Nightmare Before Birthday

Nightmare Before Birthday

Este Fic está basado en el video-juego: Five Nights at Freddy´s. Si quieren pueden buscar videos en internet sobre el juego.

«Nightmare Before Birthday«

(Pesadilla antes del cumpleaños)

Recuerdo el día cuando llegue aquí. Solo era un pequeño cachorrito. Sí, pequeño, aunque ya tenía unos meses de edad. Pero desde que estoy en este lugar, con mis nuevos dueños, nunca dejo de ser feliz. En realidad, desde que los Kaulitz me rescataron de mi antiguo hogar, soy más que feliz. ¿Por qué? Se preguntarán. Bueno, se los explicaré en esta historia.

Tenía dos semanas de edad cuando mi antiguo dueño me encontró en la calle. Solo, hambriento, con frío, sin nadie con quien contar. No olvido ese día, me tomó en sus cálidos brazos y me acogió en su casa. Me dio un baño, me llevó al veterinario, y después, fui como un hijo para él. Creo que su nombre era: Andrew, pero no recuerdo su apellido, tampoco recuerdo el nombre que me puso esa vez. Pero sí me acuerdo del día en el que nuestra amistad terminó.

Era de mañana y como siempre solíamos hacer, me despertaba haciéndome cosquillas, y luego lo acompañaba mientras desayunaba. Tomaba su café mientras buscaba un trabajo en el periódico. Bueno, él había perdido su antiguo empleo, nunca me dijo por qué. –Oh, pequeño, mira, esto se ve interesante- me dijo mientras me mostraba una imagen en el periódico. No sabía leer, así que no sabía que decía, pero vi la imagen de un oso robot. ¿Qué era eso? Miré a mi dueño para que me lo explicara.

-Aquí dice que están buscando a un guardia de seguridad para cuidar la “Pizzeria Freddy´s” por la noche. Este lugar es un restaurante especial para los niños. Cuenta con unos robots con forma de animales llamados: “Animatronics” Ellos montan un espectáculo muy divertido- me explicó. Vaya, sonaba muy interesante. Tal vez Andrew piense trabajar ahí.

-¿Qué dices amigo? ¿Crees que pueda gustarme?- asentí con dos ladridos, y al parecer mi dueño entendió.

Por la tarde fuimos a ese lugar a preguntar sobre el trabajo. El dueño del restaurante nos hizo un tour por toda la pizzería y luego nos presentó a los Animatronics. Eran cuatro, un conejo, un oso, un pato y un zorro en mal estado que ya no servía, porque de verdad estaba hecho una porquería. Después le comentó a Andrew sobre en qué consistía aquel trabajo; debía estar en una cabina haciendo guardia desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana, solo por cinco días. Y estar pendiente de todo lo que pase por la noche. En la cabina había una pantalla donde podía ver cada parte del restaurante sin tener que estar patrullando por los rincones. Aunque, algo me llamó mucho la atención. El dueño le dijo en una de esas, que por sobre todo, estuviera atento a los Animatronics. Ellos no tenían un botón de apagado, y a veces podrían estar rondando por los pasillos entre la oscuridad. Sentí algunos escalofríos. Sería raro estar viendo las cámaras, y que de la nada se aparezca un Animatronic caminando por ahí. Sacudí la cabeza por el pensamiento.

Andrew se arrodilló hasta quedar a mi altura y rascó mis orejas. -¿Tú que dices? Esto es fácil y pagarán bien. Además, él dueño me dijo que si quería, podía traerte a trabajar conmigo, ya sabes, para hacerme compañía- solté un ladrido y lamí la cara de mi dueño. Sí, sí, sí. Sí quería, si estaba con él, sería mucho mejor. –Está bien, aceptaré el trabajo. ¿Sabes? No creo que sea mucho problema tener a los robots rondando por ahí. No hacen nada. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Cierto, ¿qué podría pasar? Solo son animales que no hacen nada más que cantar y bailar. El trabajo era perfecto. Estaría junto a él como perro guardián. Sonaba divertido. Claro, lo sonaba en ese momento. Tal vez, si me lo hubiera pensado mejor, no hubiera aceptado. La cara del dueño era extraña cuando aceptamos el trabajo, era una mezcla entre lástima y temor. ¿Por qué? ¿Qué sabía? No estaba muy convencido todavía, tenía un mal presentimiento en mi corazón de cachorrito, pero ya era tarde para arrepentirse. Comenzaríamos a la semana entrante, y era justo la semana en la que había nacido.

