocer a las personas, pensó, de todos modos lo hablaría con Natalie luego.

En cuanto sonó el timbre, que indicaba el final de las clases todos comenzaron a salir, felices de que por fin de un largo día terminará el horario escolar.

—Tom, espera. —La maestra de matemáticas detuvo al rubio, tomándolo del hombro.

—¿Qué ocurre, profesora? —preguntó confundido, viendo a su mayor, que tenía una cara de amargura más fruncida de lo normal.

—Pasa esto —respondió, levantó la hoja de un examen, mostrando un gran cero escrito en marcador rojo—. Reprobaste tu examen.

Tom dejó caer su mandíbula, juraba que había sacado una nota decente en el examen de matemáticas, no un rotundo cero.

—Seré bondadosa y dejaré que lo vuelvas a hacer —anunció la mayor, Tom sonrió al escucharla pero su misma sonrisa se desvaneció al escuchar lo que dijo después—. Ahora mismo.

—¿Ahora? Pero.. Es la hora de la salida —farfulló Tom.

—Bueno, también tu nota puede quedarse así, como tú lo prefieras, Trümper —dijo con simpleza la mayor, curvando sus labios hacia abajo, a punto de darse la vuelta para marcharse.

—¡Espere!… Me quedaré a hacerlo —aceptó Tom, no quería quedarse sin la oportunidad de rescatar su tan pobre nota, así sea quedándose más tiempo del debido en el instituto.

—Bien, todo tuyo, búscame cuando lo termines, esto quedará bajo tu responsabilidad, tú decides si apruebas o no —advirtió la maestra, dejando su examen sobre su mesa para después marcharse.

Tom soltó un suspiro y buscó con la mirada a Natalie que lo observaba desde la entrada del salón, solían irse juntos a sus respectivos hogares, ya que no vivían tan lejos del otro.

—Puedo esperarte si quieres, Tomi —comentó la rubia, a lo que él se negó.

—No sé cuánto pueda tardar, y no quiero que tengas problemas por mi culpa si llegas tarde. —Tom sabía que los padres de Natalie eran estrictos con su hija, así que quería evitarle problemas a su amiga por los frutos de no haber estudiado lo suficiente.

Natalie pensó, no quería dejarlo solo, pero tampoco quería ser castigada, así que no tendría más opción que tener que marcharse sola.

—Me envías un mensaje cuando llegues a tu hogar, ¿sí? Pasaré a verte por la noche —informó Natalie, acercándose al de rastas para despedirse.

Así fue como Tom se quedó solo en un salón vacío, estaba solo, sin la supervisión de un maestro así que podía ser un poco aprovechado para salir pronto, ¿no?

Sacó su celular y se dispuso a resolver de nuevo el examen, con ayuda extra claro, era un examen largo así que de todos modos tendría que tomarse su tiempo. Pasando así alrededor veinte minutos, al terminar de hacerlo de nuevo se aseguró de que sus respuestas esta vez sí fueran las correctas, cuando estuvo seguro fue a buscar a su maestra.

Que para su mala suerte, no logró encontrarla por ningún lado.

—Dudo que se haya ido… ¿O sí? —musitó para sí mismo, bajando por las gradas que iban para la segunda planta, incluso se tomó el tiempo de buscar ahí, pero nada, no estaba por ningún lado.

Pensó que tal vez había salido del instituto por alguna razón y que volvería pronto, no podía irse y perder la oportunidad de salvar su nota, así que volvió al salón esperando que ella lo buscara ahí.

Pasaron unos minutos y nada, ni un alma se asomaba por ahí, comenzaba a desesperarse y sobre todo a aburrirse.

—Será mejor que me vaya a refrescar un poco al baño —se dijo, saliendo con la cabeza agachada y dirigiéndose al baño del instituto.

Al entrar se dirigió a los lavamanos, que tenían un espejo amplio en toda la pared, que daba vista a los cubículos. Abrió la llave del agua, tomando un poco con sus manos para mojarse el rostro, al cabo de unos momentos escucho como la puerta de uno de los cubículos se abría detrás de él.

Le pareció extraño que hubiera alguien más en el instituto a esas horas, todos salían como estampida en cuanto sonaba el timbre de la salida, así que levantó su rostro para ver quién podía ser, encontrándose con la persona que menos esperaba, haciendo una mala cara de inmediato y mirándolo a través del espejo.

Bill tampoco estaba muy contento de verlo ahí, pero tenía que lavarse las manos, así que poco le importó el odio que el de rastas podía sentir por él y se puso a un lavabo de distancia de él. No obstante, le invadía la curiosidad de saber cuál era el problema que tenía ese alumno con él, que incluso ahora, en ese preciso momento lo estaba mirando con odio.

—¿Tú también tienes cosas pendientes? —le soltó una pregunta pacífica, sin verle mientras se lavaba las manos.

Tom se sorprendió por una fracción de segundos, pues no esperaba que el contrario le hablara, era la primera vez. Pensó en responderle o ignorarlo e irse, pero su boca fue más rápida que él.

—No te interesa —contestó Tom de forma pesada.

La paciencia de Bill se esfumó al tener una respuesta así, giró su cabeza para verlo, observando sus oscuros ojos castaños, con un semblante serio.

—Oye, no sé cuál sea tu maldito problema conmigo, nunca te he hablado y aún así, actúas como si hubiera insultado a tu madre alguna vez. —Bill fue directo, cerrando la llave del agua, pero quedándose donde estaba—. Así que, iré al grano, ¿cuál es tu puto problema? No me interesa si es porque eres homofóbico, te puedo asegurar que tú te ves más maricón que yo.

Desde que comenzó con su discurso Tom ya estaba con una arqueada, hasta que escuchó lo último, acababa de llamarle gay en su cara, cosa que le tocó una fibra sensible.

—¿Quién te crees, imbécil? Te aseguro que al menos yo sí he tocado alguna mujer en mi vida —le respondió Tom de inmediato.

—Tu madre no cuenta, ¿sabes? —contestó Bill, cruzándose de brazos con una sonrisilla, ya había notado el problema de Tom con él, era fácil leer a alguien como el de rastas.

Eso hizo enfurecer más a Tom, que dio un golpe en el piso.

—Te aseguro, que no quieres meterte conmigo, maricón —amenazó Tom, restando distancia entre ambos, acercándose a él con prepotencia.

Esto no hizo más que parecerle lindo a Bill, que sonrió ladinamente al tenerlo más de cerca podía ver cada uno de los detalles de su rostro.

—Y yo te aseguro que con esa carita, no eres ni una pizca de amenazante —musitó Bill acercando su rostro al del contrario. 

—¿Ah sí? ¿Quieres ver que tan poco amenazante soy, eh? Porque podría demostrártelo de muchas formas, ¿o no te das cuenta que no uso maquillaje como tú, maricón? —farfulló Tom, sintiendo cómo su rostro se sonrojaba por el enojo… Aunque también su respiración se aceleraba más al tenerlo tan cerca que casi podía respirar su aliento. 

—Nene carita de muñeca, si crees que porque tengo las uñas pintadas con esmalte no me molestaré en golpearte, estás muy equivocado —soltó Bill, sujetándolo por la camiseta, presionándolo contra la pared.

Tom lo empujó, casi tumbándolo de espaldas, Bill lo miró con el ceño fruncido, levantándose rápidamente y viéndole con fastidio.

 —¿Ya no tienes nada que decir, nenita? —molestó Tom, tan irritado con la forma en que lo veía el moreno. Lo detestaba por todo, por la cara que tenía, las sonrisas que ponía, su molesta forma de vestir, su maquillaje, su melena de león… Lo odiaba con todo su ser, por ser tan llamativo, por siempre llamar su jodida atención, y lo peor es que no se lo proponía.

—Yo no soy una maldita persona violenta pero… Sacas lo peor de mí —avisó Bill, para luego presionar su cuello contra la pared, golpeándole la cabeza y cortándole la respiración, pero… 

—Ah… —soltó un gemido Tom, sonrojándose profusamente y se aferró a sus manos para que se las quitara del cuello. Pero Bill lo miró completamente confundido, su rostro era un poema, pero no por eso aflojó su agarre en su cuello.

—¿Acabas de gemir? —preguntó Bill.

