
Fic TOLL de Myla Near
Capítulo 10
Cuando despertó no abrió los ojos sino que se movió un poco, pero al casi caerse de la superficie en la que estaba abrió los ojos inmediatamente, encontrándose con una agradable sorpresa. Se sentó rápidamente y se llevó una mano a la boca conteniendo un grito. El nerviosismo se empezaba a apoderar de su ser y sin saber qué hacer decidió despertarlo.
– Tom… Tom. – carraspeó un poco mientras lo movía lentamente para que despertara. Pero no despertaba, solo se movía y balbuceaba cosas dormido. – ¡Tom, despierta! – ese grito bastó para que el aludido despertara y al encontrarse desnudo, con Bill, en su auto y todos mareados abrió los ojos y la boca, pero no dijo nada. Buscó entre el desorden de ropa sus bóxers y se los puso, después buscó los de Bill y se los pasó.
– La cabeza me duele más que la mierda. – dijo dándole la espalda al de rastas, quien estaba incómodo colocándose la ropa interior.
– A mí también y me duele mucho la garganta. – se llevó una mano a la zona afectada, pero a los segundos se arrepintió de haberlo mencionado, porque a su mente se vino la razón causante de su dolor: mucho grito durante el sexo. – Tom… – lo llamó y se quedó en el lugar que estaba, el otro se giró para mirarlo y cuando lo hizo, no pudo aguantarse y se lanzó a sus brazos para besarlo. – Gracias.
– ¿Gracias de qué? – preguntó extrañado mientras correspondía el beso y lo tomaba de las caderas para acercarlo más a su cuerpo.
– No sé, ¿por todo? Me gustó lo de anoche, aunque no recuerde mucho, jaja. – ambos se rieron de eso y luego siguieron con el beso. Se quedaron al rededor de 30 minutos en el auto, solo besándose y acariciándose, después se vistieron y se bajaron. Volvieron a la casa de Georg, tenían que tomar desayuno después de una noche tan agitada como la que habían tenido. Llegaron a la puerta, tocaron el timbre y se abrazaron para volver a besarse, el que abrió se encontró con la escenita del año.
– Qué lindo, me recuerda los viejos tiempos. – dijo el rubio con una cara de zombie que no se la quitaba nadie. Los tortolos se separaron y miraron a su amigo para reírse, en realidad se veía muy divertido. Se tomaron de las manos y entraron a la casa, como si hubieran sido novios de toda la vida. Leah, quien venía bajando las escaleras seguida por Georg, quedó más que sorprendida por la imagen de sus dos pelinegros amigos tomados de las manos y muy abrazados.
– ¿Se olvidaron que ya pasaron 7 años que están tan pegados? – dijo arreglándose un poco la polera.
– Deja de molestar y disfrutemos de la mañana. – dijo el de trenzas pegando su frente a la de Bill y sonriendo. Este último le dio un pequeño beso y miró a su amiga.
– ¿Y tú dónde dormiste? – preguntó a coro con el rubio, se miraron y se rieron, después volvieron la mirada a la chica.
– Dormí… arriba. – la chica se puso nerviosa y miró sus zapatillas.
– Arriba… ¿con quién? – preguntó el de trenzas solo para ponerla nerviosa y molestando a su castaño amigo.
– Eres un maldito, Tom. Sábelo. – el aludido se carcajeo mientras abrazaba a Bill y se iban a sentar a los sofás.
– Leah, hablemos. – dijo Gustav caminando al lado de su hermana y llevándosela a la cocina. – ¿Dormiste con Georg? – la chica apretó los labios y juntó sus manos, miró el suelo y después a los ojos de su hermano. Lentamente asintió y el rubio quedó boquiabierto y sus ojos casi se le salían de las órbitas. – Júralo.
– Gustirito, no me hagas mas preguntas ¿quieres? Mira que bastante voy a tener con todos mirándome.
– Mira, lo dejaré pasar solo por hoy, ya lo hablaremos en casa. – la chica asintió y abrazó a su hermano, después fueron al living, en donde estaban todos sus amigos.
