Milky problems

NOTA: Tom tiene pechos. Técnicamente es un boytits, PERO, únicamente si está produciendo leche porque es una vaca lechera, sino, pues tiene el pecho de un hombre normal.

One-Shot Toll de Namyukaulitz

«Milky problems»

Tom abrió los ojos, lentamente, parpadeando un poco hasta que sintió esa sensación húmeda en el pecho y los abrió de inmediato, levantándose de un brinco de la cama.

—Maldita sea… ¡Otra vez! —exclamó tomando una camiseta limpia y yendo al baño, confirmando de reojo que su compañero de habitación no estaba durmiendo.

La cama elevada estaba nuevamente vacía, eso era un alivio.

No quería tener a su estúpido compañero de habitación presente durante esos accidentes que últimamente eran demasiado comunes.

Llegó al baño y se sacó la camiseta ya manchada de la parte del pecho.

El olor a leche dulzona invadió la habitación del baño, era agradable, pero a Tom ya lo tenía harto.

No comprendía por qué en el último tiempo su cuerpo producía tanta leche ¡No estaba preñado!

Y aunque, estaba catalogado como una vaca lechera, todavía no era momento de producir leche, mucho menos en las cantidades en las que lo hacía.

Su cola se movía de una lado a otro demostrando lo molesto que estaba mientras se limpiaba el pecho.

No importaba cuantas veces se extrajera la leche, al rato sus pechos ya estaban nuevamente llenos al punto de poder sujetarlos con sus manos y eso que le decían que eran grandes… ¡Sus manos! y… también su pechos cuando estaban llenos de leche.

Habló de esto con sus padres, su madre era una vaca lechera y su padre un toro, ambos de la raza Guernsey.

Gordon, su madre, le dijo que esto era más normal de lo que creía, nada de lo que asustarse, que a él le sucedió también cuando estaba cursando su cuarto año de universidad en la época de exámenes.

Básicamente, era estrés.

Qué las hormonas de su cuerpo estaban un poco descontroladas, y por eso producía leche, honestamente no lo entendía, pero sí, era verdad, estaba sumamente estresado por el adelantaron la tesina y quizás se preocupada de más, pero él definitivamente quería graduarse, no como a su compañero de habitación, un apestoso leopardo llamado Bill, que eran contadas las veces que estaba en la habitación de la residencia.

Tom no tenía idea de donde pasaba Bill la gran parte de la semana, más allá de que los fines se iba de fiesta o iba a casa de sus padres.

Aunque, estas últimas semanas lo agradecería, ya que Tom amanecía manchado o mientras cocinaba, o básicamente mientras hacía cualquier cosa de repente estaba manchado.

Además, le daban mucha vergüenza sus pechos, sabía que era parte de su raza, específicamente la lechera, pero era vergonzoso porque no quería que pensaran que estaba preñado o algo así.

Le hubiera gustado mucho que le asignaran de compañero a su mejor amigo, Gustav, que era vaca lechera de raza Simmental, pero que estaba de pareja como un toro de raza Sindi llamado Georg.

O si no hubiera sido Gustav, al menos alguien de su misma especie, con quien no sintiera vergüenza, pero no, le asignaron a Bill, un leopardo del amur. Porque según, la universidad estaba implementando una nueva política de “no discriminación” entre herbívoros y carnívoros.

Debía admitir que, para ser un carnívoro, y un leopardo, Bill era respetuoso y de ojos amables… Muy bonitos y brillantes, con esa línea negra alrededor de ellos, típicos de felinos. 

Que tenía que agacharse para poder entrar en la habitación porque, aunque era catalogado como un leopardo del amur, hasta donde sabía por escuchar sus conversaciones telefónicas afuera de la habitación a altas horas de la noche. Era una “cruza”, entre leopardo del amur y una pantera negra, eso explicaba su cabello azabache, y también que fuera muy alto, delgado pero de brazos trabajados… Sí, quizás lo veía un poco cuando estaba en la habitación, sobre todo cuando usaba camisillas que dejaban al descubierto sus manchas rosetas de los hombros y espalda.

