
Notas; Escrito para un reciente concurso. Mi primer Biorg :$
P/D: tampoco es taaan songfic, sólo el título.
(One-Shot de Nochi)
«Un mechón de su cabello»
¿Qué son las pruebas del Amor? Yo simplemente no lo sé. Pasa mi tiempo por el mundo y mis relaciones afectuosas no fueron más que un desperdicio de palabras que sólo el viento oyó.
En la peor forma en que uno queda al descubierto es enamorándose, lo digo por experiencia.
Para mí, el amor es el sentimiento más complejo y completo de todos. El que es capaz de dominar a los demás sin pensarse siquiera.
De repente ves a una persona, la comienzas a conocer y tu corazón dicta algo, quizá por fax a la mente, y ella no accede al pedido pero el corazón igual sigue su decisión. Hay decretos tomados erróneamente pero en cuestiones de corazón uno no tiene la palabra hasta que en verdad busca controlarse así mismo y el cerebro por fin gana a los sentimientos.
Sin embargo, ese monstruo enorme llamado Amor no deja de molestarte sea que has caído en su juego o no te dejas seducir por él, sigue hastiándote para que le des la máxima atención y el mayor tiempo: Busca que le des tú alma entera.
Pero ¿qué pasa cuando tu alma ya no está completa? Se han producido achaques, pequeños tumores y rasguños que ningún apósito y caricia pueden llegar a sanar.
Pues una de esas almas en pena enojadas con Cupido es la mía. Mí espíritu ya no quiere saber nada del amor. Que se largue a buscar y atormentar a otro y hagan lo que se le ocurra.
Yo directamente pasaré de ella y de sus pruebas.
Luego de tanta reflexión, mi conclusión es que las pruebas del amor son para joderte el alma. Sí. Te crean una ilusión óptica que no dura mucho tiempo. Afortunadamente, en ocasiones el tiempo ayuda a que ese ‘amor’ se demuestre tal cual es.
Gracias al Tiempo, pude comprender quién mentía, quien engañaba y quien no me amaba pero lisa y llanamente ya no guardo rencor. Sólo una sola frase para todas esas personas que por acciones malas o buenas, hicieron que yo las amase: ‘Todo se paga en vida’. Yo creo en el karma. El bendito boomerang.
Por cierto, me llamo Georg. No entiendo ni para qué me presento, pero es por las dudas. Me encuentro en la barbería que queda cerca de mi barrio, donde siempre voy a que me corten las puntas de mi cabello largo y lacio, cosa que en verano es indomable con la plancha.
El estilo de la barbería es clásico, como las de la década de los setenta. Muy linda y con una amplia clientela; trabajan más o menos quince personas en total aunque la mitad son ayudantes de los más experimentados. El lugar antes era una tienda de ropa femenina así que es grande. Hay un recibidor cerca de la puerta y frente a ella, un juego de divanes para que las personas esperen su turno. Bueno, pues yo estoy sentado allí mientras leo el diario.
Hasta que alguien parece interrumpir mi lectura.
—Hola guapo —exclama una voz a mi lado. Bajo el papel y miro hacia mi izquierda topándome con el rostro de un tipo a menos de diez centímetros del mío. Tiene el cabello corto, en un corte algo mohicano, pero sin nada de crestas, más tirándolo al costado, posee varios pendientes y pearcings y los ojos marrones delineados de negro. Me siento como un bobo mirando su rostro mientras él se acerca más y posa sus labios en mi mejilla, descubro que son suavecitos como los de mi mamá.
—¿P-por qué hiciste eso? —es lo único que logro decir mientras toco el lugar con mis dedos. Es tan rara esta situación para mí que no se cómo manejarla.
—Es mi forma de conquistar —me responde estrechando sus hombros para luego aproximarse nuevamente a mí. Me provee un beso en el mentón, y desciende hacia mi nuez, hace que me tiemblen las rodillas mientras gorgojeo para que se detenga. Cometo el error de mover mi cuello hacia la derecha para mirar por la vidriera como poco a poco la tarde comienza a caer, el misterioso chico muerde mi piel y no sé cómo adivina que ése es mi punto débil, el más escandaloso.
Aunque ese mini acoso se asemeja a algo demasiado sexual, él parece hacerlo con toda la ternura que le es posible.
—¡Ahh…! —sale de mi boca como un gritito de niña, avergonzándome frente a Melm, el único hetero que ocupa el lugar de recepcionista. Melm me mira y me guiña un ojo como diciéndome ‘Dale para adelante, es una máquina’, pese a eso lo miro con confusión.
