
Continuación del Drabble «Rojo»
«Pienso en Rojo, pienso en Ti«
(One-Shot de Aura Johannessen)
Todos esos años, esos dulces años que pasaron junto a mi mejor y único amigo que tanto amo. Y hasta ahora, no puedo confesarle todo lo que siento por él. Soy un idiota. Tengo 21 años y sigo siendo un completo idiota y un marica. Pero no me importa. ¿Cómo te sentirías cuando el amor de tu vida es tu mejor amigo? ¿Le confesarías todo? ¿Teniendo en cuenta que si se asusta te puede dejar para siempre? No puedo hacerlo, tengo miedo, no quiero que me deje. Por eso, prefiero desahogarme pensando todo el día y toda la noche en él. A veces no puedo quitarlo de mi cabeza, a veces no puedo dormir por eso, a veces hasta no como, solo quiero tenerlo entre mis brazos. Cada vez que veo el color rojo de las rosas, de los autos, de las mariquitas, no dejo de pensar en mi Bill. Todavía es mi color favorito, algunas veces puedo verlo entre sus mejillas, me encanta cuando se sonroja, se ve perfecto con ese hermoso color. Desearía tanto despertar y que su rostro esté frente a mí, y luego que sus mejillas se llenen de ese color tan apasionado. Lo besaría mil veces hasta quedarme sin labios. De verdad, lo amo demasiado, daría mi vida por él, haría lo que sea por conseguir su amor. Pero es imposible, no creo que él sienta lo mismo por mí. Es algo tan triste.
Un día me encontraba sentado en uno de los bancos del parque en el que conocí a mi Bill. Adoraba ese lugar, el lugar en donde todo comenzó. Suspiré un poco, todavía no podía sacarlo de mi cabeza. Me gustaría que estuviera conmigo. Cerré los ojos y dejé descansar mi cabeza tirándola para atrás. En eso sentí que alguien se sentaba junto a mí. Abrí los ojos y miré a mi lado, me encontré con dos enormes pares de ojos marrones mirándome con una gran sonrisa. Estaba aquí. –Hola— me dijo. –Te traje un helado— me dio el helado de chocolate que traía.
—Hola, y gracias— respondí tratando de no hacer una cara de bobo enamorado. Le di una mordida a mi helado, y sentí que mi cabeza se congelaba. —¡Ahhh, que frío!— grité. Bill se echó a reír.
—Tontito Tomi, tontito— se burló conteniendo las risas. Me reí junto a él, y después todo fue silencio. Nos quedamos callados mientras comíamos nuestros helados. Lo miré por el rabillo del ojo, y vi algo increíble. Bill le estaba dando pequeños lametones a su helado. Es tan sexy con esa lengüita. Respiré profundamente controlando mi posible erección. Lo deseo tanto. Dejé de mirarlo para seguir comiendo, hasta que lo terminé.
—Que rápido— dijo Bill. Yo solo reí un poco. Seguí mirándolo, pero no por mucho tiempo, porque no quería hacerlo sentir incómodo. Miré a todos lados, mientras pensaba en la persona que estaba junto a mí.
—¡Ahh!— Bill gritó.
—¿Qué pasó?— volteé mi mirada, y me di cuenta que tenía una gran mancha de helado en su mejilla derecha. —¿Qué…?
—Una maldita abeja se acercó a mí, y sabes que odio a las abejas, no pude evitar esquivarla y terminé con esta mancha de aquí— dijo conteniendo las ganas de estallar de rabia. Yo solo me reí. –No es gracioso— se quejó mientras hacía un puchero, era tan tierno.
—No te preocupes, yo te sacaré la mancha— dije. –Bueno, si no te molesta.
—Está bien, hazlo— respondió.
En realidad no tenía nada con qué limpiarlo, soy un tonto de verdad. De repente, una idea llegó a mi cabeza, no estaba seguro de hacerlo, pero también era una gran oportunidad. Me acerqué y pasé mi lengua por el lugar quitando todo rastro de helado de su cara, y al mismo tiempo probando un poco su piel. – ¡Tom!— se quejó entre risas. Más bien no parecía una queja, creo que se divertía. –Me haces cosquillas— se comenzó a sonrojar lentamente hasta llegar a un rojo puro. Que perfección.