Y, aún así, Bill le había dejado la cama más grande, mientras él tomaba la cama elevada, ahora que lo pensaba bien…

Igual la cama era una de las razones por las que no dormía casi nunca en la habitación.

Terminó de ponerse la camisa limpia y bajó la mirada al lavamanos.

—Cuando lo vea… Quizás debería de decirle que cambiemos de cama… —musitó, y luego vió su reflejo, notando como sus orejas estaban relajadas y se sentía calientes.

Curvó los labios hacia abajo y se tomó de las orejas, sonrojándose. 

—Odio esto… —casi sollozó, abriendo su parte del mueble del baño, sacando sus supresores.

Estaba pensando cosas raras porque de seguro ya vendría su celo.

Se metió una pastilla en la boca y la tragó con el agua del grifo del lavamanos.

Se limpió la boca con el dorso de la mano y salió del baño, vió la hora y decidió dormir un poco más, tenía el pecho lleno, pero todavía tenía mucho sueño y no quería extraerse pues sería tedioso.

Antes de volver a acostarse en la cama, vió el lado de Bill, como debajo de su cama había un escritorio con libros y una computadora que ya tenía una ligera capa de polvo.

No comprendía como Bill no se preocupaba ni un mínimo por el adelantado a la tesina, seguía saliendo de fiesta y más interesado en su próximo conjunto de ropa.

Frunció el ceño y se volvió a meter en la cama, cubriéndose con la sábana esperando no volver a despertar manchado.

Hoy era un día más tranquilo en su horario, habían cancelado casi todas las clases debido a la manifestación de estudiantes del día anterior, y sólo tendría una clase, pero a las seis de la tarde, así que podía dormir un poco más y luego dedicarse a la tesina.

&

Tom se mordió la uña de su mano derecha, su brazo que estaba apoyado sobre su rodilla subida a la silla, mientras movía hacia adelante y atrás su pie izquierdo colgante.

La tesina era mucho más complicada de lo que esperaba, y eso que fue un tema que él había escogido, y ya no podía cambiar tan fácil, porque ya se lo habían aprobado y encontrar un nuevo tema y que se lo aprobaran iba a ser difícil, así que era mejor resignarse y esforzarse con el tema que ya había escogido.

Soltó un jadeo de sufrimiento, cubriéndose el rostro con las manos, se sentía tan agobiado, totalmente estresado.

Abrió los ojos y se topó con su camisa abultada por sus pechos, todavía no se había extraído, y el peso de su pecho comenzaba a irritarlo todavía más.

Tenía que extraerse, pero no quería usar el extractor, lo consideraba incómodo, tener que ponerse un succionador en sus pezones…

Pero…

Podía hacerlo de otra manera…

Cerró los ojos un momento, con una pequeña sonrisita escapando de sus labios.

Ya lo había hecho otras veces, cuando estaba seguro de que estaba solo, preferiblemente en la madrugada.

Iba a hacer un desastre, terminaría mojado, pero por esta vez, para bajar su estrés estaba bien.

Giró la cabeza a la puerta y vió que efectivamente tenía seguro.

Se sacó la camisa, haciendo que sus pechos llenos de movieran.

Y busco sus audífonos para escuchar música que lo ayudará a relajarse aún más.

Tomó un supresor por la mañana, pero estar bajo supresores no lo excluía de buscar por sí mismo su “propia felicidad”.

Su cola comenzó a mecerse suavemente, mientras se ponía una de sus canciones favoritas para estos momentos, y se llevaba sus manos a sus pechos, sosteniéndolos y amasándolos.

Entreabrió los labios y ladeo sus rastas castañas y rubias.

Apretó un poco, sintiendo de inmediato su mano húmeda, con la leche escurriendo entre sus dedos y dorsos.

Sí que estaba lleno, iba a pasar un largo rato sacando eso.

