Puedes comer de mí

Nota: En este fanfic quería explorar un tipo de “Omegaverse”, un universo alternativo llamado Cakeverse, donde un elemento principal es el canibalismo, están los que vendrían siendo los “alfas” que aquí se llaman “Forks” o “Tenedores”, y los “omegas” que son los “Cake” o “Pasteles”.

One-Shot Toll de Namyukaulitz

«Puedes comer de mí»

Todos tenemos secretos, ¿no? Y está bien tenerlos, sin embargo, Bill tenía uno muy difícil de guardar.

Había perdido el sentido del olfato y gustó hacía unos años, quizás debió haberle dicho a su madre inmediatamente lo que estaba mal, pero no lo hizo, ¿motivo? Tenía miedo.

Había dejado de percibir aromas y sabores unas semanas después de haber cumplido diecisiete, ahora tenía diecinueve. Sí, había pasado dos años escondiendo algo tan importante como eso.

Pero, ¿por qué? Porque sabía cómo las personas iban a catalogarlo, como un enfermo o como un posible monstruo. Porque él no era precisamente el primero en qué, un día para otro, perdió exactamente los mismo dos sentidos, habían habido otros casos, donde, de repente jóvenes a ciertas edades perdían el olfato y el gusto, lo que empezó como una extraña enfermedad, terminó como un gran estigma hacia quienes padecían esto, luego de que… comenzaran a reportarse casos de canibalismo. Debido a que estas personas que habían perdido sus sentidos, decían que nada les sabía o olía, absolutamente nada, hasta que encontraban a una persona en específico, quien les regresaba estas habilidades pérdidas, porque en cuanto lograban percibir su aroma, les causaban hambre, un hambre insaciable, al punto que no podían estar lejos de estas personas por sentirse hambrientas, necesitaban consumir sus fluidos, cualquier cosa que saliera de sus cuerpos, sangre, sudor, lágrimas, lo que fuera, para sentirse tranquilos, decían que eran como un pastel.

Los Tenedores, como fueron nombrados quienes perdían el olfato y gusto, terminaron siendo tan temidos y estigmatizados que en cuanto salía un nuevo caso, era rápidamente encerrado en un lugar, que nadie conocía, pero decían que los encerraban para estudiarlos y sobre todo, alejarnos de cualquier persona a la que pudieran hacer daño.

Y Bill no quería eso, así que no se lo dijo a nadie, ni a sus amigos, ni a su madre, ni siquiera a su hermano gemelo, Tom.

Aunque, no podía negar que muchas veces quiso decírselo a Tom, pero tratar un tema así por medio de llamadas y mensajes no era sencillo. Tom no estaba cerca de él, de hecho ni siquiera vivían juntos desde que el gemelo mayor se ganó una beca por ser bueno para el baloncesto, lo que inició como un pequeño pasatiempo terminó abriéndole muchas puertas académicas, así que en cuanto cumplió diecisiete años, pidió un permiso especial para viajar por el país jugando en torneos mientras estudiaba, así que prácticamente fue como si se fuera independizado de cierta manera.

Luego de dos años saltando de un lugar a otro por todo el país, totalmente ocupado entre el estudio y el baloncesto, ahora que había terminado completamente su educación media superior, Tom quería un par de meses para descansar y estar con su familia, antes de seguir con la educación superior y la formación para ser un basquetbolista profesional.

Bill esperaba que al estar nuevamente juntos y cerca, pudiera contarle lo que le sucedía, de hecho, pensaba que quizás, al ser gemelos idénticos, igual a Tom pudo haberle acontecido lo mismo, haber perdido su olfato y gusto, y que por el miedo, tampoco le dijo nada a su gemelo, era un pensamiento egoísta, estaba consciente, pero, realmente necesitaba tener a alguien en quien confiar ese gran secreto, porque Bill vivía con el miedo constante de, un día, encontrar a su pastel y no poder controlarse, no quería ser encerrado en un lugar en el que ni siquiera había forma de saber si realmente vivían o simplemente se deshacían de los Tenedores, como cuando un animal es sacrificado por representar un peligro.

El azabache se había mentalizado desde que Tom había dado la noticia de que volvería, estaba emocionado, también había extrañado a su gemelo por esos dos años, aunque un poco lo dolió el hecho de que Tom no lo pensará mucho en cuanto se le dio la oportunidad de alejarse, sabía que igual su sueño y no iba a retenerlo sólo por sus sentimientos.