—Me encanta cuando te pones rojo— dije.
—¡Tomi! No digas eso— volteó la mirada.
—Pero es cierto, el rojo es mi color favorito, y tú eres mi mejor amigo, ambos hacen una mezcla muy hermosa, no lo puedo evitar— confesé.
—Gracias— fue lo único que dijo. Me regaló una sonrisa, y yo se la correspondí.
Pasaron las horas mientras charlábamos sobre varias cosas, hasta que se tuvo que ir. Pero yo quería más, no quería que se vaya, lo quería conmigo. Y para variar no lo vería en esta semana por que tendríamos exámenes de la universidad. Era una pena. De verdad quería estar más tiempo con él. Tengo que hacer algo para lograrlo.
—Bill— lo detuve sosteniendo su mano. Que suave, delgada y perfecta que es, quisiera tocarla por más tiempo.
—¿Qué pasa?
—¿Estás libre para el próximo sábado?
—Mmm— Bill se lo pensó. –Sí, ¿por qué?
—Es que… Ahh… pensaba… bueno… me gustaría… invitarte a salir— dejé que saliera y sentí las ganas de gritar.
—¿Una cita?— preguntó comenzando a sonrojarse.
—Sí, pero, como amigos.
—Oh, okey— volvió a su color natural lentamente.
—Entonces, te recogeré a las seis.
—Está bien. Hasta entonces— se fue.
—Te veo pronto.
No puedo creer lo que acabo de hacer. Por un lado estoy muy feliz, y por el otro, un poco nervioso y lleno de miedo. ¡Ya no puedo esperar!
El sábado próximo…
Estaba tan emocionado, y asustado. No podía esperar para verlo, y tampoco podía decidirme que atuendo usar. Me hice las típicas trenzas que siempre llevaba y puse una cinta gruesa y negra en mi cabeza. Ahora sí tenía que ver la ropa. ¿Debía ponerme algo sexy? ¿O algo normal? Tal vez si voy sexy Bill se sentirá incómodo y comenzaría a sospechar. Quizá sea mejor que me ponga algo normal. Me puse un chaleco manga larga de lana gris que me hizo mi mamá— que infantil— un pantalón jean que me quedaba enorme y unos zapatos marca Converse de color negro. Me veo bien, eso es lo que importa. Guardé algunas cosas importantes, mi billetera, mis llaves, mis llaves del auto, mi pulsera de reloj. ¿Qué hora es? 5:40
—¡Veinte minutos! ¡Y Bill vive al otro lado de la ciudad! ¡Y el tráfico a esta hora es fatal! ¡Estoy cagado!— grité mientras corría al auto. Lo encendí y partí rápido como un jet. En cuanto llegué a la carretera principal, no me importó pasarme en semáforo rojo. Dios, otra vez rojo, no puedo dejar de pensar en Bill. Por poco me chocó, tal vez sea mejor no pensar mucho en él. Aunque es imposible.
Por fin llegué a su casa, logré llegar con un minuto de ventaja. Llamé a la puerta, y un Bill arreglado y sexy me abrió la puerta después. Estaba vestido con una blusa manga larga roja, unos jeans negros muy ajustados, botas del mismo color y unos cuantos accesorios. Y su maquillaje, resaltaban tan bien sus ojos, y sus labios. Estaba tan deseable, vestido de mi color favorito, perfección.
—Bill— abrí la boca y comencé a babear. –Estás hermosísimo— dije.
—¿Qué? ¡Tomi!— se sonrojo. –Bueno, ah… gracias. Quería vestirme de rojo porque, sé que es tu color favorito y pues, quería que esto sea algo especial— sonrió, y le correspondí.
—Si estoy contigo, todo es especial— se sonrojó cada vez más, y no pude evitar babear nuevamente. –Vamos— le dije. Bill asintió, y pasó delante de mí. Oh por dios, ese trasero. Quiero tocarlo y… Shhh, Tom, tranquilízate. Sacudí la cabeza, y le abrí la puerta del copiloto por él como el caballero que soy, quería hacerlo sonrojarse. Y lo hizo.
—Gracias— me dijo antes de entrar. Cerré la puerta, y de inmediato me senté a su lado. Encendí el motor, y partimos. —¿A dónde vamos a ir, Tomi?