Se mordió el labio inferior, bajando un poco la mirada y abriendo las piernas, notando el bulto de su miembro, con la punta del glande ya humedeciendo la tela de su boxers.

Por estar tan ocupado con la tesina no había hecho esto en semanas, su cuerpo lo resentía en el cúmulo de estrés. Debía haberlo hecho antes, pero definitivamente no tenía cabeza para pensar en esto, pero ahora podía consentirse.

Se removió un poco, después tendría que limpiar bien, pero muy bien esa silla.

Se pellizcó los pezones y se arqueó, reprimiendo un jadeo.

Por toda la longitud de su estómago ya se deslizaban las gotas blancas, incluso las sentía escurrirse en medio de sus muslos.

Tuvo que morderse la lengua cuando un chorro de leche salió directo al filo de la mesa y apretó los muslos con fuerza.

Comenzaba incluso a sudar.

Mantuvo los ojos cerrados mientras seguía masajeando y apretando, dejando que la leche fluyera, imaginando entre la música y cosas intrusivas, fantasías que acarreaba desde la adolescencia viendo a escondidas videos para adultos, donde veía cómo trataban a las vacas lecheras, envidiando como las tomaban.

Un poco denigrante, pero encontraba excitante simplemente ser tomado como una máquina lechera con pechos que se mueven con embestida.

Algunos incluso usaban una gargantilla con campanita, se imaginó a sí mismo sobre sus rodillas y manos totalmente desnudo con los pechos colgando y haciendo mover la campana de su cuello.

Sí, eso sonaba bien…

Montar a un macho y hacer sonar su campanita, mientras le apretaban o chupaban los pechos.

Que le jalaran su cola en una posición de espaldas, obligándolo a mantenerse pegado.

Otra vez volvió a salir un chorro de leche, pero todavía quedaba mucho…

Apretó sus dos pechos con sus manos juntándolos, moviéndolos, jugando un poco.

Metido en sus fantasías que con la música en sus oídos se sentían reales, como si su cuerpo ya las estuviera viviendo.

Se encogió de hombros y dejó escapar un gemido bajo de entre sus labios, sintiendo demasiada fuerza al apretar sus pechos.

Hasta que abrió un ojo, entre lo borroso de su visión, logró distinguir una dos manos sobre las suyas, de uñas negras, largas y afiladas.

Abrió ambos ojos de manera lenta, girando la cabeza hacia su lado derecho por pura inercia.

Su cuerpo estaba siendo un manojo de sensaciones placenteras que el miedo tardó en llegar, cuando vió a su compañero de habitación asomado, encorvado para estar a la altura de su cabeza, con el rostro sumamente sonrojado y las orejas hacia enfrente tintineando.

Ambos se vieron directamente a los ojos por unos segundos, Tom estaba intentando articular algo, pero Bill presionó sus manos sobre las suyas y por ende, en sus pechos.

Lo hizo tres veces, con cuidado, procurando tocar únicamente el dorso de sus manos y dedos.

Rompiendo el contacto visual fijo para ver como los pechos se movían con cada apretón.

Qué atrevimiento tan… poco molesto para Tom.

Debió haber dicho algo, pero en cambio deslizó sus manos, poniéndolas ahora sobre las de Bill.

En cuanto las palmas de Bill tocaron su piel húmeda, suave y carnosa, vió como sus dedos se torcieron, conteniéndose de clavar sus uñas.

Tom apretó las manos de Bill contra sus pechos, viendo de reojo como las orejas del leopardo se agitaban.

La música seguia sonando en sus audífonos, hasta que Bill separó una de sus manos de su pecho y se los sacó, volviendo después a apretar los pechos, pellizcando cerca de los pezones de color marrón suave.

Tom dejó que Bill tocará toda la extensión de sus pechos, sus manos casi los cubrían por completo.

Estar de espaldas y encorvado era incómodo, así que Bill alejó sus manos por un momento de los pechos del bovino y le dió la vuelta, para tenerlo de cara a cara, sus ojos brillaron al ver el desastre de leche que era.

