Juicy couture

Notas: Las canciones en las que me base para esta falacia fueron Juicy Couture y Emo Boy de Ayesha Erotica.

One-Shot Toll de Namyukaulitz

«Juicy Couture»

—Tom —pronunció la rubia mientras abría la puerta de la habitación de su hermano gemelo. 

—¿Qué pasa, Sam? —Tom levantó la vista de su computadora para ver a Samantha, notando de inmediato lo que su hermana tenía en sus manos. —¿Volviste a comprar en Juicy Couture? 

Samantha asintió, observó fijamente a su hermano e hizo un mohín. 

—Compré un conjunto, pero… creo que hubo un error y me vino uno extra —explicó Sam acercándose a él. 

—¿Y qué pasa con eso? ¿Te cobraron el conjunto extra? —Tom miraba confuso a su hermana, sin entender bien qué quería en sí decirle. 

La de rastas suspiró y agachó su cabeza, era evidente que ocultaba algo, Tom entre cerró los ojos, conocía a su gemela y sabía que cuando quería decirle algo pero no le era fácil soltarlo, la mayoría de veces era una travesura por la cual probablemente se metería en problemas con sus padres. 

—Anda, suéltalo —pidió Tom, mostrándose tranquilo, estaba acostumbrado a que su hermana le llegará con cosas con las que él tendría que ayudarle a lidiar. 

—Quiero darte el conjunto extra —soltó, extendiéndole el conjunto de color rosa pastel. 

Samantha esperaba que Tom le dijera un rotundo no o reaccionará con negativa, pero en cambio, Tom tomó el conjunto de entre sus manos. 

—Ah, eso era, está bien —aceptó Tom, sin decir más, no parecía molesto ni ofendido, y eso desconcertó a Samantha. 

—Lo… ¿Lo vas a usar en serio? —titubeó Samantha, al mismo tiempo que parpadeaba no pudiendo creerlo. 

Tom alzó una ceja. —Si, ¿por qué? 

—No, nada, es solo que pensé que no ibas a aceptar —admitió, sentándose en la cama que estaba a un lado del escritorio de donde Tom estaba. 

—¿Por? Te he visto usarlos, y a decir verdad, los conjuntos son hermosos y sexis —Tom hablaba mientras desdoblaba el conjunto con una ligera sonrisa. 

—No creí que la ropa de chica podría gustarte —masculló Samantha. 

—Samantha —llamó Tom en tono serio. —¿bromeas? —la rubia negó. —Bueno, no digo que sea mi cosa favorita en el mundo, pero no me molesta usar ropa de chica, es decir, somos gemelos, estoy acostumbrado a usar ropa unisex o camisas de princesas, al final solo es ropa. Además la ropa femenina es más bonita que la de los chicos, tiene más personalidad. 

—En eso tienes razón, siempre usamos la ropa del otro desde pequeños —Samantha suspiro, y vio como Tom se levantaba de su asiento. —¿A dónde vas? 

—A ver cómo me queda —dijo Tom en un tono obvió, Samantha se quedó en silencio ante la determinación de su hermano y asintió. 

Tom entró al baño de su habitación, tardando unos minutos adentro. 

—¡Ya sal, quiero ver cómo te queda! —exclamó Samantha, ansiosa por ver a su hermano con la ropa puesta. 

No pasaron muchos minutos después de eso para que Tom por fin saliera del baño. 

Samantha se quedó anonadada al ver la figura de su hermano al salir del baño vestido de rosa. 

—¿Y qué tal? ¿Cómo me queda? —Tom se puso ambas manos en su cintura y dio una pequeña vuelta, dejando ver cada ángulo de su cuerpo. —Me tarde porque no me decidía por ponerme el short o el pantalón. 

—Tom, maldita sea, te ves sexi —halagó Samantha acercándose a él y mirándolo de arriba a abajo, pensando en qué, aunque Tom no era una chica, no tenía absolutamente nada que envidiar de una. —Ou, ou, ou, espera, me pondré el mío también —aviso antes de salir de la habitación corriendo. 

Tom asintió con una sonrisa, manteniendo las manos en su cintura se acercó al espejo que estaba al otro lado de la habitación, que daba una vista completa de su cuerpo. 


Observó su reflejó y mordió su labio con coquetería. Había dejado el pantalón a su cadera, y se había puesto solo la sudadera, mostrando una pequeña parte de su abdomen, dejando un look muy atrevido y afeminado, cosa que le gustaba, sobre todo porque ahora sí era evidente su piercing del ombligo. 