Tom… Sí, acababa de gemir, no sabía que disfrutaba de la sensación de ser asfixiado, porque… Él sólo era pura palabrería, en realidad era virgen, sí se había besado con una chica y tocado sus senos, pero por las apariencias, no porque realmente lo quisiera, y… Bill lo desestabilizaba porque era tan atractivo que hacía que sintiera cosas por él, por eso lo detestaba.

—¡No! —negó Tom con las mejillas rojizas. 

Una sonrisa se formó en los labios de Bill, una sonrisa pícara, y presionó su rodilla contra su entrepierna.

—Pues acá abajo me dice que sí gemiste… ¿Es eso? ¿Te excita que te asfixien? ¿O te excita que te dominen como una perra? —molestó Bill, sin dejar de frotar su rodilla con su erección, y apretando un poco más el ahorque, consiguiendo que Tom gimiera más fuerte.—Oh… Pero mira cómo lo estás disfrutando… —susurró contra su oído, para luego lamérselo—. Si querías que te cogiera simplemente tenías que pedírmelo, no le diría que no a un chico tan lindo —soltó con su voz aterciopelada, para luego morderle el lóbulo de la oreja, Tom se tapó la boca para evitar gemir de nuevo, se sentía tan avergonzado en ese momento al verse descubierto.

Bill volvió a reír, así que eso era, tensión sexual no resuelta… Probablemente Tom era gay de clóset, y por eso lo detestaba tanto, aunque en realidad se hacía una masita de excitación bajo sus dedos. El moreno no podía negarlo, le gustaba el de rastas, y por ello es que aquel sonido tan erótico hizo que su miembro latiera en interés, elevándose bajo su ropa. Frotó con gusto su rodilla nuevamente, de arriba abajo, viendo cómo Tom se resistía bajo suyo, intentando negar sus sentimientos.

Tom quería que la tierra se lo tragase en ese mismo instante, podía sentir cómo su miembro estaba bañándose en preseminal, y lo más bochornoso es que ni siquiera lo estaba tocando con su mano, simplemente presionaba contra su rodilla y ese estímulo era suficiente, junto con sentir que le faltaba el aire.

Bill estaba apretando su cuello, no lo suficiente como para desmayarlo, pero sí lo suficiente como para mantenerlo en vilo con su excitación… Había oído que algunas personas se excitaban con eso, pero era la primera vez que conocía a una. Se relamió los labios y se acercó a su rostro, buscando besarlo pero Tom se giró.

—Oh… ¿No quieres un besito? ¿Es que eso sería muy gay para ti? —cuestionó con sorna Bill, viendo cómo Tom fruncía el ceño y los labios en disgusto.

Soltó una de sus manos, para maniobrar, sacándole la correa, y metiendo su mano debajo de su bóxer, sintiendo la longitud de su miembro, escuchando cómo siseaba por el deseo.

Tom intentó removerse, pero Bill no lo dejó, por lo que siguió tocándolo, luego sacó la mano para chuparse dos dedos, lo hizo sin dejar de ver a Tom, con tal fijeza y lascivia, que terminó viendo cómo el de rastas se relamía los labios en anticipación.

¿Qué mierda estaba pasando? ¿Acaso no podía alejarlo de un empujón? Tenía la fuerza necesaria para hacerlo pero… El sentir cómo apretaba su garganta lo hacía estremecer, y el imaginar que esos dedos eran su miembro siendo chupado por su deliciosa boca lo ponía mal. 

Lo odiaba con cada fibra de su ser, odiaba que fuera tan malditamente sexi en ese momento que su miembro palpitaba por más contacto, su cuerpo lo delataba completamente por más que quería obligarse a no sentirse de esa forma.

—Te odio —Tom balbuceó en voz baja, sin verle directamente a los ojos.

—¿Qué dijiste? —Bill apretó su agarre al cuello, al mismo tiempo y metió su mano debajo de su pantalón, de nuevo, tomando su miembro y jugando con el glande.

Tom gimió en alto, contra toda su voluntad, sabía que si seguía de esa forma se vendría pronto.

—Dilo —insistió Bill, presintiendo que Tom se vendría pronto, puso su dedo sobre el glande evitando que pudiera llegar a correrse.

Se negó, pero Bill lo estaba llevando a su límite, se sentía tan precoz al pensar que con sólo unas pocas caricias estaba a punto de correrse, peor aún que el moreno se lo estaba impidiendo. Giró su cabeza observando directamente al contrario a sus ojos, con un rostro rojo de ira y vergüenza mezclado.

—¡Te odio, te detesto! Eres tan…

Bill no permitió que siguiera, empujando sus labios sobre los del de rastas, ahogando sus palabras, que realmente no le interesaban, así Tom se deshiciera en insultos. Movió sus labios iniciando un beso al que Tom se trató de resistir en un principio, negándose a que lo besara un hombre, pero que al cabo de unos segundos y con la mano de Bill acariciándolo tan bien, correspondió.

—¡Mn-mg!…—Tom llevó sus manos a los hombros de Bill, los cuales golpeó con una débil fuerza, ser dominado por Bill de tal forma lo volvió flojo, su conciencia y prejuicios le decían que debía darle un buen golpe a Bill, por hacerlo sentir tan gay, pero su cuerpo y sentimientos quería más de él, sentirlo más.

Su cuerpo se arqueó contra el de Bill, cuando su orgasmo fue inevitable, manchando la mano del moreno, que ante eso, sonrió en medio del beso.

—No pensé que serías tan precoz, y eso que no he hecho mayor cosa contigo —se burló Bill sobre sus labios, consiguiendo que Tom sólo mordiera su labio con fuerza.

—Vete a la mierda, jodido —musitó Tom con vergüenza, no quería ni siquiera bajar su mirada para ver cómo se había corrido.

—Eres tierno tratando de actuar molesto, pero tu cuerpo sigue diciendo que no lo estás verdaderamente —continuó Bill, restregando su entrepierna contra la de Tom.

—¿¡Qué haces!? —exclamó Tom ante eso, y sus mejillas ardieron con más intensidad.

—¿En serio pensabas que sólo iba a darte placer a ti? Te informo que soy una persona egoísta también —dijo Bill frotándose con más vigor y haciendo presión, permitiendo que Tom sintiera su palpable erección oculta bajo la tela de sus ajustados pantalones.

Tom tragó con pesadez, incluso si sólo eran unos simples frotes lograba hacerse ideas de la longitud de Bill sólo con el tacto, pensó que incluso podía llegar a ser más grande que el de él y eso que Tom consideraba que tenía un buen tamaño.

Bill genuinamente estaba interesado en Tom, y sobre todo en llevarlo al límite, así que pensó en lo peor que podría pasarle a un hombre como él. Atacó los labios ajenos de nuevo, en una forma de distraerlo de lo que iba a hacer, deslizó su mano intrusivamente hacia más abajo, rozando sus dedos con esa zona desconocida, no perdió el tiempo, dejando deslizar uno de sus dedos en el interior de Tom, ayudándose de que su mano estaba cubierta de la preseminal suyo para dilatarlo.

Un gemido alto se escapó de los labios del de rastas, un gemido de sorpresa en realidad. Para él ese fue el colmo, apretó con fuerza sus manos en los hombros huesudos del moreno, esta vez con toda la intención de apartarlo.

No podía ser gay… Y mucho menos uno pasivo.

— ¡AagH-! —Tom abrió sus ojos de par en par, en cuanto Bill introdujo un segundo dedo, deslizándose en su interior con facilidad y flexionándolos, iniciando a moverlos con lentitud.

No era la primera vez que Bill hacía algo como eso con alguien, de hecho lo había hecho ya antes varias veces, con diferentes chicos con los que había estado, al contrario de lo que se podía llegar a suponer por su estilo o actitudes alguna veces, él no era pasivo, todo lo contrario le gustaba ser quien llevara el control y verlos retorcerse debajo de él.

Sobre todo, cuando esos chicos eran como Tom, definitivamente nada juraba que después de eso, esta vez no lo buscara realmente, antes pasaba por alto de él, pero ahora se había buscado ser su nueva obsesión, demasiado bonito y gay para dejar que otro lo tuviera de la misma forma en la que él lo tenía ahora.

De pronto Tom se removió contra él de una manera diferente.

¡Bingo! Se dijo Bill para sus adentros, había dado con ese punto de placer, comenzaba a babear de sólo imaginar lo que sería estar dentro de él, si tan sólo usando sus dedos podía sentir lo húmedo, caliente y sobre todo, lo apretado que estaba.