Tom cerró las piernas al tener de frente a Bill, sonrojándose y evadiendo su mirada, sintiéndose totalmente avergonzando, al punto que sus orejas se decayeron apenadas, agarrándose fuertemente del asiento.

 —Son… muy grandes —fue lo primero que dijo Bill, con la mirada clavada en los dos pechos, jugosos y tersos, y a simple vista pesados. —Estabas… ¿extrayéndote o algo así…? 

A pesar del bulto que se asomaba peligrosamente en los pantalones ajustados negros de Bill, sus preguntas y su tono era de una curiosidad nerviosa, con su cola moviéndose inquietamente detrás de él.

Tom exhaló y asintió rápidamente, aunque era claro para ambos que aquello no se trataba sólo de extraer.

—Yo… ¿Esto es normal…? —continuó Bill, acercando su mano y haciendo presión con la punta de su uña sobre la piel, la cual se hundió sin tener que ejercer mucha fuerza.

Porque él recordaba que la última vez que vió a Tom, hacía unos días con su pecho normal, no era que le viera el pecho siempre, pero claramente un cambio así se nota, pasar de pechos normales a eso tan… pulposo.

—¿O estás pasando por algo…?

Tom se hundió más en su asiento e intentó cruzarse de brazos, pero eso sólo lo haría alzar más los pechos así que sólo puso las manos sobre los muslos.

—Es algo temporal… Estoy pasando por un periodo de estrés, para los de mi especie es normal, aunque es un poco molesto porque es demasiado, tengo problemas con el exceso de leche —explicó el de rastas, volviendo a suspirar, cerrando los ojos.

Para cuando los volvió a abrir el leopardo ya estaba arrodillado frente a él, inclinado sobre sus pechos.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó Bill, presionando su mejilla sobre uno de los pezones.

Sentir la calidez de la mejilla presionando y respiración de Bill sobre su piel fue como corriente eléctrica para Tom, que lo hizo poner las manos sobre los hombros del leopardo.

—¿Qué haces? —preguntó Tom con la voz quebrada.

—Los de mi especie también somos mamíferos —respondió Bill, sacando su lengua áspera y pasando la punta sobre el pezón.

Como respuesta, Tom tomó su cabeza y la presionó contra sus pechos.

Bill cerró los ojos, respirando profundamente al tener la nariz enterrada en la piel húmeda de leche.

Deslizó su lengua por el pecho izquierdo hasta llegar al pezón, delineando toda la areola antes de meterse la punta en la boca, comenzando a succionar, mientras en simultáneo con su otra mano también daba apretones al otro pecho.

Las orejas del leopardo se relajaron al igual que su cola se calmó un poco al sentir el sabor de la leche llenar sus papilas gustativas.

Deslizando su mano por el pecho derecho, dejándola caer por el estómago y vientre del bovino, rozando sus uñas con la piel.

Volviendo a subir su mano, arañando levemente la piel, volviéndola rojiza.

Bill se sujetaba bien de su pezón, tan bien que Tom sentía que iba a orinarse, apretando como loco las piernas y removiéndose contra él.

Tom sabía que las uñas de Bill podían desgarrarlo si se lo proponía, pero sus arañones no hacían más que causarle cosquillas, de lo tentador que era sentir el filo repetidamente sobre su estómago.

Bill se pasó al otro pezón después de unos segundos, con la comisura de los labios rebalsando de leche.

Mordiendo la punta del pezón con sus colmillos, provocando un gemido alto del bovino que clavó sus dedos en su cabello corto, despeinándolo.

Tenía hambre y quería devorarlo, por lo que abrió más la boca, metiéndose el pecho completo directamente, abriendo los ojos para ver al rostro a su compañero de habitación tan apetecible y tembloroso.

Tom dejó caer la cabeza hacia adelante con la boca abierta, estremeciéndose ante el calor húmedo que rodeaba una buena parte de su seno.