Nos dirigimos al restaurante a las doce menos diez para llegar con puntualidad. En la puerta nos dio la bienvenida el otro guardia de seguridad, quien nos enseñó a cómo usar la pantalla de las cámaras de los pasillos, también nos enseñó a encender las luces de algunas habitaciones y los botones para cerrar las puertas que estaban a los costados de la cabina en la que montaríamos guardia. Pero nos aconsejó que no cerráramos las puertas ni encendamos las luces. Solo en caso de emergencia. Porque la batería del centro de funcionamiento se podría acabar y nos quedaríamos completamente a oscuras. Y eso no sería muy bonito. Ese hombre fue muy gentil, y le caí bien. Antes de irse, murmuró algo, no escuché bien, pero lo que entendí fue: –“Solo espero que… no intenten… esta noche. Porque me daría pena verlos muert… en su primera vez” ¿A qué se refería con eso? ¿Qué quiso decir? ¿Qué quería decir con: “muert”? ¿Qué significaba? ¿Por qué no nos lo advertía antes de que algo malo pasara?

Esa primera noche fue tranquila. Andrew me hizo una pequeña camita para que durmiera, pero no quería, montaría guardia y protegería a mi amo si algo malo podría llegar a pasar. Nos quedamos viendo las cámaras. Los cuatro Animatronics estaban en la habitación correspondiente, y no había movimiento, tampoco pasaba nada extraño en los otros cuartos. Quizá escuché mal sobre que los robots podrían moverse. Solo eran máquinas comunes y corrientes. Eso pensaba entonces.

Vi que Andrew dio un salto, del miedo. Reaccioné de inmediato y subí al regazo de mi dueño, quien veía la pantalla con atención. Al parecer, faltaba un Animatronic, el conejo. Lo buscamos por todas las imágenes de las cámaras, hasta que lo encontramos. Estaba en un pasillo un poco cerca de nosotros. Se me erizó el pelaje. ¿Qué pasaba si llegaba hasta nosotros? –Tranquilo, no pasará nada, será mejor que duermas un poco- me dijo mientras rascaba mis orejas. ¿Dormir? ¿Cómo cree que podré dormir mientras estos muñecos andan por la pizzería con toda la libertad del mundo? Tengo miedo, soy solo un pequeño cachorrito. No sé, prefiero quedarme a dormir para olvidar todo esto. Aunque no quiera, el sueño también me gana y termino con los ojos cerrados en el regazo de mi dueño.

Pasa el tiempo, y abro los ojos como a las cinco y media de la mañana, ya solo falta un poco más y vamos a casa. Todavía tengo la vista muy borrosa, pero vi cosas extrañas. Las puertas estaban cerradas, pero al lado de cada una había ventanas, en las cuales se encontraban más de los Animatronics, cada uno mirando con mucha atención. Vi a mi dueño, quien se mantenía sumamente quieto, y al parecer sus ojos reflejaban miedo. En cuanto se dio cuenta que desperté, susurró mientras me acariciaba. –Duerme, duerme, duerme…- y así lo hice.

Volví a abrir los ojos, ya estaba en casa, el sol había salido por fin. No entendí como había llegado a mi casita, pero seguramente era porque el turno de mi dueño terminó y volvimos a descansar. Busqué por toda la casa, hasta que lo encontré. Estaba en la cocina, sentado en una silla con la cara sobre la mesa del comedor y las manos agarrando torpemente su cabello. Escuché que murmuraba: –“Tranquilo, tranquilo Andrew, no temas, solo son unos robots, solo unos robots,  no hacen daño, no hacen daño”

Me preocupé, ¿qué fue lo que pasó todo ese tiempo que estuve dormido? No lo recuerdo, solo sé que vi algo, pero era muy borroso. La siguiente noche fue muy parecida. Me obligo a que me duerma y yo, abatido por el sueño, obedecí. Creo que, escuché gritos entre sueños. No tengo idea si fue algo real, o solo mi imaginación, pero eran gritos. Abrí mis ojos un poco asustado, y me volví a encontrar con las puertas cerradas, dos Animatronics mirándonos por la ventana, y en la pantalla, había otro mirando directamente a la cámara, con un rostro completamente aterrador. Nuevamente mi amo me obligó a cerrar los ojos, y así lo hice. Y como si hubiera sido el mismo día, pasó lo mismo que ayer. Andrew estaba en la misma posición sobre la mesa mientras murmuraba palabras de consuelo para tranquilizar sus nervios. Y me vuelvo a preguntar. ¿Qué ha pasado cuando estuve dormido?

