
Notas: Este Fic está basado en el video-juego Dark Deception, pueden buscar sobre él por internet o pueden descargarlo para jugar y ver qué les parece. Para mí está buenísimo el juego, es uno de esos Random que te dejan a punto de caerte de la silla ya que esos monos aparecen de la nada jajajaja.
(One-Shot de Aura Johannesse)
—¡Corre! ¡Corre! ¡No te quedes ahí parado, cabrón!
—Podría hacerlo mejor si no me estuvieras gritando y agitando
—¡Ahhhh! ¡Te alcanza! ¡Solo te quedan 10 puntos blancos! ¡Corre idiota!
—¡Deja de gritarme por la santa mierda!
—¡Maldita sea! ¡Que no te mate! ¡Que no te mate!— dijo agitándome.
—¡Tranquilízate! Solo me quedan cinco, cuatro, tres, dos…
Game Over
—¿¡Pero qué mierda!?— grité. Mientras mi hermano se reía de mí a carcajadas.
—Te dije, ¿pero me hiciste caso? No, nunca lo haces, por eso siempre fallas, en tu cara perra— dijo Bill mientras me ponía en la cara, su trasero.
—¡Cállate y aleja tu sucio trasero de mi cara! Si quieres ir al baño ve, ¿acaso tengo cara de letrina?
—De hecho sí— dijo volviendo a caer en carcajadas. –Sabes, creo que si tengo que ir al baño, de tanta risa me voy a orinar— dijo sin parar de reír. Se levantó del suelo y corrió, se escuchó un portazo, y desde afuera se oían las risotadas de mi hermano. Imbécil.
Mis padres me habían comprado una nueva Play Station, y estábamos jugando Pacman. No nos separamos de la pantalla en todo el día, y ya eran como las nueve de la noche y al día siguiente tendríamos escuela, muy pronto nuestros padres nos mandarían a la cama.
Últimamente, mi hermano me estaba ganando. Siempre cuando era su turno ganaba, en cambio, yo siempre terminaba muerto. Comenzaba a odiar ese maldito sonido cuando los fantasmas de alcanzan. Como odiaba esto. Antes cuando jugábamos juegos por internet siempre salía vencedor. Pero al parecer en esto no. Y lo peor es que a mi hermano le encanta burlarse en mi cara. Tiene que aprender a respetar a sus mayores. Bueno, aunque solo fue por 10 minutos. Pero me da igual. Y no me rendiré hasta ganarle. ¡Soy un macho pecho peludo, Bitch!
Me levanté del suelo y me dejé caer en la cama sin que me importe que me haya lastimado un poco la cara y me duela. Pero el dolor es para niñas. A mí no me duele nada. ¡Soy bien macho! Pero a quién engaño la derrota duele, y más cuando fueron más de mil veces.
Escuché los pasos de mi hermano acercándose a la habitación. Cerré los ojos, no tenía ganas de verlo. Él podría ser tierno, pero muy rudo, burlesco, y agresivo, maldito cabrón. Hasta cuando se acuesta conmigo, no hay día en el que no me pateara las pelotas. Bueno, a veces, normalmente siempre se ponía muy bueno.
—Tomi— dijo con una voz tranquila.
—No quiero verte— le respondí aún con los ojos cerrados.
—Oh, vamos, perdón si me burlé de ti— dijo mientras acariciaba mis rastas. ¿Es enserio? Él nunca se disculpa con nadie, menos conmigo. Debe de estar planeando algo, y algo malo.
—Nah, no te creo.
—En serio, disculpa, sé que este juego es mucho para ti, por favor, lo siento, no debí burlarme— dijo bajando su mano por mis hombros hasta llegar a mi entrepierna.
¡Mierda! Espero que cuando abra los ojos no planee apretarla para hacerme gritar de dolor como lo hacía cuando éramos niños. Pero, al parecer, me estaba haciendo sentir cositas bien ricas. Oh, sí, Bill continúa. Por dios, siempre hacía que cambiara de opinión. Planeaba algo, estoy seguro, o tal vez simplemente sí quería disculparse conmigo y pasar esta noche juntos. Pero no, algo me decía que no abriera los ojos. Pero quería.