—A un lugar muy especial, y delicioso— dije mientras deslizaba mi dedo desde su frente hasta la punta de su nariz. Él volvió a sonrojarse y me reí.
—¡Qué malo eres Tom!— se quejó. –Solo haces esto para que me ponga todo rojo. ¡Dios! De verdad tienes una obsesión con ese color. Y te aprovechas de mí porque soy una de las pocas personas que se sonrojan por todo— hizo un puchero. No pude evitar estallar en risas, aunque por una parte tenía razón.
—Tranquilo Bill, es solo un juego. Sabes que lo es— dije mientras lo tomaba de la barbilla suavemente obligándolo a verme. Estuvimos haciendo contacto visual por un buen rato, y nuestros labios estaban muy cerca de rosarse. Bill cerró los ojos, y apoyé mi frente contra la suya. ¿Lo beso? No, no aún. No lo hagas Tom, contrólate. ¡Pero no puedo! ¡Quiero comerlo a besos!
—Tomi…— susurró.
—¿Sí?
—¿Recuerdas esa vez, cuando te pregunté cuál era tu color favorito?
—Sí, el día en que nos conocimos— asentí.
—Ese día, dijiste que tu color favorito era el rojo. Pero no cualquier rojo…
—El rojo, de tus mejillas— completé su oración. Él asintió y abrió sus grandes ojos que me miraban con atención.
—¿Es por eso que te gusta que me sonroje?
—Así es— confesé. El silencio reinó por un rato.
—Tomi… creo que yo…
Una bocina sonó de repente arruinando el hermoso momento. No me había dado cuenta que el semáforo ya estaba en verde. Partí de inmediato, pero Bill sacó su cabeza por la ventana y comenzó a gritarle al de atrás.
—¡Maldito hijo de perra! ¿¡No vez que estaba a punto de decirle a mi amigo algo importante!? ¡¡¡Eres un puto hijo de la vecina!!! ¡¡¡Vete a la mierda y púdrete!!!— gritó a todo pulmón y volvió a su asiento. Soltamos varias carcajadas. Podría decirse que por poco me orino. Eso fue tan gracioso.
—Oh, dios, Bill, eres una plaga— dije llorando de risa.
—Sí, una plaga que no puede ser eliminada.
—Qué bien, no me gustaría perderte— lo vi sonrojarse nuevamente, y recordé que quería decirme algo. –Bill, ¿qué era lo que querías decirme?— saltó del susto.
—Nada, no era nada, olvídalo— dijo en tono rápido.
—Por favor.
—No, de verdad, solo olvídalo por favor.
Suspiré, tenía mucha curiosidad. –Está bien, lo olvidaré— sin embargo, era muy difícil de olvidar, quería saberlo, tenía tanta curiosidad. Mierda, si tan solo ese tipo no hubiera hecho sonar la bocina. Que rabia tengo.
Al fin llegamos al lugar en donde lo llevaría a cenar. No era nada elegante, era un restaurante en el que servían las mejores pizzas de la ciudad. A Bill le encantaban, así que estaba bien. Nos sentamos en una mesa para dos alejada de las demás, y nos trajeron el menú. Pude ver como la mesera encendía una vela al centro de la mesa. Dios, ese toque lo hacía ver tan romántico.
—¿Bill, qué pizza te gustaría ordenar?
—No sé, todas se ven tan deliciosas— dijo mientras pasaba su lengua por sus labios. Esa lengüita otra vez. ¿Por qué tiene que ser tan sexy?
—Bueno, no podemos comerlas todas, si quieres podemos ordenar dos— dije, y Bill dio varios saltitos en la silla mientras aplaudía de alegría, parecía un niño. Que tierno.
En cuanto se decidió, ordenamos las pizzas y también nos trajeron unas sodas. Mientras esperábamos, nos pusimos a hablar un poco sobre las locuras que nos pasaban en la universidad, y también hablábamos sobre la escuela cuando éramos pequeños. Era tan lindo, fue la única vez en la que estuvimos juntos. Bill cambió de escuela a los once años, y justo cayó en el mismo colegio que yo. Como era un año menor, no estuvimos en el mismo curso, pero siempre estaba con él en los recreos. En cambio ahora, estábamos en diferentes universidades, y casi no teníamos mucho tiempo para estar juntos, aunque a veces lo lográbamos, e intentábamos aprovechar eso lo más que podíamos.