Y sin separarse de su pecho Bill, se puso de pie, tomándolo por la cintura, obligando a que Tom aferrara sus piernas alrededor de su torso, siendo llevado hasta la cama más cercana en ese momento, la del bovino.

Bill lo recostó sobre el colchón, quedando sobre él, apoyándose con una rodilla en medio de sus piernas, separándose del pecho, para repartir besos húmedos en ambos senos, jalando y mordiendo, por encima y por debajo, hasta dejarlos ensalivados, rojizos y con los huecos de sus colmillos marcados profundamente.

Lo estaba devorando, y sólo que en lugar de ver sangre alrededor de su boca había restos de leche, salpicando incluso sus mejillas.

Tom movió una de sus rodillas, rozando con  la entrepierna dura del leopardo, sacándole un gruñido.

Por lo que, cómo pudo, se lo sacó de encima para empujarlo hacia un lado, Bill se quedó quieto, pensando que Tom ya no quería continuar, hasta que lo vió ponerse de rodillas a pies de la cama, bajarle la cremallera con ansiedad y quedarse boquiabierto al verle el pene.

Tom tragó saliva viendo el miembro del leopardo, cubierto de púas alrededor de toda la superficie del tronco.

—No tienes que hacer nada si no quieres… —masculló Bill, con una sonrisa media torcida por la excitación y la vergüenza de la sorpresa, sentándose sobre la cama —Entiendo si te sientes inseguro, ya que eso duel-

No pudo terminar de hablar por cubrirse la boca con la mano, cuando Tom dejó caer baba en medio de sus pechos y los acercó, dejando el pene del azabache en medio de ellos, presionándolos con sus manos.

Tom hizo presión con sus senos en toda la longitud del leopardo, comenzando subir y bajar con ellos. Sí, era un poco doloroso por las púas, pero nada que no pudieran soportar sus pechos ya magullados por la boca de Bill.

Agachó la cabeza, pasando la lengua y dando besos sobre el glande, cada que la punta rojiza salía al bajar los senos en su miembro.

Bill hizo la cabeza hacia atrás, apoyándose de las palmas de sus manos, dejando salir aire de sus pulmones, moviendo su pelvis hacia arriba para seguir con la fricción.

Al estar presionados, los pechos salpicaban sobre el inicio de su pelvis, en gotas tibias que se deslizaban hasta ser absorbidas por el borde de su ropa interior.

Sintió el tirón de sus testículos después de que Tom se tomará unos segundos para chupar la punta de su glande, presionando la lengua en el orificio.

Dando un empujón con su pelvis hacia arriba, viniéndose en medio de los pechos del de rastas, llegando incluso a tocarles los labios con su simiente.

Bill bajó la mirada y Tom la levantó, ambos seguían agitados. Bill le sonrió de manera satisfecha, acariciándole la mandíbula.

—Yo no estoy cansado… —exhaló Bill. —Puedo hacer esto cien veces hoy mismo.

Tom batió sus largas pestañas relamiéndose los labios y desviando la mirada hacia un lado, dirigiéndola lentamente de nuevo al miembro todavía firme del leopardo.

Se puso de pie con las piernas temblorosas, y Bill bajó la mirada, notando la humedad que desbordaba de su ropa interior, deslizándose por sus muslos.

Tom también ya se había venido, seguramente cuando estaba en la silla y su lubricación estaba empapando todo.

Bill quiso preguntar si estaba en su celo o estaba cerca, porque al ser de otra especie, él no podía estar muy seguro de eso.

Pero sus manos actuaron antes que sus palabras, tomando al bovino por detrás, apretando su trasero con las palmas bien abiertas, clavando las uñas para romper la tela del boxer y quitárselo.

Apreciando la figura de la vaca Guernsey, desde sus pechos, hasta cada detalle de sus manchas marrones en diferentes tonos y tamaños alrededor de todo su cuerpo, desde el rostro, cuello, vientre, cadera, muslos y pantorrillas.