Ahora, Bill estaba sentado en la sala, solamente él con sus manos sudorosas debido a los nervios, con un montón de globos y demás decoración a su alrededor, detrás de él, ya hacía un gran cartel que decía “Bienvenido a casa, Tom”, su madre había preparado una pequeña celebración en familia para recibir al gemelo mayor, Bill iba a encargarse de los últimos detalles, como recibir la comida mientras ella iba a la estación a recoger a Tom.

Después de un rato, se escuchó el auto de Simone aparcar, seguido de unas voces y mucho ruido.

Bill soltó un suspiro, buscando calmar sus nervios y se levantó del sofá, sonriendo en cuanto la puerta se abrió.

—¡Bienvenido, Tom…! —exclamó Bill, hasta que vió a su hermano y su sonrisa desvaneció.

—¡Bill! —gritó Tom con emoción, acercándose rápidamente a su gemelo para abrazarlo.

Bill se quedó paralizado, pues en cuanto Tom había aparecido por la puerta… había logrado percibir un aroma. Su respiración se acortó cuando Tom se estrechó contra su cuerpo en un abrazo que lejos de ser reconfortante o agradable para Bill, lo hizo estremecerse.

—Bill, te extrañe demasiado, ¿cómo has estado? Te veo hasta más alto que yo, eh —Tom continuaba hablando, sin darse cuenta de cómo Bill temblaba ligeramente. —¿Bill? No me digas que estás llorando por la emoción… porque si tú lloras, yo lloró —masculló Tom, intentando contener sus lágrimas luego de no ver a su gemelo por tanto tiempo.

Bill cerró los ojos, respirando el aroma que Tom desprendía.

Era tan… dulce, exactamente como un pastel.

Bill movió sus manos hasta los brazos de Tom sobre su cuerpo, intentando alejarlo, intentando no dejarse llevar por esa sensación de hambre se le instalaba en el estómago, hasta hacerlo salivar como un perro cansado.

—¿Bill…? —musitó Tom, separándose del abrazo para ver el rostro de su hermano, dejando ver unas pequeñas lágrimas que se le escapaban. —¿Estás bien…?

Los ojos de Tom se abrieron en grande cuando sin esperar ningún tipo de movimiento, Bill lo tomó del rostro con ambas manos y se acercó peligrosamente.

Tom lo observó anonadado, quedándose paralizado por unos instantes, sin saber qué decir.

Bill no dijo nada, no logrando controlarse, por lo que al ver las mejillas mojadas de Tom, se acercó a una, pasando la lengua sobre esta, saboreando el sabor de las lágrimas de su hermano.

Bill aún tenía vagos recuerdos de cómo eran el sabor de las lágrimas, eran saladas, pero las lágrimas de Tom sabían diferentes, nunca había probado un sabor como ese.

—Bill…—lo llamó Tom, con voz temblorosa, mirándolo con una mezcla de miedo y desconcierto.

El nombrado parpadeo un poco, volviendo en sí, viendo cómo sus dedos se habían enterrado sobre la piel del rostro de su hermano y lo soltó de inmediato, dándose cuenta de lo que había hecho.

—Yo… yo —balbuceó Bill, apartando a Tom, llevándose los brazos al estómago, encorvandose, pues este punzaba en una sensación incómoda de hambre. —No sé qué me pasa… Alejate.

Tom intentó acercarse nuevamente, ignorando lo que su hermano le decía, preocupado por este. —Bill.

Bill se negó, pero en cuanto Tom puso una mano sobre su hombro, levantó la cabeza, y sus ojos rápidamente se fijaron en la fina y pequeña gota de sudor frío que se deslizó por el cuello del de trenzas, sus ojos brillaron como quien ve una botella de agua en medio del desierto totalmente sediento.

—Bill, llamaré a mamá, creo que no estas… —Tom no tuvo tiempo de terminar la oración, cuando Bill se lanzó sobre él como un animal, haciendo que ambos cayeran al suelo.

Bill inmovilizó a su hermano, con una fuerza que sólo era digna del instinto por el que se estaba dejando llevar en ese momento, el cual no le dejaba racionalizar, vió a Tom por unos segundos. Le pareció hermoso pero sobre todo delicioso, como nunca antes una persona le había parecido, sus ojos asustados y sus labios temblorosos le parecieron tan preciosos que lo hizo sentirse excitado, pero se dirigió a su cuello, pasando la lengua por este, provocando jadeos involuntarios por parte del de trenzas, pero no fue suficiente, así que un acto tan rápido como brusco, Bill clavó sus dientes entre la unión del cuello y hombros de Tom.