La tercera noche, fue horrible. Aunque a mí dueño le aterraba la idea de volver a trabajar, lo hacía por el dinero. No entiendo a los humanos, yo hubiera salido huyendo la primera noche. Me pidió que me durmiera mientras me hacía cariñitos, pero no quería, hoy sí vería lo que pasaría. Sin embargo, estaba muy cansado. Luché contra el sueño, mis ojitos querían cerrarse pero yo todavía seguía luchando. No, no puedo dormir esta noche, debo mantenerme despierto a toda costa. Abrí los ojos por última vez, y me encontré con uno de los robots, estaba frente a nosotros, pero Andrew cerró la puerta, y la otra también. Que extraño, bueno, seguro fue cosa del sueño. Cerré mis ojitos de perrito por completo, hasta que recordé que si cerraba las puertas, la batería se agotaría y nos quedaríamos a oscuras. Miré a mi amo, había pánico en su interior. ¿Qué estaba pasando ahora? –Duerme, no es seguro, duerme- me pidió. ¿No es seguro? ¿Qué? Ahora sí no podré dormir. Y no lo hice, pero por desgracia no pude ver absolutamente nada de lo que estaba pasando, porque mi dueño me obligó a mantenerme debajo de la mesa, donde no se veía nada de nada. Pero podía ver las puertas que se mantenían cerradas. Si no las abría la batería se agotaría y empezaría el terror. Tenía miedo, además por los gritos que a veces salían de la boca de Andrew, quería ayudarlo pero no me dejaba salir de ahí abajo.

-Oh, no- lo escuché murmurar. Levanté la cabeza. –Solo me queda 5% de batería. ¡No!-se agarró de los cabellos mientras comenzaban a caer lágrimas de sus ojos. ¿Era el fin? No, no podría ser, era imposible. Me sacó del escondite y me llenó de besos y abrazos. –Lo siento pequeño- me dijo. ¿Por qué lo sientes? Mi amo levantó la cabeza mientras miraba a todos lados. Luego se levantó de la silla y abrió un armario, en donde me soltó con delicadeza. –Nunca te olvidaré amigo mío, siempre te amaré- me abrazó una última vez. –Prométeme que no saldrás hasta que suenen las campanadas de las seis, ¿entendido? Aquí estarás a salvo.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no me lo decía de una vez por todas? Me soltó y luego cerró las puertas del armario, estaba oscuro, comencé a aullar lleno de temor. Luego me callé en cuanto escuché algo así como el sonido de las máquinas apagarse, la batería se agotó. Hubo risas macabras, gemidos, respiraciones, y luego, el sonido de una caja de música. Después un grito agudo que no reconocí de quien venía, pero me di cuenta de otros gritos que se escucharon después. Era mi amo. ¿Qué estaba pasando allí afuera? Sonaba como si alguien lo estuviera torturando, era horrible. Empujé un poco la puerta del armario para ver. Fue el error más grande que pude haber cometido en mi vida. Los Animatronics lo estaban matando. Pero no de una forma normal. Los robots tenían un traje de otro Animatronic, en el que intentaban meter el cuerpo de Andrew dentro, quien todavía estaba vivo. ¿Cómo pueden hacer eso? Es imposible. El traje es muy pequeño y está lleno de cables, metales y otras cosas, sería muy difícil meterlo ahí. A menos de que lo hagan a la fuerza. Me dieron escalofríos. Y pues, fue justo lo que hicieron. Uno de los robots lo sostuvo fuertemente de la cabeza y lo empujó hasta que logró entrar enteró. Sus huesos crujieron al romperse y vi la sangre caer por la boca de mi dueño como vómito. Ahora sin duda alguna ya estaba muerto. Me alejé y me quedé en el rincón del armario, mientras lloraba en silencio.