—Vamos, abre los ojos Tom, mírame— pidió con voz sensual. Podría jurar que pasó la lengua por sus labios. No lo veía, pero estaba seguro que hizo eso.
—Mmmm, está bien Billy— dije. Dejé de apretar los ojos. Y lentamente los abrí. Aclaré mi vista, y me encontré con lo peor.
—¡¡¡AHHHHHHH!!!— grité a todo pulmón saltando del susto hasta caer de la cama y golpearme la cabeza, pero todavía no paraba de gritar.
—¡Idiota!— gritó el pelinegro mientras se mataba de la risa. Estaba con una máscara de esos juguetes de monos que tocan los platillos. Como los odiaba. Es que, desde que tengo cinco años, que me causan terror. Y no me culpo. Esos ojos saltones, esa sonrisa macabra. Es horrible, parecen creados por el mismo diablo. De solo pensar en eso me orino en los pantalones. Que malvado es, sabía que planeaba algo, y esto pasaba los límites.
—Esto tendrá muchas visitas por internet— dijo escribiendo en su celular.
¿Me grabó? ¿¡Me grabó!? ¡Me grabó! ¡El hijo de puta me grabó! ¡Y lo subiría a internet! ¡Esto si es malo, muy, muy, muy malo! ¡Pasó los límites! ¡Todos en la escuela se burlarán de mí!
—¡NO!— grité mientras saltaba hacia él.
—Tarde— me dijo mostrando el celular el cual decía: Su video fue subido exitosamente.
—¡Hijo de puta!— le grité saltando sobre él dejando su cuerpo contra el suelo y lo amenacé con pegarle.
—¡No! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Tom me quiere pegar!— gritó con voz llorosa.
—¡Cállate maldito cabrón!
—¡Tom!— gritó una voz diferente. Miré hacia la puerta. Mi madre me observaba enojada.
—¡Me pegó!— gritó Bill.
—¡Tom! ¿Por qué golpeaste a tu hermano?
—Yo no lo golpeé, él me…
—No mientas
—Pero no estoy mintiendo— me quejé.
—¡Basta, estás castigado, hoy dormirás en el sótano!
—Pero…
—Nada de “peros”, ¡al sótano!
Suspiré, me levanté del suelo, tomé mi pijama, mi almohada y algunas mantas, y miré a Bill con rabia, él me respondió mostrándome la lengua. Moví mis labios tratando de decir: “Hijo de puta” Y al parecer, Bill me entendió, porque sonrió de forma burlona.
Salí de la habitación seguido de mi madre. Bajé por las escaleras, hasta llegar al oscuro y aterrador sótano. Ahí había una cama, la acomodé, me puse el pijama y me acosté. Hacía frío y tenía miedo, al menos la puerta estaba abierta y entraba un poco de luz.
—Espero que con esto aprendas jovencito— dijo mi madre. Yo no respondí. –Buenas noches— dijo antes de irse. Escuché sus pasos subir por los escalones, y en eso, un portazo. Ahora sí estaba oscuro. No se veía nada. Genial. Como odio a Bill. ¿Por qué me hace esto? Que malo es. Le daría su merecido. Algún día.
Tapé mi rostro con las sábanas tratando de mantenerme calentito. Las imágenes de todo el día no dejaban de darme vueltas. Las derrotas, las burlas de mi hermano, la terrible broma, el video, y esto. Sentía un feo dolor de cabeza. Quería simplemente dormirme, pero no podía. Tenía miedo, frío, estaba triste. No sabía qué hacer. Llevé mis manos a mi cabeza y me apreté las rastas tratando de arrancarlas, pero no obtenía éxito. Quería matarme.