– ¿Alguien más aparde de mi tiene hambre? – dijo el de rastas acariciando el estómago de Tom por encima de la polera.
– Yo tengo hambre, pero te comería a ti. – le dijo el de trenzas al oído y el menor no pudo contener la risa estúpida.
– ¿Qué les parece si vamos a comer a algún restaurant por ahí? – propuso el rubio y los otros estuvieron de acuerdo. Él se fue en su auto, solo, ya que su hermana se fue con el castaño y los pelinegros se fueron en el auto del mayor. Iban camino al restaurant cuando el celular del de trenzas sonó, miró la pantalla y tras poner una mueca cortó la llamada.
– ¿Era ella? – preguntó Bill tomándole la mano que tenía en la parte de los cambios.
– Sí, pero no quiero que me arruine el día. Por lo menos no ahora, en cambio contigo la pasaré bien un poco. – quiso darle un beso al otro, pero este se lo impidió poniéndole una mano en la boca.
– ¿Un poco?
– Me corrijo, la pasaré bien contigo mucho, demasiado. – se sonrieron y esta vez el de rastas se dejó besar.
– Ahora mira al frente que no quiero morir aún. – después de un par de minutos llegaron al restaurant al que habían acordado ir. Llegaron unos minutos más tarde que los demás y ellos enseguida se miraron cómplices.
Desayunaron tranquilamente, bromeando y hablando de la pareja de pelinegros, que aunque no eran novios oficiales, lo aparentaban muy bien. Estaban en pleno desayuno y el celular del de rastas comenzó a sonar. Se puso de pie y se alejó de la mesa en la que estaban sentados para hablar tranquilamente, era Chris.
– Hola, ¿cómo estás? – preguntó el castaño con un tono de voz que hacía notar que estaba cansado.
– Bien, bien gracias.
– Hey, te llamo porque quería invitarte a cenar hoy. – iba a contestar, pero en el momento que abrió la boca escuchó una risa femenina al otro lado de la línea. Frunció el ceño y apretó los labios, no sabía si esa risa había sido porque el castaño estaba con una mujer o porque justo se había paseado por donde una mujer se reía. La duda se le propagó por el cuerpo más rápido de lo que uno se tomaba un corto de vodka.
– No, no puedo. La reunión con mis amigos se alargó para hoy. Lo siento, am… debo volver con mis amigos, nos vemos mañana. – cortó la llamada y volvió a donde sus amigos sin la sonrisa que había tenido todo el tiempo, eso le pareció raro a todos.
– ¿Qué pasó, naranjita? – preguntó la chica mirando con ojos tristes a Bill, él negó con la cabeza.
– No nada, es que me dijeron que mañana me pasarían de nuevo el libro que odio. – mintió y volvió a sonreír, para hacer más creíble su sonrisa besó al de trenzas y tomó un poco de su café. La risa en el fondo de la llamada lo había dejado en duda de si Chris estaba o no interesado en él. Le importaba porque le tenía cariño al castaño ese. Y analizando la risa, llegó a la conclusión de que ya la había escuchado antes, lo que lo dejó con más duda en su sistema.
– Ya es hora de irnos, tengo que cambiarme esta ropa. Está sucia. – Tom miró a Bill y este se sonrojó levemente. Definitivamente planea ponerme en ridículo, pensó mientras le daba un beso en la mejilla, sí, la mejilla.
– Estoy de acuerdo, vámonos. – el castaño de ojos verdes pidió la cuenta y, entre todos menos la chica, pagaron.
– Malditos machistas. – dijo ella cruzándose de brazos, los otros le revolvieron el pelo y no tomaron en cuenta su comentario. Después de eso Georg se despidió de sus amigos y le recordó a Leah la citación que tenían para esa noche a cenar, ella un tanto sonrojada le dijo que sin falta irían. Se despidieron de un beso muy casto y él se fue. Cuando ella se giró los otros 3 desviaron la mirada y se hicieron los tontos, haciéndola sentir mucho más incómoda.