Tom estaba sumamente excitado, y se sentía tan humillado que le estuviera gustando cómo estaba siendo penetrado por Bill… No servía de nada que fingiera que no le estremecía el sentir aquellos dígitos volviéndolo loco, intentaba cerrar los ojos, pero volvía a abrirlos, viendo esa mirada felina sobre él. Maldito fuera ese muchacho…

En un visto y no visto, Bill sacó sus dedos, por lo que Tom pensó que todo había terminado… Qué equivocado estaba, escuchó cómo el moreno se bajó el cierre, tragó saliva duramente, y antes de que pudiera quejarse, el más alto lo había levantado con sus manos en su trasero, poniéndose entre sus piernas, y rozando su entrada con la punta de su hombría. Tom abrió los ojos completamente asustado, podía sentir cómo ejercía la presión levemente con su pene, metiéndose de a pocos en su interior, y el rubio sentía la resistencia de sus esfínteres, pero Bill sujetó su nalga, aferrándose a ella, para que el de rastas no cayera, y con la otra mano volvió a ahorcarlo, haciéndole soltar un gemido sonoro nuevamente.

De algún modo Tom agradecía que la escuela estaba vacía sino sería un momento bochornoso. Por la gravedad, el cuerpo del de rastas iba cayendo sobre la erección de Bill, hasta que entró por completo, haciendo que ambos se sintieran sin aire por un instante. 

Bill no estaba usando protección, normalmente siempre usaba condones, sin embargo, al no haber planeado esto, y a sabiendas de que Tom era virgen, así dijera lo contrario, consideraba seguro el tener sexo sin protección… Aunque… Sentía cómo su miembro vibraba en su interior, sin nada que los separase, apretaba tan rico que tuvo que tragar saliva con fuerza, negándose a querer correrse tan pronto. Es decir, Bill no era el virgen allí… Así que no quería quedar como un precoz, menos frente a ese lindo chico, aunque odioso.

Tom estaba perdiendo la virginidad en un baño de su instituto, con el chico que odiaba. Y… Ni siquiera podía quejarse, porque lo estaba disfrutando, aunque nunca lo diría en voz alta. Su virilidad estaba erguida, chocando contra su vientre, aún cubierto de su camiseta ancha, y se sentía tan enojado porque Bill lo estaba cargando, y porque lo miraba con deseo… Es decir, nunca lo habían visto así… Bueno, mentía, varias chicas lo miraban con ojos de comérselo, pero ninguna de ellas le metía el miembro mientras lo miraba así.

Bill se relamió los labios, comenzando las embestidas, mientras que Tom comenzaba a morderse los labios para no dejar salir los gemidos que pugnaban por escaparse de su boca, aunque de todas formas terminaban saliendo ruiditos amortiguados que excitaban a Bill, el cual ejercía más presión en su cuello, consiguiendo que Tom se aferrara a la pared, casi haciéndose sangrar los labios por la forma en que se mordía.

—No te contengas, lindo… Gime para mí —susurró Bill, moviendo con cadencia sus caderas, aferrándose a su trasero, mientras seguía penetrándolo, ese maldito ángulo, sabía que estaba dándole en su próstata, por la forma en que Tom se estremecía, y cómo su pene estaba dando botes, todo lubricado en su preseminal, eso quería decir que su chico problema iba a correrse pronto otra vez.

Tom se negaba a obedecerlo, pero… Aquel vaivén de las caderas de Bill estaba volviéndolo loco, lo miraba con odio mientras empezaba a soltar gemidos de placer por cómo lo estaba estimulando. Definitivamente lo odiaba… No quería volver a verlo… Pero… ¿A quién engañaba? Bill estaba abriendo una nueva perspectiva para él… Nunca lo habían tocado en el culo, y ahora pensaba que se masturbaría metiéndose los dedos pensando en él. 

Bill salía y volvía entrar en su interior, ya iba a dejar marcados sus dedos en su trasero, de tanto que lo apretaba, pero era tan jodidamente delicioso… Ninguno de los chicos con quien se había acostado antes podría compararse, ninguno podría superar al de rastas. El moreno no sabía si era por el hecho de que fuera un chico enclosetado, o que fingiera odiarlo, o el que fuera virgen, sin embargo, por eso era su nueva obsesión, de la cual dudaba que pudiera cansarse… Mientras veía cómo el rostro del de rastas de contraía por el placer, incluso con el ceño fruncido por la animadversión que tenía con él, es que se preguntaba todo sobre él… Porque sí, no sólo quería sexo, quería todo con Tom. Entender qué había en su cabecita homofóbica… ¿Por qué un chico gay era homofóbico? ¿Y por qué precisamente se fijó en Bill de entre todas las personas? 

Y también estaba la cuestión de por qué disfrutaba que lo ahorquen, no lo juzgaba, porque de hecho estaba disfrutando en someterlo de esa forma, sin llegar a hacerle verdadero daño, no obstante, sí le daba mucha curiosidad. 

Bill siguió con las estocadas, disfrutando del peligro de estar en esa situación, jamás había tenido sexo en el instituto, pero era muy excitante el sentir el temor a ser descubiertos, y haciéndolo en una posición de pie… Normalmente si lo hacía de esa forma lo hacía ambos parados contra la pared, el pasivo de cara contra ella, sin embargo, en esta forma él cargaba a Tom, y lo presionaba… Ahorcándolo, viéndole el rostro con los ojos dilatados, la expresión de odio teñida en lujuria… Sexo con odio era algo nuevo para él, pero no podía negar que estaba disfrutándolo por mucho.

Tom aferró sus escasas uñas a la pared de la que se sostenía, toda la parte inferior de su cuerpo se sentía sensible y débil, de no ser porque su cuerpo era sostenido por Bill, es que no había caído aún al suelo, porque dudaba demasiado de que sus piernas podrían sostener su propio peso en ese momento.

Un segundo orgasmo se aproximaba, lo cual lo hacía temblar, nunca había pensado que ser penetrado iba a causarle tanto placer, tanto que le daba cortas miradas a Bill con recelo, deseando con todas sus fuerzas que lo penetrara con más fuerza, pero su orgullo le impedía pedírselo.

Se negaba a tener que rogarle a un hombre para que se lo cogiera con más intensidad, pero al ver los gestos que hacía Bill cada que se empujaba en su interior, y los movimientos tan certeros y exquisitos que daba en su próstata, le hacía nublar su juicio.

Ante su mirada fija en Bill, este también lo observó, haciendo que sus miradas conectarán por unos segundos, experimentando una conexión inexplicable para ambos, pero a la que Tom se iba a negar probablemente.

—A la mierda —musitó Tom para sí mismo, siendo él ahora el que tomó por sorpresa los labios contrarios.

Acto que por supuesto, no esperaba Bill, pero estaba más que satisfecho moviendo sus labios junto a los de Tom de forma desesperada. Tom en un movimiento rápido pasó sus brazos por el cuello de Bill, aferrándose a él con fuerza, haciendo que por consiguiente este soltara su cuello para sostener mejor su cuerpo, tomando su trasero con ambas manos.

Bill no tenía pudor alguno en tocar a Tom, amasando su trasero con ambas manos, apretándolos ligeramente, provocando que la piel se tornará rojiza y sus dedos quedaran marcados.

—Bill, más duro —gimoteó Tom contra sus labios, de forma muy baja, no podía resistirlo más.

El llamado fingió no escucharlo, sonriendo en grande para sus adentros, pero quería que Tom se lo suplicara, mandando a la mierda su prejuicio.

Al no notar cambio, o recibir una respuesta de parte de Bill, Tom se frustró, no era tonto y sabía que Bill lo estaba haciendo a propósito.

Apretó su interior, haciendo que un grave gemido saliera de los labios del moreno.

—¡Muévete más fuerte, maricón! —exclamó Tom con molestia y excitación. —Por favor…

Bill se rió en su cara y gustoso besó sus labios, sintiéndose más atraído al de rastas, ante esa actitud tan rebelde y, al mismo tiempo, sumisa de él.

Llamarlo a él maricón, cuando Tom era quien estaba pidiendo que lo penetrara, irónico. Bill presionó el cuerpo de Tom contra la pared, moviéndose con violencia, siendo cero cuidadoso, incluso podía escucharse el sonido de sus pieles chocando continuamente alrededor del baño.