—Mátenme, mátenme, mátenme, mátenme, mátenme— repetía simultáneamente. Cerré mis ojos sin dejar de repetir esa frase. Hasta que el sueño se apoderó de mí y al fin, logré dormirme.
Volví a recordar todo lo de ese día. Escuchaba en mi interior las risas y burlas de mi hermano, la voz enojada de mi madre. Y lo peor, no podía quitarme de la cabeza la horrenda imagen de la máscara de ese mono. Puto mono. Me revolqué entre la cama, apretaba las sábanas, sufría en mi interior, y de la nada. Desperté.
Mis ojos se abrieron de la nada. Miré a mi alrededor. Estaba en un lugar muy extraño. Había paredes de color crema con grietas, telarañas y algunos extraños cuadros, también habían muchas puertas color rojo. Y del techo colgaban lámparas que iluminaban el lugar con sus luces amarillentas. Parecía una clase de laberinto, porque había entradas por todos lados. Delante de mí, vi unos diamantes violetas flotando en el aire, estaban por todas partes. No entendía nada. ¿Dónde estoy? ¿De cómo llegué aquí?
De repente, escuché una voz dentro de mi cabeza. Era la voz de Bill.
—“Escúchame con atención, ¿ves los extraños fragmentos violetas?”— me preguntó.
—Sí— respondí confundido.
—“Tienes que tomarlos todos sin olvidar ninguno, en total son 250, y en cuanto hayas tomado el último y más grande diamante de color blanco que encuentres, el juego terminará”
—¿Juego?— pregunté.
—“Pero recuerda, ten mucho cuidado, tú no estás solo. Hay un monstruo aquí. Es uno muy común en tus pesadillas. Él te observa, y te seguirá. Siempre estará detrás de ti”— terminó de decir, y todo fue puro silencio.
Estaba en shock, no entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué es este lugar? ¿Por qué tengo que tomar los diamantes? ¿Quién me persigue? ¿Me va a matar? ¿A qué se refería con “Juego”? Muchas preguntas rondaban por mi cabeza y no conseguía respuesta. Esto era un sueño, seguramente era un sueño, no podría ser real. Agité la cabeza y volví a ver todo. Era lo mismo. Pero esta vez, había un mapa flotando frente a mí. Tenía muchos pasajes y puntos violetas, seguramente representaban a esos raros diamantes. Abajo al lado izquierdo había el número 250, y al lado derecho decía: Total Vidas: 3
¿Tres vidas? ¿Tengo tres vidas? ¿Para qué? Esto en verdad se estaba pareciendo mucho a un video-juego. El número 250, seguramente era para indicar cuantos cristales quedaban por recoger. ¿Y ahora qué tenía que hacer? ¿Seguir el mapa y tomarlos todos? Pero tal vez no sería muy fácil. No dejaba de pensar en ese “Monstruo” que mencionó Bill. Pero por ahora, no pasaba nada. Todo estaba tranquilo. Y eso me aterraba.
Miré una vez más el mapa frente a mí, y lentamente, lo tomé. En eso, se escuchó un extraño sonido, como el de cuchillos afilándose. Miré a mi alrededor, pero no había absolutamente nada. Analicé un poco el mapa. Era algo complicado de entender, pero lo resolví. Observé una y otra vez los cristales frente a mí, preguntándome qué llegaría a pasar si recogiera uno. Miré a mi lado izquierdo, una hilera de diamantes me esperaban. Al lado derecho también. Pero decidí ir hacia adelante. Di un paso, estiré mi mano, toqué el diamante, y desapareció. Avancé un poco, toqué el otro, e hizo lo mismo. Caminé, y cada vez que uno me tocaba desaparecía. Miré el mapa, el número 250, había disminuido a 245. Recolecté cinco diamantes, que progreso.