Los hermanos se despidieron de los pelinegros y se fueron a su casa en el auto del rubio.
Cuando Bill y Tom quedaron solos, se quedaron frente al auto más minutos para besarse y abrazarse. También hablaron cosas del pasado, como cuando Tom se atrevió a hablarle a Bill.
Flashback
El pelinegro estaba con sus amigos sentados en el pasto, hablando animadamente con ellos, también poniéndose de acuerdo en cuando harían una fiesta para pasar el rato y volver a tomarse un trago entre ellos. Bill iba a prestar su casa cuando vio a un rubio acercándose a su grupo, más atrás vio al que era su vecino, Tom. Él estaba cruzado de brazos mirando el cielo, con los labios apretados, el pelinegro amó ese gesto. Iba a hacer una observación mental, pero el rubio ya estaba frente a él.
– Disculpa… ¿puedes venir conmigo? Alguien quiere hablarte. – Bill miró al rubio y se mordió el labio mirando en dirección a su vecino. Sus amigos lo empujaron tan fuerte que casi se va de boca al suelo.
– ¡Hey, tengan cuidado! – se quejó alcanzando a poner sus manos frente a su cara para que esta no se azotara contra el suelo. – Discúlpalos, son unos salvajes. – dijo dirigiéndose al rubio, quien estaba nervioso por la mirada de las 2 chicas, que estaban, ahí sobre él.
– ¿Vendrás? – dijo el chico más que cohibido, el pelinegro asintió y bajo las burlas de sus amigos se puso de pie.
– No hablen de mí a mis espaldas. – los otros imitaron miserablemente a su amigo y este riendo siguió al rubio, que caminaba en dirección a Tom.
– He cumplido, esto me libera de toda culpa. – dijo el chico de lentes.
– Veré si te libero, ahora… por favor. – el rubio se fue rápidamente y los dos quedaron solos. – ¿Cómo estás, Bill? – el rubio de rastas, se rascó la nuca y miró sus zapatillas. Eso al pelinegro le pareció adorable.
– Yo muy bien… gracias. ¿Y tú? – Tom contestó y después de eso la conversación no tenía mucha fluidez, el de rubias rastas estaba muy nervioso y empezaba a contagiar al otro.
Caminaron a uno de los bancos que estaban en la zona y se sentaron ahí, hablaron de sus gustos: musicales, gastronómicos y cualquier cosa que se les ocurriera para que la conversación no muriera. Después de pasar tiempo hablando el de rastas se decidió a hablar de lo que tenía pensado en primera instancia.
– Bill, sabes, yo… haré una fiesta hoy en mi casa, mis padres saldrán de la ciudad un par de días y bueno, hay que aprovechar. Me gustaría invitarte, el único requisito es ir con una pareja… y bueno, me gustaría que tu… – el corazón de ambos latía a mil por hora y no podían dejar quietas las manos. Además, mientras el pelinegro apretaba los labios, el de rastas se rascaba la nuca. – Me gustaría que fueras tú quien me acompañara. – dijo cuando se armó de valor. Bill sonrió y eso dejó baboso al otro.
– Me encantaría. – sonrió más ampliamente.
– ¿Enserio? – preguntó el de rastas estúpidamente, el otro asintió. – Genial.
– Bien… tengo que ir a clase. Nos vemos, esta noche. – el pelinegro se puso de pie y antes de irse, le dio un beso en la mejilla.
– Nos vemos. – después de eso Tom se fue a su clase.
El día pasó rápidamente y a la hora de salida, cuando el de rubias rastas se iba a su casa, en el camino vio al pelinegro caminando. Se hizo el caballero y lo llevó a su casa.
El pelinegro al llegar a su casa corrió a donde se encontraba su madre y le contó lo nervioso que estaba al haber sido invitado a la fiesta. La mujer al principio no creyó que fuera una buena idea, pero al enterarse de que sería al lado de la casa aceptó. Entonces dejó que su hijo se arreglara tranquilamente. El chico, por lo nervioso que estaba, tardó más que nunca en arreglarse, quería estar lindo para la fiesta… no, eso no se lo creía.