—Vámonos Georg —dice cerca de mi oído haciendo que mi atención se centre en sus palabras; de paso trago saliva intentando dejar mis manos quietas sobre el diario que aún sostengo. Si las muevo, soy hombre muerto.
—¿A… A dónde? Y ¿cómo sabes mi nombre? —ahora me importa una mierda el diario y he de confesar que la situación me acojona un poco.
—Sé muchas cosas de ti —me dice. ¿De dónde saca eso? Si no nos conocemos; bueno en realidad, ¡yo no lo conozco!
—Mira que yo no juego así —intento meterle miedo aunque por la sonrisa que me está regalando se que en vez de eso, le doy pena —. Te hablo en serio, quien sea que eres.
—Mmm… Por ahora sólo llámame B —expresa poniendo sus manos alrededor de mi cuello, invadiendo aún más mi burbuja personal.
—¿B? —murmuro mirando hacia otro lado, intentando quitarme por lo menos una mano de mi hombro.
—Uhum —ronronea mientras su nariz recorre mi piel cercana al oído—.Vamos, tengamos una cita.
Oh no… Otra jugarreta del Amor. No puede hacerme otra vez esto.
Déjame de joder, loco. ¿Acaso no te es suficiente con todo el daño que ya me has causado tiempos anteriores? Déjame intentar arreglar mi vida yo solo, sin tu ayuda. No me sirves, amor, no me auxilias. Me contradices y me enloqueces, haces que todo mi cuerpo duela por culpa de tus puñaladas y eso no es de buenos amigos.
Eres mi rival, Amor y no te quiero.
—¿No ves que estoy esperando mi turno? —mi mal carácter sale a la luz en forma de mecanismo de defensa.
—Oh, pero si puedes venir mañana… Tu casa queda cerca —me sonríe, intentando quizá que yo me componga pero mi mal humor es excesivo y no quiere irse.
—Mira, no sé de dónde has sacado esas informaciones de mí que no te incumben, pero por favor, déjalo, ¿si?
—De acuerdo —dice con voz pequeña—, ¿te molesta que te hable? ¿Puedo seguir aquí hablándote por un tiempo más? Por favor —baja uno de sus brazos y acaricia la punta de mis dedos —¿Sí?
—Mjm —es lo único que le contesto antes de mirarlo. Su cara se me hace conocida, como que la he visto, pero no recuerdo dónde ni cuándo.
Sus ojos son tan dulces y agraciados, sus labios son algo finos pero llamativos, sus mejillas inexistentes, sus pómulos poco pronunciados.
—Geo —me habla Melm—. Tom se ha desocupado.
Apenas doy una mirada al chico B y me levanto del desván como si éste quemase. Camino con rapidez y me siento en la silla de Tom, mi suerte de peluquero preferido; de estatura alta, estilo rapero, trenzas en su cabello negro, lindo, gay y mi amigo desde la infancia.
Comenzamos a hablar mientras examinaba de a poco mis puntas algo florecidas y las cortaba sin pudor. Las cosas con Tom eran así desde siempre, sin vergüenza alguna ya que nos criamos en la misma calle y las mismas condiciones. Cuando un amigo es grande y valioso, la amistad perdura por años.
En eso sí creo, aunque he pasado por amistades fallidas pero que no han llegado a tocar mi corazón tanto como el amor. La amistad es más como un abrazo de bienvenida, ese beso de despedida y aquella sonrisa duradera.
Agradezco que las cosas sean así, amistad y amor con definiciones separadas.
Entre tantas cosas que hablamos, le cuento lo del chico. Y justo cuando Tom iba a decirme quién realmente era, como por arte de adivinación, el chico B llega hacia nosotros.
—Georg —me llama—, quizás ahora no te importe, pero… —Se me hizo raro que deje la frase sin terminar así que decido levantar mi cabeza sólo para luego encontrarme con que él toma las tijeras de Tom y las lleva detrás de su nuca. En ese milisegundo pienso en las probabilidades, sean acertadas o no, de que intentase suicidarse o algo parecido, pero al momento siguiente me siento tan absurdo como chupete en el lugar del pañal. Él se había cortado un mechón del cabello dejándolo, todo juntito y monocromático frente a mí, en la repisa—. Si me quieres dar una cita, esto te ayudará a encontrarme.