Comencé a entender todo esto. Se parecía mucho a Pacman. Tal vez, no era tan malo después de todo. Seguí avanzando, hasta toparme con tres caminos diferentes. No sabía cuál tomar. Miré el de la derecha, no había nada ahí. Miré adelante, y había muchos fragmentos violetas esperando, igual al lado izquierdo, pero no pude dejar de notar algo extraño. En el lado de la izquierda, había manchas de sangre en las paredes. Me dirigí lentamente hacia ella, y la toqué, todavía estaba fresca. Entonces, tal vez, no estaba solo. El “Monstruo” ha de estar muy cerca. De repente, escuché los mismos sonidos de cuchillos afilándose, al mismo tiempo en que oí la voz de Bill.
—“¡¡¡Corre!!! ¡¡¡Corre!!! ¡¡¡Corre!!!”— gritó.
Miré hacia atrás. Encontrándome con mi más terrible pesadilla. A unos metros de mí, se acercó unos de esos monos que me causan terror. Su cabeza era gigante, sus ojos eran saltones y rojos, su sonrisa era macabra, con una hilera de dientes afilados y boca ensangrentada, y lo peor. En lugar de tener los típicos platillos ruidosos, tenía manos de tijera, cuchillas, y todas las cosas que pudieran cortar, y matar.
Mi corazón se aceleró, no podía moverme, se acercaba cada vez más hacia mí. No sabía qué hacer. Pero, tal como dijo la voz de Bill, comencé a correr. Corrí sin destino alguno, tampoco le estaba prestando mucha atención al mapa, simplemente quería escapar. Cada vez que mi cuerpo tocaba un diamante, éste desaparecía, y el número en el mapa disminuía. 238. No está mal. ¿Pero qué digo? No lo lograré, además, ni siquiera sé por qué estoy aquí.
Miré hacia atrás, el mono ya no estaba, y tampoco se escuchaba el ruido. Me calmé. Miré el mapa en mis manos, todavía me faltaban 229 diamantes violetas. Vi una puerta a mi lado derecho, quise abrirle tratando de buscar una salida, pero estaba cerrada. Me dirigí a la el lado izquierdo, y fue lo mismo. No había salida. De repente, volví a escuchar el ruido, y corrí sin ni siquiera saber si estaba detrás de mí. No me encontraba con ningún diamante, miré el mapa, y no había nada, tendría que ir por otro camino.
Doblé, di unas vueltas, atrás, adelante, y los encontré, tomé algunos más, y el ruido desapareció. Caminé lentamente, esperando estar a salvo. Doblé hacia la izquierda. Me encontré la enorme y macabra sonrisa del mono, volví a escuchar las cuchillas, di media vuelta, pero antes de que pudiera escapar. Una de las tijeras me había atravesado el pecho, y por si no fuera mucho, iba de arriba abajo, de arriba abajo rápidamente. Raspando y abriendo a lo largo todo mi cuerpo. Me comencé a desangrar, toda mi sangre había caído en las paredes y en el suelo. No paraba de gritar y sufrir por el dolor que me causaba recibir un nuevo cuchillo en mi cuerpo. Pero había algo raro, todavía no estaba muerto, mis ojos seguían abiertos. ¿Por qué? No entiendo nada. Pasó mucho tiempo hasta que dejó de brotarme sangre, el mono me soltó y me dejó en el suelo. No lograba moverme. Dejaba de respirar poco a poco, pero mi corazón, a pesar de ya no estar completamente en mi cuerpo, ya que una mitad estaba en mi mano y la otra todavía en mi pecho, no se rendía. Pero, cerré los ojos.
—“No te dejes llevar, lucha por tu vida, puedes recolectarlos todos”— escuché la voz de Bill en mi mente.