Las pizzas llegaron momentos después, y nos pusimos a devorar todo a nuestro paso. De verdad estaban muy ricas, que bueno que ordenamos dos. Con una no sería suficiente.
—Tenía tanta hambre— dijo Bill con la boca llena.
—Yo también— al igual que él, lo dije con la boca llena.
En cuanto terminamos con todo, estábamos muy llenos. Nos quedamos un rato ahí sentados esperando a hacer digestión, creo que al día siguiente me dolería la barriga. Después de pagar, volvimos al auto, y me dirigí a la casa de mi amigo. La noche se había pasado bastante rápido. Que mal.
Caminé con él hasta la entrada de su casa, y al llegar, nos quedamos un rato ahí parados sin decir nada, y suspiramos al mismo tiempo. –Me divertí mucho, gracias Tom— sonrió.
—De nada, yo también me divertí.
—Deberíamos hacerlo más a menudo.
—Sí— lo miré. No pude evitar sentir las ganas de besar esos labios. Suspiré nuevamente, eh hice una mueca, no quería irme. –Bueno, creo que… adiós— susurré la última parte.
—Adiós, Tom…— no sonaba muy feliz. Aunque caminaba hacia mi auto dándole la espalda, podía sentir sus ojos en mí, y luego escuché sus llaves, seguido del sonido de la puerta abriéndose. No podía dejarlo así, quería algo más con él. ¿Será el momento indicado para decirle todo lo que siento por él? ¿Es lo correcto? ¿Se lo digo? ¿Qué pasa si no me corresponde? ¿Lo perderé para siempre? No, no, no pienses eso, estoy seguro que Bill no te va a dejar. Es la hora de decirle. He pasado todos estos años ocultando esto y ya no lo puedo soportar, tengo que hacerlo. No puedo dejar esto aquí, no podré contenerme más. Debo decirle de una vez por todas.
—Bill— volteé. Listo, ya no puedo hacer nada más que decirle. Que nervios.
—¿Sí?— preguntó volteando hacia mí, mirándome con esperanzas, esperando a que diga algo más.
—Ahh, bueno yo… ahhh…
—¿Qué pasa?— preguntó aún con esperanza en sus ojos.
—Yo, solo quería decirte que… que tengas cuidado. Muy pronto será invierno y, no quiero que te enfermes— ¿por qué no le dije? Soy un completo idiota.
—Oh, okey— vi la desolación en la cara de mi amigo. Volví a darle la espalda y me golpeé la cabeza mentalmente. ¿Por qué soy tan idiota? ¿Por qué no pude decirle? Me acabo de decidir, y no lo hice. Ya no habría vuelta atrás, sería para otra ocasión, si es que puedo decirle. ¿Habrá alguna otra oportunidad?
En mi cabeza estaba sufriendo, pero mi cuerpo comenzó a controlarse por sí solo, y corrí hacia Bill. Lo volteé antes de que entrara a su casa, y mis labios tocaron los suyos. ¿Cómo pasó esto? ¿Por qué? No había tiempo para preguntas, esto era lo más delicioso que había probado en mi vida. Me deje llevar disfrutando este único momento, porque estoy seguro que nunca se volvería a repetir. Sentí sus labios seguir el mismo ritmo que los míos. ¿Estaba correspondiéndome el beso? ¿No era mi imaginación? Abrí los ojos, los de él estaban cerrados y estaba bastante sonrojado. Creo que lo estaba disfrutando. ¿Por qué? Me separé de él y apoyé mi frente contra la suya.
—Tom…— susurró.
—Lo siento… no debí haberlo hecho.
—No, Tomi. No te disculpes por eso… yo… lo disfruté— confesó comenzando a ponerse más rojo de lo normal.
—¿En serio? Yo creí que…
—Es enserio Tom. Es que, bueno, la verdad es que… te amo.
Me quedé helado. ¿Él me amaba? ¿No estaba soñando? Era una sensación tan bonita. Saber que el amor de tu vida, también te ama. Todos estos años, y pude habérselo dicho. Me hubiera correspondido. Soy un tonto de verdad.