—Ujum, me veo ardiente —se dijo así mismo con egocentrismo, al mismo tiempo que Samantha volvía a entrar en su habitación, ahora con su conjunto puesto que era exactamente igual al que portaba Tom. 

Samantha se puso a su lado, ambos viendo sus reflejos sobre el espejo. Eran gemelos idénticos, ambos con el cabello rubio en rastas, piercings en el labio, etc; con la única diferencia de que Samantha portaba delineador de ojos y labios rojizos por el labial. 

Vestidos de esa forma, cualquiera pensaría que son hermanas gemelas, ya que aunque tenían rasgos que los diferenciaban, sobre todo por su género, a simple vista podrían verse como dos chicas muy andróginas, cosa que a ambos realmente no les molestaba, incluso les gustaba un poco. Tanto así que incluso de pequeños para molestar a sus padres se intercambiaban la ropa del otro para que no supieran quién era exactamente quien. 

—Solo me faltaban tus tetas para que estemos al cien por ciento idénticos —Tom se tocó el pecho e hizo una mueca de tristeza al no haber nada ahí. 

Samantha río y sin avisó alguno, le soltó una nalgada que sonó fuertemente en la habitación, provocando que Tom se quejara en alto. 

—¡Au! Eso duele, Sam —recriminó frunciendo su ceño. 

—Quizás no tengas tetas, pero tienes un trasero bonito como el mío —Samantha hizo que ambos se dieran la vuelta para que su parte trasera se reflejará en el espejo. 

“Juicy”

Esa era la palabra que había sobre el pantalón en la parte trasera, en letras grandes y con brilló. 

—Si nos vemos de atrás, somos la misma persona —continuó Samantha, y una idea pasó por su mente, haciendo que sonriera con malicia. —Tomi…

—¿Ahora qué? —inquirió Tom, con su hermana nunca iba a saber qué esperar. 

—¿Podemos ir mañana así al instituto? —Samantha movió sus pestañas, esperando convencer a su gemelo. 

Tom se cruzó de brazos e infló una de sus mejillas, pensándolo, desde que habían entrado en su último año de preparatoria en un instituto nuevo, solo había vestido como normalmente lo haría, unos jeans y una camiseta holgadas, viéndose siempre muy masculino, sus compañeros nuevos nunca lo habían visto con ropa femenina, aunque de todos modos ya se ganaba que más de algún idiota le dijera que parecía mujer por su cara de muñeca, si quizás era una muñeca, una muñeca sexi con un conjunto rosa de Juicy Couture, así qué ¿por qué no? Se miraba bien con el conjunto puesto. 

—Bien, con la condición de que tú también uses ropa a juego conmigo algún día ¿va? —hacía mucho tiempo que habían dejado de vestir a juego, y a decir verdad, era divertido hacerlo, probablemente a partir de ahora vuelvan a hacerlo como antes. 

Samantha asintió y lo abrazó fuertemente. 

—¡Sii! Tal y como en los viejos tiempos —exclamó con alegría Samantha, dando saltos de emoción, a los cuales Tom se unió a los segundos. Sabían que podían actuar inmaduros e infantiles con el otro, ya que eran gemelos y mejores amigos.

&

Tal y como habían quedado, al siguiente dia fueron vestidos de tal forma la instituto, llamando la atención en cuanto llegaron, atención que por supuesto a los gemelos Kaulitz les encantaba, eran unos amantes de la atención, pero claramente no iban a decirlo con palabras, asi que actuaron como siempre, dejaron algunos libros en sus casilleros y al tocar el timbre se dirigieron a sus diferentes aulas.

Tom podía sentir la mirada hambrienta de chicas y de muchos chicos sobre él, lo atribuía a que era la primera vez que lo miraban con ropa más apegada a su cuerpo, y sobre todo a un atuendo como ese.

—Vaya, cuando no podían ser más parecidos, ahora vienen vestidos de la misma forma —comentó Gustav en cuanto Tom se sentó a su lado.

—¿Qué te puedo decir? Samantha me pidió que usáramos esto hoy —respondió Tom.

—No sabía que te gustaba vestir ropa de chica… —Gustav agacho la cabeza.

—Está bien salir de tu zona de confort de vez en cuando, tú también deberías hacerlo, ya que parece que usas el mismo pantalón siempre —soltó Tom sin verle.

—¡Ya te dije que compre tres similares a este! —exclamó ofendido, no era la primera vez que alguien le hacía el comentario sobre si no tenía otros pantalones. —Además ese no es el punto, ¿ya viste como te miran todos? hasta los chicos…

—¿Y qué tiene? —inquirió Tom sin verle realmente el problema a eso.