Al día siguiente, otras personas me encontraron en el armario y me llevaron. Me di cuenta que había mucha gente aquí. Policías, otros guardias, el dueño del restaurante. Todos hablaban sobre lo sucedido. La muerte de mi dueño. Cuando me sacaron vi una vez más el cuerpo de mi dueño, destruido, ensangrentado dentro de ese traje de Animatronic. De verdad era horrible, sus ojos le sobresalían, sus piernas estaban abolladas, era un desastre.

Después me pusieron en adopción y ahí fue donde conocí a los jóvenes Kaulitz, dos gemelos muy unidos e interesantes. Aunque me hacían la vida feliz, todavía no olvidaba esa horrible noche. Era un cachorrito indefenso que presencio la muerte de su amo, quien fue asesinado por robots andantes y macabros. No puedo olvidarlo, Andrew murió la tercera noche de su trabajo.

&

Pasó el tiempo, ya era más grande y estaba a punto de cumplir mi primer año de vida, al día siguiente sería mi cumpleaños, y mis nuevos amos planeaban algo muy especial para mí. Me encantan mis dueños, sobre todo el humano llamado Bill. Es muy tierno y dulce conmigo, siempre me llena de cariños, besos y comida. Creo que soy su niño mimado. Cada día después de las compras llegaba con una bolsa gigantesca de comida para perros. Sí, ya había subido unos kilitos. Él y su hermano gemelo Tom, son integrantes de una banda muy famosa. Lo cual a  mí me convirtió en un perrito famoso. Eso era nuevo para mí, no sabía nada sobre la vida de fama, pero me integré muy bien. Solo debía actuar como el perrito dulce y tierno. Y no era muy difícil hacerlo. Aunque lo que más me molestaba de la vida de una estrella, eran las sesiones de fotos. Sí. Yo quería ir a jugar o comer algo, pero debía estar ahí, ahí posando frente a la cámara. Quieto y sin hacer gran cosa. A Bill le iba muy bien con las fotos, pero yo, la mayoría de las veces salía mostrando el trasero a media cámara. Sinceramente no era lo mío. Sin embargo, era una profesión más bonita y segura si la comparamos con la de mi antiguo dueño. Cada vez que pienso en eso me dan escalofríos, lloro y tengo pesadillas.

Caminé en busca de mis dueños, la casa era grande, las primeras veces me perdía un poco. Encontré a Bill y Tom charlando en la cocina, hablaban sobre mi cumpleaños. No sé qué me tenían preparado. Pero a juzgar de todo el secreto que había seguro era una fiesta sorpresa. ¡Que emoción! ¡Ya no puedo esperar para el día de mañana! Me imagino la comida, los invitados, los regalos, y los cariños que recibiría. De verdad me convertí en un perrito mimado. Pero me gusta.

-¡Pumba!- gritó Bill al verme frente a sus pies. Me alzó entre sus brazos y me llenó de besos. Pumba, ese era el nombre que me había puesto. En realidad me gustaba mucho, era divertido. -¿Emocionado por tu cumple?- preguntó, y yo asentí con dos ladridos.

-Ya verás pequeño, te encantará lo que tenemos planeado para ti- dijo Tom mientras acariciaba torpemente mi cabeza. Yo me quejé, y sonrió.

-Ahora ve a dormir Pumba, tenemos que hablar con Tommy sobre tu cumpleaños de mañana- mi dueño me dejó en el suelo y corrí a mi camita.

Me acosté entre las almohadas y cerré los ojos pensando en el gran día de mañana. Todo era muy lindo, estaba muy feliz por eso. Sin embargo, por alguna extraña razón, tuve una pesadilla.

Aparecí en una cabina, la cual tenía dos ventanas a cada lado y dos puertas. Había una pantalla frente a mí, que mostraba las grabaciones de las cámaras de seguridad de cada habitación. Oh, no. No otra vez. Estaba montando guardia a las doce de la noche en la “Pizzería Freddy´s”. Miré a todos lados, pero no había rastro de Bill, tampoco de Tom, y sin duda alguna, tampoco había rastro de mi antiguo dueño Andrew. Estoy solo, sin saber qué hacer. Solo soy un perrito indefenso. ¿Qué puedo hacer? Me quedé calladito acurrucadito en la silla, pero sé que si me quedo así, sería un sacrificio, tengo que moverme. Recordé todo lo que Andrew hacía. Mirar la pantalla varias veces para saber que está pasando, encender las luces de los pasillos, y cerrar las puertas por si los Animatronics están aquí. Sacudí mi cabecita antes de empezar.