—Bill, yo también te amo, lo hago con todo mi corazón. Tú eres todo para mí. Me encantas. Eres perfecto— lo dije con más confianza en mis palabras mientras acariciaba sus rojas mejillas.
—Me alegra que sea así— sonrió, y se lamió los labios. No puedo soportarlo, lo quiero. Me acerqué nuevamente a él y lo besé dulcemente disfrutando otra vez de sus dulces labios. Acaricié sus cabellos, y fui bajando lentamente hasta su cintura, donde dejé descansar mis brazos. Bill apoyó sus brazos contra mis hombros y jugó con mis trenzas. Qué bien se sentía. Estaba en el paraíso.
Sentí como los labios de Bill jugaban con los míos en un ritmo más acelerado, me dejé llevar y seguí su juego. Él quería más, yo quería más. Lamí sus labios y luego intenté entrar a su boca, y él me lo concedió. Nuestras lenguas se entrelazaron en una lucha húmeda y sexy. Bajé una de mis manos a su pierna y la enganché entre mi cintura. Hizo lo mismo con la otra, y terminó siendo cargado por mí. Decidí llevarlo adentro, pero sin separarnos de nuestra conexión. Le di un empujón a la puerta y entré como sea, luego la cerré de una patata y fui directo a la habitación de mi amigo. Al llegar, me separé de él para dejarlo entre la cama, y de inmediato comencé a gatear hasta quedar sobre él, y mordí suavemente su labio inferior, antes de volver a juntar nuestras bocas.
Lo deseo tanto, quiero sentirlo, quiero tocarlo, quiero aún más, esto no es suficiente para mí. Quiero que sea mío.
Bajé mi mano lentamente rosando su torso hasta llegar al borde de su blusa. Mi mano entró lentamente hasta que pude sentir su piel bajo esas telas. Bill gimió dentro de mi boca, y luego me separé lentamente del beso, y dejé varios besos en su cuello. Comencé a devorar aquella parte mientras mi mano seguía trabajando en la otra zona. Formaba círculos con mi dedo, palpaba esa suave piel y subía y bajaba por su estómago, tratando de llegar a su pecho. Escuchaba los dulces gemidos de mi Bill, que me indicaban que lo disfrutaba bastante. Sonreí. Decidí que sería mejor llevarlo a otro nivel. Mi mano subió hasta llegar a sus tetillas, en donde comencé a toquetearlas.
—Oh, Tom— gimió Bill. Volví a besarlo, pero fue algo muy suave. Me separé del beso, y vi lo sonrojado que estaba.
—Me encanta ese color rojo— susurré, pero él me escuchó.
Soltó unas risitas tímidas. –Tú eres el único que puede hacerme sonrojar de esta forma— confesó.
—Me alegra que yo sea el único que puede hacer eso— lo volví a besar, y seguí con mi trabajo toqueteándolo. Era tan suave.
Bill llevó sus manos a mi espalda, me acarició de arriba abajo hasta encontrar el borde de mi chaleco, e intento quitármelo. —¿Quieres que te ayude?— pregunté, y él asintió. Tomé sus manos, y lo ayudé a quitarme esa cosa sin soltar sus hermosas manitos de porcelana. Todo este tiempo Bill había estado bastante sonrojado, y al parecer, como ya no podía sonrojarse más, lo único que pudo hacer al ver mi cuerpazo, fue gemir y lamerse los labios. Que sexy. Tuve que llevar mis labios a los suyos para volver a sentir esa dulce conexión. Su lengua se entrelazó con la mía al igual que nuestros dedos.
Llevó una de sus manos a mi torso, y tocó cada parte que encontraba de mí, incluyendo mis tetillas. Se sentía tan bien cuando me tocaba. Puso su otra mano en mi cuerpo y siguió con sus caricias. –Eres muy sexy— susurré en su oído. Él se mordió el labio.
—No es cierto, tú lo eres.
—No, tú lo eres más.
—No, tú.
—No, tú.
—Está bien, yo soy el más sexy de los dos— dijo Bill con una sonrisa pícara. Me reí un poco y le di un piquito.
—Entonces muéstrame lo que puedes hacer niño sexy— susurré.