La vista de Tom se nubló al sentir su segundo orgasmo llegar, ensuciando las camisetas de ambos, apretando tanto su interior que fue suficiente como para que Bill también se viniera en su interior, llenándole las entrañas con su semen caliente, siendo una sensación demasiado placentera para Tom que dejó relajar su cuerpo, manteniéndose aferrado a Bill.

Pero eso no duró demasiado, porque rápidamente sus pensamientos de odio hacia Bill volvieron, obligándolo a separarse de él, haciendo que un poco de semen saliera y se deslizara por sus muslos de forma demasiado pornográfica, pero poco le importaba.

Empujó a Bill, que lo observaba confundido ante su actitud, pero que soltó una carcajada al ver como Tom trataba de acomodar su ropa.

—¿Qué? ¿No te gustó? —preguntó Bill haciendo un mohín con sus labios, mirándolo con burla.

—Vete a la mierda —masculló Tom, subiendo su ropa interior y pantalones.

—Oh, vamos, ¿vas a seguir actuando así, cuando literalmente tienes mi semen en tu culo? —comentó Bill soltando una risa, no estaba sorprendido en lo absoluto por el actuar de Tom.

Tom quiso contraargumentar pero la sensación pegajosa y caliente que había en su interior, lo hizo querer morir en ese momento, totalmente humillado y avergonzado, limpió cualquier rastro de semen de su ropa y salió del baño furioso sin importarle que Bill quería seguir “conversando” con él.

Bill presenció todo esto en silencio, con gracia al ver cómo Tom se marchaba caminando incómodo.

—Un idiota lindo —se dijo Bill así mismo con una sonrisa ladina, viendo el resto de semen que había quedado sobre su camisa, era una mancha que valía la pena quitar.

Tom estaba corriendo cuando de pronto escuchó que lo llamaban.

—¿Trümper? —exclamó la voz de la mayor. Tom se detuvo abruptamente, era su maestra. Se giró a verla, luciendo avergonzado, buscando ocultar la mancha de su ropa.—Te estuve buscando y no estabas. ¿Llegaste a terminar?

Tom se sonrojó más por el doble sentido de esa pregunta, hasta que recordó su examen y lo sacó rápidamente de la mochila, extendiéndoselo.

—Sí, profesora, disculpe, no la encontré, salí a buscarla y no lo conseguí —mencionó Tom, ella recibió el papel y asintió.

—Bueno, tal vez cruzamos los caminos, en fin, ya puedes irte a casa, muchacho —mencionó la profesora, Tom asintió y se fue.

En todo el camino no dejaba de pensar en Bill… En las manos en su cuerpo, sus labios sobre los suyos y la forma en que lo veía. Cómo se había sentido tenerlo dentro, conseguía que su vientre se retorciera de gusto y se sentía enojado con esa idea.

Cuando llegó a su casa, saludó con un grito a sus padres y corrió a su habitación, no quería que lo vieran así, levantaría sospechas y debía lavar su camiseta lo más pronto posible, y bañarse, para quitarse todo rastro de lo que había pasado.

Se metió a la ducha junto con su camiseta, lavándola al mismo tiempo que se bañaba, sintiéndose tan sucio… Su interior latía, es decir, le dolía un poco, pero no lo suficiente como para pensar en nunca volver a repetirlo… Tom abrió los ojos ampliamente al darse cuenta de lo que estaba pensando, negó con su cabeza para ahuyentar esas ideas.

Eso no podía volver a repetirse jamás. Él no era gay… Sólo había sido un… Error, sí, eso.

O al menos de eso se convenció.

&

Al día siguiente Natalie estaba viendo a Tom algo distraído. 

—¿Estás bien? —preguntó la rubia.

Tom asintió ausente. Cuando de pronto sintió una mirada sobre sí mismo, poniéndosele los vellos en punta, se giró a observar quién era y vio esos ojos avellana color chocolate, delineados de esa forma tan atrayente, y lo miraba insinuante, tragó saliva fuerte y volteó a otro lado, fingiendo que no había visto nada, pero en realidad sintió electricidad por sólo la conexión de miradas.

—Tom, Bill te está mirando —señaló Natalie. 

—¿Ah, sí? No me había dado cuenta —fingió desinterés Tom. La rubia lo miró arqueando una ceja, evidentemente sospechando de su comportamiento.

—Es que te mira como…. No sé, no te mira enojado, ¿sabes? Es como si quisiera comerte con los ojos —aclaró Natalie y Tom tragó dura, sintiendo cómo se secaba su garganta frente a lo dicho por su mejor amiga, recordaba esa mirada y el saber de dónde lo estremecía.

Tom no respondió y su amiga dejó pasar el tema.

Quien no dejó pasar el tema fue Bill, el cual comenzó a mandarle besos volados, o gritarle “Guapo” cada vez que podía, haciendo que Tom se enojara aún más. 

—Creo que le gustas —mencionó Natalie.

Tom frunció el ceño. —No soy un maricón —soltó a la defensiva.

—O tal vez se cansó de que lo mires con odio y lo hace porque cree que eres homofóbico —comentó Noah con simpleza.

—Yo no… No soy homofóbico. Simplemente… No soy gay —respondió Tom, luciendo incómodo.

Natalie y Noah se miraron entre sí y se alzaron de hombros.

Pero Tom no se sintió conforme con ello, por lo que a la salida, sujetó a Bill por la camisa, arrastrándolo a uno de los salones vacíos.

—Oye, ¿qué mierda tienes conmigo? Déjame en paz, carajo. Me tienes harto con tus guiños, besos y todas esas mariconadas que haces frente al resto. ¡Hasta mis amigos piensan que soy gay! —reclamó Tom, presionándolo contra la pared, mientras Bill tenía una sonrisa en el rostro, dejándose hacer.

—Tú me orillaste a ello, bebé —masculló Bill.

Tom frunció más el ceño.

—No soy gay —soltó Tom.

—Repítelo hasta que lo creas —chanceó Bill.

—¡No soy maricón! —gritó enojado Tom, acercándose más a su rostro, apretando más su agarre en su camiseta.

Bill relamió sus labios, casi rozando los contrarios por la cercanía.

—¿Estás seguro? —preguntó Bill, y Tom sintió su aliento en su cara, por lo que terminó viendo su boca y sujetándolo del rostro para besarlo.

Bill invirtió las posiciones, ahora él empujándolo contra la pared, metiéndole por completo la lengua, cuánto había extrañado esos besos… Tom le mordisqueó el labio inferior, con saña, pero poco le importó el sentir el sabor a óxido en el beso… Seguían jugando con la lengua del contrario, mientras se tocaban por encima de la ropa, ambos sintiendo cómo sus erecciones se elevaban por el continuo contacto. Hasta que Bill lo giró contra la pared, bajándole los pantalones, para luego escupir en sus dedos, comenzando a prepararlo, Tom se empujaba contra sus dedos, no pudiendo resistirse más en ese instante… 

La mano de Bill no era suficiente, el sentir cómo hurgaba en su interior, encontrando ese cúmulo de nervios que vibraba al ser estimulado, cuando siguió metiéndoselo se dio cuenta que ya estaba lo suficientemente dilatado para él, Tom sintió cómo los sacaba y empezaba a introducirle el miembro.

Mientras tanto Natalie estaba confundida porque no encontraba a su mejor amigo y él siempre se iba con ella. Buscó por varios salones hasta que vio uno que le llamó la atención, estaba a oscuras, pero salían ruidos de allí. La rubia frunció el ceño, confundida y se acercó, fijándose que la puerta no tenía seguro. Entró y se quedó paralizada al ver la escena que tenía frente a ella.

Bill estaba penetrando a Tom, el cual estaba con su rostro contra la pared. Literal veía cómo el miembro del moreno entraba en su mejor amigo, y ellos no se daban cuenta de su presencia, por lo que decidió hablar.

—¿Tom? —soltó Natalie, totalmente avergonzada pero al mismo tiempo sin poder dejar de verlos, lucían demasiado sexys, y la verdad no conocía esa faceta de Tom.

Todo sentimiento de excitación que podía invadir el cuerpo de ambos chicos se esfumó en menos de un milisegundo al escuchar una tercera voz, sobre todo Tom, al reconocer esa voz de inmediato.

Los tres se miraron incómodamente por una fracción de segundos, antes de que a Natalie se le escapara una risa nerviosa pero que al mismo tiempo era de gracia genuina, así que cubrió su boca y huyó de ahí.