Si Tom estaba en celo, entonces Bill ya estaba sintiendo su calor, aunque no fuera de su misma especie.

Se sacó la camiseta quedándose únicamente con los pantalones y su miembro de fuera, tomando la mano de Tom, quien se acercó a él, subiéndose sobre su regazo mientras besaba sus labios de imprevisto envolviendo su cuello con los brazos, pegándose por completo.

Bill abrió los ojos pues no esperaba ese gesto tan suave y expresivo de su compañero, pero correspondió, envolviendo su cintura con sus brazos, haciéndose hacia atrás, cayendo en la cama y poniendo a un lado a Tom, frotando su entrepierna con la de él, rodando en la cama mientras se besaban.

Tom se separó del beso en algunas ocasiones buscando aire desesperadamente, momento que Bill aprovechaba para descender a su cuello y morderlo en el hueco que lo unía con su hombro.

Buscando sus labios enseguida de tener aire.

Rodaron en la cama hasta que Bill quedó arriba, y Tom debajo suyo de espalda, levantando la cadera para frotar su trasero con el miembro del leopardo, manchándolo con su lubricación.

Tom quería que lo montara, y aunque era tentador, Bill no quería ver su espalda en ese momento, por lo que le dió la vuelta para tener sus senos de cara nuevamente, que tenían mezcla de su semen, saliva y la leche del bovino.

Bill le abrió bien las piernas tomándolo de las rodillas y lo apegó bien a él, haciendo que alzara la cadera.

Tomando su pene y guiándolo hacia la entrada del de rastas, Bill se inclinó sobre él.

—Te lo voy a dar, ¿sí? —susurró Bill sobre sus labios al ver el brillo de anhelo por ser llenado en sus ojos. —Pero va a doler, sólo al principio y al final… Lo siento, de verdad, aunque no quiera el dolor ayuda a liberar tus óvulos… —explicó totalmente apenado.

Aunque, viendo su rostro, Bill se daba cuenta que la explicación estaba de más, Tom no estaba interesado en eso.

—Después nos vamos a encargar de eso… —terminó de decir cerrando sus ojos y besando sus labios, mientras entraba lentamente en la entrada rojiza y palpitante del bovino.

Tom clavó sus uñas en la espalda llena de rosetas de Bill, sintiendo lo rígido de su pene, y lo incómodo de las púas arañando sus paredes al entrar.

Bill intentó distraerlo del dolor, besando su rostro y manipulando su pene, jugando el glande con su pulgar.

La cola del leopardo estaba completamente recta mientras la cola de la vaca lechera se removía contra el colchón.

Tom gimoteo del dolor punzante y abrasador de las púas rayando sus paredes, tensando los muslos y pantorrillas alrededor de Bill.

Bill le tomó uno de los senos y también lo masajeo para disipar el dolor hasta introducirse por completo, moviendo su mano hacia arriba y hacia abajo en el miembro del bovino.

Cuando estuvo por completo adentro, dejó que Tom se acostumbrará al grosor y las púas, por lo que se mantuvo quieto priorizando estimularlo de otros lados.

—Bill… —gimió Tom, entre lágrimas traicioneras que Bill le beso. —Muévete… Por favor, quiero… —no fue capaz de terminar siendo interrumpido por su propio jadeo al venirse sobre su vientre y mano de Bill, chorreando leche de ambos senos.

Estaba hipersensible.

Bill asintió torpemente y comenzó a moverse de manera suave y profunda, para que el movimiento golpeara el punto sensible del bovino y eso recompensará el dolor de las púas, pero con un poco de dificultad debido a que por venirse, el interior de Tom se contrajo alrededor de su pene.

Frunció el ceño, intentando controlar el ritmo de las penetraciones y que su instinto no lo traicionara, pero era difícil estando demasiado hiper enfocado en el bovino temblando debajo de él y cómo con cada movimiento sus pechos se movían de manera deliciosa.

Vibraban cada que salía y volvía entrar, con tiras blancas que se deslizaban a sus costados.