—¡Aah! ¡Bill! —gritó Tom con dolor, apretando los ojos.

Pero Bill no se quitó, sólo clavó más sus dientes sobre la piel, Tom buscó desesperadamente quitarse a su hermano, hasta que lo logró, quitándoselo de encima.

Todo el alboroto hizo que Simone, quien se había quedado afuera hablando con un vecino, entrará corriendo a la casa, encontrando la escena, quedándose paralizada.

Tom retrocedió como pudo sobre el piso, llevándose la mano a la zona que Bill no sólo había mordido, sino también arrancado, por lo que su sangre se esparcía como un río por su camisa.

Bill levantó el rostro mostrando el trozo de piel en su boca, sus ojos estaban dilatados y demasiado brillosos.

—¿¡Bill, qué carajos te pasa!? —reclamó Tom con pánico, viendo su mano manchada de sangre. —¿¡Qué no escuchas!? ¡Bill!

Al escuchar su nombre nuevamente, Bill parpadeo, soltando el trozo de piel de su boca, dándose cuenta de lo que acababa de hacer, asustandose de sí mismo, alejándose sobre el piso, viendo a su hermano con ojos de temor.

—Tom.. Tom, yo… yo ¡Lo siento! ¡Yo no quería! —manifestó Bill mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de pánico, llevándose las manos al rostro. —¡No puedo controlarlo!

Tom entreabrió los labios, al entender que ocurría.

Simone por fin reaccionó, acercándose a Tom, sin apartar la mirada de Bill.

—¡Tom, estás sangrando demasiado! —Simone ayudó a su hijo mayor a ponerse de pie. —¿Cómo…? Bill… ¿Eres uno de ellos? —cuestionó la mayor.

Bill se cubrió con sus dos brazos, en un gesto de intentar ocultarse y desaparecer.

—¡No!… —sollozó el azabache. —¡Yo no quería esto! —Bill levantó la cabeza viendo a Tom, e intentó acercarse a este, arrastrándose por el piso. —Tom, de verdad, perdóname, yo no quería esto, yo no quería lastimarte, no quería morderte, pero me das hambre.

Tom y Simone retrocedieron, asustados y desconcertados.

Tom jadeo adolorido, viendo las gotas de su sangre que caían al piso.

—No sé qué hacer… Tom, tengo que llevarte al hospital, pero, Bill… tendré que llamar a la policía para que se lo… —balbuceó Simone.

—No —interrumpió Tom, viendo directamente a su madre. —Si los llamas se lo llevarán.

—Pero, Tom, acababa… ¡Acababa de atacarte! ¡Te estás desangrando! —replicó Simone.

Tom apartó la mirada de su madre para ver a su hermano, aún sobre el piso, y soltó un suspiro, haciendo presión sobre su herida. Podía ver en los ojos de su hermano que no estaba mintiendo, un arrepentimiento real por haberlo herido.

—Necesito ir al hospital, pero… diremos que fue un accidente —acotó Tom, volviendo a ver a su madre.

—¡Pero no podemos dejarlo aquí! Él va a seguir con hambre de ti —Simone se alejó de Tom, dispuesta a tomar el teléfono para llamar a la policía, con miedo de que Bill pudiera atacar nuevamente a Tom.

—Mamá, por favor —rogó Bill llorando. —No, no los llames, no quiero que me lleven…

Tom la detuvo, arrebatándole el teléfono a su madre antes de que pudiera llamar a alguien.

—No, mamá, si se lo llevan, jamás volveremos a verlo —Tom intentó hacer razonar a su madre, la cual, comenzó a llorar sin poder controlarlo.

—Tom… mis pequeños —masculló Simone, viendo a sus dos hijos por igual.

Bill era un Tenedor y Tom su pastel. Y no había un concepto exacto de lo que eso significaba con exactitud.

Simone lloró un poco, hasta que logró recomponerse después de unos breves segundos.

—Sí… tienes razón, pero no puedo dejarlo que esté cerca de ti. Tendré que encerrarlo.

Bill se sintió herido por ser tratado como un animal peligroso por su propia madre, sin embargo, no puso resistencia alguna cuando lo llevó al sótano, el único lugar de la casa sin ventanas, con sólo una puerta.