—¡Lo siento! —logró escucharse seguido de sus pasos apresurados, afuera del salón.

—¡Natalie! —exclamó Tom al cabo de unos segundos después de poder reaccionar, a sabiendas de que era poco probable de que lo hubiera logrado escuchar.

Sin importarle que Bill seguía erecto dentro de él, se separó, tratando de arreglar sus ropas con prisa, saliendo del salón a pasos torpes y apresurados mientras al mismo tiempo se sostenía los pantalones anchos para que no se bajarán.

—¡Natalie, puedo explicarlo! —gritó Tom, buscando con la mirada a la cabellera rubia por todo el complejo, pero no había nada, como si hubiera desaparecido, su rostro demostraba toda la preocupación que nunca antes había llegado a sentir.

Al no verla, su cabeza comenzó a imaginar todo lo que podía pasar si sabían que había estado con un hombre, incluso exagerando un poco, tampoco estaban en los años cuarentas donde la homosexualidad era delito, pero su pobre cabeza homofóbica no podía procesar otro escenario en donde no se le reproche o burlen de él.

Quería llorar, pero de la vergüenza, ¿ahora qué le diría a Natalie? ¿Cómo la vería a la cara luego de que lo encontrara de esa forma? ¿Cómo justificaba algo como eso y no perder su imagen de hombre ultra-heterosexual?

—¿Acaso estás llorando? —se acercó Bill detrás de él, y tocando su hombro, con una expresión de preocupación por el contrario.

Tom se giró para verlo, dejando ver como sus labios temblaban de la impotencia, mientras lágrimas se deslizaban por sus mejillas rojas.

Bill sabía que no estaba llorando precisamente por haberse hecho daño, sino porque había quedado como lo que más temía, como un gay.

¿En serio le costaba tanto aceptar que le gustaba el pene? Pensó Bill, sin saber exactamente qué decir, rascó su nuca incómodamente y desvió la mirada hacia otro lado.

—Por lo que veo, tu amiguita desapareció, es muy escurridiza —soltó Bill vagamente.

—¡Esto es tu puta culpa! —le reclamó Tom, acercándose a él con prepotencia. —¡Es tu culpa que esté arruinado ahora!

Bill no se esperaba que le reclamara, apuntándole con un dedo, a lo que él sólo retrocedió.

—Hey… Entiendo que te sientas así, fue vergonzoso que nos encontraran de esa forma, pero cálmate —intentó tranquilizarlo Bill, manteniendo su voz en un tono suave, y siendo comprensivo con él.

—¡No, no lo entiendes, todo se acabó para mí, y todo por ti! —continuó Tom reclamando en voz alta. —¡Si tan sólo no me hubieras seducido desde un principio!

Tom relajó su rostro al darse cuenta de lo que había dicho, produciéndose un silencio entre ambos.

—¿Yo te seduje? —cuestionó Bill con el ceño fruncido ante esa confesión. —¿De qué estás hablando?

—Desde un maldito principio captaste mi atención, con tu maldita forma de vestir, ser, actuar, eres todo un maldito gay, desde que te vi por primera vez en el salón de Noah no podía evitar tu presencia. ¡Siempre estás ahí! Me molestaba tu forma de hablar, la manera en la que te cuidas tus uñas, el modo en que te mueves cuando hablas, la forma en la que simplemente existes; odio ver como hidratas tus labios con bálsamo de menta, aborrezco la manera en la que me devuelves las miradas y me haces sentir tan nervioso, odio todo de ti —soltó Tom con ira, dejando ir lo que había guardado en todo ese tiempo—. Me haces sentir como una maldita chica… ¡No, me haces sentir como un maldito como tú!

Bill no lo interrumpió, pero tampoco respondió cuando Tom terminó de hablar, no tenía idea alguna de todo lo que sentía hacia él, por más que tratara de disfrazarlo de odio. Realmente nunca le había tocado pasar por una confesión de ese tipo, normalmente la gente solía usar la palabra “me gustas”, pero Tom estaba gritando que lo odiaba en su cara.

Soltó un suspiro viendo directamente al de rastas, iba a tratar de decir algo para responder a todo eso, pero Tom no se lo permitió.

—Sabes, mejor olvídalo, me veo patético diciendo todo esto, y aún más después de haberme dejado coger por ti, dos veces —repuso Tom, bajando el tono de voz, a uno que parecía herido, se limpió el resto de lágrimas de la cara y se apartó con brusquedad, saliendo de ahí.

Bill se quedó con las palabras en la boca, intentó seguirlo, pero prefirió no continuar siendo la causa de su tormento interno, tampoco quería que la situación escalara y que terminará en una probable discusión entre ambos, porque según Tom, Bill lo sedujo.

&

—¡Noah! —exclamó Natalie, buscando llamar la atención de su novio.

—¿Qué sucede? Desde hace rato llevas diciendo que quieres contarme algo —se quejó Noah, ya le había pedido a su novia que le dijera qué diablos pasaba y por qué estaba tan intensa con sea lo que fuera que tenía que contarle, pero ella le pidió que lo hablaran en un lugar más privado—. Por cierto, ¿dónde está tu amigo? Milagro que no esté pegado a ti.

—Es sobre él —masculló Natalie, tomando los hombros de Noah y acercándose a su oído para asegurarse de que nadie más logrará escucharla—.Tom es gay, Noah…—le susurró a su novio.

Noah no reaccionó al escuchar eso, pensando que era una broma por parte de su novia. Natalie al ver que su novio no reaccionaba, frunció el ceño y lo observó a los ojos.

—Lo digo en serio —aseguró Natalie cruzándose de brazos frente a él.

—¿Tom? ¿Estás segura de que estamos pensando en el mismo Tom, y no te has confundido? —cuestionó Noah, totalmente incrédulo con lo que su novia le decía.

—Lo encontré ayer junto a tu compañero… ¿Cómo era que se llamaba? —Natalie había olvidado su nombre y cerró sus ojos tratando de recordarlo rápido. —¡Bill! Sí, con él… Los encontré juntos en un salón vacío.

Noah entreabrió la boca ligeramente, no creía que su novia fuera lo suficientemente creativa como para inventar algo como eso, sobre todo de Tom, que era su mejor amigo.

—Tiene que ser una broma… ¿Qué estaban haciendo? —inquirió Noah con curiosidad, no creyéndolo, pensaba que Tom sólo era un intolerante de la comunidad, no que fuera parte de ella.
Natalie entrecerró los ojos ante la pregunta de su novio, pensaba que quedaba muy claro, pero al parecer que con Noah tenía que explicar con dibujitos.

—Sólo te diré que ni yo me arqueo tanto como él… —masculló Natalie.

Noah entendió a lo qué se refería y se cubrió la boca con sorpresa, la cual rápidamente se convirtió en gracia, comenzando a carcajearse en alto, tanto que los que estaban a varios metros de ellos los voltearon a ver, confundidos ante la fuerte risa del chico.

—Cállate —regañó la rubia al ver que todos les prestaban atención.

—¡Lo siento, pero es que…! —exclamó Noah, tratando de contener su risa. —Nena, te juro que si esto es una broma, eres demasiado creativa, pero si no… Tom es gay y encima el que muerde la almohada, te juro que si no fueras tú quien lo dice dudaría mucho de la veracidad de esas palabras.

—Noah, ya, te lo cuento porque, bueno, Bill es tu compañero. —Natalie suspiró con una ligera risa, tenía que admitir que a ella también le había dado gracia el hecho de haber encontrado a Tom en esa situación, después de haber negado tanto ser gay y precisamente con Bill, el chico al que miraba con odio.

—¿Estás segura que Bill es el que?…Ya sabes a qué me refiero.—Noah estaba totalmente curioso y divertido con todo.

Natalie asintió.

—¿En serio?… Bueno, no digo que esté mal, es sólo que… Él no parece para nada ser quien domina —dijo con toda sinceridad Noah, aunque tampoco estaba sorprendido de que Tom fuera el de abajo, tampoco tenía la pinta de ser quien podría tomar el dominio.

—Noah, literalmente vi como Bill entraba y salía de Tom —contó.