—Que es raro… ¿por qué te gustaría que los chicos te vean como verían a una chica? A menos que seas gay no veo porque te gustaria tener la mirada hambrienta de hombres —ante lo ultimo Tom apretó sus labios y desvió su mirada hacia otro lado, cosa que le hizo alzar una ceja al rubio. —Espera… ¿eres gay? —cuestionó con los ojos bien abiertos.

Tom se quedó en silencio, sonriendo nerviosamente. —Puede ser…

Se produjo un silencio incómodo entre ambos por unos segundos mientras se miraban, Tom con sus dedos entrecruzados y Gustav sin asimilar lo que escuchaba.

—Usar rosa te hizo gay —Gustav miró su atuendo de arriba a abajo. —No puedo creer que lo seas —reprochó.

El de rastas frunció el ceño. —¿Por qué? ¿Qué tiene de malo?

—¡Qué nunca me lo dijiste! ¿O acaso pensabas que era un homofóbico? —Tom negó a su pregunta. —La homofobia es pura envidia, así que ser homofóbico me haría quedar como gay, y uno envidioso. El peor prototipo de gay que puede existir.

—No pensaba que eras homofóbico, es solo que nunca sentí necesario decirlo —Tom alzó sus hombros. —Acepto que las chicas son bonitas, pero simplemente nunca me sentí muy atraído a ellas de alguna forma que no fuera para admirar sus maquillajes o ropa, más que todo se debe a Samantha, sabes que ella es una gran influencia en mi.

—Entonces Samantha te hizo gay —afirmó Gustav cruzándose de brazos.

—Si, Gustav… el rosa y mi hermana me hicieron gay.

Se quedaron ahí, sin poder charlar más debido a que entró su profesor, y sabían cómo era ese señor en específico cuando los veía hablar, así que prefirieron ahorrarse un regaño y quedarse callados, durante el recreo Gustav podria interrogar más a Tom sobre su homosexulidad.


—¿Sam, ya viste cómo te está viendo Bill? —masculló Natalie a su amiga, mirando de reojo al azabache. —Se ve que se muere por ti, ¿cuando pasaran a más allá de “hacer cosas”?

La de rastas observó de reojo a Bill, que le sonrió ladino al ver su atención sobre él.

—Uhm no lo sé, creo que no es mi tipo —Samantha contestó en tono bajo.

—¿Qué? Pero si llevas teniendo tus queveres con él desde hace unas semanas, ¿cómo que no es tu tipo? —siguió murmurando Natalie.

—Si, es guapo y todo, y en la cama es increible, pero creo que no es lo mio, no me mal entiendas, no es contra él, creo que en general estas cosas de chicos no son mi tipo —explico la de rastas sin mucha importancia, volviendo a concentrarse en su cuaderno y en anotar lo que estaba en el pizarrón.

Natalie ladeo su cabeza, sin entender bien a qué se refería con esas palabras. —¿No te gustan los chicos del instituto? —Sam negó sin verle. —Bueno, te entiendo, algunos chicos de aquí son algo tontos, por no decir que son idiotas. ¿Entonces cuál es tu tipo de chico?

Samantha sonrió con gracia, dejó a un lado su lapicero y observó fijamente a Natalie. —Creo que no me has entendido, Nat —masculló. —¿Quieres saber cual es mi tipo ideal?

—Pues claro, quiero saber que tipos de chicos te atraen —expresó Natalie.

—Bien, te diré cual es mi tipo… Me gustan rubios, de cabello largo, ojos claros —Samantha fue explicando mientras tomaba un mechón de cabello de la contraria y lo enrollaba en su dedo.

Natalie se mantuvo pensativa. Pensando en un chico del instituto que se adaptara a lo que a Sam le gustaba.

—Uhm, no puedo pensar en un chico que cumpla con eso —bufó Natalie, cerrando sus ojos y esforzándose aún más por pensar en “ese” chico.

Samantha se rió, tomando más cercanía con Natalie que seguía enfrascada en sus pensamientos, pero antes de que pudiera decirle algo más sintió unas náuseas intensas, que la hicieron alejarse y buscar salir con prisa del salón. Ante eso todos se quedaron confundidos por verla salir corriendo de esa forma, mientras que por su parte Natalie salió detrás de ella, olvidando por completo su conversación.