Oscuro, húmedo, olvidado y solo.

—Te quedarás aquí, hasta que puedas controlarte, te atraeré tus cosas cuando vuelva del hospital con Tom —dijo Simone antes de cerrar la puerta del sótano.

Bill estaba encerrado y siendo temido, las dos cosas que no quería que le sucedieran. Si antes tenía miedo de encontrar a su pastel en cualquier otra persona, y detestaba la simple idea, ahora se odiaba porque su pastel era su propio hermano, ni siquiera una persona particular.

Aunque estaba agradecido y sorprendido de que, Tom no hubiera estado de acuerdo en llamar a la policía, que lo hubiera protegido aún cuando Bill le arrancó un trozo de piel como un animal salvaje.

Bill se quedó en una de las esquinas del sótano, con sus piernas contra su pecho, ansioso por el encierro y el hambre que todavía sentía.

“¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¿Me merezco esto?”.

“Lo lastime… Dañé a Tom, realmente lo lastimé”.

“¿Cuánto tiempo pasará hasta que decidan entregarme?… ¿O cuánto tiempo pasará hasta que ataque nuevamente a Tom?”.

Pensó Bill, en lo que él sintió como semanas, pero en realidad fueron horas, horas eternas hasta que Simone y Tom volvieron del hospital, donde, afortunadamente, creyeron la mentira que habían inventado para que no sospecharan de que habían tenido contacto con un Tenedor.

La cosa ahora era, ¿que iban a hacer con Bill?

Por mientras, Simone le llevó un par de cosas hasta el sótano, un colchón, ropa y comida, aunque sabía que aquello no lo saciaría, simplemente evitaría que muriera de hambre por el momento.

Afortunadamente, había un baño en el sótano, el cual contaba con una ducha sencilla, por lo que Bill pudo limpiarse de la sangre que lo había manchado.

—¿Tom está bien, mamá? —preguntó Bill, buscando la mirada evitativa de Simone.

Simone no respondió.

—Trata de controlarte, Bill, sino llamaré a la policía —mencionó Simone con seriedad, antes de salir del sótano dejando nuevamente a su hijo solo.

Bill sabía que su madre no actuaba así por maldad, sino por miedo e intentar proteger al hijo más vulnerable en ese momento, Tom, aunque en realidad quería protegerlos a ambos, pero con el estado en el que Bill se encontraba, aquello era difícil, por el propio Bill o porque alguien se diera cuenta de que este era un Tenedor y decidiera llamar a la policía para entregarlo.

A Bill no le quedaba más que desear que Tom estuviera bien y aceptar que aquella sería su realidad, estar encerrado, al menos no estaba en manos de personas desconocidas.

Al día siguiente, Simone volvió a entrar al sótano, para verlo y llevarle comida, sin responder a ninguna pregunta relacionada a Tom, fingiendo con Bill como si su otro hijo no existiera, esperaba que eso de alguna forma, ayudará a Bill olvidarse de su pastel.

Si antes la comida no le sabía a nada, ahora menos, no se sentía lleno, se llenaba la boca de comida, pero después de probar a su gemelo, todo le sabía mal, y lo único que pasaba por su mente era Tom, su sabor, su aroma, su imagen.

—Mierda, no pienses en eso —se repetía Bill, caminando por todo el sótano, apegándose a las paredes cada que sentía esa sensación de hambruna incrementar en su estómago.

Pero no sólo era el hambre, también se sentía sexualmente frustrado, teniendo erecciones al pensar en Tom, cosas que no eran voluntarias.

Era como un instinto, similar al de un animal que necesita aparearse, porque dolía.

No sólo se sentía como un hambre convencional, sino sexual. Y aquello no hacía más que hacerlo sentir más enfermo y animal por su condición de Tenedor.

Su madre no le había llevado su móvil ni computadora, diciéndole que lo mejor era estar incomunicado por ese momento, previendo cualquier forma en la que saliera la noticia de que era un Tenedor.

Al estar encerrado en un lugar sin ventanas, Bill perdió rápidamente la noción del tiempo, del día y la noche, pues lo único que lo iluminaba era el foco viejo del sótano que a veces parpadeaba.

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Bill se encontraba sobre el colchón, acostado, encogido en sí mismo, envolviendo su estómago con sus brazos, porque este exigía que volviera a ingerir algo de Tom.

El azabache sentía que iba a desmayarse o morir debido al dolor que eso le hacía sentir.