Claro que no me dejaría llevar, no quería morir, pero ya estaba a unos segundos de partir, aunque todavía seguía vivo, respirando, y mi corazón, las dos mitades palpitaban. Podía sentir los latidos de mi corazón contra mi mano. Qué horror, se siente raro y asqueroso. Solté la mitad que tenía en mi mano y lo arrojé contra una pared sin importarme nada, ni que fuera parte de mi cuerpo, solo lo hice y ya. Comenzaba a ahogarme, como estaba echado de espaldas, y no podía moverme, no tenía más remedio que dejar que la sangre fluyera por mi boca como si fuera un volcán en erupción. ¿Pero que estoy haciendo? Me estoy dejando azotar, mi propio cuerpo me está haciendo perder el control. En este sitio en donde estoy, puede pasar de todo, ahora lo entiendo. Tengo que luchar, tal vez no me sirvan de nada estos cristales, tal vez sea un sueño, pero, no quiero esto. Empezaba a preguntarme si tal vez esto no sea una pesadilla extraña y paranormal para hacerme perder todos estos miedos. Sea lo que sea, estaba decidido.
Estiré mi brazo hasta el mapa empapado por mi sangre, lo tomé, miré bien. 3 vidas. Tengo que pensar igual que el juego, esto es un juego, estoy dentro de un video-juego. Entonces, si es así, todavía me quedan 2 vidas más. Lo haré mejor esta vez. Este solo era el comienzo. Toqué el número tres en el mapa, e inmediatamente se convirtió en un dos. De repente, todo se tornó blanco. Cerré los ojos, y al volver a abrirlos, era como si nada hubiera pasado, más o menos.
Toda la sangre y demás ya no estaban, también me encontraba en perfecto estado. El mapa estaba en mis manos, y había aparecido en el mismo lugar en el que comencé. Pero, al parecer, la misma cantidad que me faltaban por recolectar de diamantes seguían así. 218. Bueno, al menos no son muchos. Son menos que antes. Seguí el mapa tranquilamente, ya que, por ahora, no había mono a la vista. A veces me perdía en el laberinto, era bastante grande y el mapa no era muy entendible, me quedaba dando vueltas de un lado al otro, pero por lo menos conseguía diamantes. De repente, vi ante mí un diamante grande y rojo. ¿Qué pasará si lo recojo? ¿Me dará más vidas? ¿Me hará más veloz? ¿Contará como 10 o 20 cristales violetas? ¿Me haría inmune al mono? No tengo idea, pero sería muy bueno. Me acerqué a él y lo tomé. Escuché nuevamente las cuchillas, y de la nada, a unos metros de mí, apareció un mono.
—¡Ahhhhhh! ¡Puta madre!— grité volviéndome de donde venía escapando del mono. Miré de pasada el mapa y tomé cualquier camino con suerte. Ya que me encontraba muchos cristales. Quise tomar el camino a la derecha, pero un mono se me apareció. Esta vez no fui un cobarde y tomé otro camino escapando.
—¡No me mates, maldito mono!— grité. Miré hacia atrás. Algo estaba mal. Ya no era un mono, eran dos monos. Maldita sea.
Seguí corriendo, tomando todos los diamantes que encontraba, revisé el mapa. Faltaban 190. Genial, y me esperaban muchos doblando la esquina. Fui hacia ese lugar mientras que los monos me seguían a paso veloz. Llegué al lugar en donde obtuve 20 diamantes más y, por desgracia, ¡era un rincón sin salida! ¡Y yo con dos monos persiguiéndome!
—Ahh, me quedé pillado— dije mirando a mi alrededor. Escuché las cuchillas acercarse. Volteé, encontrándome con los dos monos. Di unos pasos hacia atrás, hasta chocar contra la pared.