—Sam, Dios mío, ¿estás bien? —preguntó Natalie con preocupación fuera del cubículo donde estaba Samantha sacando todo lo que pudo haber comido durante el desayuno.

Samantha no respondió, y terminó por sacar todo lo de su estómago, para después jalar la cadena y salir del cubículo, yendo directo al lavamanos.

—Mierda, me siento asquerosa —escupió Samantha mientras abría el lavamanos y se limpiaba la boca.

—¿No estarás embarazada?… —musito Natalie en bajo, acercándose a la de rastas.

Samantha escupió el agua que tenía en la boca y la vio a través del espejo, con los ojos bien abiertos y una expresión de susto. La verdad era que venía sintiéndose mal desde hacía unos días, pero lo atribuía a que simplemente había algo que le estaba cayendo mal, no se le había pasado por la cabeza que podría estar embarazada.

—Dijiste que te habías acostado con Bill ¿no? Yo solo digo —continuó Natalie bajando la mirada.

—¡No, no, no! Yo no puedo estar embarazada, Bill y yo usamos protección —Samantha se tomó del cabello.

—Sam, los métodos anticonceptivos pueden fallar —Natalie se dio cuenta que lo que decía no ayudaba en nada en la situación. —Mira, igual puede ser que algo simplemente te cayó mal ¿no? —intentó tranquilizar a su amiga, pero esta parecía que estaba por entrar en un ataque de ansiedad.

Ni siquiera recordaba cuántas veces había estado con Bill, se supone que ambos se cuidaban. ¿Y si estaba embarazada? ¡Estaría embarazada de un hombre! Samantha estaba por colapsar ante tantas ideas.

La de rastas cayó sobre el piso de rodillas, con ganas de sollozar.

—¡Yo no puedo estar embarazada! —exclamó cubriéndose el rostro. 

—Creo que será mejor que te vayas a casa, no es bueno que hablemos de estas cosas aquí  —Natalie le acaricio la espalda y besó su cabeza, intentando consolar a Sam, pero igual sabía que podía escucharlas alguien y extender esa información con malas intenciones.

—Si, lo mejor será que me vaya a casa, iré a avisarle a Tom que me iré —Samantha limpio las pocas lágrimas que salían de sus ojos y se recompuso, intentando convencerse a sí misma de que no estaba embarazada, aunque por su ansiedad se haría una prueba en cuanto pudiera.

Samantha caminó a pasos apresurados hasta llegar al salón de su hermano, al llegar pidió al profesor si Tom podía salir por unos minutos para hablar con ella, cosa que se le permitió.

—Te veo pálida, ¿qué pasó? —preguntó Tom observando aturdido a la de rastas.

La rubia tragó saliva y negó.

—Me siento mal del estomago, creo que lo mejor será que vuelva a casa, quería decírtelo para que no me busques luego —informó Samantha.

—¿Crees que puedes volver sola? Porque puedo pedir…—Tom fue interrumpido por su hermana que tocó su hombro.

—No te preocupes, puedo volver sola, además, no puedes irte, tienes esa prueba de ciencias —tranquilizo la rubia con una ligera sonrisa por la preocupación de su gemelo.

Tom cerró los ojos, era cierto, no podía irse y perder hacer esa prueba, ya que ese profesor era un dolor de muchas cosas, y si se iba no lo dejaría hacerlo luego.

—Bien, pero, por favor ve con cuidado, estás demasiado pálida  —terminó por decir el de rastas.

La chica asintió, y le dio un rápido abrazo a su gemelo antes de irse del instituto con prisa.

Tom volvió a sus clases, esperando que su hermana estuviera bien, preguntándose que pudiera tener su gemela, pues realmente se veía mal.

Al terminar las clases tuvo que quedarse un tiempo más dentro del instituto, pues no había salido del todo bien en la prueba y tuvo que quedarse a rehacerla.

“Todo sea por pasar esa maldita materia”, pensó, mientras salía del salón del profesor. Soltó un suspiro cansado mientras caminaba por el pasillo, deseando llegar a su hogar para ver cómo se encontraba su hermana y sobre todo, dormir.

Ladeo su cuello y cerró los ojos, cuando de repente sintió unos brazos rodearle la cintura, antes de que pudiera reaccionar apropiadamente ante eso, ya se encontraba dentro del armario del conserje, a oscuras, no logrando ver quien lo había llevado a ahí

—Qué demonios…—alcanzó a pronunciar intentando distinguir quién era la persona contraria, pero sintió unos labios suaves y abultados comerle la boca con desesperación.

