
Notas: Tanto Gustav Schäfer como Georg Listing -además de Godzilla-, se pertenecen a sí mismos y/o sus dueños. La historia, a medias mía y de la inspiración al oír una canción. Nadie me paga por esto -sino, estaría más que felíz- sólo lo hago por mera diversión.
(Drabble de Nochi)
«Una pizca de celos»
Gustav repasaba de nuevo la pequeña lista que tenía entre sus dedos y seguía caminando pausadamente por una fila de góndolas llenas de alimentos para el consumidor y sus respectivos precios.
La letra que yacía sobre el papel era desordenada debido a que fue hecha con apuro. El rubio apenas entendía las tres primeras líneas.
“Pimienta blanca y negra” leyó a lo último y se dirigió hacia donde era posible encontrarlas.
Su pareja, Georg, había amanecido de buen humor y decidido a cocinar algo diferente hecho por sus propias e inexperimentadas manos, miró el canal de cocina casi toda la mañana.
Por eso la lista tan apresurada y Gustav en el supermercado a las afueras de su barrio, más o menos seis calles abajo.
No podía quejarse de su novio ya que era cariñoso, amable y sincero aunque a veces un poco descuidado, olvidadizo e imperceptible. Esto último era lo que más encantaba al rubio: Nunca se sabía qué esperar de él. Gracias a eso y a su alta compatibilidad entre personalidades pudieron convivir en paz y amor por más de un año bajo el mismo techo. Y ahora, que estaban a la mitad del siguiente y pese a todo lo bueno que tenía en su vida, Gustav sentía que faltaba algo.
No que Georg no lo complete ni nada, sino que empezaba a aburrirse de la cotidianeidad. Ambos trabajaban en horarios iguales y tenían tiempo de almorzar y cenar juntos la mayoría de los días, vivían solos y pese a que tenían un agradable grupo de amigos, aquellos tampoco le llegaban a quitar esa disconformidad que sentía dentro.
¿Pero porqué estaba disconforme? Tenía un trabajo seguro, su propia casa y auto, un amante que lo esperase siempre, unos padres totalmente tolerantes y suegros divertidos; hasta tenían un geco de mascota llamado Ralph.
—Por Ralph Fiennes, el actor —había dicho Georg al bautizarlo el primer día que lo llevaron a su hogar.
Pero qué mas daba todas las comodidades que tenía si sentía la ausencia de algo. Lamentablemente tendría que hablar con Georg, quizás él podría adivinar qué era lo que le pasaba.
Con este pensamiento llegó a la caja registradora atendida por una muchacha con prominentes bustos que parecía dejar que respiren mediante el escote de su camisa rosa chicle al cuerpo. Gustav miró apenas la parte anatómica imposible de desapercibir y pensó que nunca había visto a su novio con camisa.
La chica, muy coqueta, tomó producto por producto para registrarlo no cesando de escrutar al rubio mientras que él buscaba en su bolsillo trasero el dinero para pagar.
—Son $19, 25 — Gustav le pasó el billete sin preocupaciones, la chica aprovechó el movimiento y acarició los dedos ajenos sin timidez. Él no se dio por aludido.
Esperando el vuelto y el ticket, sí se percató que al reverso del último la voluptuosa fémina escribía una serie de números.
—Llámame, guapo —se atrevió a decir al tiempo en que entregaba las cosas y le guiñaba un ojo. El rubio comprendía con eso que la adolescente o no vio sus ademanes ‘característicos’ o en verdad estaba con alguna necesidad de índole íntima, porque no darse cuenta que un hombre que compraba pimientas blanca y negra junto con leche descremada y dos muslos de pollo sin piel sumándole el lubricante sabor frutos rojos con feromonas además de llevar puesta una playera que en el pecho luzca un ‘Chulo sexy’ escrito en verde fluor, no podía ser heterosexual del todo.
Pero eso no le importaba demasiado como para estar pensando tanto en ello luego de haber salido del supermercado. Habían otras cosas mejores en las que pensar, por ejemplo que quizá de milagro Georg cocinaba todo bien y no llegaba a quemar la cocina entera. Y no es porque desconfíe de él, sino que… Que… Bueno, sí desconfiaba un poquito del castaño, qué se le va a hacer si sabía que su novio nunca en su vida había preparado ni siquiera un buen café.
Cuando dejó sus compras en el asiento del copiloto, arrancó su coche y empezó a desandar el camino hacia su casa.
Mientras tanto, Georg seguía mirando el canal de cocina sin siquiera moverse, quería aprender algo nuevo y poder agasajar adecuadamente a su Gus-Gus que tan feliz lo hacía.
Se habían conocido mediante un amigo en común que los presentó en un bar al que en el presente concurrían con asiduo al tener un ámbito libre y pacífico. Georg nunca olvidaría esa noche en la que todo pareció cambiar a su alrededor.
Habiendo repasado más de cuatro veces la receta, se levantó del sofá y al llegar a la cocina, buscó su delantal para empezar a hacer el almuerzo. Quería que le saliese bien, pondría todo su empeño en ello.
Al culminar de pelar la cebolla y ponerla al fuego, oyó abrirse la puerta trasera que conectaba la casa con el garaje. Miró con los ojos llorosos hacia allí solo para cerciorarse de que sea su amado y al verlo aproximándose a él con varias bolsas, siguió cortando unos vegetales.
—Hola —dijo el rubio empezando a sacar las compras y ponerlas al lado de Georg, menos el lubricante el cual dejó en la bolsa y la puso lejos de ellos.
—Amor —contestó el otro sonriente, acercando su rostro para un leve beso que le fue concedido de inmediato—. ¿Cómo te fue?