Cerró los ojos y agachó un poco la cabeza, apoyándose de sus manos mientras sus estocadas se volvían más salvajes, delineando sus dientes con la lengua, pues quería seguir mordiendo, y fuertemente, hasta enterrarse bien en la piel y dejarlo bien marcado, pero con un bovino no podía hacer eso, dejarse llevar tanto por sus instintos.

Bill jadeó de manera contenida, abriendo los ojos para ver al de rastas directamente a los ojos. —Estás demasiado caliente, Tom… Trata de no estar tan tenso —pidió, pues se le dificultaba moverse con los músculos apretados del bovino.

Tom ni siquiera puedo dar un asentimiento pues no era algo que él podía manejar en ese momento, su cuerpo simplemente reaccionaba.

El leopardo tragó saliva, sintiendo una gota de sudor deslizarse por su nariz y sus manos se sujetaron en sus caderas, clavando las uñas para agarrarse bien al cuerpo.

Tomando ambas piernas de Tom y poniéndolas sobre sus hombros para seguir golpeando de manera fuerte y más profunda, desesperado.

Tom se arqueó y gimió del placer doloroso cuando las púas se clavaron en sus paredes, y su vientre tenso se relajó al sentir como Bill soltaba su simiente hirviente y espesa, llenándolo aún más, poniendo los ojos en blanco y apretando los dedos de sus pies.

Bill todavía se aferró a sus piernas empujando su pelvis unas cuantas veces, más que fueron disminuyendo su intensidad, asegurándose de que su semen llegara hasta el fondo que su instinto lo empujaba.

El dolor era palpitante para Tom, sintiendo el miembro de Bill tan aferrado a su interior, asegurándose la concepción. 

Tom respiraba por la boca y la nariz, viendo como el azabache no se recostaba sobre él, sino que se quedaba de rodillas, en medio de sus piernas, respirando pesadamente por la boca, le había soltado de las piernas para volver apoyarse del colchón. 

En cuanto se tranquilizó bajó su mano, deslizándose desde su seno y bajando por su estómago hasta llegar a su vientre. 

—Te recibí bien… —masculló Tom, viendo al leopardo que no parecía cansado sino más bien contenido.

—Lo sé… —contestó Bill, antes de alzar la cabeza y asentir. 

Bill cerró los ojos, inhaló y exhaló, mientras gotas de sudor se deslizaban por su cien y su cabello negro estaba pegado a su frente, demasiado tenso por haberse venido por segunda vez. 

Y no podía salir, hasta que su miembro dejará de estar tan duro, pues así las púas no harían tanto daño al salir.

—Es sólo qué… Es mi primera vez con un… herbívoro —confesó de repente el leopardo. —Y no se supone que tú y yo… Ya sabes, esto —señaló con su uña afilada la unión palpitante de sus cuerpos. 

—También es mi primera vez con un carnívoro —reveló Tom, tomando aire. —Ya pasó, se sintió bien.

—Sí… Pero no debería repetirse —musitó Bill, desviando la mirada al desastre de las sábanas húmedas y respirando profundamente el aroma lechoso y a sexo de la habitación. 

Los ojos del bovino se mostraron brillosos pero esta vez no fue por la excitación, sino por la distancia que Bill planteaba de repente. 

—¿No te gustó? ¿Sólo querías probarme? —cuestionó Tom, vulnerable con sus orejas agachadas y su cola triste.

Bill abrió los ojos en grande y dirigió la mirada nuevamente al de rastas al escucharlo y negó rápidamente con la cabeza y las manos.

—No es eso, es que, Tom, pasa qué y-

No tuvo tiempo de terminar pues Tom tomó su cabeza y la frotó contra sus pechos, Bill se dejó estrellar la cabeza, sintiendo los pezones todavía erectos contra sus mejillas.