Tom se quedo inmovil, pero al sentir la dominancia de la persona contraria sobre sus labios, termino correspondiendo. Pasó sus manos por sobre los hombros contrarios logrando saber que quien sea que lo estaba besando era más alto que él,  tenía el cabello largo y sobre todo al tenerlo cerca, pudo sentir su aroma.

“Perfume con toques amaderados y de cuero… ¿¡Es un chico!?”, pensó, no sabía quién era, porque lo había llevado a ahí, pero…que bien besaba.

El desconocido le apretó la cintura con ambas manos, pegando más sus cuerpos.

—Hoy te ves hermosa —dijo el contrario sobre sus labios.

Tom abrió los ojos. ¿Hermosa?….

—Quise probarte todo el día, ese conjunto se te ve tan sexy, Sam —continuó el chico.

En ese momento al de rastas le cayó el veinte. Lo habían confundido con su gemela.

—Yo no soy Samantha, soy Tom —aclaró, separándose de los labios contrarios.

Hubo un silencio por parte de la otra persona, y de pronto la luz del armario se encendió, haciendo que ahora pudieran verse.

El azabache se sorprendió con demasía y retrocedió. Ambos se miraron atónitos por lo que acababa de pasar.

—¿¡Acabas de confundirme con mi hermana!? —exclamó Tom, mientras su rostro se teñía de rojo intenso, por vergüenza y confusión.

—Yo… —el más alto lo miró de arriba hacia abajo y viceversa. —¡No fue apropósito!

—¡Acabas de besarme pensando que era Sam! —se alarmó Tom, se había besado con el novio con su hermana, o bueno, eso creía.

—Bueno, ¿cuál es la diferencia? —Bill sonrió, sinceramente visto de espaldas no había logrado darse cuenta de que no era Samantha sino Tom. —Soy Bill, y soy ¿amigo? de tu hermana… —explicó el azabache, dudoso de cómo catalogarse a sí mismo de Samantha, pues solo se acostaban y besaban.


—No…¿no eres su novio? —inquirió Tom, tranquilizando un poco su conciencia.

Bill negó con la cabeza.

—No, no somos novios, solo… Ya sabes, pasan cosas entre ambos pero no es nada formal, algo así como un amigo con beneficios, supongo —el azabache explicó, tratando de buscar las palabras apropiadas para definir su tipo de relación con Samantha.

Tom se quedó en silencio, apreciando al muchacho frente a él, era sexy, con un estilo emo, alto y maquillaje oscuro, que le daba un toque más agresivo de cierta manera, de forma inconsciente subió su dedo hasta sus labios y lo mordió.

Si solo era amigo con beneficios de Samantha… entonces no eran nada serio, y él ya lo había besado, y besaba con nunca en su vida lo habían besado, no sabía si estaba rompiendo algún código de hermanos, pero ¿por qué no aprovechar ya la situación? Bill ni siquiera se molestaba en disimular su intensa mirada sobre su cuerpo. Luego podría arreglar las cosas con Samantha, porque de todos modos… ella y Bill no eran novios.

—Yo no sabía que Sam tenía compañeros tan guapos —comentó Tom con coquetería.

—Ya veo que no habla de mi contigo, siendo que eres su gemelo y ustedes dos son inseparables —Bill mantuvo su sonrisa, mostrando sus alineados y blancos dientes. Nunca se había dado el tiempo de conocer al gemelo de Samantha, pero ahora se arrepentía de no haberlo hecho antes. Solo lo había visto de lejos con esas ropas holgadas, pero ahora lo miraba con ese conjunto ceñido al cuerpo y sobre todo ese piercing del ombligo que antes estaba oculto.

“Chico atrevido…”, pensó Bill, ciertamente, nunca antes había estado con un chico, pues se consideraba heterosexual en toda la regla, un adicto a las mujeres, sobre todo rubias y con piercings, pero Tom era un chico, sin embargo, cumplia con dos de sus estandares. “Siempre hay una primera vez para todo”, se dijo internamente.

—Por lo visto creo que es mejor irnos —acotó el más alto, desviando la mirada con malicia.

Tom sonrió ladino, y negó con la cabeza con lentitud.

—No, no, no, señor —dijo moviendo su dedo índice.

Bill ladeo la cabeza, chasqueando la lengua.

—O mejor nos quedamos aquí, tu y yo solos —murmuró Bill, viéndole.