Bill se volvió a morder el labio y me miró con un brillo especial en sus ojos. De repente, me empujó, nos revolcamos entre la cama, hasta que él quedó sobre mí. Se sentó sobre mi entrepierna, y se comenzó a quitar la blusa de una forma bastante sensual mientras se frotaba contra mi miembro. Dios, Bill es una criatura tan increíble, y se sentía tan bien estando sentado sobre mi duro miembro.
En cuanto no hubo rastro de nada en su torso, me quedé un rato observando ese hermoso, pálido y esbelto cuerpo que tenía. Y también estaba adornado por dos tatuajes. Una de estrella en su vientre, y otro en uno de sus costados. Lo primero que hice, fue pasar un dedo por su tatuaje de estrella, y luego verlo a los ojos.
—Eres hermoso— dije.
—Tú también lo eres, Tomi— sonrió. Se acercó a mí, y lamió mis labios. Qué delicia. Le sonreí, y yo le lamí una mejilla. Como cuando se manchó con el helado. —¡Tomi! Me haces cosquillas— se quejó entre risas.
—No puedo evitarlo, sabes tan bien— tomé su pequeño rostro entre mis manos y lo miré atentamente. Volvió a pasar su lengua por mis labios, y yo saque mi lengua para que se uniera a la de Bill. Nuestros labios no estaban unidos, pero nuestras lenguas estaban entrelazadas. Aprovechando eso, llevé mis manos a su trasero y empecé a tocar y apretar entre mis manos esa zona que tanto deseaba. Bill soltó varios gemidos, y sonrió. Le estaba gustando.
En cuanto se separó, bajó su mano desde su pecho, hasta su entrepierna, y lentamente, bajó el cierre de su pantalón. Gemí por aquello que había visto y cerré los ojos. Escuché unos sonidos, y luego sentí algo recorrer mis piernas. No quise abrir mis ojos hasta que Bill susurró: —Te quiero en mí, Tomi.
Abrí los ojos de golpe, encontrándome con una criatura sonrojada sobre mí que estaba solo en boxers al igual que yo. Sonreí sabiendo que Bill fue el responsable de eso y puse una cara pícara por aquella frase. –No te preocupes— dije mientras tomaba su rostro entre mis manos. –Estaré dentro de ti.
Bill se mordió el labio y levantó una ceja. —¿Cuándo?— preguntó rosando su duro miembro contra el mío. —¿Ahora?— gimió.
—Por supuesto que sí. Claro, si tú lo quieres.
—Obvio que lo quiero, quiero ser tuyo, y que tú seas mío.
—Así será— volví a unir nuestras bocas mientras nos besábamos de forma sensual y tocaba el miembro de Bill sobre la tela de su bóxer. Él tomó mi mano que lo tocaba, y la llevó dentro de su ropa interior, pidiéndome que lo tocara todavía más. Obedecí a su petición, mientras él jugueteaba con la tela de mi bóxer, intentando sacarlo. Sonreí entre el beso, Bill parecía inocente, pero de verdad era una plaga. Sí, una muy sexy.
Tantos gemidos y besos húmedos. No lo puedo evitar, estoy tan duro que necesito su cuerpo. Tomé las manos de Bill, y juntos nos deshicimos de mi ropa interior. Por un momento él se quedó quieto, y todavía seguía sonrojado, pero después sonrió, y se sacó su ropa interior. Tomé a Bill y me posicione sobre él. Le di unas lamidas a la punta de su pene, sacándole varios gemidos.
—Ohhh, Tomi— gimió.
—Eres tan delicioso— dije entre un jadeo, y seguí con lo mío.
—Te deseo, te quiero adentro— dijo entre gemidos.
—Está bien, bebé— dije de forma seductora. Llevé tres dedos a la boca de Bill, y él los comenzó a chupar y lamer llenándolos de su saliva, hasta que estuvieron perfectamente lubricados. Le di una última lamida a su entrada, y luego metí uno de mis dedos lentamente.
—Ahhh, Tom— gimió en cuando entró por completo.
—¿Estás bien?— pregunté preocupado.
—Sí, sí, lo estoy— dijo con voz cansada. –Solo hazlo.