Y dicho eso, se fue dejándome descolocado.
—Uff… Es fuera de lo común mi primo, ¿no?
—¿Es tu primo? —apenas soy competente al cuestionar.
—Sip, primo hermano —dice tomando las tijeras y poniéndolas en su bolsillo.
&
Ha pasado una semana desde ese incidente en la barbería y aún no localizo al chico B. Esa misma noche, invité a Tom a tomar un par de cervezas con la única razón de que me cuente todo lo que sepa de su primo. Pero él renegó de decirme todos los datos que quise saber y solo averigüé que es hijo único, criado con su padre y que se llama Bill Kaulitz -para mí sigue siendo el chico B-. Le conté que él parecía conocer mucho de mí y me dijo que era verdad, que desde la primera vez que me vio y preguntó por mí, quiso continuar yendo todas las veces que le sea permitido encontrarme casualmente allí y que gracias a eso y a seguir indagando, pudo conocerme casi a fondo.
—Si hasta sabe que no te gustan los rubios, hombre —me había dicho Tom—. Se ha tintado de negro por ti.
Bueno, eso ya fue bastante. Debe ser un chico bastante cambiante o que se deja llevar por lo que le dicen los demás.
No entiendo por qué quiero verlo, pero con esa peculiar personalidad me ha dejado con intriga -cosa que no tolero mucho que digamos-.
Es increíble el tema del chico B por que en realidad me sembró tanto misterio que antes no la había sentido con otras personas, pero lo que precede es lo mismo. Estoy yendo por mal camino y el amor me sigue seduciendo hacia él. Está bien, no soy de piedra pero me prometí cambiar.
Y justo aparece este chico, desorientado como todos, peculiar como pocos y súper tierno. ¿De dónde lo sacaron a ese nene? ¿Por qué me eligió a mí? ¿Por qué yo no lo vi? ¿Cuántos años tendrá? ¿Será rubio natural? ¿Por qué me dio un mechón? Tantas cosas que puedo averiguar de él que no sé por donde comenzar. ¿Y si le pido ayuda a alguien? Pero si el único que sabe de él es Tom.
¿O los demás de la barbería sabrán? Oh, ¡sí! Melm lo conoce, estoy seguro. Tomo mi móvil y marco en mi agenda de contactos su nombre, lo llamo apresurado y con la curiosidad haciendo que mis huevos se vayan a mi garganta.
Me incorporo del sofá donde estaba acostado, parece que mi espalda arde de la pena.
—¿Hola? —contesta una voz femenina algo adormilada; claro, es temprano aún y encima domingo.
—Hola, disculpa. ¿Melm está? —digo tímido.
—Mjm… Espera —se oye un traqueteo mientras la llamada sigue, luego unos cuantos pasos y la chica gritando a todo pulmón, gracias a eso mis oídos se destaparon—Eh… Hola.
—Melm, soy Georg.
—Ey, nene —su voz de descontento se minoriza— ¿Qué pasa?
—Nada fuera de lo normal. ¿Qué tal?
—Bien por fortuna, a punto de ir a comenzar el día.
—Oh, qué lindo. Melm, disculpa la hora, pero necesito que me ayudes con algo urgente —mis uñas a pesar de ser cortas son aprisionadas por mis dientes al tiempo en que las muerdo con ansias.
—Ok, dime.
—¿Conoces a ese chico que estuvo conmigo la semana pasada? ¿El de cabello negro y corto?
—Sí —contesta secamente.
—Necesito que me digas todos los datos sobre él, como por ejemplo a qué se dedica, donde vive o si tiene algo en vista, algún candidato que le mueva el bote —toda mi investigación sobre el chico está en sus manos, se lo escucha dudar y tarda en responder con palabras.
—Discúlpame Geo, pero él me hizo prometer que no te diría nada. Y tú sabes: Una promesa es una promesa.
—¡Mierda! ¿Y yo cómo voy a conocerlo ahora? —comento con voz neutra.
—No lo sé, él sólo me dijo que tú tendrías que averiguar por ti solo si deseabas encontrarlo o tener una cita. Es un chico raro, lo viste.
—No le digas raro, no por tener gustos diferentes cambia la persona —salto en su defensa.
—Tsk, ¡hombre! Nunca los trato de eso. ¿Te olvidas que tengo a mi hermana casada con otra mujer y están esperando un bebé? Soy tolerante, nene.