Quería estar lindo para el dueño de la fiesta, oh si.
Cuando estuvo listo ya era la hora de la fiesta, estaba listo para irse y el timbre de la casa sonó. Simone fue a abrir y se encontró con un lindo chico, nervioso, de agradable aspecto que jugaba con sus dedos. – ¿Necesitas algo? – preguntó solo para molestar, pues sabía de sobra cuál era el propósito de ese niño, no tan niño.
– Bueno, sí, yo…
– ¡Mamá, no lo asustes! – el pelinegro apareció en la puerta y le sonrió a Tom, quien agradeció mentalmente estar capacitado para aguantarse las ganas de babear.
– Vine a buscarla, digo, a él. – madre e hijo se rieron y luego se despidieron. Después los dos jóvenes fueron a la fiesta y empezaron a pasarla bien.
Esa noche la pasaron de lo más bien, pero no hubo besos, el pelinegro se resistió, se hizo el difícil. Eso sí, bailaron muy pegados y abrazados. No faltó el beso loco que Tom le brindaba en el cuello y que el otro disfrutaba. Cuando la fiesta terminó el de rastas se las volvió a dar de caballero y fue a dejar a Bill a su casa. Al despedirse tampoco hubo beso, el pelinegro lo besó en la mejilla y se entró a su casa, pero ese beso dejó consecuencias que ambos sintieron más adelante.
Fin flashback
– Me acuerdo que en esa fiesta no quisiste mirarme a los ojos más de 7 segundos. – dijo el de trenzas apretando el agarre de sus manos en la cintura del otro. Aún estaban apoyados en el capó del auto del mayor.
– Porque sabía que si te miraba iba a querer besarte, como ahora. – y dicho eso le plantó un beso en los labios.
– Pero no fue justo, me hiciste esperar demasiado para poder, siquiera, tocarte los labios con los míos.
– Sé muy bien cómo hacerme el difícil. Deberías saberlo. – se sonrieron y no hicieron nada, solo se miraron.
– Vámonos, es hora de hacer algo productivo.
– ¿Cómo qué?
– No sé… ver televisión con una persona, que está casi echada encima de mi cuerpo, abrazar a esa persona, besarla y si es posible… hacerle el amor de nuevo. – lo último se lo susurro en el oído y el de rastas sonrió internamente y se sonrojo un poco.
– ¿Enserio? Yo tengo mejores cosas que hacer. – Tom alzó ambas cejas mientras asentía, empezaban los juegos.
– Cosas como cuáles, podría ayudarte.
– No, no necesito ayuda. Aunque si quieres raptarme y violarme no me quejaré. Aunque en ese caso no sería ni secuestro ni violación. Y te confieso que en realidad no tengo nada que hacer. – el mayor se rió de la «tontería» que el otro dijo y lo empujó levemente para él subirse al auto.
– Hey, ¿te llevo? – dijo el de trenzas ya arriba del auto. A pesar de que Bill quería morirse de la risa, le siguió el juego.
– No gracias, estoy esperando a… – no sabía cómo terminar la frase. Si decía «mi novio» el otro podría captar mal el mensaje y terminar con su novia, aunque eso no tendría nada de malo. – Un amigo muy especial, demasiado, diría yo. – empezó a caminar lentamente mientras que Tom lo seguía en el auto.
– ¿Tu novio? – el de rastas sonrió de medio lado.
– Hmm, no, no tengo novio. Soy libre.
– Mira tú, y si eres libre ¿por qué no vienes a dar un paseo conmigo? Prometo no hacerte nada que no quieras.
– Es que si me voy contigo, un extraño, dejaría plantado a mi amigo. – se detuvo y se giró para mirar al otro arriba del auto.