—Así que los encontraste justo mientras Bill le arrimaba todo lo que podía a Tom, deberían conseguirse un motel la próxima vez. —Noah sonrió con malicia—. O mejor aún, grabarlo y subirlo a alguna pagina de paga, si tanto quieren que los descubran y vean, estoy seguro de que todas esas chicas que gustan de Tom estarán felices de verlo desnudo, así sea no siendo el Christian Grey que esperan…

La rubia negó con una sonrisa, sintiéndose culpable de sentir gracia por esas palabras, pero su intención tampoco era avergonzar a su amigo con su novio.

—Está bien, Noah, cállate. No digas nada de esto a nadie, ¿entendido? Si Tom se entera, no me mata pero es capaz de fingir que estoy muerta, y no volverme a dirigir la palabra en su vida. —Natalie se tragó toda risa y se puso seria, demostrando que lo decía de verdad, no había querido hablar con Tom luego de lo que pasó, pensó que iba estar demasiado ocupado con Bill, así que prefería no interrumpirlos de nuevo.

Pero lo raro, era que Tom no había ido al instituto ese día, lo dejó pasar, pensando que sólo estaba demasiado avergonzado para verla, pero Tom tampoco fue al instituto por los próximos días.

Cosa que comenzaba a preocupar a Natalie, Noah y sorprendentemente, a Bill también. Natalie había intentado comunicarse con el de rastas, pero simplemente no contestaba sus llamadas y mensajes.

—Estoy preocupada por él, Noah —manifestó Natalie, mientras estaba sentada sobre una de las mesas del salón.

—¿Te soy sincero? Yo también comienzo a estarlo, es raro que ni siquiera se intente comunicar contigo —confesó Noah, quiera o no, Tom también era amigo suyo al fin y al cabo, quizás no al mismo nivel de lo que lo era Natalie, pero un amigo al final.

—Pero no lo entiendo, ¿estará enfermo? o… ¿Siente vergüenza por que lo vi así? —se preguntó al aire, jugando con sus pies que colgaban. —Si siente vergüenza, no lo entiendo, yo siempre le cuento cuando me acuesto contigo, creo que tenemos la suficiente confianza para estas cosas —decía mientras se cruzaba de brazos y hacía un mohín con los labios—. Creo que iré a verlo hoy, así no me quiera abrir la puerta.

Noah asentía a las palabras de su novia, hasta escuchar que ella contaba sus anécdotas sexuales, cosa que le hizo sentir avergonzado. —¿Qué le cuentas a Tom, qué, Nat?…

Natalie se sonrojó dándose cuenta de lo que había confesado.

—Bueno… Es que, ¿sí te conté que Tom y yo…? Qué fue mi novio un tiempo, y la verdad las cosas no funcionaron entre nosotros. No llegamos a tener sexo, precisamente porque Tom no se sentía listo, y yo lo comprendí. Sólo que ahora entiendo el por qué, al principio creí que sólo era yo. Pero Tom me decía que intentaba y no… Se le paraba, ¿sabes? Sin embargo, no se me ocurrió pensar que era porque… A Tom le gustaba lo mismo que a mí. Yo como soy su amiga desde años, pues sí le conté y hasta ahora cuento todo lo que hago. Pero no mires así… Es que Tom siempre fue mi bestie, y ahora que lo analizo, sí debí ver todas las señales antes —terminó por decir Natalie.

Noah ahora sentía que no sería capaz de mirar a Tom a la cara, sabiendo todo lo que hacía con su novia en la cama. Tal vez de algún modo era un karma por estar burlándose tanto de él.

A la salida, Natalie estaba determinada a ir a buscar a Tom, incluso le había llamado a su mamá para decirle que tenía un trabajo en grupo que la haría llegar tarde. Cuando de pronto escuchó que la llamaban.

—¡Franz! —llamó Bill, acortando la distancia entre ambos, la rubia se giró, luciendo sonrojada al recordar el buen tamaño que poseía Bill y tan delicado que se le veía.

Pero la expresión del moreno era de preocupación.

—Hola —dijo Natalie.

—Hola, sí. Es que… Bueno, tú eres amiga de Tom, ¿no? Yo… He ido a buscarlo a su salón todos los días pero no lo he encontrado. Tampoco en los recreos. No tengo su número de teléfono ni tampoco su dirección. Quería saber si él está bien —comentó Bill.

—Oh. Es que yo tampoco lo sé. No sé nada de él desde… Ya sabes, bueno. No responde mis llamadas —explicó la rubia, viendo la expresión mortificada de Bill, es que se le ocurrió algo—. Pero, ¿sabes? Justo iré a su casa a verlo. ¿No quisieras acompañarme? —cuestionó, pensando que quizá así Tom se animaría, porque bueno, ¿Bill debía ser como su novio, no? Lo cual lo conflictuaba ya que el moreno decía que no tenía su número ni dirección, pero… Su amigo era extraño, así que quizá era por eso.

Bill la miró dubitativo un instante, la verdad la posibilidad de verlo y comprobar por sí mismo le hacía sentir bien, pero… Se preguntaba si acaso eso haría que el de rastas se incomodara más. Sin embargo, asintió con determinación, tenía que ver que se encontraba bien, Tom no era un chico cualquiera, tenía sus problemas internos pero… Era más que un polvo, no podía quitárselo de su mente, todas las noches soñaba con él e incluso llegó a sentir temor, que su homofobia interiorizada fuera tanta para que se llegara a hacer daño a sí mismo.

Siguió a la rubia, descubriendo que Tom no vivía tan lejos de la escuela, y grabándose la dirección para recordarla. Cuando llegaron Natalie tocó la puerta, siendo recibida por una mujer castaña que le sonrió inmediatamente.

—¡Querida, pasa! —saludó la mayor.

—Hola, Simone —masculló Natalie, que señaló a Bill antes de entrar—. Él es Bill, un amigo de Tom.

La castaña lo vio sorprendida por un instante pero luego le ofreció una sonrisa al moreno también.

—Claro, un gusto, pasen los dos —pidió Simone.

—Buenas tardes, señora —mencionó Bill.

Cuando entraron Simone hizo que se sentaran en la sala.

—Sé que vinieron por Tom. Ha estado recluido en su cuarto, me preocupa. Intenté hablar con él pero no quería hacerlo. Su padre incluso le gritó porque estaba faltando a la escuela pero no funcionó. ¿Sabes si le hicieron daño o algo, cariño? —cuestionó Simone con preocupación en el semblante.

Natalie se sonrojó al recordar lo que había pasado, evidentemente no podía decírselo a su mamá.

—No, por eso quería saber cómo está porque no me responde las llamadas —explicó la rubia.

—Bueno, está bien. Espero que con ustedes se abra —farfulló la mujer con un deje de preocupación—. Yo sólo quiero que esté bien… Así que pase lo que pase, por favor, me lo dicen.

Ambos adolescentes asintieron y Bill siguió a Natalie al cuarto del de rastas. La rubia tocó la puerta.

—Tom, abre, soy yo —pidió Natalie.

—¿Nat? —escuchó una voz desde adentro, luego movimiento y después abrieron la puerta, mostrando a un Tom apagado, con ojeras con los ojos, los cuales estaban rojizos por llorar.

La rubia inmediatamente lo abrazó, a lo que el de rastas correspondió al gesto con rapidez. Y Bill entró rápido, cerrando la puerta tras de sí.

—¡Tú! —soltó Tom cuando se dio cuenta de la presencia del moreno, alejándose de Natalie para enfrentarlo.—Todo es tu maldita culpa —increpó, presionándole el dedo en el pecho, Bill lo tomó por el rostro.

—¿Estás bien? Me preocupaste. Te busqué todos los días —masculló Bill, sin escuchar sus reclamos, Tom se sonrojó y Natalie se sentía confundida.

—Tom… —atrajo su atención la rubia—. Yo me fui para darte privacidad, no por juzgarte ni nada parecido. Eres mi mejor amigo y jamás podría hacerlo. Me alegra que hayas encontrado a alguien con quién puedas ser tú mismo. Pero no por eso debes dejar de ir a la escuela. No tienes de qué sentirte avergonzado. Es decir… Sí, fue incómodo encontrarte así, sin embargo, yo te hablé muchas veces de lo que hago, tú sabes —contó la chica.

Tom la miró, dándose cuenta que Natalie no la juzgaba por ser gay. ¿Por ser… ? Tom suspiró, sí, él era gay, y encima disfrutaba de ser el pasivo y… No quería perder a su mejor amiga. Tal vez era tiempo de sincerarse, volteó a ver a Bill, el cual tenía el semblante lleno de preocupación, lo cual hizo que su corazón latiera acelerado.