—Santa mierda— dije antes de que ambos me volvieran a atravesar, esta vez, con el doble de cuchillos que la otra vez. De un lado al otro, de arriba abajo, tenía ocho tijeras y demás dentro de mí. Volvía a manchar las paredes, sufría en silencio, hasta que de la nada, sentí un corte en mi cuello, y después muchos golpes contra mi cabeza. Me la cortaron, mi cabeza estaba contra el suelo, mientras que los monos se encargaban de mi cuerpo ya muerto. Pero lo malo era, ¿cómo alcanzaría el mapa sin poder controlar mi cuerpo? ¿Cómo tocaría el número de vidas para seguir con el juego? ¿Qué haría ahora? Estos momentos, son los ideales para usar tu cabeza, como algunos dicen. Por desgracia, nunca entendí eso, pero, ahora era el momento justo para usarla, para ponerla a prueba. Di unas cuantas vueltas, y me deslicé por mi sangre llegando rápidamente al otro lado donde se encontraba el mapa. Fue en eso donde mi brazo cayó sobre mí. Ahora me estaban quitando las partes del cuerpo, genial. Al lograr tocar el número con la lengua (que asco) todo volvió a ser como antes.
Volví al comienzo, estaba a salvo, y me quedaban pocos cristales. 170 para ser exactos. Seguí con el juego tranquilo, caminando en busca de más cristales. Esta vez, no me importaba escuchar más de los absurdos ruidos, después de tantas cosas vividas hasta ahora, bueno, ¿qué te esperas? Sabía que moriría y perdería todas las vidas, porque esta era la última. Pero ¿en verdad me dejaría llevar? No, me costó mucho llegar a esto y lo terminaría. Lo lograría.
—¡Ya no tengo miedo! ¡Ustedes solo son unos putos monos! ¡No me harán nada ahora! ¡Soy un macho pecho peludo Bitch!— grité esperando a que alguno se me apareciera detrás de mí, y así fue, pero esta vez, eran cuatro.
—¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira!— grité como una niña mientras corría y seguía el mapa.
—A ver, por aquí no revisé— dije entrando a otro pasaje lleno de diamantes. Todavía seguido por, dos monos, seguramente los otros dos me iban a emboscar por alguna parte. Y estaría listo para esquivarlos. Me siento más despierto ahora, sé que lo lograré. 150. Un poco más.
A cada paso que daba, se me aparecía un mono, pero era más rápido. Lograba esquivarlos, aunque me cada vez que los tocaba me cortaban una parte del cuerpo, pero no estaba muerto, así que podía seguir. Daba vueltas en círculos, rodeaba monos sin darme cuenta, tomaba más cristales, los números disminuían. Lo iba a lograr, a pesar de estos peligros acechándome. Las luces comenzaban a parpadear, casi estaba oscuro, encontraba más manchas de sangre por las paredes, ya no encontraba más cristales, tampoco en el mapa.
—¿Qué hago ahora?— me pregunté. Seguí caminando, revisé cuantos diamantes me faltaban. Ya no eran muchos. Miré el mapa una y otra vez, entré a millones de pasajes, seguido de nuevo por los monos, hasta encontrar otro lugar más oscuro, en este las paredes eran grises. Había más diamantes. Genial.
—¿Cuántos me faltan?— me pregunte. –Vamos, Tom, solo un poco más Tom, tú puedes Tom— me dije, aunque sonara absurdo. En eso, me acercaba a una esquina, y era todo silencio, algo iba a pasar, estaba seguro. Pero vi más cristales los cuales me hicieron desconcentrarme.
—Uh, ahí hay otros ¡Diamantaaaaaaaantes!— grité al cruzar la esquina y encontrarme con otro mono. Comencé a correr hacia los cristales seguido por esa cosa. —¿Qué dije? Son diamantes, no “diamantantes”— dije recordando mi anterior frase.
Solo me quedaban 50 más, lo iba a lograr, ya faltaba muy poco, no podía morir ahora, tenía que hacerlo. Pero ya no veía más. Lo único que veía eran monos persiguiéndome. Decidí ir hacia adelante. Me tomó mucho tiempo, hasta ver algo diferente. Las paredes eran más oscuras y las luces blancas. ¿Estaba cerca del final? Seguí el camino encontrando más diamantes. Cada vez que tomaba uno, se aparecían más monos.
—No jodan ¿en serio?— dije al ver todos los que me seguían por detrás.