Escuchó de forma lejana como la puerta del sótano se abría, seguido de unos pasos lentos y suaves, por lo que Bill creyó que era su madre.

—Bill…

Hasta que escucho la voz de su hermano, tan baja que parecía el susurro del poco viento que lograba ingresar en el lugar.

Bill se removió, intentando cubrirse la nariz con ambas manos para no respirar el aroma que Tom desprendía.

—Vete —logró pronunciar Bill, dándole la espalda sobre el colchón. —¡Te he dicho que te vayas! —ordenó al sentir todavía el aroma del contrario presente luego de unos segundos.

Tom dudó un poco en acercarse, tocándose como un reflejo su herida, ahora cubierta por un apósito, pues solamente había pasado una semana desde que Bill lo había atacado; pero finalmente se acercó a pasos lentos hasta el colchón.

—Tom, por favor… —Bill comenzó a lagrimear, pues sentía que nuevamente iba a perder el control si lo tenía cerca. —No quiero lastimarte.

—Sólo quiero ayudarte… pero no sé cómo, sé que estás sufriendo, que algo te molesta y duele —manifestó Tom, poniéndose de rodillas, y extendiendo una mano para tocarlo.

—Voy a hacerte daño de nuevo, Tom… —espetó Bill, apretando los dientes.

—Mamá me dijo que no viniera al sótano, pero no puedo estar tranquilo sabiendo que tú estás sufriendo —continuó Tom, acariciando su espalda con delicadeza.

—Más vas a sufrir tú si estoy cerca… Soy un animal, uno que no merece estar cerca de ti, de nadie… —masculló Bill. —Agh —jadeó del dolor, cubriéndose la boca.

—Déjame ayudarte, si tienes hambre de mí… hay algo que pueda hacer… —susurró Tom, bajando su mirada por unos segundos.

Bill no se movió, intentando con todas sus fuerzas controlarse, para no volver atacarlo.

Tom se mordió el labio, frustrado y triste por ver a Bill sufrir de esa manera, era tan injusto. Sin embargo, no iba a dejar a su hermano sufrir de esa manera más, por lo que llevó sus manos al final de su camisa y se la quitó, quedándose con los pantalones de pijama, pues sí, se había escabullido en el sótano durante la madrugada, ya que sabía que durante el día o mientras su madre estuviera despierta no podría acercarse por ahí.

—Puedes alimentarte de mí como sea que lo necesites —declaró Tom, mostrando su torso desnudo.

Bill giró su cabeza con lentitud para ver a su gemelo, la respiración se le ralentizó, y sus ojos nuevamente brillaron. Tom le estaba dando permiso, y se sentía mal, pero también estaba desesperado y adolorido a ese punto, por lo que, aunque tardó un poco en responder, terminó acercándose a Tom, examinando su cuerpo como quien examina el mejor trozo de carne en una carnicería o la mejor rebanada de pastel en una fiesta.

Subió la mirada desde su abdomen trabajado y plano, hasta su pecho, sus pezones pequeños y erectos por estar expuestos al frío del sótano, hasta las clavículas, el apósito, la barbilla y… sus abultados labios, Bill se relamió los suyos propios con la saliva acumulándose en su boca, no lo pensó dos veces, atacando nuevamente a Tom, pero esta vez sus labios, en un beso lleno de hambre y deseo, apretando la cintura del de trenzas con ambas manos.

Tom gimió en sorpresa contra su boca, debido a lo poco esperado de la acción de Bill, sin embargo, no lo apartó y correspondió al beso, aunque este lo lastimaba, pues más que besarlo, parecía que quería devorarlo iniciando por la boca.

Bill lo tomó por la cintura y lanzó a Tom sobre el colchón sin cuidado alguno, para luego ponerse nuevamente sobre él y besarlo otra vez, pero ahora mordiendo sus labios para hacerlo abrirlos, en cuanto lo consiguió, introdujo su lengua, saboreando cada rincón de la boca de su hermano, lo cual para Bill, se sentía como darle un mordisco a un pastel de vainilla en su cumpleaños.

La manos del azabache no se quedaban quietas, apretando cada extensión de Tom que podía, apretando, pellizcando, enterrando sus uñas en la piel o rasgándola.

Tom se retorcía debajo de él por el dolor que Bill le provocaba, pero que, de cierta forma, lo excitaba, el hecho de que Bill realmente tuviera un hambre animal por él. No tardó mucho en sentir una presión contra su pelvis, la erección de Bill.