—Tom… Tú también me gustas mucho —confesó el moreno, por lo que Tom se sonrojó y Natalie sólo esperaba que no lo hicieran delante suyo, aunque también le sorprendía que recién se lo dijera, teniendo en cuenta que los había encontrado teniendo sexo.

—Yo… Creo que no te odio —farfulló Tom, y Bill lo volvió a tomar por el rostro, pero esta vez para besarlo, no con deseo ni ansias como antes, sino con cariño y delicadeza, un cuidado que Tom no había sentido antes en un beso, hasta que se separaron, Bill entendía que era un gran paso para el de rastas decirle que no le odiaba.

—Quiero que seas mi novio —pidió Bill, acariciándole las mejillas, la verdad era que el moreno no tenía novios, sólo personas con las que tenía sexo ocasional, sin embargo, Bill quería darle toda la importancia a ese lindo idiota, porque sólo mirarlo hacía que su mundo se volteara de cabeza, y… La preocupación que sintió no la tuvo con nadie, quería protegerlo, incluso de él mismo.

Natalie estaba más que confundida en ese instante. ¿No eran novios?

Tom tragó saliva nervioso. Pero ser novios implicaría que todos supieran que era gay. Aparte… No sabía si sus padres lo aprobarían. Pero… También sabía que no era feliz, había guardado tanto tiempo lo que sentía, convirtiéndolo en odio, uno que no era real, pero que era la única forma de ocultar todo lo que Bill hacía en él.

—Si no te sientes listo para salir del closet, igualmente puedes hacerlo a tu ritmo, yo estaré allí apoyándote —dijo Bill, en un tono tranquilizador.

Natalie se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Yo también estaré allí —aseguró la rubia y Tom nunca antes se había sentido tan apoyado, siempre pensó que lo rechazarían por ser gay.

Pero estaba allí, siendo validado por el chico que le gustaba y por su mejor amiga. Tom tomó la mano de Natalie y luego miró a Bill.

—Sí quiero ser tu novio —musitó Tom, con las mejillas rojizas—. Y hablaré con mis padres, en lo que llega mi papá del trabajo.

Bill volvió a robarle un beso, al que el de rastas correspondió, no profundizando porque estaba su amiga allí, sin embargo, Natalie aplaudió emocionada, ya que nunca había visto a Tom así de enamorado. Al parecer su mejor amigo vivía en el closet y ella nunca lo dejaría solo.

Simone trajo algunos sándwiches con refrescos, aprovechando que ahora Tom sí la dejaba pasar, le dio un beso en la frente a su hijo y acarició su mejilla.

—Al fin vas a comer, mi amor. Me tenías tan preocupada —expresó Simone y Tom lucía avergonzado.

Comieron en silencio, Simone aprovechó en traer los álbumes de fotos de Tom cuando era un bebé, Natalie ya lo había visto, pero ahora la castaña se lo quería mostrar a Bill. Tom quería que se lo tragara la tierra.

Bill en realidad consideraba que Tom había sido un bebé muy tierno, y Simone era muy amable, se notaba que el de rastas era muy querido. Pero qué también no iban muchas personas a su casa, por la emoción que se reflejaba en el rostro de Simone por las visitas a su hijo.

Cuando escucharon ruidos abajo, es que Tom se levantó, un tanto nervioso porque era su padre y sabía lo que tenía que hacer. Simone lo miró curiosa, sin entender por qué todos se habían levantado. Pero los siguió hasta que los presentó con Jörg, bueno, Natalie ya lo conocía, sin embargo, igualmente lo saludó.

—Papá, mamá, tengo que decirles algo —soltó Tom con determinación. 

Natalie y Bill estaban mirando expectantes mientras que los mayores se fijaban en Tom, alentándolo a seguir con un asentimiento.

—Soy gay —terminó por decir Tom, con temor al rechazo en el rostro de sus padres. Sin embargo, Simone rió y le extendió la mano a su esposo, el cual a regañadientes sacó un billete que se lo puso en la mano. Tom miró confundido—. ¿Qué?

Bill se resistió a las ganas de reírse porque había entendido lo que había pasado frente a ellos.

—Oh, nada, cariño. Simplemente que con tu padre sabíamos que eras gay, así que hicimos una apuesta. Sólo que él creía que te confesarías a los dieciocho años y yo creí que antes —comentó Simone con simpleza.

Tom se sintió estúpido, todo el tiempo había temido al rechazo de sus padres, y ellos todavía tenían el descaro de apostar sobre él, en ningún momento dudando de que fuese gay. Frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Pudieron haber perdido si es que era heterosexual —farfulló Tom.

—Ay, mi amor. No, siempre lo supimos —comentó Simone.

—Sí, siempre te quedabas mirando a los chicos en la televisión. Y te lo cedemos, el que intentaras estar con Natalie no lo esperábamos, pero sabíamos que no iba a durar mucho —agregó Jörg.

Bill y Natalie se miraron entre sí, ambos aguantándose la risa.

—¿Bill es tu novio? —preguntó Jörg.

Tom se sonrojó pero terminó asintiendo.

—Cuida bien a mi muchacho —pidió el hombre, poniéndole una mano en el hombro.

—Sí, señor —farfulló Bill con solemnidad.

—Igualmente las puertas de nuestra casa siempre estarán abiertas para ustedes —aseguró Simone.

Bill le dejó un beso en la frente a Tom y se fue junto con Natalie, para este momento, el moreno ya había intercambiado números con el de rastas, así que tenían una forma de comunicarse.

En la noche, Bill le dejó un “Buenas noches, lindo” en su WhatsApp, mensaje que Tom vio con un sonrojo en su rostro. 

“Buenas noches, Bill”, texteó de vuelta. 

Para ese momento Tom no sabía cómo sentirse. El lunes sería el verdadero reto, porque el resto sabría que era gay… Pero, viendo la foto de perfil de Bill, y recordando cómo lo había tratado no podía dejar de pensar en él… Y que de algún modo valía toda la pena del mundo.

“¿Mañana está bien que vaya a buscarte? Quisiera salir contigo. Me muero por verte otra vez”, leyó el mensaje de Bill, sintiendo su corazón acelerarse. Cómo odiaba que el moreno tuviera ese poder sobre él.

“Sí, está bien”, respondió de vuelta.

Bill sabía que el de rastas no era muy expresivo, pero no le importaba, igualmente le servía todo el amor que le demostraba al verlo, y… Suspiró, se estaba enamorando del chico que lo miraba con odio, rió ante ellos, por cómo es que se dieron las cosas. Sin embargo, no se arrepentía del resultado. Le gustaba mucho ese lindo idiota y no lo cambiaría por nadie, aparte ahora hasta sus suegros eran amables con él, lo cual consideraba ganancia.

Eventualmente llegó lunes, Tom no había dejado de pensar en todo, sobre todo en el hecho de que ahora tenía novio, novio que era Bill, el chico que empezó viendo con odio, una parte de él se seguía sintiendo inseguro respecto a su sexualidad, sobre todo porque todos se darían cuenta.

Pero no podía quedarse encerrado en su hogar, así que tomó el valor y se dirigió al instituto, esperaba que Natalie ya estuviera ahí, al igual de que se sentía nervioso porque vería a Bill.

Entró al instituto, observando como la mayoría de alumnos estaban afuera de los salones, debido a que aún no había sonado el timbre que indicaba el inicio de la clases, suspiró y se dirigió a su salón, no sin antes ver si lograba ver aquella cabellera negra fácil de distinguir, pero al parecer había llegado demasiado temprano, por lo que había conocido de Bill en esos días, sabía que no vivía tan cerca del instituto como él y Natalie, por lo que pensó que sólo le tomaría más tiempo llegar.

Tenía que admitir que tenía ganas de verlo, sobre todo de besarlo, no podía negar que le gustaba la forma en la que Bill lo besaba, ese pensamiento lo hizo sentir sus mejillas tibias, había tenido pensamientos similares con respecto a Bill esos días, incluso pensando en la forma en la que Bill lo tocaba… Cosa que terminaba en él masturbándose pensando en Bill. Porque no tuvieron tiempo para volver a tener sexo en su encuentro del sábado, ya que básicamente había sido una cita… Cosa que lo hacía sentir más caliente sus mejillas, pero Bill era dulce con él y atento.