Miré la pantalla, y cambié de imagen hasta que llegué a la de los robots, todos estaban ahí, no había señal de movimiento aún, eso era bueno. Me aparté de la pantalla y miré a todos lados. Si ellos seguían ahí sin señal de nada, todo estaba bien. De repente escuché un sonido, algo así como un chillido. Miré la pantalla nuevamente, faltaba el conejo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que hacer eso? Busqué entre todas las cámaras hasta que lo encontré. Estaba parado en la habitación de juegos. Dios, se veía aterrador ahí parado, y podría jurar que tenía rastros de sangre en su boca. Sin embargo no estaba cerca de aquí, no habría porqué cerrar las puertas todavía. Todo estaría bien, estoy seguro, sobreviviría esta noche.

Volví a escuchar el mismo chillido, miré las cámaras, el conejo seguía ahí, el pato se había movido. Estaba en el pasillo de la izquierda cerca de la cabina. Encendí las luces, ahí estaba. Me miraba atentamente, su boca estaba bien abierta y llena de colmillos ensangrentados. Cerré la puerta inmediatamente para que no pudiera entrar. Ahora sí tenía miedo. Miré la hora, eran las tres de la mañana. Todavía faltaba.

No escuché chillido alguno, pero me di cuenta que el conejo se había movido, ahora estaba en el pasillo de la derecha. Cerré esa puerta, y abrí la otra para no gastar batería. Por suerte el pato ya no estaba, ¿y dónde se había ido? Lo busqué por todas partes, y lo encontré. Estaba en la habitación del comedor, y junto a él, estaba el zorro. Ese sí me daba miedo, era tan delgado, sus ojos eran negros y hundidos, y su sonrisa llena de afilados dientes. El único que no se había movido hasta ahora era el oso. Eso era bueno, pero se me hacía que si no se movía, significaba que planeaba algo malo.

Me quedaba la mitad de batería, si la puerta seguía cerrada sería mi fin como el de Andrew. La abrí con el miedo de toparme con el conejo, pero no estaba, por suerte. Ahora debía buscarlo. Lo encontré con facilidad en un habitación, pero no sabía que habitación, porque su rostro ocupaba toda la pantalla. No tenía ojos y su boca estaba más que abierta, podía ver su interior, oscuro y lleno de cables y demás cosas que tiene un robot. Cambié a la vista de otra cámara, no quería verlo, era de verdad horrible. Ahora entiendo por qué Andrew quería que durmiera. Me protegía, para que no sintiera el mismo miedo de él. Pero ahora, sí lo sentía. Miré nuevamente la pantalla. Esto era malo, estaba en el cuarto donde supuestamente debía estar el oso, pero no estaba ahí. Lo busqué inmediatamente. Y fue feo encontrarlo en el mismo lugar del conejo mirándome los dos directo a la cámara con esos horribles dientes y esos ojos tan blancos y con un punto negro que tenía el oso. Mi corazón latía a mil por hora. Busqué al zorro y al pato para asegurarme de que estaban en su respectivo lugar. No, no lo estaban. Encendí las luces de los pasillos. Frente a mí, el zorro y a su lado el pato. Cerré las puertas nuevamente. Me estaba quedando sin batería. Miré la hora. Las cinco. Solo un poco más, solo faltaba un poco más y podría hacerlo.

Nuevamente busqué al oso y al conejo, ahora ya no miraban directo a la cámara, estaban en diferentes partes de cuarto, cada uno contemplando a un traje de Animatronic ¿Traje de Animatronic? ¿No era el mismo en el que habían metido a Andrew? Tenía la forma de un oso color dorado. De él sobresalía mucha sangre, pero no podía ver nada más, porque todo estaba oscuro. Después volví a las cámaras de los pasillos, el zorro y el pato ya no estaban, eso era bueno. Abrí las puertas. Todavía tenía poca batería, pero me alcanzaría. ¿Dónde estaban los otros robots? Busqué a los muñecos por todas partes, y los encontré en la misma habitación del conejo. Todos, contemplando al traje de Animatronic. ¿Qué iba a pasar ahora? Estaba por gritar como un perrito, hasta que veo la hora cambiar. Ya serían las seis y esto acabaría. Faltaba poquito, muy poquito, pero de pronto, el tiempo se detuvo. ¡No! ¡No! ¡No! ¿Por qué? ¿Qué pasó? Escuché el sonido de una caja de música, y miré a la pantalla. El traje de robot se comenzó a mover frente a mis ojos, y camino hasta la puerta seguido por los otros muñecos. Quise cerrar las puertas, porque era obvio que venían hacia mí, pero no cerraban. Era imposible, todavía me quedaba batería. ¿Por qué no cerraban? La pantalla cambió de cámara, ya estaban en el pasillo. No, no, no. ¿Qué hago ahora?