El de rastas se acercó a pasos lentos, hasta lograr empujar a Bill sobre una silla vieja que estaba ahí en el armario, para acto seguido apagar la luz, volviendolos a dejar a oscuras. Tom no perdió el tiempo y se sentó sobre el regazo del contrario, volviendo a besarlo, con la misma intensidad que Bill demostró en un principio.

Bill correspondió más que gustoso, posando sus manos en el trasero de Tom, apretando y masajeando esa parte tan suave y redondeada de él. No iba a hacer comparaciones entre Sam y Tom en ese momento, eso podría hacerlo luego de probar al gemelo de la rubia. Por supuesto que estar con dos hermanos gemelos no estaba en su plan, pero, los planes de Dios son perfectos…

El rubio movía sus caderas con vigor sobre la entrepierna del más alto, rozando en repetidas veces con su creciente erección. Bill le mordió el labio y se introdujo en su boca, cosa que Tom concedió, introduciendo su lengua también dentro de la boca contraria, saboreando cada esquina.

Sinceramente, a Bill no le preocupaba que los pudieran descubrir en ese momento dentro del armario del conserje, pues no era la primera vez que hacia eso, con Samantha específicamente, de hecho, la primera vez que ambos se dejaron llevar tambien lo habian hecho ahi al terminar las clases, pues a esa hora casi todo el personal escolar ya se había marchado.

—¿No te preocupa que tu hermana se entere de que estuviste conmigo, Tom? —inquirió Bill, mientras simultáneamente recorría el cuerpo del de rastas con una de sus manos, sin dejar de apretar su trasero con la otra, hasta llegar a su pecho, donde se atrevió a bajar el cierre de la cremallera de la sudadera rosada, al abrirse paso, se dio cuenta de que Tom no llevaba nada más abajo, acariciando sus pezones al instante.

—Compartimos todo, Bill.

Sam no iba a enojarse ¿o si? De todos modos, esto ya estaba pasando, luego podría pedirle permiso a Samantha de rodillas, aunque ahora que lo recordaba, ella se había besado con el chico que a él le gustaba cuando tenían trece años…

Al sentir el miembro totalmente endurecido del azabache debajo suyo, se levantó, haciendo que Bill jadeara en sorpresa, por no saber que iba a pasar ahora, solo pudo escuchar como Tom se bajaba el pantalón junto a su ropa interior y se mordió el labio en cuanto lo volvió a sentir sobre su regazo.

—Bueno, quizás no sea una chica, pero te prometo que no decepcionarte —masculló Tom sobre sus labios, y Bill deposito un beso rápido sobre los labios del contrario.

—Sorpréndeme —respondió el azabache.

Tom sonrió con lujuria ante la situación, se llevó dos dedos a la boca, imitando una felacion, haciendo sonidos húmedos cerca de Bill, quien tragó saliva con dificultad, pues ante la oscuridad no podía ver una imagen clara del de rastas haciendo tal acto vulgar, y solo podía imaginárselo, esperaba tener otra oportunidad de verlo, y que no fueran con dedos en su boca, sino con su miembro siendo rodeado por esos labios rosáceos con piercing en ellos.

Luego de salivar sus dedos, los dirigió a su propia entrada, juntando su cuerpo con el de Bill. Jadeo al sentir sus propios dedos en su interior, era evidente de que, ya tenía experiencia previa tocándose de esa manera.

Bill solo podía deleitarse con los sonidos que salían de los labios del rubio, y su erección dolía con solo eso, por lo que metiendo su mano entre medio de sus cuerpo, logró bajar la cremallera de su pantalón y dejar libre su palpitante erección.

Después de dilatarse con ayuda de sus dedos, Tom se acomodo, y tomó el miembro de Bill entre sus manos, logrando sentir lo bañado en preseminal que estaba, y sobre todo, su evidente y considerable tamaño.

“¿Cómo es que a Sam siempre le salen los más…?” pensó, acomodándose mejor sobre Bill, alineando el miembro del azabache hacia su entrada, pues aunque estar a oscuras lo hacía difícil, también lo hacía excitante, limitándose solo a sentir y escuchar al otro. 

Bill gimió de forma ronca al sentir como se iba enterrando en el interior del contrario, siendo abrazado por el abrumador y asador calor del de rastas. 

Claro, era un poco incómodo debido a que no estaban usando el mejor lubricante en ese momento, pero al menos el preseminal en el que ya estaba envuelto el pene de Bill hacía más sencillo que Tom se deslizará hacia abajo. 

Hasta tener por completó en su interior el miembro del contrario, Tom cerró sus ojos disfrutando de sentirse tan llenó.