Exploré con mi dedo esa zona, escuchando esos dulces gemidos que recibía y devoré el cuello de mi amante. Era algo único, sin embargo quería entrar de una vez por todas en él, ya no podía soportar las ganas. Pero tampoco quería lastimar a Bill. Me lo aguanté.
En cuanto se acostumbró a esa sensación, metí otro de mis dedos, y después de un rato, metí el tercero. Hice círculos dentro de su entrada y lo besé disfrutando lo que vivía.
—¿Tom?— llamó entre un gemido.
—¿Te duele?— pregunté.
—No, no, es solo que… Ya no quiero esto, te quiero a ti, te quiero dentro a ti— me rogó con unos dulces ojos de perrito a los cuales no me pude negar. Asentí con un beso inocente, y me acomodé para entrar.
Rosé la punta de mi miembro contra su carne, y los dos gemimos al mismo tiempo. Entré lentamente por ese lugar tan estrecho, y cuando estuve adentro, suspiré, y Bill gimió de dolor. Lo volví a besar pero de una forma más apasionada para callar sus gemidos. —¿Te duele mucho?
—Un poquito— confesó.
—Lo haré lentamente.
—Okey.
Comencé con embestidas lentas y suaves para no lastimar a mi pequeño, yo quería más, pero también sentía un poquito de dolor. Era tan estrecho que apretaba mi carne en cada nueva embestida, sin embargo, se sentía muy rico. Besé a mi Bill al mismo ritmo de las embestidas, y acaricié su cuerpo mientras lo hacía. Él dejó descansar sus brazos en mis hombros mientras jugueteaba con mis trenzas, hasta que pidió por más.
—Tomi… ah.
—¿Estás bien?
—Sí, quiero más.
—¿Seguro?
—Muy seguro— dijo seductoramente. No me resistí a eso, y aumenté mi velocidad. Bill volvió a gemir, pero no de dolor, de pasión. Enganchó sus piernas en mi espalda mientras lo seguía embistiendo. Pasó sus dedos en mi espalda, y en cuanto aumenté mi velocidad, clavó sus uñas contra mi piel. Aguanté eso, y devoré sus labios. Jugamos con nuestras lenguas, toqueteé su piercing y él hizo lo mismo con el mío. Los gemidos se hacían más fuertes y cada vez nos poníamos más calientes.
—Mmm, Tomi, más, más, más.
Obedecí, y no pude evitar llevar mi cabeza hacia atrás para soltar gemidos por todo lo que sentía. Al parecer Bill también se sentía igual que yo, porque apretó las sábanas con sus manos.
—Te amo— susurré en su oído.
—Yo también te amo Tom— respondió entre jadeos.
—Eres tan sexy.
—Y tú eres tan bueno en esto.
Sonreí, y lo volví a besar.
En menos de unos minutos, ya estábamos sudando a chorros, y en segundos me correría. Tomé el miembro de Bill y lo masturbé al mismo ritmo que mis embestidas. Todo se estaba poniendo tan caliente, estoy seguro que la casa se incendiaría.
—Oh…Billi, me corro— advertí en un gemido mientras apretaba los dientes aguantando lo que quería salir de mi.
—Hazlo, yo también voy a correrme… ah— gimió.
Nos dimos un último beso, al mismo tiempo que ambos eyaculamos, y quedamos completamente agotados. Después de unos cuantos te amo, me acosté al lado de mi pequeño y lo abracé por la espalda, le di un beso en sus rojas mejillas y terminamos completamente dormidos.
Esta fue la mejor noche de mi vida, era todo lo que deseaba, tenerlo entre mis brazos, y disfrutar de nuestro amor. Dormí con una amplia sonrisa en mi cara, y en cuanto desperté, creí que todo había sido un sueño, hasta que vi unas rojas mejillas que me indicaron que no era un sueño.
Rojo. Pensé en mi Bill, en aquella noche, al fin lo tenía conmigo. Y lo cuidaría como el tesoro más grande de mi vida. Era mío, era mi amor. Te amo Bill.
Rojo es amor, atracción, pasión y deseo. Ahora entiendo por qué Bill siempre se pone tan rojo.
El rojo es igual a él.
& F I N &
¡Hola! Espero que les haya gustado este One-Shot. Es la segunda parte de mi drabble Rojo. ¡Gracias por sus lecturas!