Pararon, todos pararon, nadie se movía. Estuvieron varios minutos así. Tal vez ya había acabado. Pero el tiempo seguí detenido. En eso, el conejo comenzó a correr seguido por el zorro, el pato y el oso, ya iban a llegar, ya iban a llegar hasta mí. Un grito se escuchó, y aparecieron frente a mi cara mientras seguían con sus gritos macabros. Me acurruqué entre la silla mientras los veía acercarse. ¿Me meterían en otro traje de robot? ¿Qué serían capaces de hacerme? Cerré los ojos, y todos los ruidos terminaron, los abrí nuevamente, y frente a mí, solo estaba el disfraz de oso dorado. Me daba miedo tenerlo así de cerca. No se movía, pero ahora podía verlo bien. Sí, estaba cubierto de sangre, le sobresalían ojos y al parecer, se podían distinguir algunos huesos dentro. Sin duda alguna, era Andrew. Me acerqué, no me haría nada, tenía mucho miedo. ¿Qué hago ahora? Lo miré de pies a cabeza, y cuando llegué a su rostro me quedé mirándolo fijamente. Escuché el sonido de una caja de música nuevamente, las luces se apagaron y luego, él saltó sobre mí.

Abrí los ojos. Desperté. ¿Qué había pasado? Miré a mí alrededor con mucho miedo todavía. Estaba en mi casita, en mi camita, con mis nuevos amos. Todo fue una horrible pesadilla. Me dirigí a la cama de mis amos, quienes dormían. Eran las seis de la mañana. Qué extraño, en mi sueño faltaba un minuto para esa hora. Dejé mis pensamientos a un lado y me acosté junto al humano Bill, quien despertó. -¿Qué pasa, Pumba?- me preguntó, despertando también a Tom. -¿Tuviste una pesadilla?- me acarició. No quise responder, estaba muy asustado como para recordarlo. En realidad, más que asustado. Ahora entiendo qué fue lo que le pasó a Andrew ese día, ese día de su muerte.

&

Estaba entre las piernas de mi amo Bill. Iríamos a un lugar a celebrar mi cumpleaños. No sé dónde iríamos, pero estaba muy emocionado. Tal vez iríamos a un parque, a la casa de los tíos G´s, a visitar a mis otros amiguitos. No lo sé, pero estoy muy feliz. Miré por la ventana. Estábamos entrando a una calle un poco extraña y medio abandonada. Se me hacía familiar, no lo entiendo, nunca he venido por aquí. Eso creo.

En cuanto Tom estacionó el auto, bajé como un rayo y ladré para pedirles que se apuren. Frente a mi había un edificio, lleno de globos y cosas por el estilo, y tenían unas letras que decían el nombre del lugar. Como soy un perro, no sé leer, pero de verdad, de verdad se me hacía muy familiar. Como si ya hubiera estado ahí. Entramos, y toda la fiesta, toda mi felicidad y emoción desapareció. Frente a mí, en un escenario, estaban los cuatro Animatronics.

Me llevaron a la “Pizzería Freddy´s”

&   FIN   &

¡Hola! Gracias por leer este One-Shot, espero que no me odien por hacerle eso a nuestro querido Pumba. Perdón, por favor no me odien, es que quería hacer algo diferente. Yo amo a los animales y sobre todo al hermoso Pumbi. No me malinterpreten con este One-Shot. Jeje. Solo espero que lo hayan disfrutado y que les haya sacado alguno que otro susto jeje. Ya me conocen, soy Maléfica jajaja. ¡Besitos y gracias por sus lecturas!

por Aura Johannessen

Escritora del fandom

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