Se quedaron de esa manera hasta que Tom sin previó aviso comenzó a moverse en un vaivén, haciendo que su miembro también sintiera presión contra el abdomen del azabache.

Bill trataba de contenerse todo lo que podía, pues, aunque Tom no era una chica, claramente, lo apretaba como el infierno, su pene se sentía tan ahogado que por primera vez sintió qué iba a correrse de manera precoz, ni siquiera cuando tuvo su primera vez tuvo tanto miedo de venirse antes debido a la sensación.

Aferro sus manos a la cadera del de rastas, haciendo que diera brincos sobre su miembro.

—Si… eso, brinca, bríncame, Tom —alentó Bill, acercándose a su oído, haciendo que Tom se estremeciera y siguiera por sí solo, ayudándose de sus piernas para saltar sobre su miembro.

—¿Lo hago bien? —masculló Tom con su aliento caliente y la excitación recorriendo cada parte de su cuerpo.

—Un poco más rápido no estaría mal —dijo Bill, antes de soltarle una nalgada.

—¡Aah! —Tom aferró sus manos con fuerza en los hombros de Bill, subiendo y bajando sobre el miembro de Bill, apretando y soltando.

Con la largura y grosor de Bill no era tan difícil dar con su próstata y eso lo estaba poniendo tan mal que ni siquiera sentía necesario tocarse su miembro, pues simplemente siendo penetrado podía tener un orgasmo.

Bill posó sus manos sobre el trasero de Tom, sintiendo como sus nalgas rebotaban cada vez que subía y bajaba.

Era evidente que Tom era experto en el arte, pues lo hacía tan bien que era más que obvio que esa no era su primera vez. 

Al cabo de un rato más de esa manera, y que ambos sintieran que iban a explotar, Bill decidió a último momento que iba a cambiar un poco las cosas. 

Deslizó sus manos, manoseando los muslos del contrario hasta llegar a la parte de atrás de sus rodillas, sujetándolo de ahí, antes de levantarse. 

Tom gimió en sorpresa al sentir como el más alto lo cargaba hasta sentir su espalda chocar contra con una de las paredes del armario, entiendo que iba a hacer Bill. 

—¡Si, cogeme contra la pared! —exclamó Tom, pasando sus brazos por el cuello de Bill y abrazando su cintura con sus piernas. 

Y el sonido de sus pieles chocando con agresividad se hizo más presente, Bill entraba en él con profundidad, golpeando su próstata con tanta fuerza que lo ponía sensible, haciendo casi imposible para ambos callarse, pero trataban de hacerlo sobre sus labios. 

Tom no pudo soportarlo más, gimiendo sonoramente y viniéndose entre medio de sus cuerpos, manchando la camiseta de Bill, pero a este poco le importaba. 

—Quiero que te vengas dentro —pidió Tom, con sus mejillas ardiendo. 

Bill alzó una ceja y sonrió mientras gotas de sudor se deslizaban por su frente. 

—Que sucio eres, Tom. Nunca me hubiera imaginado que serías así de inapropiado, siempre te veías tan serio y resultaste ser una perra —vocalizo Bill con dificultad mientras seguía embistiendo. 

Tom en lugar de quejarse por ser llamado de esa forma solo se limitó a pasar su lengua con picardía sobre los labios del azabache. 

—Por esta vez seré tu perra, pero follame duro, chico emo —Tom no iba a arrepentirse de tal experiencia nunca. 

Bill siguió dando en su próstata incluso si Tom ya estuviera lo suficientemente sensible por haber llegado a su orgasmo, siguió penetrándolo hasta llegar a alcanzar él mismo su propio orgasmo, el cual vino al cabo de unas cuantas estocadas más. 

Viniéndose violentamente en el interior del de rastas, que lo apretó al sentirse llenado con su semen.

&

Perdieron la noción del tiempo encerrados en el armario, totalmente a oscuras, saliendo cuando por fin pudieron separarse del cuerpo del otro. 

Tom salió primero, relamiendo sus labios, arreglando su ropa y caminando con un poco de incomodidad, aunque en sus rostro se pintaba una gran sonrisa. 

Para luego ser seguido por Bill, quien lucía totalmente agotado, casi hasta pálido, nunca antes alguien lo había hecho venirse tan seguido. Se sentía totalmente deslechado, le costaría recomponerse de esa experiencia, pero tan poco le molestaba eso que incluso le dio su número de teléfono al de rastas mientras lo embestía en cuatro y lo había hecho memorizar cada dígito con cada penetrada. 