—Okay, perdón por sobrepasarme —en definitiva, soy un tremendo estúpido impulsivo. ¡Carajo, si por eso también me va mal en la vida!
—El chico te tiene mal, viejo. Ya no estás para estos juegos de corretear al ratón.
—Tienes razón —suspiro acostándome de nuevo en el sofá.
—Te digo que es raro, pero no por nada malo. Sino porque no es un chico mediocre. Si tú lo vieras caminar por la calle descubrirías lo llamativo que es y si lo pasarías desapercibido es por que eres ciego, Geo, en serio. Por otro lado, si sólo sigues las pistas que el niño te deja, lo encontrarás. Está fácil.
—Claro, a ti porque lo conoces más tiempo que yo.
—Pff. Lo conozco casi al mismo tiempo que a ti, la barbería no es nada sin lo que hay detrás de ella. Y si tú no lo viste es porque no quisiste, a veces eres tan despistado que podría estar enfrente de tus narices y tú ni cuenta.
—Gracias, mamá. Por hacerme acordar lo torpe que soy —exclamé recordando los tiempos en que mi mami me retaba por ser tan zopenco y destrozar cualquier cosa que antes ‘era’ irrompible.
—Ey, no es tampoco para que te pongas así. Mira, enfócate en encontrar una pista más y yo te daré un dato importante. ¿Vale?
Lo pensé por un ratito.
—Sí. Vale, gracias y perdona que te haya molestado tan temprano.
—No es nada, igual mi novia ya iba a levantarse en cualquier momento. Hoy vienen sus padres a almorzar con nosotros.
—Uh… Suerte entonces —contesto sonriendo.
—Ok. Adiós —corté la llamada y dejé el móvil reposando en mi pecho mientras observaba a nada en particular. Debía encontrar otra pista, sólo una más y se me abriría el cielo. Literalmente hablando.
&
Son las nueve y treinta de la noche del domingo y no encontré ningún rastro más para que Melm me pudiese ayudar y gracias a esto me siento como la mierda.
No me entiendo ni creo poder entenderme luego. ¿Cómo es que pasó que sin que yo conociera a ese individuo se pudiese meter tan dentro de mi mente, que en todos los momentos del día yo lo mantenga palpable, sin pensar en algo con más importancia?
¡Dios! Ni me puedo controlar. ¿Qué ha hecho ese chico conmigo en una sola semana? Su recuerdo se debía nublar con el tiempo pero al pasar los días noto que más lo debo encontrar.
Y además se suma que soy tan incompetente como para encontrar una pista más. Hablé de nuevo con Tom, pero no me ha dicho nada que me pudiese ayudar, sólo que estaba fácil y que ni llegaba la vuelta de la esquina.
¿La vuelta de la esquina? Si ni en la esquina ni en la vuelta no vive nadie.
Tengo que rendirme ya que hasta las esperanzas se me desvanecen.
Niego repetidas veces con mi cabeza y busco en una repisa de mi habitación su mechón de cabello que secretamente guardo. Lo envolví en un papel para que no se pudiese perder, lo observo como si la vida se me fuera en ello y me siento en el piso, al lado de mi cama.
Lo oscuro que envuelve al verdadero y auténtico color de ese pelo me hace recordar las locuras que yo también cometí por amor. Me imagino que este chico no está enamorado de mí, debo ser únicamente un capricho.
Como él lo debería de ser para mí.
Apresuro a intentar sentir la suavidad de mi ‘reliquia’ más cerca de mí y llego a atisbar el aroma suave de un champú que conozco a la perfección: El de la barbería, con sabor a uva.
Y ahora lo entiendo todo, si es que no vuelvo a equivocarme.
Tom dijo que no llega ni a la vuelta de la esquina por que la barbería se encuentra en medio así que es imposible que yo deba cruzarla para seguir buscando al chico B, y Melm me había dicho que la barbería no existiría si no fuera por lo que hay detrás.
Detrás hay una casa: La casa donde vive el dueño del local; todo lo que sé sobre esa casa es que está en muy buenas condiciones gracias al alquiler que los de la barbería le pagan, además por que sólo viven dos personas allí.
Si no estoy errado, se trata de Bill y su papi.
¡Sí! Qué tonto para no darme cuenta de las pistas. Es obvio que me conoce porque todas las veces que fui al lugar él estaba allí, esperando por verme sin que yo sepa que él existía hasta el día en que se animó a hablarme, bueno más bien besarme.
Tengo que hablar con él, tengo que ir a buscarlo.