10 más. Ahora sí, lo logré, lo logré. Cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. ¡Lo hice! Esperaba que el juego terminara y los monos desaparecieran, pero seguían ahí, y estaban a unos centímetros. Volví a correr sin entender nada. No sabía que buscaba, el mapa despareció de mis manos, y el juego no terminaba. Creo que, el objetivo era que muera sí o sí. Tal vez debería dejarme matar y todo terminaría. No, no lo creo, ¿tanto trabajo para morir? No. Todavía había algo más. Algo por descubrir.
Estaba agotado, me comenzaba a desangrar por las antiguas heridas que me hicieron los monos y había corrido por horas sin descanso. Además, podría jurar que sentía punzadas en mi espalda, como si quisieran matarme de una vez por todas. Pero no. El camino se hacía cada vez más oscuro y no se veía nada. Fue en eso donde vi una luz blanca, la seguí.
Entré a otro callejón sin salida, encontrando a un enorme cristal color blanco que resplandecía como estrella. Sin pensarlo ni un segundo más, lo tomé, al mismo tiempo que me apuñalaban. Todo se tornó blanco, y todo era silencio, ¿lo logré, o morí?
Abrí los ojos y miré a mi alrededor. Todo era oscuro, suave y frío. Estaba acostado en una cama, vi todo a mí alrededor. Estaba en casa, en el sótano. Todo fue un sueño, fue solo una simple pesadilla. Nada de eso fue real.
—Oh, por Dios— suspiré de alivio.
—Tom— escuché una dulce voz.
Miré hacia mi lado derecho de donde venía la voz. Bill estaba echado a mi lado, observándome. —¿Qué te pasó? Te oía gritar y te movías a cada rato— me dijo.
—Fue solo una pesadilla— respondí de mala gana, todavía estaba enojado con él.
—¿Y de qué trataba?— preguntó nervioso, seguramente notó lo rudo de mi voz.
—Estaba en un laberinto, tenía que recolectar 250 diamantes violetas, pero me perseguían esos monos que me daban miedo, pero con manos de cuchillas, y me querían matar. Sabes ahora que lo pienso, se parecía mucho a Pacman, solo que más terrorífico— respondí.
—Ya veo— me dijo.
—¿Y qué haces aquí?
Bill suspiró. –Vine para disculparme contigo por lo que te hice
—¿Cómo sé que no planeas algo?
—Puedes confiar en mí, me arrepentí, le conté a mamá la verdadera historia y dijo que hablaríamos mañana, también borré el video. En verdad lo siento, nunca había hecho algo tan malo, y peor a mi propio hermano, en verdad, lo siento. Por favor, perdóname— No pude evitar notar la honestidad en sus palabras. En serio estaba arrepentido.
—Está bien, te perdono, pero no vuelvas a hacerlo
—Te lo prometo, seré bueno— me dijo.
Después de eso, nos quedamos en silencio. Los dos juntos, en una cama, después de una pesadilla, que incómodo.
—Tomi— dijo.
—¿Qué pasa?— preguntó.
Él no respondió, simplemente me miró a los ojos, y acercó sus labios a los míos, besándome.
Le seguí el beso, era algo tan dulce. Moví mi boca a otra velocidad y más sigilosamente haciendo el beso más apasionado. Pude sentir la lengua de Bill entrar a mi boca buscando la mía, la cual le siguió el juego en una guerra la cual los dos ganaríamos. Bajé mis manos a la entrepierna de mi hermano decidido a bajarle el pantalón.
—Hmmm, sí, vamos a jugar Tomi— dijo de una forma muy sensual.
Ya había tenido mucho con juegos, pero bueno, uno nunca era suficiente.
—Que comience el juego.
& F I N &
Notas: ¡Hola! Espero que les haya gustado el Fic, tuvo mucho gore lo sé, soy culpable jejejeje, pero tal como dice una de mis lectoras favoritas: Soy Maléfica. Y me gusta. Espero que lo hayan disfrutado.
Hasta el próximo Fic, las quiero mucho, bay bay.