“cuatro, ocho… ¡tres!…¡cero!…”.

“Te equivocaste, repítelo de nuevo”.

Bonito de cara, bonito de culo, bonito en el pasado y me la juego en el futuro…—canturreó Bill, con una sonrisa cansada, siguiendo al de rastas, que caminaba frente a él, no pudiendo quitar la vista del “Juicy” en su trasero.

&

Bill se encontraba cruzado de brazos, caminando de un lado a otro, totalmente ensimismado, pues ya estaba enterado de que Samantha sospechaba estar embarazada. 

Ahora, tanto como él, Tom y Natalie estaban afuera de la clínica en donde la de rastas se había hecho una prueba de sangre para confirmar si realmente estaba embarazada, pues no confiaba en las pruebas instantáneas de farmacia, por lo que los cuatro jóvenes de diecisiete casi dieciocho años pusieron de acuerdo para poder pagar la prueba de sangre y saber de una vez de todas cuál era el resultado. 

“Cinco dólares cada uno”, dijo Samantha y nadie se atrevió a cuestionar a la posible adolescente embarazada. 

Mientras que Bill se hacía ideas de que iba a ser ahora como padre adolescente, y como iba a explicarle a su nonato hijo como era que estaba con su tío, Tom, y no con su madre Samantha, porque si, luego de aquella tarde por en el instituto ambos chicos se habían vuelto muy presentes en la vida del otro. 

¿Samantha ya lo sabía? Si, Tom se lo había dicho, y sinceramente a la chica no podía importarle menos si su hermano se dejaba follar por el chico con el que ella también había estado, pues en ese momento estaba aterrada por la idea de un embarazo; al menos si Bill se cogía a su gemelo se aseguraba de que Bill iba a ser un padre presente. 

Tom estaba junto a Natalie, todos estaban tensos ante la idea de que Samantha podría tener un bebé de Bill. 

“Seré padrastro de mi propio sobrino”, pensaba Tom constantemente, ante la idea de esa extraña convivencia familiar, eso sin contar que todavía no le habían dicho nada a sus padres y todo eso lo estaban haciendo a escondidas. 

Para calmar sus nervios, Natalie propuso que se pusieran a escuchar un poco de música, por lo que tanto la rubia como el de rastas compartieron cada uno un audífono, escuchando así Sugar de Flo Rida feat. Wynter. 

Al cabo de un rato, Samantha salió de la clínica con un sobre en manos, y todos se dirigieron a ella, ansiosos por la respuesta. 

—¿Y bien? —preguntó Bill, preparándose para ir buscando un empleo que no tuviera una paga tan miserable… 

—¡Es negativo! —gritó Samantha por todo lo alto, mostrándoles el papel, y de inmediato Tom y ella se abrazaron, felices ante la noticia. 

Todos sintieron que un gran peso se les quitaba de la espalda, pues ahora estaban seguros de que Sam no estaba embarazada y no iban a tener que pasar por situaciones familiares embarazosas. 

Después de separarse de su hermana, Tom se lanzó sobre Bill, rodeando su cuello y besando sus labios con felicidad. 

—¡No voy a ser papá todavía! —Bill sentía que iba a llorar de la alegría, y abrazó la cintura descubierta de Tom, pues ese día el de rastas se había puesto un crop top que dejaba a la vista su abdomen plano y piercing del ombligo, que ese día tenía el logo de Play Boy con brillos en color plateado. 

Natalie y Samantha también se abrazaban y lloraban de felicidad por su parte. Todos los demás a su alrededor los observaban y no entendían porque un grupo de adolescentes se abrazaban afuera de una clínica sin contexto alguno, pero eso poco les importó a ellos. 

—¿Por qué no vamos por una pizza para celebrar? —ofreció Bill, mientras seguía tomando a Tom de su cintura. —Yo invitó. 

Nadie dijo que no, y mientras iban de camino a la pizzería, Samantha se acercó a su gemelo, poniéndose a su lado. 

—Así que supongo que ahora somos hermanas de leche ¿no? —bromeó Samantha, haciendo que Tom se sonrojara. —Solo espero que no te deje embarazado a ti también, con eso de que somos tan iguales no me sorprendería que…

—¡Samantha! —regaño el de rastas, haciendo que Natalie y Bill los vieran sin entender qué ocurría de repente. 

Samantha soltó una risa. 

—Como bien que te gusta la horchata, Tomi…

F I N

¿Qué les pareció? Gracias a todos por leer y si les ha sacado una sonrisa, dejen un comentario 😉

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!