Dejo cuidadosamente el mechón en mi cama y corro de mi habitación para ir fuera, no se por qué, pero presiento que debo apurarme. Mientras me dirijo hacia la calle intento llamar a Tom para contarle que ya descubrí donde puedo hallarlo, pero el maldito no me atiende.
Corro por la acera de mi casa y sin mirar si pasan o no los autos, paso la calle para poder llegar a la de Bill.
Oh… Tanto tiempo estando tan cerca del chico que me atrapó en solo una semana y nunca lo percibí.
Cuando llego en frente del local, justo escucho como alguien sale del pequeño callejón que hay en un costado del lugar, aún con mi respiración entrecortada camino ese trecho y espero a que esa persona pase.
—Muchacho, ¿andas perdido? —me dice un señor alto y canoso mirándome. Yo me doblo y apoyo mis manos en las rodillas para descansar.
—Señor… ¿Está Bill? —apenas sale la frase de mis labios.
—Oh, eres uno de sus amigos ¿cierto? —yo asiento incorporándome—. Vamos, pasa que está dentro preparándose para irse.
—¿A dónde? —murmuro para mí con inquietud aunque el señor parece oírlo.
—Tiene que ir hacer unos peinados a domicilio. Le pidieron turno la semana pasada, creo que es para una despedida de soltera o algo así.
—Ah… —exclamé más calmado mientras entramos a la casa que quedaba más o menos tres metros al fondo del local. Su sala de estar parece muy acogedora aunque sólo vivan dos personas. El padre del chico B camina hacia donde supongo está la cocina y habla bajito con Bill.
—Muéstrale donde está mi habitación, mientras termino de lavar esto —oigo esa melodiosa voz que tanto temo. Temo lo poderosa que puede llegar a ser para mí.
Pero la vida se basa en eso ¿no? Tratar de arriesgarse y perder los miedos que una vez te produjeron dolor en el pasado. Si todo iría bien, mis desconfianzas acabarían pronto.
—Sígueme… Ehm… ¿Cómo te llamas, hijo?—dice el hombre al tiempo en que camina hacia un pasillo hacia la derecha.
—Georg —le contesto con entusiasmo y timidez.
—Bueno —dice al plantarse en una puerta—, Bill ya viene, ponte cómodo.
Me deja solo y mi corazón comienza a temblar. Sí, por que mi corazón en situaciones algo amorosas como ésta no palpita fuerte, sino que comienza a temblar. En otros tiempos palpitaba, ahora sufre de pequeños tornaditos que le causan dolor. Mis manos lloran, no sudan. No me ruborizo, me pongo azulino. No trago saliva sino que me atraganto y me da ataque de tos.
Y justo en el momento en que mi tos está peor, siento como alguien entra al cuarto y no logro ver bien por que mis ojos se sienten demasiado ardidos y no dejan de parpadear, me doy la vuelta para que Bill no me vea de esta manera tan deprimente.
Todos estos síntomas me hacen pensar que el Amor volvió a pegarme fuerte con el bate más macizo de béisbol.
Espero unos segundos a tranquilizarme y volteo para mirarlo.
Cielos, olvidaba cuán hermoso es. Mientras yo lo observo embobado, él me sonríe y se acerca, posa sus brazos a cada lado de mi cintura y me da un pequeño abrazo para luego separase antes de que yo pudiese corresponderlo; toma mi rostro entre sus manos con tal delicadeza que pareciera que su piel es terciopelo y con ternura posa sus labios en los míos. Yo no soy capaz de moverme, ni de respirar hasta que el se separa y mira a mis ojos.
—Viniste —murmura abrazado a mi cuello con su cabeza gacha y sus labios cerca de mi oído— Me encontraste por fin. ¿Cómo?
—Seguí tu pista —puedo contestar con firmeza ahora que lo he reconocido y se halla abrazado a mí.
—De varios a quienes hice esa prueba, llegaste primero… Entonces serás el único para mí —vuelve a besarme y esta vez correspondo con suavidad y firmeza. Mis manos se trasladan a su cintura y acaricio tiernamente sus costados.
Posiblemente el amor siga siendo enigmático y el peor de los males. Pero gracias a un mechón de cabello, todo lo que el amor antes me prometía se transforma ahora dándome lo que siempre necesité.
Una persona que me ofrezca todo su amor.
Un chico único.
Bill.
F I N
Espero que les haya gustado *apenada*