– Estoy seguro de que lo entenderá. – se mordió el labio y caminó hasta el auto. Se agachó un poco y se apoyó en la ventana del piloto, haciendo que sus rostros quedaran muy cerca.
– Muy bien, llévame. – le dio un lametón en los labios y después se fue a subir al asiento de copiloto.
Mientras iban en camino al departamento de Bill, el celular de Tom sonó. Pero al mirar la pantalla bufó y cortó. – Deberías contestarle, decirle que no vas a llegar en unas horas. – se miraron y se mordieron el labio inferior. El de trenzas sabía perfectamente a qué se refería el otro.
– Si no le contesto debe imaginarse que no llegaré. – después de eso no dijeron más.
Al llegar al edificio se bajaron y cuando Tom le puso alarma a su auto, el de rastas salió corriendo gritándole que lo alcanzara. Sonrió y empezó a correr atrás de él, al ser mapas rápido lo alcanzó enseguida. Lo volteó y le plantó un beso en los labios, el de rastas para corresponder al beso, se abrazó al cuello del otro.
– Extraño… hay que subir. El portero ya nos vio. – dijo Bill caminando hacia atrás con Tom pegado a él.
– No sé… ¿y si tienes algún plan macabro entre manos?
– No lo creo, además… eres un extraño, ¿cómo sé yo que no me violarás?
– Jajaja, eso no lo sabes. – volvieron a juntar sus labios y se subieron al ascensor. No hicieron más que besarse en el ascensor, porque este tenía cámaras de seguridad grabándolo todo.
Cuando se bajaron del ascensor caminaron sin soltarse hasta la puerta del departamento de Bill. – Así que aquí vives. – dijo el de trenzas mirando el número en la puerta.
– Síp, aquí vivo. Ahora que lo sabes espero que no vengas a psicopatearme todos los días o en la noche.
– Ah, no sé yo. No fui yo el confiado que le muestra en dónde vive a un desconocido que puede venir a violarlo cuando quiera.
– ¿Y cada cuánto vendría este extraño a partirme mi culito? – ambos se rieron de eso y el de trenzas acorraló a Bill contra la puerta.
– Eso solo depende de ti. – lo besó y le tomó una pierna para que la pusiera al rededor de su cadera. Entonces el de rastas acabó el beso para poder reírse. – ¿Qué es lo gracioso?
– ¿Lo vamos a hacer aquí en el pasillo o vamos a entrar a mi casa, extraño? – movió la parte de sus caderas haciendo que su miembro con el de Tom se tocaran por encima de sus pantalones.
– Hmm, admito que la idea de hacerlo aquí me gusta.
– ¡Tom! No puedes hablar en serio.
– ¿Cómo sabes tú mi nombre?
– Tengo poderes psíquicos, jajaja. – hizo lo mismo con sus caderas y lo besó. – Y así mismo como sé tu nombre, sé que quieres que saque las llaves de mi bolsillo, abra la puerta, te lleve a mi pieza y te vuelva a montar, ¿no es así? – Tom sonrió y volvió a juntar sus labios.
– Vaya, eres realmente bueno. – el de rastas se soltó de Tom y sacó sus llave, le dio la espalda a Tom y abrió. A penas cerró la puerta acorraló a Tom ahí y le empezó a besar el cuello.
Después con la ayuda de Tom se subió a los brazos de Tom, con sus piernas afirmadas en las caderas del otro y caminaron a la habitación. Al llegar ahí se desvistieron rápidamente y tras tocarse y besarse varios minutos, volvieron a hacer el amor. Lo hicieron un sin número de veces, incluso ya no pudiendo más lo hacían. Como Bill había dicho, lo montó, luego Tom cambió de posiciones dejándolo a él abajo, después volvieron a cambiar y el de trenzas lo puso en cuatro. Después de repetir un par de posiciones, se acomodaron en la cama, se abrazaron y se durmieron juntos.
Continúa…
¿Les gustó? ojala que si xd esperaré sus comentarios (:
Que vuelvannn son tan lindos juntos😭💗