—Uhm… Sabes cómo convencerme de aquí en adelante…—dijo de manera ahogada contra el busto del bovino, ronroneando al meterse un pezón y comenzar a succionar nuevamente, pero de manera suave, dejando su cuerpo relajarse sobre la vaca lechera. 

Tom le acarició el cabello, dejándolo que se acomodara sobre él, cerrando sus ojos mientras su otra mano apretaba su otro seno, arañando delicadamente sobre la piel.

Los felinos estimulan los senos para recibir más leche, y eso era lo que estaba haciendo. 

—Sabes… —habló Tom, de pronto, haciendo que el leopardo sólo abriera los ojos y lo viera, sin separarse de su pecho. —Yo iba a decirte que cambiáramos de cama, si la razón por la que casi no duermes aquí es porque agarraste la cama más incómoda. 

Bill se separó sólo lo necesario para hablar. —La cama no era la razón por la que yo no dormía aquí, bueno, sí, un poco, pero no era eso. Pensaba que no te agradaba que estuviera, porque sé que piensas que soy un desobligado, y puede que un poco, pero yo tengo otros métodos de asegurar mi futuro más que con buenas notas, yo hago contactos de la carrera en las fiestas y reuniones en las que voy, no creas que voy a cualquier lugar de mala muerte —contó.

El bovino se rió, haciendo vibrar su pecho, gesto que Bill disfruto mucho.

—Lo siento… —se disculpó Tom, sonrojando.

Bill movió su mano, la que estaba en el otro pecho, en un gesto de qué “no importaba”.

—No, está bien, igual entiendo que haya sido incómodo en un principio, tú herbívoro y yo carnívoro, escuché de otras habitaciones donde el herbívoro no dejaba entrar a su compañero, así que agradezco que tú siempre mantuviste abierto… hasta hoy —una sonrisa felina se escapó de los labios de Bill. —¿Sueles hacer “eso” muy seguido? —preguntó alzando las cejas, muy interesado, incluso sus orejas pispileaban, enrollando su cola con la del bovino. 

—No realmente… Normalmente uso extractor para utilizar bien el tiempo mientras a la vez hago eso —arguyó Tom.

—Y… ¿Puedo ayudarte cada vez que estés así? —preguntó Bill, hundiendo su lengua en el pezón, lamiendo las gotas de leche.

—Sólo me pongo así cuando estoy por una etapa de estrés, no debería de suceder a menos qué-

Tom se vió interrumpido y se arqueó, cuando Bill comenzó a salir, fue rasposo, y ardió, hasta que salió por completo, dejándolo caliente y magullado por dentro y por fuera.

&

Tom siguió teniendo problemas de leche, hasta casi finales de año, que estaba seguro ya no era estrés el motivo de que sus pechos siguieran llenos por meses.

Ahora, incluso si vestía sus camisetas holgadas, todos podían ver que efectivamente estaba preñado.

—Sí… eso era lo que te quise decir la primera vez que lo hicimos, y todas las demás, pero siempre terminabas callándome poniéndome las tetas en la cara —murmuró Bill, con su dedo índice alzado y sonrojado con las orejas bajas y la cola tímida, viendo el innegable vientre de meses que tenía su vaquita. —Los leopardos no soltamos mucho semen a comparación de otras especies, como ya habrás sentido varias veces… No obstante, es muy efectiva incluso si estamos con otras especies. 

—Ya no puedo decir que es estrés, Bill… —se quejó Tom, en voz baja apunto de llorar. —No importa que tan holgada sea la camiseta, ahora por mi estómago o pecho se dan cuenta.

—No puedo calcular cuantos meses tienes, pero tendremos que ir mañana a un hospital —suspiró Bill, picado con sus uñas el vientre abultado del bovino. 

—¿Y ahora? ¿Qué vamos a hacer? —le preguntó Tom, buscando una respuesta para lo que eso significaba para ambos.

—Ni modo, vas a tener leoparditos o terneritos, o una mezcla, quién sabe, yo estoy feliz contigo y lo que sea, de todos modos ya vamos a salir de la universidad. 

F I N

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por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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