Bill comenzó a frotarse, como si quisiera fundirse con su cuerpo mientras comía de él, y la ropa empezó a irritarlo, así que se separó de la boca de Tom, dejando a este agitado.

Tom se estremeció cuando Bill literalmente le arrancó de su cuerpo el pantalón y ropa interior, dejándolo desnudo, para después quitarse la ropa él mismo. Ahora los dos desnudos, Tom le abrió las piernas instintivamente, esperando que Bill se enterrara en él, cosa que no tardó en suceder.

Sin ninguna clase de preparación adecuada o acaricias, Bill solamente se puso en medio de sus piernas y tomó su miembro erecto, penetrando de golpe a su gemelo.

Tom se arqueó por el dolor inicial, lagrimeando un poco por eso.

Bill inició a moverse, enterrando sus uñas a las caderas de Tom al sujetarlas con ambas manos para también mover el cuerpo de Tom a su antojo.

El sótano se llenó de los gemidos dolorosos de Tom y los gruñidos animales de Bill, al compás del choque de sus pieles.

Tom se mordió el labio inferior, al sentirse tan lleno de repente, lo cual se sentía tan bien para él, a pesar del dolor de las embestidas violentas, encontraba lo placentero en eso.

El cuerpo del de trenzas rápidamente comenzó a producir sudor, por lo que Bill comenzó a lamerle el pecho y clavículas, hasta que con su lengua llegó al apósito, y se vio tentado, por lo que con sus dientes, lo arrancó, viendo la piel que comenzaba a sanar, pasando la lengua por encima de la herida, comiendo la piel nueva que comenzaba a salir.

Al percibir la respiración húmeda de Bill tan cerca de su cuello, Tom esperaba que Bill volviera a morderlo y arrancarle un trozo de su carne, pero no, había cierto toque de ternura y amor en toda esa violencia, pues después le dejó un par de besos en la zona, aparte de lamidas y chupetones tan intensos que parecían que iban a reventarle la piel.

Bill siguió penetrándolo, hasta que llegó a su orgasmo, viniéndose adentro de su hermano como un enfermo, dejando que su semen lo llenara tanto como Tom lo estaba llenando a él al permitirle comerlo de esa forma.

Tom tomó el rostro de Bill entre sus manos y le plantó un beso, exigiendo atención a sus labios cuando su gemelo llegó a su orgasmo.

Las piernas de Tom temblaron cuando él inevitablemente también se vino, sin siquiera sentir la necesidad de tocarse el miembro, la violencia de Bill había sido suficiente para llevarlo a su orgasmo.

Luego de unos segundos, Bill se separó del beso, agitado, con el pelo pegado al rostro por el sudor.

Ambos hermanos se quedaron viendo por unos instantes, hasta que Bill se dejó caer a un lado de Tom, saliendo de su cuerpo abruptamente, dejando su semen salir del interior de su gemelo.

—¿¡Bill!? —llamó Tom, preocupado al ver a su gemelo caer con los ojos cerrados, pero al tocarlo, se dio cuenta que simplemente había caído cansado debido al esfuerzo.

—Tom… —musitó Bill, con los ojos cerrados, todavía agitado. —Gracias por alimentarme —agradeció, abriendo ligeramente los ojos, totalmente satisfecho. —Sabes delicioso, pastel —aseguró —abrazando a Tom por la cintura, aferrándose y pegándose a su cuerpo para respirarlo.

Pastel… Tom sonrió con cariño y le acarició la cabeza a su gemelo, antes de acomodarse para que ambos pudieran descansar, poniendo una sábana para cubrirse a ambos.

—No voy a dejar que te lleven, Bill —prometió Tom, dándole un beso sobre la nariz al azabache.

¿Dolía? Sí, pero Tom estaba dispuesto a servirse sobre una mesa, si eso significaba que Bill estuviera bien. En cierto modo, estaba feliz de ser el pastel de su gemelo, de ser otra persona, no lo hubiera entendido tanto como él. Nadie iba a tenerle tanta compasión a Bill como la que le tenía Tom, por eso mismo, a partir de ese momento, no podía permitir que alguien se lo llevara.

Pero Bill no podía pasar encerrado toda su vida en ese sótano…

F I N

¿Qué les pareció? ¿Les gustó este tipo de canibalismo? Si la respuesta es afirmativa, les invito a leer el pecado capital «GULA»

por Namyukaulitz

Escritora del Fandom

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