—Bien, supongo. No sé, normal.
—¿No fue mucho gasto? —Georg, acostumbrado desde niño a saber que había época de vacas flacas y tiempos de ahorros, era meticuloso con el tema monetario aunque sabía que con Gustav no iba a pasar hambre ni pérdidas.
—Negativo —dijo el rubio sonriendo y abrazándolo por detrás —Es atípico verte cocinando, Ge.
El aludido sonrió con timidez moviéndose un poco para prender otra hornalla y buscar una olla donde poner la carne blanca y tirar un poco de aderezo.
—Pero lo hago por ti —fue el mínimo susurro que salió de los labios del pelilacio antes de sonrojarse— Ve preparando la mesa.
Gustav dejó un beso suave en el cuello del castaño y acató la orden mientras pensaba detenidamente en su novio y sus dudas de lo que le parecía una ausencia en su vida.
Georg seguía sonriendo al tiempo en que buscaba las pimientas cuando se encontró con el ticket. Miró el total y no le pareció tan fuera de lo normal. Lo iba a dejar nuevamente en la mesada cuando al doblarlo divisó una escritura al reverso: Serie de números separados con guiones y debajo un ‘Priscilla’.
Levantó su ceja derecha con furia y no volvió su cabeza para ver a Gustav.
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Luego de haber pasado media hora desde que se sentaron a almorzar, el rubio no podía estar más nervioso. No sabía si era por que Georg no lo estaba mirando amorosamente como las anteriores veces, si era por el miedo a confesarle que algo faltaba en él, o si era porque la comida que tanto desconfiaba que saldría para el lado de los tomates había salido espléndidamente exquisita, tapándole la boca.
—Gus —exclamó el castaño con seriedad impropia.
—Dime —intentó demostrar que no le afectaba su tono de voz. No obstante, en su mente no paraba de formular qué podía haber pasado para que se encuentre tan raro Georg, capaz no compró el pollo adecuado o la leche estaba vencida, o vio que cambio el sabor del lubricante. Algo.
—¿Quién es Priscilla? —eso sí no se lo esperaba. ¿Priscilla? ¿Cómo iba a saber el quien era esa? ¿Algún personaje nuevo de la telenovela de las seis? ¿La hija no reconocida de Godzilla?
—No tengo idea —se sinceró.
—¡No me trates como un estúpido! Sólo confiesa —Georg apoyó fuertemente sus manos en la mesa y se impulsó hacia arriba.
—¿Qué quieres que confiese? —Dijo Gustav poniéndose de pie—. No conozco a ninguna Priscilla.
—No mientas, por favor —el castaño miró hacia abajo con pesar—. Entonces, si dices que no la conoces ¿porqué en el ticket de la compra estaba su número de teléfono?
Y ahí lo entendió todo. La voluptuosa cajera que se le regaló. Pegó una sonrisa en la cara y a continuación se largó a reír a carcajada limpia, aferrando su estómago.
—¡Y encima te ríes en mi cara! No lo puedo creer, después de tantos años, Schäfer me vienes a hacer esto. Eres imposible.
Aún riéndose de lo sucedido, Gus no se dio cuenta que su novio había subido las escaleras hasta su dormitorio y comenzaba a sacar toda su ropa del armario.
—¿Ge? ¿Ge, dónde estás? —preguntó al terminar de reír mientras se restregaba un ojo lloroso. Consiguió no trastabillar al subir los escalones y llegó hacia la habitación que compartían —. Hey, ¿qué haces? —exclamó sin entender del todo lo que el otro hacía.
—Y estoy poniendo mi ropa dentro de un bolso, ¿qué, no ves? —contestó Georg sin mirarlo.
—¿Pero por qué? —se aproximó más al castaño, hasta quedar detrás de él, abrazándolo con fuerza aunque éste se resistiera.
—Déjame y no te hagas el inocente. Sé que hay algo entre ella y tú. Esa hija de Godzilla, se va a enterar de quién soy.
—Para, para —dio vuelta a Georg para quedarse frente a frente —, esa fue la cajera del supermercado —se tentó nuevamente de reír pero al descubrir lo que verdaderamente pasaba, sólo sonrió acariciando la mejilla de su novio—. Te pusiste celoso.
—No. Para nada —dijo poco convencido mirando hacia otro lado.
—Mi nene se puso celoso —canturreó el rubio abrazándolo mas y dándole un tierno beso—. Si sabes que eres el único para mí.
—¿Y? ¿Y qué si estoy celoso? Es la primera vez que nos pasa esto.
Ciertamente era primerizo en el rubro de los celos, ya que los años anteriores no habían parado su relación amorosa en pensar en esas duditas que se clavan dentro del corazón, sino que habían disfrutado al máximo uno en compañía del otro sin mirar a terceros. Y como ahora, esa chica que intentaba ligar a Gus, Georg creía no poder competir contra una mujer por el amor del rubio.
—Quiero toda mi vida aquí, a tu lado —confesó Gustav entendiendo por fin lo que le faltaba en su vida cotidiana: Celos.
Una pizca de celos por la mañana y avivaba todo en el día, sin llegar a desconfiar en el amor que se profesaban, y su vida volvía a tener color, un color diferente y divertido mientras siga abrazado a la persona que más amaba…
… Y que era irresistiblemente tierna cuando se ponía celoso.
F I N
Agradecería mucho un comentario :3 Enormes gracias por leer.
Aaaw, muy buenas tus historias Nochi pero… Por qué tan cortas?! (TT) Espero que algún día te animes a hacer más de un cap ;)