Iba por el pasillo, totalmente metido en sus pensamientos, cuando sintió como tocaban su hombro, haciendo que volteara a ver de quien se trataba, encontrándose a Bill con una suave sonrisa.

—Hola, Tom —le saludó.

—Pensé que aún no habías llegado —respondió con una sonrisa que mostraba sus dientes —. ¿Cómo estás?

—Estaba en el salón, por eso no me viste. Estoy mucho mejor, ahora que veo a mi novio. —Bill se acercó con la intención de besarlo, cosa a la que Tom dudó, debido a que aún había muchos alumnos cerca de ellos.

Pero no dejó que su inseguridad le ganara, así que correspondió, sintiendo como su corazón latía con fuerza, nervioso de mostrarse afectuoso con Bill en público.

Se separaron y miró hacia todos lados, la mayoría de personas estaba metida en sus asuntos, totalmente ajenas de lo que había pasado, cosa que lo hizo sentir aliviado.

—¿Te puedo acompañar a tu salón? —preguntó Bill, cosa a la que Tom asintió, tomándose de las manos.

Las manos de Bill eran cálidas y muy suaves, Tom se sentía tan extraño al ir de la mano con él, teniendo una conversación trivial, como cualquier pareja, no podía creer que había rechazado tanto algo que se sentía tan bien.

En cuanto llegaron al salón, se soltaron de las manos, estaban por despedirse, cuando una tercera voz que claramente se dirigía a ellos, los interrumpió.

—Así que ahora eres un maricón, eh —soltó con burla, Liam, uno de los compañeros de Tom.

Tom rodó los ojos, al adivinar de quién se trataba, Liam y él ya había tenido un roce antes, debido a que la ex novia de Liam, había tratado de estar con Tom, así que a partir de eso, Liam la había tomado en contra de él, porque pensaba que era su culpa que su ex novia hubiera roto con él.

—Por favor, Liam, ¿sigues sin superar lo de Marion? —respondió Tom, volteando a verlo con fastidio.

—Es una lástima que me haya dejado por un simple amanerado como tú. —Liam hizo una cara de repulsión—. Dime algo, Tom, ¿no te da vergüenza dejarse ver así? —dijo, observando a Bill.

Ese comentario hizo sentir inseguro a Tom, claramente esa clase de confrontación era uno de sus más grandes miedos, aún más cuando estaban el resto de sus compañeros, viéndolo fijamente a él.

—¿Qué? ¿No vas a decirme nada ahora? —continuó Liam, cruzándose de brazos y con una sonrisa burlona.

—Oye déjalo en paz, idiota. —Bill saltó en defensa de su novio, claramente molesto ante los comentarios que estaba haciendo, quizás él estuviera acostumbrado a recibir ofensas de ese tipo, pero Tom no, que claramente en ese momento se sentía cohibido, por más que trataba de no demostrarlo.

—Ay, qué tierno, defiendes al maricón de tu novio, que asco que dan —respondió Liam, mirándolo de arriba a abajo, y se rió ante su apariencia—. Por favor, un intento de mujercita no va a decirme a mí que hacer, además deja que este “hombre”, si así se le puede llamar, se defienda solo.

Antes incluso de que Tom pudiera responder ante eso, vio como Bill se acercaba hasta Liam, golpeándolo con puño cerrado en su rostro, haciendo que Liam cayera sobre algunos de los asientos que habían ahí.

Fue algo en cuestión de segundos, hubo un silencio por unos instantes, hasta que Liam gimió con dolor, tomándose la nariz, de la cual brotaba sangre.

—No te voy a permitir que le vuelvas a faltar el respeto a Tom, si te atreves nuevamente no dudaré en golpearte de nuevo, y di que no fui tan duro contigo —advirtió Bill con seriedad, para luego dirigirse a Tom, que claramente no se esperaba ese movimiento de él.

Evidentemente no era de subestimar a Bill, cosa que todos los presentes se guardaron, incluso si el problema no era con ellos, preferían simplemente mantenerse al margen de eso.

Tom se aferró al brazo de Bill. —Vámonos, antes de que venga un profesor —masculló.

No esperó respuesta alguna de Bill, jalándolo con él para salir de ahí.

—¿Tom, a dónde vamos?  —cuestionó Bill, siguiéndolo.

—A donde sea, no creo que quieras pasar en detención el resto del día. —Tom le sonrió con complicidad, ese acto de Bill le había parecido muy atractivo, verlo así de molesto y enojado. 

Salieron del instituto, importándoles poco si luego estarían en problemas por salir así, y sobre todo por la probable nariz rota que tendría Liam.

Corrieron hasta llegar a una calle sola, luego de que se aseguraron de que no había nadie siguiéndolos.

—Mis padres van a matarme, pero espero que ese cabrón no vuelva a molestarte —acotó Bill, tratando de regular su agitada respiración, siendo tomado por sorpresa por los labios de Tom, en un beso intenso.

—Muchas gracias por eso —musitó Tom, contra sus labios, pasando sus brazos alrededor de su cuello, y pegando más su cuerpo al contrario—. Te ves muy guapo así de molesto.

Bill instintivamente tomó su cintura con sus brazos, correspondiendo al beso de la misma forma, y sonrió en medio del beso.

—Oh, no me digas que eso también te excita… —dijo Bill, con la voz apretada y la boca seca frente a lo dicho por su novio, sintiendo cómo sus ojos se dilataban al verlo con fiereza.

—Quizás —respondió Tom acompañado de una risilla, aferrándose más a él, saboreando sus labios—. Mis padres no estarán en casa hasta las seis…—insinuó para luego morderse el labio inferior.

Bill se relamió los labios, viéndole con una sonrisa ladina, y ni tonto ni perezoso, fueron casi corriendo a su casa, porque no había tenido la oportunidad de tocarlo, ya que al salir a la calle no tenían privacidad para hacerlo, entonces el sólo pensar en que podría hacerlo suyo otra vez, y tal vez en esta ocasión en una cama, donde pudiera verlo bajo suyo gimiendo por más hacía que se le pusiera dura sólo con el pensamiento. Moría por hundirse en su novio, quizá ya no tendrían sexo de odio… Pero no se negaba a la oportunidad de hacer el amor con Tom.

El de rastas también estaba ansioso, porque sus dedos al metérselos, imaginando que era Bill no se sentían igual, si bien se había corrido estimulándose la próstata mientras se la jalaba no era lo mismo que tener el miembro erecto de Bill dándole profundamente, mientras lo sujetaba por el trasero o las caderas, sólo pensarlo se ponía como un burro… Así que sí, disfrutaría mucho volver a sentirlo en su interior, y esta vez podrían por fin desnudarse, así que le excitaba el pensar en cómo sería el moreno sin ninguna prenda, y aún tenía el deseo anidado en su interior al verlo defenderlo de esa manera. Cómo le encendía ese muchacho.

F I N

Administración: ¿Qué les ha parecido? Dejen su amor y celebremos con ganas el cumpleaños de nuestros gemelos favoritos.

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

6 comentario en “Te odio, Bill Kaulitz”
    1. Hola, a Namyukaulitz y a mí nos alegra que te haya gustado :3 muchas gracias por comentar y leer. Esta historia termina aquí pero tenemos más historias juntas o por separado por si quieres leerlas

  1. Jajajjaj los que se pelean se aman eso me decian y crei que siiii tanto odiar a mi bebe Bill para terminar enamorado me encanto muy buena narrativa y es raro Bot tom pero esta me esta gustando mucho gracias escritora leere mas bot tom

    1. Hola, Monica, gracias por leer y comentar. Namyukaulitz y yo estamos felices de leer tu comentario, sí, se odian pero se aman jajaja bueno, tenemos más historias juntas y por separado por si quieres leerlas :3 y sí, no es usual el Tom bottom, pero es lo que más escribimos :3

  2. me encanto, botTom es lo mejor, les saldría muy bien hacer mini one-shots de estos bill y Tom en específico, tienen mss historias? me gusto mucho como escriben

    1. Sí, de hecho con Namyukaulitz hemos escrito Adictos, Aunque no te pueda ver y La venganza del Muñeco, fuera de eso, los fics de Namyukaulitz son puro botTom y la mayoría de los míos igualmente 🙂 si no te salen todos completos aquí que estoy como Kasomicu, puedes buscar en google y te saldrá la página Archive of our own donde los tengo publicados todos. Igualmente tenemos un canal de Whatsapp dedicado al botTom por si interesa:

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